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Ficha del autor 'BEARDSLEY, Aubrey' :: bienvenidosalafiesta ::    
bienvenidos a la fiesta
BEARDSLEY, Aubrey
lustrador inglés. 1872-1898. Nació en Brighton. Considerado un niño-prodigio en la línea impuesta por William MORRIS, falleció siendo joven. La influencia de sus refinados dibujos, claramente deudores de los grabados japoneses, se dejará sentir incluso en colegas de su misma época y de más edad que él, como RACKHAM. Falleció en Menton.

Algunas ilustraciones de las casi quinientas que hizo entre 1893 y 1894 para una edición de La muerte de Arturo, de sir Thomas MALORY, se recogen en la edición española de El rey Arturo y sus caballeros de la Tabla Redonda, de Roger Lancelyn GREEN.

Belleza y armonía

Chesterton hizo, más de una vez, interesantes consideraciones acerca de las ilustraciones de Aubrey Beardsley para La muerte de Arturo.

Señalaba que el esteticismo que se puso de moda a finales del XIX y principios del XX tuvo mucha presencia en la literatura infantil o, más bien, en los libros dirigidos supuestamente a los niños. Los seguidores de ese movimiento dirigían sus esfuerzos más a la armonía que a la belleza como tal: mientras esta es un hecho, la armonía es una combinación de hechos. Ironizaba Chesterton diciendo que un esteta era el tipo de persona que si su pelo no combinaba con el color del atardecer se teñía el pelo. Lo curioso del asunto, seguía Chesterton, es que, al final, los estetas no entendían bien su propio negocio de buscar la armonía de forma que las cosas resulten apropiadas, pues no eran capaces de sentir paralelismos y simpatías entre artes sino sólo de hacer matrimonios brutales y forzados entre modas.

Un ejemplo fue la edición de La muerte de Arturo con las ilustraciones de Beardsley, una combinación equivalente a ilustrar una tarjeta de Navidad con torturas chinas, decía. Explicaba que las ilustraciones de Beardsley, siendo fascinantes en sí mismas por su destreza compositiva y su artificialidad irónica, nada tienen que ver con el espíritu de un relato medieval cristiano de amor, guerra y sentimientos religiosos. Por un lado, las figuras pálidas y trémulas de Beardsley no son apropiadas para pintar hombres violentos vestidos con armaduras. Por otro, y esto es más importante aún, mientras que en los tiempos de Malory el buen arte se hacía en mármol y el malo en madera, y ambos eran sólidos, especialmente el malo, y ambos tenían tres dimensiones, como una estatua, el arte de Beardsley tiene la solidez y las dos dimensiones de una obra de cartón. El arte de Beardsley se puede apreciar, por supuesto, pues hay una disposición mental en la cual vemos gente tal como Beardsley la presenta: con caras blancas como de cera, con sonrisas falsas y cuerpos débiles. Pero en la realidad, a la gente la solemos ver siempre como aparecen en la obra de Malory: hombres con los modos y los pensamientos propios de hombres, y también monótonos en su amor a la guerra y a las mujeres.

G. K. Chesterton. «The Failure of the Aesthetes», artículo del 25 de diciembre de 1909 en el Illustrated London News, en Collected Works, volume XXVIII.

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