bienvenidos a la fiesta
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viernes, 3 de julio de 2009
Novelas o relatos que más me han gustado de los últimos meses:
   Hacia otro verano. Janet Frame.
   La casa de los siete tejados. Nathaniel Hawthorne.
   Cinco novelas cortas. Antón Chéjov.
   Mendel el de los libros. Stefan Zweig.
   Tú di que eres uno de ellos. Uwem Akpan.
   Lo que arraiga en el hueso. Robertson Davies.
   Luisito. Susana Tamaro.
   En lugar seguro. Wallace Stegner.
De no ficción:
   Resistencia y sumisión. Dietrich Bonhoeffer.
   Catón el Viejo. Eugenio Corti.
   Cartas. Joseph Roth.
Cómic-Novelas gráficas
   Arrugas. Paco Roca.
   María y yo. Miguel Gallardo.
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jueves, 2 de julio de 2009
Libros infantiles (algunos son reediciones) que más me han gustado en los últimos meses:
   El balonazo. Belén Gopegui.
   Sin principio ni fin. Avi.
   El comisario Cattus y la guerra en las tierras altas. Luis Ramoneda.
   El prodigioso viaje de Edward Tulane. Kate DiCamillo.
   Cosmic. Frank Cottrell Boyce.
   MAX MALABAR. Eoin Colfer.
Y juveniles (o no tanto):
   El Águila de la Novena Legión. Rosemary Sutcliff.
   Los pequeños hombres libres. Terry Pratchett.
   Tobi Lolness. Los ojos de Elisha. Timothée de Fombelle.
   Las ruinas de Gorlan, El puente en llamas. John Flanagan.
   Una habitación en Babel. Eliacer Cansino.
   Krabat y el molino del diablo. Otfried Preussler
   Orzowei. Alberto Manzi.
   Me voy con vosotros para siempre. Fred Chappell.
   El último unicornio. Peter Beagle.
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miércoles, 1 de julio de 2009
Los mejores álbumes para prelectores leídos (o releídos pues en algunos casos son reediciones) en los últimos meses:
   Un niño, un perro y una rana. Mercer Mayer.
   Sé muchas cosas. Paul y Ann Rand.
   La casa más grande del mundo. Leo Lionni.
Y para primeros lectores:
   Perros y gatos. Steve Jenkins.
   El gran libro de los regalos. Nathalie Choux, Mandana Sadat, Rémi Saillard.
   El oso con la espada. Gianluca Foli y Davide Cali.
   La historia de Noé. Elena Odriozola y Stephanie Rosenheim.
Y para lectores más mayores:
   La libreta del dibujante. Mohieddin Ellabbad.
   El hilo de Ariadna. Elena Odriozola y Javier Sobrino.
   Mao y yo: el pequeño guardia rojo. Chen Jian Hong.
   El enemigo. Serge Bloch y Davide Cali.
   Revolución. Sara.
   La señora y el niño. Kaatje Vermeire y Geert De Kockere.
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martes, 30 de junio de 2009
Otro relato sobre hormigas: Chiquilinga o la gloria de ser hormiga del panameño Rogelio Sinán. Es una obrita teatral, que leí en su momento por estar considerada como históricamente importante dentro de su ámbito, un criterio de selección ineludible y complicado pues debo decir que no me atrajo mucho.
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lunes, 29 de junio de 2009
Un álbum modélico entre los muchos que presentan el ciclo de la vida: Ha llegado la primavera, de Taro Gomi. Se podría calificar de informativo y poético al mismo tiempo. Actualmente no hay disponible una edición en castellano, me parece.
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domingo, 28 de junio de 2009
Dice Bill Viola a Hans Belting: «Hoy en día todos nosotros tenemos un mundo visual muy amplio en nuestro interior. (...) Somos bases de datos vivientes que almacenan imágenes —coleccionistas de imágenes—, y estas imágenes no dejan de transformarse y crecer cuando están en nuestro interior. El acto de la percepción es, para mí, solamente el primer paso de la experiencia del arte. En su mayor parte, la historia y la crítica del arte se escriben desde la perspectiva del observador de la obra de arte, desde la posición del observador externo. Como sabes, el término “estética” procede del griego antiguo, y tiene que ver con sentir las percepciones, en particular las visuales, en tanto que están relacionadas con el placer, la belleza y el gusto. Ese es el objetivo cuando uno levanta el tenedor y prueba un bocado de comida: la saborea. Pero en realidad esto es sólo el principio. Es mucho más importante lo que ocurre cuando la comida entra en el cuerpo, cuando se digiere y se asimila como energía. (...) La nutrición, al fin y al cabo, se convierte en el aspecto más importante de las imágenes, no tanto el gusto».
