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jueves, 7 de mayo de 2015

El desván de Tesla,
una novela firmada por Neal Shusterman y Eric Elfman al alimón, es entretenida y está bien armada. Aunque, sin duda, el lenguaje podría ser mejor, los personajes parecen estar pensados para una película o una serie televisiva y, sobre todo, algunos gastadísimos clichés sobran.

Nick, 14 años, comienza su relato explicando su llegada a Colorado Springs, desde Florida, junto con su padre y su hermano pequeño Danny. El origen del traslado está en que su madre falleció en un incendio y el motivo es que allí tienen una casa vieja que fue de su abuela. Pero, al instalarse y limpiar la casa, lo primero que ocurre es que una tostadora que había en el desván le golpea la cabeza. Luego, cuando deciden montar un mercadillo con todos los objetos antiguos que había en el desván, descubren con sorpresa que muchos vecinos se acercan a comprar las cosas con tanto entusiasmo que incluso les pagan más de los precios que habían fijado. A todo esto, Nick conoce a quienes serán compañeros de clase y amigos: una chica con ínfulas de artista moderna llamada Caitlin, un chico muy hablador llamado Mitch, y un tipo bastante friki llamado Vince. Pronto descubren que los objetos del desván tienen extrañas capacidades y que todos ellos fueron inventos de Nikola Tesla

Hasta este punto del relato, todo es singular, pues los inventos son chispeantes y provocan situaciones muy cómicas, hay escenas escolares realmente divertidas (aunque no faltarán algunas de comedieta adolescente tonta), no faltan buenos momentos que cabría llamar de sátira social —la anciana de la casa de al lado de Nick llevaba un jersey de punto que decía YO QUIERO A MI PERRITO, y su perrito llevaba otro jersey a juego que decía YO QUIERO A MI DUEÑA—, y hay también toques narrativos dignos de Terry Pratchett o Douglas Adams —«el cielo se desfogó con aquella clase de rabia psicótica que invita a ciertos individuos a construirse un arca»—. El narrador también juzga la conducta de algunos y nos hace ver qué comportamientos considera correctos: de un compañero de los héroes dice que «no era tonto, solo deplorablemente mediocre, lo cual podría no estar tan mal si él no estuviera siempre tan orgulloso de sí mismo».

Todo se estropea bastante cuando, a mitad de la historia, entra en juego la típica sociedad secreta: los Accelerati, una organización formada por seguidores de Edison y antagonistas de Tesla. Según un personaje, «Tesla tenía lo que le faltaba a Edison: ese nivel más elevado del genio trascendental. Era el científico que podría haber convertido en realidad todos los sueños de Edison. Los Accelerati siempre intentaron echar las manos a sus inventos secretos, pero nunca lo lograron». Bien, además, las dimensiones de lo que sucede también cambian: a partir de un partido de béisbol en el que participa Danny con un guante mágico de Tesla, empiezan las amenazas cósmicas. Lógicamente, como todo debe continuar en las entregas posteriores de la serie, el lector ya sabe que la humanidad logrará salvarse en el último momento —y pensará que si todo empezó con un guante de béisbol cómo unos héroes tan listos pueden tardar tanto en darse cuenta de que todo se ha de arreglar gracias a un bate—.

Neal Shusterman y Eric Elfman. El desván de Tesla (Tesla's Attic, 2014). Madrid: Anaya, 2015; 296 pp.; col. Literatura Juvenil; trad. de Adolfo Muñoz; ISBN: 978-8467861631. [Vista del libro en amazon.es]

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miércoles, 6 de mayo de 2015

Hace ya tiempo leí esta elogiosa reseña sobre Rudi, el cerdito de carreras, un relato del alemán Uwe Timm no editado en España pero sí en México. Así que tomé nota y, recientemente, he podido leerlo: me ha parecido un relato divertido —con un narrador conseguido y muchas escenas graciosas—, y poco común en su enfoque y en los giros que va dando el argumento.

