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viernes, 27 de marzo de 2015

Las nieves azules,
de Piotr Bednarski, es una reconstrucción novelada de la infancia del autor, judío polaco deportado a un pueblo de Siberia cuando era un niño, poco tiempo después de comenzar la segunda Guerra Mundial. Las cosas se cuentan con una voz de adulto que recuerda, pero que también intenta reproducir la mirada del niño de unos diez años que tenía entonces. Se suceden capítulos cortos, dedicados cada uno a un incidente o a un personaje: alguno de sus compañeros de escuela; los distintos pretendientes o perseguidores de su madre, Bella; los vigilantes y guardianes del Partido que se van renovando…

Abundan los momentos duros: denuncias injustas, deportaciones, asesinatos, suicidios… El padre del protagonista reaparece brevemente pero, debido a una pelea, es enviado casi de inmediato a Kolymá, «el auténtico corazón del comunismo» según un personaje. Cuando esto pasa el narrador dice: «no lograba comprender el infierno en el que se hallaba mi padre. Entre otras cosas, se me pasó por la cabeza que Dios le arrendó al diablo tanto la tierra como a nosotros». Sin embargo, el tono es estimulante pues tanto el pequeño Petia como su madre intentan vivir con intensidad el presente: «no existía el ayer, tampoco existía el mañana: estaba sólo el triste y repugnante presente soviético al cual había que sobrevivir con una sonrisa para poder ser lo que éramos: seres humanos».

Pero, sobre todo, el poso de la novela se basa en que los protagonistas tienen una fe que les sostiene, por más que a veces parezca confusa. La lectura de los Evangelios le hace descubrir a Petia que «nosotros, los deportados, éramos dichosos; que, en el mundo, la mayoría de las personas pertenecen a Dios cuando sufren hambre, frío y persecución». Más adelante, un chico coreano, budista, afirma que «los comunistas no saben perdonar porque han desterrado la oración de sus vidas. Y quien reniega de la oración sólo sabe destruir y contaminar. Mi padre solía decirlo y yo lo creo». Luego, a quien le amenaza, le dice: «Me darás una paliza como mucho. Nunca podrás conmigo porque sé rezar». Y, después de recibir una paliza, replica: «¿Qué, te rindes? Ya te dije que no podrías conmigo, porque yo rezo a diario. Y tú no me creíste».

Piotr Bednarski. Las nieves azules (Błękitne śniegi, 1996). Barcelona: Malpaso, 2014; 144 pp.; trad. de Amelia Serraller; ISBN: 9788415996224. [Vista del libro en amazon.es]

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jueves, 26 de marzo de 2015

Cosmicómic. El descubrimiento del Big Bang, del físico Amedeo Balbi y el dibujante Rossano Piccioni, es una cuidadosa narración histórica en cómic de línea clara.

El primer narrador es Arno Penzias, que comienza por hablar de sus trabajos con Robert Wilson, en 1964. Desde ahí, se regresa varias veces al pasado para recapitular la historia de la investigación que tenían entre manos, y van apareciendo Einstein, Hubble, Lemaître, Gamow, Hoyle, y muchos otros científicos, hasta el momento en que a Penzias y Wilson se les concede el Premio Nobel en 1978. El narrador termina señalando «la pregunta más difícil, ¿Qué había antes del Big Bang?»… y, como científico que es, la responde diciendo que no sabe e indicando que «en ciencia lo que cuenta es la evidencia. Y no tenemos suficientes. Por ahora». (Al leerlo pensé que, no muy científicamente, sólo considera un significado de la palabra «evidencia»).

Después de la narración hay tres apéndices de interés. El primero, unas breves biografías de todos los científicos mencionados. El segundo, unas notas finales señalando que el relato tiene «tres planos de realidad»: los conceptos científicos —donde se ha procurado el mayor rigor—, los personajes —donde se han intentado reconstruir personalidades y aportaciones—, y las licencias narrativas que se han tomado los autores en los detalles. El tercero, el «cómo hicimos Cosmicómic», con esbozos de algunas páginas y aspectos del storyboard e interesantes observaciones sobre la forma de trabajar conjunta de los autores.

