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PERERA Soto, Hilda
Escritora cubana. 1926-. Nació en La Habana. Doctora en Filosofía y Letras por la Universidad de la Habana, en 1950. Exiliada en Miami desde 1964. Autora muchas veces premiada. Su primera obra fue Cuentos de Apolo.

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Cuentos de Apolo
(1947)
León: Everest, 1983; 59 pp.; ilust. de Irene Areal; ISBN: 84-241-5384-7.
9 años: lectores niños.
Narrativa: Vida diaria.
Varios episodios de la vida cotidiana de Apolo, un niño campesino negro que goza con las alegrías ordinarias y que va sufriendo decepciones en sus esperanzas: le llevan a ver el mar a La Habana, gana dinero para comprar un refresco, no es invitado a una fiesta que da una niña blanca, no recibe regalos en Reyes a pesar de su esfuerzo por portarse bien todas las Navidades...
Siendo muy joven, Hilda Perera logró todo un clásico con estas escenas, divertidas y conmovedoras a la vez, de la vida de un chico «tan ágil y tan negro, que en música sería una semifusa», y que demuestran que muchas veces las grandes emociones son causadas por pequeños acontecimientos. Escritos en tercera persona pero desde la mirada del pequeño Apolo, el conjunto de los relatos muestra con delicadeza y claridad un panorama social marcado por la pobreza y el racismo, y dibuja un mundo interior de niño que aún no es capaz de sentir resentimiento. Refugiado en sus sueños de ser un valiente capitán, de llegar a ser una estrella del béisbol, «Apolo no tiene una vida sola, tiene dos: una es la de afuera, la de hacer mandados, cuidar a (su hermano pequeño) Homobono, ir al colegio; pero ésa casi no cuenta, porque se parece a todas. La otra sí es verdaderamente suya... Una la vive siempre; es obligatoria desde el amanecer hasta el sueño. La otra no, la otra la vive a ratos, cuando quiere, y estar en ella es como ir a unas vacaciones en sí mismo».
El lenguaje de Hilda Perera es claro, expresivo, rico e intenso. Un ejemplo: la primera vez que ve el mar, Apolo «fue hasta el Malecón corriendo, y se quedó estático sobre el muro, con la boca abierta, mientras el viento le hinchaba la camisa. Lejos, estaba el mar azul, callado, con polvo de oro en la espalda, casi sólido. Sobre él, unas goletas se achicaban hacia el horizonte. Cerca, lo veía rugiendo, espuelas de viento hincándolo, canosas las altas crestas de las olas».

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