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SELECCIÓN DE LIBROS INFANTILES Y JUVENILES ESPAÑOLES (2)


En esta segunda selección de libros infantiles y juveniles españoles figuran aquellos que ya están incluidos en las selecciones por edades o por géneros que he ido poniendo aquí hasta el momento, y algunos otros más. Todos son ejemplos de relatos eficaces que cumplen bien distintos objetivos: contar bien una historia, dar a conocer algún incidente histórico, abrir horizontes, conducir a nuevas lecturas, entretener.


1961. El juglar del Cid, Miguel Aguirre Bellver. Relato corto que reconstruye la infancia y juventud del posible compositor del Poema del Mío Cid, un buen ejemplo de cómo acercar una obra histórica fundamental a un público joven. Del autor también vale la pena conocer El bordón y la estrella (1962), dos historias sobre una expedición medieval del Camino de Santiago.

1962. De un país lejano, Ángela Ionescu. Selección de quince relatos cortos que, junto con los siete de Donde nde duerme el agua (1975) y los trece de Detrás de las nubes (1976), dan idea de la sensibilidad y sentido poético de la autora, de su capacidad de contar historias sencillas y amables que despiertan sentimientos de afecto y amistad, de bondad y cortesía, de amor a la naturaleza.

1965. Un muchacho sefardí, Carmen Pérez Avello. Relato de los que hace pensar, que comienza en la España de 1492, y da un salto temporal y espacial, al siglo XX y a Salónica, donde viven los descendientes de aquellos judíos expulsados de España.

1978. Cervantes, el soldado que nos enseñó a hablar, María Teresa León. Libro escrito en los años sesenta pero publicado años más tarde. Con una prosa rica, que respira entusiasmo, la autora reconstruye diálogos y dibuja escenas que pudieron inspirar a Cervantes algunos pasajes del Quijote.

1979–1980. Escenarios fantásticos y El misterio de la isla de Tökland, Joan Manuel Gisbert. Novelas que son una mezcla de ciencia-ficción y fantasía: con una narración clara y también algo barroca, en ellas abundan las descripciones de lugares imaginativos singulares. En la primera figura Demetrius Iatopec, un domador de espejismos, autor de unos escenarios singulares en los que se adentra el aventurero Nathaniel Maris, un «periodista especializado en temas relacionados con lo imaginario y lo fantástico». En la segunda, Maris hace al principio frente al desafío que le plantea un excéntrico y millonario coleccionista, Mr. Kazatzkian, el de entrar en «el más colosal y alucinante laberinto subterráneo de todos los tiempos», en la isla de Tökland, pero luego renuncia y deja que otros exploradores acometan la tarea. Se siguen con interés los incidentes porque Gisbert usa un lenguaje claro y los cuenta con un ritmo tranquilo en el que mezcla con habilidad distintas perspectivas, elude hábilmente las explicaciones laboriosas, y sabe usar imágenes tan sencillas como eficaces.

1979. Cinco panes de cebada, Lucía Baquedano. Muriel, 21 años, es una joven maestra recién destinada a un pueblo del Pirineo navarro. Después de unas semanas de angustia, se integra en el pueblo, supera su pavor a las vacas, descubre generosidad oculta bajo capas superficiales de rudeza. Afianza su decisión de ser maestra, busca soluciones para las familias con dificultades para enviar a los chicos a la escuela, descubre a su futuro marido… El éxito sostenido de esta novela se debe, entre otras cosas, a que retrata a la perfección tanto la evolución psicológica de la protagonista, como las luces y sombras de las personas del pueblo: gente sencilla y agradecida, pero también desconfiada y recelosa.

1980. Las manos en el agua, Carlos Murciano. Mudy, de ocho años, vive unos meses en la casa de su abuela y allí conoce a un leñador que le regala una piña de plata con poderes mágicos. Con ella Mudy podrá entrar en el río, al meter las manos en el agua, igual que cuando uno descorre una cortina. Relato poético acerca del poder curativo de la fantasía.

1980. Veva, Carmen Kurtz. Veva es un bebé que puede hablar y manipular los sentimientos y las reacciones de toda su familia. Relato que muestra, con divertidos acentos de fantasía, las realidades familiares ordinarias.

1982. Peña Grande, Miguel Martín Fernández de Velasco. Relación entre Vitines, un campesino y montañero solitario, y el oso Grandullón. Uno de los relatos sobre animales más veraces, consistentes y divertidos que se han escrito nunca, un libro adictivo, de los que siempre apetece releer, con un calor humano extraordinario y con anécdotas que arrancan la carcajada.

1982. Un tiesto lleno de lápices, Juan Farias. Un relato realista y optimista sobre una vida familiar cotidiana. Con sentido común y buen humor, con sentido poético y sencillez, el autor gallego presenta la vida de una familia en la que, por encima de todo, predomina el afecto, y cuyo centro es una encantadora chica con síndrome de Down.