Rossano Piccioni. Cosmicómic. El descubrimiento del Big Bang (Cosmicomic. Gli uomini che scoprirono il Big Bang, 2013). Texto de Amedeo Balbi. Barcelona: Salamandra, 2014; pp.; trad. de Julia Osuna Aguilar; ISBN: 978-84-16131-06-8. [Vista del libro en amazon.es]

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miércoles, 25 de marzo de 2015

Se acaba de publicar en castellano La señorita Susi, un antiguo relato de Miriam Young ilustrado por Arnold Lobel. Es una historia sencilla y amable sobre una hogareña ardilla gris a la que unas ruidosas ardillas rojas echan de su árbol y termina en una casa de muñecas. Allí se hace amiga de unos soldaditos de plomo que, al saber su historia, se ofrecen a volver con ella y echar a las ardillas rojas. Es un relato para pequeños que habla con ingenuidad, pero bien, de amabilidad y convivencia. Las características ilustraciones de Lobel le añaden encanto.

Miriam Young. La señorita Susi (Miss Suzy, 1964). Barcelona: Corimbo, 2014; 44 pp.; ilust. de Arnold Lobel; trad. de Macarena Salas; ISBN: 978-84-8470-506-2. [
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martes, 24 de marzo de 2015

A veces,
de Claudia Rueda, es un muy buen álbum que habla de las emociones oscilantes de una chica que crece y que podríamos poner en línea con, por ejemplo, Noche de tormenta o Espejo.

En todas las páginas derechas, detrás de un marco barroco ovalado típico, vemos trozos de espejo en los que se ve la cara de la misma niña, pero con distintos aspectos. Estos responden al breve texto que va en la página izquierda —«A veces te gusta lo ves», «y otras no quisieras abrir los ojos», por ejemplo— y se reflejan, por supuesto en las caras de la chica pero, también, en la posición o en algún rasgo del espejo —más pequeño o más grande, más fuera o más dentro del marco, arañado o más desvaído…—.

Es destacable la sencillez de la confección, tanto porque los textos son justos y en ellos no hay derivas poéticas que podrían sonar a falso, como por la misma composición de cada ilustración y de todo el álbum. Además, son excelentes las dos dobles páginas del desenlace.

Claudia Rueda. A veces (2012). Barcelona: Océano travesía, 2012; 36 pp.; ISBN: 978-84-494-4638-2. [Vista del libro en amazon.es]

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lunes, 23 de marzo de 2015

No he hecho los deberes porque…, con texto de Davide Cali e ilustraciones de Benjamin Chaud, es un álbum de los que hace sonreír. En la primera página la profesora le preguna al niño protagonista «¿por qué no has hecho los deberes?» y él se inventa distintas excusas de lo más fantasiosas. Las respuestas son breves —«unos enormes reptiles invadieron mi barrio», «nos quedamos sin leña, por lo que tuve que sacrificar mis cuadernos para calentarnos»…— y las imágenes humorísticas, ricas en detalles, muestran distintos escenarios y multitud de personajes de todo tipo. El final es simpático y satisfactorio para... los profesores.

Benjamin Chaud. No he hecho los deberes porque… (I Didn’t Do My Homework Because…, 2014). Texto de Davide Cali. Madrid: NubeOcho: Pepa Montano, 2014; 36 pp.; col. Nubeclásicos; trad. de Paz Gil Soto; ISBN: 978-84-942360-9-9. [Vista del libro en amazon.es]

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sábado, 21 de marzo de 2015

He puesto datos de nuevas ediciones de Carta al Rey, Patio de corredor, y, en un solo libro, de Libro de las maravillas y Cuentos de Tanglewood.

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viernes, 20 de marzo de 2015

La señorita Mackenzie,
de Anthony Trollope, es Margaret Mackenzie, una mujer que al principio el narrador presenta como poco atractiva pero que luego va mostrando de modo cada vez más favorable. A los 36 años recibe una gran herencia después de cuidar a su hermano Tom, enfermo durante mucho tiempo. Se plantea entonces dar un giro a su vida y, como Londres le parece una ciudad demasiado grande, decide trasladarse a Littlebath, donde entra en contacto con el reverendo Stumfold y su grupo de fieles seguidoras. Pero, dada su nueva situación, tiene varios pretendientes: su primo John Ball, hijo de un baronet, viudo con nueve hijos; el socio de su hermano, Samuel Rubb; un clérigo de Littlebath, el señor Maguire. Hacia la mitad de la novela también ocurre que surgen problemas con la herencia que había recibido.

A quien haya leído otras obras del autor no es necesario decirle que los temas son los típicos —el peso del dinero y de la diferencia de clases sociales en los enamoramientos y a la hora de concertar matrimonios—, y que los rasgos constructivos son iguales a los de sus demás relatos —excelente y pausada narración, intromisiones continuas del narrador dando su opinión, nombres significativos como el del lento abogado Slow, aparición de personajes de otras novelas del autor, etc.—. Y, como siempre, lo que tiene mucho interés es lo bien que se pone de manifiesto el mundo interior de una heroína —dudas, vacilaciones, temores…— que va ganando aplomo según las circunstancias la obligan.

