bienvenidos a la fiesta
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lunes, 24 de noviembre de 2014

El Trincalibros,
de Helen y Thomas Docherty, es un álbum que habla con simpatía de la lectura de cuentos antes de dormir. Comienza diciendo que «Una noche oscura en Villa Madriguera / una coneja llamada Lena Madera / se sentó a leer como una noche cualquiera» y cómo un ser amenazador, al que no vemos, un Trincalibros, «El cielo surcó, y con gran sigilo / En la ciudad aterrizó» (el texto inglés dice: «One dark, dark night in Burrow Down, a rabbit named Eliza Brown found a book and settled down... when a Snatchabook flew into town»). Vemos también un bosque con distintas madrigueras y, en cada una, en el interior de un árbol, sobre sus ramas, bajo el suelo, etc., vemos a búhos, tejones, ardillas, leyendo cuentos a los pequeños. Pero entonces el espabilado Trincalibros se las arregla para robar los libros de todas ellas.

Libro para leer en voz alta y para compartir, con un relato alegre y unas ilustraciones cálidas, con detalles pequeños para observar. Los personajes son amables y capturan el interés de los lectores pequeños. No conozco completo el texto inglés original, que por la frase que puse arriba parece más rítmico y sonoro que la versión en castellano, que por otro lado cumple bien su función.

Thomas Docherty. El Trincalibros (The Snatchbook, 2013). Texto de Helen Docherty. Madrid: Maeva, 2014; 32 pp.; col. Maeva Young; trad. de Rocío de Isasa; ISBN: 978-84-15893-56-1. [Vista del libro en amazon.es]

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domingo, 23 de noviembre de 2014

El descubrimiento de las neuronas espejo dice Marco Iacoboni, nos está sirviendo, entre otras cosas, para explicar cómo funciona nuestro instinto para la empatía y, de paso, cómo se genera y aumenta la violencia imitativa: 

«Los resultados de los experimentos controlados con niños en ámbitos de laboratorio no podrían ser más claros: la exposición a la violencia en los medios tiene un fuerte efecto sobre la violencia imitativa. Por lo general, estos experimentos se realizan mostrando a los niños una película corta. Algunas de estas películas son violentas; otras, no. Luego, los niños son observados mientras interactúan entre ellos o mientras juegan con objetos tales como muñecos bobos, que se incorporan solos después de que los golpea. Por lo general, estos experimentos arrojan un resultado consistente. Los niños que observaron las películas cortas violentas despliegan un comportamiento posterior mucho más agresivo hacia las personas y los objetos que los niños que miraron películas cortas no violentas. Este efecto de la violencia en los medios sobre la violencia imitativa se observa en niños desde la edad preescolar hasta la adolescencia, tanto en mujeres como en varones, en niños naturalmente agresivos y no agresivos, y en diferentes razas. Los resultados son muy convincentes.

Lo que estos estudios dejan sin respuesta es el impacto en la vida real de la violencia en los medios sobre la conducta concreta de las personas (incluidas las más grandes) en el mundo. Los efectos demostrados en el ámbito experimental ¿son duraderos o transitorios?, ¿artificiales o reales? Los resultados de los estudios correlacionales sugieren que la relación causal es duradera y que sucede en el mundo real. (…) [Por ejemplo, en los cincuenta días posteriores a la masacre escolar de Columbine, fueron más de 350 las expresiones de violencia en distritos escolares cercanos, frente a las dos o tres anuales que se habían registrado antes]. Sumado a ello, los niños que miran más violencia en los medios tienden a ser más agresivos que otros. Estos resultados son altamente reproducibles en otros estudios y aún en otros países. La comparación de los resultados de los estudios correlacionales con los de los experimentos de laboratorio realizados con niños nos tienta a concluir que la violencia en los medios inspira la violencia imitativa, pero los datos empíricos óptimos deben provenir de los estudios longitudinales que investigan la correlación que existe entre mirar violencia en los medios y el comportamiento violento a lo largo del tiempo».

Marco Iacoboni. Las neuronas espejo. Empatía, neuropolítica, autismo, imitación, o de cómo entendemos a los otros (Mirroring people. The new science of how we connet with others, 2008). Madrid: Katz, 2009; 270 pp.; col. Conocimiento; trad. de Isolda Rodríguez Villega; ISBN: 978-84-96859-54-8. [Vista del libro en amazon.es]


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sábado, 22 de noviembre de 2014

Julio Cortázar: «Cuidado con los folcloristas porque son unos seres temibles. Yo les tengo naturalmente un gran respeto porque algunos de ellos se han pasado la vida investigando por ejemplo el itinerario de la zamba argentina o del corrido mexicano, tienen muchos libros y una especialidad perfectamente erudita en el tema, pero con los folcloristas sucede a veces que cuando tienen que presentar el folclor y comunicarlo se les olvida eso que tiene el humilde guitarrista o cantor analfabeto que no tiene ninguna ficha bibliotecológica en su casa pero que transmite directamente la fuerza del folclor. Hay a veces una tendencia a considerar el folclor como una especie de producto del pueblo y a separarlo un poco del pueblo y disecarlo además de idolatrarlo; ése es otro peligro. Yo he conocido un folclorista en la Argentina que sostenía fríamente que una baguala —o sea una melodía del norte argentino— valía más que cualquier cuarteto de Beethoven. Cuando uno oye barbaridades así realmente no vale la pena seguir hablando; me hace acordar de una anécdota que le atribuyen a Borges en que un indigenista —o sea un folclorista metido a fondo con los problemas indígenas— le dijo un día a Borges que había que luchar contra el idioma español porque era un idioma de colonización y de conquista y que había que volver a las lenguas indígenas. Entonces Borges le dijo: “Muy bien, pero usted ha escrito tres libros; en vez de escribirlos debió haber hecho quipus” (los cordeles con nudos que eran la única escritura de los incas). Aunque la respuesta de Borges es muy malvada, de todas maneras le contestaba a ese indigenista que había perdido completamente la noción de los valores».

