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STOWE, Harriet Beecher
Escritora norteamericana. 1811-1896. Nació en Litchfield, Connecticut. Hija de un predicador de Nueva Inglaterra, creció en un ambiente culto y de fuertes sentimientos religiosos. Por su ciudad natal, fronteriza de un estado esclavista, pasaban los esclavos que huían al Canadá, y eran atendidos por su familia. Activa militante antiesclavista, escribió sus libros alentada por su marido, Calvin Ellis Stowe, pastor protestante. Murió en Hartford, Connecticut.

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Locker «cayó por el despeñadero»...
Ilust. de George Cruikshank.
La cabaña del tío Tom
(Uncle Tom´s Cabin; or, Life among the Lowly, 1852)
Madrid: Anaya, 1992; 608 pp.; col. Tus libros; ilust. de George Cruikshank; trad., apéndice y notas de Isabel Vázquez de Castro; ISBN: 84-207-4804-8.
15 años: lectores jóvenes.
Narrativa: Aventura.
Tom es un esclavo «alto y fuerte, de complexión robusta y poderosa, de color negro brillante y con una cara cuyas auténticas facciones africanas quedaban enmarcadas por una expresión seria y serena de buen sentido común, unida a una gran amabilidad y bondad; había algo en su aspecto general de respeto de sí mismo y de dignidad, unido a una sencillez humilde y confiada». Siguiendo el hilo de su vida, la novela presenta una galería de personajes: amos bondadosos como la pequeña Eva; crueles como Simon Legree; cazadores de recompensas como Tom Locker; otros esclavos como George y Eliza Harris, que huyen al Canadá, la irreductible Topsy, o la inteligente Cassy.
La autora escribió este libro como protesta contra la Ley de Esclavos y Fugitivos o Compromiso de 1850, que obligaba a todo ciudadano de EE.UU. a entregar a los esclavos a sus amos. Y se convirtió en el mayor éxito literario del siglo XIX, el primer «best-seller» de la historia. Se suele poner como ejemplo de novela que alcanza un gran éxito por la garra del mismo relato, por su conexión con la mente de la gente, por su capacidad de despertar energías en favor de una causa justa, por su influencia posterior en la historia de su país y en las mentalidades.

La cabaña del Tío Tom es quizá la primera «novela sociológica» y a su autora se la puede considerar la precursora de las modernas campañas propagandísticas que recurren al ejemplo real y lacrimoso para conmover y volcar la opinión pública en favor de su tesis. Está escrita con apasionamiento, sin hacer mucho caso del estilo ni de las normas de la corrección literaria, con la sola prioridad de conseguir una reacción emocional favorable al mensaje que se pretende transmitir, y con la neta intención de llamar a la compasión y al sentido de la justicia, usando para ello todas las armas dialécticas al alcance de su autora: desde la autoridad del Evangelio hasta el orgullo de ser americano.

Otros factores del éxito fueron: convertir en protagonista de la historia a Tom, un apóstol de la no-violencia y no un activista... pero, a la vez, colocar otros personajes que no ven una solución en la resignación; el elogio de los papeles femeninos y una defensa inteligente, dada la época, de la igualdad de derechos entre hombres y mujeres; la sutil presentación de la superioridad moral e intelectual de las mujeres sobre los hombres y la importancia de las figuras maternas como fuentes de la piedad y de la conciencia; las descripciones de negreros brutales y odiosos...

El tono melodramático, moralista y patriótico de la novela se disfraza y a la vez se potencia por su estructura de relato de aventuras. Además, el conocimiento de primera mano de la realidad que describe, permite a la escritora integrar muchas historias conmovedoras y una exacta y colorista descripción de distintos ambientes. Estas cualidades son a veces olvidadas debido al rechazo que provoca su paternalismo, que asoma en expresiones tan rechinantes como que «nada es tan inútil como hacer creer que se está enfadado con un negro o con un niño, ya que los dos ven la verdad instintivamente en cada ocasión»; o cuando indica que Tom «tenía la dulce e impresionable naturaleza de su amable raza, siempre atraída hacia lo más sencillo e infantil».
Fantasmas de horror y espanto

El colorido y las descripciones visuales envuelven a veces declaraciones que son tan justas como altisonantes. Así, el fugitivo George Harris gritará dirigiéndose a sus perseguidores: «No nos sometemos a vuestras leyes, no somos de vuestro país, estamos aquí tan libres bajo el cielo de Dios como lo podáis estar vosotros y, por el Dios que nos creó, lucharemos por nuestra libertad hasta la muerte». Y, continúa el narrador, «George permaneció en pie en lo alto de la roca mientras proclamaba su declaración de independencia, dando lugar a una hermosa visión: la luz del alba le daba una coloración encendida a sus mejillas y la amarga desesperación inflamaba sus oscuros ojos a la vez que, como pidiendo la justicia de Dios para el hombre, levantaba sus manos al cielo».

Otras veces, sin embargo, la descripción es perfecta: «El mal es un temible y misterioso hechicero que transforma las cosas más dulces y sagradas en fantasmas de horror y espanto. [...] Legree se encaminó hacia una amplia entrada que llevaba al piso superior por lo que en otros tiempos había sido una hermosísima escalera de caracol, pero el paso se encontraba ahora sucio, interrumpido por cajas y abundante basura. Las escaleras, sin ningún tipo de alfombra, parecían caracolear hacia arriba, en dirección a las tinieblas, sin que se supiera adónde iban a parar. La pálida luz de la luna se filtraba por un destrozado arco sobre la puerta, el aire era inhóspito y helador como el de una cripta».

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