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domingo, 1 de febrero de 2015

C. S. Lewis y la Iglesia católica, de Joseph Pearce, se centra en explicar por qué, a pesar de su cercanía intelectual al catolicismo, Lewis no dio nunca el paso de ingresar en la Iglesia católica. El libro resume su vida, habla del peso que tuvieron en él los escritos de MacDonald, Newman y Chesterton, y luego su amistad con Tolkien; y la influencia a la inversa de algunas obras de Wells que acentuaron su rechazo a ciertas ideas y provocaron que abordara obras como la Trilogía de Ramson.

Me han interesado, pues no las conocía o no había caído en la cuenta, ciertas conexiones que subraya el autor: Esa horrible fuerza (o Esa horrible fortaleza), un libro pensado después de saber que había una planta atómica cerca de Blewbury, a 25 km de Oxford, se publicó poco antes de la bomba de Hiroshima; y, justo después de que los aliados arrojaran las bombas atómicas, en el mismo año 1945, vieron la luz distintas obras que, de un modo u otro, tenían ese telón de fondo: uno de los mejores poemas de Edith Sitwell, La sombra de Caín; Letanía de pérdidas, de Siegfried Sassoon; Dios y el átomo, de Ronald Knox… Y también, Orwell publicó Rebelión en la granja, y Evelyn Waugh Retorno a Brideshead.

En cuanto a los motivos para no dar el paso definitivo hacia la Iglesia Católica, Pearce apuntala más el ya conocido, que figura en el epistolario de Tolkien: el de sus fuertes prejuicios protestantes «antipapistas» derivados de su origen norirlandés. Esto Pearce lo amplía luego señalando qué curioso le parece que un experto en literatura y, en concreto, en el mundo medieval, no mencione a la Virgen en sus escritos sobre literatura medieval y renacentista.

Joseph Pearce. C. S. Lewis y la Iglesia católica (C. S. Lewis and the Catholic Church, 2013). Madrid: Palabra, 2014; 267 pp.; col. Palabra Hoy; trad. de Diego Pereda; ISBN: 978-84-9061-102-9. [Vista del libro en amazon.es]

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viernes, 30 de enero de 2015

Sidra con Rosie,
de Laurie Lee, son unas nostálgicas y cálidas memorias de infancia del autor. Comienzan cuando termina la primera guerra Mundial, él tiene unos tres años, y su familia se instala en Cotswold, un pueblo situado en Gloucestershire. Describe su entorno, un valle: «vivir allí abajo era como vivir en la vaina de una habichuela. Sólo podías ver el lecho en el que estabas metido. Nuestro horizonte de bosques era el límite de nuestro mundo». Presenta su vida familiar, con su madre —una mujer con una alegría indestructible—, sus tres hermanastras mayores y sus dos hermanos, uno mayor y otro menor que él. Describe con afecto a distintos personajes excéntricos o, simplemente, mayores y con algunas manías.

Habla del humor bruto pero alegre y nada traumático de una infancia rural: cuando a los cuatro años ha de ir a la escuela y no quiere, sus hermanas le dicen que «”a los niños que no van a la escuela los meten en cajas y se vuelven conejos. Y luego les matan los domingos”. Pensé que esto era extremar un poco las cosas, pero no hice comentarios». O las descripciones de las maestras enérgicas que tuvo, amables y divertidas pese a que no dudaban en atizar a los chicos: de una decía que siempre le pillaba «descuidado, con la guardia baja, dado que la pena precedía a la acusación. Pero la acusación seguía inmediatamente, un buen chaparrón de reproches coléricos».

Comenta sin dramatismo algunas desgracias que vivió y presenció —inundaciones, un asesinato en el pueblo, la intervención bondadosa pero mortífera de unas Damas Visitadoras que obligaron a un matrimonio de ancianos a dejar su casa de siempre, sus mismas enfermedades de niño…—. Y varias veces señala que aquella vida era la propia del final de una época, una época que él pudo «heredar y conocer vagamente: la sangre y las creencias de generaciones que llevaban en aquel valle desde la Edad de Piedra. Aquel contacto continuo se ha roto al fin, las cuevas más profundas han quedado sepultadas para siempre. Pero llegando, como yo llegué, al final de aquella época, capté soplos de algo tan antiguo como los glaciares».

