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Ficha del autor 'MONTGOMERY, Lucy Maud' :: bienvenidosalafiesta ::    
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MONTGOMERY, Lucy Maud
Escritora canadiense. 1874-1942. Nació en Clifton. Fue periodista y profesora. Se dedicó a la literatura después del éxito de Ana, la de Tejas Verdes. Además de varias secuelas que también fueron muy vendidas, publicó varias novelas más. Falleció en Toronto.

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Ana, la de Tejas Verdes
(Anne of Green Gables, 1908)
Barcelona: Salamandra, 2001, 2ª ed.; 288 pp.; trad. de José García Díez; ISBN: 84-7888-633-8. Hay edición original en la red. Otra edición en Kindle de Toromítico, 2013; ilust. de Antonio Cuesta; trad. de Elena Casares; ASIN: B00E9Y99IC. [Vista del libro en amazon.es]
12 años: lectores adolescentes.
Narrativa: Vida diaria.
Ana Shirley, huérfana desde los tres años, es adoptada por los hermanos Matthew y Marilla Cuthbert cuando tiene once. En realidad, ellos querían un chico que les ayudara en la granja, pues ya eran mayores... Pero les enviaron a Ana por error y, movidos por la compasión, aceptan a la chica pelirroja y locuaz tan singular que les llega.
En favor de Ana la de Tejas Verdes, entre todo el alud de novelas semejantes, hay que citar la opinión autorizada de Mark TWAIN, quien dijo que, después de Alicia, era la protagonista más encantadora de toda la literatura. Aunque sea discutible, también porque la comparación no parece muy ajustada, no le falta razón, pues Ana, una chica de pelo de zanahoria, boca grande, ojos «que según la luz parecían verdes o de un gris extraño», es como un terremoto que altera todo lo que la rodea. En los relatos sobre su vida no faltan las escenas divertidas, ni unas descripciones ambientales cuidadas, ni una corriente subterránea de acertada crítica social...

Pero, sobre todo, es formidable la personalidad extrovertida de Ana: explosiva en sus manifestaciones de júbilo y en sus raptos de tristeza; utiliza un lenguaje asombroso para una chica de su edad: «Me encuentro sepultada en los abismos de la desesperación»; habladora tenaz, dice de sí misma que «puedo callarme en cuanto me lo propongo, aunque es bastante difícil», da nombre a todas las cosas con las que se relaciona: «Me gustan las cosas que tienen nombres propios, aunque no sean más que geranios»; curiosa e inquieta: «¿No es maravilloso pensar en todas las cosas que hay que averiguar?»; se tiene a sí misma por fea y supone que sólo podrá casarse, quizá, con un misionero, pues «supongo que un misionero no tiene muchas aspiraciones»... En fin, Ana irá a la escuela, crecerá, tendrá amigas, sufrirá, se verá no sólo que es muy lista sino también que no es tan fea como ella pensaba... Entre las abundantísimas consideraciones que hace, son realmente graciosas algunas sentencias llenas de gravedad: «Estar creciendo es algo muy serio. Pero con amigos tan buenos [...] tengo que crecer correctamente, y estoy segura de que si fallo será sólo por culpa mía. Siento que es una responsabilidad, porque no tengo más que una oportunidad. Si no crezco como Dios manda, no puedo volver atrás».

Animada por sus editores, la autora escribió siete secuelas, inferiores en originalidad y en frescura pero interesantes para quien haya sido capturado por el personaje.

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