Hay que decir, también, que algunos contrincantes a los que la señorita Mackenzie ha de hacer frente son dialécticamente formidables. Cuando la señora Stumfold la visita, se nos dice que «la señorita Mackenzie pensó que probablemente podría obedecer al hombre de iglesia, pero sin duda se rebelaría contra la mujer de iglesia». Y, sobre todo, la madre de su primo John, lady Ball: «Hay mujeres, de alto abolengo pero de escasa fortuna, dotadas hasta tal punto de esta gracia específica para la aristocracia, que demuestran con cada palabra, con cada paso, con cada movimiento de cabeza que se encuentran entre las grandes de este mundo y que el dinero no tiene nada que ver con ello. La anciana lady Ball no gozaba de este don ni podía pretenderlo». Pero eso no le impide, ni mucho menos, ser de un agresivo que asusta.

Al igual que en El Custodio, también en esta novela estalla una polémica en la prensa con ocasión de una carta que manda el señor Maguire a un periódico local: «El periódico en cuestión no era un diario malvado, ni los editores tenían gran interés en publicar intencionadamente noticias calumniosas o malvadas; pero estaban sujetos a esas grandes tentaciones que asolan a los periódicos de su clase y que parecen particularmente difíciles de evitar en referencia a los asuntos religiosos».

Anthony Trollope. La señorita Mackenzie (Miss Mackenzie, 1864). Morcín (Asturias): dÉpoca, 2014; 468 pp.; col. Biblioteca Trollope; trad. de Rosa Sahuquillo y Susana González; prólogo de Sarah Manzano; ISBN: 978-84-938972-7-7. [Vista del libro en amazon.es]

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jueves, 19 de marzo de 2015

Un mundo maravillástico, de Shannon Hale, es el tercer libro de la serie Ever After High y parece ser el último que firma la autora. Es tan brillante como los anteriores, El libro del destino y Destino real, espíritu rebelde, y en algunos aspectos más, pero resultará demasiado sofisticado literariamente para muchos paladares y, una vez más, muy sorprendente para quien se fie de la cubierta.

Esta vez gana todo el protagonismo Maddie Hatter, el mejor personaje de las novelas previas. Todo comienza cuando el Galimatazo está intentando transformar mágicamente el País de Siempre Jamás para convertirlo en el País de las Maravillas, con lo que todo se caotiza y los únicos personajes a los que no les afectan sus hechizos son las «maravillanas»: Maddie, Lizzie (hija de la Reina de Corazones), y Kitty (hija del Gato de Cheshire). Ellas tres, junto con Cedar Wood (hija de Pinocho), que deja de ser de madera para ser de carne, son las que deben arreglar los entuertos. Los líos son muchos e indescriptibles: la misma Kitty dice que todo «es un confuso batiburrillo entre lo maravillano y lo siemprejamasino».

Para conectar bien con la historia es necesario conocer bien las dos novelas de Alicia y las demás narraciones a las que se alude, igual que tener la capacidad de disfrutar de bromas relacionadas con la técnica narrativa. Esto tiene que ver con que, cuando el narrador se ve afectado por la magia que invade el país de Siempre Jamás, y puesto que Maddie puede oírle y está siendo testigo de todo, ella se hace cargo del puesto de narrador. Lo que ocurre es que, al principio, no cumple bien las reglas propias del narrador y se arma líos… Por ejemplo: «Maddie rebuscó en su Sombrero de las Mil Cosas. Qué útil, ¿verdad?, llevar siempre un sombrero de las Mil Cosas. Se preguntó por qué no tenía uno todo el mundo. Luego se regañó a sí misma por preguntarse cosas que no tenían nada que ver con el cuento que estaba narrando. ¡Los Narradores no hacen eso! ¡Vuelve al cuento, Maddie!»

Además, hay un momento en el que las protagonistas deben separarse, por lo que la única forma de contar lo que les pasa es que haya un nuevo narrador: «¡”Mostrar, no contar” es un capítulo entero del libro de narración! Y yo no puedo narrar lo que hace Cedar e ir con Lizzie —dijo Maddie», así que nombran a Kitty narradora de emergencia sustituta de la Narradora de emergencia, lo que causa más líos aún. Quien conozca previamente a la madre de Lizzie y su afición a las cartas…, verá que Lizzie también es una gran creación como personaje. Por supuesto, el tema de fondo continúa saliendo una y otra vez: «Rebeldes, Reales, bla, bla, bla —dijo Kitty mirándose las uñas—. Si no te importa dónde vayas a terminar, no importa qué camino tomes», frase que, igual que otras suyas, hacen pensar en su padre...

