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RELATOS PARA LECTORES DE UNOS DIECISÉIS AÑOS


1844. El conde de Montecristo, Alexandre Dumas. Relato con una enorme intensidad que demuestra el talento de Dumas encajar cada elemento y cada diálogo, para enganchar al lector e inducirlo a leer de prisa. Es un fresco de la Francia de principios del XIX y una historia de venganza sobre la que puede ser recordado el juicio de Stevenson: «no creo que en ningún otro volumen se respire esa atmósfera inconfundible de leyenda».

1844. Los tres mosqueteros, Alexandre Dumas. Tal vez la obra más popular del autor y sus ayudantes. Los cuatro mosqueteros, y no tres, deben arreglar un lío en el que se ha metido la reina. Merece la pena también la continuaciónVeinte años después, aunque los cuarentones mosqueteros empiezan a estar un poco desfondados, y su oponente ya no es el maquiavélico francés Richelieu sino el advenedizo italiano Mazarino: al primero el autor lo admira y al segundo lo desprecia.

1850. David Copperfield, Charles Dickens. Novela favorita del autor, parcialmente autobiográfica, que contiene multitud de personajes y está narrada en primera persona desde «Nazco» hasta «Última mirada retrospectiva», cuando David está felizmente situado en la vida.

1869–1875. Veinte mil leguas de viaje submarino y La isla misteriosa, Jules Verne. Novelas de anticipación que respiran una visión optimista de la ciencia. Presentan el que será un personaje-tipo: el Capitán Nemo, cuya historia se cuenta en ambas novelas. Si hay relatos que narran un aprendizaje otros, como los de Verne, incitan al aprendizaje: sus héroes, como el ingeniero Ciro Smith, son sabios y nos admiran a todos con sus disertaciones científicas y con sus conductas rectas e intachables.

1914. Platero y yo, Juan Ramón Jiménez. Narración con escaso argumento en la que el autor realiza evocaciones nostálgicas, apoyándose para ellas en la figura de un borrico. Son estampas realistas de la vida cotidiana donde no faltan el dolor y la muerte, pero todo líricamente transfigurado, que tienen un fondo autobiográfico.

1922. El capitán Blood, Rafael Sabatini. En el siglo XVIII, Blood es arrastrado a la venganza contra su voluntad, y acaba poniendo sus dotes para la lucha y el mando al frente de unos caballerosos piratas ingleses que combaten en el Caribe contra unos marinos españoles incompetentes; a la vez el argumento teje y desteje una historia de amor que hace dudar de la perspicacia del invencible Blood. El autor comunica un ritmo imparable a sus tramas y crea unos personajes cuyas réplicas merecen ser esculpidas en piedra.

1924. Beau Geste, P. C. Wren. Unos jóvenes ingleses que se alistan en la legión extranjera por motivos de honor acaban siendo conducidos a un cuartel infernal. Un arranque formidable introduce de lleno en un relato de generosidad y valentía que culmina en un enfrentamiento feroz con un malvado tan cruel como memorable.

1946. Crónicas marcianas, Ray Bradbury. Veintisiete relatos que superan los límites de la ciencia-ficción, si es que la ciencia-ficción tiene límites. El primero se titula «Enero 1999» y el último «Octubre 2026». Su tema, dice Borges, «es la conquista y colonización del planeta». En ellos «vencen los hombres y el autor no se alegra con su victoria». Todos ellos, en la conocida línea de las novelas que miran con preocupación el futuro de la sociedad, muestran por qué muchos piensan que Bradbury es, quizá, el autor con más proyección literaria dentro de la ciencia-ficción.

1949. Shane, Jack Schaefer. Novela elegida, en distintas votaciones, como la mejor novela del Oeste. Wyoming, 1889. A la granja de los Starret llega un desconocido misterioso que se queda a trabajar con ellos. Cuando el gran propietario de terrenos y ganados, su vecino Luke Fletcher, aumenta sus gestos intimidatorios contra los granjeros que no dejan paso libre a sus reses, Shane desempolva la pistola. Está conseguido el progresivo aumento de la tensión después de un comienzo calmado donde se presentan los personajes y el conflicto. Es un acierto pleno la elección del narrador y su forma de contar las cosas: la del adulto que recuerda lo que sucedió, cuando él era un niño y se sintió completamente fascinado por el recién llegado.

1951. Industrias y andanzas de Alfanhuí, Rafael Sánchez Ferlosio. Narración que podría ser encuadrada en lo que se dio en llamar «realismo mágico» por la libertad imaginativa con que su autor conjuga fantasía y realidad. El recorrido por distintos lugares de Castilla del extraño y fascinante Alfanhuí se sitúa en su conjunto lejos de los intereses normales de muchos lectores actuales pero, aún así, muchas escenas de su vida tienen el poder de causar un impacto inolvidable.

