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bienvenidosalafiesta: cuaderno de notas y diccionario de autores y obras de literatura infantil y juvenil    
bienvenidos a la fiesta
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miércoles, 22 de agosto de 2018

La niña invisible, de Puño, es una chica llamada Trog que vive en tiempos prehistóricos y desafía las tradiciones de su tribu acerca de que solo los chicos pueden emprender el Viaje —el momento en que se les deja salir solos en busca de una presa—. Ella, con el apoyo de su familia, del sabio hechicero Groo, y de las mujeres de la tribu, se sale con la suya y acabará descubriendo muchas cosas.

Relato bien contado con situaciones y toques excelentes, como el descubrimiento que hace Trog de la cámara oscura para poder pintar animales —aunque la historia no es cómica en esa dirección como, por ejemplo, lo son las de Derek Sampson—, y como la broma del narrador cuando nos dice que «la tribu entera dormía como si fuera domingo (aunque todavía no los habían inventado)». En el debe de la historia se puede poner el didáctico planteamiento inicial, de la chica rebelde contra las convenciones, que a estas alturas resulta cansino, y algunas referencias de lo más improbables, como que en aquellos tiempos no se había inventado la forma de dar las gracias. Son excelentes las ilustraciones que acompañan la historia.

Puño. La niña invisible (2018). Madrid: SM, 2018; 107 pp.; col. El Barco de vapor, naranja; ilust. de Marta Altés; ISBN: 978-84-9107-634-6. [Vista del libro en amazon.es]

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martes, 21 de agosto de 2018

Se podría hacer una lista de los álbumes sobre las cosas que pueden pasar en un parque, como Voces en el parque o La merienda en el parque... A ellos habrá que sumar Payasa en el parque, de Cristina Pérez Navarro y Marisa López Soria, que trata de una niña que, cuando va al parque, mira en torno suyo —una pareja que se abraza, una pata que parece regañar a un patito, un niño y un perro, una hormiga…—, y eso le sirve para hilar reflexiones, «al solecico». La niña se pone, al poco de comenzar, una nariz roja de Payasa pues «le gustaba hacer monerías». Se indica, no se dice por qué, que a Payasa le han dicho que es diferente y ella, después de sus experiencias en el parque, termina contenta, «sin acabar de descifrar el misterio» de que todos somos «criaturas únicas e irrepetibles». El relato tiene calidez y calidad, tanto en las imágenes, que parecen compuestas con lápices de colores, como en las palabras que expresan bien la «ensaladilla de sensaciones alborotándole el pecho» que tiene Payasa y que, nos dice la narración la llevan a darse cuenta de «los caminos que el amor y la belleza tienen para manifestarse».

Cristina Pérez Navarro. Payasa en el parque (2018). Texto de Marisa López Soria. Barcelona: A buen paso, 2018; 28 pp.; ISBN: 978-84-947446-6-2. [Vista del álbum en amazon.es]

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lunes, 20 de agosto de 2018

Igual que otros álbumes de Gilles Bachelet, Un cuento que... se dirige más bien al adulto (a ciertos adultos en particular) que al niño, por más que pueda considerarse un relato para compartir con los pequeños en el momento de irse a dormir. Lo que vemos al pasar las hojas es, en cada página izquierda, que una mamá o un papá leen un cuento a su bebé que, a su vez, tiene su peluche; y, en la página derecha, una ilustración sobre qué tipo de cuento están leyendo: un cuento que protege, un cuento que brilla... Pero tanto los progenitores como sus hijos son de distinto tipo: osos panda, morsas, cigüeñas..., pero también extraterrestres, excavadoras…, y finalmente un padre y un bebé humanos, hasta doce. Todas las escenas se parecen entre sí y todas están excelentemente compuestas. El álbum tiene algo de juego de observación y adivinación pues la mantita de cada bebé anuncia la escena que viene después.

Gilles Bachelet. Un cuento que... (Une histoire qui..., 2016). Barcelona: Juventud, 2018; 24 pp.; trad. de Paula Jarrin Servidio; ISBN: 978-84-261-4490-4. [Vista del álbum en amazon.es]

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sábado, 18 de agosto de 2018

He puesto datos de ediciones más recientes de Antes cuando Venecia no existía, Puck de la colina de Pook,  y los dos volúmenes de los Cuentos de Poe.

