bienvenidos a la fiesta
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martes, 21 de octubre de 2014

El acertijo de Valpul,
de Jack Mircala, es un relato con ilustraciones (más que un álbum), tal vez deudor de Tim Burton en su trama y en su estética, que vale la pena conocer pues ni su argumento ni su confección gráfica son comunes. En él se nos cuenta que un músico llamado Valpul recibe un encargo: componer las melodías para una fiesta importante. Pero como la inspiración no llega decide acudir a un hechicero, que le facilita doce horas de tiempo extra con la condición de que, cumplido el plazo, acierte un acertijo. Si no, morirá.

El texto se acompaña de unas sugerentes y coloristas ilustraciones que parecen tomadas de un teatrillo cuyos escenarios están compuestos por medio de collages y fotografías y cuyos protagonistas son muñecos que, a veces pero no siempre, parecen hechos con recortes de papel. Tienen distintos tamaños —algunas ocupan una página completa pero la mayoría van con la narración según convenga—, y en cada una se ha elegido la perspectiva y la iluminación más adecuada para reforzar el momento del relato al que acompañan. Tal vez los aires góticos e inquietantes del relato se han intentado reforzar con la tipografía y con la mezcla de mayúsculas y minúsculas, pero esto no añade nada significativo e incluso puede resultar confuso.

Jack Mircala. El acertijo de Valpul (2002). Madrid: Sinsentido, 2002; 52 pp.; ISBN: 84-95634-24-4.


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lunes, 20 de octubre de 2014

Cierra los ojos,
con texto de Victoria Pérez Escrivá e ilustraciones de Claudia Ranucci, se puede comprender como un álbum de los que tratan de alguna discapacidad o bien de los que hablan de aprender a mirar alrededor no sólo del modo más evidente.

En él dos hermanos hablan entre sí: uno describe algo que ve y el otro describe lo mismo pero sin apoyo en la vista y sí en otro sentido (el oído, el tacto, el olfato, el gusto). Así: —«La bombilla es una cosa que da luz»; —«No, la bombilla es una pelotita suave y muy caliente. ¡No la toques!». Al final, ante la imposibilidad de que el segundo comprenda lo que dice el primero, la madre le dice a este último que, si quiere hacerse cargo de la mente de su hermano, cierre los ojos.

La historia está compuesta con destreza y consigue lo que pretende: contrastar bien las distintas formas de acercarse a la realidad, señalar al mismo tiempo las limitaciones y la riqueza de cada uno de los sentidos, hacer notar la importancia de ponerse en el lugar de los demás para «ver» lo que ellos «ven». Las ilustraciones esquemáticas, hechas con collages, refuerzan visualmente, con las posiciones o con los colores, la distinta condición de los dos hermanos. Dos buenos comentarios están aquí y aquí.

Claudia Ranucci. Cierra los ojos (2009). Texto de Victoria Pérez Escrivá; Barcelona: Thule, 2009; 32 pp.; col. Trampantojo; ISBN 978-84-96473-98-0. [Vista del álbum en amazon.es]

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domingo, 19 de octubre de 2014

He leído estos meses atrás Historia de la guerra, una obra con la que el historiador militar John Keegan desea refutar el pensamiento que Carl von Clausewitz expuso en su influyente De la guerra. Keegan intenta mostrar, con un repaso histórico extenso a las guerras emprendidas por distintos pueblos, que la guerra es totalmente distinta de la diplomacia y de la política, y de ninguna manera es «la continuación de la política por otros medios». No me corresponde a mí comentar una obra de este tipo pero sí decir que me ha parecido instructiva y llena de sentido común.

Un ejemplo. Hablando de los hunos describe cómo, «entre los años 440 y 450, las provincias orientales les abonaron trece mil libras de oro —unas seis toneladas— a cambio de la paz. Son esta clase de transacciones las que arrojan dudas en cuanto a la interpretación de las incursiones de los pueblos de la estepa como “huida de cambio climático” o “para forzar el comercio”. La verdad resulta mucho más simple: los nómadas —físicamente curtidos, logísticamente móviles, culturalmente acostumbrados a derramar sangre, éticamente inmunes a las prohibiciones religiosas de arrebatar la vida o limitar la libertad de los ajenos a la tribu— vieron que la guerra merecía la pena».