Julio Cortázar. Clases de literatura. Berkeley, 1980 (2013). Madrid: Alfaguara, 2013; 312 pp.; edición de Carles Álvarez Garriga; ISBN: 978-84-204-1516-1. [Vista del libro en amazon.es]

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viernes, 21 de noviembre de 2014

Cuando leí Poemas de guerra, de Wilfred Owen, anoté que debía leer Adiós a todo eso, de Robert Graves, y los poemas y la autobiografía de Siegfried Sassoon.

Adiós a todo eso es un relato autobiográfico escrito cuando su autor tenía 34 años. El título indica, entre otras cosas, el momento en el que Graves, después de su divorcio, dejó Inglaterra para irse a vivir a Mallorca. Recuerda su infancia, su vida escolar, sus experiencias de combate durante la primera Guerra Mundial, sus comienzos literarios como poeta —«siempre un proceso penoso de correcciones continuas, corrección sobre corrección, y una fuente persistente de insatisfacción»—, su primer matrimonio, su trato con algunos escritores —como Thomas Hardy, John Buchan, Walter de la Mare y otros— y, por último, su trabajo como profesor de literatura inglesa en la recién fundada Universidad Real Egipcia, de El Cairo, donde conoció, aunque no lo cita por su nombre, a Taha Husein, «el profesor ciego de árabe, uno de los pocos egipcios con un amplio prestigio como orientalista».

La parte más extensa del libro, la de más influencia social y la que a mí más me ha interesado, es la que narra su participación en la guerra. Graves era un soldado valiente que, con solo veinte años, fue promovido a capitán, pero los acontecimientos que vivió —las bajas entre sus amigos y compañeros, la torpeza de sus superiores, el ambiente agresivamente patriotero en la opinión pública…— le hicieron adoptar actitudes de fuerte rechazo. Así, cuenta cómo «Inglaterra nos resultaba extraña a los soldados repatriados. No podíamos comprender la histeria bélica que se extendía enloquecidamente por todo el país. Los civiles hablaban un lenguaje que nos resultaba ajeno; era el lenguaje de los diarios. Me di cuenta de que cualquier conversación seria con mis padres era del todo imposible».

También se detiene Graves a contar su amistad con el poeta Siegfried Sassoon, nueve años mayor que él, un oficial condecorado por sus acciones de guerra pero que, cuando estaba convaleciente de sus heridas, envió una carta a sus superiores condenando la innecesaria prolongación de la guerra. Fue Graves quien hizo las gestiones para que un tribunal médico declarase que Sassoon estaba enfermo, bajo los efectos de un fuerte shock, y evitase así su condena por un tribunal militar. Todo esto también lo cuenta Sassoon en sus memorias, que pondré aquí dentro de unos días.

Robert Graves. Adiós a todo eso (Good-bye to all That, 1929 y 1957). RBA, 2010; 400 pp.; col. Narrativas; trad. de Sergio Pitol; ISBN: 978-8498676945. [Vista del libro en amazon.es]


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jueves, 20 de noviembre de 2014

Comienzo, con este comentario, una miniserie sobre Anthony Trollope. Noviazgo y matrimonio contiene siete relatos suyos que aparecieron primero en revistas y luego en libros con varias historias. Tienen lugar en distintos escenarios —Estados Unidos, Nueva Zelanda, Pirineos, Viena, Panamá, ciudades inglesas—; sus protagonistas tienen caracteres muy distintos —unos dominantes, otros tímidos, otros audaces…—, y desenlaces variados: unos felices, otros trágicos, otros abiertos.

Es un libro que sirve para tomar el pulso al autor y hacerse cargo de sus rasgos principales: calidad y claridad de la narración —con narradores que se hacen notar y no temen explicarse—, mundos interiores bien descritos —de los que hacen pensar en lo que piensan los demás y por qué piensan como piensan—, personajes muy pendientes de la estimación social, ironía cordial que puede apuntar en cualquier dirección.

Entre otras frases de las que tomé nota: «St. Thomas es muy bonito desde el mar; y no puede decirse nada más en su favor»; «es asombroso lo mucho que pueden odiarse dos mujeres jóvenes sin que ello les impida darse un beso de despedida»; «cuando la timidez de una joven deja paso a la verdadera intimidad, su capacidad de conversar es generalmente ilimitada»; «nadie debe suponer que, cuando alguien se traga un atizador, sólo lo pasan mal sus acompañantes. El proceso también es doloroso para él. No puede respirar cómodamente mientras el atizador sigue allí».

Anthony Trollope. Noviazgo y matrimonio. Barcelona: Alba, 2011; 392 pp.; col. Clásica; trad. de Marta Salís; ISBN: 978-8484283157. Son estos relatos: El noviazgo de Susan Bell (The Courtship of Susan Bell, 1860), La Mère Bauche (1861), La hija del pastor de Oxney Colne (The Parson’s Daughter of Oxney Colne, 1861), El viaje a Panamá (The Journey to Panama, 1861), La señorita Ophelia Gledd (Miss Ophelia Gledd, 1863), Lotta Schmidt (1866), Catherine Carmichael, o el paso de tres años (1878), Las dos heroínas de Plumplington (The Two Heroines of Plumplington, 1882). [Vista del libro en amazon.es]

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miércoles, 19 de noviembre de 2014

Así como siempre temo que algunos relatos pueden acentuar comportamientos que no me gustan, y que a nuestro alrededor hoy son demasiado frecuentes (por ejemplo, que un álbum como el citado ayer aumente más aún el espíritu quejoso y protestón que tanto abunda en nuestra sociedad), hay otros que aplaudo también porque defienden un talante que me parece que nos hace más falta.

