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ITERSON, Siny R. van
Escritora holandesa. 1919-. Nació en Curaçao, la isla mayor de las Antillas holandesas. A los dos años se fue a Holanda y durante la segunda Guerra Mundial volvió a Curaçao. En 1950 se trasladó a Bogotá, y allí escribió algunas novelas.

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Pulga, ayudante de camionero
(De Adjudant van de Vrachtwagen, 1967)
Barcelona: Juventud, 1982, 2ª ed.; 205 pp.; col. Juventud; ilust. de Horacio Elena; trad. de Mariano Orta Manzano; ISBN: 84-261-5623-1.
9 años: lectores niños.
Narrativa: Vida diaria.
Pulga es un pilluelo callejero de Bogotá. Vive con su abuela y tres hermanos más pequeños. Tiene 14 años pero no aparenta más que 10, por lo que unos ladrones le piden que se introduzca por un ventanuco de una casa para franquearles las puertas desde dentro. Pero su colaboración con ellos no continúa, porque Gilimón Naranjo, un camionero, se lo lleva como ayudante. Atraviesan toda Colombia realizando distintos transportes y, en ese tiempo, Pulga conoce a gente muy variada. En su camino se cruzarán amigos de Gilimón, pero también contrabandistas y salteadores. Involuntariamente, Pulga intervendrá para resolver un secuestro que llevan a cabo Sombra Negra y su banda.
Sin alcanzar niveles propios de relatos adultos, la autora muestra con realismo la sordidez y amargura de las vidas que retrata, pero siempre con simpatía y cordialidad hacia las gentes y la belleza de Colombia. Los sucesos que describe son en todo momento verosímiles: no recurre a las soluciones fáciles ni al engrandecimiento de su héroe. Pulga es un chico que «había visto bastante de la vida para no sorprenderse de nada», pero aún así se conmueve al conocer a una mujer buena como Mamá Maruja, de «rostro duro e inescrutable», pero «firme, temerosa de Dios e indomeñable». El trabajo despierta en Pulga la conciencia de la propia valía y, cuando le roban las zapatillas, «por primera vez en su vida, Pulga no podía resignarse a aceptar lo que le ocurría. Siempre había dejado que los acontecimientos siguieran su curso, sin resistirse, dispuesto siempre a someterse, siempre la víctima. Le parecía natural que tuviera que plegarse a las circunstancias según se iban presentando. Ahora, por primera vez, se rebelaba contra la suerte».

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