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bienvenidosalafiesta: cuaderno de notas y diccionario de autores y obras de literatura infantil y juvenil    
bienvenidos a la fiesta
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domingo, 11 de diciembre de 2016

La expansión del cristianismo, de Rodney Stark, un estudio sociológico que intenta explicar las razones por las cuales el cristianismo se convirtió en la religión mayoritaria del Imperio Romano en tan poco tiempo, me ha parecido un libro luminoso. Indico hoy un resumen del contenido del libro y ampliaré un poco más el comentario en una nota posterior.

El autor, un sociólogo especializado en cuestiones religiosas, a las que aplica criterios tomados de la economía, primero explica en qué formas, en qué lugares y entre qué gentes, se propagó el cristianismo. Habla del efecto que tuvieron los mártires —un importante factor de credibilidad—, y de la importancia que tuvieron las diferencias de comportamiento entre cristianos y paganos en relación a los enfermos —sobre todo durante las epidemias que hubo—, a los infanticidios —tan frecuentes en el mundo grrecorromano—, a la vida matrimonial y la consideración de la mujer, etc.

El autor da todas las cifras que se han podido establecer, pero es cuidadoso en sus apreciaciones y señala cómo, si hacernos cargo de la situación religiosa de nuestro tiempo es difícil, lo es más aún si queremos estudiar un periodo tan remoto y mucho menos documentado. Citando a un colega suyo, habla de que comparte absolutamente su desdén «por los psicologismos históricos, tales como la perspectiva de que se trataba de una época plena de “ansiedad”, o de que hubo entonces una “falta de coraje” o que eran tiempos de “entusiasmo”». Señala también que, «como experimentado realizador de encuestas de opinión», es muy escéptico acerca de que puedan caracterizar sentimientos y pensamientos de millones de personas «sobre la base de unas pocas citas literarias o unas pocas inscripciones».

En la conclusión del capítulo 9, «Oportunidad y organización», dedicado a la interacción del cristianismo con el mundo grecorromano dice lo siguiente: «El cristianismo no creció porque los milagros influyesen en las plazas de los mercados (aunque pudo haber habido algo de eso), o debido a que Constantino dijo que sí, o incluso a causa de que los mártires le otorgaron tanta credibilidad. Se expandió porque los cristianos constituyeron una comunidad intensa, capaz de generar esa “invencible obstinación” que tanto ofendía a Plinio el Joven, pero que proporcionaba inmensas recompensas religiosas. Y los medios esenciales de su crecimiento fueron los esfuerzos mancomunados y motivados del creciente número de creyentes cristianos, que invitaban a sus amigos, parientes y vecinos a compartir la “buena nueva”».

Rodney Stark. La expansión del cristianismo. Un estudio sociológico (The rise of Christianity. A Sociologist Reconsiders History, 1996). Madrid: Trotta, 2009; 219 pp.; trad. de Antonio Piñero; ISBN: 978-84-9879-068-9. [Vista del libro en amazon.es]

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sábado, 10 de diciembre de 2016

Acabo de poner en Amazon una segunda edición, ampliada y mejorada, de La discreción del bien. A lo largo de los dos años anteriores he ido releyendo sus grandes novelas, por lo que las reseñas sobre ellas son ahora más completas, y algunas obras clásicas sobre él, para incluir también una visión de conjunto de toda su obra: el resultado final es una (espero que) buena guía para leer y comprender mejor a Dostoievski.

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viernes, 9 de diciembre de 2016

Me llamo Lucy Barton, de Elizabeth Strout, es una novela cortita que, aunque llena de calidez y humanidad, deja el poso agridulce característico de tantas novelas sobre niños que se convierten en víctimas de unos padres que van a lo suyo.

La narradora, Lucy Barton, casada y con dos hijas, está hospitalizada: «era a mediados de los ochenta, antes de los teléfonos móviles». Su estancia se prolonga y viene su madre a estar con ella unos días. Con este pretexto sale a la luz su dura infancia, los modos de ser de sus padres, las relaciones con sus hijas pequeñas y con su marido, otras amistades que tiene, sus inicios como escritora y su triunfo posterior, y otras cosas que fueron ocurriendo en su vida.

