bienvenidos a la fiesta
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lunes, 27 de abril de 2015

Un magnífico álbum de hace algún tiempo: Un día diferente para el Señor Amos, de Erin Stead y Philip Stead. Tiene unos dibujos excepcionales y es un relato lleno de amabilidad y simpatía.

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domingo, 26 de abril de 2015

En Historia breve del mundo reciente, de José Luis Comellas, encontré, al hilo de los sucesos que se cuentan, algunos comentarios clarificadores que no vi en las historias mencionadas recientemente —Historia mínima del siglo XX e Historia del mundo en el siglo XX—.

Por ejemplo, en relación a los desórdenes juveniles de los años sesenta y setenta, señala que si hay siempre «un fenómeno generacional, caracterizado por el "cansancio de lo existente", una conciencia juvenil que se encuentra una realidad que no comparte y que no le gusta», la disputa generacional de aquellos años «posee un amplio contenido diferencial, por cuanto, como observó uno de sus autores, "los jóvenes cuestionan las formas de vida que los mayores han construido para ellos, sin haberles consultado". La frase está inspirada en otra similar, aunque de distinto contenido, de Jean-Paul Sartre, y resulta difícil precisar hasta qué punto los "mayores" —y qué mayores, y cuándo— habían construido un estilo de vida, ni a qué edad sus hijos debían ser consultados». Además, en las actitudes juveniles de aquellos años y posteriores tuvo un gran peso la música rock: «Como es bien sabido, lo que caracteriza al rock and roll —desde los años sesenta suele usarse solo la palabra rock— es el predominio de la percusión sobre la melodía, y no digamos sobre la armonía, y quizá sobre todo el ritmo fuerte y agresivo caracterizado por el doble acento en el tiempo fuerte y el tiempo débil, que provoca una continua sensación de inestabilidad o de inversión de elementos. Su influjo en los estados de ánimo fue mucho más fuerte que el de otra forma de música anterior».

O, también, cuando habla de lo que denomina «historia de la actualidad», aunque la actualidad, como tal, no forma todavía parte de la historia, explica bien algunos rasgos de la posmodemidad, «una realidad multiforme, extraordinariamente difícil de describir, no solo por su tendencia a la indefinición, sino por las múltiples descripciones de que ha sido objeto». Señala que la palabra posmodernidad «sugiere que se ha acabado la modernidad o aquello que estaba vigente en los tiempos considerados como "modernos": conceptos, convicciones, valores, formas establecidas que ya no lo están, o se dice que no lo están. (…) Parece que no se jacta de ser edificadora. Es lugar común que muchas de las ideas que definen la posmodemidad nacieron con la "revolución de 1968": el uso indiscriminado de la libertad, el destierro de las convicciones o convenciones (ambas cosas) de nuestros antecesores, el apartamiento de todo lo que tenga que ver con las "normas", los "cánones" o, en su versión más extrema, con los "principios". Pero con una diferencia muy clara respecto de los movimientos juveniles de 1968: aquellos movimientos, en medio de su vaguedad, tenían una dosis de idealismo y pretendían un mundo nuevo y más auténtico. Por el contrario, la posmodemidad no soporta la palabra "idealismo"».

José Luis Comellas. Historia breve del mundo reciente (2005). Madrid: Rialp, 2010; 464 pp.; col. Bolsillo; ISBN: 978-8432137914. [Vista del libro en amazon.es]

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sábado, 25 de abril de 2015

Otro grupo de relatos de viajes de Stevenson lo componen los que cuentan sus andanzas por distintas islas del Pacífico.

En los mares del Sur es un libro con un descriptivo subtítulo: «Relato de experiencias y observaciones efectuadas en las islas Marquesas, Pomotú y Gilbert, durante dos cruceros realizados en las goletas Casco (1888) y Equator (1889)». Lo escribió Stevenson al final del viaje que cuenta, que duró dos años, pero tuvo que dejarlo sin terminar, en parte desanimado por la recepción que tuvieron algunos textos publicados en revistas, también por parte de su esposa y amigos, que deseaban relatos más ligeros y amables. Se acabó publicando poco después de su muerte. Da bastante idea de la mente imparcial y objetiva del autor el hecho de que no hiciera ningún elogio del colonialismo, que hablara de la dulzura y amabilidad de los indígenas sin dejar de subrayar la brutalidad del canibalismo.

Stevenson, un hombre que deseaba comprender, señala cómo «me encontraba muy lejos de la sombra que proyecta todavía el Imperio Romano, cuyos edificios ruinosos dominaron nuestras cunas, cuyas letras y leyes aún persisten, nos obligan y nos refrenan». Dice también que «los que gustan de hablar mal de las misiones, tanto si son católicas como protestantes, no encontrarán en mis páginas nada que les complazca. Los misioneros católicos y protestantes, a pesar de todas sus imperfecciones, de su falta de candor, buen humor y sentido común, siguen siendo los blancos más útiles y los mejores del Pacífico». Igual que también apunta que prefiere la declaración de un nativo inteligente a cualquier narración de un viajero occidental…

Luego, en un libro titulado Viajes por Hawai hay varios artículos titulados Las ocho islas, algunos de los cuales están en el libro anterior, y 22 cartas personales, de Stevenson y de su mujer, escritas desde allí a distintas personas. Los artículos, que se publicaron en el Sun, de Nueva York, en 1891, se titulan «La costa de Kona», «Una carrera por el bosque», «La ciudad de refugio», «Ka’ahumanu», «Los leprosos de Kona», «El lazareto», «El lazareto (continuación)», «El lazareto hoy día», «La isla libre», «Otro Molokai». Las cartas, que se publicaron por primera vez en 1911, son variadas: unas dan idea de las dificultades que pasaron y de las satisfacciones que tuvieron; otras hablan de algunos libros que estaba escribiendo Stevenson entonces; pero, sobre todo, entre ellas está la famosa carta titulada «Al reverendo doctor Hyde». Esta es una defensa cerrada del trabajo del Padre Damián entre los leprosos de Molokai y un ataque furibundo a la hipocresía del pastor protestante C. M. Hyde, que había escrito una carta difamatoria contra Damián.

