sábado, 28 de enero de 2012
Si
Aventuras de Pickwick viene a ser una prolongación de los
Sketches más luminosos y
Oliver Twist de los más oscuros,
Dickens abandonó esa fórmula con
Nicholas Nickleby, una novela sobre un héroe joven y valiente, irreprochable y triunfante.
Nicholas Nickleby es un chico joven que, a la muerte de su padre, ha de sostener a su madre y a su hermana: el narrador dice que eran una familia «absolutamente desconocedora de lo que se da en llamar el mundo —frase convencional que significa todos los bribones que en él existen—». Su rico tío Ralph, que tiene una baja opinión de Nicholas, le manda primero como tutor a una escuela de Yorkshire, Dotheboys Hall, dirigida por un personaje siniestro, Wackford Squeers —admirado por la odiosa profesora de
Matilda—, contra el que Nicholas se acaba rebelando. Luego son multitud los incidentes que ocurren: primero Nicholas y su compañero Smike se unen a unos cómicos, luego encuentra empleo en una empresa de Londres, va en aumento su enfrentamiento con su tío Ralph, aparecen muchos personajes y una y otra vez vuelven a escena Squeers y su extraña familia.
Esta novela se desarrolla en escenarios en los que Dickens había vivido y, para todo lo relativo a Dotheboys Hall, parece ser que se inspiró en un colegio y un director real. Como siempre, contiene personajes cómicos magníficos y escenas conseguidas, y una trama verdaderamente imaginativa. Además, destaca
Chesterton la figura del cómico al que se une Nicholas, Mr. Crummles, un artista sin éxito pero un artista serio: pues Dickens fue siempre particularmente bueno al mostrar los tesoros que pertenecen a quienes no triunfan en el mundo. Con todo, su tono de sátira social, y de dolor por las injusticias que sufren los más necesitados, no es del todo eficaz para el lector de hoy por sus acentos tan melodramáticos, sus continuas coincidencias asombrosas, y, sobre todo, porque sus personajes principales tienen poca consistencia.
A esto se refería Chesterton cuando destacaba que las novelas de aventuras tienen dos elementos inseparables, de amor y de lucha, y tres personajes que se podrían llamar san Jorge, el Dragón y la Princesa: la Princesa ha de ser amada, el Dragón debe ser combatido, y san Jorge a la vez ama a la primera y lucha contra el segundo. No se puede pedir a un hombre, como hacía Nietzsche, que luche sin amar, ni, como decía
Tolstoi, que ame sin combatir: no amas una cosa si no deseas luchar por ella, no puedes luchar por algo si no tienes un motivo por el que hacerlo. Una señal de las novelas románticas de aventuras es que san Jorge mata al dragón con rapidez y simplicidad, y otra —una de las debilidades de
Nicholas Nickleby—, es que miran a la heroína como alguien que sólo debe ser conquistado, como alguien que sólo debe ser salvado del Dragón. Aquí está un punto en el que las novelas victorianas son inferiores a los dramas isabelinos: Shakespeare hacía siempre a sus heroínas tan heroicas como a sus héroes.
Charles Dickens. Nicholas Nickleby (1838-1839). Edición española en Barcelona: Montesinos, 2004; 647 pp.; trad. de David González; ISBN: 84-96356-12-4.
viernes, 27 de enero de 2012
Northrop Frye: «El crítico debe establecer, para una cultura a la que no le importa el pasado y que no tiene defensas frente al futuro, una línea de continuidad que ligue a la cultura presente con su patrimonio, y por consiguiente con sus herederos». En cuanto crítico histórico ha de estudiar distanciada y objetivamente las culturas desvanecidas; en cuanto crítico contemporáneo debe descubrir el peso del pasado sobre su propio mundo.
Northrop Frye. El camino crítico: ensayo sobre el contexto social de la crítica literaria (The Critical Path, 1971). Madrid: Taurus, 1986; 149 pp.; col. Persiles, serie Teoría y Crítica literaria; trad. de Miguel Mac-Veigh; ISBN: 8430621660.
jueves, 26 de enero de 2012
El gigante bajo la nieve, de
John Gordon, es una novela de fantasía de 1968 acerca de la magia poderosa que se oculta en unos antiguos objetos de origen celta.
