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bienvenidosalafiesta: cuaderno de notas y diccionario de autores y obras de literatura infantil y juvenil    
bienvenidos a la fiesta
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domingo, 30 de agosto de 2015

Una buena lectura del verano: la autobiografía de Edith Wharton titulada Una mirada atrás. Los temas principales son su infancia y juventud —su educación y el nacimiento de su entusiasmo por la literatura sobre todo— en Nueva York, las últimas décadas del siglo XIX; sus viajes a París, Roma, Londres…; cuestiones relacionadas con su oficio como escritora y, en especial, su amistad con Henry James.

Una nota sobre la educación que recibió: «la teoría sentimental de que a los niños no hay que hacerles estudiar nada que no les interese flotaba ya entonces en el aire, y reforzada por el temor a “fatigar” mi cerebro indujo a mis padres a convertir mi trabajo en juego. Privada así de los irreemplazables fundamentos del griego y del latín, nunca aprendí a concentrarme excepto en temas que me interesaban de forma natural, y desarrollé una inquieta curiosidad que me impedía fijar mi pensamiento durante mucho rato incluso en aquellos temas. Como beneficios no veo más que uno. Para la mayoría de mis contemporáneos, la obligación de aprender de memoria famosos poemas debió de hacer que estos perdieran para siempre algunas de sus más bellas flores; en mi caso, como tenía prohibido memorizarla, la gran poesía (…) me llegó con la frescura del amanecer, húmeda todavía de rocío, y jamás ha perdido aquella temprana luminosidad».

Termina sus recuerdos del siguiente modo: «El mundo es un cenagal y lo ha sido siempre; pero aunque ninguno de los grandes teóricos, ni tampoco de los iluminados, haya podido dominar esta monstruosidad que forcejea eternamente sin tino, ni conseguido someterla el tiempo suficiente a alguno de sus bonitos planes de reajuste, acá y allá un santo o un genio envía un tenue rayo de luz a través de la niebla y ayuda a la humanidad a seguir avanzando a trompicones, hacia adelante, y a veces hacia arriba». Y, sea como sea, termina señalando que «el mundo visible es un milagro cotidiano para quienes tienen ojos y oídos; y todavía me caliento agradecida las manos al fuego del antiguo hogar, aunque cada año este fuego se alimente de la leña seca de más y más recuerdos del pasado».

Edith Wharton. Una mirada atrás. Autobiografía (A Backward Glance, 1934). Barcelona: Ediciones B, 1994; 333 pp.; col. Tiempos Modernos; trad. de Jordi Gubern; ISBN: 84-406-4834-0.

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sábado, 29 de agosto de 2015

Otros dos relatos más de Stevenson contenidos en Los juerguistas y otros cuentos y fábulas son Markheim y Janet la contrahecha.

Markheim es un tipo que desea comprar un regalo para la mujer con la que se va a casar. Pero cuando el anticuario le ofrece un espejo siente temor: un espejo es «un maldito recordatorio de los años, los pecados y las locuras, ¡una conciencia de mano!». El vendedor le urge a tomarlo o dejarlo pero Markheim le pide que le ofrezca otros objetos y entonces lo apuñala por la espalda. Intenta ocultar su crimen pero llega un visitante que, con un amable «¿me llamaba?», entra en la habitación y se pone a charlar con él. Cuando Markheim le pregunta si es el demonio, él responde «lo que yo pueda ser no afecta a la ayuda que pretendo prestarle».

Relato que recuerda mucho a Crimen y castigo: aunque la primera traducción inglesa fue de 1886, Stevenson conocía la versión francesa de la obra de Dostoievski, pues se la había pasado Henry James, que no había logrado terminarla. Stevenson se sintió conmovido por el relato: no es leer un libro, dijo, es como tener fiebre cerebral. De hecho, las justificaciones del asesinato que figuran en el relato recuerdan las de Raskolnikov: «para mí el asesinato no es una categoría especial —replicó el interlocutor de Markheim—. Todos los pecados son asesinatos, igual que toda vida es una guerra». O bien, esta otra: «El mal, que es el motivo de mi existencia, no es cuestión de actos sino de carácter: yo aprecio al hombre malvado y no la mala acción, cuyos frutos, si pudiéramos seguirlos lo bastante lejos por la vertiginosa catarata de los siglos, resultarían mejores que los de las más raras virtudes, y si le ofrezco mi ayuda para escapar no es porque haya matado a un anticuario, sino porque es usted Markheim». La discusión sobre la naturaleza de lo bueno y lo malo que mantienen se interrumpe cuando llega la criada.

Janet la contrahecha fue una historia cortita, escrita al mismo tiempo que Los juerguistas y El ladrón de cadáveres (publicada cuatro años después), y, como ellas, tiene una componente llamémosla sobrenatural. También fue un relato escrito en prosa escocesa con rasgos de baladas y de relatos orales típicos. El narrador, alguien del pueblo, empieza por hablar del señor Soulis, un párroco mayor, adusto y sombrío, pero intachable. Para explicar su carácter se recuerda qué ocurrió cincuenta años atrás, cuando llegó a su parroquia siendo un joven amable y con talento y contrató como sirvienta de su rectoría a la vieja Janet McClour, a pesar de los consejos de la gente del pueblo que pensaban que estaba emparentada con el demonio. Todo discurre con normalidad hasta que, un día, aparece un negro en el pueblo.

Los personajes se delinean con rapidez. El relato presenta bien las murmuraciones y los comportamientos contundentes propios del pueblo: en una ocasión las vecinas fueron a insultar a Janet y, cuando esta se enfrentó a ellas, la cogieron y la arrojaron al río «para comprobar si era una bruja y si nadaba o se hundía». No falta el buen humor: cuando llegó el joven párroco al pueblo, indica el narrador, «resultó que estaba escribiendo un libro, lo que sin duda no era nada apropiado para alguien de sus años y con tan corta experiencia».

Robert Louis Stevenson. Markheim (1885), Janet la contrahecha (Thrawn Janet, 1881), en Los juerguistas y otros cuentos y fábulas, Cuentos completos, Barcelona: Mondadori, 2009; 955 pp.; trad. de Miguel Temprano García; ilust. de Alexander Jansson; ISBN: 978-84-397-2212-0. [Vista del libro en amazon.es]

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viernes, 28 de agosto de 2015

Un amigo lleva tiempo recomendándome vivamente los libros de Petros Márkaris y su personaje, el honrado comisario griego Kostas Jaritos. Así que he comenzado por Liquidación final, que se desarrolla en Atenas y comienza con una serie de asesinatos: la investigación revela que todos los muertos eran defraudadores de hacienda que habían recibido dos cartas, una conminándoles a pagar y otra anunciándoles su muerte dado que no pagaron; revela también que los distintos modos de morir tienen en común la cicuta. Como consecuencia, mucha gente comienza a regularizar su situación con Hacienda. El asesino alcanza una gran popularidad y recibe el nombre de Recaudador Nacional.