Es el caso de Manual del buen paseante, de Raimon Juventeny, un álbum más bien adulto que se parece mucho, en su estética y en su contenido, a Ramón, de Jesús Cisneros. En veinte escenas sucesivas vemos a un paseante y, al pie, hay una frase que describe algo propio del buen paseante: empieza con «El buen paseante sale a pasear cuando le apetece» y casi termina con «El buen paseante vuelve a casa cuando le apetece». Además se nos dice que no tiene prisa, que sonríe, que se asombra, etc. Tal vez algunas frases podrían ser menos contundentes o estar más matizadas: por ejemplo, a «el buen paseante no se preocupa si se hace tarde», yo le añadiría «o sí», pues a veces hay que preocuparse…

Raimon Juventeny. Manual del buen paseante (2014). Pontevedra: Faktoria K, 2014; 44 pp.; prólogo de Carl Honoré; ISBN: 978-84-15250-72-2. [Vista del libro en amazon.es]

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martes, 18 de noviembre de 2014

Odio la escuela, de Tony Ross y Jeanne Willis, es un álbum muy sarcástico. Comienza diciendo esto: «Esta es la historia de una niña / llamada Honorata Valentón, / que no quería ir la escuela / pues la odiaba con pasión». A las preguntas de un interlocutor, ella va describiéndolo todo del modo más feroz posible: «—Pero ¿acaso no te divertías? / ¿No aprendiste a leer? / —Al contrario —me decía—, / Nos torturan cada día / si tratamos de aprender». Y no sólo todos y cada uno de sus profesores fueron malvados, sino que también sus compañeros «esa bola de embusteros / Todos ellos son villanos, / son piratas, ¡son muy malos!».

Como álbum es excelente: en cada doble página se representan dos, tres o cuatro escenas, todas sin recuadrar, tal vez para indicar que corresponden a un mundo imaginativo. El final sirve para enseñar lo que es un «narrador poco fiable»: Honorata es demasiado fantasiosa y de lo que se ve se deduce que tan mal no lo pasaba en la escuela...

Como relato, algunos temerán tanta ferocidad, que tan bien sabe representar un Tony Ross que disfruta incluyendo toques truculentos en sus excelentes dibujos. En relación a esto se pueden decir varias cosas:
—una, que todo es tan excesivo que su impacto real en el lector —en el sentido de que le lleve a rechazar el colegio— seguramente será escaso..., siempre y cuando el niño o la niña ya conozcan y estén a gusto en el colegio;
—otra, que tal vez mostrarlo a los más temerosos antes de ir al colegio, o a quienes ya tienen dificultades de adaptación, sí podría ser contraproducente;
—y otra más, que refleja una preocupación mía, es si relatos como este no servirán para introducir más a los niños, ya desde pequeños, en la «cultura de la queja», y de la queja un tanto histérica, en la que vivimos.

Tony Ross. Odio la escuela (I Hate School, 2003). Texto de Jeanne Willis. México D. F.: Océano Travesía, 2014; 28 pp.; trad. de Sandra Sepúlveda Martín; ISBN: 978-607-735-265-5. [Vista del libro en amazon.es]

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lunes, 17 de noviembre de 2014

Colores, de Hervé Tullet, es un álbum con el mismo planteamiento y la misma destreza compositiva de Un libro. En la primera página derecha se ve un punto gris y el texto, abajo, dice: «¿Preparados?» En la segunda página derecha se ve el mismo punto y abajo pone: «Aprieta en el punto gris. Vas a ver cómo se acercan». Luego, puntos de todos los colores van apareciendo en las siguientes dobles páginas. Y el narrador va proponiendo al lector cosas: que coja con los dedos un poco de azul y acaricie el amarillo, del amarillo y pinte sobre el rojo… Y así van apareciendo los colores.

Las propuestas del texto tienen simpatía y un tono de complicidad que facilita entrar en el juego. Los circulitos de color son como manchas de pintura real fotografiadas y los cambios que se van produciendo también parecen proceder de hacer justo lo que el autor va proponiendo al lector. Salvo los primeros colores más básicos, el narrador no indica luego los nombres de los colores que se van formando al ir mezclándolos entre sí: un proceso de búsqueda que tendrá que hacer el lector, algo que, seguramente, servirá para que los recuerde mejor.

Hervé Tullet. Colores (Les couleurs, 2014). Madrid: Kókinos, 2014; 68 pp.; trad. de Esther Rubio; ISBN: 978-84-941765-6-2. [Vista del libro en amazon.es]

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domingo, 16 de noviembre de 2014

He comenzado a publicar dos o tres notas semanales en Medium: unas son recuperaciones de notas publicadas en esta página tiempo atrás y otras son observaciones sobre libros y lectura. De momento son estas:

Estadísticas sobre lectura y lectores,

Qué libros comprar,

No me gustan los premios literarios,

Rasgos de un hombre culto,

Aplebeyamiento y nobleza,

Diez advertencias sobre libros,

Las lecturas y el modo de ver la vida,

Lecturas y felicidad.

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sábado, 15 de noviembre de 2014

Tres apuntes sobre el realismo que hace Julio Cortázar:

«El cuento realista que se va a fijar en nuestra memoria es aquel en el que el fragmento de realidad que nos ha sido mostrado va de alguna manera mucho más allá de la anécdota y de la historia misma que cuenta. Ir más allá puede significar muchas cosas: puede significar un descenso en profundidad hacia la psicología de los personajes. Se puede mostrar realísticamente la conducta y la vida de una pareja o de una familia; pero el cuento llegará a volverse inolvidable cuando, además de eso que nos ha sido contado, lo que ocurre en el cuento nos permita entrar en el espíritu, en la psicología, en la personalidad profunda de los integrantes del cuento y que no necesariamente se explica en el cuento mismo».