En una excursión colegial a un bosque, Jonquil Winters encuentra una rara hebilla y es atacada por un perro grande, pero es rescatada por una mujer, Elizabeth Goodenough, que tiene poderes extraordinarios. Cuando, de regreso en la ciudad, a Jonk la sigue acosando el perro y un tipo extraño, su amigo Bill recuerda una vieja leyenda sobre un Hombre Verde. Jonk y Bill intentan averiguar más cosas junto con su escéptico amigo Arf. Al final se ven envueltos en una pelea cósmica (es algo que suele ocurrir cuando uno tropieza con algo céltico, viene bien saberlo), en la que los tres amigos intervienen con acierto gracias también a unas mochilitas superprácticas con las que pueden volar.
La novela tiene tensión y está bien contada. Todo se desencadena rápido, antes de que los personajes estén bien dibujados, por lo que no son (o a mí no me han resultado) cercanos y atractivos. Lo interesante de la historia es que, aunque sea posterior a obras como
La piedra de Brisingamen o la serie
Los seis signos de la luz, puede considerarse que fue de las que contribuyó a expandir el género. Según parece, la edición actual fue revisada en 2006 para incluir algunas cosas más y actualizar algo el vocabulario.
John Gordon. El gigante bajo la nieve (The Giant Under the Snow, 1968). Barcelona: Bambú, 2011; 231 pp.; col. Exit Record; trad .de Roser Vilagrassa; ISBN: 978-84-8343-146-7.
miércoles, 25 de enero de 2012
El juego de Calder, de
Blue Balliett, tiene un enfoque parecido e iguales protagonistas a
El enigma Vermeer (y parece que también como
El misterio de la casa Robbie, sobre Frank Lloyd Wright, novela que no he leído).
El relato comienza con una exposición de móviles de Alexander Calder en el Museo de Arte contemporáneo de Chicago. A ella van Calder, Tommy y Petra con su colegio, pero no pueden disfrutarla bien a causa de su rigidísima profesora. Luego, Calder va con su padre a Inglaterra, a un pueblo llamado Woodstock, en el que también hay una escultura de Alexander Calder y un gran palacio con un enorme laberinto. Pero la escultura y el mismo Calder desaparecen un día, y Tommy y Petra, junto con la señora Sharpe, viajan allí para intentar ayudar en su búsqueda.
El interés principal de la autora es comunicar entusiasmo por la obra de Calder: se acentúa mucho la belleza incomparable de sus esculturas, tanto que resulta excesivo. Las explicaciones están bien dadas pero son muchas, lo que va en detrimento de la novela. Además, la historia policial es intrincada y nada convincente. En fin, al menos en mi opinión, una novelita debe conformarse con aludir y picar la curiosidad pero no alargarse con descripciones de una obra de arte visual y espacial que, obviamente, no está pensada para ser disfrutada en una novela. Luego, el cliché de la profesora militarista e hiperrígida frente al cliché de la profesora creativa y superamable cansa ya un poco. Con todo, el libro está bien escrito y construido con habilidad y, además, tiene unas extraordinarias ilustraciones en las que vale la pena fijarse: si no fuera por ellas (y porque Calder me gusta) tal vez no comentaría este libro.
Blue Balliett. El juego de Calder (The Calder Game, 2008). Barcelona: Salamandra, 2011; 252 pp.; ilust. de Brett Helquist; trad. de Raquel Vázquez Ramil; ISBN: 978-84-9838-350-8.
martes, 24 de enero de 2012
Aventuras extraordinarias de Massagran y sus continuaciones, de
Josep Mª Folch i Torres, unas aventuras en cómic de 1910 que se rehicieron en los ochenta con dibujos de
Josep Mª Madorell, no están disponibles en castellano ahora pero sí en catalán. En castellano, para los curiosos de la historia del cómic, y para quienes quieran pasar un buen rato, se pueden consultar en bastantes bibliotecas.
