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bienvenidosalafiesta: cuaderno de notas y diccionario de autores y obras de literatura infantil y juvenil    
bienvenidos a la fiesta
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jueves, 2 de abril de 2020

Raritos y Valiente son dos cómics de vida escolar de Svetlana Chmakova, una ilustradora rusa que emigró a Canadá cuando tenía 16 años.

En Raritos los protagonistas son Penelope o Peppi Torres, recién llegada al instituto de una nueva ciudad, y Jamie (o Jaime en el interior del cómic) Thompson, un chico solitario al que todos llaman rarito y que tiene grandes cualidades para las matemáticas. Peppi se integra gracias al club de arte, pues es una buena dibujante de cómic, y como una profesora la pone en contacto con Jamie para que le ayude en matemáticas, ambos acaban siendo amigos. Los conflictos están en la timidez de Peppi, que tiene un mal gesto con Jaime y le da vergüenza pedirle perdón; su inseguridad al tratar con la hiperactiva y dominante Maribella Samson (cuyos problemas, sin embargo, acabará conociendo), y la rivalidad feroz entre quienes forman el club de arte y quienes componen el club de ciencias.

En Valiente el protagonista es Jensen Graham, a quien ya conocíamos del cómic anterior, un chico gordito, solitario, con un mundo imaginativo lleno de superhéroes, que tiene problemas con las matemáticas, y que, cuando es acosado por unos abusones del instituto, es ayudado por algunos compañeros y compañeras. Estos problemas de acoso, igual que los del cómic anterior, están bien planteados aunque los consabidos abusones no son psicópatas y pueden ser reconducidos con ayuda de todos. Entre paréntesis creo que son más que discutibles algunos planteamientos, que se dan por buenos, de la forma en que los alumnos protestan.

Buenas narraciones gráficas. Se presenta bien un ambiente con personajes de procedencias culturales y étnicas variadas. Los chicos y chicas tienen un buen talante, a pesar de discusiones y rivalidades. Algunas chicas «sobreactúan» mucho, en parte porque nuestra cultura en general y el estilo adolescente en particular son de lo más quejosos, pero también, creo yo, porque los autores (ilustradores, guionistas…) necesitan exagerar sus reacciones para que causen más impacto. En lo que yo sé, sin embargo, el resultado es a veces contraproducente con lectores que no se reconocen ni de lejos al apreciar demasiada histeria.

Son excelentes las explicaciones que da la autora al final de Raritos contando «el proceso de dibujo», donde dice que cada página del cómic le ha supuesto unas 6 o 7 horas de trabajo.

Svetlana Chmakova. Raritos (Awkward, 2015). Barcelona: Montena, 2018; 210 pp.; trad. de Aina Baraldés; lettering de Ju Youn Lee, color de Ru Xu y Melissa McCommon; ISBN: 978-84-9043-944-9. [Vista del cómic en amazon.es]
Svetlana Chmakova. Valiente (Brave, 2017). Barcelona: Montena, 2018; 253 pp.; trad. de Aina Baraldés; lettering de Ju Youn Lee, color de Melissa McCommon; ISBN: 978-84-17460-27-3. [
Vista del cómic en amazon.es]

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miércoles, 1 de abril de 2020

La fiesta y otras historias, de Sergio Ruzzier, es un cómic para primeros lectores que contiene tres excelentes historias protagonizadas por el zorro Fox, que demuestra una y otra vez su paciencia con el pequeño y a primera vista inocente Chick: en la primera historia, «La fiesta», con sus travesuras y sus disculpas; en la segunda, «Qué sopa más rica», con su insistencia; en la tercera, «No te muevas», con su incapacidad de quedarse quieto. La narración, estructurada casi siempre con cuatro viñetas por página, presenta situaciones de la vida cotidiana con simpatía gráfica y amabilidad inalterable, digamos que con un humor, al modo de los relatos de Arnold Lobel, que pueden disfrutar lectores de cualquier edad.

Sergio Ruzzier. Fox + Chic. La fiesta y otras historias (Foz & Chick: The Party and Other Stories, 2018). Madrid: Liana, 2019; 45 pp.; col. El manglar; trad. de Marta Tutone; ISBN: 978-84-949830-6-1. [Vista del libro en amazon.es]

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lunes, 30 de marzo de 2020

En bienvenidosalafiesta: notas del mes de marzo.