John Keegan. Historia de la guerra (A History of Warfare, 1993-2004). Madrid: Turner, 2014; 534 pp.; col. Noema; trad. de Francisco Martín Arribas; ISBN: 978-84-14832-21-8. [Vista del libro en amazon.es]

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sábado, 18 de octubre de 2014

El valor de la gran ficción, dice John Gardner, no es «meramente que nos entretiene o nos distrae de nuestros problemas, no sólo que amplía nuestros conocimientos de las gentes y los lugares, sino que también nos ayuda a saber en qué creemos, aparte de reforzar nuestras cualidades más nobles y conducirnos a sentir ciertas inquietudes ante nuestras faltas y limitaciones».

Y, del mismo modo que al lanzador de cuchillos en el circo no le puedes disculpar con un «nadie es perfecto», «para el escritor no tiene el menor sentido recordar que “también Homero se dormía algunas veces”. Salvo en los ejemplos más triviales, Homero no se duerme nunca. (…) Los críticos más sesudos a veces sostienen que, en el arte, los criterios siempre son relativos, pero todas las obras maestras les hacen ver que eso es mentira».

John Gardner. El arte de la ficción: apuntes para el oficio de jóvenes escritores (The Art of Fiction, 1983). Madrid: Ediciones y Talleres de Escritura Creativa Fuentetaja, 2001; 243 pp.; col. Creativaescritura; trad. y prólogo de Miguel Martínez-Lage; ISBN: 84-95079-73-9. [Vista del libro en amazon.es]

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viernes, 17 de octubre de 2014

Edward Caswall, un clérigo anglicano que más tarde se convertiría al catolicismo, publicó en 1837, bajo el seudónimo Quiz, una serie de retratos satíricos de «señoritas» típicas de su época y, al año siguiente, con el mismo tono y de modo anónimo, Charles Dickens le opuso retratos de «caballeretes» no menos típicos. Luego, estimulado por la boda de la reina Victoria en el año 1840, y de nuevo sin darse a conocer, Dickens prolongó su colección de retratos con «estampas de parejitas». Las tres colecciones fueron ilustradas por el conocido Phiz y fueron un gran éxito. En 1843 se publicaron juntas en el mismo libro. Y en 1870, después de su muerte, se supo que Dickens había sido el autor de las Estampas de caballeretes y de parejitas.

En conjunto presentan un buen retrato de muchos tipos humanos propios de la sociedad victoriana media y alta. Las casi treinta figuras que pinta Caswall tienen chispa y, como se podría esperar, en ellas no faltan algunos ramalazos que hoy calificaríamos de políticamente incorrectos. Su planteamiento es satírico pero su intención es sobre todo descriptiva. Por ejemplo, al hablar de «La señorita afirmativa» dice que «le gusta ver contenta a la gente y considera su deber hacer que todos sean lo más felices posibles, por esa razón nunca dice nada desagradable que pueda herir los sentimientos ajenos».

En cambio, la parte de Dickens tiene un tono más incisivo. En la «Conclusión» que pone al libro llama «ensayos morales» a sus textos y, en efecto, sus retratos con frecuencia suelen terminar con una especie de moraleja o un consejo directo al lector. Asi, dirá que «a los caballeretes apocados hay que curarlos o evitarlos. Nunca son casos incurables, y no lo serán mientras la belleza y el atractivo femeninos conserven su influencia». O bien, «¡Señoritas, señoritas! Los caballeretes presuntuosos son a menudo unos sinvergüenzas y siempre son idiotas. Así que os rogamos que procuréis evitarlos». Pero, donde consigue los mejores retratos, con diálogos de gran comicidad que podríamos oír ahora mismo a nuestro alrededor, es en la serie final cuando habla, por ejemplo, de «La pareja que se lleva la contraria» o «La parejita plausible». Es el mejor Dickens el que firma que «no hay mejor ilustración práctica del dicho de que hasta de lo bueno llega uno a hartarse que la que nos ofrece la pareja de tortolitos». O, el que termina «La pareja egocéntrica» señalando que «la vanidad huera nos causa lástima, pero la ostentación hipócrita despierta nuestra repulsa».

