viernes, 24 de mayo de 2013
jueves, 23 de mayo de 2013
Una escritora escocesa que falleció hace poco:
Mollie Hunter. De los libros suyos que conozco me gustó
La fortaleza, una novela que se sitúa en los siglos que se construyeron los
broch. Tampoco está en el mercado ahora y ha de buscarse en bibliotecas.
miércoles, 22 de mayo de 2013
Un autor que no había puesto aquí todavía:
Marcel Aymé. Hace años Lumen editó varios libritos con sus cuentos como, entre otros,
Los cisnes. Sus protagonistas son dos niñas de una granja que tienen una relación estrecha con los animales que viven allí: perros que no quieren ir a cacerías, asnos reivindicativos, gansos susceptibles, etc. Vale la pena buscarlos en bibliotecas y conocerlos.
martes, 21 de mayo de 2013
He visto hace poco un simpático álbum inglés:
Operation alphabet, ilustrado por
Luciano Lozano, con texto de
Al MacCuish y diseño de
Jim Bletsas. Tienen chispa, tanto la intriga de su argumento, como la sonoridad del texto, como la viveza de las imágenes. Charlie Foxtrot va por primera vez a la escuela y el alfabeto se le hace confuso. Dos agentes del Ministerio de las Letras, Stan y Ollie, ven sus dificultades y envían un mensaje de alarma. El Ministerio le hace llegar a Charlie un misterioso paquete, donde van todas las letras, que, no sin dificultades y gracias a una intrépida joven, alcanza su objetivo.
Las ilustraciones, que se basan en ágiles dibujos, llenos de movimiento y de aire retro, que recuerdan a
Bemelmans o a
Sasek, reflejan bien ambientes callejeros londinenses y evocan escenarios de películas de agentes secretos. Todas las letras y signos alfabéticos, con pies y sombreros, están personalizados y resultan graciosos. En la presentación del libro se habla del autor de la historia, del ilustrador y del diseñador, un personaje de importancia en la confección de muchos álbumes. Evidentemente, el argumento no es para prelectores —aunque hable de las letras— sino para lectores de más edad, igual que las rimas que aparecen para cantar o leer en alto y para recordar.
Luciano Lozano. Operation alphabet (2011). Texto de Al MacCuish, diseño de Jim Bletsas. London: Thames and Hudson, 2011; 64 pp.; ISBN: 978-0-500-51584-6.
lunes, 20 de mayo de 2013
Después de
¡Mamá! y de
¡Hippos go berserk!, otro álbum más para la miniserie de números y animales:
¡A la cola!, de
Tomoko Ohmura.
En la primera doble página un pájaro da la bienvenida, indica que hay que formar cola por orden de llegada, y una rana, la número 50, espera ya. En la siguiente doble página vemos una fila de distintos animales, en la que cada uno dice o hace algo, mientras el pájaro la sobrevuela pidiendo silencio. Así, durante diez dobles páginas, se avanza del animal más pequeño hasta el más grande. Hasta que, cuando llega junto al primero, el elefante, el pájaro los hace «subirse» a todos en la atracción que, suponemos, van a presenciar y disfrutar. Y, en la siguiente doble página, con solapas que se despliegan hacia cada lado, la vemos por fin.
Relato amable con dibujos excelentes. Se suceden distintos guiños humorísticos en la relación que se da entre los distintos animales mientras esperan en la cola. El desenlace, que resulta inesperado, después de la doble página de revelación se prolonga durante cuatro dobles páginas más.
Tomoko Ohmura. ¡A la cola! (Nanno Gyôretsu?, 2009). Barcelona: Corimbo, 2012; 33 pp.; trad. de Raquel Solá; ISBN: 978-84-8470-442-3.
domingo, 19 de mayo de 2013
Un poema de Czesław Miłosz titulado Veni Creator:
«Ven, Espíritu Santo,
doblando (o sin doblar) la hierba,
apareciendo (o no) sobre nuestras cabezas con una lengua de llamas,
cuando hay la siega del heno o cuando al arado va un tractor
en el valle de bosques de nogales, o cuando las nieves
oprimen los abetos tullidos en Sierra Nevada.
Soy sólo un hombre, por eso necesito signos visibles,
me canso rápidamente de construir escaleras de abstracción.
He pedido más de una vez, bien lo sabes, que una figura en la iglesia
alzara el brazo para mí, una vez, una sola.