La selección que hago del mes es esta: un buen álbum para prelectores: El señor Búho; un cómic ameno de aventuras: El temerario Jack; libros excelentes de conocimientos de la naturaleza: Osos, Loco por los felinos y Migraciones; una novela juvenil de aventuras: El brazalete de piel de mono.

Además, este mes he puesto tres reseñas largas de novelas decimonónicas magníficas: la primera edición en España de El mundo en que vivimos y, en la sección Relecturas (que ya he comentado más veces que es magnífica...), Persuasión y El primo Pons.

También han salido este mes nuevas ediciones de La discreción del bien, El secreto de la belleza y La esperanza del rescate.

En nuevocuaderno: notas del mes de marzo. Entre ellas, comentarios a El rebaño excelente, de William Deresiewicz, No society, de Christophe Guilluy, y La imaginación conservadora, de Gregorio Luri.

En Libros para jóvenes: notas del mes de marzo.

En medium, he puesto la nota 25 de marzo sobre el significado de la fecha, comentarios tolkienianos en Las mareas del mundo, chestertonianos en La metáfora del progreso (2), y una reseña de  'Alexis de Tocqueville (1805-1859)' de André Jardin. Además, a principios de mes recordé la nota sobre 'El diario de la felicidad', de Nicolae Steinhardt.

Además, y para estos tiempos tan propicios para más y mejores lecturas, actualicé las notas Libros que merecen ser leídos y releídos y Algunos libros de historia de los que también se podría decir lo mismo. He abierto, además, otra nota recopilatoria nueva que se titula Novelas que merecen ser leídas y releídas.

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sábado, 28 de marzo de 2020

He puesto datos de nuevas ediciones de Un libro, Cinco novelas cortas y un volumen con Los incursores y Los incursores en el campo.

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viernes, 27 de marzo de 2020

El primo Pons —otra novela en mi lista de grandes obras que aún no había leído— es una de las 94 que componen La Comedia humana y que fue concebida por Honoré de Balzac como parte de un díptico titulado Los parientes pobres (Les Parents pauvres) y que completaba La prima Bette (Le Cousine Bette, 1848). Empezó siendo un relato corto que más adelante su autor alargó y rehízo, se la considera una de sus mejores novelas y él mismo declaró que «es una de las más hermosas que he hecho».

Sylvain Pons es un músico anciano y pobre que vive alojado en casa de Madame Cibot, junto con su gran amigo, Wilhelm Schmucke, un pianista alemán que, como él, trabaja en la orquesta de un teatro de París. Pons tiene dos pasiones: una, el coleccionismo de arte; otra, el amor por la buena mesa, que le hace desear con ansia el ser invitado a comer, en especial por parte de sus parientes los Camusot de Marville. Cuando estos rompen con Pons y le desprecian debido a que se frustran sus gestiones para conseguir un novio para su hija Cécile, Pons enferma y se recluye en su casa. Gana protagonismo entonces Madame Cibot que, alentada por su vecino el comerciante Remonencq y por un coleccionista rival de Pons, Élie Magus, se da cuenta del valor de las piezas de arte que posee y traza sus planes para llegar a ser la heredera. Entran en juego también el médico de Pons, y su amigo el abogado Fraisier, que hace notar a los Camusot que ellos podrían ser los herederos de Pons. Pero Pons acaba dándose cuenta de las intrigas que se tejen a su alrededor.

El argumento es sencillo y se sigue bien. Los acentos melodramáticos se cargan al multiplicar las asechanzas de los personajes mezquinos y codiciosos hacia los bondadosos e ingenuos Pons y Schmucke, cuya amistad resulta conmovedora. En la estructura de la novela se nota su confección por entregas en el uso abundante del diálogo y en los desenlaces «en punta» de los capítulos. Se sabe que Balzac fue perfilando mejor los distintos personajes en sucesivas redacciones, acentuando en las últimas el protagonismo de algunos como Fraisier. Sin duda, compuso su novela con ánimo de criticar a los burgueses en el poder después de la Revolución de 1830, y con la intención de presentar el panorama de una sociedad en la que todos, pobres y ricos, se dejan llevar por la codicia de un modo carroñero. Igual que hizo en otras novelas, como en Eugenia Grandet, también en esta se explaya en las ambiciones y las disputas que provocan las futuras herencias.

