bienvenidos a la fiesta
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sábado, 1 de noviembre de 2014

John Gardner: «La buena narrativa origina en la mente del lector un sueño vívido y continuo. Es “generosa” en el sentido de que es completa y autónoma: responde, explícita o implícitamente, a cualquier pregunta razonable que el lector se pueda plantear. No nos deja en suspenso, a menos que la propia narración justifique su inconclusión. No hay en ella juegos absurdamente sutiles, como si su autor hubiera confundido el narrar con hacer rompecabezas. No “pone a prueba” al lector exigiéndole que posea algún tipo especial de conocimientos sin el cual los acontecimientos carecen de sentido. En resumen, busca satisfacer y agradar, pero sin rebajarse para conseguirlo. Tiene categoría intelectual y emotiva. Es elegante, y afectiva con concisión; es decir, no hay en ella más episodios, personajes, detalles físicos o recursos de los necesarios. Tiene intención, finalidad. Proporciona ese placer especial que sentimos cuando contemplamos algo bien hecho. En otras palabras, al darnos cuenta de los auténticos logros del escritor, nos sentimos bien tratados. “¡Qué fácil parece!”, comentamos, conscientes de lo espléndidamente bien que ha superado las dificultades. Y por último, en toda historia estéticamente lograda tiene que intervenir, como en la vida, lo extraño, por ordinarios que sean sus ingredientes».

John Gardner. Para ser novelista (On Becoming a Novelist, 1983). Madrid: Ediciones y Talleres de Escritura Creativa Fuentetaja, 2001; 164 pp.; col. Creativaescritura; trad. de Víctor Conill; ISBN: 84-95079-74-7. [
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TaleseHijos.JPG
viernes, 31 de octubre de 2014

Los hijos es un libro de memorias familiares de Gay Talese. Es una gran narración en la que Talese habla, sobre todo, de sus abuelos y sus padres, pero también de algunos hermanos y primos más cercanos a sus padres. Se compone así un buen panorama de la vida que llevaron, tanto en su tierra de origen, Maida, Calabria, como en los países a los que fueron emigrando, Estados Unidos y Francia. La historia termina durante la segunda Guerra Mundial, con una escena de gran intensidad, cuando el narrador tiene unos doce años de edad y es un entusiasta enorme de las maquetas de aviones, y su padre, un sastre conocido en su ciudad de Ocean City, Nueva Jersey, recibe la noticia del trágico bombardeo aliado de Montecassino.

El autor desciende a muchos detalles en algunos casos —se ve que cuenta con material de primera mano, tanto recuerdos orales de sus familiares como documentos y diarios— y, según la situación lo requiere, también se detiene a explicar el contexto histórico del momento. Por supuesto, se centra más en las vidas de su padre y de su madre, aunque tiene mucha relevancia un primo de su padre, Antonio, que fue un sastre afamado en París. En una nota final Talese indica que tardó diez años en terminar su libro y que dedicó mucho tiempo «a entrevistas a gente en Europa y los Estados Unidos; a leer sobre la emigración italiana y sobre los gobiernos de los que huían los emigrantes». El resultado final es un fresco histórico muy ameno en el que, aparte de una gran abundancia de detalles de todo tipo, se trata bien el dolor profundo de la emigración, tanto entre quienes permanecen como entre quienes se van.

Además, las relaciones entre padres e hijos que son el tejido de la historia contienen muchos momentos inolvidables que a veces hacen eco unos en otros de generación en generación. Así, cuando el padre del autor, Joseph, que era un niño aún pero ya trabajaba en el taller de sastre de su abuelo, Domenico, este le riñó fuertemente:

«Joseph levantó la mirada y le interrumpió.
—Abuelo —suplicó—, ¡ha sido un error! ¡Ha sido el primer error grave que cometo! No he sido insubordinado. Simplemente no me he dado cuenta de que los pantalones estaban escondidos debajo de la tela que estaba cortando. Ha sido mi primer error después de muchas cosas buenas que he hecho y que nunca me has reconocido —ahora hablaba más fuerte, y aunque era consciente de que nunca se había mostrado tan directo con su abuelo, siguió con desesperación—: ¡Nunca estás contento! Nada de lo que hago es bastante bueno para ti. Siempre eres estricto y severo conmigo —ya sollozando, Joseph añadió—: Lo que pasa es que no me quieres...
Su abuelo permaneció en silencio. Esperó varios minutos a que Joseph dejara de llorar. Cuando habló, lo hizo con una voz totalmente desconocida.
—Te quiero —dijo con un tono más comprensivo de lo que Joseph había oído nunca—. Pero todavía no eres lo bastante mayor para comprender este amor. Confundes la crítica con la falta de amor. Pero es todo lo contrario. La gente que critica se preocupa por ti. Quieren que mejores. La gente a la que no le importas no tiene puestas grandes esperanzas en ti. Te aceptan como eres. Dejan que te relajes. Quieren que te conformes. Quien no te quiere —concluyó— te hará reír. Quien bien te quiere te hará llorar».

