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Notas de septiembre de 2015 :: bienvenidosalafiesta ::    
bienvenidos a la fiesta
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miércoles, 2 de septiembre de 2015

Quiere a ese perro, de Sharon Creech, es un libro interesante, pues es técnicamente muy difícil lo que ha intentado la escritora, y atrayente para los lectores adultos que valoren la poesía, sobre todo para quienes conozcan los poemas que están en la base de la historia.

El narrador es Jack, un chico de ocho o nueve años. En entradas de un diario va escribiendo pequeñas frases, colocadas en columnas como si fueran versos, que se refieren a lo que le manda la profesora y a los poemas que leen con ella en clase. Empieza diciendo, un 13 de septiembre, «No quiero / porque los niños / no escriben poesía. / Las niñas, sí». Va comentando lo que no entiende y lo que sí de los poemas que van leyendo (no muy sencillos, hay que decirlo todo). Y, poco a poco, va descubriendo cosas y mejorando. Termina sus notas el 6 de junio después de una visita a su escuela del escritor Walter Dean Myers. Al final se ponen los poemas que leyó en clase Jack (yo los hubiera puesto no sólo en castellano sino en el original inglés), nada menos que de William Blake, Walt Whitman, Robert Frost y otros.

El tono de Jack es verosímil: va diciendo cosas sencillas y no señala cosas raras o falsamente poéticas. Se ponen de manifiesto sus temores al escribir o al opinar y, también, su progresiva seguridad en sí mismo. Aunque se nota el artificio y la idea de que Jack corte las frases como si fueran versos no encaje bien, la lectura sí deja el poso pretendido, no en cualquier lector niño pero sí en algunos, y sí en el caso de más lectores adultos.

Sharon Creech. Quiere a ese perro (Love that Dog, 2001). México: Fondo de Cultura Económica, 2004; 96 pp.; col. A la Orilla del Viento; ilust. de Alejandro Magallanes; trad. de Cecilia Aura; ISBN: 968-16-7275-5. [Vista del libro en amazon.es]


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martes, 1 de septiembre de 2015

Anancy and Mr Dry-Bone, de Fiona French, es un álbum que se basa en un cuento tradicional de origen africano y jamaicano (Anancy es un pícaro típico). La guapa Miss Louise, que se casará con quien la haga reír, tiene dos pretendientes: Mr Dry-Bone, un hombre rico y esquelético, y Anancy, un pícaro pobre. Así que ambos se disfrazan para conseguir que Miss Louise sonría.

La historia es simpática pero en sí misma no tiene gran emoción: enseguida se ve cuál será el desenlace. Sin embargo, las coloristas ilustraciones tienen fuerza: el marco superior y el suelo plano, en casi todas, sugieren que las escenas se desarrollan delante de nosotros como en un escenario; las figuras, de personas, animales, plantas, edificios, etc., son elaboradas siluetas contra el fondo de unos paisajes pintados con acuarelas. Los marcos de las imágenes y los ambientes son deudores de las decoraciones en madera propias de muchas construcciones caribeñas.

Fiona French. Anancy and Mr Dry-Bone (1991). London : Frances Lincoln, 1991; 32 pp.; ISBN: 0-7112-0787-9. [Vista del libro en amazon.es]


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lunes, 31 de agosto de 2015

La historia de por qué los perros tienen el hocico húmedo, de Øyvind Torseter y Kenneth Steve, se inspira en el relato del arca de Noé y en una vieja leyenda noruega titulada Noé y el perro. En ella Noé viaja por todo el mundo para meter en su arca a todos los animales y el último que entra es un perro de raza mezclada, color desvaído y un hocico suave y negro. Lo que más importa del álbum son las ilustraciones, en blanco y negro salvo algunos seres y objetos que llevan algo de color, aparte del azul del mar, que son unos extraordinarios dibujos de línea en los que se acumulan los detalles humorístico-fantásticos.

