bienvenidos a la fiesta
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lunes, 1 de septiembre de 2014

Es una pena que muchos álbumes que se publicaron hace varias décadas en la colección Altea, en formato pequeñito y no muy lucido, no estén disponibles actualmente. Un ejemplo, los álbumes de David McPhail sobre la osita Emma. Pongo a la derecha la portada de la edición original de uno que en castellano se tituló ¡Arréglalo!

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sábado, 30 de agosto de 2014

John Gardner: «Hay hombres malos que escriben libros buenos, de eso no cabe duda, pero la razón de que sea así consiste en que cuando escriben son mejores que cuando golpean a sus esposas y a sus hijos. Cuando escribe, el hombre de mal carácter, además impetuoso, tiene tiempo de reconsiderar cada paso. El proceso de la ficción le ayuda a decir lo que tal vez no hubiese dicho esa misma noche caso de estar en la taberna. Los hombres buenos, por otra parte, no tienen por qué escribir forzosamente libros buenos. La bondad y la sinceridad no son sustitutos de una dedicación rigurosa al proceso de la ficción».

John Gardner. El arte de la ficción: apuntes para el oficio de jóvenes escritores (The Art of Fiction, 1983). Madrid: Ediciones y Talleres de Escritura Creativa Fuentetaja, 2001; 243 pp.; col. Creativaescritura; trad. y prólogo de Miguel Martínez-Lage; ISBN: 84-95079-73-9. [Vista del libro en amazon.es]

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viernes, 29 de agosto de 2014

Los cansados, de Michele Serra, me ha interesado: por su contenido y porque está muy bien escrito, a la vez con garra y con altura literaria. El narrador se dirige a su hijo, de 18 años, para mostrarle su incomprensión y su exasperación ante su comportamiento —desordenado, descuidado, todo «un perfeccionista de la negligencia»—. Al principio de su relato señala cómo, muchas veces, en su cabeza se desarrolla una especie de congreso donde distintas voces opinan sobre cuál debería haber sido su conducta como educador: «el título ideal de tan farragoso simposio debería ser: “Cuántas veces, en lugar de mandarte al carajo, hubiera debido abrazarte. Cuántas veces te abracé y, en cambio, hubiera debido mandarte al carajo”». Compara las actitudes ante la vida que tuvo él cuando era joven con las de la nueva generación y ve poco contacto: «yo no era ni más dócil ni más sensible ni más inteligente que tú. Pero pertenecía a una época —¿la última?— en la que el conflicto entre Viejos y Jóvenes tenía lugar en un mismo campo de batalla». Habla de que está escribiendo una novela sobre una guerra entre Viejos y Jóvenes e incluye algunos textos. Todo se desarrolla en capítulos cortos y en varios, alternos, menciona propuestas que le hace a su hijo, todas fallidas menos la última, para que le acompañe al monte, al Paso de Nasca, como él hizo con su padre varias veces.

El narrador se describe bien a sí mismo: «en términos técnicos, soy el típico relativista ético». Dice pertenecer a esa «porción de adultos occidentales que, a excepción de una reducidísima serie de preceptos atemporales y sin copyright (del tipo no matar y no robar), son incapaces de considerar indiscutible ningún planteamiento ético, especialmente en la vida privada». Explica irónicamente que los padres de esta postépoca, como él, han desechado el imperativo y se lamenta de que su hijo no lo aprecie: «Tú que tienes enfrente a un postpadre titubeante y, en el fondo, cómplice, ¿cómo es posible que no te des cuenta de la suerte que tienes? Sé perfectamente que no basta, como Sentido de la Vida, con un váter limpio. No soy tan idiota. Pero el escalofrío (inédito durante siglos) de una relativa libertad, ¿cómo es posible que solo llegue a generar dejadez y malestar, pereza y mal humor, y no, a la vez, un alivio compartido, el de haber abatido, por fin, todos juntos, ese tótem inhumano, feroz, castrante que es el Absoluto?».