Gay Talese. Los hijos (Unto the sons, 1992). Madrid: Alfaguara, 2014; 752 pp.; trad. de Damià Alou; ISBN: 978-84-204-1654-0. [Vista del libro en amazon.es]

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HodgsonBFormMarq.JPG
jueves, 30 de octubre de 2014

Un buen amigo me recomendó, tiempo atrás, La formación de una marquesa, de Frances Hodgson Burnett, y lamento no haberle hecho caso antes pues ha sido una lectura de lo más satisfactoria: de las que te hacen sonreír y de las que deseas continuar. Sus personajes principales son un gran acierto, el narrador no tiene nada que envidiar a los de las mejores autoras victorianas, y la trama engancha por más que podamos suponer cuál será el desenlace, dado el género, la escritora y la época.

La heroína es Emily Fox-Seton, una mujer de treinta y cuatro años de muy buen talante y muy práctica que se gana la vida haciendo servicios a mujeres de la alta sociedad. En especial, es apreciada por la cínica pero amable lady Maria, que propicia su encuentro con el soltero, y algo mayor ya, marqués de Walderhurst. Este, después de observar bien a Emily, le propone matrimonio de la siguiente manera: «usted me gusta más que cualquier mujer que haya conocido. Normalmente, las mujeres no me gustan. Soy un hombre egoísta y deseo una mujer que no lo sea. La mayoría de las mujeres son tan egoístas como yo. (…) Es usted necesaria para todos, y es tan modesta que ni se da cuenta». Pero, una vez casados, el marqués tendrá que viajar y unos parientes venidos de la India que contaban con heredarle, intrigarán y pondrán en peligro la felicidad de Emily.

Puede dar idea del tono de la narradora este párrafo que trata de los inconvenientes posibles del matrimonio para el marqués: «Quizá un hombre piense que le gustaría contraer matrimonio y más tarde darse cuenta de que existen objeciones, de que, en última instancia, la propia mujer elegida, pese a todas sus deseables cualidades, también puede ser una objeción, de que cualquier mujer puede ser una objeción, de que, en definitiva, requiere un esfuerzo conciliarse con la idea de que va a tener una mujer a su alrededor continuamente. Por supuesto, llegar a semejante conclusión —después de haberse comprometido— debe de ser incómodo». Pero, mejor todavía, donde la narradora da en el clavo de lleno, es al presentar a lady Maria, todo un personaje que, por ejemplo, afirma: «el último atractivo que la naturaleza concede a una mujer: el poder de ofrecer una cena decente»; o que, al final, se retrata del siguiente modo: «en estos tiempos que corren no hay moralidad ni inmoralidad, pero los pobres tienen que ser personas decentes. Es cuestión de gusto y modales. Personalmente, querida, soy amoral, pero mis modales son excelentes».

Frances Hodgson Burnett. La formación de una marquesa (The Making of a Marchioness, 1901). Barcelona: Alba, 2012; 320 pp.; col. Rara Avis; trad. de Amado Diéguez; ISBN: 978-8484286721. [Vista del libro en amazon.es]

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miércoles, 29 de octubre de 2014

Un libro de hace tiempo que no había puesto aquí todavía: El supergordo, la única y feliz incursión en la literatura infantil de Peter Carey. Es un relato con un humor y un sentido crítico comparables con los de Roald Dahl.

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martes, 28 de octubre de 2014

Tiempo atrás, gracias a este buen comentario, tomé nota de La princesa y el topo, un cuento de origen caucásico versionado por Ramón Girona e ilustrado por Javier Olivares. Es un buen relato acerca de una princesa con un espejo en el que puede verlo todo y que, para divertirse, hace saber que sólo se casará con quien logre pasar un día entero escondido. Nadie consigue pasar la prueba, ni siquiera un príncipe que conoce todas las lenguas de los animales y está muy seguro de sí mismo. Hasta que un simpático topo entra en acción.

