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LEBLANC, Maurice
Escritor francés. 1864-1941. Nació en Ruán. Estudió Derecho en París, a la vez que se dedicaba a escribir. Riguroso y metódico en el trabajo, muy deportista, publicó varios libros, hasta que, a los cuarenta años, creó al personaje que le daría fama: Arsenio Lupin. Murió en Perpignan.

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Arsenio Lupin, caballero ladrón
(Arsène Lupin, gentleman cambrioleur, 1907)
Madrid: Edhasa, 2005; 315 pp.; trad. de Lorenzo Garza; ISBN: 84-350-3562-X.
15 años: lectores jóvenes.
Narrativa: Intriga y misterio.
Primeras aventuras publicadas del personaje, un caballeroso ladrón de guante blanco: «La detención de Arsenio Lupin», «Arsenio Lupin en prisión», «La fuga de Arsenio Lupin», «El viajero misterioso», «El Collar de la Reina», «El siete de corazones», «La caja fuerte de la señora Imbert», «La perla negra», «Herlock Sholmes llega demasiado tarde». En la primera Lupin viaja en un trasantlántico, en el que conoce a la señorita Nelly, y aunque todos saben que va en el barco y le buscan, nadie logra desenmascarlo hasta que, al desembarcar, es detenido por su rival, y sin embargo admirador, el inspector Ganimard. En varias de las siguientes intercambiará con Ganimard toda clase de explicaciones sobre cómo fue capaz de actuar en situaciones imposibles. El narrador, al principio de «El siete de corazones», cuenta al lector cómo conoció a Lupin y se convirtió en su «muy humilde, muy fiel y muy reconocido historiógrafo». En «La caja fuerte de la señora Imbert» aún no era famoso y fue cuando inventó el nombre de Arsenio Lupin. En el último caso vuelve a coincidir con la señorita Nelly del principio.
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El tapón de cristal
(Le Bouchon de Cristal, 1912)
Madrid: Anaya, 1985, 3ª ed.; 287 pp.; col. Tus libros; trad. y notas de Joëlle Eyheramonno; apéndice de Juan José Millás; ISBN: 978-8475251097.
15 años: lectores jóvenes.
Narrativa: Intriga y misterio.
Arsenio Lupin busca un misterioso tapón de cristal y el significado de lo que contiene. A la vez, lucha por librar de la guillotina a un amigo suyo.
Los casos de Lupin tienen acentos folletinescos y, con frecuencia, un tono un poco melodramático. Todos los asuntos en los que se ve involucrado tienen un cierto aire de rompecabezas. Son, a primera vista, imposibles de resolver, pero Lupin lo logra porque es un maestro del disfraz, un atleta excepcional, tiene un pasmosa seguridad en sí mismo y la capacidad de poder imitar a la perfección la letra de cualquiera. La brillantez de sus actuaciones, así como el hecho de que robe a quien lo merece, y que nunca mate ni hiera, hacen que los periódicos y la gente no lo vean como un delincuente sino como un romántico atractivo. Todas sus hazañas tienen una explicación racional: su capacidad para la deducción y el análisis van unidos a una prodigiosa intuición. Por otro lado, no se plantea jamás huir ni siquiera en situaciones extremas como la que se le presenta en «La perla negra»: se dice a sí mismo que, «sí, otro huiría. Pero ¿Arsenio Lupin? ¿No tiene otra cosa mejor que hacer?».
Para dar idea de la clase de héroe folletinesco que es Lupin, dos párrafos de El tapón de cristal.

Uno, sobre «uno de esos instantes que él llamaba “los minutos superiores de la vida”, los únicos instantes que dan a la existencia su valor y su precio. En tales ocasiones, y fuera cual fuese la amenaza del peligro, siempre comenzaba por contar para sí y despacio: “uno..., dos..., tres..., cuatro..., cinco..., seis...,”, hasta que el latido de su corazón volviera a hacerse normal y regular. Sólo entonces reflexionaba, ¡pero con qué agudeza!, ¡con qué formidable potencia!, ¡con qué profunda intuición de los acontecimientos posibles! Todos los datos del problema se le presentaban a la mente. Lo preveía todo, lo admitía todo. Y tomaba su resolución con toda la lógica y toda la certeza».

Otro, sobre la importancia de su coche: «además de un despacho provisto de libros, papel, tinta y plumas, constituía un verdadero camerino de actor, con una caja completa de maquillaje, un baúl lleno de las ropas más diversas, otro abarrotado de accesorios, paraguas, bastones, pañuelos, anteojos, etc., en una palabra, todo un utillaje que le permitía sobre la marcha transformarse de pies a cabeza».

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