Edward Caswall y Charles Dickens. Estampas de caballeretes y de parejitas con Estampas de señoritas de Edward Caswall (Sketches of young gentlemen and young couples - with sketches of young ladies, 1837-1840). Barcelona: Alba, 2014; 246 pp.; trad. de Miguel Temprano García; ilustraciones de Phiz; ISBN: 978-84-8428-970-8. [
Vista del libro en amazon.es]

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jueves, 16 de octubre de 2014

El tesoro de Barracuda, de Llanos Campos, es una narración escrita con gracia e ilustrada de acuerdo con el tono de la historia, que consigue sus objetivos: entretener, divertir, hablar del atractivo de la lectura de una forma simpática.

El narrador se llama Chispas y, cuando comienza su relato, tiene once años y lleva tres embarcado en el barco pirata del capitán Barracuda, en los mares del Caribe. Luego cuenta que cuando van en busca del tesoro de Phineas Krane, el más antiguo pirata de los mares del Sur, sufren una decepción pues sólo encuentran un libro con las memorias de Krane. Pero después, gracias a ese libro precisamente, van de descubrimiento en descubrimiento.

Esta buena reseña le pone algunas pegas al libro, que para mí no lo son tanto, y explica muy bien el atractivo del relato y las cualidades que tiene: narrador simpático (que no interviene como un héroe sino que es uno más y más bien observa y cuenta), trama de acción con situaciones divertidas, expresiones coloquiales acertadas, conexión con aventuras clásicas de piratas.

A eso añadiría que una parte del acierto de Chispas está en el uso genial que hace de los paréntesis para matizar, o aclarar, o adelantar algo. Un ejemplo: justo al principio, cuando Chispas dice que, con el paso del tiempo a bordo, «aquellos hombres empezaron a tratarme con algo parecido al cariño (tipo pirata, ya me entendéis: capones en la cabeza, tirones de oreja y pescozones a traición)».

Llanos Campos. El tesoro de Barracuda (2014).Madrid: SM, 2014; 149 pp.; col. El Barco de vapor; ilust. de Júlia Sardà; ISBN: 978-84-675-5299-7. [Vista del libro en amazon.es]

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miércoles, 15 de octubre de 2014

En Un cóndor en Madrid, de Paloma Muiña, un chico llamado Manu cuenta su amistad con Adriana, una niña ecuatoriana, vecina y compañera de clase, que está inquieta por el modo en que comporta su abuelo, desorientado en Madrid y con añoranzas de su tierra. Manu observa la situación y, aparte de ir aprendiendo cosas de Ecuador, según Adriana y su madre le van contando, va compartiendo con ellas la preocupación por el abuelo.

Relato que tiene calidez pues transmite un poco el desarraigo de algunas personas que han debido emigrar y se acerca con simpatía a las costumbres de la tierra de origen. Las pequeñas intrigas o tensiones que hay —un chico que acosa un poco a Manu y algo extraño que pasa en el ático de la casa de Adriana— le dan algo de consistencia a la trama pero los hilos importantes son el de la situación del abuelo y el de los sentimientos de Manu. La sencillez narrativa se altera en ocasiones (pocas) con frases poéticas que parecen difíciles de creer en un narrador como Manu.

Paloma Muiña. Un cóndor en Madrid (2014). Zaragoza: Edelvives, 2014; 134 pp.; col. Ala Delta; ilust. de Mercè López; ISBN: 978-84-263-9257-2. [Vista del libro en amazon.es]

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martes, 14 de octubre de 2014

Las aventuras de la bruja Fritanga, de Xan López Domínguez, tiene como protagonista a una bruja de muy baja categoría: aprendiza de Pocimera (que, a su vez, es un tipo de mago inferior). Pero Fritanga puede volar, es muy cortés y hábil con los idiomas, por lo que puede actuar como recadera y apaciguadora y le suelen encargar hacer de árbitro en conflictos menores. En este caso Fritanga ha de resolver el lío en el que se ha metido su amigo el mago Renglong que, por usar un conjuro que no dominaba, se convirtió en gigante. Para lograr devolverlo a su tamaño natural Fritanga va de aquí para allá, durante toda la noche, pidiendo ayuda y consejos a unos y otros.