Sin embargo, también señala, con honradez, dos cosas. Una que si él es un burgués de izquierdas, «en ninguna parte está escrito que tú también debas convertirte en un burgués de izquierdas». Otra, que tiene «la fundada sospecha —casi una certeza— de que las generaciones anteriores, en lo que respecta al arte de no dejarse abrumar por sus hijos, estaban mucho mejor equipadas que la nuestra». Y el lector, o un lector como yo, le puede preguntar al narrador: vale, entonces, ¿no estará la solución en «el equipamiento» que tenían ellos y tú ahora no tienes?, ¿no tendrías que volver, como Robinson Crusoe, a los restos del naufragio a ver si allí está lo que necesitas?

Michele Serra. Los cansados (Gli sdraiati, 2013). Madrid: Alfaguara, 2014; 147 pp.; trad. de Carlos Gumpert; ISBN: 978-84-204-1716-5. [Vista del libro en amazon.es]

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jueves, 28 de agosto de 2014

He leído este verano un libro de relatos que tenía pendiente desde hace tiempo: Los crímenes del esteta y otros relatos, de Luis Ramoneda. No voy a decir muchas cosas, pues no sólo el autor es amigo sino que, además, he descubierto que me cita en el primer relato (“Látigo vivo”, un paseo por lecturas que al narrador le gustan). Son historias cortas, bien escritas, con acentos nostálgicos, que con frecuencia tienen la forma de recuerdos del pasado que se contrastan con el presente, o que describen situaciones de dolor que significan un replanteamiento vital y propician reflexiones de fondo. Igual que ocurría en El siglo de Rembrandt y otras historias, otro libro anterior semejante a este, el autor está más a sus anchas en ambientes rurales y reposados, con personajes bondadosos, que con los comportamientos maleducados y los entornos urbanos aturullados («la vida madrileña es muy complicada» dice una mujer en El rebaño).

Algunos narran recuerdos de sucesos tristes de la Guerra Civil como El encargo, uno de los relatos más largos, con una idea que se repite otras veces y que aquí dice una mujer: «¡no quiero odiar!». Otros inciden en el rechazo de la zafiedad, un tema también recurrente del autor, como sucede, de un modo un tanto psicopático, en El crimen del esteta. En el último, Casi una despedida, una mujer de un pueblo que se muere recuerda su vida con agradecimiento y un tono elegíaco: «Moriré pronto y mis hijos probablemente cerrarán la casa, que se arruinará lentamente como las del vecindario. Todo quedará en silencio, roto y olvidado, después de tantos siglos de amores, de penas, de dichas y de sudores… Sólo permanecerán los aguiluchos, los milanos, los alimoches, los gavilanes; y los búhos, las lechuzas y los mochuelos sobrevolando solemnemente los riscos, los bosques y las brañas…, que seguirán creciendo exuberantes y a su antojo». (Texto que, al leerlo, me recordó los libros con iguales acentos de Abel Hernández)

Luis Ramoneda. Los crímenes del esteta y otros relatos (2012). Madrid: BibliotecaOnline, 2012; edición en formato Kindle, ASIN: B0080XNEOI. [
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miércoles, 27 de agosto de 2014

Un libro ingenioso y no editado en España, que yo sepa: El archipiélago de las Puntuadas —compuesto por islas como signos: las Exclamativas, Interrogativas y Suspensivas— de la chilena Jacqueline Ballcells.

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martes, 26 de agosto de 2014

El león Kandinga, de Elisa Arguilé y Boniface Ofogo, es una provechosa fábula ilustrada con brillantez y de acuerdo con su origen africano.


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lunes, 25 de agosto de 2014

Un álbum más de miedos infantiles a la hora de dormir resueltos del modo más fiable y tradicional: De verdad que no podía, de Noemí Villamuza y Gabriela Keselman.

