bienvenidos a la fiesta
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miércoles, 8 de febrero de 2012
Un libro magnífico: Luka y el Fuego de la Vida, de Salman Rushdie. Como Harún y el Mar de las Historias, es un viaje a un mundo de fantasía que un hijo debe hacer para salvar a su padre. Pero nadie debería pensar que es un libro más de fantasía infantil o juvenil: en muchos sentidos se puede decir que Rushdie juega en otra división.
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martes, 7 de febrero de 2012
Acaban de salir en Aceprensa dos artículos sobre Dickens: Dickens, un genio popular y Las 14 novelas de Dickens (solo el segundo es de libre acceso, creo). Ambos resumen la información que ya se contiene, o que saldrá en las próximas semanas, en la voz de Dickens y en la sección Chesterton (obras de Dickens).
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martes, 7 de febrero de 2012
En la misma línea de los libros citados el pasado martes, pero para un público de menos edad, otros dos: ¿Negro? ¡Blanco! ¿Día? ¡Noche!: el libro de los opuestos y Los limones no son rojos, de la norteamericana Laura Vaccaro Seeger. Los dos están confeccionados con tanta sencillez como habilidad: con dibujos claros y colores contundentes, cumplen muy bien sus objetivos de ampliar vocabulario y de ayudar al lector a que afine prudentemente su espíritu de observación.

El primero habla de que las cosas no son lo que parecen. En cada página hay una ventana donde se ve algo que refleja lo que indica la primera palabra —estrecho, afuera, suma, etc.—, y luego se puede desplegar en vertical la hoja para ver un dibujo que presenta justo lo contrario —ancho, adentro, resta, etc.—.

El segundo es sobre los colores. Comienza con una doble página en amarillo: en la página izquierda se lee «Los limones no son rojos» y en la derecha se ve troquelada la forma de un limón sobre un fondo rojo; luego, al pasar la página, se ve la misma forma sobre el amarillo de la página anterior y el texto dice que «los limones son amarillos», mientras, en la derecha, se ve una manzana roja debajo de la cual pone «las manzanas son rojas». El mismo proceso se repite con zanahorias y berenjenas, flamencos y elefantes, etc., aunque algunas parejas no son igual de coherentes.

Laura Vaccaro Seeger. ¿Negro? ¡Blanco! ¿Día? ¡Noche!: el libro de los opuestos (Black? White! Day? Night!, 2006). Barcelona: Océano, 2011; 20 pp., cada una con un desplegable; ISBN: 978-84-494-4190-5.
Laura Vaccaro Seeger. Los limones no son rojos (Lemons Are Not Red, 2004). Barcelona: Océano Travesía, 2010; 27 pp.; ISBN: 978-84-494-4189-9.
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lunes, 6 de febrero de 2012
Brian Wildsmith, autor en su momento de un ABC que rompió con moldes anteriores, y, después, de muchos álbumes excelentes, es casi desconocido en España.
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domingo, 5 de febrero de 2012
La tercera objeción de Sócrates a la escritura tenía que ver con la pérdida de control sobre el lenguaje que significaba la palabra escrita. En realidad, el temor de Sócrates no tenía que ver con el lenguaje escrito como tal sino con que su popularización diera lugar a una comprensión superficial de las cosas. En ese sentido veía la lectura como una nueva versión de la caja de Pandora que, una vez abierta, hace perder el control de lo que se ha escrito, de quién lo lee y de cuántos lectores pueden usarlo e interpretarlo… Esto, sin duda, se parece a la avalancha de información que nos inunda hoy, a la reclamación que se nos hace a todos de que atendamos continua y parcialmente a una multitud de áreas, a la sensación que se nos transmite de que lo sabemos o podemos saberlo todo a golpes de click sobre pantallas en movimiento.