Relato que, a pesar de ir en una colección que se llama Álbumes, y aunque las imágenes son importantes, no es tanto un álbum como una historia de fantasía. Fritanga es una heroína laboriosa, paciente y amable, que ha de lidiar con un mago primerizo que, al contrario que Fritanga, no es consciente de sus limitaciones. Las figuras tienen las formas alargadas y abombadas características del autor. El libro cuenta con ilustraciones a doble página, encima de las cuales va el texto. Como son más bien oscuras, dado que todo transcurre durante una noche, quien eche un vistazo superficial al libro podría pensar que tiene delante un relato apagado pero no es así: la heroína es luminosa y el relato resulta divertido.

Xan López Domínguez. Las aventuras de la bruja Fritanga (2014). Zaragoza: Edelvives, 2014; 90 pp.; col. Álbumes; ISBN: 978-84-263-9166-7. [Vista del libro en amazon.es]

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lunes, 13 de octubre de 2014

A todo color es el primer título de una trilogía de libros de descubrimiento para primeros lectores que firma e ilustra Etienne Delessert. Los otros dos libros son A de alfabeto y Hambre de números, anunciados pero aún no publicados en castellano, que yo sepa.

Es un libro que presenta los distintos colores primarios y secundarios y las mezclas que se dan entre ellos. Comienza diciendo que «a veces vemos el arcoíris después de una tormenta», compuesto por siete colores, y va mostrándolos: rojo como un niño ruborizado, el naranja como llamas, el amarillo como el sol, el verde como la yerba, etc. No hay historia sino, simplemente, unas imágenes amables del personajillo al que vemos en la portada.

Es un modo amable de introducir los conceptos pero sin dar explicaciones. Se puede alinear, aunque tiene menos entidad como álbum y como argumento, con Flicts o La merienda del señor verde.

Etienne Delessert. A todo color (Tout en couleur, 2005). Barcelona: Zorro Rojo, 2014; 32 pp.; col. Aprender y descubrir; trad. de Juana G. Ensoleillé; ISBN: 978-8494247309. [Vista del libro en amazon.es]

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domingo, 12 de octubre de 2014

En los últimos meses, he ido leyendo y tomando notas de la Historia de la literatura infantil en América Latina, un trabajo extenso e impagable de Manuel Peña Muñoz que amplía mucho el panorama sintético que había presentado, hace años, en otro libro semejante titulado Había una vez en América.

En él enumera los principales autores de cada país —del Caribe, de Centroamérica y de Sudamérica— y comenta sus obras con un tono expositivo amable, pues no hace valoraciones ni comparaciones entre unos y otros. Esta es una opción justa, puesto que las circunstancias históricas del crecimiento de la LIJ en cada país son muy distintas y es prácticamente imposible abarcarlas.

Así que ahora, poco a poco, y en la medida de lo posible, intentaré ir leyendo a tantos autores que no conozco, o que conozco poco y mal.

Manuel Peña Muñoz. Historia de la literatura infantil en América Latina (2009). Madrid: SM, 2009; 820 pp.; ISBN: 978-958-705-337-1.

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sábado, 11 de octubre de 2014

Señala John Gardner que «los errores que de veras resultan ofensivos en una hipotética obra de arte son las pifias graves en el razonamiento, como cuando se introduce una idea o un suceso que debería cambiar el resultado de la trama, pero que se olvida o ni siquiera se llega a reconocer como lo que es en realidad».

También indica, en otro momento, que, con algunas excepciones que se pueden dar cuando un escritor usa un narrador que no es fiable, «en las buenas obras de ficción, el lector nunca tiene que volver sobre una frase para averiguar qué es lo que quiere decir. Puede leer dos veces una frase simplemente porque le gusta, o bien porque, no por un error del autor, se le va momentáneamente la atención a otra parte, meditando tal vez en las implicaciones de mayor calado que pueda tener la escena; ahora bien, si es un descuido del autor lo que le lleva a leer dos veces una misma frase, tiene todo el derecho a sentir que el autor ha vulnerado el contrato fundamental de toda ficción, a saber, que el escritor tratará honesta y responsablemente al lector».