Øyvind Torseter. La historia de por qué los perros tienen el hocico húmedo (2012). Texto de Kenneth Steve. Granada: Barbara Fiore, 2015; 32 pp.; trad. de Enrique Bernárdez; ISBN: 978-84-15208-64-8. [Vista del libro en amazon.es]

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domingo, 30 de agosto de 2015

Una buena lectura del verano: la autobiografía de Edith Wharton titulada Una mirada atrás. Los temas principales son su infancia y juventud —su educación y el nacimiento de su entusiasmo por la literatura sobre todo— en Nueva York, las últimas décadas del siglo XIX; sus viajes a París, Roma, Londres…; cuestiones relacionadas con su oficio como escritora y, en especial, su amistad con Henry James.

Una nota sobre la educación que recibió: «la teoría sentimental de que a los niños no hay que hacerles estudiar nada que no les interese flotaba ya entonces en el aire, y reforzada por el temor a “fatigar” mi cerebro indujo a mis padres a convertir mi trabajo en juego. Privada así de los irreemplazables fundamentos del griego y del latín, nunca aprendí a concentrarme excepto en temas que me interesaban de forma natural, y desarrollé una inquieta curiosidad que me impedía fijar mi pensamiento durante mucho rato incluso en aquellos temas. Como beneficios no veo más que uno. Para la mayoría de mis contemporáneos, la obligación de aprender de memoria famosos poemas debió de hacer que estos perdieran para siempre algunas de sus más bellas flores; en mi caso, como tenía prohibido memorizarla, la gran poesía (…) me llegó con la frescura del amanecer, húmeda todavía de rocío, y jamás ha perdido aquella temprana luminosidad».

Termina sus recuerdos del siguiente modo: «El mundo es un cenagal y lo ha sido siempre; pero aunque ninguno de los grandes teóricos, ni tampoco de los iluminados, haya podido dominar esta monstruosidad que forcejea eternamente sin tino, ni conseguido someterla el tiempo suficiente a alguno de sus bonitos planes de reajuste, acá y allá un santo o un genio envía un tenue rayo de luz a través de la niebla y ayuda a la humanidad a seguir avanzando a trompicones, hacia adelante, y a veces hacia arriba». Y, sea como sea, termina señalando que «el mundo visible es un milagro cotidiano para quienes tienen ojos y oídos; y todavía me caliento agradecida las manos al fuego del antiguo hogar, aunque cada año este fuego se alimente de la leña seca de más y más recuerdos del pasado».

Edith Wharton. Una mirada atrás. Autobiografía (A Backward Glance, 1934). Barcelona: Ediciones B, 1994; 333 pp.; col. Tiempos Modernos; trad. de Jordi Gubern; ISBN: 84-406-4834-0.

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sábado, 29 de agosto de 2015

Otros dos relatos más de Stevenson contenidos en Los juerguistas y otros cuentos y fábulas son Markheim y Janet la contrahecha.

Markheim es un tipo que desea comprar un regalo para la mujer con la que se va a casar. Pero cuando el anticuario le ofrece un espejo siente temor: un espejo es «un maldito recordatorio de los años, los pecados y las locuras, ¡una conciencia de mano!». El vendedor le urge a tomarlo o dejarlo pero Markheim le pide que le ofrezca otros objetos y entonces lo apuñala por la espalda. Intenta ocultar su crimen pero llega un visitante que, con un amable «¿me llamaba?», entra en la habitación y se pone a charlar con él. Cuando Markheim le pregunta si es el demonio, él responde «lo que yo pueda ser no afecta a la ayuda que pretendo prestarle».

