Primera y tercera novela de una serie que Rosemary Sutcliff dedicó a la historia de Inglaterra en los primeros siglos; la segunda, no traducida al castellano, es
The Silver Branch (1957). Son novelas ligadas pero independientes entre sí: se desarrollan en iguales escenarios pero la primera tiene lugar en el siglo II, la segunda un siglo después, y
Aquila el último romano ya en el siglo IV; sus protagonistas pertenecen a la misma familia y hay elementos de continuidad, como un anillo con delfines grabados que pasa de padres a hijos. Además de que la inspiración para estas historias le viniera de la lectura del libro
Puck de la colina de Pook, la autora deja un pequeño homenaje a
KIPLING en la expresión de
El libro de la selva «¡Buena caza!», que se lee varias veces en
El Águila de la Novena Legión y una en
Aquila el último romano.
Sutcliff, que veía similitudes entre nuestra época y la de la desintegración del Imperio Romano, demuestra un hondo conocimiento del mundo que recrea y unas notables dotes narrativas para conducir ágilmente la acción, construir unos diálogos precisos, y enriquecer con jugosos matices las descripciones de los personajes. Este último punto es tal vez el rasgo más característico de la autora, que perfila con cuidado a sus protagonistas y todas las relaciones humanas que mantienen, tanto las que arman las novelas —en la primera, las de Marco con su tío, con Esca y con Cotia; en la segunda, las de Aquila con su hermana Flavia y con su mujer Ness, sobre todo—, como las que dan lugar a episodios más cortos —con el auriga britano Cradoc o Guern el cazador en la primera, o con el viejo juto Bruni o el hermano Ninnias en la tercera, entre otras—. De hecho, hace brotar las emociones más fuertes sobre todo de los conflictos interiores de sus personajes, los de tipo personal —la invalidez de Marco, la herida interior de haber sido esclavo para Esca, la deserción y la esclavitud de Aquila—, y los de tipo social —la conciencia que tienen de vivir en un mundo inestable, los conflictos que se les plantean por vivir en el exilio y pertenecer a sociedades distintas y en conflicto...—.
Es necesario también destacar la seriedad del trabajo de Sutcliff en sus aspectos de recreación literaria y de reconstrucción cuidada del marco histórico. Por un lado, sabe presentar situaciones duras y momentos de combate de gran intensidad —en la primera novela, la carga de carros britanos en el asedio a Isca Dumnoniorum o la persecución a Esca y Aquila por montañas y bosques; en la segunda, el asalto de los sajones a la casa de Aquila o una gran batalla final—. Por otro, siempre narra con atención a los detalles, sentido poético y elegancia descriptiva. Así, para mostrar qué clase de mundo describe no sólo nos presenta un protagonista inválido y un amigo interiormente dolido, sino que al águila de bronce que rescata Marco le faltan las alas y también está mellado el anillo de su padre que vuelve a sus manos. O bien, cuando Marco repara en unas campánulas que habían florecido tarde, observa «una frágil campanilla sostenida por un delgado tallo arqueado» que «se movía con la fuerza del viento y volvía a recuperar su posición con una sacudida pequeña y desafiante». El narrador es sutil, pues no añade nada cuando usa esas u otras acumulaciones significativas o comparaciones implícitas, y así consigue lectores agradecidos por su respeto y atentos a los más pequeños pormenores del relato.