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Ficha del autor 'CARTER, Peter' :: bienvenidosalafiesta ::    
bienvenidos a la fiesta
CARTER, Peter
Escritor británico. 1929-1999. Nació en Manchester. Se graduó en Lengua y literatura inglesa en la Universidad de Oxford. Profesor. Autor de varias novelas juveniles.

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El Sentinels
(The Sentinels, 1980)
Madrid: SM, 1986, 3ª ed.; 231 pp.; col. Gran Angular; trad. de Guillermo Solana Alonso; ISBN: 84-348-1126-X. [Vista del libro en amazon.es]
12 años: lectores adolescentes.
Narrativa: Aventura.
1840. John Spencer, un huérfano inglés de quince años, es enrolado en un barco de la Marina Real cuya misión es perseguir el tráfico esclavista en la costa Oeste de África, la «Costa de los Esclavos». Recorre «un largo camino desde Northampton. Un largo camino desde los campos ingleses, las vacas familiares, los campesinos de habla pausada y el tañido de las campanas de la iglesia». Conoce a Lyapo, un nigeriano yoruba, a quien ha de unirse para sobrevivir.
El Sentinels está compuesta para recordar a los millones de africanos que sufrieron la esclavitud y a los millares de marinos británicos que lucharon contra ella. El autor afirma que algunos episodios están basados en hechos reales y presenta, con tonos épicos, la lucha de los hombres de la marina británica por la libertad, mientras en su Parlamento hay quienes defienden que «libertad para comerciar en algo implica la libertad para comerciar en todo».

Además de ser una novela en cierto modo histórica, y por supuesto de aventuras, es también una novela de iniciación. A lo largo de su conversión progresiva en marino, John va madurando exterior e interiormente. En los primeros días tiene dificultades de adaptación a la vida del barco: «John, convertido en un fardo de angustia y humedad, yace en un charco de vómitos en un rincón de la despensa. [...] Está enfermo y tiene frío. Jamás había imaginado que fuera tan frío un barco. Los tablones de la despensa presentan huellas de humedad, y el agua penetra a través del maderamen por misteriosos agujeros; un viento frío azota su helado cuello». Pasan las semanas y John advierte las contradicciones de la vida en el mar: «Por un lado, la sacrificada y a menudo brutal dedicación de los hombres a su tarea; por el otro, los buenos modales, imprescindibles para que puedan entenderse unos hombres que deben convivir en estrecho contacto durante largos periodos de tiempo». Y la lealtad de una tripulación: «Ante extraños no criticarían a su barco más de lo que permiten criticar a sus familias».
Hombres muriendo entre convulsiones y espasmos

Tienen gran viveza las descripciones de los combates: «Oscuridad, fuego y sangre. El cielo cobró color de ámbar y se iluminó con los relámpagos. En el firmamento resonó el estallido de los truenos, más intenso que el de los cañones, más fuerte que el de todos los cañones del mundo. Las voces juveniles se quebraban bajo la fatiga, los hombres resbalaban sobre las cubiertas ensangrentadas, el viento cobraba más fuerza, y el mar estaba cada vez más revuelto. [...] John había imaginado que una batalla sería algo grande y glorioso. Tenía imágenes borrosas basadas en los cuentos, donde las espadas flameaban al sol y resplandecían colores heráldicos como el rojo y el azur y el oro. ¡Y después almirantes sonrientes que se felicitaban por el éxito! Pero todo lo que había contemplado en el combate podría haberse desarrollado en una mina de carbón. Densas nubes de humo le impidieron ver al enemigo, y pasó tosiendo gran parte del tiempo. El recuerdo que más se le había grabado era el del horrísono ruido. Ese y el de los hombres muriendo, pero no con nobleza y gallardía —como él había imaginado—, despidiéndose de sus camaradas y luego echándose tranquilamente como quien se va a dormir, sino entre gritos y blasfemias, entre convulsiones y espasmos. Sólo pensar en ello le hacía sentirse enfermo. Y John lo estaba, había arrojado la cena por la borda».

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