Robert Louis Stevenson. En los mares del Sur (In the South Seas, 1896). Barcelona: Ediciones B, 1999; 406 pp.; col. Biblioteca Grandes Viajeros; trad. de Agustín Esclasans; prólogo de Horacio Vázquez Rial; ISBN: 84-406-9247-1.
Robert Louis Stevenson. Viajes por Hawai (1891 y 1911). Barcelona: Abraxas, 2001; 157 pp.; col. Milenio; trad. de Miguel Giménez Saurina; ISBN: 978-84-95536-30-7.


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viernes, 24 de abril de 2015

Los amigos, de Kazumi Yumoto, fue un relato compuesto por la escritora para llegar a ser una película, como efectivamente lo fue. Está un poco basado en lo que ella vivió cuando murió su abuelo, como cuenta en el epílogo. Su argumento es que tres chicos japoneses de unos doce años se plantean que nunca han visto morir a alguien y que no saben nada de qué pasa cuando uno se muere. Con ese motivo, hacen un plan para espiar a un viejo que les parece que no tardará en morirse. Pero el viejo se da cuenta: entabla trato con ellos y el caso que le hacen le da nuevos ánimos.

Están bien dibujadas las personalidades de cada chico: el narrador, Kiyama, sensato y responsable; Kawabe, nervioso e impulsivo, enfadado por su situación familiar; y el gordo Yamashita, tranquilo y algo apático. Todo sucede de modo calmado, con muchos diálogos. Dentro de las peculiaridades del ambiente local que se refleja, las situaciones son normales y, a veces, resultan divertidas: se presentan bien bastantes reacciones propias de chicos. Es verosímil cómo los protagonistas aprenden, refuerzan su amistad, y maduran.

No es que las reflexiones sobre la muerte que hacen los chicos vayan muy lejos pero tienen interés. Así, recuerda Kiyama, «un tío mío me dijo hace mucho, mucho tiempo que morirse es dejar de respirar. En aquel momento, le creí. Pero ahora sé que no es verdad. Vivir es algo más que respirar. Y morir tiene que ser algo más que respirar, supongo». También Kawabe apunta en una ocasión: «si lo pensamos bien, es un milagro que sigamos vivos». Y Yamashita señala que si un amigo tuyo muere cuida de ti desde el más allá… y eso es como si fueras invencible.

Kazumi Yumoto. Los amigos (Natsu no Niwa, 1992). Madrid: Nocturna, 2015; 211 pp.; trad. de José Pazó Espinosa; ISBN: 978-84-943354-1-9. [Vista del libro en amazon.es]

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jueves, 23 de abril de 2015

Se ha publicado una nueva edición de La prisión blanca con el título de Endurance. El Legendario Viaje De Shackleton Al Polo Sur.

También, unos meses antes, se publicó El viaje de Shackleton, de William Grill, un relato de los mismos sucesos pero construido como una novela gráfica o como un gran álbum ilustrado informativo. Esta edición ha sido elogiada, con razón, por la calidad y atractivo de sus imágenes preparadas con lápices de colores —que a veces son ilustraciones pictóricas de gran formato y a veces son dibujos minuciosos—, y por la buena organización y presentación de la mucha información que contiene, en la que no faltan diagramas, inventarios, listas…, etc. Un libro magnífico del que aquí hay un comentario algo más largo.

William Grill. El viaje de Shackleton (Shackleton's Journey, 2014). Madrid: Impedimenta, 2014; 76 pp.; trad. de Pilar Adón; col. El chico amarillo; ISBN: 978-8415979326. [Vista del libro en amazon.es]

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miércoles, 22 de abril de 2015

Ojalá pudiera formular un deseo es libro semejante a otros anteriores de Jimmy Liao. En la primera guarda izquierda un niño en pijama dice «¡Uf! Sueño que estoy en un sueño ajeno». En la siguiente doble página, un niño de espaldas, con otro traje, por lo que o no es el mismo niño o es el mismo niño pero dentro de un sueño, está de espaldas y mira un cielo estrellado y dice «Ojalá pudiera formular un deseo»… Y a continuación se ven muchas escenas en las que vemos deseos de distinta clase de niños y niñas diferentes… En las últimas dobles páginas el niño del principio, al modo de Little Nemo, se despierta: «he tenido un sueño»

Hay poco que decir a quien ya conozca los demás libros de Liao. En este también se suceden imágenes ricas y pensamientos sugerentes sin que parezca haber una pretensión de hilarlas de un modo totalmente coherente. Se alternan imágenes en color, en las que aparece el niño del principio, e imágenes en blanco y negro para cuando aparecen otros personajes. En muchas se ve al habitual gato de Liao que observa o nos mira. Parece como si Liao, libro tras libro, fuese haciendo intentos de atrapar una realidad evanescente con seudoargumentos sin hilar del todo.  

Jimmy Liao. Ojalá pudiera formular un deseo (I Wish I Could Make I Wish, 2012). Granada: Barbara Fiore, 2014; 120 pp.; trad. de Jordi Ainaud i Escudero; ISBN: 978-84-15208-48-8. [Vista del libro en amazon.es]

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martes, 21 de abril de 2015

Rabo de lagartija, con imágenes de Alejandro Galindo y texto de Marisa López Soria, tiene como protagonista y narrador a un niño hiperactivo. Sus padres le organizan su caótica habitación, celebra su cumpleaños, juega con sus amigos —«chulísimo el juego de quedarse quietoparao»—, ve una cría de lagartija —de la que dice que «es plana y verde, larguirucha, y la mayor parte de su cuerpo es una cola inquieta que parece que tiene azogue»—…

No hay tanto un argumento como una sucesión de momentos de la vida del chico. El texto está cuidado aunque vaya por encima del nivel que se le supone al protagonista. Las ilustraciones, a lo Sempé, son dibujos ágiles y abocetados, con detalles y mucho movimiento. Los personajes son divertidos y aparecen en toda clase de posturas: casi parece que todos se mueven más que el protagonista, un chico tan narigudo como su padre y su abuela.