John Gardner. El arte de la ficción: apuntes para el oficio de jóvenes escritores (The Art of Fiction, 1983). Madrid: Ediciones y Talleres de Escritura Creativa Fuentetaja, 2001; 243 pp.; col. Creativaescritura; trad. y prólogo de Miguel Martínez-Lage; ISBN: 84-95079-73-9. [Vista del libro en amazon.es]

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viernes, 10 de octubre de 2014

Hace años leí las novelas más conocidas de Raymond ChandlerEl sueño eterno y El largo adiós— que, al menos en mi recuerdo, permanecieron como parecidas pero inferiores a Cosecha roja de Dashiell Hammet, que también leí por la misma época. He vuelto a reencontrarme con el género, que no he frecuentado mucho, con La rubia de ojos negros, de Benjamin Black, firma de John Banville para novelas como esta.

Según parece, los herederos de Chandler invitaron a Banville a escribir una nueva historia de su detective Marlowe y el resultado es excelente: sin duda la plantilla está más que contrastada pero la imitación es de alta calidad. La narración es buena, la trama es tensa —aunque ya se sepa que Marlowe recibirá varias palizas y que la chica tiene un secreto—, y los diálogos son chispeantes —demasiado, pero es algo que acepto bien cuando se trata de una sola novela aunque me cansaría si leyera varias parecidas seguidas—.

En especial son graciosas (o a mí me hacen gracia) las observaciones del estilo «cogí mi pipa y me entretuve con ella, sacando los restos de tabaco de la cazoleta y haciendo todo lo preciso para limpiarla. Una pipa es un artículo muy útil cuando quieres parecer inteligente y reflexivo». No importa que los personajes sean como postes que dan réplicas excelentes, pues de eso es de lo que se trata, por lo que no extraña nada que un mafioso comente, como si tal cosa, que «la contaminación y la neblina de esta ciudad hacen estragos en mis vías respiratorias».

Benjamin Black. La rubia de ojos negros. Una novela de Philip Marlowe (The Black Eyes Bloonde: A Philip Marlowe Novel, 2014). Madrid: Alfaguara, 2014; 336 pp.; trad. de Nuria Barrios; ISBN: 978-84-204-1692-2. [Vista del libro en amazon.es]

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jueves, 9 de octubre de 2014

Hace pocos días descubrí, con sorpresa, que no había puesto en la página todavía uno de los mejores libros infantiles que conozco sobre la segunda Guerra Mundial: Una isla entre las ruinas, de Uri Orlev. Pero que sea uno de los mejores no significa que se pueda encontrar ahora en librerías: hay que buscarlo en bibliotecas.

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miércoles, 8 de octubre de 2014

Igual que El autobús de Rosa, el álbum de Fabrizio Silei y Maurizio Quarello titulado Fuera de juego cuenta un aleccionador episodio de valor cívico que a los aficionados al fútbol, en especial, les gustará conocer.
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martes, 7 de octubre de 2014

Igual que los dos álbumes previos de Chris Haughton también el último, ¡Shhh! tenemos un plan, tiene encanto, aunque suene familiar a sus seguidores y su argumento no esté tan conseguido como los anteriores.

Vemos a tres personajillos, armados con una especie de cazamariposas, seguidos por otro más pequeño, que van por el bosque, de noche, según se deduce de los colores azules predominantes. Cuando ven a un pajarito. el niño de atrás lo saluda amistosamente pero los demás le dicen que calle: «Shhh, tenemos un plan». Fallan pero lo intentan de nuevo con otro que está en un árbol y sucede lo mismo. Y así una tercera vez. Al fin, el niño le ofrece pan al pajarito y entonces viene, no sólo él, sino muchos otros.