Jaritos es un ejemplo de cómo llevar a cabo una investigación paciente y sacrificada en un ambiente de gran corrupción económica y política. La novela parece un buen retrato de la crisis que atraviesa Grecia y pone de manifiesto la situación en la que quedan muchas personas honradas, que sufren los desmanes de políticos y hombres de negocios sin escrúpulos, y las consecuencias de un aparato estatal que lo invade todo. El argumento es tenso, la narración es amena y los diálogos suenan naturales. No faltan afirmaciones lapidarias: el Estado griego es «la única mafia del mundo que ha ido a la quiebra. Todas las demás evolucionan y prosperan»; «hasta hace poco el propio Estado lo consideraba [algunas inversiones] desarrollo y miraba para otro lado. Ahora usted podría decirme que este desarrollo es una farsa. De acuerdo. Pero, cuando el propio Estado es una farsa, ¿qué otra cosa va a ser el desarrollo?».

Petros Markaris. Liquidación final (Pereosi,2011). Barcelona: Tusquets, 2013; 352 pp.; col. Maxi; trad. de Ersi Marina Samará Spiliotopulu; ISBN: 978-8483837542. [Vista del libro en amazon.es]

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jueves, 27 de agosto de 2015

Medio Rey, de Joe Abercrombie, es el primer libro de una trilogía de aventuras fantásticas. Un mapa inicial nos enseña los países que tienen costa con el Mar Quebrado —como Gettlandia, Vansterlandia, Trovenlandia y otros—, y las ciudades y lugares más importantes. El ambiente, más que el de una historia paramedieval, es el de un relato de antiguos guerreros nórdicos. El joven Yarvi, hijo pequeño del rey de Gettlandia, estudia para ser clérigo pues tiene una mano deforme. Pero cuando su padre y hermano mayor son asesinados, Yarvi es nombrado heredero. Entonces, su tío, que siempre había sido amable con él, da orden de que lo maten. Logra escapar a duras penas pero sus captores, que ignoran quién es, lo venden como esclavo y termina siendo remero en un barco mercante. Así que, antes de poder cumplir su juramento, de vengarse de su tío y recuperar su trono, habrán de pasar muchas cosas. El lema por el que Jarvi se guía, que se recuerda varias veces, es el propio de los clérigos: sopesar el bien mayor, aspirar al mal menor y allanar el camino del Padre Paz.

Como en de Secuestrado, de Stevenson, (la mejor novela de aventuras jamás escrita según muchos), el narrador sigue las andanzas y los pensamientos del héroe, y el autor estructura su trama del mismo modo: chico que queda huérfano; tío que se queda con su herencia; embarcado por la fuerza hace amigos y, juntos, se amotinan —en Secuestrado es uno, aquí son varios—; luego huyen para regresar al lugar de origen; en el camino son perseguidos pero también encuentran quienes les ayudan; enfrentamiento final con el tío. Es una novela bien escrita y narrada: el autor va al grano y casi nunca emplea descripciones enfáticas típicas del subgénero; las singularidades del mundo que describe surgen con naturalidad; no falta el sentido del humor y abundan las réplicas o las observaciones sabias, muchas muy apropiadas. Por ejemplo: un personaje le dice a otro «Alguna vez ha habido algo de lo que no te quejaras?», y su interlocutor le contesta con un «Si no encuentras algo de lo que quejarte, es que no te esfuerzas en buscar».

En las descripciones de batallas y enfrentamientos no se ahorran escenas de violencia y, aunque se arrepienta luego, el joven héroe también las comete. Cuando, después de un combate, en el que primero uno de sus amigos muere por él, y luego él mismo apuñala por la espalda a una capitana pirata que quería matarle, otro de sus compañeros le tranquiliza: «los buenos lo sacrifican todo para vencer, y apuñalan a quien haga falta y del modo que puedan. El gran guerrero es aquel que sigue respirando cuando los cuervos se dan el atracón. El gran rey es aquel que contempla cómo arden los cadáveres de sus enemigos. Que el Padre paz derrame lágrimas por los métodos; la Madre Guerra sonríe a los resultados». Es decir: estamos ante un héroe pagano sin paliativos que todo lo supedita a sus objetivos y si tiene que matar o envenenar a alguien lo hace, con más o menos remordimientos, pero sin dudarlo. Con todo, y a diferencia de novelas previas del autor —yo he leído solo una y tuve suficiente—, esta contiene mucha menos violencia y, sobre todo, sus héroes no tienen el mismo feroz cinismo de otros anteriores.

Un último apunte. Siempre me sorprende un poco que, en obras como esta, los personajes recen de formas extrañas. Es como si sus autores se dejasen llevar por una idea caricaturizada de lo que entienden que debe ser rezar, con lo que todo es confuso e impropio de unos héroes que se nos presentan como listos. Al menos a mí me decepciona que Yarvi, antes de la batalla decisiva, invoque a la Madre Guerra diciéndole lo siguiente: «Te he rezado pocas veces, lo sé (…). Siempre he sido más partidario del Padre Paz. Pero concédeme la victoria en este día. Devuélveme la Silla Negra. Me has puesto a prueba y estoy preparado. Ya no soy el necio que era, ni el cobarde, ni el crío. Soy el rey legítimo de Gettlandia. (…) Si eliges no hacerme rey, si eliges enviarme hoy por la Última Puerta, al menos permite que cumpla mi juramento. (…) Concédeme la vida de Odem. Concédeme la venganza. Con eso me daré por satisfecho». Y añade el narrador: «No fue una plegaria constructiva como las que se enseñaban a los clérigos. No fue una oración de entrega ni de creación, pero la entrega y la creación no significaban nada para la Madre Guerra. Ella tomaba, destruía, enviudaba. Sólo le importaba la sangre».

Joe Abercrombie. Medio Rey (Half a King, 2014). Barcelona: Fantascy, 2015; 378 pp.; trad. de Manuel Viciano; ISBN: 978-84-15831-60-0. [Vista del libro en amazon.es]

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miércoles, 26 de agosto de 2015

Lágrimas de cocodrilo, de Pep Molist, es un relato cortito con encanto, por su argumento, por sus toques bromistas en la narración, y por las ilustraciones de Emilio Urberuaga que ocupan las páginas derechas. Al pequeño Cocolicot sus padres le dicen que los cocodrilos no lloran, que los cocodrilos siempre tienen cocoraje, y que llorar es cocosa de otros… Así que Cocolicot sólo fingía que lloraba —las famosas lágrimas de cocodrilo— aunque por dentro sí que a veces le inundaba la pena... La historia es sencilla pero tiene chispa y, al tiempo que divierte, tranquilizará y hará pensar al lector.

Pep Molist. Lágrimas de cocodrilo (Llàgrimes de cocodril, 2015). Zaragoza: Edelvives, 2015; 45 pp.; col. Ala Delta; ilust. de Emilio Urberuaga; ISBN: 978-84-263-9847-5. [Vista del libro en amazon.es]

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martes, 25 de agosto de 2015

Recién pintado,
de Puño, es un álbum que habla de un enfrentamiento tonto no entre dos personajes sino entre dos bandos (sin llegar a los planteamientos extremos de otros como Negros y blancos o The Butter Battle Book). En una ciudad llamada Tolbiac la mitad de las casas están pintadas de verde y la otra mitad de azul, pero los ciudadanos azules salen por la noche, a escondidas, a pintar casas de verde; e igual actúan los ciudadanos verdes. Hasta que, un día, el vendedor de la pintura, cuya casa estaba justo en medio de los dos lados y que, por tanto, iba siendo pintada de uno u otro color alternativamente, tiene una idea. Narración contada con dibujos más bien de cómic, con casas esquemáticas y figuras como monigotes michelín, que se puede poner como ejemplo de cómo, lo que importa en algunos relatos infantiles, es expresar con claridad una idea.