lunes, 23 de enero de 2012
Hace pocos días he puesto reseña de dos álbumes antiguos:
The Happy Day, de
Marc Simont y
Ruth Krauss; y
Un lunes por la mañana, de
Uri Shulevitz. Del segundo, porque hay edición en castellano y he visto que está en muchas bibliotecas españolas; del primero porque fue Uri Shulevitz, precisamente, quien el verano pasado habló calurosamente sobre él en un coloquio en
Ilustratour. Y, como dije allí, no está de más recordar que Marc Simont es hijo de padres barceloneses y pasó parte de su infancia en España: ¿puede ser un motivo para que sus álbumes se publiquen en castellano?
domingo, 22 de enero de 2012
Señala
Maryanne Wolf en
el libro citado días atrás que Sócrates fue un vigoroso detractor de la palabra escrita frente a la cultura oral a la que pertenecía. «En primer lugar, Sócrates postulaba que la lengua hablada y la escrita desempeñaban un papel diferente en la vida intelectual del sujeto; en segundo lugar, consideraba que las nuevas —y mucho menos rigurosas— exigencias de la lengua escrita colocaban tanto a la memoria como a la interiorización del conocimiento en una situación catastrófica y, por último, propugnaba con vehemencia el papel exclusivo de la lengua hablada en el desarrollo de la moralidad y la virtud sociales». Su preocupación por los riesgos que había en el paso de una cultura oral a una literaria, sobre todo para los jóvenes, tiene un cierto parecido con la inquietud de muchos por la transición actual de una cultura escrita a otra visual y digital. En última instancia, las preguntas que se planteaba Sócrates sobre la juventud ateniense son aplicables a nuestra situación: «¿La información sin orientación creará una falsa ilusión de conocimiento y, por consiguiente, restringirá los procesos de pensamiento más cruciales, lentos y difíciles que conducen al verdadero conocimiento en sí? ¿El acceso inmediato a la información obtenida con un motor de búsqueda y la cantidad ingente de datos a nuestro alcance, atrofiarán los procesos más lentos y deliberativos con los que ahondamos en nuestra comprensión de los conceptos complejos, en la manera de pensar de los demás y en nuestra propia experiencia?».
Maryanne Wolf. Cómo aprendemos a leer: historia y ciencia del cerebro y la lectura (Proust and the Squid, 2007). Barcelona: Ediciones B, 2008; 335 pp.; trad. de Martín Rodríguez-Courel; ISBN: 978-84-666-3835-7.
sábado, 21 de enero de 2012
Tal vez la obra de
Dickens que
Chesterton menciona más veces en sus artículos sea la de
Los papeles de Pickwick (o
Aventuras de Pickwick en la edición que tradujo
Galdós) y tal vez sea su personaje Sam Weller el que más veces cita. Hay que decir que no es una novela conseguida, no sólo porque su origen fue un poco accidentado y su estructura sea episódica, sino porque su desarrollo es muy desigual, pero sí que deja ver lo mejor de Dickens y sí que anunció a los lectores todas sus posibilidades como novelista.
En ella se narran las aventuras de un conjunto de personajes liderados por Mr. Samuel Pickwick, un caballero rico y mayor, fundador y presidente del Club Pickwick, cuyos miembros hacen viajes por Inglaterra e informan a los demás de lo que averiguan. Pickwick cambia de ser un poco bufón a ser un comerciante serio, según avanza la novela, sobre todo a partir del capítulo diez, cuando entra en entra en escena Sam Weller como su criado.
Señala Chesterton que, al introducir a un personaje cómico como Weller, el relato gana seriedad, no sólo porque le da una consistencia novelística que no tenía, sino porque Weller es un genuino representante del pueblo sencillo inglés. La relación entre Pickwick y Weller se parece a la de don Quijote y Sancho Panza: Pickwick es un inocente que lo ignora todo del mundo mientras que Weller es quien conoce cómo son las cosas en realidad, pero al final queda claro que a la inocencia le debe corresponder el papel de maestro y al conocimiento el de siervo.
Al final, a pesar de ser un libro que se podría romper en muchas novelas distintas, pues parece como si el autor estuviese ansioso y quisiese contar diez historias a la vez, ha quedado como un gran ejemplo de muchos rasgos que hicieron grande a Dickens: el buen humor, la exuberante jovialidad de sus personajes, las aventuras erráticas por los caminos junto con la hospitalidad de las posadas inglesas, la gran amabilidad y el sentido del honor por el que se guían los comportamientos de tanta gente sencilla y bondadosa.