Aunque entiendo que los signos sólo pueden ser humanos.
Despierta, pues a un hombre, dondequiera que sea en la tierra,
(no a mí, puesto que al menos sé qué es la decencia)
y permite que, al mirarlo, pueda admirarte a Ti».
Czesław Miłosz. En «Ciudad sin nombre» (1969), Tierra inalcanzable. Antología poética (2011). Barcelona: Galaxia Gutenberg – Círculo de lectores, 2011; 438 pp.; trad., selección y prólogo de Xavier Farré; ISBN: 978-84-8109-935-5 y 978-84-672-4454-0.
sábado, 18 de mayo de 2013
En la nota
Timidez e insolencia a un tiempo mencioné las ideas de
Dostoievski al componer
El adolescente, la novela menos conocida y la más endeble de su época última. Es una narración en primera persona, en la que Arkadiy Dolgoruki, un chico de 19 años, que dice de sí mismo ser «desconfiado, adusto e insociable», habla de sus conflictos interiores, derivados de ser hijo ilegítimo de un hombre con fama de mujeriego, Andrei Versilov, e hijo legal de un hombre mayor y respetado, Makar Dolgoruki. Cuenta la formación de su carácter, sus recuerdos de infancia y de la personalidad de su padre natural, a quien primero rechaza y con quien luego se reconcilia. El personaje de Makar, sin ser el protagonista, representa los valores de bondad y abnegación como, por ejemplo, Mishkin en
El idiota, Tijón en
Los demonios, o Zósima y Alioscha en
Los hermanos Karamázov. Versilov representa la generación romántica del decenio de 1840 y su hijo Arkadiy el nihilismo joven del decenio de 1860.
Dostoievski escribió esta novela para publicarla en una revista titulada
Notas de la Patria por lo que se adaptó a las normas literarias e ideológicas de sus lectores naturales, más bien populistas. Por eso, dice Joseph Frank, Dostoievski «decidió escribir una novela sociopsicológica de alcance relativamente limitado, en lugar de dramatizar la colisión de absolutos moral-espirituales en conflicto que invariablemente inspiró sus mejores obras». Consiguió un relato donde se mezclan los acentos picarescos y los propios de una novela de formación pero donde la tragedia se vuelve melodrama y, más que en otras novelas, tiene un tono emocional alto que resulta cansino y suena inflado. Esto se puede apreciar, por ejemplo, cuando el narrador se califica a sí mismo de ser «harto propenso a echar la culpa a los demás; pero esta propensión muchas veces engendraba otra idea, sobrado enojosa para mí; la de ¿no sería yo el culpable y no ellos? Así que a menudo solía culparme a mí mismo de un modo horrible». Con todo, a pesar también de la menor unidad estructural comparada con las otras novelas extensas de Dostoievski, tiene valor como estudio psicológico y es representativa de sus preocupaciones.
Fiódor Dostoievski. El adolescente (Подросток, 1875), en Obras Completas, tomo II. Madrid: Aguilar, 1949, 4ª ed.; 384 pp.; trad., introducción, prólogo, notas y censo de personajes de Rafael Cansinos Asens.
viernes, 17 de mayo de 2013
Algunos relatos que conozco de mujeres árabes que viven en Occidente me parecen interesantes por lo que dicen pero más todavía por lo que callan, por las aspiraciones que tienen pero más todavía por las conclusiones que no se atreven a sacar. Un ejemplo es el de las memorias de infancia de
Fátima Mernissi, Sueños en el umbral: memorias de una niña del harén.
jueves, 16 de mayo de 2013
miércoles, 15 de mayo de 2013
Abrazos, de
Jimmy Liao, comienza cuando a un león dormido le cae un paquete en la cabeza. Enfurecido, lo abre y dentro encuentra un libro:
Abrazos. El león no se da cuenta de cuál es la portada y encuentra repugnante su contenido: escenas con abrazos entre toda clase de animales y de humanos.
El juego metafictivo con el que arranca el libro es ingenioso, las ilustraciones tienen la calidad habitual del autor, la disposición de las imágenes en las dobles páginas es variada, pero el contenido resultará repetitivo para quienes conozcan los demás libros de Liao. No es una historia que da motivos para que aplaudamos la bondad, sino un libro insistente (sin necesidad de unirlo a otros del autor sobre la misma cuestión). Si otras obras suyas me han gustado también por sus argumentos, debo decir que este álbum concreto me interesa sólo por ver más ejemplos de la maestría gráfica del autor. Con todo, supongo que no le sucederá exactamente lo mismo a quien descubra, con este relato, el trabajo del autor.