Una familia alemana. El padre es egiptólogo pero está en paro; la madre es profesora; y los tres niños son: el narrador, que tiene catorce años, y sus dos hermanas pequeñas, Betti, un año menor, y Zuppi, de cinco años. Cuando Zuppi gana un premio en la fiesta de un pueblo, que consiste en un cerdito pequeño al que llaman Rudi, comienza la historia. El relato narra, entre otras cosas, las resistencias de los padres a tener el cerdo en casa pero cómo, al fin, acceden; luego siguen los problemas con el dueño de la vivienda por ese motivo y el traslado de todos a la vivienda del cuidador de un campo de fútbol; allí hacen el descubrimiento de que Rudi es una gran mascota para el equipo local y, luego, un gran cerdo de competición…

Está bien pintada la relación entre padres e hijos: amable pero realista cuando muestra los enfados entre unos y otros por distintos motivos. El argumento tiene tensión: las peripecias de la familia con Rudi son, a la vez, cómicas y creíbles; y el futuro de Rudi se acaba resolviendo satisfactoriamente. Se puede añadir, también, que el narrador es certero en muchos comentarios que cabría llamar marginales: por ejemplo, al principio, habla de que sus padres fueron, con ellos, «a hacer algo que a los niños no nos gusta nada: dimos una caminata por la naturaleza. Horrible. Estuvimos dando vueltas por los alrededores, y mis padres decían cada dos minutos: “Miren qué maravilla”. Se paraban y señalaban con el dedo alguna colina o algún árbol esperando que nos entusiasmáramos, ¿pero qué se puede decir sobre una colina?».

Uwe Timm. Rudi, el cerdito de carreras (Rennschwein Rudi Rüssel, 1989). México: Fondo de Cultura Económica, 2012; 150 pp.; col. A la Orilla del Viento; ilust. de Axel Scheffler; trad. de Margarita Santos Cuesta; ISBN: 978-607-16-1170-3. [Vista del libro en amazon.es]

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martes, 5 de mayo de 2015

El perro negro, de Levi Pinfold, trata sobre un perro negro gigante que aparece a las afueras de la casa victoriana y gótica donde vive la familia Esperanza, y todos se asustan menos la pequeña, Chiqui, que sale a saludarlo y se va de paseo con él.

La narración gráfica combina grandes imágenes —realistas y pictóricas, unas que ocupan páginas completas y algunas a doble página en el centro del álbum—, con dibujos en pequeño que acompañan los tramos donde van las palabras que cuentan el relato. Hay ilustraciones del exterior y el interior de la casa, y luego algunas escenas fuera en las que vemos a la pequeña heroína y al perro.

Una impresión no muy analizada: no me han resultado convincentes los toques surrealistas del paseo de Chiqui con el perro pues el evidente mensaje queda diluido cuando el relato gráfico es tan singular; tal vez  también sea porque la secuencia de ilustraciones no me ha parecido bien equilibrada, empezando por una cubierta que nada tiene que ver con el título... Un detalle más: como suele ocurrir, suena mejor Small Hope que Chiqui Esperanza, y me pregunto si no hubiera sido mejor traducirla como... Pequeña Esperanza. Pero, sea como sea, es una buena historia con imágenes poderosas.

Levi Pinfold. El perro negro (Black Dog, 2011). Madrid: Nubeocho, 2014; 26 pp.; col. Nubeclásicos; trad. de Robin Sinclair; ISBN: 978-84-942360-6-8. [Vista del álbum en amazon.es]

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lunes, 4 de mayo de 2015

El niño Nuevo, de Lauren Child, plantea los celos del pequeño rey de la casa, Elmore Green, cuando tiene un hermanito. La narración respira el buen humor propio de la autora: Elmore, «como muchos otros niños, empezó siendo hijo único» y estaba contento, por ejemplo, porque «no había peligro de que nadie se comiera sus gominolas naranjas, porque los padres de Elmore Green NO comían gominolas». Hasta que, con mayúsculas características de Child, «LLEGÓ ALGUIEN MÁS». Las imágenes tienen también su habitual simpatía gráfica y una composición clara. La resolución es de lo más clásico y eficaz: hay asuntos donde no hay nada que inventar o donde cualquier invento lo estropearía todo.

Lauren Child. El niño nuevo (The New Small Person, 2014). Barcelona: Juventud, 2015; 32 pp.; trad. de Susana Tornero; ISBN: 978-84-261-4133-0. [Vista del libro en amazon.es]

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sábado, 2 de mayo de 2015

Una posible separación de los ensayos de tipo literario de Stevenson es la que intenta el libro Escribir. Ensayos sobre Literatura: en él se agrupan algunos que tratan sobre «La escritura», otros sobre «Los libros», y otros sobre «Los escritores». Hay que decir, sin embargo, que no tratan sólo sobre cuestiones literarias pues las actitudes del escritor escocés sobre distintos aspectos de la vida salen a la luz una y otra vez.