El relato es amable, aparte de incidir en cómo los seres que parecen más débiles pueden ser más que necesarios a los poderosos, y el topo es un personaje conseguido. Las ilustraciones van en las páginas derechas y alguna más pequeña se ve también en las páginas izquierdas, junto al texto. Están bien compuestas y centradas en los protagonistas, normalmente figuras estilizadas que aparecen sobre fondos palaciegos o de bosques. La narración deja un interrogante abierto que deberá ser resuelto volviendo atrás para volver a ver con cuidado las imágenes.

Javier Olivares. La princesa y el topo: cuento del Cáucaso (2002). Versión de Ramon Girona. Barcelona: Libros del Zorro Rojo, 2010; 25 pp.; col. Cuentos del Mundo; ISBN: 978-84-92412-46-4. [Vista del libro en amazon.es]

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lunes, 27 de octubre de 2014

He descubierto hace poco a Komako Sakaï, una ilustradora japonesa con un don especial para retratar escenas y emociones sencillas de la vida cotidiana. Recientemente se ha publicado La pequeña Ana, una historia mínima con mucho encanto.

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domingo, 26 de octubre de 2014

Cisneros, el cardenal de España,
de Joseph Pérez, me ha parecido una excelente biografía: bien escrita, clara, sintética, ponderada, esclarecedora.

Cisneros nació en 1436. Se conocen pocas cosas de las primeras décadas de su vida. Se ordenó sacerdote con ánimo de ascender en la carrera clerical pero se hizo franciscano de estricta observancia con 46 años. Fue confesor de la reina Isabel desde 1492, arzobispo de Toledo en 1495, Inquisidor General y Cardenal en 1507, regente del reino entre 1506 y 1507 y entre 1516 y 1517. Además fue fundador de la Universidad de Alcalá e impulsor de la Biblia Políglota Complutense. El autor hace primero una semblanza general de su vida y se centra luego en su tarea como estadista —en sus acciones políticas, económicas y diplomáticas—, y como defensor de la fe —en su puesto de Inquisidor General, en sus trabajos reformadores—. Y el último capítulo se titula «Cisneros ante la historia».

El autor explica que Cisneros, si bien accedió a comportarse como le pedía su cargo, siempre lo compaginó con una vida personal austera; que comprendió, e intentó que muchos pusieran en práctica, el servicio del Estado como función pública; que actuó con una mentalidad abierta en cuestiones de tipo cultural y científico y dio crédito a las voces críticas contra los excesos de los conquistadores españoles en América. Es más que interesante conocer su esfuerzo por mantener a los nobles a raya: «Cisneros no abusaba del poder; desconfiaba de los grandes no porque fueran grandes sino porque solían comportarse como revoltosos sin escrúpulos: él sabía muy bien a qué atenerse sobre sus ambiciones y en este sentido llamaba la atención del rey: “que no se fíe de grande ninguno, porque ninguno dellos tiene ojo sino cómo sacará algo a su Majestad”».

El último capítulo del libro hace paralelismos interesantes entre las formas de actuar del Cardenal Cisneros y el Cardenal Richelieu, en los cuales el español, a los ojos de los historiadores franceses como el mismo autor, se muestra muy superior. Las razones están en que, al contrario que Richelieu, Cisneros supo mantener la paz sin ejecutar a nadie, buscó el bien público y no sus intereses personales, saneó la hacienda real sin enriquecerse, y sus dotes personales y su tenor de vida tuvieron una categoría muchísimo mayores. El autor termina indicando que, a pesar de que a los historiadores no les gustan los futuribles, es inevitable pensar que si Cisneros hubiera podido ser consejero de Carlos V, el futuro de España habría sido seguramente muy otro.

Joseph Pérez. Cisneros, el cardenal de España (2014). Madrid: Taurus-Fundación March, 2014; 368 pp.; col. Españoles eminentes; ISBN: 978-84-306-0948-2. [Vista del libro en amazon.es]

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sábado, 25 de octubre de 2014

John Gardner: «Todo niño sabe por intuición cuáles son los requisitos de las buenas historias (siempre que tenga alguna afición por ellas, claro, porque los hay que no la tienen), pero cuando llega a la enseñanza secundaria comienza a despistarse un poco, intimidado por sus profesores, que le obligan a leer cosas que en realidad no valen nada, convertido en objeto de mofa si lee un buen libro de cómics y amonestado si coge Crimen y castigo: “Harold, no tienes edad para leer estas cosas”. Y en los primeros años de universidad, lo más probable es que su despiste sea ya considerable, por ejemplo, es fácil que crea que el “tema” es lo más importante de la ficción literaria».