Charles Dickens. The Pickwick Papers (1836-1837). Edición española, titulada Aventuras de Pickwick, en Madrid: Castalia, 2011; 912 pp.; col. Clásicos Universales Castalia; trad. de Benito Pérez Galdós; ISBN: 9788497404341.
viernes, 20 de enero de 2012
Me ha gustado el libro de Bernard-Henri Lévy sobre Piero della Francesca que cito abajo. En él, en relación al fresco, de mediados del siglo XV, El sueño de Constantino, dice: «Equivalencias. Falsas simetrías. Armonías de conos y de postes. Piero no ve: hace. No reproduce: produce. No es alguien inspirado, entusiasta, sino calculador y metódico. ¿Arte o ciencia, de nuevo? ¿Emoción o inteligencia? Una y otra. Una porque hay otra. Emoción porque hay inteligencia. Belleza porque hay cálculo».
Bernard-Henri Lévy. Piero della Francesca (1992). Gijón: Trea, 2011; 83 pp.; con el DVD Ritorno nella terra di Piero, de Nino Bizzarri; trad. de Pablo García Guerrero; ISBN: 978-84-9704-570-4.
jueves, 19 de enero de 2012
Un buen consejo de una lectora de la página me llevó hace unos meses a leer varios libros de Alexander McCall Smith, un escocés que nació y pasó su infancia en Zimbaue (antigua Rodesia), protagonizados por Precious Ramotswe: La primera detective de Botsuana, Las lágrimas de la jirafa, Zapatitos azules y felicidad. Hay más pero, de momento, no los conozco.
El primero cuenta quién es la protagonista, una mujer de unos 35 años «de complexión tradicional» que monta la primera agencia de detectives de su país y, al hilo de casos a los que va enfrentándose, habla de su vida pasada —su infancia y juventud con su padre, Obed, ya fallecido; sus primeras experiencias profesionales como contable de una empresa; su desgraciado primer matrimonio con un trompetista y el dolor que le dejó el fallecimiento de su bebé recién nacido—. En el siguiente ocurren nuevos incidentes y, tal como se veía en el primero, se anuncia su futuro matrimonio con J. L. B. Matekoni, el competente y bondadoso jefe del taller mecánico Speedy Motors. En el tercero ya están casados y coge más protagonismo mma Makutsi, la que al principio era una celosa secretaria y ahora es ya detective adjunta.
Son narraciones ágiles y divertidas, amables y llenas de humanidad, con mucha información sobre las costumbres y formas de vida locales. En ellas se suceden y entrelazan pequeñas intrigas detectivescas sobre cuestiones distintas: un niño que desaparece, un doctor que a veces actúa bien y otras mal, una mujer que desconfía de su marido, otra que pensaba que su padre había desaparecido pero un día se presentó en su casa, etc. Las cosas se suelen ver desde la perspectiva de mma Ramotswe, pero hay momentos en los que se sigue el curso de los pensamientos de otros personajes. Esto le sirve al narrador para mostrar el orgullo nacional local, el dolor por los sufrimientos de África, las críticas contra la forma de conducir de sus vecinos sudafricanos, el deterioro de la tradicional buena educación africana junto con lamentos sobre que los jóvenes no son tan considerados como antes, etc. También hay quejas equilibradas de los males propios de África: en el primer libro se indica que la gran tradición africana de ayudar a la familia, tan positiva, también da facilidades a caraduras y parásitos, la clase de «gente que arruinaba el sistema, pensó mma Ramotswe, la que desprestigiaba las viejas costumbres»; o se comenta el temor a las brujerías: dice el señor Matekoni que «no nos gusta hablar de ello», pero «es de lo que más nos avergonzamos los africanos. Sabemos lo que ocurre, pero hacemos la vista gorda. Sabemos perfectamente qué pasa con los niños desaparecidos. Perfectamente».