1986. Senén (o, en ediciones anteriores, El fronterizo de oro), José Luis Olaizola. Senén es un chico con un coeficiente de inteligencia en el borde de la normalidad. Como es un jugador de fútbol extraordinario, un famoso periodista quiere escribir un libro sobre su vida. Senén hilvana sus recuerdos hablando de sus amigos, del colegio en el que estudia y de su secreto: su maestro Yon Ying, Ernesto para los amigos. El autor emplea el lenguaje que se supone a una persona como Senén, indicando desde el principio que, aunque sea torpe para algunas cosas, siempre le ha gustado leer y escribir, por lo que no se expresa nada mal.

1989. El aprendiz, Pilar Molina Llorente. Historia corta sobre las ambiciones y problemas de un chico en la Florencia del Renacimiento italiano. Otra novela de la autora es Pálpito de Sol (2001), una intriga cortesana en el escenario de pasillos y patios del monasterio de El Escorial, en época de Felipe II.

1996. Un espía llamado Sara, Bernardo Atxaga. Guerras carlistas. El protagonista es un espía que consigue llegar al campamento del general Zumalacárregui para proporcionarle una valiosa información pero, una vez allí, debe desenmascarar a un espía de los liberales que actúa en el interior de las tropas carlistas. Como en muchas aventuras, el héroe no sólo descubre lo que busca sino, también, otras cosas más importantes: que su ideal era una luz que no le guiaba sino que le cegaba.

2000. Un cesto lleno de palabras, Juan Farias. El abuelo de Pedro, que trabaja en una imprenta de las de antes, trae a casa un cesto lleno de palabras en el que, cuando Pedro mete sus manos, va descubriendo un mundo en cada una. Relato con escenas y diálogos en las que abundan descripciones y frases poéticas sencillas y felices, que también son óptimas para ser leídas en voz alta.

1988. El misterio Velázquez, Eliacer Cansino. Novela sobre un pacto fáustico. Nicolás Pertusato, un chico enano retratado en Las Meninas, escribe cómo llegó a figurar en el cuadro y los extraños incidentes de su realización. Su historia comienza cuando, con ocho años, es reclutado para servir en la Corte. Más adelante, Velázquez lo hace su protegido. Por voluntad de un extraño italiano llamado Nerval figurará en Las Meninas. Cuando Nicolás termina su narración, ocho días después de la muerte de Velázquez, tiene diecisiete años. Con un estilo preciso, ajustado a la época y a la persona que redacta, el autor construye una narración intrigante que abunda en el enigma de cómo Velázquez logró una obra tan poderosa que atrapa el tiempo.

1992. C. El pequeño libro que no tenía nombre, José Antonio Millán. En esta historia sencilla e ingeniosa, una delicia para los enamorados de los libros, un cuentecito pequeño que sólo consiste en «Érase una vez» y «Fin», busca las causas de por qué no ha sido capaz de crecer más, preguntando a sus hermanos de una gran biblioteca.

1992. No soy un libro. Los trenes del verano, José María Merino. Novela de ciencia-ficción y de amor por los libros. Juan Luis, Piri y Marta emprenden un viaje veraniego por Europa. Cuando llegan a París les suceden insólitos acontecimientos, causados por la interferencia con otro mundo paralelo en el que habitan seres parecidos a ellos pero no exactamente iguales. Relato que se desarrolla en dos planos, separados también tipográficamente. Este juego imprime ritmo a la narración, por debajo de la cual se sugieren muchas cosas: cada uno de nosotros y cada novela es un mundo paralelo en los que podemos entrar si nos esforzamos…

1993. La espada y la rosa, Antonio Martínez Menchén. Baja Edad Media. Al monasterio en ruinas donde viven el ermitaño Martín y el joven Moisés, llega Gilberto, un caballero enfermo, antiguo cruzado. Recuperada la salud, Gilberto reemprende su peregrinación a Santiago acompañado por Moisés. Cuando Gilberto descubre el origen noble de Moisés decide desandar el camino para llevarle a sus posesiones. Jalonan el relato multitud de relatos cortos, contados por diversos personajes. Empleando el viaje como imagen de la vida y recurriendo a textos literarios de la época, el autor efectúa una creíble reconstrucción de la Edad Media.

1994. La Expedición del Pacífico, Marilar Aleixandre. Novela de aventuras científicas y marineras en el XIX cuyo protagonista y narrador es una chica que no deja de hacerse reflexiones sobre la condición de las mujeres de la época. En 1862 ocho naturalistas embarcan rumbo a Sudamérica. Entre ellos va, como polizón, Emilia Goianes, de trece años, cuyo hermano es uno de los científicos. Contra el fondo del paisaje político de la España de la época, la autora construye una trama verniana en la que, tomando pie de una expedición real, da descripciones científicas precisas y acertadas pinceladas sobre la maduración de la heroína.

