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Ficha del autor 'MOLINA LLORENTE, María Isabel' :: bienvenidosalafiesta ::    
bienvenidos a la fiesta
MOLINA LLORENTE, María Isabel
Escritora española. 1941-. Nació en Madrid. Perito Mercantil. Autora de varias novelas juveniles.

Las ruinas de Numancia
(1965)
Barcelona: Noguer, 1996, 4ª ed.; 122 pp.; col. Cuatro Vientos; ISBN: 84-279-3166-2.
12 años: lectores adolescentes.
Narrativa: Aventura.
Año 143 antes de Cristo. Las legiones romanas cercan Numancia, «una ciudad construida sobre el río y deficientemente amurallada», pero que resiste durante nueve meses. Escipión Emiliano, vencedor de Cartago, es enviado para someter a la ciudad. El narrador es un chico de dieciséis años, «Cayo Julio Emiliano, ciudadano romano, hijo de Cayo Julio Flavus, mallorquín, médico de las legiones, y de Hebe, griega, hija de un filósofo». Realiza funciones como espía cerca de Retógenes, el caudillo de Numancia, y termina rendido a su valor y reprobando la actuación del ejército romano.
De Victoria para Alejandro
(1994)
Madrid: Alfaguara, 2004, 2ª ed., 4ª impr.; 135 pp.; col. Alfaguara infantil-juvenil; ilust. de Francisco Solé; ISBN: 84-204-6499-6.
12 años: lectores adolescentes.
Narrativa: Aventura.
Año 65. Victoria, hija de un senador romano y de una mujer judía ya fallecida, tiene que viajar a Jerusalén para recoger la herencia de su abuelo. En el viaje tiene dificultades con su tío, un hombre muy rígido a quien le molesta que su sobrina sea cristiana y que se comporte con tanta soltura. Una vez en Israel, Victoria ve con horror que su familia judía ha organizado las cosas para casarla con uno de sus primos. Angustiada, hace diversas gestiones para evitarlo y, a través de Marta de Betania, amiga de juventud de su madre, logra mandar un mensaje a su padre.
Las ruinas de Numancia es una novela histórica corta y sencilla, pero tensa y bien trabada, con protagonistas atractivos y sentido del equilibrio al enjuiciar las actuaciones de los distintos bandos. La capacidad de mando y el sentido de la amistad por parte de Escipión, conviven con la crueldad de su comportamiento. El valor indómito de los pueblos ibéricos, el mismo que les lleva a un «heroísmo bárbaro», no fructifica debido al feroz individualismo que, dice Escipión, es «la maldición de esta raza». También están bien dibujadas las relaciones entre padre e hijo. Cuando éste se indigna y explota, su padre le dice que «un hombre debe ser dueño de sus emociones siempre. Hijo, he procurado pasar por el mundo siguiendo una línea clara de justicia. Pero, a pesar de ello, un hombre tiene siempre enemigos. Y por tu madre y por vosotros tengo el deber de guardarme, de soportar insultos y de callarme». Pero también aprovecha la confianza y el respaldo del general romano para responder con claridad no exenta de agudeza: «En mi país hay un proverbio que dice: Una vez un lobo de las llanuras vio volar un águila y dijo: “esa maldita orgullosa me mira desde arriba”».

En De Victoria para Alejandro, sobre un fondo histórico delineado con precisión, y con las armas de un estilo limpio, un argumento bien construido, y un personaje principal perfilado con cuidado, la autora prueba que la sencillez puede ser un arma para lograr un relato convincente. Usando el recurso de combinar la tercera persona con las cartas que Victoria redacta para Alejandro, un esclavo cristiano del que está enamorada, se muestra el mundo interior de Alejandra: sobre todo la tensión en la que vive debido a los reproches que suscita su conducta, y su creciente ansiedad al ver que se le cierran las vías para evitar la boda que han planeado para ella. La introducción y las notas del final ponen el marco que algunos lectores pueden necesitar para situar bien la narración.

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