Relato que recuerda mucho a Crimen y castigo: aunque la primera traducción inglesa fue de 1886, Stevenson conocía la versión francesa de la obra de Dostoievski, pues se la había pasado Henry James, que no había logrado terminarla. Stevenson se sintió conmovido por el relato: no es leer un libro, dijo, es como tener fiebre cerebral. De hecho, las justificaciones del asesinato que figuran en el relato recuerdan las de Raskolnikov: «para mí el asesinato no es una categoría especial —replicó el interlocutor de Markheim—. Todos los pecados son asesinatos, igual que toda vida es una guerra». O bien, esta otra: «El mal, que es el motivo de mi existencia, no es cuestión de actos sino de carácter: yo aprecio al hombre malvado y no la mala acción, cuyos frutos, si pudiéramos seguirlos lo bastante lejos por la vertiginosa catarata de los siglos, resultarían mejores que los de las más raras virtudes, y si le ofrezco mi ayuda para escapar no es porque haya matado a un anticuario, sino porque es usted Markheim». La discusión sobre la naturaleza de lo bueno y lo malo que mantienen se interrumpe cuando llega la criada.

Janet la contrahecha fue una historia cortita, escrita al mismo tiempo que Los juerguistas y El ladrón de cadáveres (publicada cuatro años después), y, como ellas, tiene una componente llamémosla sobrenatural. También fue un relato escrito en prosa escocesa con rasgos de baladas y de relatos orales típicos. El narrador, alguien del pueblo, empieza por hablar del señor Soulis, un párroco mayor, adusto y sombrío, pero intachable. Para explicar su carácter se recuerda qué ocurrió cincuenta años atrás, cuando llegó a su parroquia siendo un joven amable y con talento y contrató como sirvienta de su rectoría a la vieja Janet McClour, a pesar de los consejos de la gente del pueblo que pensaban que estaba emparentada con el demonio. Todo discurre con normalidad hasta que, un día, aparece un negro en el pueblo.

Los personajes se delinean con rapidez. El relato presenta bien las murmuraciones y los comportamientos contundentes propios del pueblo: en una ocasión las vecinas fueron a insultar a Janet y, cuando esta se enfrentó a ellas, la cogieron y la arrojaron al río «para comprobar si era una bruja y si nadaba o se hundía». No falta el buen humor: cuando llegó el joven párroco al pueblo, indica el narrador, «resultó que estaba escribiendo un libro, lo que sin duda no era nada apropiado para alguien de sus años y con tan corta experiencia».

Robert Louis Stevenson. Markheim (1885), Janet la contrahecha (Thrawn Janet, 1881), en Los juerguistas y otros cuentos y fábulas, Cuentos completos, Barcelona: Mondadori, 2009; 955 pp.; trad. de Miguel Temprano García; ilust. de Alexander Jansson; ISBN: 978-84-397-2212-0. [Vista del libro en amazon.es]

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viernes, 28 de agosto de 2015

Un amigo lleva tiempo recomendándome vivamente los libros de Petros Márkaris y su personaje, el honrado comisario griego Kostas Jaritos. Así que he comenzado por Liquidación final, que se desarrolla en Atenas y comienza con una serie de asesinatos: la investigación revela que todos los muertos eran defraudadores de hacienda que habían recibido dos cartas, una conminándoles a pagar y otra anunciándoles su muerte dado que no pagaron; revela también que los distintos modos de morir tienen en común la cicuta. Como consecuencia, mucha gente comienza a regularizar su situación con Hacienda. El asesino alcanza una gran popularidad y recibe el nombre de Recaudador Nacional.

Jaritos es un ejemplo de cómo llevar a cabo una investigación paciente y sacrificada en un ambiente de gran corrupción económica y política. La novela parece un buen retrato de la crisis que atraviesa Grecia y pone de manifiesto la situación en la que quedan muchas personas honradas, que sufren los desmanes de políticos y hombres de negocios sin escrúpulos, y las consecuencias de un aparato estatal que lo invade todo. El argumento es tenso, la narración es amena y los diálogos suenan naturales. No faltan afirmaciones lapidarias: el Estado griego es «la única mafia del mundo que ha ido a la quiebra. Todas las demás evolucionan y prosperan»; «hasta hace poco el propio Estado lo consideraba [algunas inversiones] desarrollo y miraba para otro lado. Ahora usted podría decirme que este desarrollo es una farsa. De acuerdo. Pero, cuando el propio Estado es una farsa, ¿qué otra cosa va a ser el desarrollo?».