En relación a la escritura, entre los muchos comentarios que revelan la forma en la que comprendía su trabajo (varios ya citados en esta página tiempo atrás), se pueden destacar: «en todo relato hay una sola manera de mostrarse inteligente, y es siendo preciso»; el escritor «debe guardar silencio cuando sospecha que no comprende algo cabalmente»; «si en algún lugar se ha dicho con dos frases algo que se podría haber expresado con igual claridad y fuerza con una sola, entonces es un trabajo de aficionado»; «ningún ser humano habla nunca del paisaje durante dos minutos seguidos, lo que me hace sospechar que abusamos de él en la literatura»; «solo hay un arte: ¡omitir! Si supiera como omitir, no pediría ningún otro conocimiento».

Luego están otros textos en los que habla del talante que consideraba el propio de un genuino escritor. Así: «Un escritor puede vivir de su trabajo; si no con tanto lujo como de otros negocios, pues con menor lujo. La naturaleza de la labor en la que se ocupa durante el día influirá más en su felicidad que la calidad de su cena por la noche. Cualquiera que sea nuestra vocación, y sean cuales sean las ganancias que nos reporte anualmente, siempre podríamos obtener más con el fraude». En otro lugar apuntaba: «no me inspiran simpatía los vulgares lamentos de la clase artística. Quizá olvidan el sistema de aparcería de los campesinos, ¿o piensan que no cabe trazar paralelismos?».

También vale la pena destacar esta consideración acerca de la importancia que concedía a la honradez: «hay dos deberes que incumben a cualquiera que abrace la profesión de las letras: ceñirse a la verdad de los hechos y tratarlos con buena disposición. En todos los ámbitos de la literatura, aunque sean tan bajos que apenas merezcan tal nombre, la fidelidad a los hechos es un asunto de importancia para la educación y el bienestar de la humanidad, y es tan difícil preservarla que sólo la fiel tentativa de hacerlo ya confiere cierta dignidad a quien lo intenta».

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viernes, 1 de mayo de 2015

La herencia me ha gustado más que todos los libros que ha venido publicando John Grisham en los últimos años. En él vuelve a los escenarios y personajes de su primera novela, Tiempo de matar, aunque no es necesario conocerla para seguir esta otra historia bien. La acción se desarrolla unas décadas después de lo sucedido entonces y plantea el conflicto derivado de que un hombre rico se suicida y deja su herencia, casi íntegra, a la mujer negra que le cuidó los dos últimos años.

El comienzo es espectacular y el desarrollo de la trama, con enfrentamientos de distinto tipo fuera y dentro de los tribunales, es sobresaliente. Grisham habla de un mundo que conoce bien y cuenta cuenta las cosas con soltura y sin derivaciones innecesarias. Si al comentar Los litigantes dije que había sido calificada de gran comeback, mucho más cabe decir en este caso. El paso del tiempo también suaviza las cosas: el narrador trata con afecto incluso a los personajes más turbios.

John Grisham. La herencia (Sycamore Row, 2014). Barcelona: Plaza & Janés, 2014; 571 pp; trad. de Jofre Homedes Beutnagel; ISBN: 978-84-01-34303-2. [Vista del libro en amazon.es]

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jueves, 30 de abril de 2015

No había visto hasta hace poco una cuidada edición en castellano, con buenos prólogos explicativos y aclaratorias notas finales, de dos relatos significativos del modo de hacer, y del pensamiento e intereses, de Rodolphe Töpffer: Monsieur Crépin (1837) y Monsieur Pencil (1840). El primero ataca ciertos métodos educativos fraudulentos y la pseudo-ciencia de moda en su época; el segundo tiene intenciones de sátira política y se puede considerar que Monsieur Pencil tiene algo del propio Töpffer.

En ambos se ve su estilo característico, de dibujos apresurados y textos irónicos, así como su concepción de lo que llamaba «literatura en estampas». Viene bien saber que su autor componía estas historias como un pasatiempo y estaba lejos de imaginar la importancia que un medio así tendría en el futuro. Como apunté arriba, sus argumentos, surrealistas, o de nonsense si se quiere, son fuertemente irónicos contra diversas costumbres sociales y actitudes vitales de su tiempo, ya se ve que no tan diferente al nuestro.

