bienvenidos a la fiesta
DICKENS, Charles
Escritor inglés. 1812-1870. Nació en Portsmouth, Hampshire. Siendo niño trabajó doce horas diarias en una fábrica de betún: esta experiencia marcó su vida y su obra. Trabajó luego transcribiendo sesiones de los tribunales de justicia y, más adelante, como taquígrafo en el Parlamento. La acumulación de tan distintas experiencias será vital para la descripción tan rica de personajes y ambientes que caracterizará su obra. Desde los 21 años empezó a publicar artículos en los periódicos y su éxito fue pronto muy grande. Algunas pistas sobre su vida están en David Copperfield, un libro del que CHESTERTON afirma que es «el único libro que Dickens escribió de sí mismo» y que «es especialmente fiel a la juventud y aún a la niñez. Todos los personajes aparecen un poco mayores de lo que en efecto son, porque, para verlos, David ha de mirar hacia arriba». Murió en Londres.

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Ilust. de George Cruikshank.
Oliver Twist
(Oliver Twist; or The Parish Boy´s Progress, 1838)
Madrid: Anaya, 2005, 7ª ed.; 443 pp.; col. Tus Libros; ilust. de George Cruikshank; presentación de Juan Tébar; trad., apéndice y notas de Póllux Hernúñez; ISBN: 84-207-3598-1.
15 años: lectores jóvenes.
Narrativa: Vida diaria.
Oliver nace y crece en un orfanato parroquial. Con nueve años es enviado a trabajar en una funeraria. Huye y cae en un grupo de ladronzuelos callejeros dirigidos por Fagin, un judío usurero, y unidos a un delincuente violento de nombre Sikes. Casualmente, Oliver acaba en casa del señor Brownlow, que observa en él un extraño parecido... Pero vuelve a ser capturado por Fagin y Sikes, y vuelve a marcharse, para terminar en casa de la señora Maylie y su ahijada Rose, una joven de 18 años de oscuro pasado. Un misterioso tipo llamado Monks no para de azuzar a Fagin y Sikes para que capturen de nuevo a Oliver. Los Maylie entran en contacto con Brownlow, y logran atrapar a los ladrones y averiguar los orígenes de Oliver y Rose.
David Copperfield
(1850)
Madrid: Espasa, 1999; 1072 pp.; col. Austral; trad. de Carmen Abreu de Peña; introd. de Juan Tébar; ISBN: 84-239-7461-8.
Nueva edición en Barcelona: Alba, 2003; 1022 pp.; col. Alba Clásica Maior; ilust. de H. K. Browne; trad. de Marta Salís; ISBN 84-8428-200-7.
15 años: lectores jóvenes.
Narrativa: Vida diaria.
Novela con multitud de personajes y de ramificaciones. Cuando su madre se casa de nuevo, David es maltratado por su padrastro y la hermana de éste. Es internado en Salem House, colegio que deja cuando muere su madre. Su padrastro lo hace trabajar en unos sórdidos almacenes. Huye a casa de una tía que se llevaba mal con su madre pero que lo acoge con calor. Ella lo lleva a la escuela del doctor Strong, donde conoce a Míster Wickfield, a su sensata hija Agnes y a su tétrico ayudante Uriah Heep, que hace planes para llegar a controlar el despacho de Wickfield. David empieza su trabajo en el Tribunal de Doctores y se enamora de Dora Spenlow, con la que termina casándose. Su tía se arruina y, para lograr estabilidad económica, David se fija un plan de trabajo arduo: taquígrafo en el Parlamento, escritor... Entretanto, Heep afianza su dominio sobre Wickfield..., pero es desenmascarado. Luego muere Dora, y David se enamora y se casa con Agnes.
Canción de Navidad
(A Christmas Carol, 1843)
Madrid: Anaya, 2005, 9ª ed.; 224 pp.; col. Tus libros; ilust. de Arthur RACKHMAN, John Leech y Harry Furniss; introd. de Juan Tébar; trad. notas y apéndice de Santiago R. Santerbás; ISBN: 84-207-3408-X.
Existe otra edición, titulada Cuento de Navidad, en Barcelona: Lumen, 1990; 152 pp.; ilust. de Roberto INNOCENTI; trad. de Enrique Ortenbach y Anna Capmany; ISBN: 84-264-3643-9.
12 años: lectores adolescentes.
Narrativa: Fantasía.
Canción o Cuento de Navidad es el primero y más famoso de los cuentos que Dickens escribió con centro en la Navidad y como evocación de la infancia. El viejo avaro Ebenezer Scrooge no quiere saber nada de celebrar la Navidad. Se le aparecen los espíritus del pasado, del presente y del futuro, que le hacen cambiar de opinión. Más importante que la historia en sí misma, es la «atmósfera» del relato, algo que tiene gran importancia en todas las obras de Dickens.
Dice Chesterton que «la obra de Dickens no se deja medir ni dividir por novelas; puede computarse siempre por personajes, a veces por grupos, más a menudo por episodios; pero nunca por novelas». Y es que las obras de Dickens son, todas ellas, una galería de personajes que se mueven en mundos reales y claroscuros, de modo que «lo mejor de sus obras puede estar en la peor de sus obras». Se comprende bien lo anterior con un ejemplo del mismo Chesterton: «Sherlock Holmes es la única figura popular en las novelas de Sherlock Holmes. Pocos serán capaces de decir de improviso cómo se llamaba el dueño de la Llama de Plata, o si la señora Watson era rubia o morena. En cambio, si Dickens hubiese escrito las novelas de Sherlock Holmes, todos los personajes sin excepción habrían sido igualmente atrayentes e inolvidables. [...] Cuando Dickens mete en un libro un personaje meramente para que lleve una carta, aún tiene tiempo de dar dos pinceladas y hacer de él un gigante. Dickens no sólo conquistó el mundo: lo conquistó con personajes secundarios», pues se esforzó siempre por hacer verdaderos los estados de ánimo y las motivaciones por encima de los enredos aventureros. Además, Dickens maneja como nadie una peculiar ironía y un humor caricaturesco que, unidos a la compasión, hacen muy eficaz su labor de crítica social. «Estas dos primordiales virtudes de Dickens —la de ponerle a uno la carne de gallina y la de hacerle retorcerse de risa— iban en él hermanadas; nunca está lejos una de otra». Se ha dicho de él que era al mismo tiempo un «burlón sin freno» y un «razonador lleno de moderación».
Tanto Oliver Twist como David Copperfield son obras en las que Dickens ajusta cuentas con su infancia, marcada por el sufrimiento y por la falta de amor de su madre. Oliver Twist fue y es muy popular, también por sus adaptaciones teatrales, musicales y cinematográficas, pero es en exceso folletinesca y caricaturesca y sus coincidencias son aún más increíbles que las de otras novelas. David Copperfield está más lograda, también por ser la novela en la que, al poner mucho de su propia vida, Dickens se propone mostrar más ostensiblemente un proceso completo de maduración.
Quizá sea exagerado decir que Dickens, con sus novelas, contribuyó a derribar unas estructuras sociales injustas. Pero no lo es tanto afirmar que con ellas hizo más sensibles a los hombres de su tiempo, lo que no deja de ser un buen comienzo. La razón está en que «Dickens se sentía en simpatía con los pobres, sufría mentalmente con los pobres, las cosas que le irritaban son las mismas que a ellos les irritaban. No compadecía al pueblo, ni se hacía su vocero o campeón; no era siquiera que defendiese al pueblo, sino que él mismo, en tales materias, era el pueblo». Por todo esto, concluye Chesterton, «Dickens permanecerá como señal imperecedera de lo que ocurre cuando un gran genio de las letras tiene un gusto literario coincidente con el del común de los hombres». «No escribió nunca lo que quería el pueblo, sino que quiso lo que el pueblo quiere. [...] Jamás habló al pueblo de arriba abajo. Le habló siempre de abajo arriba». Y por eso, aunque no escribió expresamente para niños, ya en 1888 venció con mucha diferencia en una encuesta sobre las lecturas favoritas de los chicos ingleses.
Con los colores de la pasión y de la juventud