Otro de los propósitos de Balzac era el de presentar el coleccionismo de arte como una pasión que puede ser devoradora. Según el narrador, la colección de Pons es «la heroína de esta historia», el tesoro que todos menos Schmucke buscan ansiosamente. De Pons se dice esto: «esta alma consagrada al lucro, fría como el hielo, se entusiasmaba a la vista de una gran obra de arte, exactamente igual que un libertino, cansado de mujeres, se emociona al verse ante una muchacha de belleza perfecta, y se dedica a la búsqueda de bellezas sin defectos. Este Don Juan de las telas, este adorador del ideal, hallaba en esta admiración placeres superiores a los que proporciona al avaro la contemplación del oro». El final de la novela subraya que los valores del arte, si los tomamos igual que sus héroes, claramente no nos hacen mejores.

Pero el poderío de la historia, lo que la eleva por encima de otras, está en los pasajes en los que Pons es consciente de la conspiración que se teje a su alrededor y, también, de que su muerte se aproxima. El narrador anuncia e inicia esos momentos del siguiente modo: «Y así comienza el drama o, si se quiere, la terrible comedia de la muerte de un solterón, entregado por la fuerza de las circunstancias a la rapacidad de unos seres codiciosos que se arraciman al pie de su lecho, y que en este caso tuvieron por auxiliares la pasión más intensa, la de un insaciable coleccionista de cuadros; la avidez de Fraisier, que, visto en su cubil, hará estremecerse al lector; y la codicia de un auvernés capaz de todo, incluso de un crimen, para hacerse un capital. Esta comedia, a la que esta parte del relato sirve en cierto modo de prólogo, tiene por actores a todos los personajes que hasta este momento han ocupado la escena».

Más adelante continúa el narrador: «Era un espectáculo acongojante el de aquellas cuatro codicias diferentes sopesando la herencia durante el sueño del hombre cuya muerte era el objeto de sus afanes». Luego añade: «Al verse robado por la Cibot, Pons había dicho adiós cristianamente a las pompas y a las vanidades del arte, a su colección, a su amistad con los creadores de tantas cosas bellas, y, a la manera de sus antepasados, sólo quería pensar en la muerte, considerándola como ellos como una de las grandes fiestas del cristiano».

Estas escenas son las que llevan a René Girard a poner en línea esta obra con otras grandes novelas de la historia que tienen en común la «conversión» final del héroe. Afirma que Balzac «resume, en pocas frases, las características esenciales de los finales de novela: el doble rostro de la muerte, el papel del dolor, el desapego de la pasión, el simbolismo cristiano y esta lucidez sublime, a un tiempo memoria y profecía, que proyecta una claridad igual sobre el alma del héroe y sobre el alma de los personajes restantes». Señala cómo, en esa y otras grandes novelas con ese mismo elemento argumental, «al renunciar a la divinidad engañosa del orgullo, el héroe se libera de la esclavitud y posee finalmente la verdad de su desdicha. (…) Son los propios novelistas, a través de la voz de sus héroes, quienes acaban por confirmar (que...) el mal está en el orgullo y el universo novelesco es un universo de endemoniados. El final es el eje inmóvil de esta rueda».

Honoré de Balzac. El primo Pons (Le Cousin Pons, 1847), Barcelona: Planeta, 1981; 416 pp.; col. Clásicos universales; trad. de Carlos Pujol; introd. de Gabriel Oliver; ISBN: 978-84-320-3846-4.
René Girard. Mentira romántica y verdad novelesca (Mensonge romantique et verité romanesque, 1961). Barcelona: Anagrama, 1985; 285 pp.; col. Argumentos; trad. de Joaquín Jordá; ISBN: 84-339-0078-1.


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jueves, 26 de marzo de 2020

Tiempo atrás hablé de Viajeros, un álbum de conocimientos sobre los animales que migran de un lugar a otro. Son muchos los que coinciden con los que se mencionan e ilustran en Migraciones, de Jenni Desmond y Mike Unwin, otro libro excelente con veinte capítulos en los que se muestra y se habla de la ballena jorobada, el pingüino emperador, el caribú, el charrán ártico, la mariposa monarca, la grulla trompetera, la golondrina, la libélula rayadora naranja, la sardina, el albatros viajero, el cangrejo rojo de la isla Navidad, el colibrí de garganta roja, el ánsar indio, el tiburón blanco, el elefante africano, el salmón del Pacífico, el águila pescadora, el ñu azul, el murciélago de la fruta color pajizo y la tortuga verde. Al final se presenta un mapa del mundo que muestra los recorridos de las migraciones mencionadas. Cada doble página es una gran ilustración en la que se contienen dos textos concisos, uno explicativo sobre la migración y otro, más breve, acerca del animal del que se habla. Las ilustraciones, como puede suponer quien ya conozca libros anteriores de Jenni Desmond, son magníficas y, con las excepciones del albatros y el murciélago de la fruta, están confeccionadas para que los textos vayan sobre fondos claros y se puedan leer fácilmente.