En fin «Sócrates no pudo evitar la difusión de la lectura más de lo que nosotros podemos evitar la adopción de tecnologías cada vez más sofisticadas». Su enemigo, en realidad, «nunca fue de hecho la escritura, algo de lo que bien se percató Platón»: lo que le preocupaba «no era tanto la escritura como lo que podía sucederle al conocimiento si los jóvenes accedían a la información sin orientación ni sentido crítico. Para Sócrates, la búsqueda del verdadero conocimiento no dependía de la información; antes al contrario, tenía que ver con hallar la esencia y el propósito de la existencia. Semejante búsqueda exigía un compromiso de por vida con el desarrollo de las capacidades críticas y analíticas, y con la asimilación del conocimiento personal usando una memoria prodigiosa y con un esfuerzo prolongado».

Maryanne Wolf. Cómo aprendemos a leer: historia y ciencia del cerebro y la lectura (Proust and the Squid, 2007). Barcelona: Ediciones B, 2008; 335 pp.; trad. de Martín Rodríguez-Courel; ISBN: 978-84-666-3835-7.
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sábado, 4 de febrero de 2012
Dice Chesterton que, sin duda, es cierto que a las novelas de Dickens les falta unidad de construcción, pues es como si estuvieran compuestas a retazos, pero, a cambio, tienen una unidad de tono y de atmósfera: como la unidad de color de un cuadro. Así, si Nicholas Nickleby tiene la frescura que corresponde a un protagonista joven que se pasa la vida en las carreteras y en la calle, y si la historia central de Oliver Twist es sombría, Almacén de antigüedades tiene un aire siniestro e incluso su principal malvado, Quilp, es tan grotesco como una gárgola.

La protagonista es Nell Trent, una chica de catorce años, que vive con su abuelo en Londres en una tienda de antigüedades. Lleva una existencia solitaria con casi ningún amigo de su edad, salvo Kit, un chico joven y honrado, empleado de la tienda, al que Nell está enseñando a escribir. Su abuelo quiere ganar dinero para ella y, con ese fin, tiene la feliz idea de dedicarse al juego. Pero su suerte es escasa e interviene Daniel Quilp, un prestamista deforme que, cuando el abuelo pierde lo último que le quedaba, decide hacerse con la tienda de antigüedades y echar a Nell y a su abuelo.

La muerte de Nell con la que termina la novela atrajo sobre Dickens fuertes acusaciones de sentimentalismo. Pero, indica Chesterton, esa es una crítica injusta: hay una gran diferencia entre un autor que piensa en las lágrimas de sus personajes y un autor que piensa en las lágrimas de su audiencia o, dicho de otra manera, a lo que hay que poner pegas no es a la muerte sino a la vida de Nell. La diferencia se ve si nos fijamos en la muerte de otro niño en Dombey e hijo, la del pequeño Paul Dombey: en ese caso sí que Dickens merece el reproche de recurrir a un sentimentalismo barato.

Sea como sea, los héroes reales de Almacén de Antiguedades no son los que ocupan el primer plano sino el tarambana Dick Swiveller y la pequeña criada la Marquesa, pues son dos seres humanos sanos y vivos que viven una historia de amor que puede calificarse de sólidamente romántica. Ellos ejemplifican bien que la efectividad de Dickens es máxima no cuando predica la caridad seriamente, sino cuando la presenta como ruidosamente y sin pretenderlo, por medio de personalidades contundentes y escenas vívidas. Se puede afirmar que si en sus páginas más serias nos dice que amenos a los hombres, en sus páginas más locas crea hombres a quienes podemos amar; que si con su solemnidad nos manda que amemos a nuestros vecinos, con sus caricaturas hace que los amemos.