A diferencia de los demás libros de Dickens, David Copperfield «trata de realidades por completo corrientes, pero las trata con calor y con simpatías y repulsiones casi bélicas. No es que sea un libro realista y, a la vez, romántico, sino que es real porque es romántico. Contiene naturaleza humana contada con exageración humana. Todos recordamos los personajes del libro; nada se parecen a los inflados y fabulosos seres de otras obras de Dickens. No son puras creaciones poéticas [...]. A todos nos consta que existen. Todos hemos conocido a la nodriza chapada a la antigua, tozuda y vehemente, tan común y corriente y tan original a la vez, dependiendo tanto de otras cosas y, sin embargo, tan autónoma. Todos hemos conocido al padrastro intruso, al irruptor abstracto, brutal, apuesto, arisco, triunfador y destructor de hogares. Todos hemos conocido a esa solterona tiesa y sarcástica, que se conduce como una chiflada en todas las cosas triviales y como el ser más cuerdo en todas las importantes. Conocemos al gallito de la escuela; conocemos todos a Steerforth, esa criatura privilegiada, a quien los dioses aman y los criados respetan. Y conocemos a su pobre madre aristocrática, tan orgullosa, tan satisfecha, tan abandonada. Y conocemos el tipo de Rosa Dartle, esa mujer solitaria en cuya alma la misma ternura se ha estancado y convertido en una especie de veneno.
Más siendo todos ellos personajes reales, están iluminados con los colores de la pasión y la juventud. Son gentes reales sentidas románticamente, esto es, gentes reales sentidas como la gente real las siente. Están exageradas, al igual de todas las figuras de Dickens; pero no exageradas como las personas humanas son exageradas por un artista, sino como son exageradas por sus propios amigos y enemigos» (Chesterton).