Petros Markaris. Liquidación final (Pereosi,2011). Barcelona: Tusquets, 2013; 352 pp.; col. Maxi; trad. de Ersi Marina Samará Spiliotopulu; ISBN: 978-8483837542. [Vista del libro en amazon.es]

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jueves, 27 de agosto de 2015

Medio Rey, de Joe Abercrombie, es el primer libro de una trilogía de aventuras fantásticas. Un mapa inicial nos enseña los países que tienen costa con el Mar Quebrado —como Gettlandia, Vansterlandia, Trovenlandia y otros—, y las ciudades y lugares más importantes. El ambiente, más que el de una historia paramedieval, es el de un relato de antiguos guerreros nórdicos. El joven Yarvi, hijo pequeño del rey de Gettlandia, estudia para ser clérigo pues tiene una mano deforme. Pero cuando su padre y hermano mayor son asesinados, Yarvi es nombrado heredero. Entonces, su tío, que siempre había sido amable con él, da orden de que lo maten. Logra escapar a duras penas pero sus captores, que ignoran quién es, lo venden como esclavo y termina siendo remero en un barco mercante. Así que, antes de poder cumplir su juramento, de vengarse de su tío y recuperar su trono, habrán de pasar muchas cosas. El lema por el que Jarvi se guía, que se recuerda varias veces, es el propio de los clérigos: sopesar el bien mayor, aspirar al mal menor y allanar el camino del Padre Paz.

Como en de Secuestrado, de Stevenson, (la mejor novela de aventuras jamás escrita según muchos), el narrador sigue las andanzas y los pensamientos del héroe, y el autor estructura su trama del mismo modo: chico que queda huérfano; tío que se queda con su herencia; embarcado por la fuerza hace amigos y, juntos, se amotinan —en Secuestrado es uno, aquí son varios—; luego huyen para regresar al lugar de origen; en el camino son perseguidos pero también encuentran quienes les ayudan; enfrentamiento final con el tío. Es una novela bien escrita y narrada: el autor va al grano y casi nunca emplea descripciones enfáticas típicas del subgénero; las singularidades del mundo que describe surgen con naturalidad; no falta el sentido del humor y abundan las réplicas o las observaciones sabias, muchas muy apropiadas. Por ejemplo: un personaje le dice a otro «Alguna vez ha habido algo de lo que no te quejaras?», y su interlocutor le contesta con un «Si no encuentras algo de lo que quejarte, es que no te esfuerzas en buscar».

En las descripciones de batallas y enfrentamientos no se ahorran escenas de violencia y, aunque se arrepienta luego, el joven héroe también las comete. Cuando, después de un combate, en el que primero uno de sus amigos muere por él, y luego él mismo apuñala por la espalda a una capitana pirata que quería matarle, otro de sus compañeros le tranquiliza: «los buenos lo sacrifican todo para vencer, y apuñalan a quien haga falta y del modo que puedan. El gran guerrero es aquel que sigue respirando cuando los cuervos se dan el atracón. El gran rey es aquel que contempla cómo arden los cadáveres de sus enemigos. Que el Padre paz derrame lágrimas por los métodos; la Madre Guerra sonríe a los resultados». Es decir: estamos ante un héroe pagano sin paliativos que todo lo supedita a sus objetivos y si tiene que matar o envenenar a alguien lo hace, con más o menos remordimientos, pero sin dudarlo. Con todo, y a diferencia de novelas previas del autor —yo he leído solo una y tuve suficiente—, esta contiene mucha menos violencia y, sobre todo, sus héroes no tienen el mismo feroz cinismo de otros anteriores.