Hay muchos momentos hilarantes. Unos son debidos a la resistencia de los hombres a realizar tareas que la mujer ha desempeñado tradicionalmente. Así, en Zapatitos azules y felicidad, un comerciante, Phuti Radiphuti, le pregunta a su futura esposa, mma Makutsi, si es feminista, y cuando ella le dice que naturalmente que lo es, el narrador nos dice los pensamientos del novio: «Había imaginado un futuro de ternura y de cuidados mutuos, pero ahora lo veía más como un futuro de griterío y conflictos». Otros toman la forma de diálogos incisivos entre mujeres como, por ejemplo, un coloquio entre mma Ramotswe y mma Makutsi, cuando esta se encapricha de unos zapatos puntiagudos y mma Ramotswe, como quien no quiere la cosa, le dice: «Pero, que yo sepa, nadie tiene los pies puntiagudos —objetó Mma Ramotswe—. Si tuviéramos los pies en punta, en lugar de cinco dedos tendríamos sólo uno. —Hizo una pausa, dudando del efecto de su observación—. Bueno, será que esos zapatos están pensados para personas con un solo dedo, y no cinco. Zapatos ortopédicos o algo así».
Alexander McCall Smith. La primera detective de Botsuana (The No.1 Ladies’ Detective Agency, 1998). Barcelona: Umbriel, 2003; 216 pp.; trad. de Marta Torent López de Lamadrid; ISBN: 84-95618-38-9. Nueva edición en Punto de Lectura, 2008; 272 pp.; ISBN-13: 978-8466321921.
Alexander McCall Smith. Las lágrimas de la jirafa (Tears of the Giraffe, 2000). Barcelona: Umbriel, 2004; 198 pp.; trad. de Marta Torent López de Lamadrid; ISBN: 84-95618-39-7.
Alexander McCall Smith. Zapatitos azules y felicidad (Blue Shoes and Happiness, 2008). Madrid: Suma de letras, 2009; 305 pp.; trad. de Luis Murillo Fort; ISBN: 978-84-8365-092-9.
miércoles, 18 de enero de 2012
Un libro peruano de hace más de medio siglo, históricamente importante, del que no conozco edición en España:
Rutsí, el Pequeño Alucinado, de
Carlota Carvallo. Es un libro de fantasía pero también costumbrista y con muchas ricas descripciones de la naturaleza.
martes, 17 de enero de 2012
Y, continuando con
lo de ayer, recuerdo relatos sobre vidas de bibliotecarias cuyo entusiasmo vital y profesional deja huella y queda como una gran inspiración para otras personas:
La señorita Emilia y
The Library. Además, he puesto una ficha extensa del último: un álbum divertido, cálido y magníficamente construido.
lunes, 16 de enero de 2012
A los álbumes que tratan sobre bibliotecarias de leyenda, como
La señora de los libros, se han de añadir los dos de
Jeannete Winter: La bibliotecaria de Basora y, sobre todo,
Biblioburro, ambos sobre personas reales.
En el primero se cuenta el afán de una mujer por salvar libros, durante la guerra de Irak. En el segundo, que se sitúa en Colombia, se habla de Luis, un hombre que, montado en su burro y cargando con libros a su otro burro, comenzó a llevarlos a niños de aldeas aisladas: un reportaje al respecto se puede ver
aquí.
Son relatos con textos cortos e ilustraciones coloristas compuestas con imágenes como ingenuas y, a veces, pequeños detalles que sorprenden. La fuerza de los dos está en las mismas historias: en cómo hay personas cuyo esfuerzo y tenacidad logra cambiar cosas y, así, también encienden la esperanza en otros.
Jeanette Winter. La bibliotecaria de Basora (The Librarian of Basra: A True Story from Iraq, 2005). Barcelona: Juventud, 2007; 32 pp.; trad .de Elodie Bourgeois y Teresa Farran; ISBN: 978-84-261-3582-7.
Jeanette Winter. Biblioburro. Una historia real de Colombia (Biblioburro: A true Story from Colombia, 2010). Barcelona: Juventud, 2010; 32 pp.; trad. de Susana Tornero; ISBN: 978-84-261-3816-3.
domingo, 15 de enero de 2012
Una de las ideas que recorre Cómo aprendemos a leer: historia y ciencia del cerebro y la lectura, de Maryanne Wolf, es la de que «un sistema de clases poco estudiado divide de manera invisible a nuestra sociedad; las familias que proporcionan a sus hijos un entorno fecundo en oportunidades de lenguaje escrito y oral se alejan poco a poco de aquellas que no lo hacen o no pueden hacerlo. (…) En algunos entornos el niño de clase media oye treinta y dos millones de palabras habladas más que el niño desfavorecido.
