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Ficha del autor 'MAYNE, William' :: bienvenidosalafiesta ::    
bienvenidos a la fiesta
MAYNE, William
Escritor británico. 1928-2010. Nació en Hull. Trabajó en la BBC y como profesor antes de dedicarse por completo a escribir, desde 1953. Publicó muchas decenas de libros, de distinto tipo y extensión, todos dirigidos a niños y jóvenes. Falleció en Thornton Rust, North Yorkshire.

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JOB
(HOB, 1984)
Cuatro libros ilustrados por Patrick Benson:
—El cuaderno amarillo de Job (The Yellow Book of Hob Stories, 1984). Madrid: Altea, 1987; 36 pp.; col. Altea Mascota; trad. de María Puncel; ISBN: 84-372-3029-2.
—El cuaderno azul de Job (The Blue Book of Hob Stories, 1984). Madrid: Altea, 1987; 37 pp.; col. Altea Mascota; trad. de María Puncel; ISBN: 84-372-3030-6.
—El cuaderno rojo de Job (The Red Book of Hob Stories, 1984). Madrid: Altea, 1986; 35 pp.; col. Altea Mascota; trad. de Clara Ardenay; ISBN: 84-372-3022-5.
—El cuaderno verde de Job (The Green Book of Hob Stories, 1984). Madrid: Altea, 1986; 36 pp.; col. Altea Mascota; trad. de Clara Ardenay; ISBN:84-372-3021-7.
6 años: primeros lectores.
Narrativa: Fantasía.
Cada libro contiene cinco relatos cortos sobre Job, un bondadoso y pillo espíritu doméstico al que las ilustraciones presentan como un hombre pequeñito y regordete. Los habitantes de la casa son el Señor, la Señora, el Niño, la Niña, el Bebé, y Pachi el pájaro. Los niños creen en Job y están encantados de que viva con ellos, pero los adultos lo consideran sólo una broma simpática de los pequeños. El narrador nos explica que vive debajo de las escaleras, que «duerme durante todo el día» pero sale por la noche «y atiende las cosas de la casa», y que «sólo se le puede ver a media luz, al amanecer y al anochecer». Hipo, Tos, Trastazo, Hollínez, Paperas, Peluso..., son algunos de los seres con los que Job negocia para evitar que hagan daño a los dueños de su casa, pero «el trabajo de Job no acaba nunca», como él mismo dice.
El ratón que voló
(Mousewing, 1987)
Madrid: Anaya, 1987; 26 pp.; col. Fácil de leer; ilust. de Martín Baynton; trad. de Juan Manuel Ibeas; ISBN: 84-7525-432-2.
6 años: primeros lectores.
Álbumes ilustrados.
Un ratón que tiene ganas de volar, que siente admiración por los murciélagos, y al que su madre le dice que nunca podrá volar. Un día, para salvar a sus hermanos pequeños hace frente a un Búho, al que burla saltando hacia él e intentando volar... «El sabía que había volado. No muy alto, no muy lejos, pero bien».
En sus primeras novelas, Mayne recibió el reconocimiento de la crítica y aceptación buena, pero no masiva, por parte de los lectores, debido a que su modo de confeccionar las historias no sigue los cánones habituales de los libros para chicos. Las razones se pueden ver también en los relatos del autor disponibles en castellano, una serie de álbumes ilustrados escritos en los años ochenta, cuyos argumentos y estilo no coinciden tampoco con los que comúnmente se dirigen a los más pequeños. En ellos se aprecia que Mayne no da facilidades al lector cómodo: suele ahorrarse las explicaciones iniciales y empezar «in media res»; no suele contar historias con acción; describe ambientes y climas más que personajes, a los que no suele dar nombre propio pero sí entrar en sus psicologías y mostrar matizadamente sus sentimientos...

La capacidad de Mayne de ponerse dentro de los chicos y ver las cosas desde su punto de vista se revela en los libros sobre Job: las incomprensibles cosas que suceden en una casa pueden deberse muy bien a un ser como Job, en el que los adultos no creen pero en el que los niños confían ciegamente, y que parece un geniecillo casero o un incursor olvidado por Mary NORTON.

En El ratón que voló se aprecia otra de las querencias del autor inglés: presentar animales cuyas historias ilustran comportamientos y ambiciones humanas, y cómo se produce un acomodo final entre las expectativas que uno tenía y lo que ha intentado y podido hacer.

Las sugerentes ilustraciones de Benson para las aventuras siempre a media luz de Job, que lo acaban convirtiendo en entrañable, y las cálidas de Baynton en El ratón que voló, cambiando las perspectivas según ve las cosas el ratón protagonista, cumplen bien su función de dar cauce a la imaginación del lector.

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