Jimmy Liao. Abrazos (Hug, 2012). Granada: Barbara Fiore, 2012; 128 pp.; trad. de Jordi Ainaud i Escudero; ISBN: 978-84-15208-27-3.
martes, 14 de mayo de 2013
El país de jamás lo creerás, de
Norman Messenger, es un álbum enciclopédico bromista de los que causan admiración, por el trabajo enorme, y por el talento gráfico y el ingenio imaginativo del autor. Es también uno de esos libros de los que resultan inacabables para el lector, que puede pasarse horas explorando y descubriendo detalles nuevos. La primera doble página es un mapa explicativo: en él se ve una isla con forma de perro y se indican los territorios que mostrarán cada una de las doce láminas que van a continuación, todas con una solapa desplegable y algunas con dos. Por ejemplo, las primeras son: La aldea, Árboles peculiares, Insólitos árboles silvestres, El pantano y el río, etc.
Aunque no todo el mundo aprecia igual este tipo de álbumes, tan «inútiles» y «desmadrados», lo cierto es que componer personajes que integran cualidades o rasgos de distintos seres, es un ejercicio de larga tradición. Basta repasar
A book of nonsense o los relatos del
doctor Dolittle, entre muchos otros, y descubriremos seres parecidos al arbusto zanacebolla (El Vergel de las cosechas), al ave zancuda con botas (El lago mágico), al pez payaso (Los islotes), a los murciélagos herradura (Las montañas tenebrosas) o al árbol alfabeto (El claro del bosque feliz).
Norman Messenger. El país de jamás lo creerás (The Land or Neverbelieve, 2012). Madrid: SM, 2012; 30 pp.; trad. de Margarita Arroyo; ISBN: 978-84-675-5584-4.
lunes, 13 de mayo de 2013
Otro álbum de números —en inglés y de hace tiempo— es
Hippos go berserk!, Hipopótamos enloquecidos podríamos traducir, de
Sandra Boynton. Es una historia de
nonsense graciosa que comienza cuando un hipopótamo llama por teléfono a otros dos hipopótamos. Luego llegan tres a su casa pero vienen con otros cuatro... y, al final, hay una inmensa fiesta con nada menos que cuarenta y cinco hipopótamos. Después, al volverse cada uno a casa e ir despidiéndose, los números vuelven a ir hacia atrás, una originalidad en este tipo de álbumes.
El texto es simpático, y en las imágenes que siguen el hilo argumental, sencillas pero eficaces, se incluyen otros pequeños detalles graciosos para fijarse. El pequeño lector puede contar no sólo de acuerdo con los números que van asociados con la página, los hipos que llegan, sino los que se van acumulando según se incorporan nuevos grupos, que además se distinguen porque su vestuario cambia de acuerdo con sus ocupaciones.
Sandra Boynton. Hippos go berserk! (1977). Nueva York: Little Simon, 2000; 30 pp.; ISBN: 0-689-83434-9.
domingo, 12 de mayo de 2013
John H. Elliott: «La buena historia seguirá dependiendo, como siempre ha dependido, de algo más que acumulación de información y el despliegue de conocimiento. La aproximación de todo historiador al pasado viene condicionada por su temperamento y experiencia personal, pero ningún historiador es una isla y la sabiduría se adquiere, al menos en parte, de la lectura y la reflexión sobre la obra de historiadores pasados y presentes, y participando conscientemente en una empresa colectiva que abarca generaciones y está comprometida con lograr una mejor apreciación tanto del mundo que ya ha desaparecido como del mundo tal como lo conocemos hoy en día».
John H. Elliott. Haciendo historia (History in the making, 2012). Madrid: Taurus, 2012; 302 pp.; trad. de Marta Balcells revisada por el autor; ISBN: 978-84-306-0077-9.
sábado, 11 de mayo de 2013
Los demonios es, dice Joseph Frank, una enciclopedia de la cultura decimonónica rusa presentada por medio de un filtro satírico.
