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bienvenidos a la fiesta
A modo de introducción


A lo largo de los años anteriores he ido escribiendo artículos que han surgido y tomado forma con ocasión de preguntas o comentarios que me han hecho en ámbitos y ocasiones diferentes: en charlas informales con amigos y colegas; en coloquios organizados con padres, profesores o chicos; con motivo de ciertos encargos periodísticos, etc.

El origen es relevante porque condiciona el enfoque. Un padre suele tener en mente algún aspecto educativo-formativo. Un profesor busca normalmente objetivos educativo-literarios y desea encaminar a sus alumnos hacia la mejor literatura. Un chico incide más bien en la satisfacción o rechazo que le ha producido un libro y sus observaciones reflejan su vinculación emocional con él. Un medio periodístico quiere aclarar algo a sus lectores, con frecuencia explicar los mecanismos y el por qué de un éxito...

Todas estos diferentes y legítimos acercamientos a la Literatura infantil y juvenil (LIJ) aclaran que, cuando hablamos de un libro infantil o juvenil, no nos fijamos sólo en aspectos artísticos —la calidad del texto y de las ilustraciones, cómo facilita el aprendizaje de las convenciones literarias, etc.—, sino que también atendemos a cómo puede contribuir al aprendizaje vital —enriquecimiento personal, integración cultural y social, etc.—.

Al final, he llegado a pensar que la crítica de LIJ debe atender a que lo educativo de un libro no ahogue lo literario y lo lúdico, que lo literario no vaya en contra de lo lúdico y lo educativo, que lo lúdico no impida ni la calidad literaria ni sabotee lo educativo. En esa dirección, entiendo que ha de ayudar a clarificar por qué los libros buenos son buenos y los malos son malos, y no sólo en sí mismos sino también con relación a su público específico. Eso significa procurar saber cuáles tienen valor hoy y, también, intentar determinar por qué unos son considerados mayoritariamente duraderos y válidos, y por qué otros son desechados y olvidados para siempre salvo posibles resurrecciones circunstanciales.

En ese sentido, estos artículos desean dar pistas acerca de qué funciones puede y debe cumplir la LIJ y cuáles quedan lejos de sus posibilidades. En ellos no trato de insistir en que la LIJ es un instrumento educativo de primer orden sino de aclarar qué clase de formación es la que puede dar y da de hecho. Creo que la mejor LIJ deja claro que hay unas necesidades y unos gustos universales de los niños, y que, a la vez, nos enseña que los problemas de los chicos son siempre nuevos y no se resuelven con soluciones viejas. Muestra que no es legítimo hablar de La Opinión del Niño, pues ningún conjunto de chicos es un público de condiciones e intereses homogéneos. Revela que las opiniones de los adultos sobre la educación son variadas y dependen del concepto que cada uno tenga del niño, concepto que, a su vez, es deudor en buena medida de las propias experiencias. Y, en cualquier caso, abre caminos para una mejor comprensión de las personas y revela la consistencia o la endeblez de los distintos comportamientos y estilos educativos.

Incluso se puede aprender mucho de los defectos de los libros de LIJ, unos más actuales y en ascenso como disfrazar los intereses comerciales de propósitos educativos, o el acomodo a lo políticamente correcto, o la confección apresurada en busca del éxito rápido; algunos antiguos y extendidos como la puerilidad o el sentimentalismo, o, en general, los que se derivan de intentar atacar las complejidades reales de ciertos temas con armas insuficientes... Como es lógico, estos defectos de la LIJ real no indican que sea inferior respecto a otra literatura que podríamos llamar mayor, que por otra parte tiene iguales o peores lacras, pero sí dejan de manifiesto que cada instrumento tiene sus propias especificaciones, y que la consideración de qué destinatarios puede tener un libro no se puede ignorar.

Estas cuestiones son las que, de un modo u otro, he intentado abordar en los artículos que irán en esta sección. Al menos de momento, todos los que incluiré fueron publicados años atrás en distintos medios, aunque han sido releídos de nuevo. Están organizados alfabéticamente, el mejor sistema cuando uno quiere justificar el mayor desorden con apariencias de orden, aunque haya procurado que la palabra elegida para presentar cada uno dé la idea más exacta posible de su núcleo. Y, en la sección temática de las Notas titulada Artículos hay una breve presentación explicativa de cada uno.

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