Los niños que empiezan el jardín de infancia habiendo oído y utilizado miles de palabras, cuyos significados ya han comprendido, clasificado y almacenado en su tierno cerebro, parten con ventaja en el campo de juego de la educación. Los niños a los que nunca se les lee un cuento, que nunca oyen rimas, que jamás se imaginan luchando con dragones o casándose con princesas, tienen abrumadoramente en contra todas las apuestas».
Añado yo: esa diferencia de clases será también enorme, y lo es ya, entre quienes crecen teniendo a su alcance, físicamente, libros distintos y valiosos, que pueden tocar, ver, leer y compartir, y quienes crecen sin tenerlos. En el caso de los adultos tengo claro que los libros electrónicos pueden reemplazar a la inmensa mayoría de los libros físicos, en el caso de los niños no habrá forma de sustituirlos. O sí, pero con un perjuicio grandísimo para los niños que sufran esa decisión.
Maryanne Wolf. Cómo aprendemos a leer: historia y ciencia del cerebro y la lectura (Proust and the Squid, 2007). Barcelona: Ediciones B, 2008; 335 pp.; trad. de Martín Rodríguez-Courel; ISBN: 978-84-666-3835-7.
sábado, 14 de enero de 2012
Los primeros escritos de
Dickens, que firmó como
Boz, se reunieron, en su momento, en
Sketches by Boz, en cuatro secciones: «Nuestra parroquia», «Escenas», «Personajes» y «Cuentos». Por ellos desfilan personajes y escenarios de distinto tipo: aprendices, oficinistas, juzgados, periódicos, teatros, jardines públicos, licorerías… Es como un montón de material narrativo —en el que hay sátiras, pinturas, escenas, etc.—, a caballo entre la crónica periodística y el ensayo literario, donde quedan de manifiesto su energía y su poder creativo, pero también la torpeza y la ignorancia propias de su bisoñez. Es el único libro de Dickens, decía
Chesterton, cuya fecha es esencial: resulta necesario decir que es su primer libro pues, igual que
El misterio de Edwin Drood fue su último libro y no lo dejó terminado, con más motivo hay que señalar que las
Escenas están menos terminadas aún.
En cualquier caso, Dickens dio una primera muestra de su talento al elegir temas antiguos y probados. Decía Chesterton que no hay signo más claro de falta de originalidad entre los escritores que su empeño en encontrar temas nuevos. No se dan cuenta de que lo que es cierto acerca de una oda clásica lo es también acerca de una vieja broma: un verdadero poeta escribe acerca de que la primavera es maravillosa porque, después de miles de primaveras, sabemos que es realmente maravillosa. Del mismo modo, un verdadero humorista escribe acerca de un hombre que se sienta sobre su propio sombrero porque, por muchas veces que suceda, es algo divertido. Y esto Dickens lo tuvo siempre claro.
Charles Dickens. Sketches by Boz (1836). Edición española, titulada Escenas de la vida de Londres por "Boz", en Madrid: Abada, 2009; 342 pp.; ilust. de George Cruikshank; edición, introd., trad. y notas de Miguel Ángel Martínez-Cabeza; ISBN: 978-84-96775-52-7.
viernes, 13 de enero de 2012
Sainte-Beuve: «No crean (excepto en muy pocos casos) en la improvisación: todo lo que es bueno ha debido ser previsto y pensado. Demóstenes meditaba sus discursos y hacía provisiones de exordios; el Sr. De Tayllerand preveía sus gracias con antelación, y las circunstancias se las sacaban luego de improviso; si Bonaparte, durante las revistas, sabía nombrar a cada soldado por su nombre, es que se había acostado la noche anterior estudiando a fondo lo que llamamos los Cuadros del ejército.
Todo es comedia, y toda comedia ha tenido su ensayo».
