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LOWRY, Lois
Escritora norteamericana. 1937-. Nació en Honolulu, Hawai. Estudió en la Universidad de Maine. Periodista, fotógrafa, autora de novelas de distinta clase.

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Anastasia Krupnik
(Anastasia Krupnik, 1979)
Madrid: Espasa, 2003, 9ª ed.; 132 pp.; col. Espasa juvenil; ilust. de Gerardo Amechazurra; trad. de Flora Casas; ISBN: 84-239-7061-2. Nueva edición en 2009; 163 pp.; ISBN: 978-84-670-3114-0. [Vista del libro en amazon.es]
12 años: lectores adolescentes.
Narrativa: Vida diaria.
Pimer libro de una serie. Anastasia tiene diez años y, a diferencia de otras chicas como ella, es más intelectual pues no en vano es hija de un reconocido poeta y de una buena pintora, muy buenos padres. Es reflexiva, graciosa, tiene gafas, y llena sus libros con sus horarios y con listas de cosas que le gustan y de cosas que detesta.
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¿Quién cuenta las estrellas?
(Number the Stars, 1989)
Madrid: Espasa, 2005, 15ª impr.; 152 pp.; col. Espasa juvenil; ilust. de Juan Carlos Sanz; trad. de Juan Luque; ISBN: 84-239-8887-2. Nueva edición en Barcelona: Planeta, 2014, 5ª impr.; 208 pp.; col. Cuatrovientos +12; ISBN: 978-8408090939 [Vista de la última edición citada en amazon.es]
12 años: lectores adolescentes.
Narrativa: Vida diaria.
Dinamarca, 1943. La familia Johansen acoge a Ellen, judía, amiga de su hija Annemarie, para protegerla.
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El Dador
(The Giver, 1993)
León: Everest, 2005, 12ª impr.; 172 pp.; col. Punto de Encuentro; trad. de María Luisa Balseiro; ISBN: 84-241-5953-5. Nueva edición el año 2009; 224 pp.; ISBN: 978-84-241-3584-3. [Vista del libro en amazon.es]
15 años: lectores jóvenes.
Narrativa: Ciencia-ficción.
Un mundo futuro en el que se ha conseguido la igualdad total. En la Ceremonia anual de cada mes de diciembre se celebra el paso de todos los niños a un nivel superior. Los Onces pasan a Doces y reciben sus asignaciones vitalicias: después de dar a cada uno las «gracias por su infancia», el Comité de Ancianos asigna, de acuerdo con las capacidades y gustos, la misión más apropiada para cada chico. Jonás recibe, sin embargo, una misión no común: ser el próximo Receptor de Memoria de la Comunidad. Con este fin, inicia un aprendizaje doloroso y distinto, en el que le indican que si la libertad asusta, «es verdad que hay que proteger a la gente de la posibilidad de escoger mal»...
A la enorme cantidad de novelas protagonizadas por niñas encantadoras, Lois Lowry sumó las nueve protagonizadas por la pecosa Anastasia Krupnik. Sus libros son simpáticos, están centrados en el modo de vivir característico de la clase media alta de la Costa Este de los EE.UU. y tienen la particularidad de que, frente a cierto feminismo radical, apuestan por destacar con sentido común la categoría del trabajo cotidiano del hogar.

¿Quién cuenta las estrellas? es una premiada novela, contada con lenguaje sencillo, en la que se reivindica la solidaridad con el pueblo judío y el papel de la resistencia danesa en la lucha contra el nazismo. Al final, la autora incluye un epílogo para aclarar qué cosas son reales y cuáles no lo son.

El Dador es una sugerente novela en la tradición de las mejores novelas futuristas (Un mundo feliz, 1984, Farenheit 451...). En ella se describe un mundo en el que la vida es ordenada, previsible, indolora. La vida social está completamente regulada: un Comité de Ancianos se ocupa de la Unión de Cónyuges, la Imposición de Nombres, la Colocación de Nacidos, las Misiones (los distintos oficios: Criadores, Paridoras, Cuidadores, Obreros, Instructores...). No hay familias sino Unidades Familiares. Cada Unidad Familiar es estudiada y aprobada por el Comité de Ancianos, luego es sometida a un control de seguimiento durante tres años antes de que puedan solicitar hijos. Cada Unidad Familiar ha de tener dos hijos, chica y chico: así «estaba escrito en las Normas con toda claridad». Cada noche, había que manifestar los sentimientos; cada mañana, el rito matutino era contar los sueños. Se trata de que todos los miembros de la Comunidad estén bien educados: sepan dar siempre las gracias, pedir perdón si han actuado mal, conocer y nombrar sus sentimientos y encauzarlos, y cuáles eran las Normas importantes y las menos importantes; por ejemplo, no era una norma pero «se consideraba grosero señalar lo que un individuo tuviera de diferente o inquietante».

En la Comunidad no hay dolor: a los niños se les dan «objetos sedantes» para las noches; a los adolescentes se les proporcionan unas pastillas para frenar el Ardor, cuando se presenta. Las noches en la Comunidad son siempre tranquilas, tiempos de renovación y preparación para el día siguiente. La muerte no se nombra: se la llama liberación. De los liberados (niños con defectos, ancianos...) se dice que son enviados Afuera. El oficio de Receptor de Memoria, para el que ha sido designado Jonás, consiste en conocer todos los Recuerdos, de modo que todo el peso del dolor recaiga sobre una persona y que no produzca inquietud en nadie más. Pero Jonás se rebela cuando contempla cómo su padre, Criador, se ocupa de «liberar» a un niño: han nacido dos gemelos y está previsto que sólo sobreviva el de mayor peso. Jonás ve a su padre poner una inyección al niño... No se analizan razones ni falta que hace: a través de los ojos de Jonás vemos el horror que significa matar a un inocente, no importa qué tamaño tenga.
El Dador tuvo continuidad, años después, en tres novelas, más de fantasía que ciencia-ficción, tituladas En busca del azul, El Mensajero y El hijo. Doy los argumentos de las tres en esta primera nota y hago comentarios generales a la tetralogía en esta segunda y esta tercera notas.

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