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Ficha del autor 'PRESSLER, Mirjam' :: bienvenidosalafiesta ::    
bienvenidos a la fiesta
PRESSLER, Mirjam
Escritora alemana. 1940-. Nació en Darmstadt. Estudió Artes Plásticas en Fráncfort. Desde 1980 escribe novelas juveniles: muchas han tenido premios y gran eco en su país. Encargada de la edición definitiva del Diario de Ana FRANK, y biógrafa suya también.

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Malka Mai
(2001)
Barcelona: Diagonal del Grup 62, 2003; 303 pp.; trad. de Rosa-Ana Folguerà; ISBN: 84-9762-052-6.
15 años: lectores jóvenes.
Narrativa: Vida diaria.
Segunda Guerra Mundial. La doctora Hanna Mai, judía, debe huir precipitadamente desde Polonia hacia Hungría, llevándose a sus dos hijas, Minna y Malka. Cuando la pequeña Malka enferma, como no puede soportar la marcha decide dejarla con unos campesinos que se comprometen a llevársela en tren al cabo los pocos días. Pero las cosas se complican: Malka es abandonada, desandará el camino y volverá de nuevo a Polonia, ingresará en prisión, será recogida por una familia que la conocía, luego sobrevivirá en un gueto, más tarde la recogerán en un hospital… Entretanto, Hanna decide volver desde Budapest en su busca.
Relato donde brillan las mejores cualidades de la escritora alemana y quedan minimizados los aspectos menos atractivos de otras novelas suyas sobre problemas juveniles, que tienen tonos desasosegantes, pues no hay humor como válvula de escape y las salidas humanas que se ven son muy pobres y se anuncian como insuficientes en el futuro. Pero si se podría decir que en novelas con protagonistas de ahora, el hecho de acentuar mucho las dificultades de los adolescentes y la incapacidad de los adultos de su entorno para darles respuestas válidas a lo que les preocupa, puede magnificarlas e incluso agravarlas, no es el caso de un relato como Malka Mai.

La escritora pone aquí su dominio narrativo y su talento literario al servicio de una historia convincente, tensa y emotiva. Basada en una historia real a la que se añaden episodios imaginados, y manejando elementos habituales en este tipo de relatos —apego de Malka a su muñeca Liesel, vida en solitario en los escondrijos del gueto…—, se dibujan bien los dos principales conflictos por medio de una narración en bloques alternos: unos centrados en Hanna y otros en Malka. Se describen magníficamente los conflictos interiores de Hanna: sus dudas de conciencia sobre si hace o no lo correcto y sobre si las decisiones vitales que tomó en el pasado fueron acertadas. Logra conmover al mostrar el desvalimiento de Malka, sus modos de reaccionar ante las dificultades y cómo se va produciendo su deterioro interior.

Otra subtrama de interés es el choque de Hanna con su hija Minna, un personaje áspero y sombrío parecido al de otras novelas suyas que protagonizan chicas adolescentes. Y no es un logro menor el equilibrio nada maniqueo con el que se ve cómo unas personas ayudan y la mayoría se desentienden de los problemas de los demás. Siendo legítimo, el desenlace quizá sea innecesariamente más doloroso y desasosegante de lo que podría ser, aunque sea comprensible pensar que a la narradora le cueste dejar la puerta un poco más abierta.
Seguir y seguir sin saber hacia dónde…

Una de las características de otros relatos de Pressler es un feminismo combativo. En este caso asoma en los planteamientos vitales de Hanna: «No pertenecía a esas mujeres cuya única razón de vivir era el cuidado de sus maridos e hijos. A ella le daban arcadas sólo de pensar en ser ama de casa, se regía por otro tipo de leyes y se había liberado de ese modo humillante de pensar, y la verdad era que siempre había mirado a esa clase de mujeres por encima del hombro». Ahora bien, el comportamiento egoísta de su hija Minna y el desgarro que sufre al ver que puede perder a Malka y que, en cualquier caso, su hija pequeña quedará marcada irremediablemente, abren grietas en las ideas que siempre ha mantenido, y piensa: «Así soy yo, siempre en movimiento, siempre hacia delante, como si estuviera poseída por algo, los días transcurren y yo no tengo ningún objetivo. Esa es la explicación de todos mis errores: la falta de objetivos, la locura de seguir y seguir, sin saber hacia dónde. De esa manera realicé mis estudios, me enamoré, me casé y tuve hijos, así me convertí en médico y así sacrifiqué a mi hija, todo por avanzar hacia ninguna parte».
Otro libro: Natán y sus hijos.

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