Dostoievski la escribió en Dresde impresionado por la noticia del crimen que, por motivos ideológicos, cometió
Necháyev al asesinar a un compañero de su misma célula revolucionaria. El autor deseaba mostrar los males moral-espirituales que afligían a la cultura rusa y que, tal como él lo veía, llegaban a su clímax cuando se sumaban el nihilismo de Nechayev y sus cómplices con el enfrentamiento entre generaciones que había retratado
Turguénev en
Padres e hijos.
La acción se desarrolla en una ciudad provinciana. El narrador es un observador pero también un participante con lo que así puede alternar la intensidad de algunas escenas dramáticas en las que interviene con los comentarios generales propios de un cronista. Los personajes principales son Stepan Trofimovich —que, como Versílov en
El adolescente, representa los liberales de la década de 1840—, y su hijo Piotr Verkhovensky, un joven revolucionario que teje una red de conspiradores; Varvara Stavrogina y su hijo Nikolai, cuyo tutor fue Stepan, y a quien cabe considerar el protagonista principal de la novela porque, aunque no está en el primer plano, es quien la domina tanto por sus dotes humanas como por su perversidad moral.
Dice Frank que la vastedad del panorama que presenta el autor, la brillante ferocidad de su ingenio, el poder profético y la visión de su sátira, su capacidad de encarnar en personajes vivos las cuestiones filosófico-morales y las ideas sociales más profundas y complejas, son factores que se suman para que esta obra sea, tal vez, la más deslumbrante de sus creaciones. «Es un drama histórico-simbólico sin precedente, que pretende abarcar todas las fuerzas de la cultura rusa del siglo XIX hasta su momento»; es, también, un «retrato asombrosamente profético de los dilemas morales y de las posibilidades de traicionar los más altos principios, que han continuado obsesionando al ideal revolucionario desde los días de Dostoievski hasta (aun más espectacularmente) los nuestros». Dan idea de su acierto permanente notas como las que, tiempo atrás, titulé
Puñado de sandios y
El secreto.
De la intención que tuvo Dostoievski habla él mismo en «Una de las mentiras actuales», un texto de 1873 contenido en
Diario de un escritor, donde dice: «En mi novela
Los demonios he intentado reflejar distintos motivos, según los cuales, incluso los de corazón más puro y los más ingenuos pueden ser involucrados en una maldad tan monstruosa. Precisamente en eso consiste todo el horror: ¡en nuestro país es posible cometer la acción más infame y repugnante sin ser un malvado! Y no sólo en nuestro país, es así en todo el mundo, desde el principio de los siglos, en los tiempos de transición, en los tiempos de revoluciones en la vida de la gente, de dudas y negaciones, del escepticismo y de la inestabilidad sobre las fundamentales convicciones sociales. Pero en nuestro país es más factible que en cualquier otra parte, y este es el rasgo más enfermizo y triste del tiempo presente. En la posibilidad de no considerarse, y a veces casi sin ser realmente un infame, a pesar de haber cometido una villanía evidente e indiscutible, ¡en esto está nuestra moderna desgracia!».
Fiódor Dostoievski. Los demonios (Бесы, 1871-1872). Madrid: Alianza, 2002; dos volúmenes, 869 pp.; col. El libro de bolsillo; introducción y trad. de Juan López-Morillas; ISBN: 84-206-3783-1.
viernes, 10 de mayo de 2013
El mundo invisible de Hayao Miyazaki, de
Laura Montero Plata, es el primer libro en castellano dedicado al cineasta japonés y a su empresa, el Studio Ghibli. Es un trabajo ambicioso y denso, en el que se habla de los éxitos de Ghibli y se dan datos históricos sobre la animación japonesa; se analizan las influencias literarias que han tenido más peso en Miyazaki; se dedica un capítulo a los rasgos específicamente japoneses de sus películas; se indica la forma en que construye sus personajes y cómo vuelca en ellos sus preocupaciones; y se detallan también las muchas autorreferencias que contiene su obra. En distintos momentos se ponen de manifiesto sus intenciones: la importancia de la memoria, la necesidad de salvaguardar las raíces históricas y culturales, la preservación de la naturaleza, los peligros de la elevada tecnificación, la importancia del amor, la relevancia del compromiso, etc.