Charles Dickens. The Old Curiosity Shop (1840-1841). Edición española, titulada Almacén de antigüedades, en Madrid: Promoción y Ediciones, 1983; 223 pp.; col. Grandes Genios de la Literatura Universal; prólogo de Reginald Francis Brown; ISBN: 84-7461-201-2. Otra edición, titulada La tienda de antigüedades, está en Madrid: Nocturna Ediciones, 2011; 782 pp.; col. Noches blancas; trad. de Bernardo Moreno; ISBN: 978-84-938013-7-3.
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viernes, 3 de febrero de 2012
Manual de redacción, de Luis Ramoneda, es un libro de los que viene bien tener a mano pues presenta ordenadamente toda la información necesaria para escribir de modo correcto. Son cuatro partes: ortografía, morfología y sintaxis, palabras y frases, tipos de textos. Contiene anexos útiles (palabras inglesas de origen latino cuyo significado no es igual en castellano, las voces de los animales…). Recoge un trabajo de muchos años, que se nota en la claridad expositiva y en la elección de los ejemplos que acompañan cada explicación. Es una pena que de la edición no se puedan decir los mismos elogios que del contenido: aunque la portada es magnífica, la maquetación interior deja muchísimo que desear y parece ser, sin más, el mismo archivo del procesador de textos.

Luis Ramoneda. Manual de redacción (2011). Madrid: Rialp, 2011; 304 pp.; ISBN: 978-84-321-3900-0.
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jueves, 2 de febrero de 2012
En la línea, que ahora es común, de rescatar relatos cortos de calidad en ediciones cuidadas, que incluyen nueva traducción, excelentes ilustraciones, buena integración de texto e imágenes, y maquetación holgada, se publica de nuevo el que tal vez sea el mejor relato corto de Jack LondonEncender una hoguera. En la recopilación La quimera del oro se titulaba La hoguera. Al leerlo de nuevo he caído en la cuenta del problema de su protagonista, según afirma el narrador: «su falta de imaginación».