1954–1955. El Señor de los anillos, J. R. R. Tolkien. Obra cuyos protagonistas son el hobbit Frodo y los componentes de la Compañía del Anillo, sus amigos hobbits Sam y Pippin, el mago Gandalf, y representantes de los otros Pueblos Libres, Legolas por los Elfos, Gimli por los Enanos, Aragorn y Boromir por los Hombres. La misión de Frodo es llevar el anillo que consiguiera su tío Bilbo (como se cuenta en El hobbit) hasta la Torre Oscura, enclavada en los dominios del Enemigo, porque sólo allí puede ser destruido. La narración tiene todo el sabor de un antiguo relato épico, gran altura literaria y consistencia narrativa, unos caracteres coherentes y bien dibujados, un hilo argumental siempre tenso y magníficas descripciones ambientales.

1954. Cartas de Nicodemo, Jan Dobraczyński. El fariseo Nicodemo escribe cartas a un viejo amigo suyo. Con su particular visión de las cosas, al irle dando noticias de lo que ocurre en Israel, va relatando la vida de Jesucristo. Narración con el punto justo de realismo en el que se conjugan con acierto sobriedad y aliento poético. En boca del culto y perspicaz Nicodemo, el autor va poniendo en cada momento la reflexión oportuna. La reconstrucción imaginativa de «lo que falta» en el Nuevo Testamento, es respetuosa con la realidad histórica: Dobraczynski se ha metido en la piel y en la mente de su narrador, y ante la imposibilidad de abarcar lo que ve, se acerca a Jesucristo y a su doctrina como por aproximación.

1954, 1957, 1959, 1980. El Águila de la novena legión, El usurpador del Imperio, Los guardianes de la luz (o Aquila, el último romano en otra edición) y Los lobos de la frontera, Rosemary Sutcliff. Novelas ambientadas en la Inglaterra de los primeros siglos. Son relatos independientes pero ligados entre sí. Se desarrollan en los mismos escenarios pero la primera tiene lugar en el siglo II, la segunda un siglo después, la tercera ya en el siglo V, y la cuarta, escrita bastantes años después que las anteriores, en el siglo IV. Sus protagonistas pertenecen a la misma familia y hay elementos que dan continuidad y refuerzan el hilo que une las historias. Sutcliff, que veía similitudes entre nuestra época y la de la desintegración del Imperio Romano, demuestra un hondo conocimiento del mundo que recrea y unas notables dotes narrativas para conducir ágilmente la acción, construir unos diálogos precisos, y enriquecer con jugosos matices la personalidad de sus héroes. Además, Sutcliff es cuidadosa en su trabajo de reconstrucción del marco histórico. Son modélicas las escenas de batallas y la forma en que se transmite su violencia sin recrearse en la crudeza de las situaciones.

1968. Valor de ley, Charles Portis. Novela con una excepcional narradora y protagonista: Mattie Ross. Desde su ancianidad recuerda lo que vivió cuando tenía catorce años y contrató al más implacable de los comisarios federales, Rooster Cogburn, para que cazase al asesino de su padre. La reconstrucción ambiental es buena y el argumento es, en sí mismo, sencillo, pero tiene una extraordinaria introducción al conflicto, una magnífica presentación de los protagonistas, y unos diálogos excelentes. Además, Mattie es buena chica pero también sentenciosa, insolente, testaruda, con gran afición a citar textos bíblicos y un feroz deseo de venganza.

1970. El águila en la nieve, Wallace Breem. Año 406, el general Máximo defiende la frontera en el Rin. Cuando sus peores temores se cumplen, pues el río se hiela, ha de hacer frente a las tribus bárbaras que desean imperiosamente ocupar la Galia. Cuenta la historia el mismo Máximo, cuando ya es un anciano. La historia tiene tres apoyos principales: la personalidad de Máximo, la presentación del conflicto fronterizo, los aspectos relativos a las operaciones y movimientos militares. La narración es pormenorizada pero ágil. Con diálogos magníficos, logra transmitir los sentimientos crecientes de desesperanza y desmoronamiento del mundo conocido que tenían personas de la época. La batalla final es trágica e intensa.

1971. Krabat y el molino del diablo, Otfried Preussler. Siglo XVIII, Sajonia. Krabat, huérfano de catorce años, tiene un sueño después del cual acaba trabajando como aprendiz en un molino. Allí, a las órdenes de un extraño maestro, aprende Magia Negra. Después de que un misterioso canto navideño le llegase al corazón, Krabat hace un plan para liberarse del dominio del maestro. Novela estructurada en capítulos cortos, que avanza con rapidez y que tiene unas descripciones breves e intensas. El autor intentó reflejar el destino de una generación, como la suya, que se vio atrapada en unos engranajes sociales malvados.

1972. La colina de Watership, Richard Adams. Novela de aventuras y de aprendizaje, con mucho de sátira social también, que se desarrolla en un mundo conejil con sus leyes, sus costumbres, su mitología. Una colonia de conejos se traslada de vivienda y ha de hacer frente a dificultades, externas e internas, donde se ponen de manifiesto las cualidades y condiciones de sus miembros. Larga y algo barroca, es una novela bien escrita, ingeniosa, bien construida, con personajes atractivos, y un hilo argumental que mantiene interesado al lector.