Alejandro Galindo. Rabo de lagartija (2015). Texto de Marisa López Soria. Barcelona: Destino, 2015; 25 pp.; ISBN: 978-84-08-13603-3. [Vista del libro en amazon.es]

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lunes, 20 de abril de 2015

Mi rinoceronte también come crepes,
de Sara Ogilvie y Anna Kemp, trata sobre una niña a la que sus padres no escuchan. Una mañana,«mientras Dalia desayunaba apareció en la cocina un enorme rinoceronte de color morado», pero sus padres no le hacen caso porque están muy ocupados. La narración dice: «NADIE LA ESCUCHÓ». Así que el rino se instala en su casa y se hace amigo de Dalia. Aún así, «los padres de Dalia no se daban cuenta de nada», «hasta que se acabaron los crepes». Pero ni con esas: sus padres siguen sin creerse lo del rinoceronte y deciden ir al zoo para que Dalia vea un rinoceronte de verdad.

La historia comienza como Ahora no, Fernando, pero la evolución del problema de Dalia y del comportamiento de los padres acaba siendo diferente. Es también un caso, como dije a propósito de Un elefante rosa, en el que se trata de dejarse llevar por el argumento sin pretender sacar grandes conclusiones. La narración avanza con ilustraciones a doble página completa y, a veces, con una, dos o tres imágenes en cada página. Las figuras, muchas veces hechas con dibujos contorneados por líneas hechas sin interrupción, son muy simpáticas. Están muy conseguidas también las expresiones de la niña, de desconcierto y frustración al ver que sus padres no le hacen caso, y las del apacible y comilón rino.

Sara Ogilvie. Mi rinoceronte también come crepes (Rhinos don’t eat Pancakes, 2011). Texto de Anna Kemp. Barcelona: Blume, 2014; 30 pp.; trad. de Cristina Rodríguez Fischer; ISBN: 978-84-9801-773-1. [Vista del libro en amazon.es]

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sábado, 18 de abril de 2015

Un segundo tipo de los libros de viajes de Stevenson fueron los que, a continuación de los anteriores, contaban sus viajes a y dentro de los Estados Unidos.

En El emigrante por gusto (o El emigrante amateur, en otras ediciones) contó las experiencias del viaje que hizo, en barco, desde Glasgow a Nueva York, y en A través de las praderas narró el viaje que, a continuación del anterior, hizo el mismo año 1889 desde Nueva York a California, en ferrocarril. Ambos fueron libros que se publicaron en 1883 en versión abreviada, pues el padre de Stevenson pagó para que se cortasen algunas cosas, y que salieron en 1894 en su versión íntegra. Es interesante señalar el enfoque de ambos libros: Stevenson habla de quienes, no como él, viajaban por necesidad y subraya la esperanza, y también la desesperanza, de quienes marchan sin ánimo de regresar y como a la busca de una supuesta tierra prometida.

Otro relato singular fue Los colonos de Silverado, acerca de la estancia de Stevenson y Fanny Osbourne, recién casados, junto con Lloyd, el hijo de Fanny, en una mina abandonada en el Valle de Napa del condado californiano del mismo nombre. En ambientes así Stevenson se deja llevar por la nostalgia cuando recuerda Edimburgo: aunque dice que no sabe si desea vivir allí, señala que «la mayor felicidad en la tierra es haber nacido escocés. Hay que pagarlo de muchas formas, como otras ventajas en la tierra. Hay que aprender las paráfrasis y el catecismo más corto; generalmente hay que aficionarse a la bebida; tu juventud, por lo que puedo saber, es una época de guerra más abierta contra la sociedad, de más algaradas, lágrimas y tumultos que si hubieras nacido, por ejemplo, en Inglaterra. Pero de algún modo, la vida es más cálida y más íntima; el hogar arde más rojo; las luces de casa brillan más suaves sobre la calle lluviosa; los mismos nombres, que se han hecho querer a través del verso y la música, se ciñen más íntimamente alrededor de nuestros corazones».

Además, quien esté interesado en más textos del mismo género firmados por Stevenson los encontrará en el libro titulado Viajar. Ensayos sobre viajes, . En él se reúnen distintos libros y artículos del autor: aparte de los ya citados Edimburgo, notas pintorescas, El emigrante amateur y A través de las llanuras, que son los más largos, muchos otros textos cortos, unos sobre distintos lugares europeos (Davos, Fontainebleau, los Alpes, etc.) y otros sobre ciudades norteamericanas (La antigua capital de Pacífico, Nueva York...). También hay un texto titulado «Rosa quo locorum. Recuerdos desordenados», en el que hay, sobre todo, evocaciones de sus lecturas de infancia y juventud.