La narración es un tanto deshilachada —se suceden incidentes, reflexiones, recuerdos…— pero esa falta de estructura también contribuye a su naturalidad: el lector puede pensar que una escritora famosa, como es la narradora, podría hacerlo mejor; o puede pensar que, precisamente por ser una buena escritora, puede hacerlo así de bien pareciendo que todo está escrito como quien no quiere la cosa.

La narradora se detiene con frecuencia, con acierto, en el mundo de sentimientos infantiles. Habla también de los encuentros con gente variada que pueden darse en una gran ciudad como Nueva York. Describe cómo su vocación de escritora se acaba imponiendo a sus obligaciones familiares y causando daño a sus hijas: «Becka, la más sensible de mis hijas, me dijo en aquella época: —Mamá, cuando escribes una novela, puedes reescribirla, pero cuando vives con alguien veinte años, ésa es la novela, y no puedes volver a escribir esa novela con nadie».

Elizabeth Strout. Me llamo Lucy Barton (My name is Lucy Barton, 2016). Barcelona: Duomo, 2016; 184 pp.; col. Nefelibata; trad. de Flora Casas; ISBN: 978-8416261918. [Vista del libro en amazon.es]

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jueves, 8 de diciembre de 2016

Las cuatro novelas que componen la serie que comienza con El Dador tienen tramas intensas que se centran en los problemas interiores de sus protagonistas. Son libros que se desarrollan con calma, en ocasiones con una cierta solemnidad, que están bien escritos, con frases cortas y las descripciones justas.

Igual que muchos relatos de ciencia-ficción tienen mucho de cuentos de advertencia, pues buscan hacer pensar en qué futuro queremos o nos espera. Son buena literatura juvenil, por su calidad literaria y narrativa, porque tienen argumentos tensos de los que atrapan a un lector mínimamente atento, y porque presentan chicos y chicas reflexivos en momentos críticos. No son relatos cómodos para todos los lectores porque su confección responde a criterios literarios y no a la búsqueda del éxito popular, lo que significa precisión, cuidado, unos protagonistas que no son superhéroes y unos desenlaces que son esperanzadores pero nada rotundos.

Presentan cuatro mundos distintos que son contemporáneos entre sí. Cada una de las tres primeras novelas se ambienta casi en un solo lugar: la Comunidad de El Dador —una novela en la que no hay referencias a otros sitios posibles salvo el destino al que parece llegar Jonás cuando huye al final, pero ni a él ni al lector se le da ninguna información al respecto—; la ciudad de En busca del azul, que parece un mundo aislado aunque, al final, se habla de otro lugar y se da una leve indicación de que allí es donde vive Jonás; ese sitio es Pueblo, el escenario donde se desarrolla El Mensajero y la tercera parte de El hijo; y un cuarto enclave, que solo es de paso, es donde sucede la parte intermedia de El hijo.

En la primera novela se presenta un mundo donde todo está planificado, en el que todos los ciudadanos toman medicación para controlar sus ansiedades, donde a los ancianos se los «libera» cuando llega su momento, y a los niños innecesarios o indeseados también se los hace desaparecer. En la segunda, en un ambiente más o menos paramedieval, se da un control también completo y cruel por parte de los gobernantes pero aquí, a quien tiene algún defecto, no se le mata sino que se le expulsa. En el mundo de la tercera, también de aires medievales y sin tecnología, los expulsados de otros lugares han llegado a un modo de convivencia solidario que se ve amenazado por el crecimiento de la codicia y el egoísmo.