Un mundo nostálgico y familiar

En el prólogo a una vieja edición de Cuento de Navidad, dice Miguel DELIBES que la sola mención de Dickens ya «despierta en el lector iniciado escenas de niebla y nieve, niños harapientos aplastando sus naricillas contra una vitrina repleta de juguetes, el viejo avaro junto a la chimenea de leños crepitantes, velas encendidas, cajitas de música, el cochero en el pescante de una berlina, con el tapabocas hasta los ojos, una calle de Londres flanqueada de árboles agarrotados por la escarcha... Todo un mundo, en fin, transido de nostalgia, envuelto en un halo de candor y sencillez, honestamente moralizador, donde un niño inocente y desvalido topa a menudo con la incomprensión y el egoísmo de los adultos».

Otras obras de Dickens

Todas las obras de Dickens son amenas y tienen encanto. Según Chesterton, su mejor biógrafo y crítico, su obra mayor es Casa Desolada un grandioso cuadro de la sociedad victoriana de su tiempo con la niebla como símbolo. Según otros críticos, Tiempos difíciles, una novela de tesis social contra los excesos del industrialismo, es quizá la obra «más imaginativa, poética e inteligentemente estructurada» (Santiago R. Santerbás). En la primera hay personajes tan formidables como la joven Esther Summerson y el singular detective Mr. Bucket. En la segunda, el lector verá cómo Dickens toma la defensa de los relatos fantásticos y de la fantasía para los niños, y se conmoverá con los sufrimientos de la pequeña Ceci Jupe cuando la llevan a la escuela y le «llovían realidades todo el día con tal intensidad y la vida se le representaba como un libro de números tan apretados en columnas, que la muchacha se habría escapado...». Pero también son personajes «juveniles» inolvidables y característicos la pequeña Nell de Almacén de antigüedades a la que acosa el horrible enano jorobado Daniel Quilp; y el bondadoso Pip de Grandes esperanzas, donde Dickens quiso, como en David Copperfield, presentar el desarrollo completo de la personalidad de su protagonista.
—Almacén de antigüedades (The Old Curiosity Shop, 1840). Madrid: Promoción y Ediciones, 1983; 223 pp.; col. Grandes Genios de la Literatura Universal; prólogo de Reginald Francis Brown; ISBN: 84-7461-201-2.
—Casa desolada (Bleak House, 1853). Barcelona: Montesinos, 1987; 756 pp.; col. Clásicos; trad. de José Luis Crespo Fernández; ISBN: 84-7639-060-2.
—Tiempos difíciles (Hard Times, 1854). Madrid: Cátedra, 1997; 447 pp.; col. Letras universales; edición de Fernando Galván; trad. de Amando Lázaro Ros; ISBN: 84-376-1070-2.
—Grandes esperanzas (Great Expectations, 1861). Madrid: Cátedra, 1985; 447 pp.; col. Letras Universales; edición de Pilar Hidalgo; trad. de María Engracia Pujals; ISBN: 84-376-0519-9.
Además, otra novela, comentada en una nota, es
Barnaby Rudge.

Más información

Los textos entrecomillados corresponden al estudio sobre Dickens, a medias entre la biografía y el ensayo, que le dedicó Chesterton. En él también se comenta la condición de «clásico» de Dickens e, indirectamente, al hilo de los comentarios a sus obras, se dan algunas razones de las preferencias de la mayoría de la gente por la literatura llamada «popular»: «Al pueblo no le gusta la mala literatura. Le gusta, sí, literatura de cierto género, y le gusta, aún cuando sea mala, con preferencia a la de otro género, aun cuando ésta sea buena. No veo en ello nada de absurdo; la línea divisoria entre diferentes tipos de literatura es tan real como la que separa el llanto de la risa; y decir a gentes que no pueden obtener más que comedias malas, que ponéis a su disposición una tragedia de primer orden, es como ir a ofrecer a uno que tirita bebiendo café caliente un helado de clase indudablemente superior».

Bibliografía:
—Chesterton, G. K. Charles Dickens (1906). Valencia: Pretextos, 1995; 210 pp.; trad. de Emilio Gómez Orbaneja; ISBN: 84-8191-052-X.
—Monográfico sobre Dickens. Revista CLIJ, n. 66, XI.1994.

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