Catálogo de la exposición Bill Viola – Las Pasiones (2003). Concepto, John Walsh; textos, Peter Sellars, John Walsh; conversación, Hans Belting y Bill Viola; fuentes y notas, Bill Viola; documentación visual, Kira Perov; exposición producida por The J. Paul Getty Museum, Los Ángeles y organizada en Madrid por la Fundación "La Caixa". Barcelona: Fundación La Caixa, 2004; 247 pp.; ISBN: 84-7664-868-5.
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sábado, 27 de junio de 2009
Alarmas y digresiones contiene treinta y nueve artículos que Chesterton publicó en el Daily News. Tres han sido publicados en Fábulas y Cuentos: «Las tres edades» (que se corresponde con «Acerca de las gárgolas» en la edición que menciono, y con el título inglés original «On Gargoyles»), «Cómo encontré al Superhombre» y «El arco largo» (título que corresponde al inglés original, «The Long Bow», y que en Fábulas y Cuentos se titula «La prolongada ceremonia»...).
En el introductorio, «Acerca de las gárgolas», cuenta una historia que viene a ser como una especie de gran historia del arte a grandes trazos y, en ese contexto, presenta el libro como unos «fragmentos de fútil periodismo que aquí colecciono como restos de un naufragio» y equipara su trabajo con el de quien esculpe gárgolas para una catedral. En su caso porque, dice, no sabe hacer otra cosa y tiene que dejar para otros los ángeles y los arcos y las agujas, aunque sepa bien cuál es el estilo arquitectónico y, naturalmente, cuál es el destino final de la catedral en cuya construcción colabora.
Varios textos sacan partido humorístico a la circunstancia de que acababa de dejar Londres para trasladarse a vivir al campo. Es el caso de «La rendición de un cockney», donde Chesterton indica sus preferencias por Londres frente al campo, pero señala que se rinde (ante su mujer, a la que no menciona) y cambia su residencia para vivir en Battersea; en ese marco, como ejemplo de la «superioridad» de lo urbano frente a lo rural apunta que llamar «nabo» a un hombre puede ser divertido pero no respetuoso, mientras que para elogiar su firmeza y rectitud usamos «la más noble metáfora cockney» y le llamamos «ladrillo».
No hay, en esta colección de artículos, ninguno que trate directamente de autores u obras literarias, pero sí hay varios sobre cuestiones anejas. Así, acerca de los cuentos de miedo, en «La pesadilla» explica que, para disfrutarlos, la salud mental del lector es esencial pues si alguien cuerdo puede tontear con la locura, a quien está enfermo no se le puede permitir jugar con la cordura; en otros lugares hablará de que «sólo la cordura es la que puede ver en la locura incluso una violenta poesía» («La abuela del dragón», Enormes minucias). O, en «Las tres clases de hombres», —un artículo que comento en Criterios para la elección de los buenos libros—, habla de que los poetas son aquellos hombres que comparten los sentimientos populares más genuinos y pueden expresarlos de tal manera que parecen ser las cosas extrañas y delicadas que en realidad son, y, al hacerlo así, hacen que el pueblo se sienta sabio.
Ese último artículo se puede alinear con otros que salen en defensa de la gente común, como «La ciudad roja»: «Es estúpido decir que la mayoría de la gente es estúpida. Es como decir que la mayoría de la gente es alta, cuando es obvio que alto puede sólo significar más alto que la mayoría de la gente. Es absurdo denunciar que la mayoría de la humanidad está por debajo del promedio de la humanidad». De modo parecido, en «La filosofía del curioseo» se rechaza el esnobismo del gusto que se aprecia en quienes sólo no saben ver el fondo de las cosas, en quienes si conocieran a Simon de Montfort sólo se darían cuenta de su acento francés o si vieran a Nelson sólo apreciarían que le falta un brazo.