Y eso se une a que, explica el mismo Gardner en otro libro, «a todos los niveles, y no sólo en la Enseñanza secundaria, las novelas, los relatos y los poemas se enseñan desde hace años no como experiencias que pueden deleitarnos, animarnos y dimensionar nuestra experiencia de la vida, sino como algo que es bueno para nosotros como la vitamina C».

John Gardner. Para ser novelista (On Becoming a Novelist, 1983). Madrid: Ediciones y Talleres de Escritura Creativa Fuentetaja, 2001; 164 pp.; col. Creativaescritura; trad. de Víctor Conill; ISBN: 84-95079-74-7. [Vista del libro en amazon.es]
John Gardner. El arte de la ficción: apuntes para el oficio de jóvenes escritores (The Art of Fiction, 1983). Madrid: Ediciones y Talleres de Escritura Creativa Fuentetaja, 2001; 243 pp.; col. Creativaescritura; trad. y prólogo de Miguel Martínez-Lage; ISBN: 84-95079-73-9. [Vista del libro en amazon.es]

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viernes, 24 de octubre de 2014

Llegué a La cena, de Herman Koch, gracias a leer este comentario: Sofisticados. El argumento es que dos matrimonios, en los que los maridos son hermanos, van a cenar. Cuenta los precedentes y la cena uno de los varones, profesor, y es él quien habla de su hermano —un político en ascenso a quien desprecia—, de su esposa y de su cuñada. También, según avanza la narración, se ve que la cena fue convocada para tratar un problema grave sobre los hijos de los dos.

El narrador hace muchos comentarios críticos acerca de la vida en el país, Holanda, y de la vida de tanta gente de la misma clase social alta de los personajes. Del restaurante de lujo al que van dice que es uno de esos lugares donde «uno acaba perdiendo completamente el hilo de la conversación por culpa de tantas interrupciones, como la exhaustiva explicación sobre todos y cada uno de los piñones que tienes en el plato, el eterno acto de descorchar la botella y la manía de llenarte continuamente las copas tanto si lo pides como si no». Del hospital en el que atendieron a su mujer hace tiempo dice que quiere «advertir a todo el mundo que se mantenga alejado de ese lugar». Entre las muchas convenciones sociales sobre las que ironiza una es esta: «"¿Cómo va todo en casa?" Es otra forma de decirte que quieren librarse de ti, quitarte de en medio. A nadie le interesa cómo te va en casa. Como cuando te preguntan si te ha gustado la comida: eso tampoco le importa a nadie».

Pero, sobre todo, según avanza el relato, las personalidades van definiéndose y algunos acontecimientos del pasado van conociéndose, de modo que la dirección cambia: el lector va cayendo en la cuenta de más cosas y tiene que ir revisando los juicios que ha podido ir haciendo antes. Y, tal como indica el comentario cuyo enlace puse más arriba, el relato produce impresión de honradez —el autor ha llegado a donde le han ido llevando sus premisas y no ha intentado presentar a sus personajes como mejores de lo que son ni dar respuestas que ninguno tiene— y termina por retratar a una sociedad perpleja y podrida. Esto se agrava porque, al faltarles la capacidad y la voluntad de reconocer las causas personales y sociales de los hechos que se lamentan, a los personajes se les bloquean las salidas.

Herman Koch. La cena (Het Diner, 2009). Barcelona: Salamandra, 2010; 284 pp.; col. Narrativa; trad. de Marta Arguilé Bernal; ISBN: 978-84-9838-303-4. [Vista del libro en amazon.es]

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jueves, 23 de octubre de 2014

Los bienes de este mundo, de Irene Némirovsky, es una magnífica novela, de las que conmueven y hacen pensar, ya desde su excelente título. Se publicó en 1941 por entregas, poco antes de la muerte de la autora, y vio la luz como libro en 1947.

