Extraordinarios álbumes, o novelas gráficas, que tienen gran riqueza visual, una concepción ambiciosa, y una realización detallista. Todos comparten ideas de fondo en los argumentos —la soledad, la necesidad de comunicación, la nostalgia...—, así como el modo poético y evocador de abordarlas gráficamente. Todos presentan personajes humanos con un cierto parecido gráfico a los de
Jean Sempé, tanto en el dibujo individual como en los momentos donde se ven grupos o multitudes. Argumentalmente son historias claras y ordenadas
Desencuentros y
La noche estrellada; de otra manera, es también lineal
La piedra azul; en cambio,
El sonido de los colores no tiene la intención de contar un relato sino de mostrar un mundo interior. Los libros suelen comenzar con textos que aclaran un poco las intenciones de Liao: poemas de
Wislawa Szymborska en
El sonido de los colores y
Desencuentros, o textos del propio autor.
La primera historia está dedicada a los poetas. El poema con el que se abre habla de que es una gran suerte no saber del todo en qué mundo se vive. Se cierra con otro poema de
Rilke titulado
La ciega en el que se dice que, para la protagonista, todos los colores se traducen en sonidos y olores. Las imágenes van acompañadas de textos en primera persona que son preguntas que se hace a sí misma la protagonista, un poco como la de
Noche de tormenta, o comentarios sobre su percepción del mundo.
La piedra azul, que el autor dedica a sus padres, habla del desarraigo y de la nostalgia insaciable del hogar al que uno pertenece. También se presenta como una búsqueda, con frecuencia infructuosa, de quien nos complementa; y como un subrayado de que con el paso del tiempo seguimos siendo los mismos, no importa qué transformaciones suframos.
El poema del comienzo de
Desencuentros menciona lo hermosa que es la seguridad pero que la inseguridad es más hermosa todavía, y toda la historia es como una reflexión sobre la belleza poética de la búsqueda. Con tipos de letra distintos, las ilustraciones llevan una fecha e indicaciones del tiempo atmosférico por un lado y, no siempre, van acompañadas de textos mínimos que dicen algo de lo que hacen o sienten los protagonistas. Los protagonistas aparecieron en
Los sonidos de los colores fugazmente y, en una de las imágenes que representa su alejamiento, se ven separados por la misma piedra azul del segundo álbum.
En
La noche estrellada, el autor da una primera pista de qué pretende con su libro en la dedicatoria: «Dedicado a los niños que no logran sintonizar con el mundo». Y una segunda en el texto que va en su primera página, sobre fondo negro: «Levanta la cabeza y mira la noche estrellada: El mundo se transforma prodigiosamente». Es un relato reflexivo en el que se presenta el mundo interior de la narradora y donde se ve bien cómo se interrelacionan sus sueños y sus inquietudes. El autor comunica sentimientos e información enmarcando las escenas de distinto modo; usando el recurso de presentar el mismo escenario en otra época o cuando los personajes están con otro ánimo; combinando momentos realistas, como el de unos chicos abusando del vecino de la protagonista en un callejón solitario, con otros de fantasía, como el de la irrupción de un dragón en la escena posterior. El lenguaje no está recargado: su laconismo deja el peso a las imágenes, la gran fuerza de Liao.