Puño. Recién pintado (2015). Madrid: SM, 2015; 43 pp.; col. El barco de vapor; ISBN: 978-84-675-7773-0. [Vista del libro en amazon.es]

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lunes, 24 de agosto de 2015

¡Pato! ¡Conejo!, de Tom Lichtenheld y Amy Krouse Rosenthal, presenta una disputa entre dos interlocutores que, a diferencia de álbumes como Desavenencia o ¿Quién es el jefe?, no conduce a un enfrentamiento físico.

El lector no ve a los dos personajes que discuten y sólo ve lo que ven ellos: una cabeza que a uno le parece un pato y a otro un conejo. Las observaciones de cada uno se presentan enfrentadas: uno habla en la página derecha y el otro en la izquierda. La ilustración contiene la misma figura siempre, pero con algún añadido —un trozo de pan, un trozo de zanahoria, un fondo de hierba…— que sirve para que uno u otro afirmen su postura.

Álbum ingenioso en el planteamiento y en su realización: la idea es excelente y su ejecución, tan sencilla, no lo es menos. Las ilustraciones van recuadradas y la figura tiene gruesas líneas de contorno. El remate final, que anuncia una nueva «discusión» remite a las formas de las nubes que se ven en las guardas.

Tom Lichtenheld. ¡Pato! ¡Conejo! (Duck! Rabbit!, 2009). Texto de Amy Krouse Rosenthal. Madrid: SM, 2009; 34 pp.; trad. de Teresa Tellechea; ISBN: 978-84-675-3391-0. [Vista del álbum en amazon.es]

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domingo, 23 de agosto de 2015

De las notas heterogéneas de Julio Ramón Ribeyro recogidas en Prosas apátridas, dos párrafos sobre su personal opción por una forma de escribir cercana y directa o, si se quiere, por una escritura cuyo único brillo sea el de la sencillez.

Una. «Literatura es afectación. Quien ha escogido para expresarse un medio derivado, la escritura, y no uno natural, la palabra, debe obedecer a las reglas del juego. De ahí que toda tentativa para dar la impresión de no ser afectado —monólogo interior, escritura automática, lenguaje coloquial— constituye a la postre una afectación a la segunda potencia. Tanto más afectado que un Proust puede ser un Céline o tanto más que un Borges un Rulfo. Lo que debe evitarse no es la afectación congénita a la escritura, sino la retórica que se añade a la afectación».

Otra. «La ostentación literaria de muchos escritores latinoamericanos. Su complejo de proceder de zonas periféricas, subdesarrolladas, y su temor a que los tomen por incultos. La voluntad demostrativa de sus obras, huachafísimas. Probar que también pueden englobar toda la cultura —¿qué cultura? ¡Cómo si sólo existiera una cultura!— y expresarla en una hoja enciclopédica que resuma veinte siglos de historia. Aspecto nuevo rico de sus obras: palacetes heteróclitos, monstruosos, recargados, como el atuendo que el inmigrante africano o el arrabalero parisién luce los domingos para pasearse por los grandes bulevares. Su propio brillo los desluce».

Julio Ramón Ribeyro. Prosas apátridas (1975). Barcelona: Tusquets, 1975; 145 pp.; col. Marginales; ISBN: 8472230449. Y nueva y más completa edición en: Barcelona: Seix Barral, 2007; 144 pp.; col. Biblioteca breve; ISBN: 84-322-1230-X. [Vista del libro en amazon.es]

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sábado, 22 de agosto de 2015

Los juerguistas y otros cuentos y fábulas fue un volumen con varios relatos que Stevenson había publicado antes en revistas. Los dos primeros son Los juerguistas y Will el del molino.

Los juerguistas son unas rocas graníticas de una isla ficticia de la costa escocesa, llamadas así por el ruido del mar cuando bate contra ellas. El narrador, un joven llamado Charles Darnaway, vuelve a esa isla dispuesto a proponerle matrimonio a su prima Mary y con deseos de averiguar algo del tesoro de un barco de la Armada Invencible que se hundió allí. Pero su tío Gordon, el padre de Mary, es un personaje inquietante: no da respuestas claras y Charles descubre que es alcohólico. Además, la decoración de su casa es curiosamente rica y el comportamiento de Rorie, su criado, es elusivo. Luego, Charles encuentra una tumba reciente y comprueba que a la isla han llegado y llegan otras personas que parecen buscar restos del tesoro.

Relato narrado con prosa escocesa, con acentos algo poéticos al describir la fuerza y el misterio del mar, y con sugerencias de presencias maléficas: las grandes olas rompientes bailan «una danza de la muerte» y «los juerguistas» parecen dar gritos cuando sube la marea. La narración también avanza de modo que se sugieren intervenciones de tipo sobrenatural, tanto porque el tío de Charles parece ver presencias fantasmales, como por la aparición final de un negro, algo que en la tradición escocesa representa al diablo —un recurso que Stevenson emplea en Janet la contrahecha y en un relato que va embutido en Catriona—. Es una historia que influyó en El corazón de las tinieblas de Conrad: al principio del relato el tío le habla a su sobrino de «la maldad de esa criatura falsa, fría, salada y rugiente» y de «todas las variedades de peces, esas maravillas ciegas, frías y extrañas» y termina con la exclamación «el horror, ¡el horror del mar!».

Will el del molino es un relato cortito. El protagonista, hijo adoptivo de dos viejos molineros y él mismo molinero cuando sus padres mueren, es un chico ingenuo con grandes anhelos y esperanzas al que le dejó marcado la conversación con un forastero que le habló de que los hombres estamos como atrapados en una ratonera. Luego entra en escena la hija del pastor, una chica guapa y joven a la que Will primero propone matrimonio pero, cuando acepta, Will retrocede y le dice que mejor sería romper el compromiso: parece pensar que mejor es no atarse definitivamente y disfrutar de un bienestar sin mayores inquietudes. Así viven un tiempo, viéndose como amigos de vez en cuando, pero Marjorie se termina casando con otro.

Relatos como este —igual que otros de esta recopilación— ejemplifican bien la diferencia que había entre las atmósferas propias de Stevenson y las de Poe. Tal como explica Chesterton, el propósito de Poe no fue meramente sugerir el horror sino la falta de esperanza; en cambio, el de Stevenson fue el de nunca sugerir la falta de esperanza incluso cuando sugería el horror. Mientras Poe se regodea en los lamentos y su melancolía parece incurable, la esencia del espíritu de Stevenson es que la melancolía no es incurable incluso aunque la desgracia lo sea. Esto se nota en Will, un protagonista cuyo planteamiento vital es, a la vez, mezquino y bondadoso, irritante y sereno; y, en común con otros héroes stevensonianos, tiene un talante dubitativo que lo hace, a la vez, fastidioso y amable.