Laurie Lee. Sidra con Rosie (Cider with Rosie, 1959). Barcelona: Edhasa, 1986; 267 pp.; col. ; ilust. de John Ward; trad. de Ángela Pérez y José Manuel Álvarez; ISBN: 84-350-1315-4. Nueva edición en Madrid: Nórdica, 2014; 256 pp.; mismos traductores; col. Otras Latitudes; ISBN: 978-8416112371. [Vista del libro en amazon.es]

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jueves, 29 de enero de 2015

No es invisible, de Marcus Sedgwick, es una novela original, divertida e inteligente, que se podría calificar de novela puzle y de novela filosófica. Su principal baza es la narradora, Laureth, una chica ciega de dieciséis años. La historia empieza cuando ella y su hermano Benjamin, de siete años, van a tomar un avión de Londres a Nueva York: Laureth necesita que Benjamin la guíe de modo que nadie se dé cuenta de su ceguera. El motivo del viaje es que su padre, un escritor conocido, ha desaparecido y, aunque su madre no parece preocupada, Laureth sí lo está, y más aún cuando lee un correo electrónico misterioso en el que alguien de Nueva York le dice a su padre que tiene su libreta de notas.

Una parte de la tensión que comunica el relato está en que Laureth no hace descripciones de lo que cualquiera vería, sino de sonidos y olores, y que su narración va siguiendo su hilo de recuerdos y pensamientos, las conjeturas que hace y las tácticas que usa para que, a su alrededor, nadie descubra su ceguera. Su hermano Benjamin es también un personaje formidable, que combina reacciones propias de niño de 7 años con otras de chico muy listo (tal vez demasiado) que, además, tiene un don particular con los aparatos electrónicos: se funden cuando los toca, quiera o no.

El libro incluye, a veces, textos a mano de la libreta del padre de los protagonistas, un hombre con una gran obsesión con el significado que pueden tener las coincidencias y con lo que han dicho autores como Jung, Pauli o Einstein acerca de la cuestión. Todo esto, que también comenta Laureth para ir dando los sucesivos pasos de su búsqueda, podría estar más simplificado. Una parte del desenlace, la solución al misterio de la desaparición del padre, desentona de la brillantez de otros tramos de la novela. No sé por qué no se ha mantenido en castellano el título inglés: Ella no es invisible.

Marcus Sedgwick. No es invisible (She is Not Invisible, 2013). Bercelona: Bambú, 2014; 276 pp.; col. Exit; trad. de Julia Alquézar; ISBN: 978-84-8343-309-6. [Vista del libro en amazon.es]

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miércoles, 28 de enero de 2015

Mundo Cruel, de Ellen Duthrie y Daniela Martagón, es un álbum-caja que se presenta como parte de un proyecto de «Filosofía visual para niños» llamado Wonder Ponder. La caja contiene 14 láminas que, por una cara, tienen ilustraciones y, por la otra, diferentes preguntas sobre lo visto en las imágenes. Como anuncia el título, se trata de hablar y reflexionar sobre… la crueldad.

En primer lugar, es una buena idea la de hacer pensar a los niños sobre distintos aspectos de la vida y es acertada la forma de proponerlo: presentar situaciones de la vida cotidiana (unas reales y otras hipotéticas) y hacer preguntas y fomentar un diálogo sobre ellas, con la intención de desarrollar la empatía y el sentido crítico. En segundo lugar, el libro consigue su finalidad pues tanto las imágenes como los textos estimulan el interés y son, o pueden ser en determinadas manos, un buen material de trabajo: cuando algo se muestra con ilustraciones, que fijan la mirada en unas cosas y obvian otras, o que señalan quien está sonriente o quien está enfadado, se dirigen mucho los pensamientos del lector, en especial si es niño.