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viernes, 17 de agosto de 2018

Con prólogo de Andrés Trapiello, nueva edición de La catedral y el niño, la mejor novela del escritor orensano Eduardo Blanco Amor, que vivió emigrado en Argentina durante décadas y volvió a morir a su tierra en los años setenta del pasado siglo. Es, sobre todo, una novela de estampas, con magníficas descripciones de lugares y ambientes, que también tiene rasgos de novela de formación. Su lenguaje se caracteriza por un barroquismo gallego propio: Blanco Amor emplea un vocabulario rico y preciso, con algunas expresiones singulares y palabras gallegas castellanizadas, que articula en largos párrafos sonoros y zigzagueantes.

Casi toda la novela tiene lugar, a principios del siglo XX, en Auria, «un “pueblo levítico”, como decían los progresistas locales, sin saber cabalmente lo que decían», con algunos periodos en pazos o casonas rurales. Tiene tres partes que se titulan «La catedral», «Interludio», «La muerte, el amor y la vida». La primera es la más poderosa e interesante pues en ella se despliegan todos los escenarios y conflictos: es la que plantea la difícil situación familiar de Luis Torralba o, familiarmente, Bichín, un chico de ocho años cuya casa está enfrente de la catedral, que para él es como un refugio; termina, después de su accidentada primera comunión y del encarcelamiento de un tío suyo que le ha dado una buena paliza a un bruto canónigo navarro, nada sensible a las sutilezas de la tierra. La segunda, breve y poco relevante, cubre unos años que pasa el protagonista en un internado. La tercera, cuando ya es adolescente y joven estudiante, de vuelta en Auria, se centra en sus amistades, en varios episodios sexuales y amorosos, aborto incluido, y se descubren algunos secretos familiares apuntados al principio. La narración corre a cargo del protagonista pero, muchas veces, todo se cuenta en tercera persona.

La situación de Bichín es que sus padres están separados y disputan por su afecto; que su madre es bondadosa y su padre un juerguista que vivía «sin continuidad ni proyecto, en alocada sucesión de improvisaciones, sin conciencia clara de tal desorden y, consecuentemente, sin deseo alguno de oponerse a él». A su alrededor pululan muchos personajes de toda clase, unos doscientos, presentados prácticamente todos ellos, en sus primeros trazos, de forma caricaturesca: su tía Asunción, de «jarabosa memez tropical», su tía Lola, con «ladino aire monjil», la criada Joaquina, con «la raposería natural de aquellas aldeanas», los dos mellizos del encargado del pazo de Amoeiro, donde vive una temporada, dos pigmeos «cabezudos callados y mirones, perversos y solapados», etc. Si casi nadie sale bien parado, menos aún si el personaje no es del lugar: al hablar de una funcionaria se dice que, «como todos los castellanos, a pesar de su mucho tiempo de vecindad en Auria, continuaba impermeable al espíritu local».

El narrador dirá que «si bien la catedral regía, con la lengua de sus campanas, la norma de la ciudad, no condicionaba sus modos profundos de vida, quedándose sus admoniciones más bien flotando sobre la superficie de lo habitual, de lo consentido o de lo rutinario». Del mismo modo, sus descripciones de las procesiones y ceremonias litúrgicas son externas, como con asombro y admiración ante la solemnidad pero dando por supuesto que todo es una cáscara; el narrador no parece tener ni capacidad de penetrar debajo de lo que presentan ni de creer que haya gente con una religiosidad profunda y real. A lo más que llega es a resaltar algunos gestos de bondad de su madre y de un canónigo amable que se comporta con sentido común ante las travesuras del niño: «no está la Iglesia tan sobrada de amigos como para andar sembrando malos recuerdos en los espíritus», dice a otro canónigo que corrige al chico de modo amenazador.

Son memorables muchas páginas —empezando por las primeras que describen la catedral—, y muchos momentos —por ejemplo, las discusiones entre los miembros de la tertulia que tenían los ilustrados de la ciudad en la botica—. Son también inolvidables algunos personajes como don Narciso el Tarántula, algo arqueólogo y gran ateo, un «sujeto turbio y acre» que presumía de no haber bautizado a sus siete hijos diciendo que «ninguno pasó por las horcas caudinas del agua lustral». O, más todavía, las Fuchicas, «dos hermanas beatísimas, sin edad reconocible», «a quienes los rapaces llamaban “castellanas rabudas”» pues eran de origen maragato, las correveidile de la ciudad: «así como hay zurcidoras de voluntades ellas oficiaban de liberadoras de conciencias».

Libro que he recomendado siempre a las personas que tienen interés en Orense y que pienso que pueden apreciar su indudable valor literario y costumbrista, y su sentido del humor extraordinariamente sardónico. Al mismo tiempo siempre advierto que, como orensano que soy, es un libro que me incomoda e incluso me parece un tanto «canalla»: el narrador parece incapaz de salvar a un solo personaje por lo que la historia, con todo su nivel literario, termina dejando, humanamente, un amargo sabor de boca.