Charles Augustin Sainte-Beuve. Mis venenos (obra póstuma, de 1926). La Laguna: Artemisa, 2007; 133 pp.; trad. de Fátima Sainz y Maryse Privat; prólogo de Juan Malpartida ISBN: 978-84-96374-44-7.
jueves, 12 de enero de 2012
Reyes de la basura, de Andy Mulligan, es un relato absorbente que me ha recordado a Slumdog Millionaire.
Se ambienta en una ciudad llamada Behala (que por la historia del autor estaría en Filipinas), donde hay un gran basurero en el que sobreviven muchas personas recogiendo restos. Los protagonistas son tres chicos, Rafael Fernández, Gardo y Rata, que un día encuentran un misterioso bolso con un nombre, una llave y unas instrucciones dentro. La policía intenta recuperar ese bolso pero ellos no dicen nada y, siguiendo las pistas que tienen, acaban entrevistándose con un dirigente político encerrado en la cárcel desde hace tiempo y averiguando el origen real de la fortuna de un hombre poderoso.
La novela está narrada por quienes vivieron los hechos: sobre todo por los mismos protagonistas, pero también por el Padre Julilliard, director de la Escuela Misionera de Behala, que conoce a los chicos y pide a otras personas que vayan contando su participación en lo que ocurrió, como Olivia Weston, que era supervisora en su Escuela, y a otras personas con un papel pequeño. En este sentido buena parte del impacto de la narración se debe a su artificiosidad (igual que Slumdog Millionaire), y no hay duda de que resultan forzados algunos pasos del relato y ciertos aspectos del desenlace. Pero lo cierto es que tanto el hilo argumental como la sórdida vida en el basurero atrapan al lector: la primera de las claves es que la historia tiene gancho; otra es la buena dosificación con la que llega la información y el encaje de las distintas maneras de contar y de los diferentes puntos de vista; y otra es el tono amable con el que los chicos lo cuentan todo, con claridad pero sin ironía, con buen humor, y sin intentar azuzar en exceso la indignación del lector.
Andy Mulligan. Reyes de la basura (Trash, 2010). Barcelona: Salamandra, 2011; 219 pp.; trad. de Santiago del Rey; ISBN: 978-84-9838-390-4.
miércoles, 11 de enero de 2012
Velas rojas es una novela de aventuras de 1923 firmada por
Aleksandr Grin. El autor alemán
Willi Fährmann publicó una versión reducida titulada
El velero rojo que conserva la tensión y los acentos de romanticismo entusiasta del original.
martes, 10 de enero de 2012
lunes, 9 de enero de 2012
La Ardilla Miedosa por la noche, de
Melanie Watt, vuelve a los mismos temas y recursos de
los anteriores libros de la protagonista. Esta vez vemos que no quiere tener pesadillas por la noche: tiene todo un catálogo de los seres que no quiere que se le aparezcan y una lista de tareas para no dormirse pero, entonces, también se nos ofrece una colección de los efectos secundarios de pasar las noches en blanco… Como los relatos previos también este resulta gracioso y supongo que práctico para quienes tengan parecidas inquietudes.
Otro libro de la misma ilustradora con un registro distinto es
Chester, un gato presumido que interfiere con el trabajo de la autora, bastante maleducadamente, para ocupar en exclusiva el primer plano y quitárselo al ratón que, al principio, era el protagonista. Tiene chispa y se alinea con las historias que, como
Johanna en el tren, convierten al autor en un personaje más del relato. Aunque sea ya conocido, está bien el efecto portada-contraportada de gato y ratón.
Mélanie Watt. La Ardilla Miedosa por la noche (Scaredy Squirrell at night, 2009). Madrid: Almadraba, 2011; 32 pp.; trad. de Rosa Pérez; ISBN: 978-84-92702-89-3.
Mélanie Watt. Chester (2007). México D.F., SM: 2010; 32 pp.; trad. de María Cristina Vargas; ISBN: 978-607-471-508-8.
domingo, 8 de enero de 2012
Lev Vigotsky: «El singular poder de la forma artística fue bien entendido por Tolstoi, quien señaló que toda violación de la forma, incluso mínima, acaba de inmediato con el efecto artístico: “(…) Mientras corregía el esbozo de un alumno, [el pintor ruso] Briullov le dio unos cuantos toques aquí y allá y, de repente, el esbozo torpe y gris cobró vida. ‘¡Pero usted apenas lo ha tocado, y todo ha cambiado!’, le dijo uno de los alumnos. ‘El arte empieza donde empieza el apenas”, contestó Briullov, expresando así el rasgo más característico del arte"».