Es un libro que merece aplauso y que cualquier entusiasta de Miyazaki agradecerá. Eso sí, no es para quien desconozca sus películas pues no es sintético y tampoco es claro del todo. Esto responde a que Miyazaki es claro como artista, en sus películas, pero no en la elaboración de su discurso; a que la edición es buena pero la maquetación es un tanto apretada; a que la información es mucha y heterogénea; a que todo el entramado del folclore y las tradiciones japonesas requiere una particular sintonía. El resultado es que una lectura de conjunto deja la impresión de que las películas de Miyazaki son mucho más complejas de lo que son. Tal vez la cuestión está en que no hace falta tanto comprender su cine como verlo y dejarse llevar (el hecho de que su didactismo no sea incómodo seguramente se deba también a que sintoniza con valores queridos de nuestra época): creo que aquí se aplica bien la idea de
Tarkovski de que
parecemos haber perdido nuestra capacidad de relacionarnos emocionalmente con el arte.
Para los interesados, como yo, en el tema, estos años atrás he ido leyendo interesantes comentarios a obras de Miyazaki, y a películas de Ghibli y parecidas, en
este enlace y en
este otro.
Laura Montero Plata. El mundo invisible de Hayao Miyazaki (2012). Palma de Mallorca: Dolmen, 2013, 3ª ed.; 256 pp.; ISBN: 978-84-15296-60-7.
jueves, 9 de mayo de 2013
El despertar de la señorita Prim, de
Natalia Sanmartín Fenollera, es, aparte de un gran debut literario, un libro divertido e inteligente para personas de muy distinto tipo: distributistas y chestertonianos en general, entusiastas de
Jane Austen, lectores de
Dostoievski, seguidores de
C. S. Lewis, gente preocupada por la educación que actualmente reciben los niños… Su protagonista es una bibliotecaria llamada Prim, Prudencia Prim, gran nombre. El relato comienza cuando acepta un trabajo singular en San Ireneo de Arnois, un pueblo pequeño: el de poner orden en la biblioteca de un personaje a quien sólo conocemos como «el hombre del sillón», un experto en lenguas muertas que ocupa su tiempo en educar a sus cuatro sobrinos con unos métodos pedagógicos propios.
La combativa y culta Prudencia pronto ve que los habitantes de San Ireneo proceden de muy distintos lugares, que todos tienen un pequeño negocio o un terreno de cultivo, que todos se apoyan en el comercio local y compran productos artesanales, por lo que, al fin, deduce que ha ido a parar a «una tranquila y pacífica comunidad de propietarios» que cabría llamar
distributistas. Ahora bien, los motivos por los que la gente ha ido allí son diferentes: unos, porque ya son mayores y desean una vida calmada; otros, porque piensan que «el estilo actual de vida (…) pulveriza la capacidad de reflexión humana»; otros más, porque «quieren proteger a sus hijos» y «recuperar el esplendor de la vieja cultura». Tal como le dice a Prudencia el sabio Horacio Dèlas, «uno no puede construirse un mundo a medida, pero lo que sí puede hacer es construirse un pueblo. Aquí todos pertenecemos, por decirlo así, a un club de refugiados».
El hilo argumental acaba siendo la mezcla de atracción y repulsión que Prudencia siente hacia «el hombre del sillón», con quien mantiene unas agudas conversaciones sobre muchas cuestiones. Pero, en los seis meses que dura su estancia en San Ireneo, también charla con otras personas e intercambia toda clase de opiniones, de sitios que hay que conocer, de recetas de cocina para compartir, y, en general, de modos de buen vivir. En realidad, todo está puesto al servicio de unos diálogos armados con cuidado pero tan trabajados que suenan frescos y naturales. La narración es fluida y amena aunque algunos lectores pueden encontrar excesivas las referencias literarias —desde los clásicos griegos hasta
Mujercitas y otros libros clásicos infantiles— y los muchos datos de distintos lugares del mundo.
Un tema del libro es el de la visión trascendente o no de la vida. La cita inicial del cardenal Newman «creen que añoran el pasado, pero en realidad su añoranza tiene que ver con el futuro», se corresponde con la «pesada sensación de nostalgia sobre los hombros» que sufre la protagonista y que, a su modo, intenta remediar. Cuando le pregunta a su jefe, un converso un tanto irritante y no siempre oportuno, por qué alguien tan racional como él habría decidido intentar convertirse, el hombre del sillón le replica: «Nadie intenta convertirse, Prudencia. (…) ¿Ha visto alguna vez a un adulto cuando juega a dejarse atrapar por un niño? El niño tiene la impresión de que ha sido él quien ha capturado al adulto, pero todos los que contemplan el juego saben perfectamente lo que ha ocurrido en realidad».