Jenni Desmond. Migraciones: los increíbles viajes de los animales (Migration, 2018). Texto de Mike Unwin. Barcelona: Planeta, 2018; 47 pp.; col. Geoplaneta; trad. de David Gippini; ISBN: 978-84-08-18322-8. [Vista del álbum en amazon.es]

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miércoles, 25 de marzo de 2020

Cosas que no hacen los mayores es un nuevo álbum de Benjamin Chaud y Davide Cali, semejante a otros previos de los autores pero centrado en los adultos, que se podría poner en la misma línea irónica de Si yo fuera mayor... o, si se quiere, con los relatos del pequeño Nicolás. Se suceden escenas en las que se nos dice que «los adultos nunca se portan mal», no son egoístas, nunca chillan, tampoco lloran, ni hacen travesuras, ni dicen palabrotas; y cada frase se acompaña de una imagen donde se ve lo contrario de lo que se afirma. Los niños presentes en las imágenes contemplan el comportamiento nada ejemplar y nada coherente de los mayores mientras, algunos suponemos, toman nota para comportarse igual cuando sean adultos. El álbum tiene unas excelentes guardas con imitaciones humorísticas de cuadros muy conocidos —la Mona Lisa burlándose del espectador, el grito de Munch a la vista de una araña colgante, etc.—.

Benjamín Chaud. Cosas que no hacen los mayores (Grown-ups never do that, 2019). Texto de Davide Cali. Madrid: Nube Ocho, 2019; 36 pp.; col. Somos8; trad. de Luis Amavisca; ISBN: 978-84-17673-30-7. [Vista del álbum en amazon.es]

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martes, 24 de marzo de 2020

El señor Búho, de Jacqui Lee y Libby Walden, es un álbum divertido e interactivo, digamos que a lo Hervé Tullet en Un libro. Tanto el señor Búho como los demás seres del bosque con los que se relaciona son personajes graciosos. El texto se dirige al lector haciéndole propuestas: «¡Da tres palmadas para apagar el sol!» (pues, si no, el Búho no se despierta); «Inclina el libro para que el señor Búho se acerque a charlar con doña Polilla» (pues el Búho está en un extremo de una rama y la Polilla en el otro)… Los fondos son negros, como corresponde a la vida que lleva el personaje. Hay páginas cortadas que, al pasarlas, dan lugar a nuevas escenas en la misma doble página.

Jacqui Lee. El señor Búho (This is Owl, 2019). Texto de Libby Walden. Madrid: Bruño, 2019; 42 pp.; trad. de Roberto Vivero; ISBN: 978-84-696-2692-4. [Vista del álbum en amazon.es]

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sábado, 21 de marzo de 2020

A la vez que las nuevas ediciones de La discreción del bien y de El secreto de la belleza, he preparado y publicado también una segunda edición mejorada, y sólo en versión digital para Kindle, de La esperanza del rescate, un libro más cortito que los anteriores.

También en el caso de este libro-guía sobre la figura y las obras de William Golding, en la información que se da del libro en amazon se indican las diferencias con la edición anterior, y se puede acceder al índice y a los capítulos primeros, que dan idea del planteamiento, del enfoque y del contenido.