Saint-Elme, ciudad del norte de Francia, en 1914. Pierre Hardelot está a punto de casarse con Simone, una rica heredera que su abuelo, propietario de una potente industria papelera, ha elegido para él. Pero Pierre precipita los acontecimientos y se compromete con Agnès, una amiga de la infancia, de familia modesta, lo que le gana la enemistad permanente de su abuelo. Estalla la primera Guerra Mundial y Pierre se ha de incoporar a filas. También Simone se casa con Roland Burgères, un soldado a quien conoció durante los años de guerra. Después, a buen ritmo, en capítulos cortos, se cuenta la vida de las dos familias y los sucesos que marcan el crecimiento de los hijos, Pierre y Colette Hardelot y Rose Burgères, hasta el año 1941, cuando ha estallado la segunda Guerra Mundial y los alemanes han entrado ya en Francia.

El marco social se pinta con pocas pero suficientes líneas. Los personajes resultan cercanos pues el narrador logra retratarles bien y transmitir con fuerza sus emociones. El tramo final tiene la fuerza propia de una narración testimonial que presenta de forma vívida las reacciones de la población ante los acontecimientos de los años 40 y 41 y el progresivo desmoronamiento del orden social.

Irene Némirovskiy. Los bienes de este mundo (Les Biens de ce monde, 1941-1947). Barcelona: Salamandra, 2014; 221 pp.; col. Narrativa; trad. de José Antonio Soriano Marco; ISBN: 978-84-9838-575-5. [
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miércoles, 22 de octubre de 2014

El galáctico, pirático y alienígena viaje de mi padre, de Neil Gaiman, comienza cuando la madre se marcha a un congreso y el padre se queda sólo con los dos hijos. El primer conflicto surge cuando se quedan sin leche con la que acompañar los cereales del desayuno. El padre sale a por ella pero tarda muchísimo en volver. Cuando por fin regresa les cuenta a su hija y a su hijo, que es el narrador de la historia, todo lo que le sucedió: unos tipos verdes y un poco globosos que venían en una especie de platillo volante le capturaron cuando ya volvía con la leche y, a partir de ahí, se multiplicaron los seres de toda clase —piratas, un stegosaurus, ponis, fampiros, policías galácticos…— que lo llevaron de un lado a otro en un alucinante viaje a través del tiempo. De vez en cuando los niños interrumpen su narración cuando algo no encaja muy bien…

Relato alocado, todo un alarde del dominio narrativo y del género que Gaiman tiene. Hay que haberse tomado muy en serio las historias de aventuras y de fantasía en el pasado para construir una parodia tan frenética donde todo encaja y suena de modo cordial. No dudo de que pueda gustar a muchos niños pero creo que, sobre todo, hace disfrutar a quien capta los guiños a tantas novelas y series televisivas previas. El narrador es eficaz: cuando se padre toma la palabra le deja que hable todo el tiempo sin hacer comentarios, como capturado por el relato, aunque interviene alguna ocasión, igual que su hermana. Las ilustraciones, que son dibujos sueltos, tienen gran protagonismo pues ponen «cara y ojos» a los personajes tan curiosos que desfilan por la historia. También la tipografía cambia de vez en cuando, según quién habla o si conviene para subrayar algo.

Neil Gaiman. El galáctico, pirático y alienígena viaje de mi padre (Fortunately, the Milk, 2013). Barcelona: Rocaeditorial, 2014; 101 pp.; trad. de Mónica Faerna; ilust. de Skottie Young; ISBN: 978-84-9918-814-0. [
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martes, 21 de octubre de 2014

El acertijo de Valpul,
de Jack Mircala, es un relato con ilustraciones (más que un álbum), tal vez deudor de Tim Burton en su trama y en su estética, que vale la pena conocer pues ni su argumento ni su confección gráfica son comunes. En él se nos cuenta que un músico llamado Valpul recibe un encargo: componer las melodías para una fiesta importante. Pero como la inspiración no llega decide acudir a un hechicero, que le facilita doce horas de tiempo extra con la condición de que, cumplido el plazo, acierte un acertijo. Si no, morirá.

El texto se acompaña de unas sugerentes y coloristas ilustraciones que parecen tomadas de un teatrillo cuyos escenarios están compuestos por medio de collages y fotografías y cuyos protagonistas son muñecos que, a veces pero no siempre, parecen hechos con recortes de papel. Tienen distintos tamaños —algunas ocupan una página completa pero la mayoría van con la narración según convenga—, y en cada una se ha elegido la perspectiva y la iluminación más adecuada para reforzar el momento del relato al que acompañan. Tal vez los aires góticos e inquietantes del relato se han intentado reforzar con la tipografía y con la mezcla de mayúsculas y minúsculas, pero esto no añade nada significativo e incluso puede resultar confuso.