Robert Louis Stevenson.
Navegar tierra adentro (An Inland Voyage, 1878). Barcelona: Alhena Media, 2008; 207 pp.; trad. y prólogo de Miguel Martínez Lage; ISBN: 978-84-96434-09-7.
Edimburgo, notas pintorescas (Edinburgh: Picturesque Notes, 1878). Contenido en Viajar. Ensayos sobre viajes, Madrid: Páginas de Espuma, 2014; 78 pp. de 470 pp.; col. Voces/Ensayos; trad. de Amelia Pérez de Villar; ISBN: 978-84-8393-177-6.
Viajes con una burra (Travels with a Donkey in the Cévennes, 1879). Madrid: Maeva, 1998; 210 pp.; trad. de Alejandro Pareja; ISBN: 84-86478-77-4.
El emigrante por gusto (The Amateur Emigrant, 1883 en versión abreviada, 1894 en versión íntegra). Barcelona: Alba, 2000; 144 pp.; col. Alba Clásica; trad. y nota preliminar de Miguel Martínez-Lage; prefacio de Fanny Stevenson; ISBN: 84-8428-018-7.
A través de las praderas (Across the Plains, 1883 en versión abreviada, 1894 en versión íntegra), 56 pp. y trad. de Julio Vacareza, en Obras selectas (incluye La isla del tesoro, El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde, Olalla, La flecha negra, Cuentos de los mares del sur, A través de las praderas, Otras memorias y ensayos). Madrid: Espasa, 1999; 1046 pp.; varios traductores; prólogo de Fernando Savater; ISBN: 84-239-9316-7.
Los colonos de Silverado (The Silverado Squatters, 1883). Edición que también contiene Un retrato íntimo de R. L. S., de Lloyd Osbourne. Madrid: Valdemar, 1993; 100 de 194 pp.; trad. de Miguel Hernández; ISBN: 84-7702-075-2.
Viajar. Ensayos sobre viajes. Madrid: Páginas de Espuma, 2014; 470 pp.; col. Voces/Ensayos; trad. de Amelia Pérez de Villar; ISBN: 978-84-8393-177-6. [Vista del libro en amazon.es]


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viernes, 17 de abril de 2015

La recién reeditada Perros perdidos sin collar, de Gilbert Cesbron, fue una novela que tuvo un gran éxito en los años cincuenta y sesenta: vendió varios millones de ejemplares.

Ambientada en la Francia posterior a la segunda Guerra Mundial, presenta las vidas de unos niños huérfanos, o pertenecientes a familias que viven en condiciones miserables, a veces delincuentes, y de las personas que los tutelan: jueces, médicos, policías, asistentes sociales, cuidadores de los orfanatos. Los principales protagonistas, aunque son muchos los personajes, son un niño huérfano llamado Alain Robert, un chico algo mayor llamado Marco Forgeot al que mandan a vivir lejos de sus padres, y, entre todos los adultos, el juez Lamy del Tribunal de Menores.

La narración es una sucesión de incidentes e interrogatorios: envío de Alain y de Marco a un correccional en Terneray; sucesos de distinto tipo allí; escapadas de algunos por varias razones; escenas en las se nos dan a conocer los mundos interiores de los chicos; conversaciones de toda clase entre unos y otros. Se ponen de manifiesto las preocupaciones de los adultos que tratan con esos niños: se mueven con espíritu cristiano, tienen grandes deseos de ayudarles, una fuerte conciencia de lo poco que pueden hacer y de la importancia de lo que hacen. Afrontan sus deberes con abnegación ejemplar y espíritu dolorido: así, del inspector Marcelo se nos dice que «era un policía cristiano: tenía pocas posibilidades de éxito y ninguna de ser dichoso».

La novela está bien escrita pero no será fácil de leer para todos: el realismo periodístico con el que se describen los ambientes y la misma crudeza de los hechos contribuyen a que todo suene antiguo; el relato no tiene un hilo que tire del lector y está centrado no tanto en lo que ocurre como en los sufrimientos de todos; el tono enfático con el que se subrayan algunas cosas también puede alejar a otros lectores. Sin embargo, es una novela poderosa, de las que dejan una fuerte impresión de sinceridad y honradez, de las que se ve que han sido construidas para conmover pero sin falsas trampas emocionales; también queda claro que el autor procura ser ecuánime a la hora de hablar del sufrimiento de los más pobres y a la hora de combatir las actitudes de superioridad de los que no tienen problemas y se consideran autorizados a juzgar a los otros.

El juez Lamy, al final, resume su modo de actuar en algunos consejos que transmite a quien le sustituirá en el Tribunal de Menores: «Juzgue usted siempre al niño por lo que es y no por lo que ha hecho»; «tenga usted paciencia para resolver los casos uno por uno»; «dé la sensación siempre de mirar por el niño: ¡respete hasta su vanidad! ¡Siente tal necesidad de crecer! Y no se crece sin romper la cáscara. No diga usted nunca: ¡Éste merece salvarse...! Todos tienen derecho a ello; ¡y usted tiene el deber de salvarlos a todos, uno por uno...! ¡Hacen el mal, pero sueñan con el bien... esté usted seguro!».

Gilbert Cesbron. Perros perdidos sin collar (Chiens perdus sans collier, 1953). Madrid: Encuentro, 2015; 293 pp.; col. Literatura; trad. de María Barbeito y Cerviño; ISBN: 978-84-9055-078-6. [Vista del libro en amazon.es]

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jueves, 16 de abril de 2015

He leído recientemente a Francesco Tonucci, gracias a Mar Romera. Así que, después de la experiencia, recomiendo Frato. 40 años con ojos de niño, un libro que reúne una selección de sus dibujos, desde 1968 hasta 2007. De los varios prólogos que acompañan la edición, explicando algunas ideas de Tonucci, los únicos imprescindibles son el de su amigo Gianni Rodari, fallecido antes de la publicación del libro, y el del mismo autor. En este, Tonucci explica cómo la escuela es un mundo difícil para la sátira en el que, sin embargo, sus chistes han logrado entrar y han conseguido algunos avances en la defensa de los niños.

Los dibujos se agrupan en varios apartados: Esperando a nacer, Los primeros días, Antes de la escuela, Voy a hacerme mayor, El misterio del sexo, El juego, El difícil oficio del alumno, El difícil oficio del maestro, El difícil oficio de padres y madres, Cuando el niño está enfermo, El niño ciudadano, Pensamientos de paz. Muchos consiguen de lleno el objetivo de hacer reflexionar a los adultos y de poner de relieve algunos errores educativos, «no sólo de los pobres maestros tradicionales sino también de los progresistas, para quienes yo he trabajado toda la vida». Esta objetividad, en defensa del niño y sin apriorismos ideológicos, da un gran atractivo a las ideas y propuestas de Tonucci.