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viernes, 20 de marzo de 2020

Persuasión, una novela que tenía en mi lista de relecturas desde hacía tiempo y que he podido leer y anotar en los últimos meses, fue la última que terminó Jane Austen. No la reescribió, como había hecho con las anteriores, y se publicó pocos meses después de su muerte. Es la única de sus novelas que transcurre durante su misma época, desde el verano de 1814 hasta 1815, año en el que Austen empezó a escribirla. La he releído porque Austen siempre lo merece pero, en concreto, porque quería recordar el perfil de la heroína, Anne Elliot, una mujer que siempre aporta sensatez a la vida cotidiana y que siempre procura optar por el mejor curso de acción posible: sus actitudes ante la vida no son las de Darcy y Bennet en Orgullo y prejuicio, ni las de las hermanas Dashwood en Sentido y sensibilidad (o Juicio y sentimiento), ni mucho menos la frivolidad inconsciente y bienintencionada de Emma…

La novela comienza cuando Anne tiene 27 años y vive con su padre y su hermana mayor. Como tienen problemas económicos alquilan su gran casa a un almirante y a su esposa, y ellos deciden mudarse a vivir a Bath. Mientras su padre y su hermana se van para instalarse, Anne se queda un tiempo con otra hermana suya, Mary, casada con Charles Musgrove, que tiene varios hijos pequeños. En esas semanas, con motivo de las reuniones sociales que se suceden, en su casa o en casa de las hermanas de Charles, se reencuentra con el capitán Frederick Wentworth, el hermano de la esposa del almirante, con quien había estado comprometida siete años antes, en 1806. Más adelante Anne se va a vivir a Bath también y allí acaban el capitán, los Musgrove, y más personajes entre los que hay un primo suyo, con derecho a heredar la casa de los Elliot, que busca reconciliarse con el padre de Anne y ganársela a ella lo que, naturalmente, pone nervioso al capitán.

La novela, escrita en estilo indirecto libre, va dejando claro el modo de ser de Anne, a quien vemos como una mujer que se toma su tiempo para conocer a las personas. En relación a su primo dice la narración que «no le bastaba el mes que llevaba tratándolo para estar segura de conocerlo a fondo» y que Anne se pregunta «¿quién se atrevería a garantizar los sentimientos de un hombre listo y cauteloso, ya bastante maduro para apreciar las ventajas de fingir un carácter agradable?». En otro momento se indica que duda cuando ve que «jamás se advertía en él una explosión de sensibilidad ni el fogoso comentario de indignación o agrado suscitados por el espectáculo de las buenas o malas acciones», «una grave imperfección en opinión de Anne, que estimaba la franqueza, la sinceridad y la espontaneidad sobre todas las cosas», y que «sabía que podía fiar mucho más en la sincera condición de los que a veces se descuidan y precipitan, que en la de aquellos que, cautos y mesurados, jamás dan un paso en falso».

La vemos también como una persona nada entrometida que sabe valorar bien las limitaciones de quienes tiene alrededor. Así, cuando está viviendo con su hermana Mary, una mujer ansiosa y caprichosa, y su bondadoso marido, la narración cuenta sus pensamientos acerca de su cuñado: considera «que un matrimonio más adecuado lo habría mejorado notablemente y que una mujer de verdadero entendimiento habría podido sacar de su condición moral mejor partido, sobre todo en lo que a costumbres y aficiones se refería. Porque lo cierto es que sólo parecían entusiasmarlo los deportes, y fuera de ellos malgastaba el tiempo sin recoger el beneficio de los libros ni de nada. Tenía un humor excelente, en el que no hacía mella el tedio frecuente de su esposa, hacia la que mostraba paciencia infinita, con gran asombro de Anne, y en general, si bien menudeaban las discusiones —en las que ella intervenía más de lo que deseaba, requerida por ambas partes—, podían ser considerados como una pareja feliz».

Anne se nos presenta, cuando es el caso, como alguien que sabe sostener sus opiniones con aplomo y buenos argumentos. Al capitán Harville, que le dice que no recuerda haber abierto en su vida «un solo libro en el que no se aluda, de una manera u otra, a la inconstancia de las mujeres», Anne le hace notar que no debe tomar ejemplos de los libros: «los hombres siempre han disfrutado de una ventaja, y ésta es la de ser los narradores de su propia historia. Han contado con todos los privilegios de la educación, y, además, han tenido la pluma en sus manos. No, no admito que presente los libros como prueba». Al mismo tiempo dice de sí misma que merecería el más absoluto desprecio si se atreviera a presumir que las mujeres monopolizan la ternura y la constancia: «considero a los hombres capaces de todo lo grande y lo bueno como maridos y como padres».