El ambiente del bosque y las figuras compactas de ojos grandes son como los de Un poco perdido. Como allí, hay alternancia de páginas con las ilustraciones recuadradas, de páginas a sangre, y de páginas con las figuras sobre fondo blanco. La historia tiene el ritmo que siempre da que una misma acción se repita varias veces hasta que, al final, se da una ruptura. Es un tipo de relato que también permite una lectura dramatizada en alto, con silencios y sorpresas. El mensaje de respeto a los animales está bien transmitido, con amabilidad y un tono humorístico a lo Astérix tipo «están locos estos romanos».

Chris Haughton. ¡Shhh! tenemos un plan (Shh!, We have a plan, 2014). Santander: Milrazones, 2014; 40 pp.; trad. de Jesús Ortiz Pérez del Molino; ISBN: 978-84-940479-8-5. [Vista del libro en amazon.es]

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lunes, 6 de octubre de 2014

La canción del oso, de Benjamin Chaud, habla de un osito que, a punto de comenzar la hibernación, es atraído por una abeja y emprende un largo recorrido en su busca. A todo esto, el oso padre se da cuenta y sale a buscarlo. Relato divertido y amable, cuyo atractivo está en que las ilustraciones son grandes y vistosas, y en que todas ellas contienen muchas figuras entre las que hay que localizar al oso huidizo: entre distintos animales, en las calles, en el interior de la ópera... Es un juego de observación y descubrimiento, tan conocido como eficaz siempre que, como es el caso, se plantee y resuelva bien.

Benjamin Chaud. La canción del oso (Une chanson de l’ours, 2011). Zaragoza: Edelvives, 2014; 32 pp.; col. Álbumes; trad. de Diego de Santos Domingo; ISBN: 978-8426391780. [Vista del libro en amazon.es]

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domingo, 5 de octubre de 2014

En el libro Un camino entre dos mares se dice que, entre los hombres clave para la construcción del Canal de Panamá, uno fue George Goethals, ingeniero civil y oficial del ejército norteamericano al frente de las obras desde 1907 hasta su apertura en 1913, y luego gobernador hasta 1916. Al final, David McCullough hace notar su tenacidad, habilidad y valor, y añade un párrafo de lo más aleccionador: 

«Asimismo, el hecho de que una obra tan enorme y costosa se llevara a cabo sin sobornos, comisiones encubiertas, nóminas engordadas ni ninguna de las muchas formas de corrupción endémicas en tales empresas parecía casi inconcebible al comienzo y no deja de ser menos notable visto en retrospectiva. Pero el canal, entre otras muchas cosas, era un proyecto limpio. Ninguna de las miles de empresas diferentes que negociaron con la Comisión del Canal del Itsmo obtuvo ganancias exorbitantes. No hubo ni el más leve indicio de escándalo desde el momento en Goethals obtuvo el mando, ni hay pruebas de corrupción de ningún tipo en todos los años sucesivos».

David McCullough. Un camino entre dos mares. La creación del canal de Panamá (1870-1914) (The Path Between the Seas, The Creation of the Panama Canal 1870-1914, 2011). Barcelona: Espasa, 2012; 550 pp.; trad. de Francisco Gurza Irazoqui revisada por Carmen Martínez Gimeno; ISBN: 978-84-670-3885-9. [Vista del libro en amazon.es]

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sábado, 4 de octubre de 2014

Define John Gardner la metaficción como «la ficción que tanto por su estilo como por su tema se propone indagar en la ficción misma». Y, como «no hay mejor proveedor de modelos de conducta que la ficción», hace tiempo que los escritores han visto que «una de las formas de socavar los efectos perjudiciales de la ficción reside en escribir metaficción: un relato que llame la atención sobre sus métodos y que muestre al lector que es lo que le está ocurriendo a la vez que lee». Es decir: «toda metaficción es una deconstrucción, pero no a la inversa».

Por eso el atractivo de la metaficción puede describirse como «intelectual». «Si nos reímos, no lo haremos tan de todo corazón como cuando nos reímos ante un personaje interesante que es completamente verosímil; nos reímos un poco más entre dientes, con una sensación de leve superioridad, como cuando nos reímos de un chiste ingenioso o del “ingenio” mismo. Si nos apenamos, nos apenamos como los filósofos, no como una persona que haya perdido a un ser querido. Más que nada, en este terreno al leer pensamos. Pensamos en las alusiones del autor, en su empleo de recursos o mecanismos inesperados, en su valentía a la hora de romper todas las reglas que le salgan al paso».