Y otro gran tema es el del matrimonio. Una impertinente anciana viuda le dice a la protagonista que debe abandonar las «absurdas teorías orientales sobre la armonía, el todo y las partes» y comprender que «la base de un matrimonio es, precisamente, la desigualdad» y que «no debe usted aspirar a un esposo igual que usted, debe usted aspirar a un esposo absoluta y completamente mejor que usted». Una vieja que le hace comentarios que le parecen pesimistas le aclara que «no hay centinelas pesimistas u optimistas, Prudencia. Hay centinelas despiertos y centinelas dormidos». Y es también ella la que le hace notar que sus ansias de encontrar la belleza quedarán en nada «mientras cuide de sí misma como si todo girara en torno a usted».
Natalia Sanmartín Fenollera. El despertar de la señorita Prim (2013). Barcelona: Planeta, 2013; 350 pp.; ISBN: 978-84-08-05987-5.
miércoles, 8 de mayo de 2013
Como un galgo, de
Roddy Doyle, es un relato construido con gran habilidad. En él se narran las vidas de cuatro mujeres. La principal es la pequeña, Mary, de doce años. Su abuela Emer está en el hospital, muriéndose. Su madre, Scarlett, y Mary van a verla de vez en cuando. Y un día Mary conoce a una señora en la calle llamada Tansey que… resulta ser el fantasma de su bisabuela. A través de los diálogos entre las cuatro, vivos e incisivos, el lector se hace cargo de cuáles fueron sus relaciones y cuál es el motivo por el que a la bisabuela se le ocurre aparecerse ahora. Es notable la fluidez narrativa que consigue Doyle para llevar y traer al lector del presente al pasado y vuelta, usando distintos narradores, y la chispa sarcástica pero amable que tienen los numerosos diálogos. Se habla, sí, de la muerte y de la pérdida, como ahora es frecuente: intentando paliar la pena, reconociendo las cosas buenas de lo vivido, con una esperanza de corto alcance que no se detiene a pensar si hay o no una inmortalidad detrás (aunque sí acepte que los muertos vuelvan para dejar cuentas arregladas antes de morirse del todo).
Roddy Doyle. Como un galgo (Greyhound of a Girl, 2011). Bambú, 2012; 176 pp.; col. Grandes Lectores; trad. de Roser Vilagrassa; ISBN: 978-84-8343-211-2.
martes, 7 de mayo de 2013
Un libro de interés histórico dentro de la literatura infantil española:
Teatro para niños, de
Elena Fortún, un libro de 1942 que acaba de ver ahora su primera reedición.
lunes, 6 de mayo de 2013
Hace poco ha fallecido el ilustrador belga, de origen portugués, Mario Ramos, autor de álbumes muy eficaces para prelectores, cuyos protagonistas son, casi siempre, animales antropomorfizados.
Uno es ¡Mamá!, un libro cuyo personaje central es un niño al que vemos rodeado de toda clase de animales. En las sucesivas ilustraciones va entrando en las habitaciones de la casa llamando a su mamá y, en cada una, ve una escena distinta: un hipopótamo, dos leones, tres jirafas, cuatro cocodrilos, cinco elefantes, etc., hasta diez.
Las imágenes tienen colores fuertes contrastados y son claras, las figuras tienen aires propios de cómic y son amables. El pequeño lector sonreirá, pues hay buen humor en todas; también tal vez se comparará con el niño asustado, y se conocerá un poco más a sí mismo; y aprenderá los números y nombres de animales, si aún no los sabe.
Mario Ramos. ¡Mamá! (Maman!, 2004). Barcelona: Corimax, 2013; 28 pp.; trad. de Rafael Ros; ISBN: 978-84-8470-472-0.
domingo, 5 de mayo de 2013
John H. Elliott: «Si el estudio del pasado tiene algún valor, este reside en su capacidad tanto de revelar las complejidades de la experiencia humana como de advertir contra la opción de descartar como si no tuvieran ninguna importancia los senderos que se siguieron solo en parte o no se tomaron nunca. En alguna curva del camino, pueden volver a aparecer de nuevo ante la vista. Admitir que el presente está lleno de sorpresas exige un reconocimiento similar de que el pasado lo estuvo igualmente a ojos de quienes lo vivieron. El reto al que se enfrenta el historiador es ver y experimentar ese pasado a través de sus ojos, en tanto que sabe, pero intenta ignorar, lo que sucedió después. Consiste en hacer comprensibles los motivos de sus acciones a aquellos que no comparten sus valores, actitudes y puntos de vista y además viven en un entorno muy distinto. Es entrar en el pasado con imaginación manteniendo todavía un pie en el presente y estar alerta siempre a nuevas vías de abordarlo».
