bienvenidos a la fiesta
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miércoles, 1 de octubre de 2014

En Las reglas del verano, de Shaun Tan, una primera doble página muestra, en un barrio industrial un tanto desolado, a dos niños, seguramente dos hermanos, el mayor inclinado hacia el menor como advirtiéndole de algo. La siguiente doble página contiene una frase: «He aquí lo que aprendí el pasado verano». A continuación vienen sucesivas escenas que se muestran en la página derecha y que van acompañadas de una frase breve en la página izquierda: «Nunca dejes un calcetín en el tendedero», y vemos a los dos hermanos acurrucados y un monstruo acechandoles; «nunca te comas una aceituna en una fiesta», y vemos al hermano mayor reteniendo al pequeño para que no coja la aceituna mientras, detrás, unos amenazantes pájaros de pico ganchudo les observan… Hasta que llega un «nunca pidas explicaciones» y vemos, en la derecha, peleándose a los dos chicos. Más adelante hay varias dobles páginas enigmáticas, sin texto alguno, en las que, supuestamente, el pequeño está dentro de un tren extraño y se aleja… Más adelante, el mayor lo rescata y, juntos, vuelven a casa.

Además, un cuervo o así contempla todas las escenas y, en la última doble página, el cuervo tiene una corona entre las patas y está como enterrándola. Un texto en la contracubierta refuerza un poco la interpretación de que un pequeño cuenta lo sucedido con su hermano mayor: «nunca rompas las reglas. Sobre todo si no las comprendes». Escribí lo anterior antes de haber leído las pormenorizadas explicaciones que da el mismo Shaun Tan acerca de su álbum —en las que hay muchos más matices, como es lógico—. En esos comentarios amplía la interpretación de forma interesante: «Una cosa que me gusta de los libros ilustrados, y del arte en general, es la sensación de tiempo colapsada que a veces se produce cuando el pasado, el presente y el futuro se unen. Pensándolo bien, esta no es solo una «historia» sobre la infancia ni de relaciones entre hermanos, sino algo más parecido a un ensueño acerca de los éxitos y fracasos en un sentido más amplio que se experimentan al tratar de entender nuestras relaciones con otros seres humanos».

Shaun Tan. Las reglas del verano (Rules of Summer, 2013). Granada: Barbara Fiore, 2014; 48 pp.; trad. de Carles Andreu y Albert Vitó; ISBN: 978-84-15208-46-4. [Vista del libro en amazon.es]

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martes, 30 de septiembre de 2014

Las Alfazetas, nada menos que de Milton y Shirley Glaser, es un abecedario que cabría llamar tipográfico. En el álbum vemos cómo a un cuarto vacío empiezan a llegar letras, cada una con un aspecto que se corresponde con su nombre —Airada A, Gigántica G, Hiperactiva H, Wikipédica W, Xenófoba X…— y cómo se dan problemas de convivencia y entendimiento entre ellas… Hasta que nace la primera palabra.

Sin duda el álbum lo apreciarán más los adultos entusiastas del diseño que los amantes de la gramática —que si ya es retorcida en inglés no lo es menos en la traducción al castellano— pero, en cualquier caso, tanto el concepto del álbum como el argumento que hila el relato se basan en ideas ingeniosas, el atractivo visual es mucho, y se proponen muchas palabras nuevas para los niños. Debajo de las ilustraciones principales se añade otro abecedario, en pequeño, comentando distintos tipos de letra.

Aquí está una completa y entusiasta reseña.

Milton Glaser. Las Alfazetas (The Alphazeds, 2003). Texto de Shirley Glaser. Barcelona: Gustavo Gili, 2014; 32 pp.; col. Cuentos de la cometa; trad. de Álvaro Marcos; ISBN: 978-84-252-2719-6. [Vista del libro en amazon.es]

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lunes, 29 de septiembre de 2014

ABeCeCirco, con ilustraciones de Alberto Gamón y texto de Daniel Nesquens, es un abecedario de lo más resultón y nada fácil de componer. Baste decir que la A se presenta con «Admirables acróbatas andan asustados», la B con «Bufones bigotudos brincan boquiabiertos», la C con «cuatro contorsionistas consiguen cualquier cosa»… Y luego unas ordenadas ilustraciones geométricas y coloristas enriquecen imaginativamente las palabras del texto en cada escena y van conduciendo el viaje del circo hasta su destino.