«Simmons y el nexo social» es uno de los muchos textos de Chesterton que resulta luminoso para comprender mejor la mente juvenil: «Los muchachos, como los perros, tienen una especie de ritual romántico que no constituye siempre su yo verdadero. Y ese ritual romántico es, por lo general, el ritual de no ser romántico; la pretensión de ser mucho más masculinos y materialistas de lo que son. En su yo profundo los muchachos son muy sentimentales. La cosa más sentimental en el mundo es ocultar sus propios sentimientos haciendo demasiado caso de ellos. El estoicismo es el producto más directo del sentimentalismo; y los escolares son individualmente sentimentales pero colectivamente estoicos».
Da idea de la imaginación efervescente de Chesterton «La gloria del gris», que comienza con un comentario acerca de que los pintores ingleses son los mejores para pintar el Tiempo y deriva hacia un elogio del gris como el color con más posibilidades de todos. «El triunfo del asno» trata uno de sus temas recurrentes: el de la perspectiva, el de cómo nos confundimos una y otra vez al pensar que lo pequeño es grande y lo grande pequeño, que lo serio es cómico y lo cómico serio. Y el artículo sobre «La rueda» —«un animal que siempre está de pie sobre su cabeza; solamente que lo hace tan rápido que ningún filósofo ha podido jamás averiguar cuál es su cabeza»—, ejemplifica la extraordinaria capacidad de observación de Chesterton para detectar y para sacar provecho de las paradojas: la rueda es «la sublime paradoja», pues una de sus partes está siempre yendo hacia delante mientras la otra lo hace hacia atrás, y por eso su condición es semejante a la del alma humana y la de cualquier comunidad política: la necesidad de tener referencias tanto «de lo que está delante como de lo que está detrás», de tener «una parte en el cielo en perpetua e impotente transición, y una parte que perpetuamente humilla su cabeza en el polvo».
G. K. Chesterton. Alarmas y digresiones (Alarms and Discussions, 1910). En Obras completas, tomo I; Barcelona: Plaza & Janés, 1967; de la p. 937 a la p. 1091 de 1676 pp.; trad. de Teresa Reyles.
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viernes, 26 de junio de 2009
Chico de barrio es la única novela de Ermanno Olmi, un conocido guionista y director de cine perteneciente a la tradición del neorrealismo italiano. La compuso con ocasión de una enfermedad, que le obligó a dejar el cine por un tiempo, y en ella dejó constancia de sus recuerdos de infancia y adolescencia durante la segunda Guerra Mundial, cuando vivía con sus padres en Bovisa, un barrio obrero de las afueras de Milán. La historia es sencilla pero está bien contada y respira veracidad. Se narran sucesivas escenas cortas en las que se presentan a los padres del narrador, a su hermano y a sus vecinos; en ellas se contienen anécdotas, normalmente pequeñas, que reflejan las inquietudes y curiosidades propias del crecimiento del protagonista, contra el telón de fondo de la guerra y las privaciones y sufrimientos del momento. No es una obra genial pero sí es una historia honrada.
Ermanno Olmi. Chico de barrio (Ragazzo della Bovisa, 2004). Barcelona: Libros del Asteroide, 2009; 181 pp.; trad. de Carlos Manzano; ISBN: 978-84-936597-7-6.
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jueves, 25 de junio de 2009
Otra visión de los ancianos en nuestra sociedad, que se puede sumar a que ofrece Arrugas, es la de Luisito, de Susanna Tamaro.
Anselma, una mujer mayor, antigua maestra, vive sola y encuentra compañía y consuelo en un papagayo abandonado. Le pone Luisito porque su mejor amiga fue una compañera de estudios que se llamaba Luisita. En esa situación, en la que la presencia de Luisito redimensiona las cosas de nuevo, evoca su pasado y se lamenta un tanto de su presente, en particular del comportamiento de su hijo, su nuera y sus nietos.