«El cuento realista es siempre más que su tema: el tema es absolutamente fundamental pero si un cuento realista se queda en el tema es uno de los muchísimos cuentos que leemos con frecuencia en que los principiantes, por el hecho de haber encontrado un episodio que los conmovió ya sea en un sentido histórico, amoroso, psicológico o incluso humorístico, pensaron que bastaba escribirlo para que eso fuera un buen cuento realista. En ese caso no lo es nunca porque el tema se reduce exclusivamente a la anécdota y muere en el momento en que la anécdota, el relato mismo, termina; con la última palabra el cuento empieza inevitablemente a caer en el olvido».

La literatura realista no es la de los naturalistas franceses, ni «ese realismo que consiste simplemente en poner un espejo tipográfico delante de cosas que podemos ver igual o mejor en la calle todos los días, sino esa alquimia profunda que mostrando la realidad tal cual es, sin traicionarla, sin deformarla, permita ver por debajo las causas, los motores profundos, las razones que llevan a los hombres a ser como son o como no son en algunos casos».

Julio Cortázar. Clases de literatura. Berkeley, 1980 (2013). Madrid: Alfaguara, 2013; 312 pp.; edición de Carles Álvarez Garriga; ISBN: 978-84-204-1516-1. [Vista del libro en amazon.es]

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viernes, 14 de noviembre de 2014

Fue una buena experiencia lectora del verano pasado la de abordar, después de las memorias familiares de Talese, las de Amos Oz tituladas Una historia de amor y oscuridad, tan diferentes. Ambas se parecen en que Talese y Oz reconstruyen bien la historia de sus abuelos, padres y tíos, en sus lugares de origen y en su nueva tierra. Sin embargo, Talese, con su talante de periodista, construye una gran narración que se ciñe bien a los datos que conoce y no se dispersa, mientras que Amos Oz, con sus estructuras mentales de poeta y escritor, no sólo aporta los datos que tiene sobre sus padres y familiares, sino que, a veces, se detiene a considerar posibilidades no cumplidas o se alarga con descripciones de todo tipo de cosas.

Por otro lado, la narración de Oz es mucho más extensa y tiene varios hilos más: uno, que habla mucho de sí mismo cuando era niño, de su afición a la lectura, y de cómo fue naciendo su vocación literaria; otro, acerca de su maduración personal y sus relaciones con sus padres y familiares; otro más, el del ambiente tan excepcional del Israel previo y posterior a la guerra de 1948, para mí el aspecto más interesante de toda su historia. Además, el relato se amplía e ilumina con sucesos muy posteriores a su infancia que, de un modo u otro, enlazan con algo de aquella época. Hay que añadir también que comprender bien la obra de Oz requiere conocer un poco la historia del pueblo judío, del movimiento sionista y sus principales representantes, de la historia de los comienzos del Estado de Israel y de quienes fueron sus primeros gobernantes.

Para muchos será un libro excesivo: demasiadas cosas, todas mezcladas, con multitud de referencias literarias e históricas. El autor lo sabe pues confiesa, en su narración, que «debería ceder un poco y suprimir algunos acontecimientos (…): son incidentes bastante aburridos, y además no aportan nada al desarrollo de la historia. ¿Aportan? ¿Desarrollo? Pero si aún no sé lo que puede aportar algo al desarrollo de la historia, porque aún no tengo ni la más remota idea de adónde quiere ir esta historia, ¿y por qué necesito aportaciones? ¿O desarrollo?». Por otro lado, el autor termina contando cosas dolorosas de su vida familiar y de sus padres que, según afirma, nunca había dicho antes: el libro tiene algo, por tanto, de confesión y de intento de ver las cosas con más perspectiva.

Uno de los aspectos que me han interesado más son los que conectan con el mundo que Oz retrata en sus novelas infantiles Una pantera en el sótano y La bicicleta de Sumji. Por ejemplo, señala que «era un niño obsesionado por la historia. Se me ocurrió corregir los errores de los jefes militares del pasado: renové, por ejemplo, la gran rebelión judía contra los romanos, salvé Jerusalén de la destrucción a manos de las tropas de Tito, trasladé el frente de batalla al campo enemigo, llevé a las hordas de Bar Kokba hasta las murallas de Roma, conquisté al asalto el Coliseo y puse una bandera hebrea en la colina del Capitolio. Para ello hube de trasladar la brigada judía del ejército británico a la época del Segundo Templo, y disfruté del daño que dos ametralladoras podían infligir a las magníficas legiones de Adriano y de Tito; sus nombres sean borrados. Un avión ligero, un único Piper, puso al arrogante Imperio romano de rodillas. La desesperada batalla de los defensores de Masada la convertí en una total victoria judía con ayuda de un mortero y algunas granadas de mano. Y, de hecho, ese extraño impulso que tenía de pequeño, el deseo de darle una segunda oportunidad a lo que no tenía ni tendría nunca una segunda oportunidad, es uno de los motores que mueven aún hoy mi mano, cada vez que me pongo a escribir una historia».

Amos Oz. Una historia de amor y oscuridad (2002). Madrid: Siruela, 2010, 7ª impr.; 644 pp.; col. Nuevos Tiempos; trad. de Raquel García Lozano; ISBN: 978-84-7844-792-3. [Vista del libro en amazon.es]

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jueves, 13 de noviembre de 2014

El único e incomparable Iván, de Katherine Applegate, es una historia emotiva con bastantes parecidos a Las telarañas de Carlota: ambas son historias de animales por un lado y de los hombres que se relacionan con ellos por otro; en los dos libros uno de los animales salva la vida de otro realizando algo impensable (para un animal); y es una chica humana la que muestra simpatía por los animales y la que intercede por ellos.

