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NAIPAUL, Vidiadhar Surajprasad
Escritor de Trinidad Tobago. 1932-. Nació en Chaguanas, un pueblo cercano a Puerto España, en una familia de origen hindú. Su abuelo trabajaba en una plantación de caña de azúcar y su padre fue periodista y escritor. A los 18 años se fue a la Universidad de Oxford, donde se graduó en 1953. Vivió desde entonces en Inglaterra, aunque viajando mucho por Asia, África y América. Excepto cuando, en sus años jóvenes, trabajó como periodista para la BBC, se ha dedicado por entero a escribir. Premio Nobel 2001.

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Miguel Street
(1959)
Madrid: Debate, 1981; 222 pp.; col Literatura; prólogo y trad. de Francisco Páez de la Cadena; ISBN: 84-7444-045-9; agotado. Otra edición en Barcelona: Mondadori, 2004; 207 pp.; col. Literatura; trad. de Flora Casas; ISBN: 84-397-1050-X. Y otra más en Barcelona: Nuevas Ediciones de Bolsillo, 2007; 208 pp.; ISBN 13: 978-84-8346-349-9. [Vista del libro en amazon.es]
18 años: lectores expertos.
Narrativa: Vida diaria.
Años 40, Puerto España, Trinidad. Lo que un transeúnte cualquiera calificaría de suburbio, afirma el narrador, «para nosotros, que vivíamos allí, era un mundo donde cada uno era diferente de los demás: Man-man estaba loco, George era un tonto, Pie Grande era un matón, Hat un aventurero, Pipo un filósofo, y Morgan nuestro comediante». El relato termina con la marcha del narrador, cuando ya tiene dieciocho años.
Esta obra sin más argumento que la presentación de una galería de personajes, la primera en ser escrita por el autor y la tercera en ser publicada, parece tener rasgos autobiográficos. En ella brilla su talento para la descripción colorista y precisa, «con un trazo abocetado, casi impresionista», según afirma el prologuista y traductor, que también destaca la ironía compasiva con la que Naipaul oculta el patetismo de unas situaciones que a veces incluso arrancan la carcajada.

No es realmente una novela de iniciación pues, aunque hace ver cómo un niño está mirando siempre hacia arriba, buscando pistas en lo que dicen y hacen los adultos y, por tanto, se supone que va descubriendo la vida, la narración carga el acento en las peculiaridades de los comportamientos de unos tipos que, en el fondo, son unas personas excelentes, unos «románticos incurables». Pero sí es un buen ejemplo de cómo se pueden dejar indeleblemente grabados en la mente del lector un peculiar ambiente de compañerismo masculino y de orgullo local, y unos seres tan asombrosos como Hat, un hombre con «la pasión por las apuestas imposibles» y capaz de «darle un giro extraordinario a una cosa muy vulgar», pero desalentado cuando ve que la vida pasa y «todos crecen y se marchan».

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