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WEBSTER, Jean
Escritora norteamericana. 1876-1916. Nació en Fredonia, Nueva York. Hija de Charles Webster, socio de Mark TWAIN. Años antes de casarse fue autora de historias para chicas, entre las que fue muy popular Papaíto piernas largas, de la que se haría una película en 1955 protagonizada por Fred Astaire. Falleció joven, cuando nació su hija.

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Papaíto piernas largas
(Daddy Long-Legs, 1912)
Barcelona: Antalbe, 1982; 139 pp.; no indica traductor; contiene otro relato titulado Lirios de ensueño, 35 pp. Otra edición, también descatalogada, en Barcelona: Molino, 1968; trad. de O. Llorens; ilustraciones de la autora. Se puede leer la edición original en la red. Nueva edición, titulada Papá piernas largas, en Madrid: Turner, 2015; 204 pp.; trad. de María Sierra; ISBN: 978-8416354047. [Vista del libro en amazon.es]
15 años: lectores jóvenes.
Narrativa: Vida diaria.
Cerca de Nueva York. Una breve introducción nos cuenta que a Jerusha Abbott, de 17 años, un generoso y oculto benefactor la saca del hospicio John Grier donde ha vivido para pagarle los estudios en un colegio. A cambio, deberá escribirle cada mes contándole cómo van las cosas. A través de sus cartas iremos conociendo su vida: cambio de su nombre a Judy, amplísimo plan de lecturas, primeros pinitos literarios, trato con compañeras como Sallie Mac Bride, vacaciones con distintas familias, evolución de sus sentimientos, amistad con el tío de otra compañera llamado Jervis Pendelton... Hasta que acaba conociendo a su benefactor.
Querido enemigo
(Dear Enemy, 1915)
Barcelona: Juventud, 1956; 176 pp.; col. Mujercitas; no indica traductor; agotada. Se puede leer la edición original en la red.
15 años: lectores jóvenes.
Narrativa: Vida diaria.
Sallie Mac Bride, recién nombrada superintendenta de un hospicio de cien niños, escribe cartas a diferentes destinatarios: a los patronos del hospicio, su antigua compañera Judith y su marido; a su novio, el político Gordon Hallock; al médico de la institución, Robin Mac Rae, su Enemigo. Al tiempo que se va dibujando su personalidad expansiva y locuaz, y los cambios que va sufriendo su modo de ver la vida gracias a su nuevo trabajo, se van contando historias y travesuras de distintos chicos, y se van revelando relaciones e historias personales, en especial el progresivo distanciamiento entre Sallie y el simpático y dadivoso Gordon, y su enamoramiento del serio y trabajador Mac Rae.
La autora procuró prolongar el gran éxito de Papaíto piernas largas con Querido enemigo, mejor novela porque los tonos rosas no impiden ver la realidad patética de muchas situaciones personales y familiares. Ambas van ilustradas con sus propios dibujos humorísticos, de no mucha calidad pero expresivos y graciosos. Aunque las traducciones castellanas que se citan son antiguas y podrían mejorarse sustancialmente, las historias tienen gracia porque Jean Webster sabe dar distintos registros a las voces de sus narradoras, siempre desenvueltas y a veces cómicas a la hora de contar lo que les ocurre, con una cierta pose inicial frívola que va dejando paso a un estilo de trabajo responsable.

En Papaíto piernas largas veremos que la vivaz y dicharachera Judy Abbot tiene un plan de lecturas asombroso, y podremos leer que incidentalmente señala cómo es «la única del colegio que no ha sido educada con Mujercitas. Claro que no se lo digo a nadie porque esto me daría patente de estrafalaria».

En Querido Enemigo, aunque comienza con tonos ligeros —«mi lengua no tiene la más pequeña conexión con mi cerebro; funciona con absoluta independencia», dirá Sallie en una carta para su Enemigo disculpándose por haber hablado demasiado—, pronto comprobaremos que maneja una ironía muy inteligente —cuando habla de su novio y menciona que a él los niños no le importan mucho, enseguida rectifica: «Me temo que le estoy difamando. Los niños se convierten en electores»—, y que su profundidad de carácter va en aumento —si al principio afirma que «el servir a la sociedad es admirable [...] pero mortalmente aburrido en sus detalles», luego romperá con Gordon diciéndole que «ya no soy una alegre joven que juega con la vida. La conozco demasiado y esto quiere decir que ya no me puedo reír siempre»—.

Además, entre las novelas que proliferaron a finales del XIX y principios del XX señalando los malos tratos que sufrían muchos niños, Querido Enemigo puede ser destacada también porque nace de que, durante sus estudios, Jean Webster visitó orfanatos e instituciones que la concienciaron de algunos problemas sociales: de modo indirecto, la novela hace notar los estragos que causa el alcoholismo en las familias y habla de chicos que «precisan años de felicidad, amor y alegría para extirpar los horribles recuerdos que tienen almacenados en los rincones de sus pequeños cerebros».

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