Como las demás heroínas de Austen pero con la ponderación que le da ser la mayor de todas ellas, hay un momento en el que Anne hace balance de sus acciones, en especial de cuando, tiempo atrás, decidió cortar su relación con el capitán Wentworth: «he estado pensando en el pasado y he tratado de juzgar imparcialmente mis errores y mis aciertos, y creo sinceramente que en su momento procedí bien», aunque también se dé cuenta de que su amiga la señora Russell se confundió en su momento al aconsejarla. Con objetividad reconoce que «se trataba quizá de uno de esos casos en que la indicación sugerida no es buena ni mala en sí, sino que el acierto o el desacierto dependen de los acontecimientos posteriores»; reflexiona que, a pesar de todo, haber seguido ese consejo fue mejor que si se hubiera rebelado contra él, y al mismo tiempo se plantea que ella, en circunstancias similares, se guardaría de dar un consejo semejante.

Esto enlaza con que si Austen es siempre magistral al mostrar el verdadero sentido de la libertad, pues sus personajes siempre acaban dándose cuenta de que sólo pueden alcanzar una libertad mayor eligiendo bien (o que la calidad de la libertad se mide por la calidad de las ataduras a las que nos conducen nuestras elecciones), en esta novela presenta cómo las distintas clases de «persuasiones» a las que cedemos nos hacen tomar una u otra dirección. Obviamente unas están detrás de los comportamientos mezquinos o interesados de algunos personajes. Otras son «autoconvencimientos», como indica el narrador a propósito de una postura que toma Mrs. Russell: «¡Con qué facilidad surgen las razones para apoyar aquello que nos es agradable!». Y, dando un paso más, están también las que podemos llamar «autoengaños», como muestran las reflexiones del capitán Wentworth cuando, mirando su pasado, logra «distinguir claramente la diferencia profunda que separa a la firmeza de convicciones de la obstinación caprichosa y necia». En fin, como dice Anne, «¡qué extrañas quimeras nos forjamos cuando se trata de nuestro querido “yo”! ¡Cuán fácil es engañarse!».

Jane Austen. Persuasión (Persuasion, 1817). Barcelona: Penguin Clásicos, 2018; 296 pp.; trad. de Manuel Ortega y Gasset; ISBN: 978-8491052777. [Vista del libro en amazon.es]

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jueves, 19 de marzo de 2020

Loco por los felinos, es otro libro excelente en el que Owen Davey da mucha información en pocas páginas y presenta unas ilustraciones tan atractivas y vistosas, en naranja y verde como colores predominantes, que (casi) hacen que lo que transmite con el texto pase a segundo plano. Los primeros títulos de cada doble página son «Qué son los felinos», «Historia y linaje», «Come, depreda, caza», «Pelaje y camuflaje», etc. Hay otra doble página titulada «Y el premio es para…», donde se nos cuenta, entre otras cosas, que el rugido más potente es el del león pues se puede oír a 8 km de distancia, que el jaguar es quien tiene las mandíbulas más poderosas, que el salto más largo lo dan el leopardo de las nieves y el puma, y que el guepardo es el animal terrestre más rápido. Dan mucha idea las comparaciones de tamaño que se ofrecen en «Pequeño y grande» y en «A escala». Y no faltan las secciones finales tituladas «Los felinos en la mitología» y la dedicada a las especies amenazadas en «Protección felina».

Owen Davey. Loco por los felinos (Crazy about Cats, 2017). Madrid: SM, 2018; 37 pp.; trad. de Fernando Bort; ISBN: 978-84-675-9357-0. [Vista del álbum en amazon.es]

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miércoles, 18 de marzo de 2020

Con el paso de los años he llegado a pensar que no pocas críticas a escritores e ilustradores que fueron muy populares —las basadas en que se han quedado anticuados, en que los papeles en la sociedad de sus personajes no son los que hoy que consideran apropiados, etc.—, tienen su origen en la envidia o en el deseo de quitarles parte del favor del público que, contra viento y marea, siguen manteniendo.

Si un ejemplo es Enid Blyton —quien ha leído muchas novelas semejantes sabe que, casi siempre, las suyas siguen siendo superiores—, otro es Richard Scarry, de quien se han publicado hace poco Todos al trabajo y Todo sobre ruedas, dos libros de de los años sesenta y setenta del pasado siglo que siguen siendo un ejemplo de álbumes para pequeños que resultan divertidos, que contienen mucha información, que tienen como personajes a unos graciosos animales humanizados, y que están estupendamente construidos. Además, estas ediciones no están abreviadas o modificadas (como se ha hecho con otras), aunque algunas frases de las traducciones, que hoy suenan peor están algo suavizadas (con acierto algunas pocas que he visto en el primero de los álbumes).