Lois Lowry. El Dador (The Giver, 1993). León: Everest, 2005, 12ª impr.; 172 pp.; col. Punto de Encuentro; trad. de María Luisa Balseiro; ISBN: 84-241-5953-5. Nueva edición el año 2009; 224 pp.; ISBN: 978-84-241-3584-3. [Vista del libro en amazon.es]
Lois Lowry. En busca del azul (Gathering Blue, 2000). León: Everest, 2003; 219 pp.; col. Punto de encuentro; trad. de María Luisa Balseiro; ISBN 84-241-8018-6. [Vista del libro en amazon.es]
Lois Lowry. El mensajero (Messenger, 2004). León: Everest, 2010; 195 pp.; trad. de Alberto Jiménez Rioja; ISBN: 978-84-241-3675-8. [
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Lois Lowry. El hijo (Son, 2012). León: Everest, 2013; 351 pp.; trad. de Alberto Jiménez Rioja y Nuria Jiménez Rioja; ISBN: 978-84-441-4955-4. [
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miércoles, 7 de diciembre de 2016

Oliver Crisp, de diez años, es el protagonista principal de Oliver y las marpelucas, escrito por Philip Reeve e ilustrado por Sarah McIntyre, los mismos autores de Pastel espacial.

Sus padres, unos incansables aventureros, han decidido asentarse por fin y él está muy contento. Pero, al llegar a la bahía Aguahonda, cuando ven unas islas que no habían visto antes, sus padres deciden ir a explorarlas y desaparecen, ellos y las islas. Oliver sale a buscarlos y empiezan sus encuentros con personajes curiosos: un albatros insolente llamado Culpeper, una sirena un poco cegata llamada Iris, una isla «semoviente» (o que se mueve) a la que llaman Roque… Juntos, terminan haciendo frente a una isla malvada llamada Malpeñasco y a un abusón un tanto ridículo llamado Stacey de Lacey, a quien secundan una multitud de monitos (que me han recordado, no gráficamente, pero sí por su comportamiento) a los Minions..

Quizá lo menos conseguido sea el malvado —el abusón típico de tantos relatos infantiles— pero lo demás está muy bien. Hay originalidad, buen humor, ilustraciones bien integradas en la historia, logros como el Mar de los Sarcasmos —en el que «las algas no hacen más que soltar comentarios desagradables e hirientes» a los marinos—, comentarios acertados al paso —«si algo había aprendido durante sus años de exploraciones, era que los problemas no se resolvían quejándose»—, y (al menos para mí) el misterio de qué significará «marpelucas»...

Philip Reeve. Oliver y las marpelucas (Oliver and the Seawigs, 2013). Madrid: SM, 2016; 201 pp.; col. Barco de Vapor; ilust. de Sarah McIntyre; trad. de Xohana Bastida; ISBN: 978-84-675-8606-0. [Vista del libro en amazon.es]

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martes, 6 de diciembre de 2016

Muchos de los relatos infantiles son, para sus lectores naturales, buenos ejercicios de perspectiva, formas de aprender a ver las cosas desde otros puntos de vista, oportunidades para entender mejor cómo son los demás. Se ve bien en el caso de ¡Mi maestra es un monstruo!, de Peter Brown. El protagonista, un chico revoltoso llamado Roberto, piensa que la maestra Kirby es un monstruo: le grita, le riñe, le castiga… Además, para su disgusto, Roberto coincide un día con ella en el parque. El álbum tiene mucho de cómic: el autor recurre a globos de texto para los diálogos entre los protagonistas y a multiplicar, en algunas páginas, las escenas que muestran el trato entre Roberto y su maestra. Son muy expresivos los rostros de las figuras y, como las imágenes van sobre fondo blanco al modo más clásico, el álbum es de lectura muy cómoda.

Peter Brown. ¡Mi maestra es un monstruo! (My Teacher es a Monster (No, I am Not), 2014). Barcelona: Océano Travesía, 2016; 34 pp.; trad. de Luis Bernardo Pérez; ISBN: 978-607-735-732-2. [Vista del álbum en amazon.es]

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lunes, 5 de diciembre de 2016

Son muchos los álbumes que presentan cómo el mundo imaginativo del niño se dispara en algunas ocasiones. Que recuerde ahora: En el desván, Mi dinosaurio, Luna y la habitación azul…; o los que aparecen en la nota Imaginación que inunda la realidad. De lo mismo trata ¡Camacadabra!, de Alejandrina Alfaro y Antonia Barros, un álbum con una edición sencilla pero con imágenes amables y un texto fluido en octosílabos sonoros.