Es un relato sencillo, fluido y eficazmente construido. Transmite simpatía por la protagonista y, en ese clima, conduce al lector a la identificación con ella, aunque incidiendo en exceso, creo yo, en los acentos tipo «a dónde vamos a ir a parar». En cualquier caso, seguro que muchos lectores conectarán bien con un episodio en el que Anselma impone su autoridad de maestra en una clase difícil, igual que con sus reflexiones a propósito del comportamiento maleducado de sus nietos, que sus padres consienten y no corrigen: «Gracias, la palabra mágica —como les decía a los alumnos: mágica porque abría todas las puertas y cerraba con delicadeza las que debían cerrarse—, había desaparecido del mundo civilizado».
Susana Tamaro. Luisito (Luisito. Una storia d’amore, 2008). Barcelona: Seix Barral, 2009; 144 pp.; trad. de Guadalupe Ramírez; ISBN: 978-84-322-3184-1.
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miércoles, 24 de junio de 2009
Veo una nueva reedición de Mi familia y otros animales, de Gerald Durrell, un buen pretexto para poner aquí un comentario de ese libro, unas fascinantes memorias de infancia llenas de gente rara —como dice la madre del autor—, y otro de El paquete parlante, para mí el mejor de los libros infantiles del autor entre los que conozco, que por otra parte son todos ellos divertidos y de buen nivel.
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martes, 23 de junio de 2009
La amiga más amiga de la hormiga Miga, de Emili Teixidor, es otro relato simpático sobre hormigas.
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lunes, 22 de junio de 2009
Cómo el ratón descubre el mundo al caerle una piedra en la cabeza, de Etienne Delessert, es un álbum deudor de las teorías pedagógicas de Jean Piaget (un poco como los de Margaret Wise Brown lo fueron de Lucy Sprague Mitchell). Años después del ratón de Delessert, hubo un topo que descubriría otros aspectos menos agradables de la vida.
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domingo, 21 de junio de 2009
Me ha gustado leer las Cartas de Joseph Roth, y descubrir cómo se define a sí mismo: como un europeo, un mediterráneo, un romano y un católico, un humanista y un hombre del Renacimiento, un francés oriental, un racionalista con religión, un católico con cerebro judío, un auténtico revolucionario... Son también más que interesantes sus juicios sobre muchos escritores del momento —algunos exagerados, muchos otros certeros—, así como sus cartas dolientes a Stefan Zweig —«yo mismo soy un muro de lamentaciones, un montón de escombros»— que revelan lo que, de otro modo, vuelca en su magnífico relato La leyenda del santo bebedor.
Pero, ahora, quería mencionar algunas de las grandes lecciones para periodistas que da el autor austríaco. Así, en una carta a Bernard von Brentano, el 2 de febrero de 1926, le habla de que no debe quejarse de que le corten sus artículos, y le dice: «Usted no es un solista, sino un cantor de coro. Tiene que adaptarse. Puede discutir en detalle la razón de este corte o de aquél, pero, como principio, debe ceder. Con ese amor celoso por cada línea que emite, puede que llegue a ser un genial poeta; un buen periodista, jamás. El asunto al que dedica su artículo es sagrado. Su artículo es un medio para el objetivo. El asunto y usted, que lo escribe, son más que el artículo, en la misma medida que es usted más que el aire que exhala».
Y, más adelante, justifica que no le hayan publicado un artículo pues «no era bueno. (...) Era flojo, inorgánico, era la descripción de un camino, pero no el camino. Tiene usted buenas ocurrencias, buenas imágenes, buenos giros; pero no crecen unos en otros. Escribe usted eslabones de cadena desunidos. (...) Aprenda usted transiciones naturales. En los poemas, el sentimiento y el ritmo fraguan lo que está suelto. En la llamada prosa, es precisamente la coherencia la que debe crear el sentimiento».
Joseph Roth. Cartas (1911-1939) (Briefe 1911-1939, 1970). Barcelona: Acantilado, 2009; 686 pp.; edición y notas de Hermann Kesten; trad. de Eduardo Gil Bera; ISBN: 978-84-96834-85-9.
