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PÉREZ GALDÓS, Benito
Escritor español. 1843-1920. Nació en Las Palmas. Estudió Derecho en Madrid. Desde muy joven se dedicó a escribir y llegó a ser la máxima figura de la novela española del siglo XIX. Falleció en Madrid.

EPISODIOS NACIONALES (primera serie)
(1873-1875)
Son diez libros que desarrollan una única historia, por este orden:
—Trafalgar (1873). Madrid: Alianza, 2004, 4ª impr.; 168 pp.; col. El libro de bolsillo; ISBN: 84-206-7266-1.
—La corte de Carlos IV (1873). Madrid: Alianza, 2004, 2ª impr; 224 pp.; col. El libro de bolsillo; ISBN: 84-206-7288-2.
—El 19 de marzo y el 2 de mayo (1873). Madrid: Alianza, 2004, 3ª impr.; 216 pp.; col. El libro de bolsillo; ISBN: 84-206-7211-4.
—Bailén (1873). Madrid: Alianza, 2004, 2ª impr.; 208 pp.; col. El libro de bolsillo; ISBN: 84-206-3777-7.
—Napoléon en Chamartín (1874). Madrid: Alianza, 2001; 240 pp.; col. El libro de bolsillo; ISBN: 84-206-7269-6.
—Zaragoza (1874). Madrid: Alianza, 2004, 3ª impr.; 216 pp.; col. El libro de bolsillo; ISBN: 84-206-7267-X.
—Gerona (1874). Madrid: Alianza, 2004; 192 pp.; col. El libro de bolsillo; ISBN: 84-206-5719-0.
—Cádiz (1874). Madrid: Alianza, 2004, 2ª impr.; 256 pp.; col. El libro de bolsillo; ISBN: 84-206-3778-5.
—Juan Martín el Empecinado (1874). Madrid: Alianza, 2002; 216 pp.; col. El libro de bolsillo; ISBN: 84-206-7297-1.
—La batalla de los Arapiles (1875). Madrid: Alianza, 2001; 304 pp.; col. El libro de bolsillo; ISBN: 84-206-7268-8.
15 años: lectores jóvenes.
Narrativa: Aventura.
Crónica de la Guerra de la Independencia, vista casi toda ella desde la perspectiva de Gabriel Araceli, un muchacho de los barrios bajos de Cádiz. Tras participar en la batalla de Trafalgar, donde contempla con admiración el temple heroico de los combatientes, entra al servicio de una actriz madrileña y es testigo de los enredos de La corte de Carlos IV, donde Godoy despierta fervores e inquinas. La invasión de Napoleón y los fusilamientos, El 19 de marzo y el 2 de mayo de 1808, le marcan profundamente. Su siguiente experiencia será en Bailén, pero antes vemos cómo la figura de Napoleón va convirtiéndose en ídolo para unos o en demonio para otros. El emperador se persona por fin en Madrid, Napoleón en Chamartín, donde a la sazón se halla también Gabriel en busca de la muchacha de la que anda enamorado. Los famosos sitios de Zaragoza y Gerona constituyen los siguientes episodios, aunque para contar lo sucedido en Gerona, Araceli cede la palabra a Andresillo Marijuán. Las aventuras guerreras y amorosas de Gabriel continúan luego en su ciudad natal, Cádiz, punto álgido de la resistencia antinapoleónica y lugar totémico del liberalismo español. Las futuras polémicas entre tradicionalistas y liberales comienzan a esbozarse ya. Tras matar en duelo a un lord inglés por el honor de una dama, Araceli se une a la partida de Juan Martín el Empecinado, donde traba conocimiento con personajes singulares como el cura guerrillero Mosén Antón y donde tiene nuevas oportunidades de vérselas en solitario con los franceses. La guerra acaba decidiéndose por fin en La batalla de los Arapiles, y Gabriel pone término a su vida aventurera, casándose al cabo con la mujer de sus sueños y afanes.
Pérez Galdós es autor de cuarenta y seis obras que constituyen una historia novelada del siglo XIX español. Las llamó Episodios Nacionales y las dividió en cinco series de diez tomos cada una, salvo una con seis. La primera es, con razón, la más elogiada y también es la más amena. Tiene un protagonista de origen humilde con una conciencia recta e inquebrantable sentido del deber; entre los personajes cuidadosamente definidos hay aristócratas ineptos y depravados, militares y los clérigos respetables y dignos, mujeres fuertes y valientes; las tramas están bien armadas, unos argumentos tienen más aliento épico como Zaragoza y Gerona, en otros se subraya más la intriga y la comedia, como Cádiz...; en cualquier caso están bien equilibrados los aspectos habituales de una novela de aventuras y maduración —perfiles picarescos, aprendizaje, amor juvenil—.