Alberto Gamón. ABeCeCirco (2014). Texto de Daniel Nesquens. Madrid: Anaya, 2014; 64 pp.; col. Libros singulares; ISBN: 978-8467861457. [Vista del libro en amazon.es]

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domingo, 28 de septiembre de 2014

Desde hace mucho tenía pendiente leer Un camino entre dos mares. La creación del canal de Panamá, de David McCullough, un libro muy largo. Al fin pude leerlo hace dos meses y ha respondido con creces a las buenas expectativas que tenía. Es una historia extensa, bien contada, organizada en tres libros: «La visión» (1870-1894), «Barras y estrellas para siempre» (1890-1904), y «Los constructores» (1904-1914). El autor hace hincapié, según el momento, en los aspectos político, económico, ingenieril, médico o social. Dedica especial atención a los protagonistas principales: primero a los promotores franceses, sobre todo Ferdinand de Lesseps y más adelante Philippe Bunau-Varilla; y luego a los ingenieros norteamericanos al frente del canal, John Stevens y George Goethals, y al médico William Gorgas.

A De Lesseps lo describe como un mago para un siglo, como el XIX, deslumbrado por los nuevos poderes de la ciencia. Después de haber impulsado y terminado el canal de Suez, gozó, «como él mismo dijo en cierta ocasión, del “privilegio de ser creído sin necesidad de probar lo que se afirma”. Eso fue lo que le convirtió en una fuerza tan popular y un hombre tan peligroso». La suya no era la fe que podía mover montañas. «No. La suya era la fe de que a las montañas las podía mover la tecnología. Estaba tan deslumbrado por el impulso del progreso como por sus pasados triunfos». Y es abrumador el engaño colectivo, también autoengaño, que puso en marcha y que, con la contribución de los poderes de su tiempo, arruinó a miles de familias.

El gran esfuerzo médico que se hizo para erradicar las enfermedades e infecciones de todo tipo fue un logro de gran magnitud aunque, señala el autor, fue un éxito tan incuestionable como relativo: dependía del sector de la mano de obra del que se hablase pues, ya en la época norteamericana del canal, «sin duda, a los trabajadores blancos y a sus familias les iba muy bien; en cambio, para la inmensa mayoría negra, el cuadro era alarmante». Los hospitales que se pusieron en marcha, los mejores para la época, atendían a cualquiera de los trabajadores sin distinción de color —y, en ese sentido, igual que en el salarial, los negros que trabajaban en el Canal estaban en mejores condiciones que, por ejemplo, los negros que trabajaban en la industria estadounidense—, pero, en cualquier caso, mientras que a los trabajadores blancos de les daba alojamiento no así a los trabajadores negros. En conjunto, al blanco se le trataba unas quince veces mejor en cuestión de servicios sociales. El balance final fue de 500 muertos por cada kilómetro de canal aunque fueron los primeros años cuando el número de muertos fue abrumador.

Por supuesto, es sensacional la historia de los logros técnicos. En particular, las grandes esclusas son una proeza de la ingeniería: hubo que diseñar, sin modelos previos, todos los mecanismos que las abrían y cerraban herméticamente, y luego fabricarlas en Pittsburg, donde funcionaban cincuenta fábricas para todo lo que necesitaba el canal. También entonces, la General Electric, una empresa joven, obtuvo su primer gran contrato y preparó un sistema de control, semejante al de los ferrocarriles pero mucho más complejo, que nunca se había usado antes y que, medio siglo después, seguía en funcionamiento.

Pero, a pesar de todos los logros, a pesar de que se puede decir que la generosidad de los Estados Unidos en muchos sentidos fue extraordinaria, indica el autor, también comenzó entonces el gran resentimiento de América Latina hacia ellos, por haber favorecido el golpe de estado de un grupo de panameños contra Colombia y por haber incumplido los acuerdos firmados. También, las decisiones que provocaron grandes desplazamientos de poblaciones indígenas, y luego el comportamiento de la mayoría de los norteamericanos en la zona del Canal —«los estadounidenses eran gritones, arrogantes, maleducados y bebedores»—, junto con la condescendencia de muchos hacia los nativos, se convirtieron en fuentes de resentimiento permanente.