Y magnífica traducción.

Shannon Hale. Un mundo maravillástico (Ever After High. A Wonderlandiful World, 2014). Madrid: Alfaguara, 2014; 358 pp.; trad. de Sara Cano Fernández; ISBN: 978-84-204-1774-5. [Vista del libro en amazon.es]

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miércoles, 18 de marzo de 2015

Es una gran noticia que llegue al mercado español Juana de Arco, uno de los primeros álbumes ilustrados importantes en la historia, que firmó Louis-Maurice Boutet de Monvel. En el prólogo que Thule me pidió hablo de las razones de su valor. Entre otras, que las ilustraciones —que recuerdan la pintura prerrafaelita y tienen algo de renacentistas— son de una categoría excepcional, y que su autor estudió cuidadosamente la forma de que las dificultades técnicas de la impresión en color, propias de la época, no les restaran calidad. La edición de Thule, además, es magnífica. En la página de la editorial hay algunas ilustraciones.

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martes, 17 de marzo de 2015

Me he dado cuenta recientemente de que no había hablado aquí de Quién teme al libro feroz, de Lauren Child. Su protagonista, conocido de otros álbumes de la autora, es Olmo, que se duerme y, en su sueño, se mezclan Ricitos de Oro y Cenicienta. Pero, como había pintarrajeado los cuentos cuando los leyó, ahora los personajes aparecen con bigotes pintados con bolígrafo... y acaba metido en líos. El álbum, sobre temores y lecturas, hará sonreír a los lectores familiarizados con los cuentos a los que alude la narración…, y que no sean perezosos para leer el mucho texto que aparece al revés. Es interesante también, por ciertos rasgos de humor posmoderno típicos: el personaje interactúa con el medio —el propio álbum—, como cuando en el papel hay un agujero físico por el que Olmo se mete para escaparse y aparecer en la página siguiente; abundan las bromas metafictivas, por ejemplo cuando se nos dice que, como el ilustrador dibujó alto el pomo de la puerta, Olmo tiene dificultades para llegar a él…

Lauren Child. Quién teme al libro feroz (Who´s Afraid of the Big Bad Book?, 2002). Barcelona: Serres, 2003; 32 pp.; adaptación de Miguel Angel Mendo; ISBN: 84-8488-075-3.

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lunes, 16 de marzo de 2015

Hay relatos que sirven para entender la importancia de recibir un empujón oportuno a tiempo como, por ejemplo, El punto, de Peter Reynolds. Otro, que no había puesto aquí todavía, y que no está editado en España, es Once Upon an Ordinary School Day, con ilustraciones de Satoshi Kitamura y texto de Colin McNaughton. Trata sobre un niño que va a la escuela y lo ve todo en tonos apagados. Pero, cuando el profesor de música, Mr. Gee, entra en clase con un fonógrafo, la imaginación del niño se llena de sueños y de color. Además, el profesor les dice que pongan por escrito lo que la música les sugiere.

La historia es sencilla pero, también por eso, habla bien de la capacidad transformadora de la música y, más en general, del poder de un buen profesor para enriquecer la vida de sus alumnos. La maestría del ilustrador para los relatos que cambian del plano real al imaginativo del niño se pone aquí de manifiesto una vez más.

Una observación más: todos entendemos lo que un relato así quiere decir..., pero me pregunto si, para muchos, no será engañoso presentarles con brillantez y colorido los sueños frente a una realidad ordinaria que se ve gris y aburrida, cuando lo propio del sueño es el despertar y la decepción mientras que la realidad es lo que deberíamos aprender a ver como brillante y llena de oportunidades.

Satoshi Kitamura. Once Upon an Ordinary School Day (2005). Texto de Colin MacNaughton. Andersen, 2005; 32 pp.; ISBN: 978-1842704691. [Vista del libro en amazon.es]

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domingo, 15 de marzo de 2015

En Historia mínima del siglo XX John Lukacs dice:

«En los extremos del espectro político-ideológico podemos, pues, detectar la presencia del miedo en la izquierda radical y la presencia del odio en la derecha radical. Aunque esto no está limitado a los creyentes de ambos extremismos. Hay compañeros de viaje de la izquierda, pero también los hay de la derecha, y estos últimos han sustituido su miedo por la sensación agradable de verse admitidos entre los nacionalistas. Estas no son categorías sino tendencias. Pero tampoco son inclinaciones que puedan atribuirse únicamente a la atracción de las ideologías políticas. Son características humanas y por lo tanto complejas, son inclinaciones y potencialidades que no están fijas ni determinadas. No pueden explicarse mediante definiciones como “la personalidad autoritaria” o “la tentación totalitaria”.
Los hombres y las mujeres no tienen ideas. Las eligen».