Robert Louis Stevenson. Los juerguistas (The Merry Men, 1882), Will el del molino (Will O' the Mill, 1878), en Los juerguistas y otros cuentos y fábulas, Cuentos completos, Barcelona: Mondadori, 2009; 955 pp.; trad. de Miguel Temprano García; ilust. de Alexander Jansson; ISBN: 978-84-397-2212-0. [Vista del libro en amazon.es]

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viernes, 21 de agosto de 2015

Nuestros ayeres,
de Natalia Ginzburg, ha sido una novela que he tenido en listas durante años y he leído hace poco. Al final, me ha interesado, como todo lo de la escritora italiana, pero debo indicar que me han gustado más otros libros suyos.

Se ambienta en una pequeña ciudad italiana, entre los años 1939 y 1944, y tiene como protagonistas a los miembros de dos familias vecinas más o menos acomodadas. La narración sigue sus vidas, prestando más atención a la menor de una de las familias, Anna, que se queda embarazada con 16 años y acepta la propuesta de casarse con un amigo de su padre a quien siempre todos han considerado un tío. Y llega la guerra mundial que lo cambia todo.

La historia discurre con fluidez, supongo que también debido a la buena traducción. El narrador trasmite bien modos de ser y reacciones de los personajes, en especial los femeninos. Hay una cierta melancolía de fondo pero no faltan los toques humorísticos. Además, incluso en los momentos más críticos, todo tiene acentos de normalidad que cabría llamar chéjovianos, es decir, que indican cómo la vida nos la jugamos en las menores decisiones cotidianas.

Natalia Ginzburg. Nuestros ayeres (Tutti i nostri ieri, 1952). Madrid: Debate, 1996; 343 pp.; versión castellana de Carmen Martín Gaite; ISBN: 84-7444-975-8.

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jueves, 20 de agosto de 2015

Erik Vogler y la maldición de Misty Abbey-Castle, de Beatriz Osés, es el tercer libro con el mismo angustiado y angustioso protagonista. Esta vez, mientras su padre y su abuela tienen un accidente de esquí, muere su tío Leonard en Irlanda. Erik ha de ir al entierro pues será el heredero del misterioso castillo propiedad de su tío. Para su disgusto, por indicación de su abuela, le acompaña de nuevo Albert Zimmer pero, esta vez, obtendrá una cierta victoria intectual sobre él.

Como en los anteriores libros, en este tampoco importa tanto el argumento —con misterios, leyendas, tumbas ocultas, etc.— como el comportamiento del héroe, tan obsesionado por el orden y las marcas de moda como siempre. Así, al principio de su relato, a punto de salir hacia Irlanda, el narrador indica: «Era la primera vez que no estaba orgulloso de su equipaje. Al revés, por culpa de las malas noticias, las prisas y los nervios, en lugar de una obra de arte había hecho lo que consideraba una chapuza. Había metido la ropa en lo que habría descrito como un completo caos, es decir, planchada y doblada pero sin ningún tipo de orden alfabético, ni por texturas, colores o antigüedad de las prendas. Es decir, las había apilado de cualquiera manera. (…) Un desastre».

Beatriz Osés. Erik Vogler y la maldición de Misty Abbey-Castle (2015). Barcelona: Edebé, 2015; 159 pp.; ilust. de Iban Barrenetxea; ISBN: 978-84-683-1541-6. [Vista del libro en amazon.es]

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miércoles, 19 de agosto de 2015

El bandido del colt de oro, de Simon Roussin, es un relato de aventuras del Oeste que, seguramente, muchos lectores desearían que fuera más largo. Es como una novela juvenil que se presenta en un formato híbrido entre un álbum —pero es más extenso que los habituales— y una novela gráfica —pero es, en este caso, más corta que las habituales—.

Colorado, mediados del siglo XIX. Jesse y Henry Moonlight son dos niños que viven con sus padres en una granja. Unos bandidos asesinan a sus padres y ellos huyen. Aprenden a sobrevivir en la naturaleza y Jesse protege siempre al pequeño. Al cabo del tiempo encuentran a unos bandidos que acaban de asaltar un tren. Jesse se une a ellos pensando en que su hermano pueda comer y dormir…, pero a Henry le repugna unirse a esos hombres, por lo que huye y acaba siendo recogido por un viejo trampero. A partir de ahí sus destinos se separan y Jesse se convierte en un famoso y sanguinario bandido.

El autor confiesa que su relato se apoya en las aventuras que le cautivaron en su infancia y que tiene querencia por los héroes de las películas antiguas, algo que se nota en el tono con el que cuenta las cosas y en la resolución que pone a su argumento. Usa palabras sencillas para narrar los hechos, que presenta con unas grandes imágenes, a doble página, en las que las figuras son realistas y están llenas de movimiento, y los paisajes de fondo, como desiertos, montañas o bosques, tienen unos colores vivos, muy intensos.

Simon Roussin. El bandido del colt de oro (Le bandit au colt d'or, 2013). Barcelona: Libros del Zorro Rojo, 2014; 68 pp.; trad. de Palmira Feixas; ISBN: 978-84-942473-9-2. [Vista del libro en amazon.es]

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martes, 18 de agosto de 2015

El oso en el parque de juegos, de Wolf Erlbruch y Dolf Verroen, cuenta que a un parque infantil llega un enorme oso que desea jugar. Sin plantearse lo más mínimo si molesta o no así lo hace, y los niños se van enfadando cada vez más con el oso, que acapara el columpio, el tobogán, el estanque, se come todos los helados, etc. Además, el oso también está irritado porque los niños no le dejan participar en sus juegos.

Aunque la historia en sí misma es graciosa, si la consideramos como un relato de nonsense más, el peso del álbum recae, como cualquier seguidor de Erlbruch espera, sobre la excelente composición de las ilustraciones y sobre la gran expresividad de las figuras. Las posturas y los gestos de los niños quedan claras con trazos mínimos que transmiten al lector lo que sienten en las distintas situaciones en que se les retrata. Es instructivo pensar en cómo se hace interesante un álbum así cuando es ilustrado por alguien como Erlbruch pero no lo sería en absoluto con imágenes más anodinas.

Wolf Erlbruch. El oso en el parque de juegos (De beer in de speeltuin, 1998). Texto de Dolf Verroen. Salamanca: Lóguez, 2014; 26 pp.; col. Rosa y manzana; trad. de Laura Serrano; ISBN: 978-84-942305-6-1. [
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lunes, 17 de agosto de 2015

Después de leer Cuidado con la rana vi en la biblioteca And the train goes…, de William Bee. Es un rítmico y bienhumorado álbum para prelectores que muestra en su portada la parte de delante de un tren antiguo, de carbón, y el mismo tren, por detrás, en la contraportada. La vía del tren da continuidad a todas las ilustraciones: la primera escena es la estación con la gente esperando, luego se ve la máquina del tren y, en sucesivas imágenes, se muestran vagones con distintos pasajeros: soldados, niños, niñas, señoras, hombres de negocios, gallinas…

La secuencia de ilustraciones es, en apariencia, sencilla pero, a la vez, está muy bien construida para sorprender con su desenlace al lector atento. Las figuras rechonchas, vestidas con elegancia del pasado, son simpáticas. El fondo azul suave del cielo sólo se ve interrumpido por algunas nubecillas y, contra ese fondo, van las palabras que presentan cada imagen, dos o tres líneas sonoras en cada doble página, y en negrita las cosas que alguien dice o los ruidos que se producen.