David McCullough. Un camino entre dos mares. La creación del canal de Panamá (1870-1914) (The Path Between the Seas, The Creation of the Panama Canal 1870-1914, 2011). Barcelona: Espasa, 2012; 550 pp.; trad. de Francisco Gurza Irazoqui revisada por Carmen Martínez Gimeno; ISBN: 978-84-670-3885-9. [Vista del libro en amazon.es]

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sábado, 27 de septiembre de 2014

Dice John Gardner que «leer una obra de ficción que no lleva a ninguna parte, que no genera una victoria o una derrota, que trata la vida como mera rutina, es como descubrir que, después de habernos desvivido corriendo contrarreloj, el encargado de ponerlo en marcha se olvidó de hacerlo. Las únicas emociones que esa clase de ficciones producen, de ordinario, son el hastío y la desesperación: esas emociones, aún siendo válidas y aun estando justificadas (finalmente) por la naturaleza misma del universo, son menos útiles para nuestra vida que las emociones experimentadas gracias a otras clases de ficción. Ni siquiera Aristóteles sostendría que la ficción por fuerza haya de ser catártica; solamente dice que tales ficciones, [las catárticas], son las que más nos satisfacen. Desde luego, es más que el mero placer o el desagrado lo que está en juego».

Una conclusión con una resolución llamémosle clásica suele ser la más satisfactoria. Una conclusión que finaliza con lo que Gardner llama «el agotamiento lógico», «nos puede satisfacer intelectualmente, pero no emocionalmente (o no siempre) pues es más placentero ver un logro o una frustración definitivos que acceder a una demostración de por qué jamás podrán lograrse o frustrarse». Se podría objetar que no hay ley ninguna que exija al arte ser placentero, dice Gardner, pero «el agotamiento lógico», al final, «revela que el ejercicio de la libertad que hemos visto en el personaje era más bien ilusorio» y por eso, «por comparación con el final resolutorio (diría Aristóteles si se le presentara la pregunta), el final que termina con el agotamiento lógico es moralmente repulsivo».

John Gardner. El arte de la ficción: apuntes para el oficio de jóvenes escritores (The Art of Fiction, 1983). Madrid: Ediciones y Talleres de Escritura Creativa Fuentetaja, 2001; 243 pp.; col. Creativaescritura; trad. y prólogo de Miguel Martínez-Lage; ISBN: 84-95079-73-9. [Vista del libro en amazon.es]

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viernes, 26 de septiembre de 2014

Un altar para la madre,
de Ferdinando Camon, es un poderoso y aplaudido relato de corte autobiográfico traducido a muchos idiomas. El narrador, un hombre de ciudad, habla de la muerte de su madre y desgrana sus recuerdos al tiempo que cuenta la obstinación de su padre para construir, el solo, un altar en su memoria, un trabajo desesperado pues no tiene tiempo para terminarlo antes de la hora de la procesión en la que se utilizaría. El texto conmueve y resulta un elogio incondicionado a la bondad, como fuerza que salva el mundo, a los valores de un mundo rural afianzado en la fe católica, y al poder que la muerte tiene para que nos planteemos las cosas con más profundidad.

Así, el narrador afirma que el viejo mundo campesino de la tierra, el de su madre y su padre, «lo ha creado todo, el mío no tiene imaginación, no está hecho para superar la muerte porque no está hecho para conservar la vida porque no está hecho para las necesidades del hombre». Dice también que «se cree que la muerte es matanza y lucha. En cambio, la muerte es una tregua en la lucha a muerte que es la vida; en esa tregua uno puede mirar en derredor, y por fin comprende». Y elogia el empeño de su padre pues si «la muerte es tantas cosas: el silencio de una voz, separación para siempre, distancia sin fin», «el altar es una voz, es un puente, es una cercanía».

