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ATWATER, Richard y Florence
Matrimonio norteamericano. Richard (1892-1938) nació en Chicago, Illinois; estudió en la Universidad de Chicago y fue profesor, editor, periodista, y columnista en varios periódicos; falleció en Downey, Wisconsin. Su mujer Florence (1896-1979), también profesora y escritora, completó Mr. Popper´s Penguins cuando su marido cayó enfermo en 1934.

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Popper y sus pingüinos
(Mr. Popper´s Penguins, 1938)
Barcelona: Molino, 1957; 153 pp.; col. Nuevos Cuentos; trad. de María Dolores Raich. Nueva edición, titulada Los pingüinos de Mr. Popper, en Madrid: Siruela, 2002; 160 pp.; col. Las Tres Edades; ilust. de Robert LAWSON; trad. de Anne-Hélène Suárez; ISBN: 84-7844-610-9. Nueva edición en 2011; ISBN: 978-8478446100. [Vista del libro en amazon.es]
9 años: lectores niños.
Narrativa: Fantasía.
Aguamansa, un pequeño pueblo norteamericano. Poppper es un amable pintor de brocha gorda, apasionado de los libros de viajes a los Polos. Escribe al jefe de una expedición, el almirante Drake, y éste le manda un pingüino. Los Popper lo llaman Capitán Cook y adaptan el frigorífico para que se instale allí, pero el pingüino se deprime. Desde un acuario le mandan una pingüina, Greta. Los pingüinos tienen diez pingüinitos y, con ellos, la familia monta un espectáculo con el que recorren el país.
Traducida a muchos idiomas y reeditada muchas veces, Popper y sus pingüinos es un ejemplo de novela sencilla y eficaz para primeros lectores. La redacción es clara, el desarrollo del argumento es lineal, los incidentes son graciosos y visuales, los pingüinos se comportan como pingüinos, el señor Popper es un hombre común que cumple su sueño y compone con su mujer un bondadoso matrimonio de una película Disney. El tono realista empleado para narrar situaciones absurdas, una curiosa mezcla de seriedad e hilaridad que juega con la imagen chaplinesca de los pingüinos, da un sabor particular al relato: «Es evidente que la presencia de un pingüino en un salón puede parecer muy rara a cualquier observador, pero no es menos cierto que un salón también resulta muy raro para un pingüino».

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