La objeción que veo es que un libro centrado por completo en la crueldad —igual que una selección de relatos cortos que todos fueran de contenido duro— no parece de fácil digestión para muchos. También pensaba que, además de promover la empatía con los sufrimientos que se causan, o que nosotros mismos podemos causar, en algunos casos puede ocurrir que las imágenes sugieran al lector niño ciertas actuaciones que no se le habrían ocurrido. Y se me hace difícil imaginar la opción de convertir esto en un juego de mesa (una de las varias actividades que se proponen al final).

Dicho esto, he de añadir que, al leerlo, me preguntaba si no sería mejor abordar varios temas por libro, o, en todo caso, mostrar situaciones que hicieran pensar justo en lo contrario de la crueldad, y presentar más posiciones de los adultos (pues aquí ninguno sale amablemente retratado)... Sea como sea, es un libro inteligente que resulta un comienzo provocativo y prometedor del proyecto Wonder Ponder.

Ellen Duthrie y Daniela Martagón. Mundo Cruel (Cruelty Bites, 2014). Madrid: Traje de Lobo, 2014; 20 pp.; ISBN: 978-8494316708.

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martes, 27 de enero de 2015

En inglés, dice Wikipedia, Elephant in the room ("elefante en la habitación") es una expresión metafórica que se refiere a una verdad evidente que es ignorada o pasa desapercibida; también se aplica a un problema o riesgo obvio que nadie quiere discutir. Parece que también, para describir la resistencia de los amigos y la familia de alguien con una adicción fuerte a discutir el problema, con lo que así facilitan al interesado que también lo niegue, se usa la expresión «elefante rosa en la habitación», sobre todo en relación al abuso del alcohol.

Como más o menos sabía lo anterior lo busqué cuando leí Un elefante rosa, de Lucía Serrano. En este caso el problema del niño protagonista y narrador es que sus padres y hermana ignoran por completo al elefante rosa que él siempre ve. Además, el elefante está tan a gusto, que va llamando a más elefantes… Hasta que al chico se le ocurre una idea.

La historia es, gráficamente, simpática. En cuanto a su argumento debe decirse que no encaja bien con la explicación que di en el primer párrafo. En este caso, lo único que se retrata es la incomunicación en el interior de la familia, que no se hace cargo del problema del niño —un problema que aquí se puede comprender como algo solo imaginario o, también, como un problema de cualquier tipo que se representa con la proliferación de los elefantes—, y cómo sólo un temor común acaba uniendo a la familia y, gracias a eso, pueden alejarse las preocupaciones del chico. Así que lo mejor es dejar la historia como está, divertirse con ella, y olvidarse de análisis y significados.

Lucía Serrano. Un elefante rosa (2014). Madrid: Narval, 2014; 44 pp.; ISBN: 978-84-94228-4-9. [
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lunes, 26 de enero de 2015

Aquí hay monstruos, de Poly Bernatene y Jonathan Emmett, es un buen álbum al que la versión castellana no le hace justicia. El capitán Feroz manda en una tripulación de malvados: al principio del álbum hay un cartel «Se Busca» de cada uno. Luego se cuenta el viaje que emprenden a una isla escondida llena de piedras preciosas: algunos temen a los monstruos que debe haber allí pero el capitán Feroz está seguro de que no hay monstruo alguno.

Las ilustraciones son magníficas, vistosas y ricas en detalles. La secuencia combina imágenes que ocupan la doble página completa con otras de una o media página. El argumento es bueno pero el texto castellano no está logrado: la sonoridad de los versos originales no siempre se mantiene o no existe al traducirlos. Así, el original dice: «"Here be monsters!" said the first mate. / "Monsters hiding the mist!" / "Nonsense," said the Captain. / "Monsters simply don't exist."»; la version castellana, en cambio, es la siguiente: «—¡Capitán, aquí hay monstruos! —dijo el primer oficial— ¡En la niebla se esconden monstruos!
—¡Tonterías! —rugió el capitán—. Convenceos, marineros, no existen los monstruos».