Un último apunte. Siempre me sorprende un poco que, en obras como esta, los personajes recen de formas extrañas. Es como si sus autores se dejasen llevar por una idea caricaturizada de lo que entienden que debe ser rezar, con lo que todo es confuso e impropio de unos héroes que se nos presentan como listos. Al menos a mí me decepciona que Yarvi, antes de la batalla decisiva, invoque a la Madre Guerra diciéndole lo siguiente: «Te he rezado pocas veces, lo sé (…). Siempre he sido más partidario del Padre Paz. Pero concédeme la victoria en este día. Devuélveme la Silla Negra. Me has puesto a prueba y estoy preparado. Ya no soy el necio que era, ni el cobarde, ni el crío. Soy el rey legítimo de Gettlandia. (…) Si eliges no hacerme rey, si eliges enviarme hoy por la Última Puerta, al menos permite que cumpla mi juramento. (…) Concédeme la vida de Odem. Concédeme la venganza. Con eso me daré por satisfecho». Y añade el narrador: «No fue una plegaria constructiva como las que se enseñaban a los clérigos. No fue una oración de entrega ni de creación, pero la entrega y la creación no significaban nada para la Madre Guerra. Ella tomaba, destruía, enviudaba. Sólo le importaba la sangre».

Joe Abercrombie. Medio Rey (Half a King, 2014). Barcelona: Fantascy, 2015; 378 pp.; trad. de Manuel Viciano; ISBN: 978-84-15831-60-0. [Vista del libro en amazon.es]

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miércoles, 26 de agosto de 2015

Lágrimas de cocodrilo, de Pep Molist, es un relato cortito con encanto, por su argumento, por sus toques bromistas en la narración, y por las ilustraciones de Emilio Urberuaga que ocupan las páginas derechas. Al pequeño Cocolicot sus padres le dicen que los cocodrilos no lloran, que los cocodrilos siempre tienen cocoraje, y que llorar es cocosa de otros… Así que Cocolicot sólo fingía que lloraba —las famosas lágrimas de cocodrilo— aunque por dentro sí que a veces le inundaba la pena... La historia es sencilla pero tiene chispa y, al tiempo que divierte, tranquilizará y hará pensar al lector.

Pep Molist. Lágrimas de cocodrilo (Llàgrimes de cocodril, 2015). Zaragoza: Edelvives, 2015; 45 pp.; col. Ala Delta; ilust. de Emilio Urberuaga; ISBN: 978-84-263-9847-5. [Vista del libro en amazon.es]

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martes, 25 de agosto de 2015

Recién pintado,
de Puño, es un álbum que habla de un enfrentamiento tonto no entre dos personajes sino entre dos bandos (sin llegar a los planteamientos extremos de otros como Negros y blancos o The Butter Battle Book). En una ciudad llamada Tolbiac la mitad de las casas están pintadas de verde y la otra mitad de azul, pero los ciudadanos azules salen por la noche, a escondidas, a pintar casas de verde; e igual actúan los ciudadanos verdes. Hasta que, un día, el vendedor de la pintura, cuya casa estaba justo en medio de los dos lados y que, por tanto, iba siendo pintada de uno u otro color alternativamente, tiene una idea. Narración contada con dibujos más bien de cómic, con casas esquemáticas y figuras como monigotes michelín, que se puede poner como ejemplo de cómo, lo que importa en algunos relatos infantiles, es expresar con claridad una idea.

Puño. Recién pintado (2015). Madrid: SM, 2015; 43 pp.; col. El barco de vapor; ISBN: 978-84-675-7773-0. [Vista del libro en amazon.es]

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lunes, 24 de agosto de 2015

¡Pato! ¡Conejo!, de Tom Lichtenheld y Amy Krouse Rosenthal, presenta una disputa entre dos interlocutores que, a diferencia de álbumes como Desavenencia o ¿Quién es el jefe?, no conduce a un enfrentamiento físico.