Eduardo Blanco Amor. La catedral y el niño (1948). Barcelona: Libros del Asteroide, 2018; 496 pp.; prólogo de Andrés Trapiello; ISBN: 978-84-17007-36-2. [Vista del libro en amazon.es]

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jueves, 16 de agosto de 2018

Cuentos populares españoles es una interesante recopilación de relatos del siglo XIX realizada tiempo atrás por José María Guelbenzu.

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miércoles, 15 de agosto de 2018

Hay ilustradores que hacen un buen trabajo: ponen imágenes a relatos (o a ideas o a textos), suyos o de otros, y los libros resultantes son eficaces en el presente (porque hay quien los coloca en cauces que los llevan hacia un público apropiado) pero es evidente que no durarán en el tiempo. Hay, sin embargo, ilustradores que convierten cada uno de sus trabajos en algo memorable: sus imágenes permanecerán siempre. Roberto Innocenti no sólo pertenece a esta última clase de ilustradores sino que, además, consigue que haya que destacar entre los mejores cada uno de sus libros, como Mi barco.

En él se cuenta la historia de los cincuenta años de vida de un barco mercante, desde su construcción y su primer viaje a principios de los años 30, pasando por la etapa en la que fue utilizado por la Marina de los EE.UU. durante la segunda Guerra Mundial, hasta que, después de varias travesías comerciales más, se hundió y terminó en el fondo del mar. Aunque la historia como tal es ficticia, el barco es un modelo real del que se presentan, al final, unos dibujos señalando todas sus zonas y dependencias.

Innocenti lo cuenta todo con brevísimos textos que acompañan las magníficas ilustraciones, de una a siete en cada doble página. La narración tiene interés documental pero también transmite sentido épico en algunos momentos, en situaciones de dificultad y de guerra, y calidez humana, pues trata también de las cartas del capitán a su mujer y se ven, en las escenas de detalle, variadas acciones del protagonista y los demás tripulantes. Como siempre ocurre con las detalladas imágenes que prepara Innocenti, son muchos los detalles en los fijarse.

Roberto Innocenti. Mi barco (My Clementine, 2018). Pontevedra: Kalandraka, 2018; 40 pp.; trad. de Carlos Heras Martínez; ISBN: 978-84-8464-364-7. [Vista del libro en amazon.es]

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martes, 14 de agosto de 2018

El garaje de Gus, de Leo Timmers, es un álbum bien construido, con un argumento simpático, y muchas pequeñas bromas visuales a las que atender.

Gus es un cerdo que tiene un taller mecánico. El álbum empieza cuando comienza su trabajo por la mañana y, a partir de ahí, cada dos dobles páginas suceden episodios parecidos: en una llega un cliente agobiado porque su vehículo tiene algún problema, y en la otra se marcha satisfecho con los arreglos que le ha hecho Gus. El primero es un rinoceronte, el segundo una jirafa, y luego llegan una morsa, una lora (o así), etc. Debajo de las imágenes, en cada página, hay una frase, y riman las dos de la doble página: «Hoy promete ser un día estupendo / Gus se pone a trabajar contento» es el primer pareado. Y, cuando cada cliente le cuenta su problema, Gus siempre responde: «Tengo unas cosas por aquí y por allá / Inventaré algo y ya está». Según avanza el relato y el día, los objetos que veíamos en el garaje de Gus al comienzo van disminuyendo pues va empleándolos para sus arreglos, y la luz va cambiando hasta «Es ya de noche y Gus se va a casa / ¡Pero si está lleno de grasa!».

Los personajes son atractivos, en especial el siempre sonriente protagonista, cuyo talante resolutivo y práctico es admirable. El tipo de historia propicia que la secuencia de las ilustraciones sea perfecta pero, además, tiene un buen cierre. Otro elemento de interés es la subtrama de lo que pasa por detrás de lo que vemos en el primer plano: unos pájaros observan lo que sucede y tienen sus propios intereses.

Leo Timmers. El garaje de Gus (Garaje Gust, 2015). Madrid: HarperCollins Ibérica, 2018; 40 pp.; trad. de Marta Arguilé Bernal; ISBN: 978-84-17222-03-1. [Vista del álbum en amazon.es]

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lunes, 13 de agosto de 2018

Hay ilustradoras cuyos dibujos sobre niños en movimiento son magistrales, como por ejemplo Jan Ormerod, Shirley Hughes o Helen Oxenbury, que recuerde ahora. En la misma liga juega también Taeeun Yoo, como se puede comprobar en ¡Eres un león! Posturas de yoga para niños.

