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SUTCLIFF, Rosemary
Escritora británica. 1920-1992. Nació y falleció en West Clanden, Surrey. Hija de un marino, viajó mucho desde pequeña. Sufrió una enfermedad que la obligó a estar en una silla de ruedas, lo que propició que fuese una gran lectora. Estudió Arte. Cuando finalizó la segunda Guerra Mundial se dedicó a escribir, sobre todo novelas históricas minuciosas que suelen considerarse juveniles.

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El Águila de la Novena Legión
(The Eagle of Ninth, 1954)
Barcelona: Plataforma, 2008; 351 pp.; trad. de Francisco García Lorenzana; ISBN: 978-84-96981-25-6.
15 años: lectores jóvenes.
Narrativa: Aventura.
Año 125. El primer mando del joven centurión romano Marco Aquila es Isca Dumnoniorum, al sur de Britania. Al hacer frente a una revuelta de las tribus locales sufre una herida grave que lo deja cojo y le obliga a abandonar la Legión. Durante su recuperación se aloja con su tío Aquila, también antiguo legionario, en la ciudad de Calleva. Allí salva de morir en el circo y compra un esclavo britano llamado Esca, y entabla relación con una joven vecina llamada Cotia. Luego, el legado del César acepta su ofrecimiento de viajar al norte, más allá del Muro de Adriano que se había levantado para contener el empuje de las tribus indígenas, con el doble fin de averiguar qué ocurrió quince años atrás con la desaparecida Novena Legión que mandaba su padre y de recuperar el águila de bronce que coronaba su estandarte. Para cumplir su misión se disfraza de curandero de ojos y le acompaña Esca, a quien antes había manumitido y que por tanto va con él por amistad y agradecimiento.
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Aquila, el último romano
(The Lantern Bearers, 1959)
Madrid: SM, 1989, 5ª ed.; 255 pp.; col. Gran Angular. trad. de Ángel Jiménez; ISBN: 84-348-0912-5.
15 años: lectores jóvenes.
Narrativa: Aventura.
Siglo IV. Cuando las últimas tropas romanas abandonan Inglaterra, el joven decurión Aquila, de familia romanizada, decide permanecer en su tierra. Una banda de sajones lo captura después de asaltar su granja, matar a su padre y raptar a su hermana. Después de dos años como esclavo en Jutlandia, vuelve a Britania y logra escaparse. Se une a la lucha de los británicos, encabezados por Ambrosius, contra el traidor Vortigern y sus aliados sajones, que avanzan como una lenta marea, como una cuña que, penetrando hacia el oeste, divide la isla en dos. A lo largo de los años los altibajos se suceden, con alianzas que se forman y se rompen, con treguas y batallas, mientras en las filas de Ambrosius cobra un protagonismo cada vez mayor su sobrino Artos —el futuro rey Arturo—, a quien Aquila conoce siendo niño y que, más tarde, al frente de la caballería en la que también sirve Aquila inclinará la victoria del lado britano.
Primera y tercera novela de una serie que Rosemary Sutcliff dedicó a la historia de Inglaterra en los primeros siglos; la segunda, no traducida al castellano, es The Silver Branch (1957). Son novelas ligadas pero independientes entre sí: se desarrollan en iguales escenarios pero la primera tiene lugar en el siglo II, la segunda un siglo después, y Aquila el último romano ya en el siglo IV; sus protagonistas pertenecen a la misma familia y hay elementos de continuidad, como un anillo con delfines grabados que pasa de padres a hijos. Además de que la inspiración para estas historias le viniera de la lectura del libro Puck de la colina de Pook, la autora deja un pequeño homenaje a KIPLING en la expresión de El libro de la selva «¡Buena caza!», que se lee varias veces en El Águila de la Novena Legión y una en Aquila el último romano.
Sutcliff, que veía similitudes entre nuestra época y la de la desintegración del Imperio Romano, demuestra un hondo conocimiento del mundo que recrea y unas notables dotes narrativas para conducir ágilmente la acción, construir unos diálogos precisos, y enriquecer con jugosos matices las descripciones de los personajes. Este último punto es tal vez el rasgo más característico de la autora, que perfila con cuidado a sus protagonistas y todas las relaciones humanas que mantienen, tanto las que arman las novelas —en la primera, las de Marco con su tío, con Esca y con Cotia; en la segunda, las de Aquila con su hermana Flavia y con su mujer Ness, sobre todo—, como las que dan lugar a episodios más cortos —con el auriga britano Cradoc o Guern el cazador en la primera, o con el viejo juto Bruni o el hermano Ninnias en la tercera, entre otras—. De hecho, hace brotar las emociones más fuertes sobre todo de los conflictos interiores de sus personajes, los de tipo personal —la invalidez de Marco, la herida interior de haber sido esclavo para Esca, la deserción y la esclavitud de Aquila—, y los de tipo social —la conciencia que tienen de vivir en un mundo inestable, los conflictos que se les plantean por vivir en el exilio y pertenecer a sociedades distintas y en conflicto...—.
Es necesario también destacar la seriedad del trabajo de Sutcliff en sus aspectos de recreación literaria y de reconstrucción cuidada del marco histórico. Por un lado, sabe presentar situaciones duras y momentos de combate de gran intensidad —en la primera novela, la carga de carros britanos en el asedio a Isca Dumnoniorum o la persecución a Esca y Aquila por montañas y bosques; en la segunda, el asalto de los sajones a la casa de Aquila o una gran batalla final—. Por otro, siempre narra con atención a los detalles, sentido poético y elegancia descriptiva. Así, para mostrar qué clase de mundo describe no sólo nos presenta un protagonista inválido y un amigo interiormente dolido, sino que al águila de bronce que rescata Marco le faltan las alas y también está mellado el anillo de su padre que vuelve a sus manos. O bien, cuando Marco repara en unas campánulas que habían florecido tarde, observa «una frágil campanilla sostenida por un delgado tallo arqueado» que «se movía con la fuerza del viento y volvía a recuperar su posición con una sacudida pequeña y desafiante». El narrador es sutil, pues no añade nada cuando usa esas u otras acumulaciones significativas o comparaciones implícitas, y así consigue lectores agradecidos por su respeto y atentos a los más pequeños pormenores del relato.
Un hombre sin amigos