Jack London. Encender una hoguera (To Build a Fire, 1908). Madrid: El Rey Lear, 2011; 69 pp.; ilust. de Raúl Arias; trad. de Catalina Martínez Muñoz; ISBN: 978-84-92403-86-8.
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miércoles, 1 de febrero de 2012
Otro cambio a mejor: a fecha de hoy, en amazon.es, los precios de esos libros son de 2,99€ y 5,22€.
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martes, 31 de enero de 2012
Un autor de álbumes útiles para saber mirar y pensar es el mejicano Alejandro Magallanes. Dos inteligentes libros suyos son No juzgues a un libro por su cubierta: refranes y anti-refranes para toda ocasión y Dos círculos centrados.
En No juzgues a un libro por su cubierta, se repite sucesivas dobles páginas con el mismo esquema. Así, en una doble página se lee «Al que madruga Dios le ayuda», y se ve un gallo cuya cabeza, a través de un troquelado, está en la siguiente doble página; en esta se ve al gallo pero asado en el plato, y se lee «No por mucho madrugar amanece más temprano». El mismo juego se repite con sucesivos refranes: el tipo de letra y el tipo de imagen son distintos y se corresponden con la idea. Incluso la cubierta y la contracubierta —«no juzgues a un libro por su cubierta» y «por las plumas se conoce al ave»— emplean el mismo recurso.
En Dos círculos centrados se ven, en cada página derecha, dos círculos concéntricos en distintos colores y, en la página izquierda, un texto que indica qué representan: una galaxia con planetas girando, el barquillo de un helado, un disco rayado, un volcán apagado, un sombrero de charro, etc. No conviene dejarse llevar por el título de la colección que dice que es un libro «para los más pequeños»...
Alejandro Magallanes. No juzgues a un libro por su cubierta: refranes y anti-refranes para toda ocasión con muy raras ilustraciones de Alejandro Magallanes (2009). Barcelona: Océano travesía, 2009; 26 hojas; ISBN: 978-84-494-4033-5.
Alejandro Magallanes. Dos círculos centrados (2007). México: El Naranjo, 2007; 17 hojas en cartoné; col. Para los más pequeños; ISBN: 978-968-5389-48-8.
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lunes, 30 de enero de 2012
He añadido dos de los libros de David Shannon que continúan ¡No, David!, David se mete en líos y David va al colegio, porque los tres forman un conjunto que vale la pena conocer entero, por su argumento global y por su construcción gráfica.
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domingo, 29 de enero de 2012
La primera objeción de Sócrates contra la palabra escrita señalaba la importancia que tiene analizar todas las presunciones y fundamentos intelectuales en cualquier debate. Para Sócrates la impermeabilidad del lenguaje escrito enmascaraba que su naturaleza es esencialmente engañosa. Él «creía que, al contrario que el “discurso muerto” de la lengua escrita, la lengua oral o “discurso vivo” estaba formado por entidades dinámicas —llenas de significado, sonido, melodía, énfasis, entonación y ritmo— listas para ser desveladas, capa a capa, mediante el análisis y el diálogo. Por el contrario, la palabra escrita no podía responder. La rígida mudez de la palabra escrita condenaba al fracaso el proceso de diálogo que Sócrates considera la esencia de la educación». Al igual que Sócrates, en su obra Pensamiento y lenguaje, Lev Vigotsky describía las relaciones generativas entre la palabra y la idea, y entre el maestro y el alumno, y sostenía «que la interacción social [oral] juega un papel capital en el desarrollo de las progresivamente complejas relaciones entre palabras y conceptos de los niños».
La segunda objeción de Sócrates hablaba de que el lenguaje escrito significaba la destrucción de la memoria. A partir de la idea «de la interrelación entre el lenguaje, la memoria y el conocimiento, Sócrates concluyó que la lengua escrita no era una “receta” para la memoria, sino un agente potencial de su destrucción. Proteger la memoria individual y su papel en el análisis del conocimiento era más importante que las indiscutibles ventajas de la escritura para preservar la memoria cultural». Así, en el Fedro, Sócrates compara la escritura con las pinturas, que sólo tienen apariencia de vida, «parecen hablarte como si fueran inteligentes pero si les preguntas algo sobre lo que dicen por el deseo de ser instruido, ellas siguen diciéndote lo mismo una y otra vez, constantemente». Y en Protágoras arremete contra los que piensan igual que los rollos de papiro, «incapaces de responder a tus preguntas o de preguntarse a sí mismos».
Maryanne Wolf. Cómo aprendemos a leer: historia y ciencia del cerebro y la lectura (Proust and the Squid, 2007). Barcelona: Ediciones B, 2008; 335 pp.; trad. de Martín Rodríguez-Courel; ISBN: 978-84-666-3835-7.
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sábado, 28 de enero de 2012
Si Aventuras de Pickwick viene a ser una prolongación de los Sketches más luminosos y Oliver Twist de los más oscuros, Dickens abandonó esa fórmula con Nicholas Nickleby, una novela sobre un héroe joven y valiente, irreprochable y triunfante.