Rodolphe Töpffer. Historias en imágenes: Monsieur Crépin y Monsieur Pencil (trad. de una edición norteamericana de 2007). Valencia: El Nadir, 2012; 184 pp.; trad. de René Parra y Emma Tiddia; introducción, sinopsis y notas de David Kunzle; ISBN: 978-84-92890-56-9. [Vista del libro en amazon.es]

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miércoles, 29 de abril de 2015

No sé juzgar bien el valor de las adaptaciones de clásicos. Por un lado, para juzgar apropiadamente su mérito supongo que habrá que leerse con calma la adaptación y conocer excepcionalmente bien el libro adaptado. Por otro, habrá que pensar bien en los lectores concretos a los que se destina: entre ellos habrá distintos niveles de comprensión y distintas posibilidades futuras de llegar o no a conocer el original. Si hablamos de la formación escolar entiendo que, en cada caso, es a cada profesor a quien le corresponde hacer estas valoraciones.

Pensé sobre lo anterior, una vez más, y lo hablé con un amigo profesor, a propósito de una adaptación de El Cid, en forma narrativa, realizada por Geraldine McCaughrean y con ilustraciones de Victor G. Ambrus. Entiendo que para un público no español, como se preparó esta edición el año 1989, es un libro magnífico: porque su argumento como novela de aventuras es difícimente superable, porque la autora es una estupenda narradora, y porque el ilustrador es un maestro a la hora de presentar escenas de tipo medieval y, en concreto, para las imágenes con caballos. Pero, dada la naturaleza del relato, tan atractivo en sí mismo, y de la calidad de la edición, a mí también me parece una buena recomendación para muchos lectores españoles, y no sólo para escolares...

El Cid. Barcelona: Vicens Vives, 2013, 3ª ed., 3ª reimp.; 231 pp.; versión de Geraldine McCaughrean; ilustraciones de Victor G. Ambrus; introducción, notas y glosarios de Alberto Montaner; actividades de Concepción Salinas; ISBN: 978-84-682-0598-4. [Vista del libro en amazon.es]

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martes, 28 de abril de 2015

En The bicycle man, de Allen Say, el narrador recuerda un incidente colegial de cuando era un niño, en el Japón ocupado después de la segunda Guerra Mundial. Un día de primavera en el que se desarrollaban competiciones en su escuela —carreras de los niños, tiro de cuerda, carreras por parejas con padres y profesores, etc.—, aparecieron dos soldados norteamericanos, uno negro y uno blanco, que les entretuvieron con sus equilibrios circenses sobre una bicicleta.

La historia se desarrolla con calma y es sencilla, pero tiene mucho encanto y el interés de ver y aprender que hay distintos modos de comportamiento. Los dibujos de línea son magníficos: recogen bien las actividades de los niños, primero, y las habilidades sobre la bicicleta del soldado negro después. El relato no explica nada sino, simplemente, presenta una historia simpática de convivencia cordial, por encima de cualquier diferencia cultural y de lenguaje.

Allen Say. The bicycle man (1982). Oakland: Parnassus Press, Boston: Houghton Mifflin Company, 1982; 44 pp.; ISBN: 0-395-32254-5. [Vista del libro en amazon.es]

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lunes, 27 de abril de 2015

Un magnífico álbum de hace algún tiempo: Un día diferente para el Señor Amos, de Erin Stead y Philip Stead. Tiene unos dibujos excepcionales y es un relato lleno de amabilidad y simpatía.

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domingo, 26 de abril de 2015

En Historia breve del mundo reciente, de José Luis Comellas, encontré, al hilo de los sucesos que se cuentan, algunos comentarios clarificadores que no vi en las historias mencionadas recientemente —Historia mínima del siglo XX e Historia del mundo en el siglo XX—.

