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RELATOS PARA LECTORES DE UNOS NUEVE AÑOS


1880. Heidi, Joanna Spyri. La novela que abrió paso a todas las niñas huérfanas capaces de cambiarlo todo a su alrededor con su bondad y optimismo a prueba de bomba. Con esta historia cuajaron dos estereotipos que serán habituales en los libros infantiles: el de un abuelo sabio y el de una profesora rígida y odiosa.

1883. Pinocho, Carlo Collodi.
No es el primer relato sobre un muñeco que cobra vida — recuérdese, por ejemplo, El valiente soldadito de plomo de Andersen — pero tal vez sí el primero que, al hacerlo, se incorpora al mundo humano. Destacable por el comportamiento desobediente del protagonista y por el inalterable amor del padre hacia su hijo, un hilo argumental en el que resuena la parábola evangélica del hijo pródigo.

1898. El dragón perezoso, Kenneth Grahame. Cuando un dragón se instala en una cueva de las colinas, el hijo del pastor que lo encuentra se ocupa de charlar con él. Descubre que no tiene malas intenciones pero en el pueblo se ponen nerviosos y llaman a san Jorge para que acabe con él. El relato no se cuenta con el punto de vista de un chico sino con el de un adulto, lo que sugiere que los jóvenes son más capaces que los adultos de hacer frente a lo inesperado.

1899. Los buscadores de tesoros, Edith Nesbit. Relato cómico que cuenta los intentos de los huérfanos Bastable por recuperar la fortuna familiar perdida. Uno de los puntos fuertes de esta novela es la novedad de que su narrador sea, también, su principal protagonista y que, como se deduce de lo que cuenta, no sea del todo fiable.

1900. El maravilloso Mago de Oz, Frank Lyman Baum. Insólita presentación del sueño norteamericano. Un viaje fantasioso por mundos imaginarios, en este caso el país de Oz, donde manda un Mago embaucador cuya fortuna y poder se basan en el engaño, y donde la mayoría de las cosas se resuelven con la confianza en uno mismo.

1924. Bambi, Felix Salten. Relato sobre un pequeño cervatillo conocido universalmente por la película de Disney. El libro no es una historia tierna sino una exposición, a veces dramática, del dolor y la perplejidad que, tantas veces, van unidos con el crecimiento. (En relación a este libro son muy interesantes y originales estas observaciones)

1947. Cocorí, Joaquín Gutiérrez Mangel. Relato escrito con una cautivadora prosa musical y colorista. Su protagonista es un chico negro que atraviesa la selva costarricense, acompañado por un pequeño mono travieso y turbulento, preguntando a hombres y animales por qué la belleza de una rosa muere tan pronto.

1952–1982. LOS INCURSORES, Mary Norton. Serie de cinco libros cuyos héroes son personajillos de pocos centímetros de altura, que conviven con los hombres pero lo hacen escondidos en distintos lugares — bajo el suelo, debajo de las alfombras, detrás de los cuadros, etc. — , y que llaman «incursionar» a lo que los hombres llaman robar. La serie mejora de secuela en secuela pues Norton elabora cuidadosamente su narración, apoyándola en varios enfoques deficientes, con lo que logra dar al relato más verosimilitud y añadirle un elemento de interés: además de querer saber qué ocurre con la familia protagonista, el lector también acaba deseando averiguar cómo hemos llegado a conocer su historia. Las traducciones al castellano, aunque tienen calidad, no logran transmitir las muchas sugerencias que contienen las palabras y expresiones originales, empezando por la inexacta correspondencia entre «borrowers» e «incursores».

1952. Tony y la puerta maravillosa, Howard Fast. Relato que recrea el pasado de Nueva York y enseña de paso el valor de los museos. En 1930, un chico logra viajar en el tiempo a través de la puerta de un patio, pero los adultos, que tan fácilmente olvidan que han sido niños, no le creen, y Tony tendrá que aportar una prueba.

1962. Zapatos de fuego y Sandalias de viento, Ursula Wölfel. Tim, un niño gordo y pobre, se siente rechazado por sus compañeros. Hasta que su padre decide hacerle un regalo especial el día de su cumpleaños: unos zapatos rojos, una mochila…, y un viaje juntos. Buena y amable narración sobre la importancia de que los padres sepan escuchar y dedicar tiempo a su hijo, y que se puede unir a otras acerca del valor curativo de las historias.

1966. Dailan Kifki, María Elena Walsh. Un viaje caótico en el que no importa tanto seguir el argumento como dejarse llevar al paso que marca una narradora de lo más persuasiva. El protagonista es un elefante, Dailan Kifki, que se presenta un día en la casa de la narradora con una nota en la que se dice que su dueño le ha dejado y se le pide que lo alimente y lo cuide. A partir de ahí comienza una persecución frenética.