En este caso el narrador es Iván, un gorila «espalda plateada» que, desde hace más de veinte años, es una atracción en un área comercial, junto con otros animales como, sobre todo, la elefanta Stella. También se relaciona con un perro pequeño y rebelde, Bob, que entra y sale de las jaulas sin problemas. El lugar es miserable y su propietario, Mack, no cuida bien a los animales. Stella enferma y, además, traen a otra elefanta pequeña, Ruby. Cuando Stella muere y Ruby está pasándolo mal, Iván tiene una idea. La hija del cuidador del lugar, Julia, comprende a Iván mejor que nadie: Iván pinta «cuadros» sencillos que luego se venden a buen precio y Julia también se pasa tiempo dibujando junto a su jaula.

El relato se inspira en un hecho real sucedido hace tiempo en los Estados Unidos. La organización y presentación del libro están pensadas para facilitar la lectura: el interlineado es cómodo, los capítulos son cortos y también los párrafos que, además, están separados por una línea en blanco entre sí. Las imágenes de Patricia Castelao son pocas pero acertadas. Es un buen recurso que haya un glosario inicial con algunas expresiones extrañas del gorila: una forma que no había visto antes de crear curiosidad y cierta expectación en el lector.

Pero, sobre todo, el narrador, el mismo Iván, tiene un tono muy conseguido: es algo lento de razonamientos, tiene una ironía que a veces parece no percibir él mismo, hace observaciones dolidas pero no hirientes, da información sobre su pasado y su especie cuando recuerda su vida, se expresa con claridad aunque parezca que con dificultad, se podría decir que casi no hace descripciones más allá de su alcance, y no le caen nada bien los chimpancés. Además, la personalidad de quienes le rodean también está bien definida. Así, dice Iván: «Mis visitantes suelen sorprenderse al ver el televisor que Mack puso en mis dominios. Parece que llama la atención ver un gorila observando humanos diminutos en una caja». O explica la sensata Stella: «Un buen zoológico es la manera en que los humanos nos dan una compensación». O apostilla el irónico Bob: «Los humanos apestan (…). No se dan cuenta porque sus narices son incompetentes».

El libro retrata bien el comportamiento de los hombres que aparecen en la historia: el propietario, Mack, y el cuidador y padre de Julia, George, no son malas personas sino pobres gentes a los que no les gusta mucho lo que hacen pero que tienen que sobrevivir. Pero, como es de esperar casi siempre en un libro así, el planteamiento que subyace no es tanto el de que los hombres tienen obligaciones respecto a los animales como el de que los animales tienen derechos como los hombres. Así, Julia dice que su pancarta preferida, cuando hay manifestaciones delante del parque, es la de que «los elefantes también son personas». Sin embargo, Iván mismo sabe apreciar las diferencias, incluso entre los animales: cuando alguien le cuenta la vieja historia sobre la posibilidad de que un chimpancé al que encerrasen con una máquina de escribir podría llegar a escribir un libro, comenta: «Refunfuño. Como si un chimpancé pudiera escribir una letra, ni hablar de un libro».

Katherine Applegate. El único e incomparable Iván (The One and Only Ivan, 2012). Barcelona: Océano, 2014; 324 pp.; col. Grantravesía; ilust. de Patricia Castelao; trad. de Mercedes Guhl; ISBN: 978-84-942582-2-0. [Vista del libro en amazon.es]

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jueves, 13 de noviembre de 2014

Durante los meses de noviembre y diciembre no se mandará el boletín quincenal.


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miércoles, 12 de noviembre de 2014

La Ciudad Mágica es un libro más de Edith Nesbit que se acaba de publicar en castellano ahora. La hermana mayor de Philip, con la que tenía una gran complicidad, se ha casado y él ha de vivir con su nueva hermanastra, Lucy. Cuando su hermana se marcha de luna de miel, Philip lo pasa mal y él solo, tal como hacía con su hermana, construye una ciudad pequeña componiendo libros, vajillas y objetos de distinto tipo. Asombrosamente, la ciudad cobra vida pero, cuando Philip está en ella, también aparece Lucy, cosa que le contraría. Además, descubre que su presencia en la ciudad confirma una vieja profecía y es imprescindible que pase por siete difíciles pruebas.

Como las demás novelas de la autora, esta también pone de manifiesto su talento narrativo y su buen humor, su soltura para que lo fantástico engrane con la vida real, su acierto en la descripción del modo de ser de los niños protagonistas. No fluye de modo tan natural como algunas otras suyas pues las arbitrariedades para ir encajándolo todo son muchas y hay un exceso de acciones propias de los relatos de nonsense como, por ejemplo, los de Alicia. También son bastantes las referencias cultas que sólo los lectores adultos podrán captar bien —aunque no faltan aclaratorias notas al pie— y abundan las intromisiones del narrador que cabría llamar metafictivas, como esta: «Siento mucho si este capítulo tiene distintos cortes con referencias a varios de sus protagonistas, pero el asunto se complica cuando tienes que contar todo lo que les ocurre a cada uno al mismo tiempo. (…) Así que espero que me disculpes».

Hay observaciones de interés acerca de cómo funciona la magia. El señor Noé le dice a Philip que «la magia desaparece cuando entendemos el porqué de las cosas y vemos cómo funcionan y entonces dejamos de maravillarnos, ya sabes». En otro momento le indica que «las lágrimas tienen un gran poder mágico». Philip también aprende por qué puertas puede acceder a la ciudad, cómo alguna gente lo hace «a través de los sueños», y cómo el tiempo en la vida real se detiene mientras tanto.

Son excelentes las reacciones de Philip, tan propias de un chico de su edad y de aquellos años —«no quiero ayuda, gracias, especialmente si viene de chicas», dice—, y las certeras réplicas de Lucy, o de la misma narradora, para poner las cosas en su sitio —así, cuando Philip se dice a sí mismo que «las chicas siempre siguen los caminos. Nunca exploran», la narradora comenta: «Lo cual sólo demuestra lo poco que conocía a las chicas»—.