Los dos protagonistas, cuando su madre sale, se ponen a ordenar su habitación y, en el proceso, la imaginación toma el mando. Así comienza: «Mamá se va a hacer la compra / por la mañana temprano / y antes de salir de casa / nos dice a mí y a mi hermano: / Tenéis que hacer vuestras camas / mientras yo hago los recados. / Cuando vuelva quiero todo / recogido y ordenado». Así que, mientras se ponen manos a la obra, los deseos de jugar y la fantasía de los dos empiezan a trabajar.

Mi simpatía por este álbum se debe a que, cuando es bastante normal el exceso de diseño, de recursos que sólo buscan espectacularizar el libro, o de singularidades que buscan más agradar al adulto y al experto que al niño, me ha gustado encontrarme con un álbum que tiene lo más importante que hay que tener: buena historia, buen relato, versos óptimos para leer en alto, e imágenes de las que gustan a una mayoría de niños.

Alejandrina Alfaro. ¡Camacadabra! (2016). Texto de Antonia Barros Pena. Madrid: Alén de Mingures, 2016; 40 pp.; ISBN: 9788460896241  [Vista del libro en la página de la editorial]

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domingo, 4 de diciembre de 2016

He puesto datos de nuevas ediciones de varias novelas de Jane Austen: Sensatez y sentimiento, Mansfield Park, Emma, Persuasión.

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sábado, 3 de diciembre de 2016

Alberto Manguel, que fue un joven lector de Borges muchas tardes de los años 1964 a 1968, reunió en su libro Con Borges un buen puñado de anécdotas, opiniones y comentarios que, afirma, «no son recuerdos; son recuerdos de recuerdos de recuerdos, y los hechos que los justifican se han desvanecido, dejando apenas unas escasas imágenes, unas pocas palabras que ni siquiera estoy seguro de recordar con exactitud. “Me conmueven las menudas sabidurías / que en todo fallecimiento se pierden”, escribió sabiamente un joven Borges».

Con amenidad, habla de la ceguera de Borges, de que su mundo era completamente verbal, de su preferencia por la épica, de su afición a las novelas policiacas, de su querencia por los espejos y los laberintos, de su cortesía y humildad a la vez que de su sarcasmo y de sus opiniones francamente discutibles. Explica bien que Borges renovó el idioma, en parte porque «sus amplios métodos de lectura le permitieron incorporar al español hallazgos de otras lenguas: del inglés, giros de frases; del alemán, la habilidad para mantener hasta el fin el tema de una oración». Indica que «poseía un don especial para la paradoja, para las expresiones reveladoras y para los elegantes galimatías, como cuando le advertía a su sobrino de cinco o seis años: “Si te portás bien, te voy a dar permiso para que imagines un oso”».

Menciona su patriotismo que, como muchas otras cosas, iba ligado con una fuerte autoironía: «Frente a la vastedad de la pampa (cuya visión afecta a los argentinos —decía—, tanto como la del mar afecta a los ingleses), una lágrima rodaba por su mejilla y él murmuraba: “¡Carajo, la patria!”». Señala su entusiasmo por la conversación: «a Borges le apasionaba charlar, y a la hora de comer solía elegir lo que él llamaba “un plato circunspecto”, arroz o pastas con manteca y queso, para que la actividad de comer no lo distrajese de la de hablar». Cuenta que, cuando el perro favorito de su amiga Silvina Ocampo murió, «Borges la encontró llorando e intentó consolarla diciéndole que existía, más allá de todos los perros, un perro platónico, y que cada perro era, a su modo, ese Perro. Silvina se enfureció y le dijo bruscamente adónde podía irse con su perro arquetípico».