Y en Últimas voluntades dice:

«Cada ser humano ve el mundo desde su perspectiva particular. Esto es algo inevitable, sí: pero no determinante. Nosotros no sólo elegimos qué y cómo pensamos, sino también qué y cómo vemos. Según el subjetivismo, yo sólo puedo pensar y ver de una manera: la mía; y alguien diferente solo podrá de otra: la suya. Lo cual es falso, puesto que pensar y ver son actos creativos: parten de dentro, no de fuera. Por esta razón, no sólo somos responsables de cómo y qué hacemos o decimos, sino también de cómo y qué pensamos y vemos. (O de lo que queremos pensar y de lo que queremos ver)».

John Lukacs. Historia mínima del siglo XX (A Short Story of the Twentieth Century, 2013). Madrid: Turner, 2014; 267 pp.; col. Historias mínimas; trad. de José Antonio Montano; ISBN: 978-84-15832-27-0. [Vista del libro en amazon.es]
John Lukacs. Últimas voluntades. Memorias de un historiador (Last Rites, 2009). Madrid: Turner, 2013; 199 pp.; trad. de José Antonio Montano; ISBN: 978-84-7506-728-5. [Vista del libro en amazon.es]

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sábado, 14 de marzo de 2015

He puesto datos de nuevas ediciones de La cabina mágica, Una vida mágica y Kokoro.

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viernes, 13 de marzo de 2015

La señora Mike, una novela escrita por el matrimonio Nancy y Benedict Freedman, está basada en el relato que hizo a los autores una mujer como la protagonista. Se sitúa en Canadá, a comienzos del siglo XX. La joven Kathy O’Fallon, de dieciséis años, es enviada por su madre desde Boston a pasar unos meses con su tío John en Calgary. Una vez allí, se casa con Mike Flannigan, policía montada, y se va con él a puestos avanzados al norte de la Columbia Británica y de Alberta. Allí aprende poco a poco a sobrellevar las dificultades del clima y la naturaleza, y a convivir con indios y tramperos.

La novela se lee con agrado: la narradora y protagonista es animosa y su marido es un hombre con gran cantidad de recursos. Son muchos los episodios que se suceden y hay otros relatos embutidos en la narración. Por un lado, la narración tiene un tono propio de las novelas de aventuras en el Oeste y más amable, que, por ejemplo, relatos como los de Jack London, pero, por otro, es también un relato de vida cotidiana en condiciones de dureza extrema: son muchas las desgracias que suceden alrededor del matrimonio Flannigan y que, avanzada la historia, también terminan afectándoles a ellos. Un buen prólogo explicativo da unos datos de los autores y explica el valor de su novela.

Nancy y Benedict Freedman. La señora Mike (Mrs. Mike, 1947). Madrid: Palabra, 2014; 430 pp.; col. Roman; trad. de José García Díaz, revisada por José Francisco Peña; prólogo de Francisco José Peña; ISBN: 978-84-9061-147-0. [Vista del libro en amazon.es]


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jueves, 12 de marzo de 2015

Se acaba de publicar una nueva edición de Fantastes, una obra de George MacDonald de la que hablé ya en Atisbos de lo invisible. Como dije allí, su protagonista y narrador es un joven de veintiún años, llamado Anodos («sin senderos») al que conducen al País de las Hadas, donde realiza un viaje mágico en el que le ocurren muchas cosas, e incluso muere, para despertar más adelante. Al comienzo de su relato el narrador indica que ofrece una ventana desde la que contemplar un mundo enorme: la intención del autor es hacer pensar en un mundo invisible más allá del mundo visible.

Esta edición contiene un prólogo de C. S. Lewis en el que indica que lo que le fascinó en las obras de MacDonald fue que lograba reflejar «la cualidad del universo real, la realidad divina, mágica, terrorífica y extasiante en la que todos habitamos». Hay que añadir, sin embargo, que si resulta fácil comprender que obras como La princesa y los trasgos dejaran mucha huella en niños como fueron Chesterton o Tolkien, es más difícil entender cómo una obra (que ahora nos parece tan exageradamente romántica) como Fantastes pudo tener tanto impacto en Lewis como para moverle a su conversión.

Sea como sea, Lewis pone de manifiesto las carencias literarias y los méritos de MacDonald como creador de relatos de fantasía que oscilan entre la alegoría y la mitopoiesis: es decir, relatos que funcionan como mitos, en los cuales no importan tanto los recursos literarios como la simple sucesión de acontecimientos que componen su argumento. Esta clase de relatos, dice C. S. Lewis, nos tocan en un nivel más profundo que el de nuestros pensamientos y nuestras pasiones y consiguen sacudirnos y hacernos sentir más despiertos que nunca.