Es un album que algunos presentan como «yoga para prelectores» y otros plantean como una forma útil para estimular habilidades motoras de los más pequeños. Para mí, y creo que para la mayoría, el atractivo del álbum es, por un lado, la gracia sensacional que tienen los dibujos de los niños ensayando posturas de león, de mariposa, de perro, de serpiente, de rana, de gato, de montaña; y, por otro, la misma sencillez del enfoque (sin necesidad de pensar para nada en el yoga) a la hora de ayudar a los niños a mirar alrededor y a jugar.

Taeeun Yoo. ¡Eres un león! Postura de yoga para niños (You Are a Lion!: And Other Fun Yoga Poses, 2012). Barcelona: Ekaré, 2018; 36 pp.; trad. de Verónica Uribe; ISBN: 978-8494811005. [Vista del álbum en amazon.es]

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FaulknerEscapada.jpg
sábado, 11 de agosto de 2018

He puesto datos de ediciones más recientes de El árbol de los deseos, La escapada (o Los rateros), y Doctor Rus.

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viernes, 10 de agosto de 2018

El arpa de Davita es una novela valiosa, como esperaba de Chaim Potok, pero menos conseguida que las otras tres que conocía y comento en su lugar. Parcialmente, porque la narración podría ser algo más tensa: se dan demasiados pormenores de algunas cosas, serían prescindibles o se podría dar menos relevancia a unos elementos y relatos poéticos que se incluyen en la historia, con sorprendente frecuencia los personajes cortan sus conversaciones y se retiran de escena con un «estoy muy cansado».

Nueva York, finales de los años treinta. La narradora y protagonista es una niña llamada Ilana Davita, que es hija de dos convencidos comunistas: su padre es un periodista norteamericano y su madre es una intelectual judía de origen polaco. Davita presencia y oye conversaciones entre sus padres y sus amigos, que con frecuencia vienen a su apartamento, y discuten continuamente sobre la marcha del mundo. El padre se va a España para informar desde allí de la Guerra civil. Un escritor europeo judío, también comunista, Jakob Daw, antiguo compañero de su madre, que pasa temporadas con ellos y le cuenta unos relatos misteriosos, también viaja a España. Una y otra vez se alude a los sonidos de una pequeña arpa colgada en la puerta de su casa y a un cuadro de caballos galopando por la playa.

Es la primera novela del autor cuya protagonista es una chica pero, como sus otros héroes, también ella es alguien atrapado en medio de unas fuerzas que, al principio, no comprende. Por un lado, el ateísmo y comunismo radicales de sus padres —personas bondadosas que dejan a Davita que haga lo quiera cuando decide ir a la sinagoga y cuando reza con la hermana de su padre, una mujer de profunda fe cristiana—, y por otro las prohibiciones y prejuicios que Davita encuentra en el judaísmo al que se acerca: le dicen que a las mujeres no les está permitido rezar el kadish en memoria de los muertos…; cuando es alumna de una escuela judía no le dan el premio académico que merece por ser chica, un hecho inspirado en algo sucedido a la esposa del autor.

El interés de la novela (al menos para mí) es lo que muestra del interior del mundo judío: de sus costumbres y de sus tensiones. No así, por conocido (para mí) y también porque se da mucha información de modo confuso (para quien no la conozca previamente), el mundo de los revolucionarios comunistas de aquella época y lugar, y su desencanto, primero al conocer las salvajadas de los estalinistas en la guerra de España y después al enterarse del pacto entre Stalin y Hitler. De más está decir que la visión de la guerra civil española que se desprende de la novela es limitada. No está logrado tampoco, porque se trata parcialmente y porque, dado el planteamiento, es innecesario, lo que se intenta mostrar de los cambios físicos y sentimentales por los que pasa Davita al dejar de ser una niña. Con todo, como dije al principio, novela valiosa.

Chaim Potok. El arpa de Davita (Davita’s Harp, 1985). Buenos Aires: Libros del Zorzal, 2015; 446 pp.; trad. de Mónica Herrero; ISBN: 978-987-599-442-3. [Vista del libro en amazon.es]

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jueves, 9 de agosto de 2018
 
Pensaba, equivocadamente, que había puesto aquí Narradores de la noche, una recopilación de relatos con aires orientales que Rafik Schami publicó hace años y que es excelente.

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miércoles, 8 de agosto de 2018

Awoki y los piratas en playa Escondida, de Raquel Míguez, es un relato semejante a los clásicos del pasado sobre chicos en vacaciones a los que les ocurre algo extraordinario, y parecido en su ambiente, y en el giro que da el argumento de lo realista hacia lo fantasioso, a otra obra de la autora, El verano que desaparecieron los Trogloditas.