La evolución psicológica de los protagonistas de Sutcliff está más marcada en Aquila, el último romano, una novela de desarrollo más complejo que El águila de la Novela Legión. Si en esta todo sucede en el intervalo de muy pocos años, la primera cuenta unos veinticinco años de historia y, en ellos, el protagonista se presenta como un hombre joven y esperanzado al principio, aplastado y humillado después, resentido cuando reencuentra a su hermana convertida en la mujer de un jefe sajón, competente pero siempre dolido durante la primera parte de la historia: Aquila, «el hombre moreno de la cicatriz en la frente y el ceño fruncido no tenía amigos. Llevaba siempre en su rostro una especie de amargura, y así no se podía tener amigos». Se vuelca en la causa de Ambrosius con pasión porque trabajar le ayudaba a no pensar ni a recordar... Los acontecimientos le van haciendo reflexionar: procura rectificar después del reproche de su mujer, Ness —«nunca es por las cosas que haces sino por la forma en que las haces»—; empieza la comprensión y perdón de su hermana Flavia cuando se da cuenta del comportamiento fiel de Ness y del paralelismo entre los comportamientos de las dos; intenta tímidamente corresponder a su lealtad «dándole la única cosa que tenía para darle en aquel momento: una confidencia. [...] Ness hizo un gesto con las manos abiertas como si fuera a recibir un regalo»; y la vida le da una oportunidad final de reconciliarse consigo mismo y con su hermana.
¿Crees en la casualidad?