Alberto Manguel. Con Borges (2004). Madrid: Alianza, 2004; 112 pp.; col. Alianza Literaria; ISBN: 978-8420643410. [Vista del libro en amazon.es]

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viernes, 2 de diciembre de 2016

En su momento leí Correr, de Jean Echenoz, que me gustó por su estilo minimalista, su trama levantada con los elementos justos y sus párrafos construidos con minuciosidad y concisión. Así que tomé nota en mis listas, cuando salió, de 14, una breve novela que he leído ahora.

Primera Guerra Mundial. Varios jóvenes de un pueblo de La Vendée son movilizados. Los principales son Anthime y su hermano Charles: ambos trabajan en la fábrica de zapatos Borne-Sèze y los dos cortejan a la heredera, Blanche. Se cuenta su alistamiento, se habla de su confianza inicial en que «a todas luces aquello duraría poco», y se narran los incidentes que la guerra les va deparando.

El autor ha pretendido una novela esquemática lo que, unido a los ramalazos irónicos del narrador, provoca que le falte un poco de tensión. Pero es una buena opción confeccionar un relato sintético y dejar que los sentimientos afloren sólo de los hechos y de un lenguaje cuidado, pues el relato se lee con interés. Por otra parte, tal como indica el narrador después de una escena bélica, «todo esto se ha descrito mil veces, quizá no merece la pena detenerse de nuevo en esta sórdida y apestosa ópera. Además, quizá tampoco sea útil ni pertinente comparar la guerra con una ópera, y menos cuando no se es muy aficionado a la ópera, aunque la guerra, como ella, sea grandiosa, enfática, excesiva, llena de ingratas morosidades, como ella arme mucho ruido y con frecuencia, a la larga, resulte bastante fastidiosa».

Jean Echenoz. 14 (2012). Barcelona: Anagrama, 2013; 104 pp.; col. Panorama de narrativas; trad. de Javier Albiñana; ISBN: 978-8433978738. [Vista del libro en amazon.es]

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viernes, 2 de diciembre de 2016

En bienvenidosalafiesta: notas de noviembre. Entre los libros reseñados en el mes hay algunos álbumes simpáticos, aunque ninguno excepcional (como sí habrá en diciembre). De los restantes destacaría el cómic La casa; la entrevista a Roberto Innocenti titulada El cuento de mi vida; y una novela antigua, El caballero de El Dorado.

En Medium he seguido publicando selecciones de relatos: para lectores de unos ocho años; para lectores de unos nueve añospara lectores de unos diez años, para lectores de unos once años; para lectores de unos doce años.

No he puesto notas ni en Primer cuaderno ni en Segundo cuaderno. 

He seleccionado artículos de distinto tipo que me han gustado en mi cuenta de twitter y en la de facebook. Repasándolos ahora, recordaría estos: esta selección del New York Times sobre los mejores libros ilustrados del año; este artículo de la hija de Astrid Lindgren; esta entrevista a Inger Enkvist; y esta noticia sobre las pinturas que ocultó el padre de Shakespeare.

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jueves, 1 de diciembre de 2016

En lo que yo conozco diría que El Dador es la mejor distopía juvenil moderna, con diferencia sobre las demás. No sé hasta qué punto Lois Lowry la escribió pensando en prolongarla o no con otros relatos —a primera vista diría que no—, pero, sea como sea, lo cierto es que luego la continuó con En busca del azul, El Mensajero y El hijo. Años atrás leí la segunda: me sorprendió que fuera tan diferente de El Dador, por más que viera semejanzas de fondo; y me sonaba extraño que, para mostrar las peculiaridades del modo de hablar de algunos personajes, en la traducción al castellano se usasen modos asturianos de decir. Pero como Lowry es una muy buena escritora decidí leer seguidas las cuatro: ha sido una buena experiencia. Resumo hoy los argumentos de las novelas dos, tres y cuatro.