John H. Elliott. Haciendo historia (History in the making, 2012). Madrid: Taurus, 2012; 302 pp.; trad. de Marta Balcells revisada por el autor; ISBN: 978-84-306-0077-9.
sábado, 4 de mayo de 2013
Tal vez
El eterno marido, dice Joseph Frank, sea la más perfecta y pulida de las obras breves, y la más clásica en su construcción, de
Dostoievski. En ella presenta, una vez más, una lucha entre egoísmo y conciencia, y unos personajes atrapados en la dialéctica del orgullo y la humillación. El relato cuenta la complicada relación entre dos personajes, Velchaninov y Trusotsky. Llegamos a saber que, hace unos años, el primero vivió en la misma ciudad del segundo y fue amante de su mujer, cuando el segundo, al morir su esposa, se presenta en San Petersburgo, junto con su hija, y se hace el encontradizo con Velchaninov. Cuando este se hace cargo de la situación, decide llevar a Liza con una familia conocida para que la eduquen, pero Liza enferma y muere. Además, el comportamiento de Trusotsky es cada vez más patético.
Relato de una doble crisis moral en el que se puede ver la influencia en Dostoievski de una obra como
Madame Bovary. Se puede destacar la creación, una vez más, de un personaje como Velchaninov, que tenía «el arte de aparentar completa franqueza y hacer creer a sus oyentes que los consideraba tan francos como él», y que se considera con ideas «superiores» a los demás. Otro punto de interés, señala Frank, es que la presencia y el destino de Liza convierte la obra en tragedia y vuelve a la idea de que la categoría moral de los adultos se mide por la responsabilidad que muestran hacia los niños: el recuerdo de Liza queda «como un símbolo de pureza y bondad por el que Velchaninov se evalúa constantemente».
Fiódor Dostoievski. El eterno marido (Вечный муж, 1870). Madrid: Alianza, 1995; 198 pp.; col. El libro de bolsillo; nota preliminar y trad. de Juan López-Morillas; ISBN: 84-206-0751-7.
viernes, 3 de mayo de 2013
Zygmunt Bauman: «La práctica de la comunicación intercultural está llena de trampas, y en ella las interpretaciones equívocas son más la regla que la excepción, pues no existen dos idiomas culturales que se puedan traducir de uno a otro de forma íntegra. Para que un mensaje sea comprendido enteramente por el receptor, necesita ser de alguna manera readaptado al estado mental de este receptor y, por lo tanto, estará distorsionado, pues si retuviera su forma original prístina, debería entonces estar dispuesto a ser comprendido sólo en parte. Este es, sin lugar a dudas, el estado actual en el que se encuentra la partida. Por supuesto, es un engorro, aunque a mi modo de ver no es una tragedia, porque de alguna manera nos las hemos arreglado, pese a todo, para comunicarnos interculturalmente y, lo que es aún más importante, porque el extenuante esfuerzo que supone mejorar la comprensión mutua ha probado ser, pero (o quizás gracias) a estar condenado, una fuente prolífica de creatividad cultural».
Zygmunt Bauman. Sobre la educación en un mundo líquido. Conversaciones con Riccardo Mazzeo (On Education, 2012). Barcelona: Paidós, 2013; 151 pp.; col. Estado y sociedad; trad. de Dolores Payás Puignarnau; ISBN: 978-84-493-2811-4.
jueves, 2 de mayo de 2013
Después del éxito de
Mi hermana vive en la repisa de la chimenea, la segunda novela de
Annabel Pitcher, Nubes de Kétchup ha sido recibida con elogios y premios. La protagonista y narradora es una chica de quince años que se siente culpable de una muerte. Por eso, con el nombre fingido de Zoe, decide contar las cosas que le pasaron en el último curso, y desahogarse, mediante unas cartas a un condenado a muerte de Texas, pues una monja que fue a su colegio les habló del asunto de escribir cartas a esas personas. En definitiva, su relato se centra en sus relaciones amorosas con dos hermanos, uno de su curso y otro dos años mayor, al principio ignorantes cada uno de la relación del otro con ella, junto con la vida un tanto bronca en su casa (sus padres discuten mucho, su padre se queda en paro y la madre no quiere volver tampoco a trabajar, la hermana pequeña es sorda y necesita cuidados, el abuelo está muriéndose y su madre no quiere que sus hijas le vayan a ver...).
