bienvenidos a la fiesta
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jueves, 2 de julio de 2015

Álbumes o novelas gráficas para lectores jóvenes que más me han gustado en los últimos meses:

   El libro de la suerte. Ana Isabel González Lartitegui y Sergio Lairla.
   Agujero. Øyvind Torseter.
   Ojalá pudiera formular un deseo. Jimmy Liao.
   Te quiero casi siempre. Anna Llenas.
   Mundo Cruel. Ellen Duthrie y Daniela Martagón.
   Al otro lado. Maurice Sendak.

Álbumes informativos

   Juana de Arco. Maurice Boutet de Monvel.
   El piloto y el Principito. La vida de Antoine de Saint-Exupéry. Peter Sís.
   El viaje de Shackleton. William Grill.
   Cosmicómic. El descubrimiento del Big Bang. Rossano Piccioni y Amedeo Balbi.
   El profesor Astro Cat y las fronteras del espacio. Ben Newman y Dominic Walliman.
   La carrera espacial. Tom Clohosy Cole.
   Altos vuelos. Golden Cosmos.

Lbros infantiles:

   Las maletas encantadas. Joan Manuel Gisbert.
   Nana y yo, Nana y yo de vacaciones. Jenny Valentine.
   Un lío de perros. Margaret Mahy.
   El dragón de papá. Ruth Stiles Gannett
   Lucía Manchitas. La escalera. Annie M. G. Schmidt.
   La señorita Susi. Miriam Young y Arnold Lobel.
   Rudi, el cerdito de carreras. Uwe Timm.
   Brujarella. Iban Barrenetxea.

Libros juveniles:

   El libro de Yotán. Arthur Powers
   Erik Vogler. Beatriz Osés
   Emily la de Luna Nueva. L.M. Montgomery
   El jefe de la manada. Inés Garland
   El desván de Tesla. Neal Shusterman y Eric Elfman
   Destino real, espíritu rebelde y Un mundo maravillástico. Shannon Hale.
   No es invisible. Marcus Sedgwick.
   A cuadros. Frank Cottrel Boyce.
   El chico de las manos azules. Eliacer Cansino.
   Lo que cuentan las estatuas del mundo. Montse Ganges.
   Los amigos. Kazumi Yumoto.

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miércoles, 1 de julio de 2015

Los mejores álbumes para prelectores leídos en los últimos meses:

    La granja de dinosaurios. Frann Preston-Gannon.
    Osito y un rayo de sol. Benjamin Chaud.
    Pequeño oso y los seis ratones blancos. Chris Wormell.
    Mamá, no puedo dormir. Manuela Olten y Brigitte Raab.
    El niño nuevo. Lauren Child.
    Besos para papá. David Legge y Frances Watts.
    La biblioteca nocturna, Jack Escarcha, El pequeño Mago. Kazuno Kohara.

Para primeros lectores:

   El monstruo de los monstruos. Patrick McDonnnell.
   No he hecho los deberes porque… Benjamin Chaud y Davide Cali.
   ¿No hay nadie enfadado? Toon Tellegen y Marc Boutavant.
   Luna y la habitación azul. Christine Davenier y Magdalena Guirao.
   Mi tío Harjir. Fermín Solís.
   ¡Cómetelo todo! Mariona Cabasa y Mar Benegas.
   Carlota no dice ni pío. Emilio Urberuaga y José Carlos Andrés.
   Mi rinoceronte también come crepes. Sara Ogilvie y Anna Kemp.
   Rabo de lagartija. Alejandro Galindo y Marisa López Soria.
   Las zanahorias maléficas. Peter Brown y Aaron Reynolds.
   La oscuridad. Jon Klassen y Lemony Snicket.

Y para lectores más mayores:

   Dadá. Albertine y Germano Zullo.
   Issun Bôshi. El niño que no era más alto que un pulgar. Icinori.
   El señor Tigre se vuelve salvaje. Peter Brown
   Sam y Leo cavan un hoyo. Jon Klassen y Mac Barnett.
   ¿Sales a jugar? María Pascual.
   Lindbergh. La increíble aventura de un ratón volador. Torben Kuhlmann
   Un elefante rosa. Lucía Serrano.
   La princesa Rana. Alexandr Afánasiev y Sally Cutting.

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RuedaLetrasRobadas2.jpg
martes, 30 de junio de 2015

Letras robadas, un relato de Triunfo Arciniegas ilustrado por Claudia Rueda, es un álbum excelente. Narra la historia Clara, una niña curiosa y fijona que veremos en todas las ilustraciones y que, al comienzo, nos avisa que la tienen por rarita porque, por ejemplo, colecciona dientes perdidos y eso hace que le pregunten si tiene algún trato con los ratones.