Nicholas Nickleby es un chico joven que, a la muerte de su padre, ha de sostener a su madre y a su hermana: el narrador dice que eran una familia «absolutamente desconocedora de lo que se da en llamar el mundo —frase convencional que significa todos los bribones que en él existen—». Su rico tío Ralph, que tiene una baja opinión de Nicholas, le manda primero como tutor a una escuela de Yorkshire, Dotheboys Hall, dirigida por un personaje siniestro, Wackford Squeers —admirado por la odiosa profesora de Matilda—, contra el que Nicholas se acaba rebelando. Luego son multitud los incidentes que ocurren: primero Nicholas y su compañero Smike se unen a unos cómicos, luego encuentra empleo en una empresa de Londres, va en aumento su enfrentamiento con su tío Ralph, aparecen muchos personajes y una y otra vez vuelven a escena Squeers y su extraña familia.
Esta novela se desarrolla en escenarios en los que Dickens había vivido y, para todo lo relativo a Dotheboys Hall, parece ser que se inspiró en un colegio y un director real. Como siempre, contiene personajes cómicos magníficos y escenas conseguidas, y una trama verdaderamente imaginativa. Además, destaca Chesterton la figura del cómico al que se une Nicholas, Mr. Crummles, un artista sin éxito pero un artista serio: pues Dickens fue siempre particularmente bueno al mostrar los tesoros que pertenecen a quienes no triunfan en el mundo. Con todo, su tono de sátira social, y de dolor por las injusticias que sufren los más necesitados, no es del todo eficaz para el lector de hoy por sus acentos tan melodramáticos, sus continuas coincidencias asombrosas, y, sobre todo, porque sus personajes principales tienen poca consistencia.
A esto se refería Chesterton cuando destacaba que las novelas de aventuras tienen dos elementos inseparables, de amor y de lucha, y tres personajes que se podrían llamar san Jorge, el Dragón y la Princesa: la Princesa ha de ser amada, el Dragón debe ser combatido, y san Jorge a la vez ama a la primera y lucha contra el segundo. No se puede pedir a un hombre, como hacía Nietzsche, que luche sin amar, ni, como decía Tolstoi, que ame sin combatir: no amas una cosa si no deseas luchar por ella, no puedes luchar por algo si no tienes un motivo por el que hacerlo. Una señal de las novelas románticas de aventuras es que san Jorge mata al dragón con rapidez y simplicidad, y otra —una de las debilidades de Nicholas Nickleby—, es que miran a la heroína como alguien que sólo debe ser conquistado, como alguien que sólo debe ser salvado del Dragón. Aquí está un punto en el que las novelas victorianas son inferiores a los dramas isabelinos: Shakespeare hacía siempre a sus heroínas tan heroicas como a sus héroes.
Charles Dickens. Nicholas Nickleby (1838-1839). Edición española en Barcelona: Montesinos, 2004; 647 pp.; trad. de David González; ISBN: 84-96356-12-4.
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viernes, 27 de enero de 2012
Northrop Frye: «El crítico debe establecer, para una cultura a la que no le importa el pasado y que no tiene defensas frente al futuro, una línea de continuidad que ligue a la cultura presente con su patrimonio, y por consiguiente con sus herederos». En cuanto crítico histórico ha de estudiar distanciada y objetivamente las culturas desvanecidas; en cuanto crítico contemporáneo debe descubrir el peso del pasado sobre su propio mundo.
Northrop Frye. El camino crítico: ensayo sobre el contexto social de la crítica literaria (The Critical Path, 1971). Madrid: Taurus, 1986; 149 pp.; col. Persiles, serie Teoría y Crítica literaria; trad. de Miguel Mac-Veigh; ISBN: 8430621660.
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jueves, 26 de enero de 2012
El gigante bajo la nieve, de John Gordon, es una novela de fantasía de 1968 acerca de la magia poderosa que se oculta en unos antiguos objetos de origen celta.
En una excursión colegial a un bosque, Jonquil Winters encuentra una rara hebilla y es atacada por un perro grande, pero es rescatada por una mujer, Elizabeth Goodenough, que tiene poderes extraordinarios. Cuando, de regreso en la ciudad, a Jonk la sigue acosando el perro y un tipo extraño, su amigo Bill recuerda una vieja leyenda sobre un Hombre Verde. Jonk y Bill intentan averiguar más cosas junto con su escéptico amigo Arf. Al final se ven envueltos en una pelea cósmica (es algo que suele ocurrir cuando uno tropieza con algo céltico, viene bien saberlo), en la que los tres amigos intervienen con acierto gracias también a unas mochilitas superprácticas con las que pueden volar.
La novela tiene tensión y está bien contada. Todo se desencadena rápido, antes de que los personajes estén bien dibujados, por lo que no son (o a mí no me han resultado) cercanos y atractivos. Lo interesante de la historia es que, aunque sea posterior a obras como La piedra de Brisingamen o la serie Los seis signos de la luz, puede considerarse que fue de las que contribuyó a expandir el género. Según parece, la edición actual fue revisada en 2006 para incluir algunas cosas más y actualizar algo el vocabulario.
John Gordon. El gigante bajo la nieve (The Giant Under the Snow, 1968). Barcelona: Bambú, 2011; 231 pp.; col. Exit Record; trad .de Roser Vilagrassa; ISBN: 978-84-8343-146-7.
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