En busca del azul ocurre varios años después de El Dador (según se sabrá más adelante), en un pueblo de campesinos en el que no se aprecia ninguna tecnología. Nora (Kyra, en el original), es una chica coja de dieciséis años que, cuando su madre fallece, queda bajo la protección del Consejo de Guardianes debido a su don para bordar. Es internada en un lugar especial para que pueda bordar el gran manto que se usa en una gran celebración anual. Poco a poco averigua otros secretos, sobre su pueblo y su pasado. Gracias a un chico pequeño llamado Mat, que le tiene mucho afecto y que hace un largo viaje para conseguir los materiales necesarios, que no tenía en su pueblo, acaba pudiendo usar el azul en su trabajo.

Varios años después de la novela previa suceden los hechos que se cuentan en El Mensajero, que se desarrolla en un lugar llamado Pueblo. El protagonista es Mati (los traductores de las novelas son distintos y los nombres cambian), el chico que había ido en busca del azul, que vive con Veedor, un hombre ciego al que había llevado a ver a Nora/Kira en la novela previa. En Pueblo viven personas que han sido expulsadas o que han huido de sus lugares de origen y que allí, gracias a un gobierno benevolente cuyo Líder es el joven Jonás, el protagonista de El Dador, van recomponiendo sus vidas. Pero cuando entra en escena un personaje misterioso, llamado Canjeador, las cosas cambian: hay quienes plantean vallar Pueblo e impedir la entrada de quienes lleguen de otros sitios, y el Bosque que les rodea —a través del cual Mati ha viajado siempre sin dificultad— empieza a comportarse modo poco amistoso.

La cuarta novela, El hijo, está dividida en tres partes: Antes, Durante, Después. Su protagonista principal es Clara y, en la tercera parte, lo es también su hijo Gabriel. La primera se desarrolla, igual que El Dador, en la Comunidad: Clara era lo que allí se llamaba Biomadre y tuvo un niño que, a continuación, pasó a disposición de la Comunidad; ella se las arregló para saber que su hijo era el niño 36 y conseguir tener alguna relación con él. El niño, recién nacido, vivió un tiempo con la familia de Jonás y, cuando este huyó, se lo llevó con él porque supo que la Comunidad había decidido «liberarlo». En la segunda parte, Clara, que ha huido de la Comunidad para intentar reencontrarse con su hijo, termina en un lugar de vida campesina, donde ha de recuperar su memoria, y donde un hombre lisiado la entrena para que consiga lo que él no logró: salir de allí y llegar a Pueblo. La tercera, unos años después, se desarrolla ya en Pueblo: Clara ha conseguido su objetivo pero no en las condiciones que le gustaría.

Lois Lowry. El Dador (The Giver, 1993). León: Everest, 2005, 12ª impr.; 172 pp.; col. Punto de Encuentro; trad. de María Luisa Balseiro; ISBN: 84-241-5953-5. Nueva edición el año 2009; 224 pp.; ISBN: 978-84-241-3584-3. [Vista del libro en amazon.es]
Lois Lowry. En busca del azul (Gathering Blue, 2000). León: Everest, 2003; 219 pp.; col. Punto de encuentro; trad. de María Luisa Balseiro; ISBN 84-241-8018-6. [Vista del libro en amazon.es]
Lois Lowry. El mensajero (Messenger, 2004). León: Everest, 2010; 195 pp.; trad. de Alberto Jiménez Rioja; ISBN: 978-84-241-3675-8. [
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Lois Lowry. El hijo (Son, 2012). León: Everest, 2013; 351 pp.; trad. de Alberto Jiménez Rioja y Nuria Jiménez Rioja; ISBN: 978-84-441-4955-4. [
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miércoles, 30 de noviembre de 2016