William Bee. And the train goes… (2007). London: Walker Books, 2008; 28 pp.; ISBN: 978-1-4063-1247-8.

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domingo, 16 de agosto de 2015

Un libro que tenía previsto leer desde hace mucho y acabo de leer ahora: El mundo de ayer, de Stefan Zweig. Son las memorias del autor, escritas en el exilio y publicadas en 1944, tras su muerte. Lo había empezado en 1934 y el manuscrito lo envió a su editor el día antes de suicidarse. El subtítulo, «memorias de un europeo», da idea tanto de su talante personal, tan ajeno a cualquier nacionalismo de miras cortas, como del dolor por haber tenido que exiliarse varias veces y por la evolución de los acontecimientos históricos.

Cuenta con amenidad su vida infantil y juvenil en Viena, con una descripción brillante del ambiente educativo y de ambiciones culturales en el que creció; explica cómo empezó su dedicación a la literatura; habla de su pasión por coleccionar manuscritos; rememora su trato con otros escritores y personalidades de su tiempo; va dejando constancia de los profundos cambios sociales y políticos que se iban dando a su alrededor; y termina con las noticias del comienzo de la segunda Guerra Mundial. (Esta reseña en inglés de Wikipedia es buena y más completa que las que aparecen en otros idiomas).

Apunto aquí sólo una consideración de las que hace sobre su trabajo literario. Cuenta que, una vez, se levantó de su escritorio especialmente satisfecho y su mujer le dijo que tenía el aspecto de haber llevado a cabo algo extraordinario:

«Y yo le contesté con orgullo:
—Sí, he logrado borrar otro párrafo entero y así hacer más rápida la transición.
De modo, pues, que si a veces alaban el ritmo arrebatador de mis libros, tengo que confesar que tal cualidad no nace de una fogosidad natural ni de una excitación interior, sino que sólo es fruto de este método sistemático mío que consiste en excluir en todo momento pausas superfluas y ruidos parásitos, y si algún arte conozco es el de saber renunciar, pues no lamento que, de mil páginas escritas, ochocientas vayan a parar a la papelera y sólo doscientas se conserven como quintaesencia. Si algo he aprendido hasta cierto punto de mis libros ha sido la severa disciplina de saber limitarme preferentemente a las formas más concisas, pero conservando siempre lo esencial».

Stefan Zweig. El mundo de ayer: memorias de un europeo (Die Welt von Gestern, 1942). Barcelona: El Acantilado, 2011, 15ª reimpr.; 545 pp.; trad. de J. Fontcuberta y A. Orzeszek; ISBN: 978-84-95359-49-0. [Vista del libro en amazon.es]

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sábado, 15 de agosto de 2015

El dinamitero es una novela de Stevenson que se puede considerar una secuela de la primera parte de Las nuevas mil y una noches pues el héroe de los relatos de aquel libro aparece de nuevo aquí. Sin embargo, el conjunto es algo confuso y no tiene ni de lejos la cohesión que tenía El Club de los Suicidas pues esta vez son varios amigos lanzados a distintas aventuras y Florizel no deja de ser una figura un tanto decorativa en el comienzo y en el final.

En Londres, hacia 1880, tres hombres un tanto aburridos deciden emprender cada uno su aventura. Uno ha de lidiar con unos mormones vengativos de Utah, otro con unos practicantes de vudú cubanos, y otro con un líder anarquista llamado Cero. Además, una misteriosa mujer va reapareciendo en distintos lugares y momentos. Uno de los personajes, llamado Somerset, dice al principio que, con sus hazañas, tratarán «de poner de manifiesto nuestros méritos, nuestros modales mundanos, el dominio de nuestra palabra, nuestros amplios conocimientos, todo, en definitiva, lo que hace e integra al detective», «la única profesión que cuadra a un caballero».

En la confección del libro colaboró la esposa de Stevenson, Fanny Van de Grift, del mismo modo que años más tarde lo haría en otras novelas su hijo, Lloyd Osbourne. Ella dio ideas para la trama e imaginó situaciones y, según parece, dos de los episodios son suyos. En cualquier caso, fue Stevenson quien finalizó la obra y quien situó su trama en una ciudad amenazante, como el Londres (o más bien Edimburgo) donde vivirán Jekyll y Hyde; o como el Londres de Sherlock Holmes, o Dorian Gray, o El agente secreto de Joseph Conrad.

Un fallo serio que señala Chesterton y que cualquiera detecta es que cuando un libro es, como este, una especie de amable pesadilla con aires ridículos, resulta fallido si en él se intenta criticar a unos agitadores anarquistas que matan a gente arriesgando sus propias vidas. Sin embargo, Chesterton también elogió este relato en algunos de sus artículos, cosa que podemos comprender, por ejemplo, al leer lo que Cero, el jefe anarquista, le dice a quien manifiesta sus reticencias: «¿Es posible, mi querido Somerset, que se deje llevar por esos escrúpulos anticuados, que juzgue usted a un patriota con la moralidad de un fanático religioso? Lo creía un buen agnóstico».

La cuestión, afirma el narrador, es que Somerset «había elegido los caminos anchos, libres y luminosos del escepticismo y reconocía que era aún esclavo del honor. Había aceptado la vida desde el punto de vista del águila, aunque sin ningún propósito de rapiña; había comprendido claramente la base moral que es común a la guerra, la competencia comercial y el delito; había estado dispuesto a ayudar al asesino que huye y al ladrón impenitente, y ahora su lógica caía en ruinas pues descubría sus objeciones al uso de la dinamita. La mañana se deslizó entre las villas dormidas y sobre la enorme ciudad, aún no cubierta de humo, y el desdichado escéptico seguía llorando por la pérdida de su coherencia.

Al cabo se puso en pie y dijo, tomando por testigo al sol naciente: “En cuanto al fondo, no hay ninguna duda: el bien y el mal no pasan de ser ficciones, sombras de palabras; pero, a pesar de todo, hay cosas que no puedo hacer y otras que no puedo tolerar”».

Robert Louis Stevenson. El dinamitero (The Dynamiter, 1885). Madrid: Alianza, 1987; 237 pp.; col. El Libro de Bolsillo; trad. de Luis Loayza; ISBN: 84-206-0242-6.


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viernes, 14 de agosto de 2015

El final de Sancho Panza y otras suertes, de Andrés Trapiello, tiene gran calidad literaria, mucho buen humor, e inteligentes y abundantes toques metafictivos. Aquí hay una reseña extensa en la que se dan los antecedentes —la novela previa Al morir don Quijote—, se cuenta el argumento —el abandono del pueblo y la marcha a América del ama Quiteria, la sobrina de don Quijote, Antonia, su actual marido Sansón Carrasco y, sobre todo, Sancho Panza—, se apuntan los rasgos estilísticos buscadamente cervantinos de la narración, y se subraya lo que tiene la obra de gran homenaje a Cervantes.

