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Ficha del autor 'FUERTES, Gloria' :: bienvenidosalafiesta ::    
bienvenidos a la fiesta
FUERTES, Gloria
Escritora española. 1918-1988. Nació y falleció en Madrid. Maestra, archivera, bibliotecaria. Poeta «surrealista y autodidacta», según propia confesión.

Antología
(2001)
Madrid: Susaeta, 2001; 170 pp.; col. Grandes autores para niños; ilust. de Jesús GABÁN; selección y prólogo de José MORÁN; ISBN: 84-305-9869-3.
Además, aunque con un criterio de selección menos riguroso, se han publicado en la misma colección 365 días con los animales, 365 glorierías infantiles, Cuentos para 365 días; Madrid: Susaeta, 2001; 169, 176 y 170 pp.; ISBN: 84-305-9896-0, 84-305-9995-9, 84-305-9282-2.
6 años: primeros lectores.
Poesía.
La Antología mencionada en primer lugar es una cuidada edición que recopila textos y poesía de la escritora madrileña. En las bibliotecas se pueden encontrar los libros originales como, entre otros: Don Pato y Don Pito (1970), El camello cojito (1978), El hada acaramelada (1973), La oca loca (1978), El dragón tragón (1978), La momia tiene catarro (1978), Las tres reinas magas (1978), El libro loco (1981), Pío Pío Lope (1981), La ardilla y su pandilla (1981), El domador mordió al león (1982), Plumilindo (1988), Yo contento tú contenta (1984), Cocoloco Pocoloco (1985), El pirata mofeta (1988), El perro que no sabía ladrar (1982), Paca la vaca flaca (1990).
El prólogo de la Antología citada se inicia con el juicio que merecía la obra de Gloria Fuertes a Camilo José CELA: «la voz poética más honda y sincera, menos artificial y acicalada de España». Y en él se define muy bien su poesía como «juego, reinvención, disparate, palabras subidas a un tiovivo, ingenio, canción, sorpresa y humor; pero también, y no en menor medida, contenidos profundamente humanos, morales, dichos con una naturalidad desnuda y directa que a todos llega y acompaña y consuela: amor, soledad, pobreza, dolor, justicia, paz, Dios». Esos juicios pueden completarse con los comentarios de la misma Gloria Fuertes en el prologuillo a una recopilación de poemas de años atrás, titulada Con alegría antología 50 años de poesía, cuando afirmaba que para conseguir que los mayores lean poesía, han de leerla desde pequeños, y que por eso escribía poesía para niños.

La probadísima eficacia de sus versos ocurrentes y desenfadados en los que a veces asoman ligeros toques de denuncia, se deriva de su talento poético, por supuesto, pero también de una capacidad enorme de conexión con la mente de los lectores más pequeños, como se puede apreciar en los resortes que usa para captar su atención:

—observar el lado disparatado de la realidad: «Tanta pata y ningún brazo / ¡Qué bromazo!», empieza El ciempiés Ye-Ye (Plumilindo);

—enviar mensajes positivos en clave afectiva: «Estaba el señor Don Libro / sentadito en su sillón, / con un ojo pasaba la hoja / con el otro ve televisión, / [...] Estaba el señor Don Libro, / tiritando en su sillón, / vino un niño, le cogió en sus manos / y el libro entró en calor», se cuenta en Don Libro Helado (Cocoloco Pocoloco);

—estimular habilidades-juegos asequibles: «La lana, en la oveja. / La miel, en la abeja. / ¡El verso, en bandeja!», termina Versos con aja y eja (Paca, la vaca flaca);

—y, ¿qué niño (o adulto) se resiste a leer los versos con los que comienza Chupilandia: «El aire del pueblo olía a bizcocho»? (El perro que no sabía ladrar)...
«Al corazón le llega poca sangre»

Entre la producción de Gloria Fuertes hay también cuentos, aleluyas, acertijos, canciones..., y una meritoria obra poética para adultos, una buena parte de la cual está reunida en Obras incompletas; Madrid: Cátedra, 1984, 10ª ed.; 364 pp.; col. Letras hispánicas; edición de la autora; ISBN: 84-376-0056-1.

En ella se aprecia su talento para realizar poesía con las cosas ordinarias y su interés en acercarse a lo cotidiano con un lenguaje coloquial. Su estilo es muy personal y, a la vez, popular: conecta directamente con el lector pues por encima de todo quiere hacerse entender. Ella misma indica que «empecé a escribir como hablaba», y que «necesitaba decir lo que sentía, decirlo, sin preocuparme de cómo decirlo. Quería comunicar el fondo, no me importaba la forma, tenía prisa». «Poetas, no perdamos el tiempo, trabajemos, / que al corazón le llega poca sangre», afirma en No perdamos el tiempo.

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