1976. Montañas como islas, Forrest Carter. Años 30, durante la Ley Seca. Con cinco años y huérfano, Pequeño Árbol se va a vivir con sus abuelos cheroquis a los Montes Apalaches, Tennessee. Cuando ha pasado ya tiempo él mismo narra lo que sucedió hasta que cumplió siete años. El abuelo le enseñó a relacionarse con la naturaleza como los cheroquis; periódicamente sacaba libros de la biblioteca, un diccionario del que aprendía cinco palabras por semana, y otros que la abuela le leía cada noche… Libro popular por sus atractivos personajes y los acentos del narrador; por su fuerza como novela de aprendizaje y por el sentido crítico bienhumorado que respira.

1979. La historia interminable, Michael Ende. Bastián comienza la lectura de una historia en la que se anuncia la próxima desaparición del reino de Fantasía, a no ser que decida intervenir y unir sus fuerzas con las de Atreyu, el héroe que intenta salvar a la Emperatriz Infantil. Relato con una complejidad simbólica y descriptiva que lo pueden hacer fatigoso, en algunos tramos, para lectores menos avezados. Tiene, sin embargo, un arranque y un final notables, y supuso una eficaz innovación el recurso a la impresión en dos tintas para mostrar los dos planos en los que sucede la narración.

1979. Cinco panes de cebada, Lucía Baquedano. Muriel, 21 años, es una joven maestra en un pueblo del Pirineo navarro. Después de unas semanas de angustia, se integra en el pueblo, supera su pavor a las vacas, descubre generosidad oculta bajo capas superficiales de rudeza. Afianza su decisión de ser maestra, busca soluciones para las familias con dificultades para enviar a los chicos a la escuela, descubre a su futuro marido… El éxito sostenido de esta novela se debe, entre otras cosas, a que retrata muy bien tanto la evolución psicológica de la protagonista, como las luces y sombras de las personas del pueblo: gente sencilla y agradecida, pero también desconfiada y recelosa.

1980. Corazón kikuyu, Stefanie Zweig. Rico relato con una fuerte carga autobiográfica. Huidos de Alemania por ser judíos, una niña de seis años llamada Vivian y su padre viven en una granja, en Kenia. La narración abarca desde poco tiempo antes de la segunda Guerra Mundial hasta poco tiempo después de su término. En tercera persona, pero desde la mirada y los sentimientos de Vivian, se describen los escenarios y los sucesos de modo poético pero, a la vez, sobrio. Se presenta bien la evolución de Vivian que, al principio, piensa que su padre no entiende algunas cosas pero que, poco a poco, va comprendiéndolo mejor.

1994. El río y la fuente, Margaret Ogola. Relato que abarca cuatro generaciones en Kenia. Akoko Obanda, fallecida en 1973 con casi cien años, es la fuente del río. Viene después su hija Nyabera que, cuando se convierte al cristianismo, arrastra detrás a su madre. Su nieta Elizabeth se hace maestra y tiene siete hijos. La narración se centra entonces en los mayores: las gemelas Vera y Becky, los dos siguientes Aoro y Tony… Narración rica y fresca, llena de buen humor y de mucha información sobre costumbres y modos de vida. De modo positivo, pero sin ocultar la dureza de las vidas de sus personajes, se habla del papel de la mujer, de la influencia del cristianismo, de los cambios sociales que se han producido en el siglo XX…

2000. Vigo es Vivaldi, José Ramón Ayllón. Curso preuniversitario. En forma de diario, Borja Arregui habla de sus amigos, de su familia, de sus profesores, de sus aficiones, de su enamoramiento de Paula, una chica catalana recién llegada. Se suceden anécdotas a través de las cuales se habla de Platón, de Machado, de Neruda, de Bécquer..., y de autores y novelas recientes, y de canciones actuales con cuyas letras se revelan también los sentimientos. Relato muy bien escrito con un gran desenlace.

2009. Llora Jerusalén, Santiago Herraiz. Nora, una chica de dieciséis años que vive con sus abuelos en Jerusalén, comienza su narración cuando una compañera de clase se suicida en un atentado terrorista en el que mueren varias personas más. Pocos días después, en una celebración familiar a la que ha sido invitada por su amiga Fátima, Nora es testigo de cómo un primo de Fátima, Ahmed, un chico de pocos años, es alcanzado por una bala disparada por soldados israelíes. Relato que no da respiro al lector y que muestra las distintas caras del conflicto.

2012. La isla de Bowen, César Mallorquí. Novela deudora, en estilo y en contenidos, de varias novelas del pasado como, entre otras, La isla misteriosa, de Verne. En 1920, el profesor y explorador Ulises Zarco organiza una expedición para saber qué ocurrió con el asesinado el arqueólogo John Foggart. Al mismo tiempo, un empresario minero sin escrúpulos lo persigue por todas partes. Narración amena e intrigante. Se dan, de forma muy hábil, las explicaciones científico-técnicas necesarias en cada momento.

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