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SOLZHENITSYN, Alexander
Escritor ruso. 1918-2008. Nació en Kislovodak, Cáucaso, antigua URSS. Estudió primero Físicas y Matemáticas, y Literatura más adelante. Fue condenado a trabajos forzados de 1945 a 1953. Rehabilitado, volvió a dar clases. Con permiso del jefe del gobierno pudo publicar Un día en la vida de Iván Denísovich. Premio Nobel 1970. Años después, se exilió a EE.UU. Después de la caída del comunismo volvió a Rusia. Falleció en Moscú.

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Un día en la vida de Iván Denísovich
(Odin Dien Ivana Denisovicha, 1962)
Barcelona: Plaza & Janés, 1991, 3ª ed.; 155 pp.; col. Gran antología de la literatura universal del siglo XX; trad. del francés de J. Ferrer Aleu; ISBN: 84-01-81158-9. Otra edición en Barcelona: Círculo de lectores, 1995; 208 pp.; prólogo de Mario Vargas Llosa; trad. del ruso de J. A. Mercado, J. A. Bravo, M. A. Chao; ISBN: 84-226-4959-4.
Nueva edición en Barcelona: Tusquets, 2013; 224 pp.; col. Fábula; trad. de Enrique Fernández Vernet; ISBN: 978-8483834817. [Vista de esta última edición en amazon.es]
15 años: lectores jóvenes.
Narrativa: Vida diaria.
1950. Un día en un campo de concentración soviético, un lugar donde se vive «a ras de suelo» y «los reclusos no tienen por qué tener relojes: los guardianes saben la hora, y con esto basta»; donde «ni siquiera en sus ideas gozan los reclusos de libertad. Siempre vuelven a lo mismo y no cesan de rumiar: ¿descubrirán la ración que he escondido en mi colchón? ¿me darán de baja esta noche en la enfermería?...».
Con una objetividad irónica y fría, Solzhenitsyn transmite con eficacia el ambiente deprimente, la abyección inhumana y la violencia soterrada de un campo de concentración. Sus retratos y descripciones son tan sencillas como gráficas: «El jefe de brigada es ancho de hombros; parece un retrato apaisado»; Shújov tiene «ojos de halcón, iguales a los de todos los reclusos». Utiliza frases cortas y rápidas: «Los que tienen tabaco fuman en silencio. Todos se han agrupado en la oscuridad y contemplan el fuego. Como una gran familia. Y, en realidad, la brigada es una gran familia». Y sus observaciones son certeras, de un humor realista y negro: «Cuando hay frío no hay que lanzarse a hacer discursos largos», «la panza es muy avariciosa; nunca recuerda el bien que le has hecho y, mañana, te lo exige de nuevo».
Un día casi feliz

Bastan pocas páginas para que al lector se le haga patente que la rutina del campo ha llegado a difuminar el pasado y cualquier ambición de los que viven en él: sólo queda la cruda batalla diaria por sobrevivir. Al final queda del todo claro: Para Shújov, Iván Denísovich, la sopa de legumbres de la noche es «más preciosa que la libertad, más preciosa que toda su vida pasada y que toda la vida que les espera. [...] ¡El recluso vive sólo para este breve instante! De momento, nada más le importa a Shújov: ni la duración de su condena, ni la duración de la jornada, ni el domingo escamoteado una vez más. En este momento, piensa: ¡aguantaré! Aguantaré hasta el final, ¡con la ayuda de Dios!». Y «se duerme, satisfecho del todo. Ha tenido suerte: no le han metido en el calabozo [...], no han descubierto su pedazo de sierra en el registro [...], se ha ganado suplementos en la cena, [...] y ha comprado tabaco. Por último, ha sido fuerte y ha vencido la enfermedad. Ha pasado un día, un día que nada ha venido a oscurecer, un día casi feliz».
Réprobos en el paraíso

En un comentario a esta novela, Mario Vargas Llosa comienza por señalar los efectos políticos explosivos que tuvo cuando se publicó y afirma que «pretender juzgar Un día en la vida de Iván Denisovich cercenándola de su contexto histórico e ideológico, como aséptica creación artística, sería un escamoteo que privaría a la obra de aquello que le imprime dramatismo y vitalidad: su carácter documental y crítico.