Tal como se indica en la reseña que cito, es todo un logro el personaje de Sancho, el mismo que acompañó a don Quijote pero con mucha más experiencia de la vida. A quien le recrimina en la novela que no es el mismo, Sancho le da una buena réplica: «y para que vea una muestra de si soy o no el mismo, le digo que de casta le viene al galgo ser rabilargo, y quien tiene arte va por toda parte, y más vale saber que haber, y sí es verdad que entonces era, y ya no soy, pero tras un tiempo viene otro, y agradezco de vuestra merced tanto requiebro, pero no está ya el alcacel para zampoñas, y cada uno es como Dios le hizo, y aún peor muchas veces…».

Y a quien ponga pegas a la imitación de Cervantes que hace el autor, la respuesta se la da el mismo Sansón Carrasco: «el más original es siempre aquel que mejor y más atinadamente acierta a imitar al más original, y cuanto más perfecta fuere la imitación, tanto mejor será el que la escribiere, pintare, esculpiere o concertare, y así ad infinitum. Y yo he visto que los tontos sólo se parecen a sí mismos, por lo que todos ellos son originales, cada uno a su manera».

Andrés Trapiello. El final de Sancho Panza y otras suertes (2014). Barcelona: Destino, 2014; 432 pp.; col. Áncora & Delfín; ISBN: 978-8423348671. [Vista del libro en amazon.es]

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jueves, 13 de agosto de 2015

Un hijo, de Alejandro Palomas, es un relato que, al modo de La lección de August, usa el recurso de que cada capítulo lo cuente alguno de los protagonistas y se titule con su nombre. El personaje principal es Guille, un niño de nueve años. Los otros son su profesora, Sonia, la orientadora del colegio, María, y el padre de Guille, Manuel. Además, tiene un papel importante Nazia, una compañera pakistaní de Guille. Guille se acaba de cambiar de colegio y Sonia se da cuenta de que algo raro pasa cuando, al preguntar a los chicos de su clase qué querrían ser de mayores, ve que Guille dice que querría ser Mary Poppins y, cuando Sonia le hace notar que Mary Poppins en un ser de fantasía, Guille le dice que no, que él la conoció en Londres. A partir de ahí se van poniendo de manifiesto las singularidades de Guille y aclarando el misterio familiar que ni él ni su padre confiesan claramente.

El despliegue de los enigmas del pasado podría estar más condensado: enseguida se ve venir cuál es la situación e incluso el lector puede preguntarse por qué la profesora y la orientadora no son capaces de hacer las gestiones necesarias para darse cuenta antes. Luego, algunos momentos de descubrimiento, por parte de las profesoras, parecen demasiado enfatizados. También, la historia de los problemas que tiene Nazia con su familia merecería más recorrido y su resolución queda un poco en el aire. Sea como sea, el relato está bien contado y construido, el modo de actuar y narrar de Sonia y María se corresponde bien con la realidad, y, como la personalidad y la voz de Guille son realmente notables, conseguirá conmover a muchos lectores.

Alejandro Palomas. Un hijo (2015). Barcelona: Bridge, 2015; 283 pp.; ISBN: 978-84-941857-5-5. [Vista del libro en amazon.es]

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miércoles, 12 de agosto de 2015

El niño que no sabía jugar al fútbol, de Ernesto Rodríguez Abad, tiene como protagonista y narrador a Rodolfo, un chico que mira a su alrededor con ojos de poeta y que sufre porque todos esperan que juegue al fútbol y él no sabe. Más aún, sus padres le regalan un balón y un equipamiento de fútbol el día de su cumpleaños.

Aunque cabe pensar que está un tanto forzado el comportamiento de los padres, tan torpes para entender a su hijo, lo cierto es que se transmite bien el mundo interior de Rodolfo y su frustración al no sentirse comprendido y al encontrarse fuera de lugar mientras otros practican deporte. Su talento como poeta en ciernes se apunta bien, con simpatía y sin excesos.

Y dos comentarios propios de la clase de lector que soy yo (es decir, que al niño lector le darán igual, como debe ser). Uno, que la lectura resultaría seguramente más cómoda si las palabras no fueran sobre fondos oscuros. Dos, que pensé, una vez más, si no son excesivas (y si no tienen mucho de autoelogio) las veces que, en los libros infantiles, el héroe adulto (el que aconseja sabiamente al niño con problemas) es un cuentacuentos o un escritor.

Ernesto Rodríguez Abad. El niño que no sabía jugar al fútbol (2014). Madrid: SM, 2014; 67 pp.; col. El barco de vapor; ilust. de Víctor Jaubert; ISBN: 978-84-675-6915-5. [Vista del libro en amazon.es]

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martes, 11 de agosto de 2015

Si quieres ver una ballena, de Erin E. Stead y Julie Fogliano, es un álbum que presenta varias escenas hiladas por el deseo de un niño de ver una ballena. Al principio lo vemos mirando una ventana blanca y las palabras que acompañan la imagen nos dicen que «si quieres ver una ballena necesitarás una ventana» (o no, pueden pensar algunos lectores). Y, a continuación, se nos dan algunas instrucciones para llegar a ver la ballena.

No hay un verdadero relato y, por tanto, el álbum es para quienes aprecien la calidad y la calidez de las ilustraciones, que se apoya en unos excelentes dibujos de personajes y se presentan con una reducida paleta de colores. La idea que se subraya es la de la paciencia… para saber esperar sabiendo que al final hay una gran recompensa: es la misma —pero formulada de modo menos realista y más elusivo— que la de Y de pronto es primavera.

Erin E. Stead. Si quieres ver una ballena (If you want to see a whale, 2013). Texto de Julie Fogliano. Barcelona: Océano Travesía, 2014; 30 pp.; ISBN: 978-607-735-467-3. [Vista del álbum en amazon.es]

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lunes, 10 de agosto de 2015

Un álbum simpático para unirlo a los que tratan sobre la música es Igor, el pájaro que no sabía cantar, un relato contado con el colorido y el dinamismo que siempre se puede esperar de Satoshi Kitamura.

Igor se pone a cantar con los demás pájaros pero estos no le quieren. Ensaya en su casa, va a clases con Gansa Sonata (en el original Madam Goose, un ejemplo de cómo la traducción puede mejorar el original), pero cuando intenta cantar todos se mueren de risa. Igor piensa que no tiene talento y se aleja de la música. Sin embargo, allá donde va, encuentra orquestas y conjuntos de todo tipo: de gatos, de perros, de ovejas, cocodrilos con bongos en una isla tropical, coro de pingüinos en un iceberg… Así que se instala en un desierto y allí, sólo, encima de una roca, se pone a cantar.

La composición de las escenas es magnífica. Se representa la música, también, con manchas de color. Abundan los detalles humorísticos. Hay discretas referencias, en el texto, a términos musicales. Se transmite bien la gran alegría que causa la música y, sin decirlo expresamente, se concluye que todos tenemos nuestro propio ritmo, nuestra compañía y nuestro sitio.