Perros y Gatos. Bajo la lupa de los científicos, con texto de Antonio Fischetti e ilustraciones de Sébastien Mourrain, es un libro informativo de gran formato. Contiene trece capítulos para los perros y trece para los gatos, con títulos como «Gramática del ladrido», «De tal perro tal dueño», «La vida sexual del perro», «La sociedad perruna»…, o «El temperamento del gato», «¿Cómo acariciar un gato?», «El gato, paracaidista y funambulista»... Como se puede deducir, la exposición de la información tiene un tono bromista. El texto va en las páginas izquierdas siempre y las ilustraciones ocupan las páginas derechas completas. No son ilustraciones explicativas o informativas sino de alguna escena graciosa o de algún detalle. A los interesados en el tema les gustará compararlo con un libro titulado igual, pero con otro enfoque y más énfasis en el aspecto gráfico, de Steve Jenkins.

Antonio Fischetti. Perros y Gatos. Bajo la lupa de los científicos (Chien et chats, sous la loupe des scientifiques, 2015). Madrid: Nórdica, 2016; 61 pp.; col. Nórdicainfantil; ilust. de Sébastien Mourrain; trad. de Delfín G. Marcos; ISBN: 978-84-16830-04. [Vista del libro en amazon.es]

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martes, 29 de noviembre de 2016

Cinco minutos de paz, de Jill Murphy, es un álbum de hace años que ha vuelto a ser editado en castellano. En él vemos a una madre elefanta (la señora Enorme en la primera edición, Mamá Grande en la más reciente) que, cuando sus tres elefantitos van a desayunar y todo alrededor es un caos, decide tomarse un respiro: se lleva una bandeja con el desayuno al baño con la esperanza de estar sola unos momentos. Pero los pequeños le preguntan a dónde va, y por qué —«porque necesito cinco minutos de paz sin vosotros, por eso»—, y todo se complica.

La historia es muy simpática tanto porque las imágenes son graciosas, como por las situaciones que se suceden. Es un buen ejemplo de cómo hacer brotar el humor no sólo de la gracia que tienen las escenas y los personajes, sino de las reflexiones que se avivan en el lector al ver los contrastes entre lo que se muestra y lo que afirman las palabras. Las cosas que ocurren serán, creo yo, más valoradas por los padres que por los hijos más pequeños: el foco está en el agobio de la madre, al principio, y en su enorme paciencia, según avanza el relato.

Jill Murphy. Cinco minutos de paz (Five Minute’s Peace, 1986). Barcelona: Edhasa, 1989; 28 pp.: trad. de Angelina Gatell; ISBN: 84-350-9091-4. Nueva edición en Pontevedra: Kalandraka, 2016; 28 pp.; col. Libros para soñar; trad. de Sandra Senra Gómez y Oscar Senra Gómez; ISBN: 978-84-8464-240-4. [Vista del álbum en amazon.es]

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lunes, 28 de noviembre de 2016

Mi amigo Libro, de Dasha Tolstikova y Kirsten Hall, comienza presentando al personaje: «Libro era un libro. Y tenía todo lo que un libro puede soñar. Era fuerte y resistente. Contaba una historia ingeniosa y divertida». El relato cuenta que deseaba estar en manos de un niño y su vida desde que está en la librería hasta que se lo lleva una niña que tiene un perro agurruñado llamado Natillas.

Álbum interesante, también por ser el primero de la escritora y de la ilustradora. Las imágenes, realizadas con pastel y lápices, a veces como esbozos, son ágiles y bien adaptadas a lo que se narra en cada momento. La historia es simpática y está bien pensada para ganarse a quienes ya les gustan los libros y a quienes tienen interés en promover la lectura entre los niños. Por otro lado, tal como anuncia el título original, The Jacket, La camisa o el forro que traen algunos libros, el relato conduce al interés y a la importancia que puede tener ese componente físico del libro. Y, al respecto, le hace una propuesta final al lector.

Dasha Tolstikova. Mi amigo Libro (The Jacket, 2014). Texto de Kirsten Hall. Barcelona: Blackie Books, 2016; 48 pp.; trad. de Victoria Simó; ISBN: 978-84-16290-69-7. [
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