George MacDonald. Fantastes (Phantastes, 1858). Girona: Atalanta, 2014; 271 pp.; trad. de Juan José Llanos; prólogo de C. S. Lewis; ISBN: 978-84-942276-4-6. [Vsita del libro en amazon.es]

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miércoles, 11 de marzo de 2015

Al leer el álbum que cité ayer, cuyo argumento se centra en un agujero, recordé un divertido libro de hace años: El vendedor de agujeros, de Miguel Ángel Mendo..., y un relato previo de Pere Calders titulado Accidente laboral (contenido en Todo se aprovecha).., también sobre un vendedor de agujeros.

También, aunque sea cambiar de tercio, me vino a la cabeza el comentario del personaje de Cortázar, Johnny Carter, cuando dice que «no había más que fijarse un poco, sentirse un poco, callarse un poco, para descubrir los agujeros. En la puerta, en la cama: agujeros. En la mano, en el diario, en el tiempo, en el aire: todo lleno de agujeros, todo esponja, todo como un colador colándose a sí mismo...». En fin, que ya se ve que hay agujeros por todas partes.

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martes, 10 de marzo de 2015

Se podría hacer una selección de álbumes cuyo argumento gira en torno a un agujero físico, o a varios, en el libro, empezando por los clásicos álbumes de Peter Newell. y siguiendo por La oruguita glotona.

Uno que habría que incorporar a la lista es Agujero, del noruego Øyvind Torseter, una narración gráfica construida en torno al agujero que tienen todas las páginas: es un agujero en la pared del apartamento del protagonista pero, según cambia la perspectiva, el agujero va cambiando de posición y desempeñando un papel distinto en la narración. Hasta que el protagonista, harto de los líos que le causa, lo atrapa y lo lleva a un taller...

El relato es gracioso y su principal interés está en lo que tiene la historia de desafío para el autor: construir un relato disparatado a partir del agujero en el centro de todas las páginas. Los dibujos son de línea y deudores de autores como Saul Steinberg o Tove Jansson, según confiesa el ilustrador. Tal vez la narración podría ser menos extensa y estar más estilizada pues, incluso dentro del humor surrrealista o disparatado que se le supone a un argumento así, no todas las escenas están igualmente conseguidas.

Øyvind Torseter. Agujero (Hullet, 2012). Albolote (Granada): Barbara Fiore, 2014; 60 pp.; trad. de Carmen Freixanet; ISBN: 978-84-15208-55-6. [
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lunes, 9 de marzo de 2015

Ruth Krauss preparó el sonoro texto de Osos en 1948 y entonces lo ilustró Phyllis Rowand. Muchos años después le puso imágenes Maurice Sendak que, como corresponde a su modo de hacer, buscó aportar más cosas con su interpretación gráfica. También, dado que hizo ese trabajo en la época final de su vida, añadió toques un tanto conflictivos para muchos lectores —un osito de peluche colgado justo al principio, un perro con un osito en la boca durante varias páginas, un personaje fumando…—. No es un relato con argumento, aunque el Max de Donde viven los monstruos recorre todas las páginas vestido con su traje de lobo, sino un poemita sonoro y bromista, que vale la pena conocer en inglés:

Bears, bears, bears, bears, bears
On the Stairs
Under chairs
Washing hairs
Giving stares
Collecting fares
Stepping in squares
Millionaires
Bears, bears, bears, bears, bears
everywhere.

Ruth Krauss (texto de 1948) y Maurice Sendak (ilustraciones de 2005). Osos (Bears). Pontevedra: Kalandraka, 2015; 24 pp.; col. Libros para soñar; trad. de Xosé Ballesteros y Silvia Pérez; ISBN: 978-84-8464-894-9. [Vista del libro en amazon.es]

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sábado, 7 de marzo de 2015

He puesto datos de nuevas ediciones de Un oso llamado Paddington, La aventura volante de Hodia y Tarzán de goma.

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viernes, 6 de marzo de 2015

Los relatos cortos sobre tipos gallegos singulares que firmó Alvaro Cunqueiro —los contenidos en Escuela de curanderos, Xente de aquí e de acolá, Os outros feirantes— son, aparte de muy divertidos, un claro antecedente de muchos relatos posteriores infantiles y juveniles. Su tono amable y bromista, escéptico y zumbón, entre lo costumbrista y lo fantasioso, hace difícil categorizarlos.