El álbum es un paseo de Clara, junto con su madre, por el mercado: las vemos llegar en la portada y en la contracubierta las vemos marcharse… En las dobles páginas del interior las palabras de Clara van en la izquierda y las imágenes de distintos lugares del mercado en la derecha. Pero las imágenes que se suceden son, más o menos, de dos tipos: una tiene marco y es realista, la siguiente es a sangre y en ella ocurren cosas no tan realistas. Luego, en cada imagen vemos a unos ratoncillos ir de un lado para otro, al mismo tiempo que también notamos cómo en los rótulos desaparecen letras… La narración en palabras es rica y la calidad de los dibujos es notable, aparte de que para el lector hay multitud de detalles en los que fijarse.

Claudia Rueda. Letras robadas (2013). Texto de Triunfo Arciniegas y Claudia Rueda. Barcelona: OcéanoTravesía, 2013; 28 pp.; ISBN: 978-607-400-962-0. [Vista del libro en amazon.es]

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BrownZanahorias2.jpg
lunes, 29 de junio de 2015

Otro buen álbum de Peter Brown: Las zanahorias maléficas..., pillas y bromistas.

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HarmanStevenson.JPG
sábado, 27 de junio de 2015

Robert Louis Stevenson: A Biography, de Claire Harman, es una biografía extensa y documentada que, como corresponde a un libro reciente, aporta mucha y pormenorizada información. No he visto que añada consideraciones especialmente novedosas respecto a biografías previas y a otras más breves que se incluyen en ediciones de algunas novelas. Lógicamente sí da los detalles de la composición de sus obras: da datos de lo que significa cada una, de la recepción que tuvieron, de cómo influyeron en autores posteriores.

Es un libro útil para saber cuál fue la vida familiar de Stevenson y para repasar sus publicaciones: primeros libros de viajes o sobre lugares que conocía; primeros ensayos y artículos de crítica literaria; entrada en la ficción con publicaciones por entregas; éxito e ingresos que le llegaron, por fin, con La isla del tesoro, Jekyll y Hyde, Secuestrado, y sus poemas infantiles; novelas y libros de viajes posteriores. No falta, como en estos tiempos ha llegado a ser habitual en cualquier trabajo biográfico sobre alguien del pasado un poco singular, el rastreo de pistas para ver la posible homosexualidad de Stevenson y concluir que no llevan a ninguna parte.

Claire Harman. Robert Louis Stevenson: A Biography (2006). Harper Perennial, 2010; 448 pp.; ISBN: 978-0007113224. Edición para Kindle, 2012; ASIN: B0092HPRDW. [Vista del libro en amazon.es]

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OlivaresMeninas.JPG
viernes, 26 de junio de 2015

En la contracubierta de Las Meninas, un cómic firmado por Javier Olivares y Santiago García, se dice que es una inteligente deconstrucción del cuadro de Velázquez.

Lo es, en efecto, aunque la palabra deconstrucción a mí siempre me da un poco de miedo: anuncia complejidades constructivas que, a veces, tienen que ver con que los mejores autores de cómic, empeñados como están en reivindicar la categoría de su medio, apuestan con frecuencia por demostrar a los lectores sus conocimientos y su talento (algo que, al menos a mis ojos, no necesitan hacer).

Estamos, sin duda, ante un enorme trabajo conjunto, tanto de confección y articulación del guión —la vida de Velázquez salpicada de tramos que presentan alguna relación de otros artistas con Las Meninas—, como de realización gráfica, excepcional en su labor de síntesis y en sus numerosos guiños a la historia del arte.

Con todo debo decir que preferiría una narración lineal, o básicamente lineal, con un planteamiento más sencillo: sin las adiciones —ni las más comerciales ni las más sofisticadas—, y con un prólogo o un epílogo en el que se dieran los datos biográficos básicos de los personajes que se mencionan y se aclarase también qué se sabe de cierto y cuáles son los añadidos «novelescos». El relato habría perdido los puntos que tiene de grandilocuencia enfática y de artificiosidad posmoderna, y tanto el hilo narrativo como las poderosas viñetas habrían ganado claridad y, seguramente, tendrían un público más amplio.

Sea como sea, es una gran novela gráfica, de las que prestigia el género. Esta entrevista con Javier Olivares puede dar algo de idea del trabajo que hay detrás de su confección.

Aunque sean obras de otro género, son buenos ejemplos de cómo poner el acento en algunos asuntos misteriosos de la vida y la obra de Velázquez, novelas sencillas como El misterio Velázquez o I, Juan de Pareja.

Javier Olivares. Las Meninas (2014). Guión de Santiago García. Bilbao: Astiberri, 2014; 185 pp.; col. Sillón Orejero; ISBN: 978-84-15685-48-7. [Vista del libro en amazon.es]

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jueves, 25 de junio de 2015

Durante las próximas semanas publicaré algunas entradas para poner en el diccionario a escritores e ilustradores de los que ya he comentado en las notas dos o tres libros, y a veces más.