El lector no ve a los dos personajes que discuten y sólo ve lo que ven ellos: una cabeza que a uno le parece un pato y a otro un conejo. Las observaciones de cada uno se presentan enfrentadas: uno habla en la página derecha y el otro en la izquierda. La ilustración contiene la misma figura siempre, pero con algún añadido —un trozo de pan, un trozo de zanahoria, un fondo de hierba…— que sirve para que uno u otro afirmen su postura.

Álbum ingenioso en el planteamiento y en su realización: la idea es excelente y su ejecución, tan sencilla, no lo es menos. Las ilustraciones van recuadradas y la figura tiene gruesas líneas de contorno. El remate final, que anuncia una nueva «discusión» remite a las formas de las nubes que se ven en las guardas.

Tom Lichtenheld. ¡Pato! ¡Conejo! (Duck! Rabbit!, 2009). Texto de Amy Krouse Rosenthal. Madrid: SM, 2009; 34 pp.; trad. de Teresa Tellechea; ISBN: 978-84-675-3391-0. [Vista del álbum en amazon.es]

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domingo, 23 de agosto de 2015

De las notas heterogéneas de Julio Ramón Ribeyro recogidas en Prosas apátridas, dos párrafos sobre su personal opción por una forma de escribir cercana y directa o, si se quiere, por una escritura cuyo único brillo sea el de la sencillez.

Una. «Literatura es afectación. Quien ha escogido para expresarse un medio derivado, la escritura, y no uno natural, la palabra, debe obedecer a las reglas del juego. De ahí que toda tentativa para dar la impresión de no ser afectado —monólogo interior, escritura automática, lenguaje coloquial— constituye a la postre una afectación a la segunda potencia. Tanto más afectado que un Proust puede ser un Céline o tanto más que un Borges un Rulfo. Lo que debe evitarse no es la afectación congénita a la escritura, sino la retórica que se añade a la afectación».

Otra. «La ostentación literaria de muchos escritores latinoamericanos. Su complejo de proceder de zonas periféricas, subdesarrolladas, y su temor a que los tomen por incultos. La voluntad demostrativa de sus obras, huachafísimas. Probar que también pueden englobar toda la cultura —¿qué cultura? ¡Cómo si sólo existiera una cultura!— y expresarla en una hoja enciclopédica que resuma veinte siglos de historia. Aspecto nuevo rico de sus obras: palacetes heteróclitos, monstruosos, recargados, como el atuendo que el inmigrante africano o el arrabalero parisién luce los domingos para pasearse por los grandes bulevares. Su propio brillo los desluce».

Julio Ramón Ribeyro. Prosas apátridas (1975). Barcelona: Tusquets, 1975; 145 pp.; col. Marginales; ISBN: 8472230449. Y nueva y más completa edición en: Barcelona: Seix Barral, 2007; 144 pp.; col. Biblioteca breve; ISBN: 84-322-1230-X. [Vista del libro en amazon.es]

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sábado, 22 de agosto de 2015

Los juerguistas y otros cuentos y fábulas fue un volumen con varios relatos que Stevenson había publicado antes en revistas. Los dos primeros son Los juerguistas y Will el del molino.

Los juerguistas son unas rocas graníticas de una isla ficticia de la costa escocesa, llamadas así por el ruido del mar cuando bate contra ellas. El narrador, un joven llamado Charles Darnaway, vuelve a esa isla dispuesto a proponerle matrimonio a su prima Mary y con deseos de averiguar algo del tesoro de un barco de la Armada Invencible que se hundió allí. Pero su tío Gordon, el padre de Mary, es un personaje inquietante: no da respuestas claras y Charles descubre que es alcohólico. Además, la decoración de su casa es curiosamente rica y el comportamiento de Rorie, su criado, es elusivo. Luego, Charles encuentra una tumba reciente y comprueba que a la isla han llegado y llegan otras personas que parecen buscar restos del tesoro.

