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Ficha del autor 'ZEOTOKÁS, Yorgos' :: bienvenidosalafiesta ::    
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ZEOTOKÁS, Yorgos
Escritor griego, en otros sitios nombrado como Geórgios Theotokás. 1905-1966. Nació en Constantinopla. Estudió Derecho en Atenas, París y Londres. Ejerció la abogacía, fue un empedernido viajero, colaboró en periódicos y revistas, escribió narrativa, teatro y poesía. Su vocación a la literatura fue motivada por el afán de resucitar «la facultad creadora, oprimida, atormentada y aún incompleta del Helenismo moderno». Falleció en Atenas.

El demonio
(To demonio, 1938)
Madrid: Ediciones Clásicas, 1994; 153 pp.; trad. de Margarita Rodríguez-Montesinos y Rufino Cuesta Moreno; ISBN: 84-7882-125-2.
18 años: lectores expertos.
Narrativa: Vida diaria.
Una isla del Egeo. El narrador, Pavlos Damaskinós, habla de sus relaciones con la extraña familia Jristofis: su amistad juvenil con Romylos; el amor hacia su hermana Ifiyenia, a la que también pretende Jim, un arqueólogo canadiense; la evolución del hermano pequeño Zomás. Al hilo de los sucesos, el narrador presenta distintas manifestaciones del drama del hombre y su destino: el papel trágico, cargado de un determinismo de corte clásico, corresponde al demonio, una especie de fuerza oculta y sobrenatural que parece gobernar intencionadamente sus vidas.
Leonís y Euripidis pendosalis: cuentos de la niñez
(Leonis - Euripidis pendosalis ke ales istories, 1932)
Madrid: Ediciones Clásicas, 1994; 265 pp.; trad. de Margarita Rodríguez-Montesinos y Rufino Cuesta Moreno; ISBN: 84-7882-138-4.
18 años: lectores expertos.
Narrativa: Vida diaria.
Años que contemplan la explosión de la primera Guerra Mundial. Leonís, una novela corta de 1940 narrada en tercera persona, trata sobre la iniciación a la vida de un niño griego en Constantinopla. Los otros tres relatos cortos, titulados Zerapiá, La banda y El jardín de los cipreses, escritos entre 1932 y 1940, cuentan episodios de la niñez, en primera persona, con una infrecuente y conmovedora intensidad.
Una introducción a El demonio analiza la vida del autor, su obra y su ámbito literario, abriendo al lector la perspectiva inicial necesaria para conocer a un escritor que «ha contribuido de manera definitiva a la consolidación de la novela en Grecia».

El demonio está considerada como su mejor obra, y representa la cristalización de una idea neohelenista, en la que se conjugan la nostalgia del drama clásico griego, el frescor de una juventud esperanzada y una lírica inclinación hacia las islas del Egeo, sus paisajes y sus gentes. Además, expone con fuerza, y tono poético y nostálgico, las ansias juveniles, como antes lo hiciera Alain FOURNIER en El gran Meaulnes, o como lo hace por la misma época Thomas WOLFE en Del tiempo y el río, tal como muestra el siguiente texto: «Yo tenía [...] veinte años, y vivía en una continua y confusa sobreexcitación, con el corazón desbordado por ninguna causa concreta, pero con el presentimiento de que me iba a ocurrir algo de un momento a otro, de que al fin me había llegado la hora de experimentar algo tan bello y fascinante que me desvelaría el verdadero sentido de la vida».

Los relatos que componen Leonís y los Cuentos de la niñez comparten con El demonio una visión mágica de «algo que se perdía, como si se apagaran aquellos años hermosos, el paraíso de la infancia, entre la bruma del pasado». Se distinguen de obras compuestas en otras latitudes, por su dolorosa conciencia de vivir a la sombra de una historia gloriosa: «En la antigüedad —piensa Leonís— pasaban por estas mismas calles nuestros emperadores, y ahora pasa hasta el último gato»; y por su enraizamiento en un momento histórico concreto, como podemos leer en Zerapiá: «Tenía unos siete u ocho años y empezaba a contemplar a mi alrededor el espectáculo de la vida, y a percibir de algún modo sus problemas. Así, pude guardar en mi memoria los destellos del atardecer de un mundo que se apagaba placentera y majestuosamente, en vísperas de una guerra».

Zeotokás dibuja personajes psicológicamente convincentes y sugestivos. En algunos casos muestra discretamente los inicios de la vida amorosa y sexual de sus protagonistas, e incide con fuerza en la frustración de los anhelos juveniles, quizá como consecuencia, según el narrador de El demonio, de una carencia básica: «Yo había tenido una educación sentimental primitiva y convencional, como la mayoría de los jóvenes de nuestro país».

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