Entre ellos incluiré también a escritores cuyos libros no son infantiles o juveniles pero que también he mencionado algunas veces en la página, bien porque algunas de sus novelas tienen, aunque sea parcialmente, protagonistas jóvenes; bien porque me gustan sin más y pienso leer más libros suyos. Hoy comienzo con Evelyn Waugh y Mario Rigoni.

No pretendo preparar voces completas sino, simplemente, facilitar que se les pueda encontrar también en el menú de Autores. Más datos biográficos o comentarios a más libros han de buscarse en otros lugares.

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HartnettSadieR2.jpg
miércoles, 24 de junio de 2015

Un estupendo libro de rivalidades entre hermanos, en las que unas manos malvadas actúan incluso aunque sus dueños no quieran, que no está traducido al castellano: Sadie and Ratz, de Sonya Hartnett.

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KlassenOscuridad2.jpg
martes, 23 de junio de 2015

La oscuridad, una pequeña historia de Lemony Snicket ilustrada por Jon Klassen tiene un argumento amable que intenta desactivar miedos infantiles al modo, por ejemplo, de Switch on the Night. El protagonista, Laszlo, vive en un gran caserón y le tiene miedo a la oscuridad que, durante el día, se oculta dentro del armario, detrás de la cortina y…, sobre todo, en el sótano. Pero, una noche, la oscuridad del sótano le llama para que acuda, y él lo hace.

La confección del álbum es excelente: las guardas son negras, el papel es negro, el sepia es el tono dominante —aunque hay azul en el pijama del chico y amarillo de las bombillas—, los rayos de la linterna que siempre lleva Laszlo le sirven al ilustrador para ordenar la composición de las escenas. También es destacable que no haya en la casa ni gente, ni animales, ni muebles: tal vez para subrayar que, al final, Laszlo ha de hacer frente a su problema el solo.

Jon Klassen. La oscuridad (The Dark, 2013). Texto de Lemony Snicket. Barcelona: Océano Travesía, 2015; 38 pp.; trad. de Pilar Armida; ISBN: 978-607-735-297-6. [Vista del álbum en amazon.es]

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SalinasVeoVeo.JPG
lunes, 22 de junio de 2015

Veo Veo es un álbum compuesto a partir de cuadros de Socorro Salinas, una pintora venezolana. Cada uno llena una doble página que va precedida de un texto en el que se propone al lector un juego de «Veo, veo. ¿Qué ves?». Las imágenes son de vida urbana bulliciosa y colorista, con muchos personajes casi todas. Al final del álbum se habla de la pintora y se reproducen los cuadros que dieron origen a las ilustraciones: de un mercado popular, de bloques de viviendas, fiestas en las calles, de Caracas vista desde lejos y de noche, etc. Como álbum no es genial pero cumple bien su función: es eficaz para jugar a fijarse, a buscar y descubrir detalles, a pensar otras posibilidades gracias a lo que sugieren las imágenes…

Socorro Salinas. Veo Veo (2013). Textos de María Francisca Mayobre y Vicente Lecuna. Caracas: Ekaré, 2013; 48 pp.; col. Periscopio; ISBN: 978-980-257-357-8. [Vista del libro en amazon.es]

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WellsJulieta.JPG
domingo, 21 de junio de 2015

He puesto datos de nuevas ediciones de ¡Julieta, estate quieta! y El bandido adolescente.

Además, se ha publicado recientemente la edición en castellano de Al otro lado (Outside over there), uno de esos álbumes históricos que, como Juana de Arco, incomprensiblemente no estaba traducido y publicado en España todavía.

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sábado, 20 de junio de 2015

Para los interesados en Stevenson son importantes los trece capítulos cortos que su hijastro, Lloyd Osbourne, dedicó a contar su relación con él. Cada uno se sitúa en un lugar determinado y en un momento de la vida del autor y su padrastro. El título de cada texto indica la edad que tenía Stevenson entonces. El primero, cuando tenía 26 años, recuerda el día y las circunstancias en que Lloyd Osbourne, siendo un niño, le conoció. El penúltimo corresponde a cuando Stevenson tenía 43 y vivía en Vailima establemente. El último, titulado «La muerte de Stevenson», es más largo que los anteriores y narra los sucesos de ese día y el entierro en la cumbre de una montaña, como era su deseo.