Joseph Roth. La leyenda del santo bebedor (Die legende vom heiligen Trinker, 1939).Barcelona : Anagrama, 1999, 6ª ed.; 92 pp.; col. Panorama de Narrativas; trad. de Michael Faber-Kaiser; prólogo de Carlos Barral; ISBN: 84-339-3006-0.
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sábado, 20 de junio de 2009
Enormes minucias recopila treinta y nueve artículos que Chesterton publicó en el Daily News desde 1901. Entre ellos están algunos de sus ensayos más conocidos y de ahí que una selección de textos extensa como Correr tras el propio sombrero recoja más de una decena de sus capítulos. En el prólogo a un libro posterior (Maestro de Ceremonias), Chesterton se refirió al título inglés original, Tremendous Trifles, como ejemplo de uno de sus peores defectos literarios: su gusto por la aliteración.
«Enormes minucias» es también el artículo inicial y de presentación del libro; en él se cuenta la historia de dos niños a los que un mago transforma, a uno en un gigante que puede atravesar continentes y océanos, y a otro en un pigmeo que medía poco más de media pulgada; y el autor señala que, mientras el propósito de autores como Kipling es mostrar cuántas cosas extraordinarias puede ver un hombre si se mueve como un gigante, el suyo es mostrar cómo muchas cosas extraordinarias son completamente ordinarias y un hombre cualquiera puede verlas con tal que se fije un poco. En esa misma línea, de aprender a mirar alrededor, «Ventajas de tener una pierna» habla de que uno sólo puede ser feliz si aprende a disfrutar con los límites que la vida misma le impone y si descubre que las contrariedades forman parte inseparable de la felicidad. Y también, de otro modo, en «Los doce hombres» habla de las dificultades que tenemos para ver las cosas como son debido al acostumbramiento; en ese artículo, compuesto cuando formó parte de un jurado, defiende esa institución a partir de una de esas «paradojas que deberían enseñarse a todo niño que balbucea», la de que «mientras más mira el hombre a una cosa, menos la ve (...) y quien más sabe de una cosa es quien menos sabe de su significado»: los jueces y demás personas que trabajan administrando justicia se han acostumbrado a su tarea y «no ven al prisionero sino al hombre de siempre en el sitio de siempre; no ven el pavoroso estrado del tribunal, sino el lugar de su trabajo».
Magníficos ejemplos de cómo debemos aprender continuamente a razonar sobre lo que vemos están en «El viento y los árboles» y en «En el mundo al revés». En ellos analiza la misma pregunta: ¿es el viento el que mueve los árboles o son los árboles los que crean el viento al agitar sus hojas? En el primero habla de que «los árboles representan y significan todas las cosas visibles y el viento las invisibles»: «el viento es la filosofía, religión, revolución; los árboles son ciudades y civilizaciones»; no podemos ver el viento, podemos ver que hace viento; cuando «la gente empieza a decir que sólo las circunstancias materiales han creado las circunstancias morales, han impedido toda posibilidad de cambio serio. Porque si las circunstancias me han hecho a mí íntegramente imbécil, ¿cómo puedo estar seguro siquiera de tener razón para alterar estas circunstancias?». En el segundo, a partir de leer un cartel con la pregunta «¿deben casarse los dependientes de comercio?», señala su semejanza con otras como ¿favorece al Imperio la democracia? ¿es el Arte benéfico para la pintura al fresco?, ¿mejorarán los pies a las botas?, ¿conviene a los sombreros tener cabezas dentro?, ¿lesionan las manos a los bastones? Y es que, al hablar continuamente de «aspectos económicos y de necesidades físicas», acabamos poniendo la verdad patas arriba: hoy «el hombre no dice (...) ¿pueden los hombres casados soportar la moderna posición de dependientes de comercio?, sino ¿deben los dependientes casarse? El esclavo no dice: ¿son esas cadenas dignas de mí? El esclavo, científicamente, y satisfecho, dice: ¿soy siquiera digno de estas cadenas?».