También, como es lógico, el desgarro que sufren hombres conscientes de pertenecer a dos mundos está más acentuada en Aquila, el último romano.
Aquila, Ambrosius, y los hombres más cultos que les rodean, perciben que falta poco para presenciar el derrumbe del mundo que han conocido, e intentan desafiar y enfrentarse con arrojo a la oscuridad que viene. «Puede ser que al final la noche se cierre sobre nosotros, pero creo que la luz del día volverá otra vez. La mañana siempre sucede a la oscuridad, aunque quizá no para la gente que vio ponerse el sol. Somos “portadores de antorchas”, amigo mío. Nuestra misión es mantener algo encendido, llevar toda la luz que podamos a la oscuridad y al viento», dirá el médico Eugenus. Es también él quien responde a la pregunta de Aquila de si cree en la casualidad: «Las casualidades, en cierto sentido, suenan feamente a desesperación; son un mundo sin forma y sin sentido». En otro momento posterior, cuando Aquila tropieza con Ambrosius sin reconocerle, se comporta de modo desacostumbrado ante su propia sorpresa: «Pudiera ser que la niebla se hubiera metido en su cabeza —la niebla cambia notoriamente las cosas». Y, cerca del final del relato, repite la misma pregunta, «¿crees en la casualidad?», al hermano Ninnias, que contesta: «También creo en Dios y en la Gracia de Dios».
Por otro lado, hay personajes que, siendo extraordinarios, ni mucho menos lo ven así. Si en su familia romanizada, Aquila aprendió a leer y conoció bien los textos clásicos, su esposa, hija de un caudillo celta con la que se casó por indicación de Ambrosius, pero a la que llegará a querer y de la que aprenderá lo más importante de la vida, tiene una visión de las cosas distinta y no comparte los deseos de Aquila de que su hijo vaya a la escuela:
«—En cuanto aprenda a decir la verdad, a manejar la espada y a montar un caballo ¿qué más tiene que aprender?
—Entre otras cosas, tiene que aprender a leer —le contestaba Aquila.
—¿Leer? ¿Qué utilidad puede reportarle saber leer? Vive en un mundo en el que solamente importa la espada y no los libros».
Escalofríos de expectación

Son modélicas las escenas de batallas y la forma en que se transmite su violencia sin recrearse en la crudeza de las situaciones. De las dos novelas es también Aquila, el último romano la que tiene una componente de acción mayor. Uno de los episodios de combate tiene lugar cuando los hombres de Ambrosius y sus aliados celtas están en una fiesta y, al llegarles noticias de un inminente desembarco cercano, acuden a esperar a los invasores ocultos tras las dunas:
«En aquel momento de la espera sentía un placer frío tan fuerte como la espada que empuñaba. El tiempo pasaba en silencio, oyéndose tan sólo la brisa marina y las olas chapoteando al otro lado de las dunas. Entonces, muy débilmente, su oído percibió el sonido de los remos rozando la arena; les dio un escalofrío de expectación a los hombres que aguardaban. Poco después se oyó el inconfundible chapuzón de los hombres que saltaban por la borda y el rechinar de las quillas contra la arena. Tras una breve pausa, se repitieron los ruidos cuando la segunda nave era empujada a la playa, y después la tercera, confundidos ya sus sonidos con los de las otras. Luego el murmullo de unas órdenes y unas risas osadas y amenazadoras. También se oía a los hombres saliendo del agua. Aquila suspiró profundamente tensando su cuerpo como el corredor que está a punto de comenzar la prueba. Y de repente, Ambrosius subió a una duna que había delante de Aquila y dio un tremendo alarido, blandiendo la espada por encima de su cabeza.
—¡Ahora! ¡Seguidme hermanos!
Al verlo, se levantaron todos como una ola que sube y baja por las arenas escurridizas».

Más libros. La autora también ha hecho excelentes adaptaciones de La Odisea y La Iliada.

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