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domingo, 24 de agosto de 2014

E. F. Schumacher: las condiciones actuales de trabajo a muchos los sentencian, «a pasar su vida laboral de un modo en el que no hay incentivos dignos de tenerse en cuenta, en el que no se estimula el perfeccionamiento de uno mismo, en el que no hay oportunidad de progreso, en el que no existe elemento alguno de Belleza, Verdad o Bondad. El objetivo básico del industrialismo moderno no es hacer gratificante el trabajo, sino aumentar la productividad; y el logro del que más orgulloso se siente es el ahorro de trabajo, con lo que a éste se le imprime el sello de indeseable. Pero lo que no es deseable no puede conferir dignidad, de tal modo que la vida laboral de un trabajador es una vida sin dignidad. El resultado, y no es de extrañar que así sea, es un espíritu de triste irresponsabilidad que se niega a ser amortiguado por nuevos aumentos salariales, pero que muchas veces sólo se ve estimulado por ellos».

E. F. Schumacher. El buen trabajo (Good Work, 1979). Madrid: Debate, 1980; 190 pp.; col. Debate Ensayo; trad. de Fernando Villaverde Landa; ISBN: 84-7444-030-0.


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sábado, 23 de agosto de 2014

John Gardner: «La autoridad del gran escritor consta de dos elementos. El primero se puede denominar, en términos generales, cordura y humanidad, esto es, su valía como juez de las cosas, una estabilidad arraigada en la suma de esas cualidades completas de su carácter y personalidad (sabiduría, generosidad, compasión, fuerza de voluntad) ante la que respondemos tal como respondemos a las mejores cualidades de nuestras amistades, diciendo “sí, tienes razón, así es”. El segundo elemento, aunque también podría decir fuerza, es la absoluta confianza del escritor (no confundir con la fe ciega) en sus propios juicios estéticos y en su instinto, una confianza que se fundamenta en parte en su inteligencia y su sensibilidad —su capacidad de percibir y comprender el mundo que lo rodea— y, en parte, en su experiencia de artesano; dicho de otro modo, y según su propio criterio, su conocimiento, que proviene de la práctica dilatada, sobre lo que funciona y lo que no funciona».

John Gardner. El arte de la ficción: apuntes para el oficio de jóvenes escritores (The Art of Fiction, 1983). Madrid: Ediciones y Talleres de Escritura Creativa Fuentetaja, 2001; 243 pp.; col. Creativaescritura; trad. y prólogo de Miguel Martínez-Lage; ISBN: 84-95079-73-9. [Vista del libro en amazon.es]


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viernes, 22 de agosto de 2014

Navegantes del tiempo,
de Sjón, es una curiosa novela, distinta en tono y en construcción de las otras dos del autor que se han publicado en castellano, y lejos de la intensidad y de la potencia que tienen El zorro ártico y Maravillas del crepúsculo. Si pensamos en la singularidad de su argumento y en su mensaje final tan a tono con nuestro tiempo, se comprenden los elogios que ha recibido. Si pensamos en lo confusa y plomiza que resulta, ya no tanto.

Año 1949. El narrador principal es Valdimar Haraldsson, un pedante y aburrido erudito, experto en la influencia del pescado en el mundo nórdico. Cuenta que es invitado a realizar una travesía en un mercante danés y la sorpresa que se lleva cuando ve que el segundo de a bordo, Céneo, entretiene cada noche al capitán y a sus invitados con las travesías que realizó a bordo del Argo bajo el mando de Jasón. Céneo se detiene, sobre todo, en la estancia de Jasón y sus compañeros en Lemnos; y, más adelante, habla de su vida previa como mujer antes de ser convertida en hombre por Poseidón.

La narración, como tal, es buena, por más que los acentos de Valdimar sean insufribles, que ningún personaje resulte amable o estimulante, y que tampoco el argumento tenga gran atractivo. De modo no siempre claro (para mí) hacen eco, unos en otros, relatos griegos mitológicos, antiguas eddas nórdicas, y las cosas que van ocurriendo en el barco. En el último y breve capítulo, titulado «vuelta a casa», se produce un cambio de tono en los acentos y el comportamiento del protagonista, mucho menos ortopédico en todo, también en cuestiones sexuales, como si su contacto con el mundo clásico antiguo le hubiera liberado.

