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IBBOTSON, Eva
Escritora austríaca de nacionalidad inglesa. 1925-2010. Nació en Viena. Emigró a Inglaterra cuando los nazis llegaron al poder. Autora de muchos libros infantiles. Falleció en Newcastle.

Maia se va al Amazonas
(Journey to the River Sea, 2001)
Barcelona: Salamandra, 2002; 254 pp.; trad. de Patricia Antón de Vez; ISBN: 84-7888-791-1.
12 años: lectores adolescentes.
Narrativa: Aventura.
Año 1910. Maia debe abandonar el orfanato en Londres para irse a vivir con los Carter, unos tíos que viven cerca de Manaos, Brasil. En el viaje conoce a Clovis, un chico bondadoso y miedoso que trabaja como actor en una compañía de teatro ambulante que tiene previstas representaciones en Manaos. Junto con su institutriz, la señorita Minton, Maia se instala con los Carter, que tienen dos hijas gemelas que no son nada cordiales. Maia acaba envuelta en la busca de un chico inglés llamado Finn, heredero de una gran fortuna, pero que no quiere ser enviado a Inglaterra de ningún modo.
La esmeralda de Kazán
(The Star of Kazan, 2004)
Barcelona: Salamandra, 2006; 343 pp.; trad. de Patricia Antón de Vez; ISBN 84-9838-005-7.
12 años: lectores adolescentes.
Narrativa: Aventura.
Principios de siglo, Viena. Annika, una niña que fue abandonada en una iglesia, es recogida por Ellie y Sigrid, las dos mujeres que atienden la casa de tres hermanos profesores, solteros. La niña crece feliz, aprende todas las tareas de la casa y en especial aprende a cocinar magníficamente, hace amigos y le entusiasman los caballos blanco lipizzanos de la Escuela Española de Equitación, y entabla relación con una señora mayor, ya moribunda, que fue una trapecista famosa en su juventud. De acuerdo con sus sueños, un día se presenta una mujer elegante que resulta ser su madre. Pero cuando Annika se traslada con ella a su gran mansión del norte las cosas no resultan como esperaba.
El argumento de ambas historias está bien estructurado, el paso narrativo es excelente y en el texto abundan las observaciones al paso que pueden calificarse con nota elevada: por ejemplo, al modo en que actúa el narrador de las CRÓNICAS DE NARNIA, al principio de La esmeralda de Kazán se nos dice que «Ellie llevaba botas nuevas, lo que es una verdadera tontería cuando vas de excursión».

Las dos novelas tienen muchos personajes que se definen pronto y bien, cada uno con su personalidad propia. Uno que, a mi juicio, destaca, es Pauline, la amiga de Annika, una chica que colecciona historias de superación personal: la de la niña con sarampión que cruzaba a nado el Danubio, la del campeón de lucha con el pie del revés, la del niño que conducía la vaca de su madre a través de un lago congelado cuando el hielo se rompió y la vaca cayó al agua...

Las descripciones son precisas y tienen el tamaño justo para enganchar al lector joven: en un caso las descripciones coloristas del Amazonas y su entorno, en el otro las propias de la Viena imperial y de las casa y mansiones donde vive Annika. Ibbotson tiene un talento especial para lograr que prenda en el lector el interés: los deseos de saber si serán o no acertados los sentimientos de Maia respecto a qué le deparará el futuro, y en aclarar los enigmas acerca del pasado de la señorita Minton y del joven Finn...; cuál es el origen de Annika y cómo logrará librarse del destino que, poco a poco, parece atraparla...

Si ambos relatos están inspirados en cuentos populares y en los melodramáticos relatos clásicos de la LIJ, esto es muy claro en la historia de Maia, inspirada en las obras de Hodgson BURNETT: Maia es como La princesita, Clovis se parece al El pequeño lord, cuyo argumento tiene similitudes con la búsqueda de Finn.

Cabe señalar también que Maia se va al Amazonas coge pronto un ritmo apresurado pues suceden muchas cosas demasiado rápido, como si la escritora tuviera empeño en dejar atados satisfactoriamente y cuanto antes todos los flecos. Quizá hubiera sido mejor respetar el modo de hacer propio de quienes cultivaron argumentos así en el pasado: al lector que aprecia esta clase de novelas no le importa pagar el precio de una mayor longitud. Y nadie la hubiera confundido con una novela decimonónica pues contiene rasgos inequívocos de hoy: multiculturalismo ambiental, son los europeos quienes deben aprender de los indígenas, Maia reacciona como quien piensa con categorías feministas, se respira un respeto a la naturaleza propio de tiempos ecologistas... De todos modos, a pesar de la prisa y de la falta de fidelidad a la mentalidad de la época, que rebajan el valor novelístico del relato, se lee con gusto.

Hay más equilibrio en La esmeralda de Kazán, aunque no faltan varios subrayados para que los lectores sepan con claridad que los protagonistas no son culpables de simpatía o connivencia con los ricos y ociosos aristócratas. Su indica bien que el encanto de Annika está no sólo en su modo de ser sino también en su hacendosidad: de Ellie y Sigrid «aprendió que el trabajo era algo que debía hacerse con independencia de cómo se sintiera una». El relato sube de nivel en las pormenorizadas descripciones de comidas y pasteles, y baja en el tramo que corresponde a la estancia de Annika en un dictatorial internado femenino: entonces el argumento se acelera y tanto los personajes, como la acción, como la resolución del incidente, se presentan de modo esquemático. Pero, a esas alturas de la novela, el lector está bien atrapado: Ibbotson sabe crear y mantener suspense, y tiene un talento formidable para dar giros argumentales a sus historias, tal vez esperados pero sin duda eficaces.

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