Las ilustraciones sentimentales y evocadoras de la autora, siempre positivas y agradables, más atractivas muchas veces para los padres que para los niños, tuvieron una gran influencia.
Además de los álbumes citados merece ser conocida la versión en álbum que hizo en 1886 de
A Apple Pie, una canción infantil inglesa para el aprendizaje del abecedario, y que, aparte de permanecer como todo un clásico de ese tipo de libros, es un álbum que tenía una entonces inédita continuidad gráfica: en el texto, en las figuras, en el pastel que va disminuyendo según avanza el libro.
También porque la historia rompe un tanto su habitual estilo dulzón, muchos consideran que su mejor obra es la edición ilustrada de
El flautista de Hamelín, el famoso e inquietante poema de
Robert BROWNING.