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Ficha del autor 'KERR, Judith' :: bienvenidosalafiesta ::    
bienvenidos a la fiesta
KERR, Judith
Escritora e ilustradora alemana. 1923-. Nació en Berlín, en una familia de origen judío. Con sus padres, en 1933 se trasladó a Suiza, luego a París y, en 1936, se instaló en Inglaterra. Pintora, diseñadora, guionista y escritora.

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Mog: the forgetful cat
(1970)
London: Collins Children's Books, 2010; 40 pp.; ISBN: 978-0-00-734712-4. [Vista del libro en amazon.es]
6 años: primeros lectores.
Álbumes ilustrados.
La familia Thomas está todo el tiempo quejándose del comportamiento de Mog, un gato de lo más olvidadizo y despistado, que no hace más que provocar molestias. Incluso su dueña, Debbie, a veces se incomoda. Pero, una noche en la que Mog está pensando que nadie le quiere, intenta ser amable con un hombre al que ve en la cocina…
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El tigre que vino a tomar el té
(The Tiger Who Came to Tea, 1968)
Pontevedra: Kalandraka, 2010; 30 pp.; trad. de Xosé Manuel González; ISBN: 978-84-8464-739-3. [Vista del libro en amazon.es]
6 años: primeros lectores.
Álbumes ilustrados.
En la primera ilustración Sofía está tomando el té con su madre y llaman a la puerta. En la siguiente doble página vemos las conjeturas que hacen sobre quién puede ser. En la página izquierda de la tercera doble página, Sofía abre la puerta y ve un enorme tigre que, amablemente, le dice que tiene mucha hambre y que si puede tomar el té; la madre accede y, en la página derecha, el tigre se sienta con las dos a la mesa...
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Cuando Hitler robó el conejo rosa
(When Hitler stole pink rabbit, 1971)
Madrid: Alfaguara, 2007; 263 pp.; ilust. de la autora; trad. de María Luisa Balseiro; ISBN: 978-84-204-7237-9. [Vista del libro en amazon.es]
12 años: lectores adolescentes.
Narrativa: Vida diaria.
Cuando Hitler alcanza el poder, la familia de Anna, nueve años, huye de Alemania. Viven en Suiza, Francia e Inglaterra. Anna es simpática y optimista pero, al final de su periplo, «a pesar de que sólo tenía once años, se sintió muy vieja y triste».
El tigre que vino a tomar el té fue un álbum que hizo famosa a su autora, que lo preparó cuando uno de sus hijos pequeños le dijo que los libros que le daban eran aburridos. Por un lado, su fuerza está en un argumento simpático, que mezcla bien vida cotidiana y fantasía, y que se suma a los que hablan de un personaje singular que irrumpe en una vida normal y cambia por completo las reglas. Por otro lado, las ilustraciones no son geniales pero sí cálidas y naturales a la hora de mostrar las emociones de los personajes y con la capacidad de comunicar directamente con el lector niño: la misma autora reconoce que «el tigre no es un tigre en absoluto. Quentin BLAKE lo habría hecho mucho más divertido y Michael FOREMAN lo habría dibujado mejor».

Mog, the forgetful cat, el primer relato de una larga serie del personaje, es de los que no se olvidan porque Mog es un personaje bien perfilado, tanto con lo que hace como con lo que se muestra. Las escenas con las que se cuenta la historia son excelentes y los dibujos de las figuras, del aturdido Mog en especial, son muy simpáticos. La edición que menciono es una versión con pop-ups para conmemorar el trigésimo aniversario, un recurso bienvenido si ayuda, pero que no hacen mejor el álbum, como casi siempre ocurre cuando no se respeta una historia tal como fue concebida.

Cuando Hitler robó el conejo rosa, un relato autobiográfico pero no contado en primera persona, es lineal y siempre desde la perspectiva de Anna: una chica cariñosa, sencilla, lista y sensible, que va teniendo una conciencia cada vez mayor de las dificultades por las que atraviesan sus padres y ella misma. Los sucesos se narran con descripciones expresivas y numerosos diálogos, que rezuman simpatía y visión positiva. «En secreto hizo el propósito de lavarse de verdad el cuello con jabón todos los días mientras mamá estuviese fuera, para que por lo menos los nazis no pudieran decir que los judíos llevaban el cuello sucio».

En la historia de Anna es destacable la relevancia que se concede a la unión y al calor familiar. Al principio, en descripciones externas: «Anna subió la escalera alfombrada. Entraba el sol por la ventana y afuera, en el jardín, se veían todavía algunas manchas de nieve. De la cocina subía olor a pollo. Daba gusto volver a casa del colegio». Cuando la historia progresa, Anna siente que «parecía estupendo y emocionante ser refugiado, no tener casa y no saber dónde uno iba a vivir», pues ella piensa y dice a sus padres que «a mí no me importa en realidad donde estemos con tal de que estemos todos juntos». Y, al llegar el momento de un nuevo traslado, pregunta a su padre:

«—¿Tú crees que llegaremos a sentirnos en casa en algún sitio?
—Supongo que no —respondió papá—. No como la gente que ha vivido en un mismo sitio durante toda su vida. Pero nos sentiremos un poquito en casa en muchos sitios, y eso puede estar igual de bien».

Otros libros continúan la historia de Anna cuando ya se ha instalado en Inglaterra, pero son mucho menos convincentes y no poseen ni la intensidad ni el encanto del primero.
Cómo curar a papá de sus pesadillas

En unas circunstancias tan duras, Anna no nota en sus padres, ni tampoco ella siente, ninguna necesidad de acudir a Dios... excepto en una ocasión, por la noche, cuando sufre al ver que su padre tiene horribles pesadillas: «Por favor, por favor —susurró, porque aunque no creía en Dios exactamente, siempre esperaba que hubiera alguien capaz de arreglar aquel tipo de cosas—. ¡Por favor, que tenga yo las pesadillas en lugar de papá! Luego se quedó muy quieta, esperando dormirse, pero no pasó nada». Pero Anna sí se duerme y esa noche tiene un sueño espantoso. Más adelante se nos dice que «Anna no le dijo nunca nada a nadie, pero siempre pensó que había sido ella la que había curado a papá de sus pesadillas. Y, cosa curiosa, a partir de aquél día ni ella ni papá volvieron a tenerlas».
Nota: la cita de la autora pertenece a esta entrevista en The Guardian, del 29 de noviembre de 2008.

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