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Ficha del autor 'FEIFFER, Jules' :: bienvenidosalafiesta ::    
bienvenidos a la fiesta
FEIFFER, Jules
Ilustrador e historietista norteamericano. 1929-. Nació en Nueva York. Autor teatral, guionista de cine, y dibujante de una tira cómica que se publica diariamente en varias decenas de periódicos.

El hombre del techo
(The Man of the Ceiling, 1995)
Madrid: Anaya, 2001; 191 pp.; trad. de Alberto Jiménez Rioja; ISBN: 84-207-1275-2.
12 años: lectores adolescentes.
Narrativa: Vida diaria.
Jimmy Jibbet es un mal deportista y un mal estudiante, porque no hace más que dibujar continuamente. Su padre, un hombre agobiado, no le hace mucho caso, también porque Jimmy no aprecia nada el béisbol. Su madre, una diseñadora de modas, también está muy ocupada. Su hermana mayor Lily es su principal admiradora pero tiene un carácter endiablado. Su hermana pequeña Susu, le absorbe tiempo pidiéndole que le cuente historias. Y Jimmy, que se da cuenta de que resulta «imposible tener éxito como chico en Estados Unidos si no juegas al béisbol», sueña con llegar a ser dibujante de cómic. Cuando el chico más brillante de la escuela le pide que dibuje historietas sobre Cabezabala, un superhéroe que también es un arma mortal autopropulsada, Jimmy accede, pero no consigue nada convincente y además se bloquea cuando se ve obligado a dibujar lo que no le gusta. Saldrá del atolladero gracias a su tío Lester, un compositor con una larga historia de fracasos.
Feiffer-Heide.jpg
¡Qué horror!
(Some things are scary, 2000)
Texto de Florence Parry HEIDE. Barcelona: Serres, 2004; 32 pp.; adaptación de Marta Ansón; ISBN: 84-8488-157-1.
9 años: lectores niños.
Álbumes ilustrados.
No hay aquí ninguna historia sino una sucesión de dibujos que reflejan sentimientos de repulsión ante algo (como «un abrazo de alguien que no te gusta», o «pisar descalzo algo blandito»), o temores reales o imaginarios de que algo suceda («que tu mejor amigo se vaya del barrio», que «te quedaras así de bajito», que «tus padres hablan de ti en voz baja»...).
El hombre del techo es el primer libro escrito por su autor, un conocido dibujante de tiras cómicas satíricas e ilustrador de libros ajenos. El relato combina texto con ilustraciones y con las viñetas de cómic que realiza el protagonista, unos dibujos enérgicos con todo el aire de haber sido realizados por un chico, aunque resulta obvio que están muy diestramente compuestos. Con acentos de narración oral, todo gira en torno a Jimmy, un personaje convincente, obsesionado con llegar a ser dibujante de cómic, con dificultades para dibujar bien las manos de sus personajes, con muchas dudas acerca de sus dotes para otras actividades. El lado humorístico del relato se apoya en las relaciones familiares, pues el comportamiento de cada miembro de la familia da lugar a situaciones jocosas y a comentarios irónicos, bondadosos pero certeros: «Jimmy era conocedor de las realidades de la infancia: uno no llega muy lejos cuando muestra a las personas mayores que se equivocan».

La singularidad de El hombre del techo, que le hace superar sus limitaciones literarias, es la descripción de la orientación vocacional de Jimmy, en la que parecen contenerse buena parte de los sentimientos de infancia del autor y que sostiene la principal reflexión de la historia en torno al éxito y al fracaso. El tío Lester hace notar a Jimmy cómo «cada fracaso es un pieza de la suerte futura. Porque te acerca un poco más al momento en que estás listo. [...] El fracaso es como el patito feo. [...] No se llega a ser un precioso cisne por accidente. El único modo de ser un precioso cisne es empezar siendo un patito feo». A lo que Jimmy replica: «Es decir, que, si quiero aprender a dibujar bien las manos, tendré que dibujar mal, terriblemente mal, cien, quizá mil, quizá diez mil manos». Y Jimmy tendrá ocasión de devolver el consejo a su tío cuando más lo necesite.
¡Qué  horror! es un miniálbum que da idea de la capacidad expresiva de los dibujos de Feiffer. Es también un ejemplo de relato gráfico que hace reír a un adulto que ha superado esas ansiedades  y que le hace comprender mejor el mundo interior del niño, y que también puede ayudar un poco a quien sufre tales inquietudes o complejos al hacerle ver que son situaciones universales.

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