Por ejemplo, en relación a los desórdenes juveniles de los años sesenta y setenta, señala que si hay siempre «un fenómeno generacional, caracterizado por el "cansancio de lo existente", una conciencia juvenil que se encuentra una realidad que no comparte y que no le gusta», la disputa generacional de aquellos años «posee un amplio contenido diferencial, por cuanto, como observó uno de sus autores, "los jóvenes cuestionan las formas de vida que los mayores han construido para ellos, sin haberles consultado". La frase está inspirada en otra similar, aunque de distinto contenido, de Jean-Paul Sartre, y resulta difícil precisar hasta qué punto los "mayores" —y qué mayores, y cuándo— habían construido un estilo de vida, ni a qué edad sus hijos debían ser consultados». Además, en las actitudes juveniles de aquellos años y posteriores tuvo un gran peso la música rock: «Como es bien sabido, lo que caracteriza al rock and roll —desde los años sesenta suele usarse solo la palabra rock— es el predominio de la percusión sobre la melodía, y no digamos sobre la armonía, y quizá sobre todo el ritmo fuerte y agresivo caracterizado por el doble acento en el tiempo fuerte y el tiempo débil, que provoca una continua sensación de inestabilidad o de inversión de elementos. Su influjo en los estados de ánimo fue mucho más fuerte que el de otra forma de música anterior».

O, también, cuando habla de lo que denomina «historia de la actualidad», aunque la actualidad, como tal, no forma todavía parte de la historia, explica bien algunos rasgos de la posmodemidad, «una realidad multiforme, extraordinariamente difícil de describir, no solo por su tendencia a la indefinición, sino por las múltiples descripciones de que ha sido objeto». Señala que la palabra posmodernidad «sugiere que se ha acabado la modernidad o aquello que estaba vigente en los tiempos considerados como "modernos": conceptos, convicciones, valores, formas establecidas que ya no lo están, o se dice que no lo están. (…) Parece que no se jacta de ser edificadora. Es lugar común que muchas de las ideas que definen la posmodemidad nacieron con la "revolución de 1968": el uso indiscriminado de la libertad, el destierro de las convicciones o convenciones (ambas cosas) de nuestros antecesores, el apartamiento de todo lo que tenga que ver con las "normas", los "cánones" o, en su versión más extrema, con los "principios". Pero con una diferencia muy clara respecto de los movimientos juveniles de 1968: aquellos movimientos, en medio de su vaguedad, tenían una dosis de idealismo y pretendían un mundo nuevo y más auténtico. Por el contrario, la posmodemidad no soporta la palabra "idealismo"».

José Luis Comellas. Historia breve del mundo reciente (2005). Madrid: Rialp, 2010; 464 pp.; col. Bolsillo; ISBN: 978-8432137914. [Vista del libro en amazon.es]

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sábado, 25 de abril de 2015

Otro grupo de relatos de viajes de Stevenson lo componen los que cuentan sus andanzas por distintas islas del Pacífico.

En los mares del Sur es un libro con un descriptivo subtítulo: «Relato de experiencias y observaciones efectuadas en las islas Marquesas, Pomotú y Gilbert, durante dos cruceros realizados en las goletas Casco (1888) y Equator (1889)». Lo escribió Stevenson al final del viaje que cuenta, que duró dos años, pero tuvo que dejarlo sin terminar, en parte desanimado por la recepción que tuvieron algunos textos publicados en revistas, también por parte de su esposa y amigos, que deseaban relatos más ligeros y amables. Se acabó publicando poco después de su muerte. Da bastante idea de la mente imparcial y objetiva del autor el hecho de que no hiciera ningún elogio del colonialismo, que hablara de la dulzura y amabilidad de los indígenas sin dejar de subrayar la brutalidad del canibalismo.

Stevenson, un hombre que deseaba comprender, señala cómo «me encontraba muy lejos de la sombra que proyecta todavía el Imperio Romano, cuyos edificios ruinosos dominaron nuestras cunas, cuyas letras y leyes aún persisten, nos obligan y nos refrenan». Dice también que «los que gustan de hablar mal de las misiones, tanto si son católicas como protestantes, no encontrarán en mis páginas nada que les complazca. Los misioneros católicos y protestantes, a pesar de todas sus imperfecciones, de su falta de candor, buen humor y sentido común, siguen siendo los blancos más útiles y los mejores del Pacífico». Igual que también apunta que prefiere la declaración de un nativo inteligente a cualquier narración de un viajero occidental…

