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Ficha del autor 'CARBÓ, Joaquim' :: bienvenidosalafiesta ::    
bienvenidos a la fiesta
CARBÓ, Joaquim
Escritor español. 1932-. Nació en Caldes de Malavella, Gerona. Estudió peritaje mercantil. Autor de numerosos cuentos, guiones para cómic, obras teatrales, y varias novelas para jóvenes.

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La casa bajo la arena
(La casa sota la sorra, 1966)
Barcelona: Aliorna, 1988; 182 pp.; col. Aliorna joven; ilust. de Josep M. Madorell; trad. de Inés Bayona; ISBN: 84-7713-107-4. Nueva edición en Alzira: Algar, 2016; 216 pp.; col. Algar joven; trad. de Rubén Luzón; ISBN: 978-8498458282. [Vista del libro en amazon.es]
12 años: lectores adolescentes.
Narrativa: Aventura.
Pedro Vidal decide responder a un anuncio del periódico: «Empresa internacional ofrece oportunidad a joven independiente, que hable correctamente alemán e inglés, que tenga grandes condiciones físicas, que le guste el riesgo, que sea un gran nadador y que esté dispuesto a viajar. Edad máxima: treinta años». Acepta y acaba camino de África. Le proporcionan documentación de arqueólogo y, remontando el Nilo, es conducido hasta un extraño lugar en Sudán: un escondite bajo el desierto. Como lo que ve no le gusta, huye junto con Henry Balua, uno de los trabajadores-esclavos, para denunciarlo ante las autoridades del país.
Novela que se desarrolla con buen ritmo y mantiene tenso al lector, cuya trama está bien estructurada y resulta bastante verosímil a pesar del marcado acento aventurero, y cuyos personajes son atractivos. El punto de vista de casi toda la narración es el del protagonista, excepto algunos tramos en la escapada final donde toma el mando Henry Balua. Aunque sea una novela más acerca de una organización nazi oculta y dirigida por un megalómano y cruel jefe, el autor le da un aire nuevo: perfila con cuidado al protagonista, escalona bien los pasos con los que acaba enredado, hace desaparecer todo lo que no empuja el relato hacia delante, y usa un tono narrativo fluido y ágil, casi nunca discursivo y a veces muy cortado: «Pedro deliraba. O soñaba en voz alta. Le tocó la frente. No quemaba tanto como antes, pero sí lo suficiente para prever dificultades. Henry no sabía qué hacer. Tenían que marchar. Quedarse equivalía a morir sin luchar. Tenían que hacer todo lo posible. Iba a sacudirlo, cuando despertó».

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