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jueves, 5 de marzo de 2015

Cress, de Marissa Meyer, la tercera entrega de las Crónicas Lunares después de Cinder y Scarlet, no será publicada en castellano, según se lee en la voz sobre la autora de Wikipedia. Supongo que la decisión cambiará si las películas correspondientes tienen éxito. Es una pena porque es una novela tan entretenida y hábil como las previas. Si Cinder estaba basada en Cenicienta y Scarlet en Caperucita Roja, Cress lo está en Rapunzel y, según se anuncia, la cuarta y última entrega lo estará en Blancanieves. De hecho, al final de esta novela ya sabemos quién será: la princesa Winter, una chica mentalmente inestable, cosa que no es de extrañar con una madrastra como Levana.

Cress, Crescent Moon, tiene dieciséis años y vive sola en un satélite que, desde hace años, es su prisión. Es una expertísima hacker y, por orden de su vigilante, la taumaturga Sybil Mira, ha de seguir el rastro de la nave Rampion, donde van los fugados Cinder, Scarlet, Thorne, Wolf... Pero Cress entra en contacto con ellos y acuerda que la rescaten, también porque está enamorada románticamente de Thorne (a quien no conoce pero cuya historia ha rastreado en la red concienzudamente). Pero, en la operación, Wolf es herido de gravedad, Scarlet es hecha prisionera por Mira, mientras la nave en la que iban Cress y Thorne acaba cayendo en el Sahara. Pero también Cinder, junto con un sorprendente guardián lunar que se cambia de bando, logra llegar con la Rampion al poblado de África donde está el único que puede salvar a Wolf: su viejo conocido el doctor Erland. Entretanto, los preparativos para la boda de Levana con Kai continúan y Cinder piensa y planea cómo evitarla.

La historia está bien construida. Además, a diferencia de las distopías juveniles de los últimos tiempos, tan poco convincentes, tanto en general como en muchos pasos argumentales, las imposibilidades en esta trama se aceptan mejor gracias al punto de ingenuidad que le da la conexión, tan bien hecha, con los cuentos populares en los que se basa. En lo anterior está también la explicación de que los héroes que ocupan en cada relato el centro del escenario sean interesantes y significativamente distintos de los de las anteriores entregas. En este caso destaca Cress, cuya personalidad sigue bien el modelo de Rapunzel: es una chica soñadora y ansiosa, capaz de imaginarse toda clase de historias, y con muchos más recursos de los que ella misma supone cuando deja el mundo de pantallas y ordenadores en el que vivía y entra en contacto con la realidad. También aprende y madura Thorne, un tipo frívolo en las novelas previas, pero que aquí gana enteros gracias también a la ingenuidad y bondad de la heroína. De todos modos, la protagonista principal sigue siendo Cinder, que aquí adopta ya, decididamente, su papel de salvadora de la humanidad.

Marissa Meyer. Cress (2014). New York: Puffin, 2014; 560 pp.; The Lunar Chronicles; ISBN: 978-0141340159. Edición para Kindle, ASIN: B00G2SJQAO. [Vista del libro en amazon.es]

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miércoles, 4 de marzo de 2015

El nuevo álbum de Peter Sís titulado El piloto y el Principito, una biografía de Antoine Saint-Exupéry, tiene iguales méritos e iguales dificultades que otros álbumes informativos del autor: las ilustraciones son excelentes y la composición es rica; pero la confección no lo hace una buena lectura para cualquiera sino sólo para lectores sofisticados, sobre todo adultos, que también estén dispuestos a dejarse los ojos en los muchos tramos de letra pequeñita, y para entusiastas de Saint-Exupéry, por supuesto.

El texto básico que cuenta la historia discurre por la parte inferior de la página en letra grande y párrafos cortos que se corresponden con las grandes ilustraciones a doble página que los acompañan. Por un lado, en el fondo de esas ilustraciones hay mucha información gráfica —con alusiones y referencias que, lógicamente, no todos los lectores captarán igual—. Por otro, en el interior de algunas de esas ilustraciones hay imágenes o gráficos más pequeños con textos informativos o explicativos que van en letras de distintos tamaños.

Dos comentarios extensos son: este acerca de la obra de Sís y este acerca del álbum.

Peter Sís. El piloto y el Principito. La vida de Antoine de Saint-Exupéry (The Pilot and the Little Prince, 2014). Madrid: Sextopiso, 2014; 38 pp.; col. Sextopisoilustrado; trad. de Raquel Vicedo; ISBN: 978-84-15601-67-8. [Vista del libro en amazon.es]

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martes, 3 de marzo de 2015

Dos vistosos y estimulantes ¿libros?, ¿álbumes?, de conocimientos: La carrera espacial, de Tom Clohosy Cole, y Altos vuelos, de Golden Cosmos.