Edith Nesbit. La ciudad mágica (The Magic City, 1910). Córdoba: Berenice, 2014; 304 pp.; col. Libros de Pan; trad. y notas de Nuria Reina Bachot; ISBN: 978-8415441540. [Vista del libro en amazon.es]

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martes, 11 de noviembre de 2014

Escarabajo en compañía, de Pep Bruno y Rocío Martínez, contiene cinco pequeños relatos: el primero, que da el título al libro, y luego «Ciempiés y un zapato», «Aburrimiento», «La visita» y «La fiesta de despedida». Todos están protagonizados por Escarabajo, Ciempiés, Tres Hormigas, Grillo y, los dos últimos, también por Saltamontes.

Tal como explica el autor en una nota final, son un homenaje a varios autores que admira, como Arnold Lobel, Eric Carle, A. A. Milne y Jutta Bauer. Pero, sobre todo, el tono de los cuentecillos tiene un reconocible aire de familia con los de Arnold Lobel: todos hablan con gracia de amistad cordial, de amigos siempre bien dispuestos a echar una mano, compartir una comida o celebrar una fiesta. Son, naturalmente, como cabe esperar del autor, relatos bien escritos y apropiados para contar en voz alta y para compartir; y, como cabe esperar de la ilustradora, excelentes para disfrutar al mirarlos, pues las alegres ilustraciones ponen caras y figuras a los personajes y les añaden simpatía.

Pep Bruno. Escarabajo en compañía (2014). Barcelona: Ekaré, 2014; 80 pp.; ilust. de Rocío Martínez; ISBN: 978-84-941716-9-7. [Vista del libro en amazon.es]

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lunes, 10 de noviembre de 2014

Al leer los Minicuentos de animales con pictogramas, con ilustraciones de Horacio Elena y textos de Beatriz Doumerc y Gabriel Barnes, me preguntaba, una vez más, dos cosas: una, cuál será la eficacia real de los libros para pequeños con pictogramas o dibujitos en medio del texto; y otra, si tiene alguna virtualidad particular la fea tipografía con letras como de caligrafía infantil. Y me respondo que cuando bastantes editoriales recurren a las dos cosas, se ve que hay quienes piensan que son recursos apropiados y eficaces, aunque yo no lo tenga claro del todo.

El libro que digo son dos volúmenes que contienen 30 relatos cortitos, todos protagonizados por animales humanizados. En las páginas izquierdas van unas pocas líneas de texto en las que se sustituyen algunas palabras por dibujitos, y en las páginas derechas van ilustraciones más grandes que a veces invaden el otro lado. Al principio de cada cuento hay un diccionario de pictogramas para las palabras que se usarán en él, y al final de cada libro hay un diccionario con todos los pictogramas. Los relatos son historias pequeñas de vida, digamos, cotidiana. El texto contiene rimas fáciles entre palabras, a veces ya desde el título: «El pingüino Pepino», «El grillo Cepillo», etc. Los dibujos, sueltos y eficaces, de ilustrador muy experto, tienen los aires disneyanos típicos, por lo que gustarán a muchos.

Horacio Elena. Minicuentos de animales con pictogramas (2014). Textos de Beatriz Doumerc y Gabriel Barnes. Madrid: Bruño, 2014; son 2 libros de 320 y 303 pp.; ISBN: 978-84-696-0012-2 y 978-84-696-0015-3. [Vista del tomo I en amazon.es]

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domingo, 9 de noviembre de 2014

Tal como dije hace unos días, después de La eficacia del optimismo, sobre Dickens, le toca el turno a Formas de la felicidad, comentarios apoyados en Chesterton a obras de Esopo, Joel Chandler Harris, Edward Lear, Lewis Carroll, Walter de la Mare, los hermanos Grimm, Hans Christian Andersen, George MacDonald, Daniel Defoe, Walter Scott, Robert Louis Stevenson, Bret Harte, Emily Brontë, Charlotte Brontë, Louise Marie Alcott..., y sobre la poesía infantil y los cuentos de hadas. Las primeras páginas —índice, presentación e introducción del libro— están en este pdf. La cubierta es, como las de anteriores libros, de Rodrigo Zaparaín.

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sábado, 8 de noviembre de 2014

John Gardner: «Una de las características elementales de todo el buen arte (…) es la concordia de los medios y los fines, de la forma y la función. La condición sine qua non de la narrativa, en lo que a la forma se refiere, es que necesita del tiempo. No podemos leer toda una novela en un instante; a fin de ser coherente, a fin de funcionar como una experiencia necesariamente unificada, y no accidentalmente temporal, la narración debe tener cierta fluidez en su desarrollo».

Otro rasgo fundamental se deriva de que, dentro de cualquier obra de ficción, un elemento «puede ser apropiado o no en función de tan solo dos criterios: es apropiado a la obra de ficción en tanto objeto artístico sin referencia alguna a la realidad, o bien es apropiado cuando lo comprobamos frente a nuestro sentido de la realidad. Pero es dudoso que los elementos del arte puedan ser solamente apropiados los unos para con los otros».

John Gardner. El arte de la ficción: apuntes para el oficio de jóvenes escritores (The Art of Fiction, 1983). Madrid: Ediciones y Talleres de Escritura Creativa Fuentetaja, 2001; 243 pp.; col. Creativaescritura; trad. y prólogo de Miguel Martínez-Lage; ISBN: 84-95079-73-9. [Vista del libro en amazon.es]

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viernes, 7 de noviembre de 2014

Soldados de plomo,
de Uri Orlev, es un libro con memorias ficcionadas de su infancia durante la segunda Guerra Mundial. Empieza en Polonia y habla de dos chicos de una familia bien situada, Yúrek y su hermano menor Káchik. Entre los muchos sucesos que ocurren, el que marca el punto de inflexión es la muerte de su ejemplar y abnegada madre. A partir de ahí pasan a depender de una tía y de su marido, mientras que otra tía también les ayuda pero manteniendo las distancias, y tienen que ir cambiando de vivienda de un lugar a otro. Al terminar la guerra, pueden marcharse a Palestina.