Esto, que no sería necesario indicarlo en una reseña, es sin embargo subrayado por un «epílogo del autor». En él explica la equivalencia Céneo-Cronos y Valdimar-Kairós, aclara que ha pintado a Valdimar como una «marioneta de la iglesia comunitaria nórdica», y expone su esperanza de que, en nuestra época, sea mayor la influencia (se supone que benéfica) de los dioses antiguos.

Sjón. Navegantes del tiempo. El mito de Jasón y Céneo (Argóarflisin, 2005). Madrid: Nördica, 2014; 143pp.; trad. de Enrique Bernárdez; ISBN: 978-84-16112-21-0. [Vista del libro en amazon.es]

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jueves, 21 de agosto de 2014

Acabo de poner en la sección de Artículos, con el título Algunas consideraciones sobre la crítica de libros infantiles y juveniles, el prólogo que me pidieron hace tiempo para Buenos Libros para tus Hijos: Guía de libros, una colección de reseñas de libros recomendados en clases de alumnos de Educación durante años.

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miércoles, 20 de agosto de 2014

Del recién fallecido Rubem Alves sólo conozco Vuelve, pájaro encantado, ilustrado por Violeta Monreal. Se puede poner como ejemplo de buen relato con buenas imágenes que merecería no una nueva edición sino una buena edición mejorada.

Habla de una niña cuyo mejor amigo es un pájaro completamente libre. El pájaro va y viene a su gusto y cuenta historias a su amiga. Ambos disfrutan de la nostalgia que provocan las separaciones y reencuentros sucesivos. Pero, un día, la niña tiene «una idea malvada»: encerrar al pájaro en una jaula para que nunca se vaya y sea suyo para siempre.

La historia trata bien, de modo poético, sobre la libertad y la amistad. Las ilustraciones, dibujos y acuarelas, son eficaces y reflejan bien los escenarios y los tonos variados de la narración. Podría ser un gran álbum si el diseño global estuviera bien pensado: hay varias ilustraciones en las que las palabras montan sobre las imágenes y no se pueden leer bien.

Violeta Monreal. Vuelve, pájaro encantado (1991). Texto de Rubem Alves. Madrid: Susaeta, 1991; 26 pp.; ISBN: 8430571329.

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martes, 19 de agosto de 2014

El soldadito Salomón, un relato de Rocío Antón y Lola Núñez ilustrado por Javier Zabala, trata sobre un soldadito sabio al que todo el mundo le va consultar sus problemas y, cuando se los exponen, siempre responde: «¡Esto sí que es un conflicto! Dejadme reflexionar, y os daré mi veredicto». Y, en efecto, a todos los que van —una bailarina, un muñeco dormilón, un coche abollado…— les da una solución que les convence. El texto es amable y la secuencia pregunta-respuesta facilita el ritmo propio de un álbum. Las ilustraciones expresionistas, con collages, son sugerentes y bien acomodadas al tono del relato. (El libro tiene también una pretensión didáctica —la de poner al niño «en contacto con actitudes y hábitos positivos, con la finalidad de conocer las emociones y aprender a gestionarlas»— pero, en mi opinión al menos, es mejor tomarlo sólo como lo que es: un relato simpático bien contado y bien ilustrado. Dejemos lo de aprender a «gestionar las emociones» para los psicólogos que acuden allí donde hay catástrofes o para cursos de management a directores de recursos humanos...).

Javier Zabala. El soldadito Salomón (2004). Texto de Rocío Antón y Lola Núñez. Madrid: SM, 2004; 29 pp.; col. Y ... érase otra vez; ISBN: 84-348-8030-X. [Vista del libro en amazon.es]

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lunes, 18 de agosto de 2014

No eres más que una pequeña hormiga, de Judit Morales y Adrià Godià, es un álbum de hace ya unos años que sorprende por sus pictóricas ilustraciones sobre madera y que cuenta una bonita historia de amor a la naturaleza.

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