Poly Bernatene. Aquí hay monstruos (Here be Monsters, 2013). Texto de Jonathan Emmett. Madrid: Maeva, 2014; 32 pp.; trad. de Rocío de Isasa; ISBN: 978-84-15893-02-8. [Vista del libro en amazon.es]

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domingo, 25 de enero de 2015

He preparado, en Flipboard, la segunda parte de una selección de álbumes firmados por ilustradores españoles.

Están ordenados cronológicamente, desde el más moderno hasta el más antiguo. Hay uno de cada ilustrador con unas pocas excepciones: en el conjunto de las dos selecciones de algunos hay dos y de otros hay álbumes que dan título a una serie.

El motivo principal para las elecciones es que los álbumes me gustan.

El criterio principal para la selección —dejando de lado que hay muchos que no conozco— es el trabajo del ilustrador pero también la historia que se cuenta. Con las sugerencias y críticas que reciba, mejorará.

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sábado, 24 de enero de 2015

Notas de los últimos quince días en Medium:

La estupidez como tentación,

Respeto y atención,

Obras que nos ponen a prueba,

De qué hablamos cuando hablamos de valor.

Tal como dije unas semanas atrás, a principios de febrero enviaré un Segundo Boletín que contendrá una selección de textos publicados en el mes anterior. Quienes ya recibían el Boletín anterior y deseen recibir el nuevo también han de suscribirse.

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viernes, 23 de enero de 2015

Matemos al tío,
de Rohan O’Grady, es una novela que tuvo éxito cuando se publicó, que luego ha estado treinta años olvidada, y que últimamente ha vuelto a ser editada con renovados elogios. Es un relato que coincide con Huracán en Jamaica, de Richard Hughes, en que ambas hablan de niños que se comportan de un modo inocentemente cruel, y con La noche del cazador, de Davis Grubb, en que hay un psicópata que persigue a la pareja de niños con saña.

A una pequeña isla canadiense llegan dos niños de diez años a pasar unos meses. Uno es Barnaby Gaunt, huérfano y futuro heredero de una gran fortuna, que se alojará con los señores Brooks a la espera de que llegue su tío y tutor. La otra es Christie MacNab, que vivirá con la señora Nielsen, la cabrera, una conocida de su madre. Ambos son los únicos niños de la isla. Al principio no se llevan nada bien entre sí y causan terror en los vecinos con sus travesuras pero las cosas cambian poco a poco. Cumple un importante papel el único policía montado de la isla, Arthur Coulter, un hombre serio y reflexivo. El núcleo de la historia está en que Barnaby sabe que su tío quiere matarlo pero nadie le cree salvo Christie que, una vez que se hace cargo del asunto, tiene clara la única opción que les queda: «tendremos que asesinarlo a él primero».

Si leemos seriamente la novela le podríamos reprochar algunas cosas: son casi un cambio de género los párrafos en los que se presentan los pensamientos de un personaje que será decisivo: el viejo puma Una Oreja; no aportan mucho las cartas de amor del sargento Coulter aunque sirvan para poner de manifiesto parte de sus pensamientos; el tío psicópata es un personaje que, para el lector, no resulta demasiado inquietante. Sin embargo, si leemos la historia sin demasiadas exigencias vemos que son atractivos los retratos de los niños y del sargento Coulter, así como el de los demás vecinos, y quedaremos atrapados por la ligereza irónica con que se cuentan algunas cosas. Así, el narrador indica que «a los niños les encantaba la pequeña iglesia: era un lugar agradable y apacible, perfecto para planear un crimen»; o señala que sí, «era muy sencillo decidirse a cometer un asesinato, pero muy distinto y mucho más complicado era planificar su ejecución».

En la contracubierta se habla de que estamos ante una lectura «deliciosamente perversa», típico comentario desacertado: la perversidad no es nunca deliciosa, se mire por donde se mire, salvo para el psicópata. Puestos a buscar alguna perversidad en la lectura no sería la de los niños, aunque a veces sean crueles de modo inocente, o no tan inocente, sino la del narrador y la del lector: la del primero cuando conduce irremediablemente al lector, y la de este cuando se deja conducir de buen grado, a desear que los niños se salgan con la suya, terminen de una vez con el tío y, además, que consigan hacerlo sin que nadie lo sepa.