La narración, en tercera persona pero desde la perspectiva de Yúrek, tiene tono de relato infantil por la sencillez de las expresiones y porque abundan las observaciones propias del mundo interior de un niño. Sin embargo, no es en absoluto infantil, pues quien puede advertir todas las implicaciones de que se cuenta —por ejemplo, del hecho de que puedan salvarse varias veces gracias a un judío colaboracionista muy amigo de una tía de los chicos— es un lector más bien adulto. Por otro lado, para seguir bien el relato es conveniente conocer el telón de fondo: tanto los sucesos de la segunda Guerra Mundial en Varsovia —ocupación alemana, rebelión de la ciudad, rebelión del gueto…— como algo de la historia de las expediciones a Israel de los judíos supervivientes.

Lo que tiene de infantil la historia actúa de contrapunto trágico. Así sucede con los muchos momentos en los que la trama se centra en las escapadas imaginativas de Yúrek, que juega con soldados a la guerra y hace intervenir a los héroes de las novelas que ha leído: «El Comandante del Universo y su esposa entraron en el Palacio, acompañados por sus generales, y subieron la ancha escalera que conducía al vestíbulo. Allí se encontraba el capitán Nemo, el general Gordon, el general Napoleón, el general Sócrates, el general almirante Nelson y muchos otros, todos condecorados con distinciones honoríficas». También está captada con acierto la forma en que juegan los dos hermanos y cómo el mayor se aprovecha del menor: «Los ojos del pequeño se llenaron de lágrimas. Estaba convencido de que su hermano mayor había cometido una injusticia. –¡Eso no vale! –gemía–. ¡Devuélvemelo!»

Uri Orlev. Soldados de plomo (1956). Madrid: Bruño, 1997; 251 pp.; col. Paralelo cero; trad. de Eulàlia Sariola; ISBN: 978-8421631898. [Vista del libro en amazon.es]

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jueves, 6 de noviembre de 2014

La historia de Julian, de R. J. Palacio, es un libro cortito publicado para complementar La lección de August y, supongo, para prolongar su merecido éxito. Quienes estén interesados en los aspectos educativos del primer libro agradecerán este segundo. Quienes piensen dentro de coordenadas más literarias seguramente no lo verán así. En cualquier caso, la narración es buena, no faltan diálogos sabrosos, y muchos lectores —a pesar del bucle final con el recurso al mundo nazi, tan desgastado— seguirán con atención la historia hasta su desenlace. Por supuesto, se ha de haber leído antes el primero.

El relato aporta una perspectiva más a las varias que ya contiene la novela inicial. Aquí es Julian, el chico acosador de Auggie, quien cuenta resumidamente los hechos desde su punto de vista; habla de las reacciones que tuvieron sus padres, y de las conversaciones que sus padres y él mantuvieron con sus profesores. Al final, Julian es expulsado y se marcha el verano a Francia con su abuela judía, una mujer que, siendo una chica joven durante la segunda Guerra Mundial, vivió un episodio escolar semejante al de Julian.

El lector aprecia pronto que Julian se justifica mucho y que sus padres no son nada objetivos a la hora de defenderle y de cargar las culpas a la dirección del colegio. El relato tiene acentos de «cuento de advertencia» y, por tanto, la utilidad de que hace pensar en lo que piensan los demás y en que hay motivos que no conocemos para que pasen las cosas que pasan. El libro acentúa uno de los mensajes preferidos de la escritora: en boca del profesor Traseronian vuelve al lema «si no sabes qué hacer, sé amable».

La historia tiene también un punto de libro de autoayuda. La abuela le dice a su nieto: «un error no te define, Julian»; «al final, mon cher, lo único que importa es que te perdones a ti mismo». Y Julian lo acepta: «soy un niño normal y corriente. Un niño típico, del montón. Un niño normal que cometió un error». Bien, se me ocurre que tal vez la palabra «error» no sea la más apropiada y que hablar de «perdonarse uno a sí mismo» es un tanto confuso. De hecho, la resolución del relato es mejor que lo que se podría sospechar de esas expresiones.

Entre paréntesis, y puesto que hablamos de un libro sobre padres que disculpan y protegen las acciones deplorables de sus hijos, recuerdo La cena del que hablé hace unos días, aunque sea una novela de otro nivel.

R. J. Palacio. Wonder. La historia de Julian (Wonder: The Julian Chapter, 2014). Nube de Tinta, 2014; 160 pp.; col. Nube de Tinta; trad. de Verónica Canales; ISBN: 978-8415594420. [Vista del libro en amazon.es]

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miércoles, 5 de noviembre de 2014

Hace años se publicó El Libro de los Libros, un libro en el que 46 escritores distintos, de todo el mundo, firmaban un pequeño relato confeccionado a partir de una imagen sugerente, más o menos surrealista, de Quint Buchholz. Muchas tenían que ver con libros: una torre de libros con una lámpara encima, un libro gigante al lado de una carretera, un tipo atravesando un libro…

Reconozco que a mí me sobraban muchos de los relatos del libro anterior: aunque algunos me gustaron hubiera preferido sólo las imágenes. Por eso me gusta más el recientemente publicado En el país de los libros, que son una colección de escenas, cada una de las cuales representa, más o menos, algo que aporta la lectura, o algún significado que puede tener un libro para alguien… Esta vez, sin embargo, cada imagen va con un texto breve, de una sola línea, del propio autor.

El estilo y el tono son los mismos del álbum El coleccionista de momentos: las imágenes son hiperrealistas, todas tienen un punto de amable surrealismo y abren posibilidades que animan a buscar diferentes interpretaciones. Se podría decir que al autor le gusta ilustrar aquello que no se ve y sin embargo ahí está.

