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PASCUAL, Emilio
Escritor español. 1948-. Nació en Tejares, Segovia. Licenciado en Filología Hispánica. Desde 1973 trabajó en el mundo de la edición. Fue director de publicaciones infantiles, durante años, en la editorial Anaya. Especialista en El Quijote, crítico y ensayista.

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Días de Reyes Magos
(1998)
Madrid: Anaya, 2006; 212 pp.; ilust. de Javier SERRANO; prólogo, notas y epílogo de Toni Cassany; ISBN: 978-84-667-6339-4.
18 años: lectores expertos.
Narrativa: Vida diaria.
Veinte años después, el protagonista-narrador rememora el origen de su rebeldía: «Yo hablaba poco con mi padre. Puedo deducir que lo intentó en vano algunas veces, pero nadie puede llegar al corazón a través de una puerta blindada». Con 16 años cumplidos decide marcharse de casa, pero su compañera Cali —«su sonrisa te reconciliaba con la aspereza de un mundo tortuoso»—, le convence de que no lo haga. Quien sí desaparece, sin embargo, es su caótico padre. El chico deja de ir a clase: «No me enseñan lo que quiero, y me niego a aprender lo que no quiero». Convertido en lector de un ciego que canta romances en el metro, encuentra en él un inesperado maestro cuyos comentarios «solían tener un denominador común: el tan traído y llevado “carpe diem”». Al final, en boca de su madre figura otra lección básica: «Todos tenemos que aprender alguna vez que en este mundo casi nada es lo que parece. Lo que pasa es que algunos lo aprendemos demasiado tarde».
Son muchas las novelas sobre adolescente al que orientan amigos sensatos y consejeros sabios en sus conflictos familiares, y son también abundantes las que intentan mostrar el poder transformador de los libros en esas situaciones. Pero ninguna tan singular como Días de Reyes Magos, un relato por el que desfilan varias decenas de libros muy bien aconsejados: desde la Odisea hasta Bambi, desde el Lazarillo hasta Matar un ruiseñor, desde las últimas páginas de La guerra de los botones hasta textos escogidos de Los novios... Y, además de numerosas alusiones a la Biblia y al Quijote, del que se ofrece un resumen en octosílabos, en el texto se contiene una multitud de referencias literarias explícitas e implícitas.

Cuando leí por primera vez Días de Reyes Magos la juzgué como una obra de mucho interés para el lector experto, pues es un texto de gran brillantez que contiene valiosas sugerencias y juicios literarios certeros. Pero, sus mensajes finales, tan parecidos a los de la película El Club de los poetas muertos —que se cita mucho en la novela pues estaba de moda cuando se publicó—, incluido el suicidio como salida digna, me hacían preguntarme si hacía falta tanta literatura para eso y me traían a la cabeza el comentario de una novela de Terry Pratchett: «hay luz al final del túnel... pero es un lanzallamas». Por otra parte, me resultaba difícil pensar que así se tratase de sugerir que la literatura no es un «saber de salvación», algo sensato por otra parte. Sin embargo, esta edición crítica —particularmente necesaria en este caso por la cantidad de referencias literarias y por la especial confección de la historia— me ha hecho caer en la cuenta de que mi comprensión de entonces fue deficiente: «La obra representa el gran teatro del mundo, donde casi nada es lo que parece», y el final trágico se ha de comprender «de forma literaria, simbólica o metafórica», como un personaje teatral que ha dejado de representar su papel, como un padre que deja paso a su hijo cumplida su misión. Con todo, también pienso que la desaparición final del padre del protagonista se podría haber resuelto de otro modo más acorde con la intención esperanzadora del autor.

Además, y entre otras cosas, en el epílogo se aclaran los símbolos y guiños literarios que se contienen en la novela, y se subraya cómo las ilustraciones entran en el juego propuesto por el escritor de acentuar el carácter teatral de la historia.

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