La narradora tiene gancho y consigue momentos buenos, aunque sea un tanto disparatado, y no sea un recurso convincente, lo de las cartas al recluso. El núcleo argumental no deja de ser un culebrón romántico con una oportuna muerte al final que deshace los conflictos. Las descripciones de los escarceos amorosos de Zoe con los chicos son detalladas, como es habitual en muchos libros juveniles sobre la cuestión (un recurso para cuando faltan recursos). Igual que otras novelas del momento (como
El insólito peregrinaje de Harold Fry) el relato va dirigido a que la protagonista reconozca sus culpas y logre perdonarse a sí misma. De hecho, empieza señalando que «no es que yo crea en Dios, pero me fui a confesar para liberarme de la sensación de culpa» (cosa que al fin no hace, porque piensa que o bien el cura no habría hecho nada malo en su vida y no la entendería, o bien porque a lo mejor era «uno de esos curas que se meten con los niños, en cuyo caso lo sabría todo sobre el pecado, pero como no tenía forma de estar segura no me arriesgué»).
En relación a este último comentario y a otros en una dirección parecida, que a mí me resultan molestos y que son innecesarios, dos cuestiones. Una, que aunque tienen lógica si pensamos en que la narradora no tiene por qué ser tan precisa en relación a la religión cristiana como en relación a los pájaros (materia en la que es una experta), no tienen lógica narrativa pues no aportan nada y dejan dudas acerca de si la ignorancia de Zoe no será la de su creadora. Otra, que aunque tales comentarios no mejoran ni empeoran el relato como tal, ¿habría sido premiada la novela si Zoe hubiera dicho, por ejemplo, algo así: «como creo en Dios me fui a confesar y el cura me atendió amablemente aunque no me atreví a decirle toda la verdad»?
Annabel Pitcher. Nubes de kétchup (Ketchup Clouds, 2012). Madrid: Alevosía, 2013; 276 pp.; trad. de María Díaz; ISBN: 978-84-15608-39-4.
miércoles, 1 de mayo de 2013
El Falso Príncipe, de Jennifer Nielsen, es una novela de argumento bien ideado y de lectura absorbente aunque con problemas constructivos. En el reino de Carthya, un noble llamado Conner recoge a varios huérfanos de unos catorce años con el fin, según averiguamos pronto, de adiestrarlos para que uno pueda presentarse ante la corte como si fuera el príncipe Jaron, que supuestamente había fallecido cinco años atrás cuando unos piratas abordaron el barco en el que iba. El narrador es uno de los chicos, Sage, sarcástico y desafiante desde los comienzos, cuando está en un orfanato y Conner lo encuentra. Toda la novela es la preparación de Sage, el inteligente Tobias y el activo Roden, puntuada porque Sage se salta las normas previstas una y otra vez y, en consecuencia, es también castigado, una forma más que hábil para ir averiguándolo todo. Una chica del servicio, muda, se convierte en su aliada.
La trama está bien entretejida. La historia se sigue con facilidad y deseos crecientes de ver qué viene a continuación, aunque sea dudosa la verosimilitud de muchas reacciones y comportamientos. El personaje de Sage tiene fuerza pero deja mucho que desear como narrador literario: no es de los que se engaña a sí mismo de forma que el lector ha de ir averiguando qué pasa de verdad, sino un narrador que miente al lector y le oculta cosas continuamente. Estas trampas, que seguramente se podrían haber evitado con otras formas de contar la historia, dejan sensación de novela fallida, una pena porque tanto la idea como los personajes tienen tirón. En cualquier caso, se lee con gusto. Es la primera de una trilogía, según se anuncia, pero el relato está completo.
Jennifer Nielsen. El Falso Príncipe (The False Prince, 2012). Madrid: Alfaguara, 2012; 397 pp.; trad. de Diego de los Santos; ISBN: 978-84-204-00280.