Por encima de todo hay que decir que, en estas novelas, Galdós no dimite de su condición de consumado novelista. Si bien no puede decirse que lo histórico sea un mero telón de fondo, cada episodio nos ofrece una trama plenamente novelesca que no desdice del resto de su producción. Los personajes ficticios (Lord Gray, mosén Antón, la Zaina, Marijuán, etc.), lejos de ser meros comparsas o ilustraciones de tipos de la época, tienen entidad propia. Además, con la enorme habilidad que tiene para el retrato, Galdós crea una variada galería de figuras que cumplen una función decorativa, y que otorgan a sus relatos un carácter realista que lo diferencia de las novelas históricas románticas.

En toda la narración predomina el tono épico. La guerra, en efecto, se nos muestra como el contexto adecuado para que un hombre dé lo mejor de sí. Puede parecer esto paradójico e incluso cruel, en una época en la que proliferan las muestras de lo contrario (la guerra como cauce de las más perversas inclinaciones). Pero quizá uno de los mayores méritos de Galdós sea éste: mostrar la grandeza en medio de la miseria. En cierto modo, el hombre se redime del desastre causado padeciendo sus atroces consecuencias y sacando a la luz sus virtudes ocultas en la oscuridad del día a día.

Cuando esto toma cuerpo en un personaje joven que va sumando experiencias tenemos una novela de aprendizaje. Así podemos también, en efecto, caracterizar a esta serie narrativa. Araceli es el niño que, inmerso ya desde la infancia en un contexto de lucha, aprovecha las lecciones que recibe a cada paso en la escuela de la adversidad, no en un sentido desengañado o cínico, sino virtuoso. Los hechos de armas y los héroes que ve a su alrededor, salidos no de una elite extraña sino de su propio pueblo, de los propios ambientes en que él se ha criado, van calando en su personalidad y haciéndole madurar de un modo que Galdós hubiera querido para la generalidad de los españoles.
Jamás voz alguna fue oída con más respeto

En el fondo de todos los Episodios está en juego la conquista de la libertad. Primero, contra el invasor extranjero; después, contra la tutela asfixiante de quien cree hallarse ante un pueblo menor de edad. La tarea del pueblo español a lo largo de los hechos que conforman el agitado siglo XIX es, desde la perspectiva del liberal Galdós, demostrar que se ha hecho merecedor de ser libre, porque se lo ha ganado en esa prueba de fuego que fue la Guerra de la Independencia. Un Araceli entusiasmado con la primera sesión de las Cortes de Cádiz, rodea de un aura heroica la intervención del primer orador: «Señores oyentes o lectores, estas orejas mías oyeron el primer discurso que se pronunció en asambleas españolas en el siglo XIX. ¡Oh, quién hubiera sido la Fama, para difundirlo con sonora trompeta por todo el mundo! Aun retumba en mi entendimiento aquel preludio, aquella voz inicial de nuestras glorias parlamentarias! [...] Las palabras se destacaban sobre un silencio religioso, fijándose de tal modo en la mente que parecían esculpirse. La atención era profunda, y jamás voz alguna fue oída con más respeto».
Avergonzado de ser hombre