John Gardner. El arte de la ficción: apuntes para el oficio de jóvenes escritores (The Art of Fiction, 1983). Madrid: Ediciones y Talleres de Escritura Creativa Fuentetaja, 2001; 243 pp.; col. Creativaescritura; trad. y prólogo de Miguel Martínez-Lage; ISBN: 84-95079-73-9. [Vista del libro en amazon.es]

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viernes, 3 de octubre de 2014

Escenas de la vida parroquial contiene los tres primeros relatos de George Eliot: El triste destino del reverendo Amos Barton, La historia de amor del señor Gilfil, El arrepentimiento de Janet. Además, en un apéndice titulado «Cómo llegué a escribir relatos de ficción», habla de las dudas que le asaltaban al redactarlos, de lo que le decían sus conocidos, de cómo llegó a convencerse de su capacidad para ser novelista.

El primero tiene un argumento más directo que los otros dos y presenta unas dificultades de convivencia más cercanas a nosotros. El reverendo Amos Barton, un hombre bueno pero poco dotado para las relaciones sociales, tiene dificultades de aceptación en su parroquia y, sobre todo, sufre debido a la enfermedad grave de su mujer, Milly, una persona bondadosa y querida por todos. En el segundo relato el protagonista es el pastor Gilfil, unas décadas anterior a Amos Barton en la misma parroquia de Shepperton, y la historia cuenta cómo llegó a casarse con una desgraciada chica italiana, Caterina. En el tercero, que tiene lugar en la ciudad de Milby, asistimos a las tensiones «teológicas» y ciudadanas en torno al moderno reverendo Edgar Tryan, y a su influencia en Janet, la esposa de un hombre violento que ataca ferozmente a Tryan.

A George Eliot se la suele criticar por emplear su aguda ironía precisamente contra las mujeres —«¡Pobres corazones femeninos! Dios me libre de reírme de vosotros…»—, y por sus acentos de superioridad condescendiente cuando se refiere al mundo provinciano —en «el nivel intelectual de Shepperton es la repetición, no la novedad, lo que produce mayor efecto; y las frases, al igual que las melodías, tardan mucho tiempo en sentirse como en casa en el cerebro»—. Pero, sea como sea, sus observaciones al paso suelen ser pertinentes y certeras.

Por ejemplo: «Las distinciones sutiles son problemáticas. Es mucho más fácil decir que una cosa es negra que diferenciar el tono específico de marrón, azul o verde que realmente irradia. Es mucho más fácil decidir que tu vecino es un inútil que tratar de comprender unas circunstancias que le obligarían a uno a cambiar de opinión». O bien: «La calumnia puede derrotarse con la ecuanimidad; pero los pensamientos valientes no pagan la cuenta del panadero, y la fortaleza en ninguna parte se considera una moneda de curso legal para la carne». O esta otra: «Las emociones intensas gracias a las que la vida de un ser humano cambia de rumbo conquistan su victoria como lo hace el mar: aunque su avance sea seguro, a menudo, después de una ola más poderosa de lo habitual, parece retroceder hasta perder todo el recorrido ganado».

George Eliot. Escenas de la vida parroquial (Scenes of Clerical Life, 1858). Barcelona: Alba, 2013; 542 pp.; col. Alba Clásica; trad. de Marta Salís; ISBN: 978-84-8428-855-8. [Vista del libro en amazon.es]

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jueves, 2 de octubre de 2014

El Giro de Italia, de Dino Buzzatti, recoge las crónicas que hizo el autor para el Corriere della Sera durante el Giro del año 1949.