Luego, en un libro titulado Viajes por Hawai hay varios artículos titulados Las ocho islas, algunos de los cuales están en el libro anterior, y 22 cartas personales, de Stevenson y de su mujer, escritas desde allí a distintas personas. Los artículos, que se publicaron en el Sun, de Nueva York, en 1891, se titulan «La costa de Kona», «Una carrera por el bosque», «La ciudad de refugio», «Ka’ahumanu», «Los leprosos de Kona», «El lazareto», «El lazareto (continuación)», «El lazareto hoy día», «La isla libre», «Otro Molokai». Las cartas, que se publicaron por primera vez en 1911, son variadas: unas dan idea de las dificultades que pasaron y de las satisfacciones que tuvieron; otras hablan de algunos libros que estaba escribiendo Stevenson entonces; pero, sobre todo, entre ellas está la famosa carta titulada «Al reverendo doctor Hyde». Esta es una defensa cerrada del trabajo del Padre Damián entre los leprosos de Molokai y un ataque furibundo a la hipocresía del pastor protestante C. M. Hyde, que había escrito una carta difamatoria contra Damián.

Robert Louis Stevenson. En los mares del Sur (In the South Seas, 1896). Barcelona: Ediciones B, 1999; 406 pp.; col. Biblioteca Grandes Viajeros; trad. de Agustín Esclasans; prólogo de Horacio Vázquez Rial; ISBN: 84-406-9247-1.
Robert Louis Stevenson. Viajes por Hawai (1891 y 1911). Barcelona: Abraxas, 2001; 157 pp.; col. Milenio; trad. de Miguel Giménez Saurina; ISBN: 978-84-95536-30-7.


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viernes, 24 de abril de 2015

Los amigos, de Kazumi Yumoto, fue un relato compuesto por la escritora para llegar a ser una película, como efectivamente lo fue. Está un poco basado en lo que ella vivió cuando murió su abuelo, como cuenta en el epílogo. Su argumento es que tres chicos japoneses de unos doce años se plantean que nunca han visto morir a alguien y que no saben nada de qué pasa cuando uno se muere. Con ese motivo, hacen un plan para espiar a un viejo que les parece que no tardará en morirse. Pero el viejo se da cuenta: entabla trato con ellos y el caso que le hacen le da nuevos ánimos.

Están bien dibujadas las personalidades de cada chico: el narrador, Kiyama, sensato y responsable; Kawabe, nervioso e impulsivo, enfadado por su situación familiar; y el gordo Yamashita, tranquilo y algo apático. Todo sucede de modo calmado, con muchos diálogos. Dentro de las peculiaridades del ambiente local que se refleja, las situaciones son normales y, a veces, resultan divertidas: se presentan bien bastantes reacciones propias de chicos. Es verosímil cómo los protagonistas aprenden, refuerzan su amistad, y maduran.

No es que las reflexiones sobre la muerte que hacen los chicos vayan muy lejos pero tienen interés. Así, recuerda Kiyama, «un tío mío me dijo hace mucho, mucho tiempo que morirse es dejar de respirar. En aquel momento, le creí. Pero ahora sé que no es verdad. Vivir es algo más que respirar. Y morir tiene que ser algo más que respirar, supongo». También Kawabe apunta en una ocasión: «si lo pensamos bien, es un milagro que sigamos vivos». Y Yamashita señala que si un amigo tuyo muere cuida de ti desde el más allá… y eso es como si fueras invencible.

Kazumi Yumoto. Los amigos (Natsu no Niwa, 1992). Madrid: Nocturna, 2015; 211 pp.; trad. de José Pazó Espinosa; ISBN: 978-84-943354-1-9. [Vista del libro en amazon.es]

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jueves, 23 de abril de 2015

Se ha publicado una nueva edición de La prisión blanca con el título de Endurance. El Legendario Viaje De Shackleton Al Polo Sur.

También, unos meses antes, se publicó El viaje de Shackleton, de William Grill, un relato de los mismos sucesos pero construido como una novela gráfica o como un gran álbum ilustrado informativo. Esta edición ha sido elogiada, con razón, por la calidad y atractivo de sus imágenes preparadas con lápices de colores —que a veces son ilustraciones pictóricas de gran formato y a veces son dibujos minuciosos—, y por la buena organización y presentación de la mucha información que contiene, en la que no faltan diagramas, inventarios, listas…, etc. Un libro magnífico del que aquí hay un comentario algo más largo.

William Grill. El viaje de Shackleton (Shackleton's Journey, 2014). Madrid: Impedimenta, 2014; 76 pp.; trad. de Pilar Adón; col. El chico amarillo; ISBN: 978-8415979326. [Vista del libro en amazon.es]

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