En los escenarios de Feliciudad (Busy Town), Todos al trabajo presenta toda clase de animales humanizados mientras desempeñan muchos oficios posibles (en el momento en que se publicó el álbum): mineros, bomberos, médicos, etc. Todo sobre ruedas muestra vehículos de todo tipo también de la época: motos, bicis, furgonetas de reparto, camionetas, camiones, grúas, coches deportivos, etc.; pero también coches singulares como un zapatauto, una puerconeta, lapizautos de distintas plazas, etc. Es un mundo sonriente, donde abundan las bromas visuales, que proporciona conocimientos y vocabulario, que tiene un interés nostálgico e histórico para muchos adultos.

Richard Scarry. Todos al trabajo (What Do People Do All Day?, 1968). Barcelona: Duomo Ediciones, 2019; 93 pp.; col. Centenario Richard Scarry; trad. de Ángela Esteller; ISBN: 978-84-17761-68-4. [Vista del álbum en amazon.es]
Richard Scarry. Todo sobre ruedas (Cars and Trucks and Things That Go, 1974). Barcelona: Duomo Ediciones, 2019; 68 pp.; col. Centenario Richard Scarry; trad. de Lluc Millat; ISBN: 978-84-17761-69-1. [
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martes, 17 de marzo de 2020

El título y la dedicatoria de Pequeño botón, de Lucía Cobo y Paula Merlán, «a todos aquellos que se sienten pequeñitos y todavía no han descubierto lo grandes que son», anuncia un álbum de los que desean reafirmar el valor de cada uno con independencia del tamaño. De Tejón, el sastre de los animales, se nos dice que le gustaban especialmente los botones y los tenía de todas clases, «atesorados en un viejo costurero»; y, entre ellos, Pequeño Botón era el más chiquitín; un día se queda olvidado y teme que ya nunca se cumpla su sueño de ocupar un lugar en alguno de los trajes que hace Tejón. El álbum está bien construido, son amables y expresivas las caras sonrientes de los animales y los objetos, y su ambientación gustará mucho, en especial, a quienes atraiga la costura.

Lucía Cobo. Pequeño botón (2019). Texto de Paula Merlán. Madrid: Narval, 2019; 30 pp.; ISBN: 978-84-120836-4-4. [Vista del álbum en amazon.es]

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LDG CORMAC-BF.jpg
sábado, 14 de marzo de 2020

A la vez que la nueva edición de La discreción del bien, he preparado y publicado también una tercera edición mejorada, y sólo en versión digital para Kindle, de El secreto de la belleza.

También en este caso, en la información que se da del libro en amazon se indican las diferencias con la edición anterior, y se puede acceder al índice y a los capítulos primeros, que dan idea del planteamiento, del enfoque y del contenido.

Creo que es una buena guía de lectura de Cormac McCarthy y estoy especialmente contento, pues me parece que tiene hoy un interés particular, del epílogo sobre la forma en que las novelas del autor representan y nos hacen comprender la naturaleza de la violencia en nuestro mundo.

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viernes, 13 de marzo de 2020

El mundo en que vivimos, de Anthony Trollope, (en esta sección están todos los libros del autor que he comentado antes), es una novela extensa, de cien capítulos, la más larga del autor, a no ser que consideremos como novelas las series tituladas Crónicas de Barsetshire (6 novelas, 3 publicadas en España) y Los Palliser (6 novelas, ninguna publicada en España). La comenzó, al regreso de un largo viaje a Australia, con la intención de satirizar algunos escándalos financieros que se daban aquellos años. Por distintas razones no fue tan bien recibida en su momento, o al menos igual que otras, pero desde hace ya varias décadas está considerada una de sus mejores obras.