El primero es una explicación y presentación de los hitos de la carrera espacial entre los Estados Unidos y la URSS entre 1957 y 1975. El segundo es un panorama de la historia de la aviación, desde Ícaro a la época de los reactores. Ambos tienen la misma estructura: las pastas forman una carpeta que contiene toda la información —ordenada según los hitos históricos—, y en su interior hay un poster en forma de acordeón desplegable sin texto pero de lo más sugerente.

La mejor forma de hacerse cargo de cómo son estos libros tan singulares es echar un vistazo a las páginas correspondientes a los libros que han preparado sus autores: Tom Clohosy Cole y Golden Cosmos (firma de Daniel Dolz y Doris Freigofas). Y también recomiendo las excelentes reseñas de Paula Carbonell, de La carrera espacial y de Altos vuelos.

Tom Clohosy Cole. La carrera espacial (Space Race, 2012). Granada: Barbara Fiore, 2014; libro en acordeón que contiene un gran poster sin texto en su interior; trad. de Antonio Díaz Pérez; ISBN: 978-8415208563. [Vista del libro en amazon.es]
Golden Cosmos. Altos vuelos (High Times, 2012). Granada: Barbara Fiore, 2014; libro en acordeón que contiene un gran poster sin texto en su interior; trad. de Antonio Díaz; ISBN: 978-8415208570. [
Vista del libro en amazon.es]

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RaabOltenMama2.jpg
lunes, 2 de marzo de 2015

A los álbumes bedtime como A Child's Good Night Book o El gran bostezo, entre otros, se une ahora Mamá no puedo dormir, de Manuela Olten y Brigitte Raab, que también intenta inducir el sueño haciendo notar cómo duermen los animales. En este caso vemos cómo la madre intenta que la niña duerma explicándole cómo duermen los leopardos, las cigüeñas, los peces, los murciélagos, etc.

La estructura es perfecta para un álbum: doble página con una escena con la madre y la niña en la página izquierda y una representación de lo que cuenta la madre a la derecha, y una doble página consecutiva con la composición de lugar que se hace la niña y sus intentos patéticos para dormir… La disposición de los bloques de texto está bien integrada en la composición de las dobles páginas. La tipografía cambia según quien habla aunque no es un cambio muy perceptible. Los escenarios son divertidos y harán reír al lector.

Se puede poner como ejemplo, también, de las dificultades de comprensión que algunos pueden tener: la niña lo entiende todo literalmente, la madre no se da cuenta de los líos mentales que se arma la hija con sus comparaciones…

Manuela Olten. Mamá, no puedo dormir (Mama, ich kann nicht schlafen, 2011). Texto de Brigitte Raab. Barcelona: Takatuka, 2014; 30 pp.; trad. de Marisa Delgado; ISBN: 978-84-16003-20-4. [Vista del libro en amazon.es]

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LukacsHisMin.JPG
domingo, 1 de marzo de 2015

Historia mínima del siglo XX, de John Lukacs, es un relato intenso y condensado de lo sucedido en el mundo entre 1914 y 1989. Es un gran libro y una buena recomendación para conocer al autor y acercarse después a sus otras obras —El futuro de la historia, Cinco días en Londres, mayo de 1940, Junio de 1941. Hitler y Stalin, Sangre, sudor y lágrimas, Últimas voluntades—.

Al principio Lukacs aclara que su convicción es que «la historia consiste en palabras, incluso más que en “hechos”, porque los “hechos” resultan inseparables de sus formulaciones y estas son más que el envoltorio de los hechos; de que, para un historiador (como para todo hablante), el uso y la elección de cada palabra no es sólo una decisión estilística, sino también moral».

Más adelante también señala que, a la hora de pensar en cómo y por qué ocurrió y ocurre la historia, existe la creencia general de que la historia es un resultado de grandes factores materiales y económicos, y que los actos y los pensamientos de las personas son, en gran medida, consecuencias, pero que él no lo ve así: «lo que la gente pensaba (y piensa), lo que cree, lo que elige pensar, lo que prefiere creer: esto es lo que constituye la esencia principal de su vida. Las condiciones materiales y los deseos económicos suelen ser la consecuencia de todo esto, y no al revés».

John Lukacs. Historia mínima del siglo XX (A Short Story of the Twentieth Century, 2013). Madrid: Turner, 2014; 267 pp.; col. Historias mínimas; trad. de José Antonio Montano; ISBN: 978-84-15832-27-0. [Vista del libro en amazon.es]

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