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Ficha del autor 'GARLAND, Hamlin' :: bienvenidosalafiesta ::    
bienvenidos a la fiesta
GARLAND, Hamlin
Escritor norteamericano. 1860-1940. Nació en West Salem, Wisconsin. Con ocho años, su familia emigró a Iowa; y con veintiún años se desplazó más al Oeste, a Dakota. Con 24 años, se independizó y regresó al Este, a Boston. Se dedicó con fruición a leer y estudiar, e inició su carrera como escritor con cuentos realistas y vigorosos sobre la vida campesina en el Oeste. Cuando alcanzó el éxito se acomodó al ambiente y sus escritos perdieron fuerza. Falleció en Hollywood, California.

El capitán de los caballos grises
(The Captain of the Gray Horse Troop, 1902)
Madrid: Cupsa Editorial, 1982; 210 pp. de las 856 de todo el volumen; en Las mejores novelas de la literatura universal, VII, novela norteamericana **; trad. de Eduardo Lago; introducción titulada Mark Twain y Hamlin Garland: el Viejo Mundo a la luz del Nuevo, de Javier Coy y Juan José Coy; ISBN: 84-390-0180-0; agotado.
En inglés, hay edición en la red.
15 años: lectores jóvenes.
Narrativa: Aventura.
El capitán George Curtis es nombrado agente de la reserva india de los tetong para defender sus intereses frente a unos violentos ganaderos. Al llegar a su destino encuentra unos etnólogos y pintores venidos de Washington: Osborne Lawson y la joven Elsie Brisbane, hija del combativo senador Brisbane, que termina siendo ganada por Curtis para su bando. Y la hermana de Curtis, Jennie, también cambia los modales y la actitud de Calvin Streeter, hijo de uno de los ganaderos que con más ferocidad se oponen a Curtis. La crisis final se desata cuando aparece muerto un pastor y los ganaderos culpan a los indios.
Precedente de las novelas del Oeste que Zane GREY y otros popularizarán, El capitán de los caballos grises es una narración en la que podemos escuchar respuestas de soldado: «La vida siempre es sencilla si uno cumple con su deber»; ver a un joven jinete contorsionándose en la silla, trotando directamente hacia una abertura oscura entre los pinos, «ejecutando un millar de típicas combinaciones de hombre, caballo y paisaje»; observar a «vaqueros de la especie más tosca [...] blandiendo temerariamente sus revólveres»..., y ganaderos iracundos, políticos venales, indios sabios... La trama está bien urdida y los personajes bien dibujados, las descripciones tienen calidad, los diálogos son vivos y jugosos.

Garland muestra preocupación humanitaria y denuncia con claridad el expolio que sufrían unos indios de los que presenta una visión tan idealizada como teñida de paternalismo. Al contrario que su contemporáneo TWAIN, Garland sermonea un poco y no se priva de toques melodramáticos. Aún así, por qué no volver a la ingenuidad y disfrutar con párrafos como el que anuncia la llegada de la caballería en el momento crítico: Curtis «tuvo que hacer un esfuerzo heroico para que no se le saltaran las lágrimas cuando le llegó a los oídos el rumor metálico causado por las vainas de los sables y contempló el espléndido juego de las patas y los anchos pechos de los caballos grises al avanzar, cansados, pero aún llenos de vigor. Su avance tenía algo inexorable. En su orden, su límpido brillo, su gracia impersonal, se expresaba el poder del gobierno federal».

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