Francesco Tonucci. Frato. 40 años con ojos de niño (2007). Barcelona: Graó, 2007; 252 pp.; col. Micro-macro Referencias, ISBN: 978-84-7827-507-6. [Vista del libro en amazon.es]

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miércoles, 15 de abril de 2015

Me ha alegrado la edición de las historias de Manos Kelly, de Antonio Hernández Palacios, que se acaba de publicar, y que contiene Un español en el Oeste (1971), La montaña del oro (1972), La tumba del oro (1973) y La guerra Cayuso (1984).

Igual que dije con motivo de la edición de Tanguy y Laverdure me alegra por motivos nostálgicos —fui lector de Manos Kelly en los años 70—, pero también porque su gran categoría merece ser reconocida. Categoría gráfica, pues la calidad de los dibujos es excepcional y su presentación en cómic también lo es: no era frecuente la enorme variedad de tamaño de las viñetas, se integran bien en el relato recuerdos de unos y otros personajes en otras tintas, otros tonos y otros marcos. Categoría narrativa, pues la reconstrucción histórica pretende reivindicar otra forma de contar la llamada conquista del Oeste y presentar a héroes distintos de los habituales en el cine de la época: Manos Kelly, hijo de irlandés y de española, empieza sus andanzas en 1848, cuando acaba de terminar la guerra entre los Estados del Norte y México, y tendrá más compañeros españoles en sus peripecias. Sin duda, los guiones podrían ser mejores, sobre todo si los comparamos con los de Charlier, pero en cualquier caso están más que bien.

Antonio Hernández Palacios. Integral Manos Kelly (2015). Tarragona: Ponent Mon, 2014; 214 pp.; prólogo de Luis Alberto de Cuenca; ISBN: 978-1-908007-56-8. [Vista del libro en amazon.es]

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martes, 14 de abril de 2015

Hace años leí, pero no tomé notas, de un libro gracioso de gran éxito en los años cincuenta y sesenta: El trasto de mi hermanita de Dorothy Edwards con ilustraciones de Shirley Hughes. En esa tradición está Nana y yo, de Jenny Valentine. La narradora, Moni, habla de su vida familiar, en especial de su hermana pequeña Nana, de cinco años. Cada capítulo cuenta un episodio como, por ejemplo, cuando Nana, que en realidad se llama Sofía, se empeñó en que todos la llamaran Nana; cuando sus padres trajeron a una canguro resuelta e imaginativa que, al principio, a Nana no le cae bien; cuando tuvieron que empaquetarlo todo para un traslado de casa… Son anécdotas normales, simpáticas, porque la pequeña Nana es chispeante y la narradora tiene un tono sereno, y amables porque las actitudes de los padres antes las travesuras y las salidas de las niñas son bienhumoradas. Es cierto que tanto la forma de narrar de Moni, como algunas de las observaciones de Nana, parecen ir por encima de sus edades respectivas, pero a los lectores no les importará mucho. Las ilustraciones son dibujos sencillos que acompañan el texto y ponen caras a los protagonistas.

Jenny Valentine. Nana y yo (Iggy & Me, 2009). Madrid: Maeva, 2014; 155 pp.; ilust. de Joe Berger; trad. de Rocío de Isasa; ISBN: 978-84-15532-90-3.
Dorothy Edwards. El trasto de mi hermanita (My Naughty Little Sister, 1962). Madrid: Alfaguara, 1985, 2ª ed.; 98 pp.; col. Juvenil alfaguara; ilust. de Shirley Hughes; ISBN: 842043129X.

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lunes, 13 de abril de 2015

Un buen álbum más de Patrick McDonnell sobre un monstruo amable: El monstruo de los monstruos.

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domingo, 12 de abril de 2015

Historia del mundo en el siglo XX, de Onésimo Díaz, es una panorámica del siglo XX —que abarca también las décadas que omite John Lukacs en Historia mínima—, con la interesante singularidad de que ilustra los sucesivos apartados con biografías, novelas y películas ambientadas en la época correspondiente. Además de ayudarme a comprender algo mejor los hechos históricos, me ha servido para tomar nota de una veintena de libros para leer en el futuro. Aquí está una reseña extensa.

Onésimo Díaz Hernández. Historia del mundo en el siglo XX (a través de las grandes biografías, novelas y películas) (2014). Barcelona: Base, 2014; 405 pp.; col. Base Hispánica; ISBN: 978-84-15706-21-2. [
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sábado, 11 de abril de 2015

Una primera parte de las obras de viajes de Stevenson son las que se desarrollan en Europa.

En Navegar tierra adentro cuenta el que fue su primer viaje fuera de Escocia, que tuvo lugar en 1876. Acompañado de un amigo, comenzó en Amberes y, a través de ríos y canales, llegó hasta París, donde conoció a la que sería su mujer, Fanny Osbourne. Fue la primera de las obras que publicó. El último capítulo, «De vuelta al mundo», después de hablar de su deseo de volver por fin al trabajo y a tratar con la gente que comprende su idioma y no con aquellos que le ven como una curiosidad, termina con una frase característica y citadísima de Stevenson: «Las más bellas aventuras no son aquellas cuya búsqueda emprendemos lejos».

En Edimburgo, notas pintorescas reúne distintos textos que hablan de la historia, los lugares y edificios, y las leyendas de Edimburgo. El autor despliega su buen humor al mismo tiempo que sus opiniones, no siempre agradables para quienes fueron sus conciudadanos. Así, nada más comenzar ya dice que «tiene uno de los peores climas que hay bajo la capa del cielo», idea que repetirá más veces, por ejemplo cuando dice que nadie que no lo haya sufrido en sus carnes «puede entender lo sórdido y deprimente que es el invierno en Edimburgo». Pero, a veces, sus comentarios van más al fondo y nos hacen pensar en la huella que dejó en él aquél ambiente: «no hay estruendo en este mundo más funesto que las campanas del Sabbath sonando en Edimburgo: una rigurosa alarma eclesiástica, la protesta de ortodoxias incongruentes que instan a los que asisten a sus conciliábulos a que presenten una protesta, cada una en su propio templo, contra “los extremos de la derecha y las traiciones de la izquierda”».