Quizá sea Gerona el Episodio más interesante desde un punto de vista «novelístico» (no «novelesco»). La tragedia del sitiado aparece aquí con toda su intensidad emocional, como una situación límite dentro de la situación límite que ya de por sí es la guerra: «Se trata de vivir, Andrés, y el pícaro instinto de conservación hace que el hombre se convierta en fierecita. Que yo sea capaz de matar a un semejante es cosa que no se comprende; ¿no es verdad? ¡Ay, amigo mío! La idea de que mi hija me pide de comer y no puedo darle nada, ahoga en mí el patriotismo, el pensamiento, la humanidad, trocándome en una bestia. Andrés, no somos más que miseria. Indigno linaje humano, ¿qué eres? Un estómago y nada más. Se avergüenza uno de ser hombre, cuando llegan estos casos en que todas las relaciones sociales desaparecen y reina la naturaleza pura». Y sigue, páginas adelante, don Pablo: «Pues qué, ¿era posible que después de tan colosales esfuerzos en lo físico y en lo moral, siguiese yo viviendo? No una vida como la mía, sino cien robustas y vigorosas, habríanse consumido en esta lucha con la naturaleza, que yo sostuve durante tanto tiempo; porque decirte, Andrés, el sinnúmero de dificultades que vencí, sería el cuento de nunca acabar. Baste referirte que en pocos días, busqué, fomenté, y desarrollé en mí cualidades que no tenía; en pocos días, transformado hasta lo sumo, encontréme con sentimientos y pasiones que antes no tenía, y todo fue como si una serie de hombres diversos se desarrollaran dentro de mí propio».
Las raíces vivas del presente

Según Amado Alonso, «el pensamiento de libertad y responsabilidad fue en Galdós algo más profundo que una idea: fue un supuesto, el punto de partida y la clave que descifra toda su conducta literaria. Libertad en el espíritu del hombre, y, por lo tanto, responsabilidad en la construcción de la propia personalidad, y libertad y responsabilidad en el modo de ser España y la sociedad española».

En las novelas de Galdós, sociales o descriptivas, «el asunto narrado es en parte verdadero y en parte inventado, y que lo verdadero son por lo común las cosas materiales y los hechos, y que lo inventado es su agrupación coherente, su atribución a este o aquel actor y, sobre todo, los resortes motivadores y el sentido e interpretación profunda con que se nos ofrecen en la novela». Eso pasa también en los Episodios nacionales, donde se mezclan de modo semejante lo fingido y lo verdadero, pero con un espíritu que «presenta contrastes esenciales con el de las llamadas novelas históricas»: en relatos como los de Walter SCOTT, o DUMAS, o SIENKIEWICZ, se representa «un modo de vida pasado, caducado, heterogéneo con el actual», reconstruido por el autor precisamente «por lo que aquel modo de vida tiene de lejano y de fenecido, esto es, por el placer taumatúrgico de resucitarlo; y el encanto de la resurrección por medio de la ilusión del arte es también lo que se ofrece a los lectores.

En los Episodios nacionales, al revés. Una necesidad de conocer mejor el funcionamiento de la sociedad española contemporánea impone a Galdós la tarea de novelar el pasado inmediato de donde el presente está saliendo con movimiento orgánico. No es, pues, una fuga del presente con refugio de la imaginación en tiempos muy diferentes, sino al revés, un más seguro afincamiento en el presente. Y el pasado que se reconstruye en los Episodios en vez de ser aquel preferentemente formado por modos de vida y modos de pensar extraídos a los nuestros, está constituido por lo que forma todavía la textura de la vida espaí1ola. Lejos de presentar Galdós un pasado como pasado y caducado, lo que hace es mostrar las raíces vivas de la sociedad actual, no la lejana y transformada semilla, sino las raíces soterradas con que el árbol visible se agarra en la tierra. Y más: mostrar qué es lo que del pasado ya está pasado y muerto, y, por lo tanto, debe ser ajeno a la vida que sigue su marcha».

Bibliografía:
Amado Alonso. «Lo español y lo universal en la obra de Galdós», Materia y forma en poesía (1955). Madrid: Gredos, 1986, 3ª reimpr.; 402 pp.; col. Biblioteca Románica Hispánica, Estudios y Ensayos; ISBN: 84-249-0138-X.
Pedro Ortiz Armengol. Vida de Galdós (1995). Barcelona: Crítica, 2000; 528 pp.; col. Biblioteca de bolsillo; ISBN: 84-8432-073-1.

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