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Ficha del autor 'SLOCUM, Joshua' :: bienvenidosalafiesta ::    
bienvenidos a la fiesta
SLOCUM, Joshua
Escritor norteamericano. 1844-1909. Nació en Nueva Escocia, Canadá. Ciudadano norteamericano desde 1869. Embarcó a los 16 años y fue capitán a los 25. Autor de tres libros de viajes por mar protagonizados por él de los cuales ha llegado a ser un hito el tercero: su travesía dando la vuelta al mundo. Cuando estaba preparando un viaje al Amazonas, no volvió después de una salida en barco desde donde vivía, la isla Martha´s Vineyard, Massachusetts.

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Navegando en solitario alrededor del mundo
(Sailing Alone Around the World, 1900)
Barcelona: Juventud, 1981; 248 pp.; ilust. de la edición original, de Thomas Fogarty y George Varian; trad. y prólogo de Luis de la Sierra; ISBN: 84-261-1718-X.
15 años: lectores jóvenes.
Narrativa: Aventura.
Joshua Slocum, fabricante con sus propias manos de un velero de doce toneladas «que podía navegar sin nadie a la caña, ¡cuando no existía el piloto o timón automático, o de viento!», cuenta cómo, «sin más medios de propulsión que su aparejo de lona», da la vuelta al mundo en solitario, por primera vez en la historia de la navegación, doblando por los cabos de Hornos y de Buena Esperanza y recorriendo 46.000 millas marinas desde el 24 de abril de 1895 hasta el 27 de junio de 1898.
De todos los relatos de aventureros solitarios, herederos reales y no literarios de Robinson, pocos más subyugantes que la travesía del Spray. Hasta quien lo ignora todo de navegación se ve atrapado por la narración de las vicisitudes y dificultades extremas por las que pasó el autor. En su recorrido hizo escala, entre otros lugares, en la isla de Juan Fernández, donde naufragó Alexander Selkirk, cuya peripecia inspiró a DEFOE las aventuras de Robinson Crusoe, y en la isla de Vailima, donde visitó a la viuda de Robert Louis STEVENSON. Allí formula Slocum una de las pocas reflexiones marginales que se permite: «A medida que me fui alejando del centro de la civilización, cada vez oí hablar menos de lo que compensaba o no compensaba. Al relatarle mi viaje, la señora Stevenson no me preguntó ni una sola vez qué provecho material pensaba sacarle. Cuando visité una aldea samoana, el jefe no quiso saber el precio de la ginebra, ni dijo: “¿Cuánto pagarás por el cerdo asado?”, sino: “¡Dólares, dólares, el hombre blanco sólo quiere saber de dólares!”». Slocum termina, satisfecho de sí mismo, dejando claro que «si el Spray no descubrió continentes durante su viaje puede que fuera porque ya no había ninguno que descubrir; no buscó nuevos mundos, ni navegó para desafiar los peligros de los océanos. La mar ha sido muy denigrada, pero es bueno encontrar el camino hacia tierras ya descubiertas, y el Spray halló que incluso la peor mar no es tan terrible para un barco bien equipado. El viaje no costó nada a rey, país o tesoro público alguno, y el Spray llevó a cabo todo lo que se había propuesto».

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