Dos famosos artículos sobre los cuentos de hadas, un tema recurrente para Chesterton, son «La abuela del dragón» y «El ángel rojo». En el primero habla de un hombre que no creía en los cuentos de hadas, no en el sentido de que no hay calabazas que se conviertan en carrozas, sino en el de que se deben contar a los niños: «uno de los errores intelectuales que pueden clasificarse extraordinariamente cerca de los pecados mortales ordinarios». En el segundo, que cito en La sabiduría de los cuentos populares, se refiere a quienes dicen que los cuentos de hadas atemorizan a los niños, olvidando cómo son los niños y la importancia de los cuentos de hadas para la salud mental de los niños.
En «Echado en la cama», uno de los muchos textos que Chesterton escribió para distinguir lo importante de lo secundario, hace notar lo ridículo y asombroso que resulta, por ejemplo, considerar la limpieza como algo esencial y la santidad como una ofensa, o escandalizarse porque alguien vaya contra lo indicado como saludable, como por ejemplo fumar o quedarse en la cama, y al mismo tiempo dar por buenas otras conductas verdaderamente condenables: «si hay algo peor que la debilitación moderna de la gran moral, es la fortificación moderna de la pequeña moral».
Y, entre los artículos que tratan sobre las relaciones del ciudadano con el poder y, sobre todo, de la forma en que las personas que ocupan los poderes públicos tratan al ciudadano, se pueden destacar «Vislumbre de mi país», donde habla de que Inglaterra es un país donde los ciegos guían a quienes ven con claridad, o «El busilis de la yedra», donde, a propósito de unas declaraciones de lord Balfour sobre que la Cámara de los Lores era un reflejo del verdadero espíritu de Inglaterra, Chesterton señala su sorpresa de que afirme tal cosa pues Balfour, «el más capaz de los políticos ingleses», sabe que casi todos los Lords que no son Lords por accidente, son «idiotas a quienes él mismo ha despreciado y aventureros a quienes él mismo ha ennoblecido».
G. K. Chesterton. Enormes minucias (Tremendous Trifles, 1909). En Obras completas, tomo I; Barcelona: Plaza & Janés, 1967; de la p. 1285 a la p. 1443 de 1676 pp.; trad. de Rafael Calleja.
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viernes, 19 de junio de 2009
En la misma línea de María y yo, dos relatos más sobre niños discapacitados escritos por sus mismos padres: uno, del escritor francés Jean-Louis Fournier es ¿Adónde vamos, papá?; otro, del también escritor Màrius Serra, se titula Quieto.
Jean-Louis Fournier habla de sus dos hijos, discapacitados física e intelectualmente, con un fuerte humor irónico, a veces un tanto negro, que le sirve para subrayar los aspectos positivos de las situaciones que ha debido afrontar. Un ejemplo extremo es cuando dice que Mathieu, el mayor, «no tiene muchas distracciones. No mira la televisión; no la necesita para volverse retrasado mental».
Màrius Serra habla de su hijo, con parálisis cerebral, usando acentos parecidos a los de Fournier pero dejando traslucir más, en ocasiones, el enfado cuando algo le incomoda: él mismo lo reconoce cuando comenta que «esta rabia, que es mía y siempre será mía, me puede transformar en guerrillero de mi causa, capaz de cometer las mismas arbitrariedades que denuncio, o aún peores». En mi opinión es innecesariamente ofensivo un capítulo donde vuelca esa rabia contra la Iglesia Católica, y hubiera sido prescindible otro capítulo con procacidades, pero, en cualquier caso, yo estoy agradecido al autor por lo que transmite: por declarar tan abiertamente el amor incondicional a su hijo y por su valor social para, como dice Fournier, homenajear en su libro a unos chicos que «no ven el mal en ningún lado, como los inocentes» y enfrentarse a quienes procuran hacerlos desaparecer de la vista y de la vida.
Y una visión, humanamente parecida pero muy diferente en cuanto a su alcance, es el poema de Miguel D'Ors titulado Belinha (1958-2005).
Jean-Louis Fournier. ¿Adónde vamos, papá? (Où on va, papa?, 2008). Barcelona: Destino, 2009; 136 pp.; trad. de Palmira Freixas; ISBN: 978-84-233-4123-8.
Màrius Serra. Quieto (Quiet, 2008). Barcelona: Anagrama, 2008; 156 pp.; col. Narrativas hispánicas; versión del autor; ISBN: 978-84-339-7183-8.
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