El tercer libro de Stevenson fue Viajes con una burra, la narración de un viaje de casi quince días por los Cevennes, montañas en el centro-sur de Francia, en la burra Modestine y sin nadie que le hiciera compañía. Lo escribió por interés económico —deseaba tener dinero sin depender de su familia—, tenía 28 años y parece que deseaba tanto ponerse a sí mismo a prueba como pensar en el paso que iba a dar: marcharse a los Estados Unidos para reunirse con Fanny Osbourne. Fue un libro casi escrito sobre la marcha y está considerado como uno de los primeros libros que presentan el paseo por el campo y la acampada como actividades llamémoslas deportivas. Uno de los elementos cómicos y amables del relato es el trato que mantiene con la burra, un ser paciente y tozudo.

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viernes, 10 de abril de 2015

En semanas sucesivas voy a ir poniendo comentarios y reseñas sobre distintos libros de Stevenson. Como hace poco se ha publicado Viajar. Ensayos sobre viajes empiezo por los artículos y libros de viajes, que dan mucha idea de, por un lado, su talante humano y, por otro, de su continuo esfuerzo por convertirlo todo en escritura, y en escritura de calidad.

En ellos se ve bien su espíritu observador, su interés en conocer a toda clase de personas, su sentido positivo ante los inconvenientes, su afabilidad y amabilidad en el trato sin distinción de clases… También se aprecia la precisión de su escritura, su capacidad para la descripción justa y para el dibujo de personajes de muy distinto tipo, su sentido de la oportunidad para contar una anécdota, etc. Y no faltan observaciones apropiadas de carácter permanente, como la de que «el turismo es el arte de la decepción» (Los colonos de Silverado).

Además, dejan ver también parte de su vida pasada, su mundo interior y sus preocupaciones. Así, en Notas sobre Edimburgo, señala lo sórdido y deprimente que es el invierno en Edimburgo (igual que en El emigrante amateur dirá que «hay una cosa que no se aprende en Escocia: la manera de ser feliz»). En Fontainebleau. Comunidades de pintores, dice que hay algo en el aire mismo de Francia que transmite amor por el estilo y apunta cómo, en París, el arte parece estar vivo.

En El emigrante amateur afirma que «la charla de un obrero suele ser más interesante que la de un comerciante adinerado, porque sus ideas, esperanzas y miedos, aquellos de los que se compone su vida, están más cerca de la naturaleza y la necesidad. Son más inmediatos, su relación más estrecha con la existencia humana. Calcular los ingresos de una semana es algo mucho más humano que calcular los de todo un año, y una renta exigua, aunque sólo sea por su escasez, es más humana que una abundante».

En A través de las praderas, al describir la situación de los indios norteamericanos escribe: «me avergoncé enormemente de lo que llamamos civilización. Deberíamos, al menos, sentir cierto cargo de conciencia por el mal comportamiento de nuestros antecesores, ya que continuamos sacando provecho de la situación».

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jueves, 9 de abril de 2015

La lectura de Perillán, del recientemente fallecido Terry Pratchett, fue una decepción. Igual que algunos libros últimos de su producción, se ve que confeccionados no tanto por él como por personas de su entorno debido a su enfermedad, está por debajo de su categoría. Seguramente sería un libro elogiable si viniera firmado por un autor joven, pues es ameno, pero de Pratchett esperamos más... y otra cosa. Aquí no brilla su ingenio despreocupado típico: todo es demasiado pedagógico para los lectores jóvenes y al narrador se le nota el afán por ofrecer una novela políticamente correctísima. Se me ha ocurrido en el pasado releer pasajes de novelas del Mundodisco, y seguro que se me ocurrirá de nuevo en el futuro, pero no se me ocurrirá nunca volver a esta novela.

El héroe, inspirado en Artful Dodger, jefe de los pilluelos que trabajaban para el judío Fagin en Oliver Twist, tiene 17 años y su oficio es saquear las alcantarillas. Vive con Solomon Cohen, un hombre mayor, judío, masón, amigo de juventud de Karl Marx, nada menos. Todo comienza cuando Perillán ve a unos tipos que maltratan a una chica y acude a rescatarla, con la suerte de que Dickens pasaba por allí y se hace cargo del talento natural de Perillán. A partir de ahí se trata de que a la chica no la deporten pero, como eso significa un conflicto diplomático, Perillán se pone manos a la obra mientras la policía y el mismo primer ministro Disraeli miran hacia otro lado.

El tono es de farsa irónica, con acentos propios de una novela picaresca, pero ni hay momentos de verdadera gracia —algo curioso en Pratchett— ni los tipos humanos y las relaciones entre ellos resultan mínimamente creíbles: lo son más en cualquier melodrama dickensiano. La tensión del argumento está, sólo, en cómo Perillán va ganando educación y hábitos de higiene para, llegado el momento, poder irse con la chica, un personaje de lo más endeble. Son escasos los incidentes que cabría llamar de acción y abundantes los de vida social y las explicaciones de todo tipo que le da Solomon (un héroe construido, de más está decirlo, a la contra de Fagin). Por ejemplo, le dice cosas como esta: «—Mmm, veamos —dijo—, si un día renunciaras a guarrear en… bueno, en guarrerías, podría hablarte de los escritos de Spinoza, un filósofo que te podría ampliar la mente porque, si quieres mi opinión, tienes espacio de sobra, y te transmitiría la naturaleza del ateísmo, que cuestiona la creencia en Dios. Por lo que a mí respecta, algunos días creo en Dios y otros días no creo».

Terry Pratchett. Perillán (Dodger, 2013). Barcelona: Fantascy, 2014; 397 pp.; trad. de Manu Viciano; ISBN: 978-84-15831-23-5. [
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miércoles, 8 de abril de 2015

Al poner en la página Yotán recordé que, hace años, leí y tomé notas de un magnífico relato corto, de gran intensidad, sobre una niña discapacitada: El sol es un techo altísimo, de la mexicana Liliana Santirso.