Quint Buchholz. En el país de los libros (Im Land der Bücher, 2013). Madrid: Nórdica Libros, 2014; 56 pp.; trad. de Juan Andrés García Román; ISBN: 978-84-15717-88-1. [Vista del libro en amazon.es]
Quint Buchholz. El Libro de los Libros. Historias sobre imágenes (BuchBilderBuch, 1997). Textos de muchos autores, uno para cada imagen. Barcelona: Lumen, 1997; 120 pp.; muchos traductores; ISBN: 84-264-4556-X.


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martes, 4 de noviembre de 2014

Garabato y Tinta,
de Ethan Long, es un álbum humorístico que pone de manifiesto las diferencias entre distintos talantes artísticos y estilos pictóricos. Sus protagonistas son el gato Garabato y el ratón Tinta: a Garabato le gustan los retratos figurativos y a Tinta le interesan los bodegones y el arte más o menos conceptual. Al principio discuten y se pelean pero ven que así no van a ninguna parte. Como sucede con basantes álbumes, no es genial pero es gracioso y cumple bien su función explicativa. Al final hay un póster y un pequeño resumen didáctico de distintos pintores.

Ethan Long. Garabato y tinta (Scribbles and Ink, 2012). Madrid: Lata de Sal, 2014; 40 pp.; col. Gatos; trad. de Lata de Sal; ISBN: 978-8494245176. [Vista del libro en amazon.es]

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lunes, 3 de noviembre de 2014

¿Quieres jugar conmigo?, ¡Oh! La luna, y La broma, son tres álbumes de Éric Battut con el mismo ratoncito protagonista de El secreto. En el primero un ratoncito verde está triste y busca un amigo con quien jugar: va eligiendo a varios —como el Saltamontes, la Rana, el Camaleón, el Elefante...— porque son verdes; pero luego el elefante se vuelve gris… En el segundo, ante una luna redonda blanca sobre fondo oscuro, surgen unos ojillos amarillos; en la siguiente doble página, cuatro ojillos, los amarillos y otros verdes; luego, seis, amarillos, verdes, rojos; luego ocho…; hasta que la luna cambia un poco, cuando pasan nubes por delante. En el tercero el ratoncito gris hace una broma y grita: ¡Un lobo azul!; un pájaro se asusta, el ratoncito se ríe y le anima a unirse a él para gastar la broma de nuevo, cosa que hacen; y van sufriendo la broma y uniéndose a ellos otros animales…

Libros sencillos que, como minirelatos, son graciosos y, como álbumes, tienen un ritmo perfecto y una buena sorpresa final, aunque a quienes estén familiarizados con el protagonista o con este tipo de historias, no les sorprenderán mucho. Sin embargo, igual que ya he comentado en otras ocasiones, a propósito de libros relativamente grandes con pastas duras, se les puede reprochar que tienen demasiado envoltorio y precio para tan poca sustancia.

Éric Battut. ¿Quieres jugar conmigo? (Veus-tu être mona mi?, 2009). Madrid: Kókinos, 2014; 25 pp.; trad. de Esther Rubio; ISBN: 978-84-941765-3-1. [Vista del libro en amazon.es]
Éric Battut. ¡Oh! La luna (Oh! La Belle Lune, 2010). Madrid: Kókinos, 2014; 25 pp.; trad. de Esther Rubio; ISBN: 978-84-941765-2-4. [
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Éric Battut. La broma (Le bonne Farce, 2013). Madrid: Kókinos, 2014; 25 pp.; trad. de Esther Rubio; ISBN: 978-84-941765-1-7. [
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domingo, 2 de noviembre de 2014

Acabo de poner en amazon (solo en amazon, por ahora) La eficacia del optimismo. Comentarios a las obras de Charles Dickens (apoyados en opiniones de Chesterton) . Es, como los libros previos sobre GoldingDostoievski y McCarthy, un libro-guía de todas sus obras en el que doy unos datos biográficos, hago un comentario de conjunto de su obra, y reseño sus novelas y algunos relatos cortos y libros de viajes. La diferencia es que aquí me apoyo mucho en los comentarios que hizo Chesterton sobre cada una de ellas. Las primeras páginas —índice, presentación e introducción del libro— están en este pdf. La cubierta es, como las de anteriores libros, de Rodrigo Zaparaín.

En unos días estará disponible otro, con reseñas de obras de varios autores, elaboradas también a partir de ideas y sugerencias chestertonianas.

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sábado, 1 de noviembre de 2014

John Gardner: «La buena narrativa origina en la mente del lector un sueño vívido y continuo. Es “generosa” en el sentido de que es completa y autónoma: responde, explícita o implícitamente, a cualquier pregunta razonable que el lector se pueda plantear. No nos deja en suspenso, a menos que la propia narración justifique su inconclusión. No hay en ella juegos absurdamente sutiles, como si su autor hubiera confundido el narrar con hacer rompecabezas. No “pone a prueba” al lector exigiéndole que posea algún tipo especial de conocimientos sin el cual los acontecimientos carecen de sentido. En resumen, busca satisfacer y agradar, pero sin rebajarse para conseguirlo. Tiene categoría intelectual y emotiva. Es elegante, y afectiva con concisión; es decir, no hay en ella más episodios, personajes, detalles físicos o recursos de los necesarios. Tiene intención, finalidad. Proporciona ese placer especial que sentimos cuando contemplamos algo bien hecho. En otras palabras, al darnos cuenta de los auténticos logros del escritor, nos sentimos bien tratados. “¡Qué fácil parece!”, comentamos, conscientes de lo espléndidamente bien que ha superado las dificultades. Y por último, en toda historia estéticamente lograda tiene que intervenir, como en la vida, lo extraño, por ordinarios que sean sus ingredientes».

John Gardner. Para ser novelista (On Becoming a Novelist, 1983). Madrid: Ediciones y Talleres de Escritura Creativa Fuentetaja, 2001; 164 pp.; col. Creativaescritura; trad. de Víctor Conill; ISBN: 84-95079-74-7. [
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