Ferdinando Camon. Un altar para la madre (Un altare per la madre, 1978). Barcelona: Minúscula, 2014; 135 pp.; col. Paisajes narrados; trad. de Miquel Izquierdo; ISBN: 978-84-941457-1-1. [Vista del libro en amazon.es]

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jueves, 25 de septiembre de 2014

Scarlet,
de Marissa Meyer, es la continuación de Cinder. Y, de nuevo, la novela es más atractiva y bastante diferente de lo que la portada sugiere. Cualquier lector del subgénero verá ya la pauta común al segundo volumen de esta clase de series (que mencioné semanas atrás en otro comentario): respuestas a cuestiones planteadas antes, descubrimiento de una conspiración en marcha, maduración de la heroína, acontecimientos que se dirigen a que sea ella quien lidere una rebelión.

La narración comienza en un pueblo francés. Los protagonistas principales, al principio, son una chica con una sudadera y el pelo rojos, Scarlet, que trabaja en una granja y que vive agobiada por la reciente desaparición de su abuela (Michelle Benoit, a quien los lectores atentos de Cinder recordarán). Un tipo llamado Lobo, que le causa desconfianza, pero que sin duda es un gran combatiente, se ofrece a ir a París con ella para encontrar a su abuela. El lector va sabiendo en paralelo qué ocurre con Cinder, perseguida por los secuaces de la reina Levana, y cómo su destino acaba confluyendo en Francia con el de Scarlet.

La narración tiene iguales cualidades que Cinder pero es inferior. Aquí sí abundan las peleas de distinto tipo con las características descripciones «imposibles» de poner por escrito y de imaginar. Thorne, un piloto de una nave espacial que huye con Cinder, resulta un tipo estereotipado. Pero, sobre todo, el fallo mayor es que las capacidades de seducción y control por medio de poderes mentales que tienen los «lunares», que se anunciaron en la primera novela y que allí practicó la reina Levana, esta vez tienen importancia para resolver determinadas situaciones difíciles de la trama. Con todo, los nuevos personajes de Scarlet y Lobo —sin tener la consistencia de Cinder y de Kai—, y el ritmo constante del argumento, consiguen captar el interés del lector y dejarle a la espera de la tercera novela. También esta vez la recreación del cuento clásico es verdaderamente hábil.

Marissa Meyer. Scarlet (2013). Barcelona: Montena, 2013; 479 pp.; col. Crónicas lunares, libro 2; trad. de Laura Martín de Dios; ISBN: 978-84-8441-892-4. [
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miércoles, 24 de septiembre de 2014

Al final, una novela gráfica o un álbum extenso con imágenes de Miguel Brieva y texto de Silvia Nanclares, cuenta una historia imaginativamente muy rica.

Su protagonista es una niña que, como Alicia, se ve arrastrada de sitio en sitio y, en cada uno, le ocurren o presencia cosas de lo más sorprendente. En las primeras guardas la niña está saliendo del colegio, va por la acera al lado de un muro y, detrás, se ven ventanas de las casas con vecinos de distinto tipo, y una valla publicitaria dice «Pantayo, ¡tu mejor amigo!». En las últimas guardas, concluido su viaje, ya de noche, el mismo escenario está repleto de seres extraños de todo tipo y la misma valla dice: «Utiliza tu imaginación». Y es que uno de los rasgos del álbum es que abundan en él signficativos textos intraicónicos —carteles, murales, vallas publicitarias…—.

Los dibujos son como de cómic. Muchas dobles páginas tienen también una estructura de viñetas, como la de presentación de la protagonista a las puertas de su casa. Las palabras que acompañan las ilustraciones guían al lector. Así, en una página izquierda se indica «al final del callejón hay una puerta» y eso figura en la ilustración de la derecha; luego se dice «Atraviesas la puerta. Detrás encuentras una escalera. Subes la escalera y ves un arco», y las ilustraciones de la página derecha lo muestran. Y así continúa el relato, combinando momentos narrativos como los anteriores con momentos en los que hay ilustraciones a doble página ricas en detalles, que también encierran varios momentos de la narración pues podemos ver, en el mismo escenario, a la protagonista en posiciones consecutivas de la misma acción.

La exuberancia del relato —como de falta de contención o de un dejarse llevar sin freno—. tal vez sea excesiva para unos pero será gozosa sin embargo para otros. Abundan las referencias a historias conocidas —una parte del viaje incluye una estancia en el interior de una ballena, por ejemplo— y no faltan guiños metafictivos —en la habitación de la chica encontraremos el mismo álbum…—.