1997. El vendedor de noticias, José Luis Olaizola. España, siglo XI. Sebastián, 14 años, aspira a ser «vendedor de noticias», el trabajo de llevar mensajes e informaciones de un bando a otro, muy común entre los habitantes de Naciados, un pueblo de Cáceres. Se le presenta la oportunidad cuando ha de informar a la condesa Columba y a su hermano, el conde de Lácar, del paradero de su sobrina. Pero Sebastián va conociendo las intenciones de sus nuevos amos y, aconsejado por su abuelo y una ermitaña, acude al Cid para que intervenga. Relato bien ambientado históricamente con algo de novela de maduración.

1999. Querido Bruto, José Ramón Ayllón. Mediante supuestas cartas a Bruto, Julio César hace balance y rinde cuentas. Relato reflexivo en donde se presentan (muy favorablemente) los modos en que los romanos entendían el amor, la amistad, la política, etc. En ella son muchas las expresiones afortunadas y las máximas sabias: «El hombre de deseos insaciables es como un tonel agujereado: se pasa la vida intentando llenarse, acarreando agua en un cubo igualmente agujereado».

2000. Vigo es Vivaldi, José Ramón Ayllón. Curso preuniversitario. En forma de diario, Borja Arregui habla de sus amigos, de su familia, de sus profesores, de sus aficiones, de su enamoramiento de Paula, una chica catalana recién llegada. Se suceden anécdotas a través de las cuales se habla de Platón, de Machado, de Neruda, de Bécquer..., y de autores y novelas recientes, y de canciones actuales con cuyas letras se revelan también los sentimientos. Relato muy bien escrito con un gran desenlace.

2001. Recordando a Lampe, José Luis de Juan. Martin Lampe, un exsoldado prusiano, después de haber sido criado de Kant durante casi cuarenta años, es despedido y sustituido por otro exsoldado llamado Kaufmann. Relato fluido, históricamente bien enmarcado, e irónicamente bienhumorado. El lector termina interesado en la historia del obtuso Lampe, del diligente Kaufmann, y, desde luego, en la del tan excepcional como singular Kant.

2007. En primaria todos éramos muy listos, Enrique Gudín. Gonzalo, Chalo, unos dieciséis años, con bien ganada fama de mal estudiante, cuenta qué pasó el curso en el que tuvo que cuidar de su primo Samu, de ocho años, recién llegado a su ciudad. El narrador explica bien su mundo interior y sus justificaciones, y recrea con gracia situaciones escolares (muy por encima de lo que cabría esperar de quien suspende Lengua repetidamente). Pero, a través de lo que percibe Chalo, el lector se da cuenta de los problemas que tiene Samu como consecuencia de la situación de crisis por la que atraviesan sus padres.

2009. Llora Jerusalén, Santiago Herraiz. Nora, una chica de dieciséis años que vive con sus abuelos en Jerusalén, comienza su narración cuando una compañera de clase se suicida en un atentado terrorista en el que mueren varias personas más. Pocos días después, en una celebración familiar a la que ha sido invitada por su amiga Fátima, Nora es testigo de cómo un primo de Fátima, Ahmed, un chico de pocos años, es alcanzado por una bala disparada por soldados israelíes. Relato que no da respiro al lector y que muestra las distintas caras del conflicto.

2012. La isla de Bowen, César Mallorquí. Novela deudora, en estilo y en contenidos, de varias novelas del pasado como, entre otras, La isla misteriosa, de Verne. En 1920, el profesor y explorador Ulises Zarco organiza una expedición para saber qué ocurrió con el asesinado el arqueólogo John Foggart. Al mismo tiempo, un empresario minero sin escrúpulos lo persigue por todas partes. Narración amena e intrigante. Se dan, de forma muy hábil, las explicaciones científico-técnicas necesarias en cada momento.

2012. El secreto del huevo azul, Catalina González Villar. Relato sobre un viaje de aprendizaje a un país misterioso. El príncipe Rolav dice, ante toda la corte, una mentira. Luego quiere arreglarlo pero sin quedar mal. Así que Noisuli, el mago, le da otra solución: viajar al País de las Mentiras, «un lugar en el que las mentiras que contamos se hacen realidad»... y donde se multiplican con consecuencias imprevisibles. Más fácilmente que Rolav, el lector encontrará en los nombres las claves de lo que va ocurriendo. Las ilustraciones mejoran la edición: son apropiadas al tono del relato, resultan vistosas y van bien entretejidas con el texto.



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