Jack Mircala. El acertijo de Valpul (2002). Madrid: Sinsentido, 2002; 52 pp.; ISBN: 84-95634-24-4.


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lunes, 20 de octubre de 2014

Cierra los ojos,
con texto de Victoria Pérez Escrivá e ilustraciones de Claudia Ranucci, se puede comprender como un álbum de los que tratan de alguna discapacidad o bien de los que hablan de aprender a mirar alrededor no sólo del modo más evidente.

En él dos hermanos hablan entre sí: uno describe algo que ve y el otro describe lo mismo pero sin apoyo en la vista y sí en otro sentido (el oído, el tacto, el olfato, el gusto). Así: —«La bombilla es una cosa que da luz»; —«No, la bombilla es una pelotita suave y muy caliente. ¡No la toques!». Al final, ante la imposibilidad de que el segundo comprenda lo que dice el primero, la madre le dice a este último que, si quiere hacerse cargo de la mente de su hermano, cierre los ojos.

La historia está compuesta con destreza y consigue lo que pretende: contrastar bien las distintas formas de acercarse a la realidad, señalar al mismo tiempo las limitaciones y la riqueza de cada uno de los sentidos, hacer notar la importancia de ponerse en el lugar de los demás para «ver» lo que ellos «ven». Las ilustraciones esquemáticas, hechas con collages, refuerzan visualmente, con las posiciones o con los colores, la distinta condición de los dos hermanos. Dos buenos comentarios están aquí y aquí.

Claudia Ranucci. Cierra los ojos (2009). Texto de Victoria Pérez Escrivá; Barcelona: Thule, 2009; 32 pp.; col. Trampantojo; ISBN 978-84-96473-98-0. [Vista del álbum en amazon.es]

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domingo, 19 de octubre de 2014

He leído estos meses atrás Historia de la guerra, una obra con la que el historiador militar John Keegan desea refutar el pensamiento que Carl von Clausewitz expuso en su influyente De la guerra. Keegan intenta mostrar, con un repaso histórico extenso a las guerras emprendidas por distintos pueblos, que la guerra es totalmente distinta de la diplomacia y de la política, y de ninguna manera es «la continuación de la política por otros medios». No me corresponde a mí comentar una obra de este tipo pero sí decir que me ha parecido instructiva y llena de sentido común.

Un ejemplo. Hablando de los hunos describe cómo, «entre los años 440 y 450, las provincias orientales les abonaron trece mil libras de oro —unas seis toneladas— a cambio de la paz. Son esta clase de transacciones las que arrojan dudas en cuanto a la interpretación de las incursiones de los pueblos de la estepa como “huida de cambio climático” o “para forzar el comercio”. La verdad resulta mucho más simple: los nómadas —físicamente curtidos, logísticamente móviles, culturalmente acostumbrados a derramar sangre, éticamente inmunes a las prohibiciones religiosas de arrebatar la vida o limitar la libertad de los ajenos a la tribu— vieron que la guerra merecía la pena».

John Keegan. Historia de la guerra (A History of Warfare, 1993-2004). Madrid: Turner, 2014; 534 pp.; col. Noema; trad. de Francisco Martín Arribas; ISBN: 978-84-14832-21-8. [Vista del libro en amazon.es]

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sábado, 18 de octubre de 2014

El valor de la gran ficción, dice John Gardner, no es «meramente que nos entretiene o nos distrae de nuestros problemas, no sólo que amplía nuestros conocimientos de las gentes y los lugares, sino que también nos ayuda a saber en qué creemos, aparte de reforzar nuestras cualidades más nobles y conducirnos a sentir ciertas inquietudes ante nuestras faltas y limitaciones».

Y, del mismo modo que al lanzador de cuchillos en el circo no le puedes disculpar con un «nadie es perfecto», «para el escritor no tiene el menor sentido recordar que “también Homero se dormía algunas veces”. Salvo en los ejemplos más triviales, Homero no se duerme nunca. (…) Los críticos más sesudos a veces sostienen que, en el arte, los criterios siempre son relativos, pero todas las obras maestras les hacen ver que eso es mentira».

John Gardner. El arte de la ficción: apuntes para el oficio de jóvenes escritores (The Art of Fiction, 1983). Madrid: Ediciones y Talleres de Escritura Creativa Fuentetaja, 2001; 243 pp.; col. Creativaescritura; trad. y prólogo de Miguel Martínez-Lage; ISBN: 84-95079-73-9. [Vista del libro en amazon.es]

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