Miguel Brieva. Al final (2010). Texto de Silvia Nanclares. Madrid: Kókinos, 2010; 66 pp.; ISBN: 978-84-96629-92-9. [Vista del libro en amazon.es]

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martes, 23 de septiembre de 2014

El rey de los animales, de Miguel Tanco, es un álbum que podríamos calificar de «crítica política», como, por ejemplo, La reina de las ranas no puede mojarse los pies.

Empieza cuando el León se pregunta «¿no soy yo el rey de los animales?» y decide mandar algunas cosas para que la vida sea más fácil para él. Cada doble página contiene una de las leyes que dicta: «prohibidas las cebras con rayas», «los elefantes deben perder peso», «los hipopótamos deben ir limpios», «los animales deben reducir la velocidad a 40 km por hora», etc.

El planteamiento es hábil y el texto es divertido. La sucesión de las dobles páginas viene dictada por el mismo argumento. Las figuras sintéticas de los animales son graciosas y bien reconocibles. Además, en las ilustraciones el lector puede observar a otros personajillos interesantes, como una liebre respondona o los topitos compactos que llevan a cabo las órdenes del león.

Miguel Tanco. El rey de los animales (2012). Lleida: La Fragatina, 2012; 28 pp.; col. Lo Mullarero; ISBN: 978-84-939833-6-9. [
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lunes, 22 de septiembre de 2014

El Abecedario Fantástico de Patam, el elefante, de Montse Gisbert, es un abecedario infantil bien hecho, eficaz y gracioso.

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domingo, 21 de septiembre de 2014

En la voz de Maxim Gorki he cambiado parte de la redacción y he añadido datos de nuevas y bien traducidas ediciones de Mi infancia, que ya figuraba, y de Por el mundo y Mis universidades.

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sábado, 20 de septiembre de 2014

John Gardner: «Contar la verdad en la ficción puede equivaler a una de estas tres cosas: decir lo que es correcto y acorde con los hechos, esto es, una suerte de verdad trivial, aunque sea una verdad central en las obras en las que prima la verosimilitud; decir lo que, en virtud del tono y la coherencia, no parece una mentira, que es una suerte de verdad más importante; descubrir y afirmar una verdad moral acerca de la existencia del ser humano, que es la más alta de las verdades a las que puede apuntar el arte. La más alta de las verdades, según se ha dicho, nunca es algo que el artista dé por sentado. No es un punto de partida, sino una meta. Aunque el artista tenga sus creencias, igual que tantas otras personas, comprende que una de las características más sobresalientes del arte es su radical apertura a la persuasión. Incluso en el caso de aquellas creencias de las que está más seguro, el artista las pone bajo presión para ver si son capaces de aguantar. Tal vez tenga una idea bastante clara del punto al que le llevará su experimento, como hizo Dostoievski cuando envió a Raskolnikov a cumplir con su profana misión, pero en la medida en que sea un verdadero artista no forzará los resultados».

John Gardner. El arte de la ficción: apuntes para el oficio de jóvenes escritores (The Art of Fiction, 1983). Madrid: Ediciones y Talleres de Escritura Creativa Fuentetaja, 2001; 243 pp.; col. Creativaescritura; trad. y prólogo de Miguel Martínez-Lage; ISBN: 84-95079-73-9. [Vista del libro en amazon.es]

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viernes, 19 de septiembre de 2014

La puerta de los pájaros, de Gustavo Martín Garzo, es un relato con el que su autor, una vez más, se propone reivindicar el género de los cuentos de hadas para un público adulto.

Es un libro no muy largo pero con un argumento que da vueltas y revueltas. En su comienzo, Constanza, la hija del rey Dinis de Portugal, se queda fascinada por la historia que se cuenta en unos tapices acerca de la leyenda del unicornio. Más adelante, debido también a los regalos de dos objetos mágicos que le hace su padrino Merlín, se queda dormida permanentemente cuando tiene trece años. Su padre, desesperado, acaba casándose con una mujer horrible que desea deshacerse de Constanza pero la operación le sale mal y la chica, dormida, termina siendo una especie de atracción que unos gitanos exhiben de ciudad en ciudad.