Trollope la empezó pensando en centrar el argumento en la familia Carbury. A ella pertenecen el sensato y adinerado Roger, que actúa como apoyo y consejero de su prima Lady Carbury, viuda, que tiene problemas con sus hijos sir Félix, un joven barón derrochador e irresponsable, y Henrietta, o Hetta, una chica pretendida por Roger aunque ella le rechaza y, más adelante, por el joven Paul Montague, un protegido de Roger. Lady Carbury, «una mujer falsa pero con muchas y buenas intenciones», intenta ganar dinero publicando libros: está segura de que lo conseguirá «no tanto escribiendo buenos libros, como logrando convencer a un determinado número de personas para que dijeran que sus libros eran buenos». Alentado por su madre, Felix pide en matrimonio a Marie, la única hija del gran especulador del momento, Augustus Melmotte, y Marie lo acepta pero su padre se opone rotundamente; por otro lado, pierde mucho dinero en el juego y tontea con una chica campesina vecina de las tierras de Roger. Paul Montague, a su vez, que es socio de una empresa de ferrocarriles norteamericana y vivió un tiempo en Estados Unidos, es acosado por una mujer viuda a quien prometió casarse tiempo atrás y que ha venido a Inglaterra en su busca.

Componen la trama muchos más hilos pero los que acaban dominándola y dándole su fuerza son los que siguen al especulador Augustus Melmotte, un hombre de oscuro pasado. Su figura se agiganta cuando el socio de Paul Montague lo vincula como accionista principal a la empresa estadounidense de ferrocarriles. Su ascenso social hace que desde el partido conservador le propongan que se presente al Parlamento. En plena campaña para lograr el escaño se propagan los rumores sobre algunas irregularidades en sus negocios y su hija Marie se rebela contra él después de intentar huir con Félix Carbury.

Juegan en contra de la novela que, para nuestros estándares, es demasiado larga; que sus subtramas de tipo amoroso tienen un melodramatismo distanciado, poco apreciado por la mayoría de lectores del género; que sus personajes más consistentes no son las mejores personas de la historia sino los negociantes corruptos o los aristócratas de vida disoluta. En sentido contrario, es una narración magnífica y bien ordenada; son precisas y contenidas sus descripciones de ambientes —del club de juego, de bailes y banquetes, de reuniones de negocios, etc.—; el carácter y la evolución de sus personajes, todos diferentes, están bien perfilados, y los diálogos tienen viveza e intensidad; se reflejan bien aspectos de aquella sociedad, como la preocupación de muchos por el honor de la familia y por cuestiones hereditarias, o como el antisemitismo de fondo que asoma cuando un comerciante judío desea casarse con una joven aristócrata.

Estamos ante una novela moralista, pero no porque varios personajes manifiesten que algunos comportamientos que se consideraban honorables han quedado anticuados y que los jóvenes de hoy se comportan de modos impensables ayer, sino porque el narrador toma postura una y otra vez, manifestando compasión por unos y rechazo hacia otros. Así, a quien indica que «un hombre pigmeo se detiene a causa de una pequeña zanja, pero un gigante pasa airado por encima de los ríos», responde Paul Montague diciendo que él prefiere que le detengan las zanjas. De un tipo rudo llamado John Crumb se afirma que «sabía distinguir lo que era bueno y lo que no, y el precio que debía pagar por las cosas para no arruinarse. También conocía el valor de una conciencia limpia, y sin demasiados aspavientos había descubierto que la honestidad es la mejor senda en la vida».

En particular, la novela pinta bien modos de actuar que todos reconocemos bien: «Todos los hombres son honestos; pero en general son especialmente honestos con su propio bando», dice un abogado; «uno parece inclinado a pensar que cualquier tonto podría hacer un negocio honesto. ¡Pero el fraude requiere un hombre vivo y despierto a cada paso!», dirá el narrador a propósito de un error de Melmotte. En general, quienes no quedan bien parados son, además de no pocos aristócratas, algunos hombres de negocios como un socio de Melmotte: «Nunca había leído un libro. Nunca había escrito una frase digna de ser leída. Nunca había rezado. No le importaba la humanidad. Había surgido de alguna cloaca californiana, tal vez no había conocido nunca a sus padres». Cuando a los accionistas se les promete que ganarán mucho dinero, no como consecuencia de la construcción del ferrocarril sino con el aumento del valor de las acciones, el narrador apostilla: «¡Qué maravillosos son los prodigios del mercado! Basta con introducir la punta del dedo meñique en el pastel, y se pegarán nobles y suculentos pedazos, al sacarlo».

Anthony Trollope. El mundo en que vivimos (The Way We Live Now, 1875). Barcelona: Ático de los Libros, 2019; 854 pp.; edición y trad. de Claudia Casanova; ISBN: 978-84-17743-18-5. [Vista del libro en amazon.es]

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