Satoshi Kitamura. Igor, el pájaro que no sabía cantar (Igor, the bird Who Couldn't Sing, 2005). México D.F.: Fondo de Cultura Económica, 2012; 40 pp.; col. Los Especiales de A la Orilla del Viento; trad. de Eliana Pasarán; ISBN: 978-607-16-1079-9. [
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domingo, 9 de agosto de 2015

Correr para vivir. De los campos de exterminio de Sudán a las olimpiadas, de Joseph Lopez Lomong, ha sido una lectura desengrasante y animante, aparte de ser jugosa para quienes nos gusta correr y el atletismo.

Sudán, 1985. Cuando el autor tiene seis años es capturado por unos soldados que se lo llevan, junto a otros niños, para incorporarlo a su ejército. Más adelante huye, junto con otros tres chicos, y acaban en el campo de refugiados de Kakuma, en Kenia. Después de diez años allí un matrimonio estadounidense lo adopta. En 2007 se hace atleta profesional y en 2008 acude a las Olimpiadas de Beijing, en las que le piden que sea el abanderado de los Estados Unidos.

Historia poderosa, bien contada y bien traducida. En la primera parte predomina la tensión y el dolor debido a las dificultades por las que han de pasar el protagonista y tantos otros niños. La segunda resulta divertida, porque son muchos los golpes de humor debido a los problemas de adaptación y con el idioma de Lomong; emocionante por el afecto de quienes le acogen y por la confianza en Dios que manifiesta el narrador; e interesante para los aficionados al atletismo, aunque se dan muchos menos detalles de los que, al respecto, nos gustarían a los que seguimos ese deporte.

Joseph Lopez Lomong y Mark Tabb. Correr para vivir. De los campos de exterminio de Sudán a las olimpiadas (Running for my Life. One Lost Boy’s Journey from the killing Fields of Sudan to the Olympic Games, 2012). Madrid: Ediciones Palabra, 2013; 300 pp.; col. Astor; trad. de José Gabriel Rodríguez Pazos; ISBN: 978-84-9840-891-1. [Vista del libro en amazon.es]

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sábado, 8 de agosto de 2015

Las aventuras y desventuras del príncipe Otto fue un relato que a Stevenson le costó mucho trabajo, pues la dificultad que tenía para representar a las mujeres de modo creíble y realista en este caso fue mayor debido a la personalidad de la intrigante condesa Von Rosen. Lo empezó cuando vivía en California, lo retomó en 1883 cuando estaba en Francia, y lo publicó por fin en 1885. Según indica en sus memorias Lloyd Osbourne, algunos capítulos fueron escritos al menos siete veces y, tal vez por eso, después de El Master de Ballantrae, era la novela predilecta del autor. Es una trama ligera e idealizada de amores e intrigas palaciegas en la que, según recuerda Fernando Savater en el prólogo, se inspiró Hergé para su aventura El cetro de Ottokar.

En el reino centroeuropeo de Grunewald, el príncipe Otto es un gobernante bondadoso y querido, pero indolente, y que ha dejado el gobierno en manos de su joven esposa Seraphina y el ambicioso consejero Gondremark. Cuando el príncipe intenta recuperar el terreno perdido, tanto en el corazón de su esposa como en el control de los asuntos del reino, todo se complica. Las cosas se enredan más todavía, pero también se desenredan, con la entrada en escena de madame Von Rosen, amante de Gondremark.

Señala Chesterton cómo esta historia, que no deja de ser una comedia cortesana y pastoril en un ambiente dieciochesco, la recordamos más por la manera propia de Stevenson de contar las cosas que por otros motivos. Por ejemplo, apunta cómo, una vez olvidada del todo la novela, podemos recordar sin embargo una vívida escena del final cuando Seraphina «vio la blanca cascada, el reflejo de las estrellas que temblaban en la agitada superficie de aquel remanso, la espuma que formaba el agua al caer y, por encima de su cabeza, a ambos lados, los altos pinos bebiendo con serenidad del cielo estrellado, y en aquel súbito momento de paz empezó a disfrutar del ruido del salto de agua».

El principal problema del relato, para una mayoría de lectores, está en que Otto es un personaje dubitativo e irresoluto, algo que acaba cansando (al menos al lector deseoso de aventuras enérgicas). En la trama, por otra parte, no hay hay casi acción alguna y todo se desarrolla por medio de intercambios dialécticos caballerescos que, a veces, eso sí, son interesantes. Por ejemplo, aunque no lo dice, seguro que a Chesterton le gustaría esta frase de un personaje, el coronel Gordon: «un credo sano y una mala moral, esos son los pilares de la sabiduría».

En cualquier caso, en la novela podemos ver el rechazo del autor al espíritu del tiempo que representa un personaje llamado Fritz cuando, charlando con un hombre mayor y recto, aplaude a Gondremark:  «Puede que no responda a algunas de sus ideas viejas y anticuadas, pero es un hombre moderno de tomo y lomo, un hombre que vive de acuerdo con las nuevas luces y el progreso de su tiempo. Hace cosas que no están bien, como todos, pero lo importante es que tiene su corazón puesto en los intereses del pueblo».

Un detalle menor, pero de interés para los seguidores de la obra de Stevenson, es que, al principio de la historia, se menciona la relación del príncipe Otto con el rey Florizel de Bohemia, el héroe de la primera parte de Las nuevas mil y una noches y que aparecerá de nuevo, exiliado y regentando un estanco, en Londres, en El dinamitero, libro publicado inmediatamente después.

Otro detalle pequeño, que podemos leer como una lección para escritores de ayer y de hoy, está en una carta escrita por Stevenson cuando estaba redactando esta novela, en la que decía: «estoy metido de hoz y coz en un relato; una especie de novela de un solo volumen; ¿cómo se las arreglan algunos para hincharlas hasta que ocupen tres? En esta suceden muchas cosas y un solo volumen se las tragará sin el menor esfuerzo».

Robert Louis Stevenson. Aventuras y desventuras del príncipe Otto (Prince Otto, 1885). Barcelona: Backlist, 2010; 289 pp.; trad. de Kenneth Jordan Núñez; prólogo de Fernando Savater; ISBN: 978-84-08-09053-3. [
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viernes, 7 de agosto de 2015

Abro voz en el diccionario a Dorothy Sayers y Alan Bradley.

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jueves, 6 de agosto de 2015

Me parto más, de James Patterson y Chris Grabenstein continúa las aventuras de Jamie Grimm. El andamiaje argumental es el mismo: el protagonista se prepara para nuevas competiciones entre monologuistas y, con más o menos dificultades, las va superando con éxito. De nuevo cumplen un papel importante sus amigos y su tío Frankie, que le hace estudiar cuando le cuesta —«hasta cuando estás soñando tienes que atender a tus principales responsabilidades, ¿estamos?» (no sé si citando el cuento famoso de Delmore Schwartz o su versión rock de Lou Reed)—.

