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Ficha del autor 'VOIGT, Cynthia' :: bienvenidosalafiesta ::    
bienvenidos a la fiesta
VOIGT, Cynthia
Escritora norteamericana. 1942-. Nació en Boston, Massachusetts. Trabajó en una agencia publicitaria y como profesora de lengua y literatura durante unos años. Desde su primer libro, en 1981, ha publicado muchos otros.

La familia Tillerman busca hogar
(Homecoming, 1981)
Barcelona: Noguer, 1991, 2ª ed; 191 pp.; col. Cuatro Vientos; trad. de Anna Benet; ISBN: 84-279-3211-1.
15 años: lectores jóvenes.
Narrativa: Vida diaria.
La madre de los Tillerman desaparece un día, dejándolos a todos en el coche. La mayor, Dicey, de trece años, se hace cargo de guiar a sus hermanos, James, Maybeth y Sammy, de diez, nueve y seis años hasta casa de tía Cilla, a la que no conocen y a donde suponen que los llevaba su madre. Después de un difícil viaje, no encuentran lo que esperaban, pero son acogidos en casa de la prima Eunice, una peculiar mujer soltera.
Los Tillerman encuentran hogar
(Dicey´s Song, 1982)
Barcelona: Noguer. 1995; 187 pp.; col. Cuatro Vientos; trad. de Anna Benet; ISBN: 84-279-3219-7.
15 años: lectores jóvenes.
Narrativa: Vida diaria.
Los Tillerman dejan a la prima Eunice y van en busca de su abuela. De nuevo les ocurren toda clase de incidentes en el viaje. Y, cuando llegan a la enorme granja semi-abandonada en la que vive su abuela Abigail, ésta resulta ser una mujer muy peculiar: independiente, arisca, testaruda. «Dicey sabía que hay diferencia entre la apariencia y el interior de las personas. Se puede dar por sentado que nadie es exactamente lo que aparenta». Pero sus estrategias para conseguir quedarse parecen ser infructuosas.
Primeras novelas de la autora, que se caracterizan por ser narraciones vigorosas, cuyos improbables sucesos son sin embargo verosímiles, y que transmiten la tensión y la inquietud de unos personajes atractivos y bien perfilados. Como corresponde al origen y al estilo de vivir «hippie» de la familia Tillerman, es una novela casi toda ella en la carretera, y aunque hay momentos en que Dicey parece a gusto en esa situación y se pregunta «¿qué importaba a dónde fueran, mientras fueran?», lo cierto es que la fuerza con que se ve la necesidad de un hogar lleno de afecto, como el mismo título indica, desmiente por completo ese modo de vida.

A pesar de la lentitud del desarrollo, tanto las situaciones como los diálogos tienen dinamismo, y atrapan las emociones del lector, al que obligan a reflexionar según se van tocando distintas cuestiones. Y aunque no siempre se resuelvan como algunos lectores podrían pensar que sería deseable, lo cierto es que se abordan con seriedad:

—los chicos van haciéndose cargo de que su madre, una mujer siempre cariñosa con ellos pero enferma, los abandonó porque se veía desbordada, porque «ya no se le ocurría qué más podía hacer para cuidar de sus niños y no podía soportarlo»;

—el deseo de tener un hogar de verdad choca con los hábitos de su prima Eunice, una mujer con sentido del deber para darles una casa pero que no les quería de verdad: con ella «no se sentían libres, tenían que pagar un precio. El precio era acordarse siempre de estar agradecidos. [...] Allí corrían el peligro de olvidar y de decir lo que pensaban antes de preguntarse si sonaría a ingratitud»;

—los roces entre Dicey y su abuela sobre el modo de educar a los pequeños son instructivos y algunos alcanzan una gran intensidad: Dicey aprende de la abuela a no sobreproteger a Maybeth; la abuela aprende de Dicey el modo correcto de castigar a Sammy;

—el carácter fuerte y peleón de Dicey es compatible, por cariño a sus hermanos, con el talento de saber rectificar y pedir perdón, y con saber insistir cuando hace falta: «Que a uno le digan no dos veces, no sería peor que se lo digan una vez»;

—la abuela explica a los chicos que su madre no se quiso casar porque había visto en ella, en la abuela, un exceso de sumisión: «Porque había visto lo que sucede. No quería dar su palabra, como hice yo. Nosotros, los Tillerman, mantenemos nuestras promesas. Las mantenemos hasta el final». Y, por la misma razón, la abuela no quiere perder la libertad que le ha proporcionado la muerte de su marido, y teme adquirir la responsabilidad de cuidarlos a ellos pues no desea fallar de nuevo. Esperemos que alguien les explique el significado, y los fundamentos, de la libertad y la responsabilidad y la lealtad.
Al fin y al cabo nos moriremos todos

Uno de los ganchos de la historia de los Tillerman es la incisividad de los diálogos. En el episodio en que Dicey y sus hermanos entran en contacto con Stewart y Windy, dos universitarios que los ayudarán a llegar a su destino, el sensato Stewart intenta hacerse cargo de la situación:

«—Windy dice que no os habéis perdido.

—No (responde Dicey). Sé donde estamos.

—Una fundamentalista —le dijo Windy a Stewart, moviendo las cejas...».

Y cuando James roba dinero a Stewart, Dicey le obliga a devolverlo, pero James intenta justificarse diciendo que no importa nada:

«—Sí que importa, James —dijo Stewart.

—¿Por qué? Al fin y al cabo nos moriremos todos —dijo James.

—Claro, pero procura estar contento de ti mismo cuando mueras —respondió Stewart—. Ten cuidado de no perjudicar a nadie mientras estés vivo. En especial, ten cuidado de no perjudicarte a ti mismo».

Y, en la segunda parte de la historia, el propietario de un pequeño circo con el que viven unos días quiere ayudarlos más..., pero Dicey no quiere.

«—¿Por qué se tiene que preocupar? Usted tiene su propia vida.

—Ahora sois un pedacito de mi vida. Ni vosotros podéis marcharos así como así ni yo puedo deshacerme de vosotros. Esto es un hecho.

Dicey comprendió. Ahora mucha gente tenía pedacitos de su vida, y estaban ligados a ella o ella ligada a ellos. A algunos les debía algo que aún no les había pagado [...] Lo que Will quería decir es que no se deja a la gente así como así. Siempre se hace lo que se puede».

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