Los Mumin nacieron como una tira cómica en los periódicos, durante la segunda Guerra Mundial. El primer libro que protagonizaron salió en 1945 y el segundo en 1946, pero el primero en ser traducido a muchos idiomas fue el tercero,
La familia Mumin. Esto, unido a la difusión mundial de sus tiras, que se produce a principios de los años cincuenta, da gran popularidad a estos personajillos que, actualmente, parecen ya formar parte del paisaje finlandés. Desde los sesenta, el hermano de Tove Jansson hacía las tiras y ella redactaba e ilustraba las historias noveladas.
La vida bohemia y burguesa de la infancia de la autora tiene su correlato en los ambientes y estilo de vida de los Mumin, unos seres sin grandes preocupaciones, que procuran vivir y pasárselo bien. Esto es explícito en la primera de las historias, donde por ejemplo se nos dice que «la casa de los Mumin estaba siempre llena de gente, porque era un lugar donde todos hacían lo que les pasaba por la cabeza sin preocuparse del futuro. Era cierto que ocurrían muchas cosas sorprendentes y aterradoras, pero nadie quería perder el tiempo disgustándose por ellas, que es lo mejor que se puede hacer». [En la traducción de Siruela, esto se cuenta de otro modo: «El papá y la mamá del Mumintroll siempre acogían a sus nuevas amistades con el mismo cariño, simplemente ponían más camas y agrandaban la mesa del comedor. De esta manera, la Casa Mumin se encontraba en un estado de permanente mudanza y casi siempre patas arriba; un hormiguero donde cada uno hacía lo que le venía en gana sin mucha preocupación por el día siguiente. Es cierto que, a veces, pasaban cosas sorprendentes y aterradoras, pero nadie tenía tiempo para aburrirse (y eso era una gran ventaja, claro)»].
El mundo de los Mumin es, también, el del clima y las tradiciones nórdicas, como se comprueba en las descripciones de islas y tormentas, en los contrastes de luz y oscuridad entre los veranos y los inviernos, en la multitud de seres extravagantes que proceden del folclore y de la influencia de autores como
Elsa BESKOW y
John Bauer, entre otros.
Jansson confiesa que sólo escribe para sí misma, desde dentro de sus propias cualidades infantiles, sin ninguna intención didáctica. Pero sus historias hablan de amabilidad, de optimismo, de comprensión, de que una madre siempre atenta y un ambiente familiar afectuoso son el refugio seguro frente a las amenazas. Y se ríe cordialmente del estilo de «los melindrosos»: en sus memorias, papá Mumin dice que un melindroso «nunca hace nada por el hecho de que le guste hacerlo, sino porque HA de hacerse, y está continuamente diciéndole a uno cómo debe comportarse»...
El lector español debe saber, sin embargo, que no es fácil leer los libros editados en castellano sobre los Mumin. Si entrar en un mundo fantástico puede no ser fácil, lo es menos cuando es tan inclasificable y singular, y menos aún si no se han compartido con el autor parecidas historias y juegos de infancia. Y la dificultad aumenta cuando editoriales y traductores distintos dan nombres diferentes a la misma clase de seres y a los mismos personajes (algunos ejemplos, según el orden Noguer, Alfaguara, Siruela, son: Mumin, Mumintroll, Mumintroll; Jemulen, Melindroso, Hemul; Esnorque y Esnorquita, Pocavoz y señorita Pocavoz, Snork y señorita Snork...). Al menos, la edición última de Siruela da una pequeña explicación al final que desbroza un poco el camino.