Aparte de las que ya se apuntan en el párrafo anterior, en la trama y en el texto se contienen más referencias o pasos argumentales que remiten a más historias (relatos artúricos, el hada Melusina de Hugo von Hoffmannsthal, los niños perdidos de Peter Pan, versos de distintos poemas, frases evangélicas…). El mismo autor explica el origen de varias y de algunas alusiones culturales al final del libro. El mismo título, tomado de la puerta de los pájaros de Comillas, diseñada por Gaudí, simboliza la puerta de la imaginación que, para el autor, «nos lleva al mundo de los sueños, de los deseos, de la intimidad; todo ese mundo del que se nutren los cuentos». La historia tiene la clara intención de hacer notar el acierto de la famosa frase de Rilke acerca de que «el niño es la patria del hombre», de subrayar la capacidad de asombro que tienen los niños y que se pierde al crecer.

A favor del relato juegan la riqueza de lenguaje y la destreza narrativa del autor para engranar unas historias en otras; pero, sobre todo, que tiene un modo de contar convincente, seguro de sí mismo, con deseos de acceder a lo invisible y lo profundo de la vida. En contra, que son muchas las cosas que pasan y son muchos los guiños literarios: es difícil sustraerse a la impresión de que tenemos delante una construcción muy artificiosa mientras que una parte del impacto de los buenos cuentos de hadas que conocemos está, también, en su brevedad y en su concentración.

Por otro lado, mientras que algunos lectores sintonizan bien con este tipo de historias no es fácil para muchos otros hacerlo. Algunos ven poca consistencia en sus acentos de blandura evanescente, y otros ven mucho voluntarismo en las afirmaciones que desean encontrarle a la vida una belleza sin otro significado que ella misma. Sea como sea, el autor está cómodo en el reino de la infinita posibilidad, en el reino del «como si», y para él los cuentos deben dejar detrás un rosario de preguntas: en otro de sus libros dice que, «tal y como se nos cuenta en Las mil y una noches, la verdad no cabe en un solo sueño, y necesita del entrelazarse de muchos sueños para revelarse»; que la felicidad que los cuentos nos pueden aportar es la de «que es posible instalarse sin angustia en el reino de la incertidumbre».

Gustavo Martín Garzo. La puerta de los pájaros (2014). Madrid: Impedimenta, 2014; 192 pp.; ilust. de Pablo Auladell; ISBN: 978-84-15578-92-5. [Vista del libro en amazon.es]

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jueves, 18 de septiembre de 2014

Cinder, de Marissa Meyer, el primer libro de una serie de ciencia-ficción juvenil llamada Crónicas lunares, me ha parecido el mejor relato de este tipo de todos los que he leído en los últimos tiempos. No lo hubiera dicho a la vista de la cubierta que tiene, ni de la colección en la que va, ni del subgénero en el que se encuadra.

Es una historia que sigue de cerca el argumento de Cenicienta, como se podría esperar. Su protagonista, Cinder, diecisiete años, es una cyborg (¿o ciborg?) —tiene una pierna y una mano biónicas y más conexiones cerebrales artificiales que le dan capacidades especiales—, y trabaja como mecánica en una Nueva Pekín abigarrada, capital de la Comunidad Oriental. Está adoptada por una mujer con dos hijas que, no hay que decirlo, la explota. Un día se presenta en su puesto de venta en el mercado un encapuchado que resulta ser el príncipe Kai: desea que le repare su androide favorito. Aprendemos en ese momento que la humanidad está amenazada por una peste mortal que, cuando se declara, obliga a ingresar inmediatamente al enfermo y a declarar en cuarentena a quienes han estado en contacto con él. Hecho este planteamiento de las cosas, luego sabremos que la malvada reina Lunar, Levana, desea casarse con Kai y ser así también la emperatriz de la Comunidad Oriental, aunque toda la Tierra lo teme, pues es conocida su falsedad. Y, a todo esto, parece ser que Levana mató, hace años, a una princesa que sería la verdadera heredera de su reino.