El tono, las cualidades y los defectos, son los mismos del libro anterior. En lo positivo hay que destacar que la narración es buena, con toques descriptivos excelentes, y observaciones valiosas o, al menos, por encima de lo normal en este tipo de libros. Así, es destacable que el héroe se pare a pensar en la muerte —no puede perder de vista el fallecimiento de sus padres en un accidente de coche— y en el valor que puede tener el humor en los momentos difíciles de la vida —«he aprendido por las malas que la risa puede hacerte sentir bien incluso cuando no lo estás»—. En lo negativo, que los chistes gráficos que acompañan la historia no son especialmente buenos y, por tanto, su abundancia no mejora el libro.

James Patterson y Chris Grabenstein. Me parto más (I even funnier, 2013). Barcelona: La Galera, 2015; 354 pp.; ilust. de Laura Park; trad. de Diego de los Santos; ISBN: 978-84-246-5454-2. [Vista del libro en amazon.es]

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miércoles, 5 de agosto de 2015

Hola, abuelo. Querida nieta es, de Peter Härtling, es, como indica el subtítulo, «una historia en correos electrónicos». La nieta es Mirjam, una chica adolescente con problemas y un lenguaje desgarrado, y el abuelo es un hombre ya enfermo que procura contestar con serenidad a los exabruptos de la chica. La pequeña historia fluye con naturalidad y los sentimientos humanos que hay debajo, aunque no se manifiesten por completo, quedan patentes. Los protagonistas no parecen tener creencias religiosas, y por tanto no las manifiestan, pero, aunque el abuelo nada dice al respecto, la chica sí piensa, de modo natural, en una vida más allá de la muerte.

Peter Härtling. Hola, abuelo. Querida nieta. Una historia en correos electrónicos (Hallo Opa. Liebe Mirjam, 2013). Barcelona: Planeta, 2015; 63 pp.; trad. de Joan Josep Musarra; ISBN: 978-84-08-13742-9. [Vista del libro en amazon.es]

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martes, 4 de agosto de 2015

Abro voz en el diccionario a Javier Olivares y a Marisa López Soria.

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lunes, 3 de agosto de 2015

Abro voz en el diccionario a Xavier Salomó y Alberto Gamón.

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domingo, 2 de agosto de 2015

He puesto los datos de las nuevas y excelentes ediciones de los cinco libros de OSITO, de Else Holmelund Minarik y Maurice Sendak.

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sábado, 1 de agosto de 2015

La segunda parte de Las nuevas mil y una noches, de Stevenson, la componen varios relatos cortos independientes entre sí: El pabellón de las dunas (The Pavilion on the Links, 1880), La puerta del señor de Malétroit (The Sire de Malétroit´s Door, 1877), Un sitio donde pasar la noche (A Lodging for the Night, 1877), La Providencia y la guitarra (Providence and the Guitar, 1878). Uno se desarrolla en Escocia, El pabellón de las dunas, y tres en Francia, en París Un sitio donde pasar la noche y en lugares indeterminados La puerta del señor de Malétroit y La Providencia y la guitarra. Un elemento común a los cuatro es que cuentan choques entre personas de distintos caracteres y que se desarrollan principalmente de noche.

El pabellón de las dunas es un relato de corte romántico contado en primera persona y en nueve capítulos cortos. El narrador, de joven un gran solitario según indica en su primera frase, habla de su relación con un hombre de temperamento violento, llamado R. Northmour. Vivió con él un tiempo en un lugar solitario de la costa escocesa, luego fue testigo de un extraño desembarco nocturno, más adelante conoció a Clara, una joven que vivía con Northmour, de la que se enamora, y, por último, ambos defienden al padre de Clara, un banquero estafador, del asalto de quienes desean darle una lección. Stevenson se ciñe al tema, es sobrio en sus apreciaciones y narra sin las exageraciones típicas del género y de la época. Hay tensión en las relaciones entre los personajes —Northmour acaba comportándose mejor de lo que uno esperaría, un rasgo habitual en los «malvados» que crea el autor—, y misterio en la heroína, una chica cuya conducta y situación son de lo más equívocas, según afirma el narrador, aunque, a la vez, también asegura que tiene confianza en su integridad.

Un sitio donde pasar la noche fue el primer relato publicado por Stevenson. Se desarrolla en París, un nevado día de noviembre de 1456. En una taberna, en la que está Maese Francis Villon, un tipo apuñala a otro, le mata, y «Villon estalló en carcajadas histéricas». Todos los presentes huyen y Villon, después de una visita infructuosa a su padre adoptivo, el capellán de Saint Benoît, acaba en casa de un anciano acogedor. El resto del relato es una larga conversación entre ambos en la que se pone de manifiesto el cinismo y la impertinencia insultante de Villon. El Villon real fue un personaje al que Stevenson admiraba por unas cosas y detestaba fuertemente por otras y esto se aprecia en su criatura literaria. Es decir: el relato deja la sensación de ser como un ejercicio de estilo en el cual, por medio de acciones sencillas y diálogos vivos, consigue dibujar a un protagonista cuyo comportamiento no deja indiferente pues, a la vez que puede admirar su descaro, también provoca rechazo su insolencia.

La puerta del señor de Malétroit es otro relato que cabría llamar de ambiente medieval pues se desarrolla en 1429. Denis, un joven que deambula de noche por las callejas de una ciudad, se refugia de la ronda nocturna de soldados en un palacio pero, una vez dentro, no puede salir. Allí, el señor de Malétroit le dirá que le estaba esperando para que se case inmediatamente con su sobrina. La cuestión está en que no podrá salir hasta que acceda:  el señor de Malétroit le da un ultimátum y le deja a solas con su sobrina. Lo que al principio tiene aires inquietantes adquiere al final un cierto tono de comedia de enredo. Stevenson centra la historia en describir cómo el joven Denis de Beaulieu acaba en una situación que el dominante señor de Malétroit conduce al límite y basa su construcción en los enfrentamientos dialécticos entre los protagonistas.

En La Providencia y la guitarra las andanzas nocturnas de un cantante ambulante y su mujer, León y Elvira, provocan choques con los vecinos y con el comisario del pueblo —un hombre que «transportaba su barriga como si fuese algo oficial»—. Luego encuentran a otra pareja formada por un pintor y su mujer, con los que charlan sobre sus respectivos artes, que ambos aman, aunque no sean unos genios: en esos diálogos está la intención del relato. Así, León dice: «El Arte es el Arte. Yo me inclino ante él. Es todo lo bello, lo divino, es el espíritu del mundo y el orgullo de la vida». Más adelante insiste: «El Arte es el Arte. No se trata de pintar acuarelas, ni de ensayar al piano. Es una forma de vida». Pero, acerca de las tristes vidas que llevan, es la mujer de León, hablando con la mujer del pintor, quien explica bien la situación: «son hombres con una misión (…) que no pueden cumplir».

Robert Louis Stevenson. Las nuevas mil y una noches (New Arabian Nights, 1882), en Cuentos completos, Barcelona: Mondadori, 2009; 955 pp.; trad. de Miguel Temprano García; ilust. de Alexander Jansson; ISBN: 978-84-397-2212-0. [Vista del libro en amazon.es]

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