Su protagonista y narrador es un chico que, después del fallecimiento de su madre, pasa un verano en casa de su abuela Vilma, en un pueblo costero. Hace amistad con un vecino nuevo de su edad, Awoki, que le dice que es neozelandés y que pronto le demostrará que tiene grandes recursos. Ambos observan algunos movimientos en la costa que les extrañan y acaban descubriendo los manejos ilegales de la propietaria de una tienda de animales del pueblo.

La historia es amena y, aunque ambientada hoy, podría desarrollarse años atrás por el tipo de actividades, sin ninguna clase de aparatos electrónicos, de los protagonistas. La narración es sobria con algunas concesiones al lenguaje actual —los personajes repiten con frecuencia que las cosas «molan»…—. Las descripciones son sencillas y eficaces: el gato de la abuela «me sigue por toda la casa como si fuera un perro», en un momento de espera «las agujas del reloj avanzaban a velocidad de babosa».

Raquel Míguez. Awoki y los piratas en playa Escondida (2017). Madrid: Santillana, 2018; 213 pp.; col. Loqueleo; ilust. de Ana Pez; ISBN: 978-84-9122-565-2. [Vista del libro en amazon.es]

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martes, 7 de agosto de 2018

Aunque buena parte de sus golpes de humor serán más apreciados por los más mayores —se podrían comparar con los de los relatos de El pequeño Nicolás—, son cómics excelentes para pequeños los de Ariol: un burrito como tú y como yo y Ariol: el Caballero Caballo, ilustrados por Marc Boutavant con guión de Emmanuel Guibert.

El primero contiene doce relatos y el segundo trece. El protagonista es un burrito llamado Ariol y los demás personajes son sus compañeros de clase, cada uno un animal humanizado distinto. Algunos episodios tienen que ver con la fascinación de Ariol y sus amigos con Caballero Caballo, un superhéroe. Otros, con algunas «películas» imaginativas que Ariol se monta. Los hay relacionados con su vida colegial, con los comentarios que hacen Ariol y sus amigos sobre los profesores, o con sus travesuras y charletas en clase, o con el interés de Ariol por su compañera Pétula. También mantiene diálogos con sus padres: en uno, por ejemplo, su madre le hace ver que, siendo un burro, puede ser más listo que su compañero caballo Pánfilo. Es todo un acierto su amigo Ramono, un cerdo, al que invita a pasar las vacaciones con él a casa de sus abuelos a pesar de que los padres de Ariol le hacen ver que su forma de comportarse puede resultar explosiva.

La narración discurre con fluidez a base de tres o cuatro viñetas por página. Hay humor en el dibujo de las figuras y en las situaciones: los autores consiguen presentar las cosas con una ironía sencilla y cordial, que facilita que, con naturalidad, los lectores, niños y adultos, se rían de sí mismos y aprendan a ver con amabilidad modos de ser distintos.

Marc Boutavant. Ariol: un burrito como tú y como yo (Un petit âne comme vous et moi, 2011). Texto de Emmanuel Guibert. Madrid: HarperCollins Ibérica, 2018; 124 pp.; trad. de Pilar Garí; ISBN: 978-84-17222-04-8. [Vista del libro en amazon.es]
Marc Boutavant. Ariol: el Caballero Caballo (Ariol. Le Chevalier Cheval, 2011). Texto de Emmanuel Guibert. Madrid: HarperCollins Ibérica, 2018; 134 pp.; trad. de Juan Carlos Chandro; ISBN: 978-84-17222-05-5. [
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lunes, 6 de agosto de 2018

Paso a paso, de Leo Lionni, trata de una pequeña oruga que se va librando de ser comida por un petirrojo, un flamenco, un tucán, una garza, un faisán y un colibrí, haciéndoles notar que puede serles de utilidad pues sabe medir cosas, como la cola, el cuello, el pico, las patas… Hasta que un ruiseñor le pide que mida su canto y entonces la oruga tiene una idea.

Relato que, a la vez que da conocimientos al lector pequeño —nombres y figuras de aves, el concepto de «medida»—, lo atrapa con un personaje pillo que sabe salir airoso de las situaciones difíciles. Y no es necesario insistir en la calidad de las ilustraciones a base de collages características de Lionni, un autor cuyos álbumes fueron, son y seguirán siendo modélicos.

Leo Lionni. Paso a paso (Inch by Inch, 1960). Pontevedra: Kalandraka, 2018; 32 pp.; col. Libros para soñar; trad. de Xosé Manuel González; ISBN: 978-84-8464-379-1. [Vista del álbum en amazon.es]

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