Lev Vigotsky. Psicología del arte (edición inglesa: Psychology of art, 1971). Barcelona: Paidós, 2006; 364 pp.; col. Paidós básica; trad. de Carlos Roche; introd. de A. N. Leontiev y comentario de V.V.Ivanov; ISBN: 84-493-1850-5
sábado, 7 de enero de 2012
Antes de poner una reseña de
Appreciations and Criticisms of the works of Charles Dickens, una obra de
Chesterton, en sábados sucesivos voy a ir poniendo comentarios a las obras de Dickens.
En el último año he leído algunas que no conocía, he repasado rápido varias que había leído hace mucho tiempo, y he buscado algunas escenas destacadas de otras. No he pretendido hacer un estudio y unas reseñas completas —pues eso requeriría leerlos de otra manera—, sino sólo, en cada caso, señalar algún aspecto de los que subraya Chesterton o de los que a mí me interesan más.
No empecé con esto porque, en febrero de 2012, se cumpliesen doscientos años del nacimiento de Dickens, cosa que ni miré, sino porque Dickens me gusta y porque buscaba entender mejor las observaciones de Chesterton. En lo que yo sé, nadie como él tiene una visión tan amplia de la literatura inglesa y, en particular, de la literatura victoriana; y sus críticas, tanto las concretas a Dickens como las literariamente más generales, me parecen luminosas.
Para empezar, he mejorado la información que había ya en la página de
Oliver Twist y
David Copperfield (que aparecen en la ficha completa de
Dickens), y la reseña que había hecho sobre
Barnaby Rudge.
viernes, 6 de enero de 2012
En «Algunas definiciones» (1923), Robert Frost dice:
—«Hay dos tipos de realistas: el que para demostrar que es real ofrece una buena cantidad de tierra con la patata y el que se contenta presentando la patata sin tierra. Yo tiendo a ser del segundo tipo. Para mí, lo que hace el arte por la vida es limpiarla para revelar la forma».
Y algunos inteligentes e irónicos ¿aforismos? de «Poesía y escuela» (1951), son:
—«No se ha explicado a los niños por qué en la escuela la poesía parece tener más importancia que en el mundo de fuera. Deben preguntárselo».
—«La principal razón para ir a la escuela es adquirir la impresión para toda la vida de que todo acaba basándose en los libros».
—«Vamos a la universidad para tener una ocasión más de aprender a leer por si no hemos aprendido en el instituto. Una vez hemos aprendido a leer, puede confiarse que el resto vendrá por añadidura».
—«Escribimos en la escuela sobre todo porque experimentar con la escritura debería convertirnos en mejores lectores».
—«Las emociones tienen que ser contenidas y sujetadas con disciplina al molino de la inteligencia, no liberadas con exclamaciones. Ninguna fuerza llevará lejos su expresión si no se cierran todos sus poros con disciplina para que el chorro salga por un solo orificio. Es sabido que la emoción supura».
Robert Frost. Prosas (The Collected Prose of Robert Frost). Barcelona: Elba, 2011; 158 pp.; trad. de Dolors Udina; prólogo y notas de D. Sam Abrams; ISBN: 978-84-938448-3-7.
jueves, 5 de enero de 2012
miércoles, 4 de enero de 2012
Hace años, una especialista alemana me dijo que los libros de
Kásperle, que escribió en los años veinte
Josephine Siebe, tenían poca calidad. Sin embargo, en mi recuerdo, no era así: tal vez porque, como comprobé después de que me lo dijo, la traducción era de
María Luisa Gefaell. En cualquier caso, sí son libros que capturan bien la magia que, para los niños, tiene el mundo de las marionetas. La ilustración de la derecha, de Karl Purrmann, está tomada de la edición en alemán del primer libro de la serie, que se puede leer en el
proyecto Gutenberg.
martes, 3 de enero de 2012
lunes, 2 de enero de 2012
domingo, 1 de enero de 2012