Rohan O’Grady. Matemos al tío (Let’s Kill Uncle, 1964). Madrid: Impedimenta, 2014; 316 pp.; trad. de Raquel Vicedo; ISBN: 978-84-15979-11-1. [
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jueves, 22 de enero de 2015

He puesto datos de nuevas ediciones de Catherine (Los mundos de Catalina en la edición anterior), de Patrick Modianode Aventuras de Guillermo, un libro que reúne varios libros del personaje de Richmal Crompton; y de dos libros de Enid Blyton.

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miércoles, 21 de enero de 2015

Ya que hablé ayer de una fábula demasiado adornada es hoy un buen momento para citar El libro de oro de las fábulas, una selección de veinte fábulas clásicas recontadas por Verónica Uribe, un libro que puede servir para que muchos niños tengan un primer acercamiento a esas historias. Entre otras, a «La lechera», «El pastor de ovejas y el lobo», «El hombre, su hijo y el burro», «La zorra y las uvas», etc. Cada una está ilustrada con una imagen grande de presentación y otra más pequeña. El tono es amable y, al final, hay una explicación breve del origen de las fábulas.

Selección y versiones de Verónica Uribe. El libro de oro de las fábulas (2004). Barcelona: Ekaré, 2014, 2ª ed.; 126 pp.; col. Primeras lecturas; ilust. de Constanza Bravo; ISBN: 978-84-936843-4-1. [Vista del libro en amazon.es]

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martes, 20 de enero de 2015

Un enorme depósito de argumentos para preparar álbumes ilustrados son las fábulas. Un ejemplo está en la versión de La tortuga y la liebre que hace unos años firmaron Alison Jay y Caroline Repchuk y titularon La carrera.

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lunes, 19 de enero de 2015

¡Cómetelo todo!, de Mariona Cabassa y Mar Benegas, es la historia de un niño al que, una y otra vez, le deben repetir esa frase. «Cada día lo mismo. Pero aquel martes, que tocaba lentejas, sin que nadie sepa por qué, les hizo caso» y su apetito resultó ser infinito.

Relato ajustado a lo que pasa con algunos niños a la hora de comer. El texto es gracioso y la trama está conseguida pues, cuando todo se desborda, el lector pasa las páginas esperando a ver el desenlace. Se puede leer sin grandes consideraciones o, si alguien lo prefiere, como una especie de advertencia para padres: bien para que sepan insistir de modo prudente, bien para que sepan comprender el mundo interior e imaginativo del niño.

Las ilustraciones están compuestas con figuras planas y repletas de colorido. En ellas se van presentando las distintas escenas con una gran variedad de perspectivas: primeros planos de la cara del niño, vista de todos en el comedor de la familia, enfoque desde arriba de la mesa en la que comen, etc. Algunos lectores encontrarán divertido adivinar dónde va dejando el protagonista la huella de sus mordiscos.

Mariona Cabasa. ¡Cómetelo todo! (2014). Texto de Mar Benegas. Barcelona: Takatuka, 2014; 32 pp.; ISBN: 978-84-16003-18-1. [Vista del álbum en amazon.es]

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domingo, 18 de enero de 2015

He preparado, en Flipboard, la primera parte de una selección de álbumes firmados por ilustradores españoles (o, en unos pocos casos, hispanoamericanos afincados en España).

Están ordenados cronológicamente, desde el más moderno hasta el más antiguo. Hay uno de cada ilustrador con unas pocas excepciones: de algunos hay dos, de otros hay álbumes que dan título a una serie.

El motivo principal para las elecciones es que me gustan pero hay varios de interés histórico y otros que deseo destacar por su singularidad.

El criterio principal para la selección —dejando de lado que hay muchos que no conozco— es el trabajo del ilustrador pero también la historia que se cuenta. Con las sugerencias y críticas que reciba, mejorará.

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