1968. El ratón Manx, Paul Gallico. Un ratón de cerámica fabricado por un artesano en un momento de gran agitación es azul, tiene orejas de conejo, patas de canguro, y no tiene cola. Una noche cobra vida, sale de casa, y algunos personajes le anuncian el terrible destino que le aguarda cuando encuentre al gato Manx. Con buen humor, la narración habla del descubrimiento de la vida, la búsqueda de la propia identidad, etc.

1969. Mona Minim, Janet Frame. De modo reflexivo se cuenta que una hormiga doméstica llamada Mona Minim sale por primera vez de su nido y acaba cayendo por un agujero hasta donde viven las hormigas de jardín. Después de sus peripecias, Mona vuelve a su hogar del principio, ya convertida en una hormiga mayor y sabia.

1980. Las manos en el agua, Carlos Murciano. Mudy, de ocho años, vive unos meses en la casa de su abuela y allí conoce a un leñador que le regala una piña de plata con poderes mágicos. Con ella Mudy podrá entrar en el río, al meter las manos en el agua, igual que cuando uno descorre una cortina. Relato poético acerca del poder curativo de la fantasía.

1980. Veva, Carmen Kurtz. Veva es un bebé que puede hablar y manipular los sentimientos y las reacciones de toda su familia. Relato que muestra, con divertidos acentos de fantasía, las realidades familiares ordinarias.

1982. Celestino y el tren, Magolo Cárdenas. Un chico de diez años, Pablo, va con su padre a México D.F., y llevan a Celestino, su burro azul. El mismo lo cuenta y explica cómo, en el camino, les asaltaron y tuvo que ir a la ciudad él solo. Pablo sabe transmitir al lector sus sentimientos: apego a Celestino, ilusión al comenzar a ser arriero, orgullo ante las cualidades de su padre, asombro en la ciudad, sentido de responsabilidad cuando el encargo queda en sus manos…

1985–2001. Sarah, sencilla y alta, Como una alondra, Caleb, Patricia Maclachlan. Tres relatos cortos consecutivos sobre una familia de granjeros norteamericanos en el siglo pasado, cuyo núcleo emocional está en las reacciones que provoca en los chicos, Anna y Caleb, que no llegó a conocer a su madre, el nuevo matrimonio del padre, viudo, con una mujer de otro estado. El pulido estilo lacónico de la autora, a base de frases cortas y precisas, va dejando aflorar de modo muy natural, los sentimientos que se anudan en las relaciones familiares y que brotan con motivo de las dificultades de comprensión y aceptación de nuevas o viejas circunstancias.

1998. Tobías y el ángel, Susanna Tamaro. Una niña de ocho años, cuyos padres están siempre peleándose, se refugia en su sensato abuelo, que inventa un juego en el que Martina se llama Tobías. Cuando un día su abuelo no viene, y sus padres discuten y se marchan, Martina también se va de casa. En su periplo dialoga con distintos seres y, además, se le aparece su ángel de la guarda. Obra bien estructurada, con excelentes momentos, aciertos expresivos, ramalazos de buen humor, y reflexiones certeras.

2000. Pocapena, Alicia Yánez Cossio. El protagonista es un niño indígena ecuatoriano que acaba yendo a una escuela de la ciudad donde choca con profesores y compañeros, tiene dificultades para coger el ritmo, se niega en redondo a cambiar de vestido y a cortarse la trenza… Relato diferente a los de otros entornos, escrito con agilidad propia de buen narrador oral, con localismos que le dan precisión y un sabor propio, y un personaje principal bien perfilado.

2006–2010. TOM TRUEHEART, Ian Beck. Tres libros. La familia Trueheart, compuesta por la madre y siete hermanos, pues el padre desapareció hace tiempo en una misión, es la última de las grandes familias aventureras. Todos los hermanos son aventureros profesionales menos Tom, el pequeño, a punto de cumplir doce años. En el primer libro, Tom entra en el País de las Historias Fantásticas para que sus hermanos puedan finalizar sus aventuras. En el segundo ha de ir al País de las Historias Oscuras. En el tercero se adentra en el mundo de los Mitos y las Leyendas y Mitos. Relatos con buen humor y que entretejen muchos cuentos previos. Es certera la idea detrás de toda la historia: que un niño como Tom, en definitiva el lector, sea quien termine las historias y, al final, sea su principal protagonista. Mejor es leerlos por orden y conocer bastantes de las historias anteriores.

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