El autor muestra que Stevenson era una persona optimista y llena de buen humor. Recuerda que, para un niño como él, era el mejor compañero de juegos posible: «normalmente, dar un paseo con él era una gran placer y un acontecimiento lleno de imaginación. De repente podía creer que era un pirata, o un piel roja, o un joven oficial de la marina con informes secretos para un famoso espía, u otra farsa similar y estremecedora». Cuenta cómo dedicaban tiempo a representaciones teatrales de juguete, preparando juegos muy elaborados que duraban semanas: señala que llegó a tener hasta seiscientos soldados de plomo en miniatura y apunta que «jugábamos con tanta ilusión e intensidad que incluso ahora me emociono al recordarlo».

Dice que a Stevenson le encantaban la charla, el debate y la discusión: para él eso «era refrescante, le levantaba el ánimo, y llegaba a casa con ojos brillantes y buen apetito». Subraya cómo «su trabajo era lo primero, era lo que animaba todos sus pensamientos, era el arrollador júbilo y la pasión de su vida»; también apunta cuánto le gustaban los elogios a lo que había escrito. Le describe como el hombre más razonable en cualquier discusión pero recuerda una ocasión en la que alguien le criticó por la forma liberal en cómo estaba educándole a él y entonces respondió enérgicamente: «ya no soporto esa enseñanza de cuento de hadas que hace de la ignorancia una virtud».

Hace comentarios jugosos sobre algunas obras de Stevenson. Dice que a Stevenson El club de los suicidas le gustaba pero no lo consideraba importante, incluso llegó a pensar si, cuando se publicó en forma de libro, no dañaría su reputación; que tenía una actitud de indulgente indiferencia hacia Jardín de versos para niños; que algunos capítulos de Príncipe Otto fueron escritos al menos siete veces… Por supuesto, habla con detalle de los pormenores de las colaboraciones novelescas entre él y Stevenson. Podemos suponer que, tal vez, las cosas no fueron exactamente como las cuenta pero, en cualquier caso, queda clara la bondad y disponibilidad de Stevenson para enseñarle y para sacar partido al trabajo que le presentaba Lloyd Osbourne.

Otro de los puntos que trata es el de las enfermedades de Stevenson —en las que dice que tuvo gran influencia su madre, hipocondríaca y obsesionada con la lectura de revistas médicas—. Afirma que «nunca quiso mimarse a sí mismo o conformarse con la enfermedad si podía evitarlo. Con su habitual énfasis y determinación decía:
—¿Oh, demonios, qué importa? Permíteme morir con las botas puestas.
Para mí siempre ha sido una gran satisfacción lo que hizo. Mientras le desataba las botas cuando yacía muerto, recordé de forma muy conmovedora ese reiterado comentario suyo. Intrépido hasta el final, se había cumplido su deseo, que era símbolo de mucho más».

Lloyd Osbourne. Un retrato íntimo de R. L. S. (An Intimate Portrait of R. L. S., 1924). Edición que también contiene Los colonos de Silverado, de R. L. Stevenson. Madrid: Valdemar, 1993; 100 de 194 pp.; trad. de Miguel Hernández; ISBN: 84-7702-075-2.


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BradburySiempre.JPG
viernes, 19 de junio de 2015

Siempre nos quedará Paris contiene veintidós relatos inéditos de Ray Bradbury que no sorprenderán a quienes ya le conozcan. En ellos vuelve a temas conocidos —alguno sobre viajes espaciales, varios sobre muertos que vuelven a la vida, otros sobre recuerdos infantiles, algunos de vida cotidiana con acentos humorísticos…—, y su prosa tiene la concisión y el encanto habituales en sus obras.

No todas las historias son igualmente buenas pero hay algunas excelentes que hacen pensar, divierten y emocionan. Así, «Lejos de casa», que bien podría ser un capítulo de Crónicas marcianas, habla de cómo se remedia el enorme desamparo de unos jóvenes norteamericanos recién aterrizados en Marte. O, por ejemplo, «Encuentro literario» presenta varios diálogos de un hombre con su mujer que siguen la pauta de los libros que está leyendo el marido en cada momento: Del tiempo y el río, El halcón maltés, Vida de Alexander Pope, uno de Saroyan

Si tuviera que decir cuál me ha gustado más diría que fue «Veraniega pietà», un relato que podría estar incluido en El vino del estío. Trata sobre dos hermanos que van a ver un circo, trabajan también en él, y, después de todas las emociones, cuando el circo se va y el pequeño se queda solo con su padre, se desploma de agotamiento. Entonces, dice, «me alcanzó el cálido aroma a nicotina del aliento de mi padre», y percibe cómo unos brazos fuertes le sostienen y levantan en el aire…

Ray Bradbury. Siempre nos quedará Paris (We’ll always have Paris: stories). Barcelona: Minotauro, 2015; 206 pp.; trad. de Miguel Antón; ISBN: 978-84-450-0253-7. [Vista del libro en amazon.es]

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