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DURRELL, Gerald
Escritor británico. 1925-1994. Nació en Jamshedpur, en la India colonial. En 1935 se trasladó con su familia a la isla de Corfú. Trabajó para distintos zoológicos, se convirtió en naturalista, montó su propio zoo en 1963. Se dedicó a promover distintas actividades para la conservación de la naturaleza. Murió en Saint Helier, Jersey.

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Mi familia y otros animales
(My Family and Other Animals, 1956)
Madrid: Alianza, 2009, 2ª ed., 2ª impr.; 383 pp.; trad. de María Luisa Balseiro; ISBN: 978-84-206-6793-5. Otra edición en Alianza, 2010; 416 pp.; col. El Libro de Bolsillo, Biblioteca Durrell; ISBN: 978-8420674155. [Vista del libro en amazon.es]
15 años: lectores jóvenes.
Narrativa: Vida diaria.
«Esta es la historia de cinco años que mi familia y yo pasamos en la isla griega de Corfú», dice Durrell al comenzar su narración. Según cuenta, lo que pensaba enfocar como una «descripción levemente nostálgica de la historia natural de la isla», termina siendo una sucesión de retazos de la vida familiar protagonizados por su madre, sus hermanos Larry y Leslie de veintitrés y diecinueve años, su hermana Margo de dieciocho, distintos amigos a cada cual más singular, y los numerosos animales que el pequeño Gerry, de diez años, va introduciendo en la casa. Entre ellos, la tortuga Aquiles, el palomo Quasimodo, el mochuelo Ulises, la salamanquesa Gerónimo, el perro Dodo, el gavión Alecko...
El paquete parlante
(The Talking Parcel, 1974)
Madrid: Alfaguara, 1987, 8ª ed.; 230 pp.; col. Juvenil Alfaguara; ilust. de Alicia Sancha; trad. de María Luisa Balseiro; ISBN: 84-204-3212-1.
12 años: lectores adolescentes.
Narrativa: Fantasía.
Atenas. Durante sus vacaciones, Simón, Pedro y Penélope, encuentran a Loro y a la araña Dulcimila dentro de un paquete en la playa. Ellos los conducen al País de la Mitología, «con sus hermosos bosques azules de árboles taponeros y su hierba morada, el destello lejano del dorado Mar Musical y el cielo de color jade, con sus grupitos de nubes de colores». En Mitología luchan contra el poder de los Basiliscos.
Corfú, la isla en la que Durrell pasó su infancia, fue un lugar frecuentado, en el siglo anterior, por Edward LEAR, uno de los autores e ilustradores más imaginativos que han existido. En esa tradición del humor del absurdo, mezclada con la de la fantasía ingeniosa de una Edith NESBIT, se sitúa El paquete parlante, una obra con personajes como Loro, Dulcimila, el sapo espía Gundemaro, la serpiente gigante Osvaldo..., ocurrentes, optimistas, buenos compañeros, con una ironía suave siempre a punto. Con estilo sencillo y sugerente, el relato de Durrell es lineal en su desarrollo y desbordante de imaginación en cada página. Cuando los protagonistas llegan a Mitología, Loro les explica que allí «está amaneciendo todo el día menos cuando es de noche», pues el mago que inventó Mitología se dio cuenta de que el amanecer «era la hora más bonita del día: todo fresco y apacible, y los colores y todo tan reluciente después de una noche de descanso». También estableció «cuatro puestas de sol diferentes, una en cada esquina, como si dijéramos, de modo que los aficionados a las puestas de sol rojas no tienen más que mirar en una dirección, y los que las prefieren color limón, o amarillas, o verdes miran en las otras. Es muy cómodo», les dijo el Loro.

Para comprender por qué Durrell siempre dijo que su infancia fue mágica y el derroche de imaginación que muestra en El paquete parlante y en otros relatos, conviene leer Mi familia y otros animales. Desde su comienzo Durrell anuncia que «vivir en Corfú era como vivir en medio de la más desaforada y disparatada ópera cómica. Creo que la atmósfera y el encanto del lugar quedaban pulcramente resumidos en un mapa del Almirantazgo que teníamos, donde aparecían con gran detalle la isla y las costas adyacentes. Al pie había un recuadrito que decía: “AVISO: Dado que las boyas que señalan los bajíos suelen estar fuera de su sitio, se aconseja a los marinos que estén bien atentos al navegar por estas costas”». Pero, sin duda, la familia Durrell tenía un importantísimo papel en la representación: al regreso a Inglaterra, cuando un celoso aduanero suizo les describe como «un circo ambulante y su Compañía», la señora Durrell exclama indignada «¡desde luego, hay gente “rara” por el mundo!».
Minovacas

Igual que otros autores antes, como LOFTING, también Durrell crea unos portentosos «animales-mezcla», entre los que sobresalen las minovacas: «Unos caracoles gigantes de color verde oscuro, con preciosas conchas doradas y verdes sobre el lomo, pero, en lugar de cuernos de caracol tenían la cabecita gorda de una ternera recién nacida, con dos cuernecitos de color ámbar y una cascada de pelos rizados cayendo entre ellos. También tenían los ojos grandes y acuosos, y se movían despacio sobre la hierba morada, pastando exactamente igual que las vacas, pero arrastrándose como los caracoles». El loro les explica: «—Se las ordeña por la concha. Cada una tiene en la concha tres grifos: en uno pone “caliente”, y en otro “fría”. Se abre el grifo, y ya está: leche caliente o fría, según se quiera. —¿Y el tercer grifo? —preguntó Simón. —Crema —dijo Loro». Además, producen la utilísima «gelatina de minovaca».
Árboles taponeros y árboles botelleros

Entre las sorpresas que se llevan los protagonistas de El paquete parlamte al llegar, están los árboles taponeros: «En el mundo exterior todo este asunto de los tapones de corcho es muy prehistórico, si se me permite hacer una crítica. Primero hay que quitarle al árbol la corteza y luego cortarla para hacer los corchos. Es un procedimiento muy trabajoso. [...] Aquí, como veis, los tapones salen directamente de la corteza del árbol y en diferentes tamaños. [...] Os aseguro que se ahorra mucho tiempo. En cuanto está hecha la mermelada, o lo que sea, basta salir a uno de estos bosques de árboles taponeros y cortar los tapones que hagan falta, de la forma y el tamaño convenientes». Como es lógico, el complemento perfecto de los árboles taponeros serán los árboles botelleros, de «troncos huecos e impermeables»...

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