Como cabría esperar son excelentes, también porque Buzzatti no sabe de ciclismo y construye sus crónicas preguntando a los expertos, imaginándose los sueños de triunfo de los corredores, haciendo comentarios al paso llenos de interés. Así, al explicar los pormenores del avituallamiento termina dicendo: «y por último las “bombas”, potentes brebajes capaces de hacer brincar a un muerto como si fuera un saltimbanqui». O bien hace notar que ha descubierto «una nueva y sorprendente verdad del Giro»: que el gran héroe no es Coppi sino su hermano, un ciclista modesto de gran generosidad en el esfuerzo e imprescindible para los triunfos del campeón. De vez en cuando la narración tiene acentos épico-entusiastas: «el Giro es una condena a galeras, pero también es una gran aventura, un juego de reyes, una guerra, una excursión, un examen, una locura, cosas todas ellas muy similares a la juventud».

Por otro lado, el hecho de que fuera el Giro donde se veían las caras el veterano Gino Bartali y el campeón emergente Fausto Coppi, comunica interés adicional a la narración: puede ser «el ocaso de una época y el traspaso definitivo de la corona de una cabeza a otra». Y vemos la maestría de Buzzatti, por ejemplo, en una observación como esta: «en las extraordinarias dotes de estos dos hombres, dotes toscas, si se quiere, elementales, esencialmente físicas, los espectadores, incluso los de primera fila, incluso los más malévolos e irreverentes, advierten quizá algo misterioso, sagrado, una suerte de gracia, el signo de una potestad sobrenatural. Y acaso eso explica la inmensa atracción del deporte. Eso es lo que justifica lo que de otro modo parecería absurdo, a saber: que personas razonables y cultas puedan perder la cabeza, excitarse y gritar por un jugador de fútbol o un ciclista».

Dino Buzzatti. El Giro de Italia (1949). Madrid: Gallo Nero, 2014; 190 pp.; trad. de David Paradela; prólogo de Claudio Marabini; ISBN: 978-84-942357-1-9. [Vista del libro en amazon.es]


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miércoles, 1 de octubre de 2014

En Las reglas del verano, de Shaun Tan, una primera doble página muestra, en un barrio industrial un tanto desolado, a dos niños, seguramente dos hermanos, el mayor inclinado hacia el menor como advirtiéndole de algo. La siguiente doble página contiene una frase: «He aquí lo que aprendí el pasado verano». A continuación vienen sucesivas escenas que se muestran en la página derecha y que van acompañadas de una frase breve en la página izquierda: «Nunca dejes un calcetín en el tendedero», y vemos a los dos hermanos acurrucados y un monstruo acechandoles; «nunca te comas una aceituna en una fiesta», y vemos al hermano mayor reteniendo al pequeño para que no coja la aceituna mientras, detrás, unos amenazantes pájaros de pico ganchudo les observan… Hasta que llega un «nunca pidas explicaciones» y vemos, en la derecha, peleándose a los dos chicos. Más adelante hay varias dobles páginas enigmáticas, sin texto alguno, en las que, supuestamente, el pequeño está dentro de un tren extraño y se aleja… Más adelante, el mayor lo rescata y, juntos, vuelven a casa.

Además, un cuervo o así contempla todas las escenas y, en la última doble página, el cuervo tiene una corona entre las patas y está como enterrándola. Un texto en la contracubierta refuerza un poco la interpretación de que un pequeño cuenta lo sucedido con su hermano mayor: «nunca rompas las reglas. Sobre todo si no las comprendes». Escribí lo anterior antes de haber leído las pormenorizadas explicaciones que da el mismo Shaun Tan acerca de su álbum —en las que hay muchos más matices, como es lógico—. En esos comentarios amplía la interpretación de forma interesante: «Una cosa que me gusta de los libros ilustrados, y del arte en general, es la sensación de tiempo colapsada que a veces se produce cuando el pasado, el presente y el futuro se unen. Pensándolo bien, esta no es solo una «historia» sobre la infancia ni de relaciones entre hermanos, sino algo más parecido a un ensueño acerca de los éxitos y fracasos en un sentido más amplio que se experimentan al tratar de entender nuestras relaciones con otros seres humanos».

Shaun Tan. Las reglas del verano (Rules of Summer, 2013). Granada: Barbara Fiore, 2014; 48 pp.; trad. de Carles Andreu y Albert Vitó; ISBN: 978-84-15208-46-4. [Vista del libro en amazon.es]

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