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Ficha del autor 'KAUFMANN, Herbert' :: bienvenidosalafiesta ::    
bienvenidos a la fiesta
KAUFMANN, Herbert
Escritor alemán. 1920-1976. Nació y falleció en Colonia. Etnólogo, gran conocedor de África, hizo un viaje de mil quinientos kilómetros a lomos de camello, acompañando a los tamaschek, de los que habla en su novela. Doctor en Filosofía.

Luna Roja y Tiempo Cálido
(Roter Mond und Heisse Zeit, 1958)
Barcelona: Noguer, 1991, 7ª ed.; 207 pp.; col. Cuatro Vientos; ilust. de Roc Riera Rojas; trad. de Manuel Entenza; ISBN: 84-279-3101-8.
15 años: lectores jóvenes.
Narrativa: Aventura.
Novela sobre las relaciones entre Eliselus o Mid-e-Mid, el poeta cantor de «ojos oblicuos y verdes y pelambrera de erizo»; Tiu´elen o Tiempo Cálido, la hija del marabú, una chica de ojos «pardos y radiantes»; y Ayor o Luna Roja, futuro rey o amenokal de los tamaschek, de «rostro largo e inteligente, con una frente alta y recta y ojos penetrantes. Una frente que sabía pensar y unos ojos que sabían mandar».
Los tamaschek, conocidos como «tuareg» en Europa, son un pueblo nómada del norte de África, en las montañas del Sahara central. Se les llama «hombres azules» pues son aficionados a ropajes azules que destiñen mucho. Luna Roja y Tiempo Cálido es una emocionante historia de acción, de amistad y de renuncia, narrada con un lenguaje vivo y rico: «En Luna Roja veían los tamaschek simbolizada su fuerza; en Tiempo Cálido, la belleza de sus mujeres. Eliselus significaba para ellos la alegría de vivir». Al hilo del relato, el autor explica sucintamente sus costumbres, su modo de vida, y habla del inevitable choque progreso-tradición.
El gran cantor de los tamaschek

A su pesar, Mid-e-Mid deberá huir con Abú Bakr, un bandido violento. «Eran diferentes como la piel fresca y el cuero seco, como el perfume y la espina del tamat, como el vacío y el amor en el corazón del hombre». A lo largo de sus andanzas, Mid-e-Mid irá labrándose un prestigio de leyenda que le convertirá en el gran cantor de los tamaschek: «Sus canciones viajaban muy lejos, de boca en boca, de tienda en tienda. Resonaban y zumbaban en torno de los fuegos, cuando el puré de mijo para la noche hervía en las tiznadas ollas de hierro. Salían de los labios de los tostados pastores que, en las horas de más calor del día, descansaban con sus bueyes a la parca sombra de las acacias. También las cantaban las mujeres mientras blandían la mano en el almirez y la sal gris se rompía en frágiles cristales en el mortero de madera, bajo la furia de los golpes».

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