Una paloma y un gato, un chico muy activo y su hermana, muda e inexpresiva, son los protagonistas. En los tres primeros capítulos, la paloma, Federico y Elia nos dan a conocer sus mundos interiores. Y en el cuarto capítulo, en tercera persona, se cuenta un mínimo suceso: la persona que la cuida deja en la calle a Elia, los chicos que juegan bromean cruelmente con ella y la derriban, el gato se abalanza sobre la paloma...

Es un acierto el modo de contar las cosas: el escalonamiento paloma-Federico-Elia, la voz propia de cada narrador, el final como un grito.

Así se cuentan las reflexiones de la paloma: «Elia no juega con los niños. Me mira fijo, tan fijamente desde su ventana que parece llamarme. Y yo le hablo también aunque no le digo nada. [...] —Elia, me gusta esta calle cerrada; es casi como un parque con pocas casas; me gustan las ventanas y el ruido de las voces. Pero de todo esto, Elia, me gustan más, mucho más, tus ojos fijos que nada esconden».

Así se refleja el talante de Federico y, de paso, se deja entrever una parte del problema: «Le tiré todo el arroz a Elia con mi cerbatana, y ni llora ni se queja. [...] ¿No será marciana Elia? ¿Y si la meto en una caja como si fuera una nave espacial? No, mejor no. La última vez que la encerré me castigaron. Quien sabe por qué si nadie la quiere; contratan gente para no atenderla».

Y así se muestra qué piensa Elia cuando mira por la ventana: «La paloma está siempre. La paloma y la calle. La paloma no habla. No me llama Elia. La paloma no me dice tonta».

Liliana Santirso. El sol es un techo altísimo (1988). Amecameca: Editorial Amaquemecan, 1989; 20 pp.; col. Integración; ilust. de la autora. Otra edición en Buenos Aires: Colihue, 1995; ISBN: 84-348-6557-2. El relato puede leerse completo en esta dirección de internet.

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martes, 7 de abril de 2015

Al principio de Formas, de Claudia Rueda, vemos una figura esquemática de niño que lleva entre las manos un triángulo rojo con uno de los lados redondeado. Avanza hacia la derecha cruzándose con distintas personas hasta que, cuando parece haber pasado un paso cebra, irrumpe desde la izquierda otra figura que lleva un círculo rojo en el que falta un sector con la forma del que llevaba entre las manos el primer chico. El avance se detiene y ambos personajes charlan un rato como viendo qué hacer. El segundo elige una opción inesperada: convierte los dos trozos en una figura de pez que arroja al mar. Ahora vemos avanzar al pez de nuevo hacia la derecha donde un barco lo captura en sus redes… Etc.

Algunos álbumes hacen que la transformación de una forma en otra, al pasar cada página, sea sorprendente pero tenga una cierta lógica como, por ejemplo, El globito rojo. Otros juegan más a desafiar al lector haciendo aparecer cosas gráficamente posibles, sí, pero nada previsibles como, por ejemplo, ¡Oh! En Formas la autora juega con los dos conceptos y construye una buena narración donde suceden cosas imprevistas que, a la vez, tienen lógica gráfica e imaginativa. Está muy conseguido el ritmo narrativo descrito arriba —avance hacia la derecha, irrupción desde la izquierda y detención, nuevo avance hacia la derecha, nueva irrupción desde la izquierda, nueva detención, etc.— y es un acierto la resolución final.

Claudia Rueda. Formas (2009). Barcelona: Océano travesía, 2009; 76 pp.; ISBN: 978-84-494-3845-5. [Vista del libro en amazon.es]

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lunes, 6 de abril de 2015

La biblioteca nocturna, de Kazuno Kohara, habla de una bulliciosa biblioteca que sólo abre por la noche. La bibliotecaria es una niña que tiene tres búhos ayudantes. La historia cuenta cómo la chica resuelve varios problemas: el de unas ardillas ruidosas, el de un lobo que llora cuando lee y el de una Tortuga que no ha logrado terminar su libro cuando todos se marchan.

El argumento del relato no tiene tensión pues es puramente descriptivo de algunas acciones, pero el álbum, como tal, tiene mucho encanto debido al estilo retro, tan singular, de unas ilustraciones que son grabados en linóleo. Las figuras están contorneadas con líneas gruesas y son amables, por lo que la oscuridad de fondo de todas las ilustraciones, aliviada con amarillos y naranjas para personajes y algunos fondos, y azules para los libros, resulta incluso acogedora.

Kazuno Kohara. La biblioteca nocturna (The Midnight Library, 2014). Barcelona: Picarona, 2014; 28 pp.; trad. de Joana Delgado; ISBN: 978-84-941549-9-7. [Vista del libro en amazon.es]

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sábado, 4 de abril de 2015

He puesto datos de nuevas ediciones, o ediciones que no había puesto tiempo atrás, de Los chicos del ferrocarril, La sorpresa, Leonor de Aquitania.

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viernes, 3 de abril de 2015

Con motivo de su fallecimiento he actualizado y mejorado un poco las voces de Montserrat del Amo, Margaret Graham y Yaşar Kemal.

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jueves, 2 de abril de 2015

El libro de Yotán, de Arthur Powers, me ha parecido un libro de una intensidad fuera de lo común, algo a lo que también contribuye la excelente traducción. El pequeño prefacio pone al lector en antecedentes: el autor habla de que hubo una época en su vida en la que daba muchas vueltas al papel de las personas con discapacidad mental en el plan de Dios y que, un día, en 1979, mientras rezaba, le vino esta historia a la cabeza. En una nota final cuenta su vida y la génesis del libro, que lo tuvo escrito durante años hasta que decidió publicarlo en 2012.