No hay duda de que esta naturaleza polémica, tan dependiente de la actualidad, dificulta el juicio literario sobre este libro. Sus virtudes y defectos no pueden ser señalados en los términos formales —estilo, construcción, diseño de caracteres, vivacidad de la anécdota, etc.— como el común de las novelas, pues en este caso lo más importante de la ficción no es su capacidad emancipadora de un modelo, la forja de un mundo soberano e independiente del real, sino la luz que arroja sobre una realidad preexistente. Como La condición humana y La esperanza, de Malraux, o Recuerdos de la casa de los muertos de Dostoievski, Un día en la vida de Iván Denisovich está más cerca de la historia que de la literatura».

Ahora bien, el poder de la novela, el que haya llegado a ser un testimonio político de primer orden, capaz de revelar las ignominias del régimen totalitario soviético, se debe a la maestría literaria de su autor. Es destacable su opción de situar en el centro de la historia a un personaje sin cultura y sin relieve, con el objeto de «personificar la supervivencia de lo humano en un mundo minuciosamente construido para deshumanizar al hombre y tornarlo zombie, hormiga». La buscada economía expresiva, la capacidad de mostrar el horror huyendo de cualquier aspaviento, sitúan esta novela en la gran tradición literaria rusa, impregnada de «indignación moral por el sufrimiento que causa la injusticia humana».
Una obra explosiva

Una visión panorámica de la vida y la obra de Solzhenitsyn está en Un alma en el exilio, la biografía que firma Joseph Pearce. Siguiendo el arco de la vida del escritor ruso —familia, estudios universitarios de física y matemáticas, juventud en sintonía con la ideología comunista, participación en la segunda Guerra Mundial, nueva comprensión de la vida y conversión en claro paralelismo con Dostoievski, obras literarias, expulsión de la Unión Soviética, estancia en Vermont, regreso a Rusia—, Pearce presenta un resumen de la historia reciente de Rusia y, gracias también a las conversaciones personales con el autor y sus hijos, dibuja de cerca la personalidad de un Solzhenitsyn al que da una talla casi de profeta. Como siempre que se lee algo de la historia de lo que fue la URSS es inevitable preguntarse por las razones de la obstinada ignorancia y la gran frivolidad de tantos intelectuales y de tantos medios de comunicación occidentales.

En cuanto a Un día en la vida de Iván Denísovich, además de toda la interesante historia sobre cómo fue posible su publicación en la misma URSS, Pearce cuenta que Solzhenitsyn lo escribió en un momento de inspiración en mayo de 1959, cuando se le ocurrió contar un día en la vida de un prisionero en el campo de Ekibastuz «de un modo resumido, concentrado, con resultados potencialmente explosivos». Solzhenitsyn pensaba, según él mismo dice, «que lo más importante e interesante que podía hacerse era describir el destino de Rusia. De todos los dramas por los que había pasado Rusia, el más profundo era la tragedia de los Iván Denisovich. Quería dejar las cosas claras en lo referente a los falsos rumores que circulaban sobre los campos de trabajo». El resultado, según Pearce, fue un relato que contiene con microscópica intensidad los temas recurrentes en la obra del autor ruso: el modo de vivir en los campos de trabajo, la pérdida y la recuperación de la dignidad humana, la injusticia latente en la «justicia» soviética, el ennoblecimiento en oposición a la decadencia, la autolimitación en oposición al egoísmo, destellos de la divina providencia, el hambre y la descripción de las comidas como un ritual pseudoreligioso, la respuesta cristiana a la sensación de desesperanza del prisionero y a la tentación de caer en la desesperación.

Bibliografía:
Alexander Solzhenitsyn.
Coces al aguijón; El archipiélago Gulag.
Joseph Pearce. Solzhenitsyn. Un alma en el exilio (Solzhenitsyn. A Soul in Exile, 2005). Madrid: Ciudadela, 2007; 441 pp.; col. Ciudadela ensayo; trad. de Íñigo Azurmendi Muñoa; ISBN: 978-84-96836-11-2.
Mario Vargas Llosa. «Réprobos en el paraíso», La verdad de las mentiras (2002). Madrid: Alfaguara, 2002; 413 pp.; ISBN: 84-204-6430-9.

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