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SHANNON, David
Ilustrador norteamericano. 1959-. Nació en Washington D.C. Licenciado en Bellas Artes. Ha trabajado como dibujante para Time, The New York Times, Rolling Stone. Diseñador de cubiertas de libros. Autor de varios álbumes ilustrados.

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¡No, David!
(No, David!, 1998)
León: Everest, 2005, 5ª impr.; 30 pp.; col. Rascacielos; trad. de Teresa Mlawer; ISBN: 84-241-5885-7.
3 años: prelectores.
Álbumes ilustrados.
Cada escena representa una travesura, ya realizada o en ciernes, acompañada de una frase muy explícita. Entre otras: «¡Ven aquí inmediatamente!», «¡para ya!», «¡no juegues con la comida!», «¡basta ya!», «¡vete a tu cuarto!», «¡dentro de casa, no, David!», «¡te lo advertí!»...
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David va al colegio
(David goes to school, 1999)
León: Everest, 2000; 32 pp.; col. Rascacielos; trad. de Teresa Mlawer; ISBN 84-241-5886-5.
3 años: prelectores.
Álbumes ilustrados.
Mismo esquema que el álbum anterior: escenas sucesivas con «¡David, llegas tarde!», «¡Siéntate, David!», «¡No masques chicle en clase!», «¡Te quedas castigado después de clase!», etc.
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David se mete en líos
(David gets in trouble, 2002)
León: Everest, 2002; 32 pp.; col. Rascacielos; trad. de Teresa Mlawer; ISBN 84-241-8661-3.
3 años: prelectores.
Álbumes ilustrados.
Igual que los álbumes anteriores pero esta vez, en cada travesura, lo que figura es una excusa de David: «No es culpa mía», «Fue sin querer», «Fue un accidente», «Pero si papá lo dice...», etc.
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Pato va en bici
(Duck on a Bike, 2002)
Barcelona: Juventud, 2002; 32 pp.; Elodie Bourgeois; ISBN: 84-261-3270-7.
6 años: primeros lectores.
Álbumes ilustrados.
Pato ve una bici y monta en ella. Va saludando a sus distintos amigos. Todos concuerdan con él externamente que se trata de una gran idea pero, internamente, piensan otra cosa: la vaca, que es lo más estúpido que ha visto; la oveja, que si no va con cuidado se hará daño; el perro, que ¡vaya travesura!; el gato, que ¡vaya manera de perder el tiempo!; el caballo, que aún así no es más rápido que él; la gallina, que a ver si mira por dónde va; la cabra, que le gustaría comerse la bici; los cerdos, que el pato es un presumido; el ratón, que también le gustaría ir en bici... Y, al final, cuando unos niños dejan sus bicis se produce un momento de histeria cuando todos los animales de la granja montan en bici a la vez.
Álbumes cuyas ilustraciones son óleos llenos de movimiento y colorido que ocupan las dobles páginas completas.

En ¡No David! y los demás álbumes del personaje abundan las referencias visuales al cómic y a los modos de vida norteamericanos. Las escenas muestran las cosas desde la perspectiva del irreductible David, cuya expresiva cara de calabaza sonriente se ve siempre salvo en algunas ilustraciones aisladas en las que aparece de espaldas por razones obvias: en algunas que huye, en otra que hace como que no escucha, etc. Tienen gracia y transmiten a la perfección lo que busca el autor: mostrar lo desesperante y lo encantador a la vez que puede ser un niño así, enseñar la necesidad de que los adultos sepan decir no y, a la vez, mostrar el cariño. Lo explica bien el autor en la presentación y dedicatoria del primer libro, a su madre, «que me mantuvo a raya», y a su esposa, que lo hace ahora: «Por supuesto que es una palabra estupenda..., pero no evita los dibujos en las paredes». En la nota de presentación del segundo indica que, cuando fue al colegio, descubrió que su maestra usaba el «no» a su manera y remacha: «Por supuesto que es una palabra estupenda… pero no evita que los niños corran por pasillos». Y en la del tercero dice que David comprueba que «no» es una de sus palabras favoritas, pues le brota continuamente para quejarse o disculparse, pero se da cuenta de que cuando su madre dice «no» quiere decir «te quiero» pero cuando David dice «no», simplemente dice «no quiero meterme en líos». Nadie debería entender estos álbumes como si aprobase que se trate a los niños a gritos: simplemente subrayan la necesidad y la importancia de saber decir no a tiempo, aunque aparentemente la forma que aquí se muestra no parezca la mejor.

En Pato va en bici, Shannon usa perspectivas cinematográficas: realiza zums, hace picados y contrapicados, recorta las escenas, busca los ángulos más humorísticos... En particular, son muy graciosas las posturas del pato en la bici, primero inseguras y al final sin manos. El carácter repetitivo de la historia facilita las cosas al lector pequeño y, además, lo conduce a una escena final apoteósica. Un último guiño se nos ofrece cuando, en la última página, dejamos al pato mirando con atención un tractor. La historia puede ser contada en alto, incluyendo la dramatización de los distintos acentos y sonidos de los animales. Dentro de un panorama en el que la mayoría de los álbumes atacan pequeños problemas, está bien encontrar uno que no tiene más pretensión que la de divertir. Aunque también se puede pensar que un álbum así puede servir para mostrar distintos animales a los chicos de ciudad..., o para subrayar qué diferentes somos.

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