La narración es excelente. No hay ningún alarde descriptivo ni las típicas peleas complejas, de las que han sido pensadas para ser filmadas, y todo está centrado en los dilemas a los que se van enfrentando Cinder —una heroína que asombra por sus habilidades ingenieriles e informáticas— y Kai —un heredero agobiado por los problemas que se le vienen encima—. La convivencia entre seres humanos, cyborgs y androides es divertida y se presenta de modo convincente. Las extraordinarias capacidades de la protagonista —al margen de otras cuestiones que se sabrán a su tiempo— no causan extrañeza excesiva —por ejemplo, al ver la referencia de un aparato se conecta mentalmente con la red, se descarga el manual y ya sabe cómo actuar—. Los comportamientos de los personajes encajan bien, los dilemas éticos que se les presentan entran dentro de lo comprensible (al menos para cyborgs y androides y demás), y los sistemas de gobierno y la organización sociopolítica de fondo los puede comprender cualquiera. Por otra parte, los paralelismos con el cuento clásico funcionan muy bien.

Marissa Meyer. Cinder (2012). Barcelona: Montena, 2012; 427 pp.; col. Crónicas lunares, libro 1; trad. de Laura Martín de Dios; ISBN: 978-84-8441-869-6. [Vista del libro en amazon.es]

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miércoles, 17 de septiembre de 2014

La luna se olvidó es un nuevo álbum, o novela gráfica, o lo que sea, de Jimmy Liao. La historia es del mismo tipo que las de otras publicaciones suyas y son igualmente parecidos sus rasgos constructivos, tanto en los textos, como en las ilustraciones, como en la confección del libro. Esta vez el pequeño protagonista es, como el Max de Donde viven los monstruos, un «lunático», y una parte de su historia va disfrazado con el mismo traje de lobo que llevaba Max.

Empieza con una puerta cerrada y terminará con la misma puerta entreabierta y una luna que asoma tras ella. Se presenta la historia con tres escenas: la de un tipo sentado en un balcón, la del tipo cayendo por el aire junto con dos macetas y una zapatilla suelta, y luego la de una maceta todavía cayendo y, en el suelo, fragmentos de la otra y la zapatilla junto a la escalera de acceso de una casa, mientras un gato mira (un motivo típico de Liao). Después, una doble página en negro contiene un texto corto donde se nos dice que «se esfumaron los recuerdos y cayeron en el olvido». A continuación vienen tres dobles páginas en las que un niño que juega en el campo caza una esfera pequeña sonriente —que más adelante sabremos que es la luna— y se la lleva a su casa. Otra doble página en la que se nos dice que un día, al ponerse el sol, la luna no volvió a salir. La historia cuenta, entonces, qué ocurrió con el niño que tenía la luna de verdad, y qué ocurrió en un mundo sin luna donde, para sustituirla, se inventaron unas lunas artificiales.

Los textos y el mismo relato son un tanto enigmáticos pero la verdad es que no importa mucho. Da igual si lo que se narra es tal vez un sueño largo del hombre que se golpeó la cabeza, o sus fantasías de niño que el ilustrador recupera para nosotros ahora, o si quiere decirnos algo acerca del valor de la fantasía para recomponer una realidad agobiante. Con Liao conviene dejarse llevar, escuchar las preguntas sin respuesta que deja en el aire, contemplar las imágenes, pensar también (si uno quiere) por qué a veces rompe el marco y a veces no, por qué unas ilustraciones van a sangre y otras recuadradas; o atender a tantos detalles realistas o fantasiosos —de animales pequeños o de gente que mira, o de animales gigantes misteriosos que parecen acechar, de modo benevolente, desde detrás de unos árboles o en cualquier lugar…—. La impresión que siempre (me) deja Liao es que la racionalidad no explica nada de lo más importante de la existencia humana, y que la inocencia del niño y el respeto a los ritmos propios de la vida y la naturaleza son grandes poderes de transformación de la realidad, mientras que cualquier visión o planteamiento comercial o artificial más pronto que tarde acaba demostrando su vaciedad.

Jimmy Liao. La luna se olvidó (2014). Albolote (Granada): Barbara Fiore, 2014; 114 pp.; trad. del chino de Jordi Ainaud i Escudero; ISBN: 978-84-15208-49-5. [Vista del libro en amazon.es]

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