Israel, tiempos de Jesucristo. Yotán es un chico discapacitado, físicamente muy grande y con dificultades para expresarse. Su madre, a quien quería, fallece, y su padre, a quien siempre notó distante, le abandona. Un día, en medio de la gente, nota la presencia de alguien luminoso, y percibe lo que significa la palabra «Abbá» (padre), que hasta entonces le resultaba incómoda. En voz baja dice «Abbá» y, entonces, Jesucristo le oye y se dirige a él pidiéndole que le acompañe, junto con sus discípulos. Así que Yotán lo hace y comparte con ellos distintos momentos de sus vidas, incluidas la muerte de Cruz, la Resurrección y la Ascensión.

La narración, en tercera persona pero indicando lo que siente y oye Yotán, es deliberadamente sencilla y no contiene explicación adicional alguna, por lo que su eficacia dependerá mucho de que el lector ya conozca las escenas que se narran y quiénes son los personajes que intervienen: Jesucristo, Judas, Tomás, María Magdalena, etc. Es un enorme acierto que no haya descripciones de tipo poético sino yuxtaposiciones, que transmiten directamente las emociones básicas de Yotán al lector. Por ejemplo, en una ocasión en la que pasea por Jerusalén, se cuentan las cosas así:

«Mercado. Luz de sol sobre la fruta de vivos colores. Carne colgada de postes. Moscas. Luz de sol sobre el cuero curtido.
Ojos de María. Su sonrisa. Tu corazón baila dentro de ti.
Mercachifles. Mendigos. Hombres de piel blanca con ropajes ligeros. Hombres de piel oscura con largas vestiduras.
Cálida luz de sol».

Por otro lado, los diálogos que Yotán oye a los Apóstoles, entre sí y con Jesucristo, ponen de manifiesto las distintas personalidades e intereses de los que hablan y van respondiendo más o menos a la cuestión que originó el libro:

«—Yotán no necesita curación, Tomás.
—¿Y el ciego sí…?
Abbá dibuja. Suave sonido del palo en la tierra.
—No estamos aquí para cambiar lo de fuera, Tomás. Estamos aquí para cambiar lo de dentro.
—Pero, rabí, ¡el ciego vio!
Abbá levanta la vista. Sostiene el palo en una mano, golpea suavemente la palma de la otra. Tap. Tap.
—Sí, vio. Y, cuando vio, desapareció la ceguera. Cuando cambias lo de dentro, lo de fuera cambia por sí solo.
—Entonces podemos curar toda ceguera, rabí. —Voz de Judas.
—Hay quienes tienen ojos ciegos, pero ven. Otros tienen ojos que ven, pero están ciegos. No podemos curar todas las cegueras del corazón, Judas. Y no es necesario curar todas las cegueras de los ojos.»

Arthur Powers. El libro de Yotán (The Book of Jotham, 2012). Madrid: Palabra, 2014; 108 pp.; trad. de José Gabriel Rodríguez Pazos; ISBN: 978-84-9061-113-5. [Vista del libro en amazon.es]

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miércoles, 1 de abril de 2015

Ha sido una gran satisfacción —por nostalgia de antiguo lector, sí, pero también por comprobar la enorme calidad de su confección, diría incluso que por encima de lo que recordaba— ver y leer con calma la edición completa de los dos primeros tomos de Tanguy y Laverdure, de Jean-Michel Charlier y Albert Uderzo.

La edición es magnífica, pues tiene también unos buenos prólogos con la biografía y el trabajo de los autores, y con observaciones de interés sobre la serie y el impacto que causó. Las historias son emocionantes —de las que hacen comprender la descripción que hizo Hugo Pratt de que el cómic era «el cine de los pobres»—, la documentación en la que se basan es buena —Charlier se hizo piloto y tanto él como Uderzo estuvieron en las bases y en los aviones de los que hablan—, los guiones están estructurados con maestría, y los dibujos son sensacionales.

En Escuela de águilas, los dos héroes llegan a la escuela de vuelo de Mequínez; se ponen de manifiesto enseguida las personalidades de Tanguy —eficiente, responsable…—, y la de Laverdure —insensato, caótico…—; abundan las bromas entre compañeros en la base; entrenan hasta dominar el T-33; ven que hay un duro enfrentamiento entre el instructor, Darnier, y un joven y orgulloso piloto llamado Saint-Helier; y deben recuperar la cabeza de un misil que se ha extraviado y caído en el Atlas antes de que lo haga una potencia enemiga.

Luego, en Peligro en el cielo se trasladan de Mequínez a Creil y dejan el T-33 para pilotar los Super Mystére B-2; nombran a Tanguy jefe de patrulla; hay unos espías que desean conocer el caza revolucionario diseñado por los franceses y, justo al límite del tiempo, Tanguy consigue desbaratar toda la operación después de una larga persecución del avión espía siguiendo el curso del Sena. En Escuadrilla de cigüeñas dejan Creil y se van a Dijon, donde se harán cargo del nuevo Mirage III C, y allí desenmascararán a dos pilotos infiltrados que se hacen pasar por australianos. En Alas en Oriente Medio Tanguy y su escuadrilla van a Israel para conseguir que el estado israelí compre los Mirage y no los aviones de una empresa competidora que les hace todo tipo de faenas.

Jean-Michel Charlier y Uderzo. Integral Tanguy y Laverdure. Los dos volúmenes editados, los primeros de la serie, son:
Escuela de águilas (L'École des Aigles, 1959-1961). En la edición en álbum este relato se dividió en dos: Escuela de Águilas y Por el honor de la insignia (Pour l'honneur des cocardes). Tarragona: Ponent Mon, 2014; 120 pp.; trad. de Fabián Rodríguez y María Serna; ISBN: 978-1-908007-70-4. [Vista del libro en amazon.es]
Peligro en el cielo (Danger dans le ciel, 1961-1962), Escuadrilla de cigüeñas (Escadrille des cigognes, 1962-1963), Alas en Oriente Medio (Mirage sur l'Orient, 1963). Tarragona: Ponent Mon, 2015; 172 pp.; trad. de Fabián Rodríguez y María Serna; ISBN: 978-1-908007-71-1. [Vista del libro en amazon.es]


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