Relato narrado con prosa escocesa, con acentos algo poéticos al describir la fuerza y el misterio del mar, y con sugerencias de presencias maléficas: las grandes olas rompientes bailan «una danza de la muerte» y «los juerguistas» parecen dar gritos cuando sube la marea. La narración también avanza de modo que se sugieren intervenciones de tipo sobrenatural, tanto porque el tío de Charles parece ver presencias fantasmales, como por la aparición final de un negro, algo que en la tradición escocesa representa al diablo —un recurso que Stevenson emplea en Janet la contrahecha y en un relato que va embutido en Catriona—. Es una historia que influyó en El corazón de las tinieblas de Conrad: al principio del relato el tío le habla a su sobrino de «la maldad de esa criatura falsa, fría, salada y rugiente» y de «todas las variedades de peces, esas maravillas ciegas, frías y extrañas» y termina con la exclamación «el horror, ¡el horror del mar!».

Will el del molino es un relato cortito. El protagonista, hijo adoptivo de dos viejos molineros y él mismo molinero cuando sus padres mueren, es un chico ingenuo con grandes anhelos y esperanzas al que le dejó marcado la conversación con un forastero que le habló de que los hombres estamos como atrapados en una ratonera. Luego entra en escena la hija del pastor, una chica guapa y joven a la que Will primero propone matrimonio pero, cuando acepta, Will retrocede y le dice que mejor sería romper el compromiso: parece pensar que mejor es no atarse definitivamente y disfrutar de un bienestar sin mayores inquietudes. Así viven un tiempo, viéndose como amigos de vez en cuando, pero Marjorie se termina casando con otro.

Relatos como este —igual que otros de esta recopilación— ejemplifican bien la diferencia que había entre las atmósferas propias de Stevenson y las de Poe. Tal como explica Chesterton, el propósito de Poe no fue meramente sugerir el horror sino la falta de esperanza; en cambio, el de Stevenson fue el de nunca sugerir la falta de esperanza incluso cuando sugería el horror. Mientras Poe se regodea en los lamentos y su melancolía parece incurable, la esencia del espíritu de Stevenson es que la melancolía no es incurable incluso aunque la desgracia lo sea. Esto se nota en Will, un protagonista cuyo planteamiento vital es, a la vez, mezquino y bondadoso, irritante y sereno; y, en común con otros héroes stevensonianos, tiene un talante dubitativo que lo hace, a la vez, fastidioso y amable.

Robert Louis Stevenson. Los juerguistas (The Merry Men, 1882), Will el del molino (Will O' the Mill, 1878), en Los juerguistas y otros cuentos y fábulas, Cuentos completos, Barcelona: Mondadori, 2009; 955 pp.; trad. de Miguel Temprano García; ilust. de Alexander Jansson; ISBN: 978-84-397-2212-0. [Vista del libro en amazon.es]

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viernes, 21 de agosto de 2015

Nuestros ayeres,
de Natalia Ginzburg, ha sido una novela que he tenido en listas durante años y he leído hace poco. Al final, me ha interesado, como todo lo de la escritora italiana, pero debo indicar que me han gustado más otros libros suyos.

Se ambienta en una pequeña ciudad italiana, entre los años 1939 y 1944, y tiene como protagonistas a los miembros de dos familias vecinas más o menos acomodadas. La narración sigue sus vidas, prestando más atención a la menor de una de las familias, Anna, que se queda embarazada con 16 años y acepta la propuesta de casarse con un amigo de su padre a quien siempre todos han considerado un tío. Y llega la guerra mundial que lo cambia todo.

La historia discurre con fluidez, supongo que también debido a la buena traducción. El narrador trasmite bien modos de ser y reacciones de los personajes, en especial los femeninos. Hay una cierta melancolía de fondo pero no faltan los toques humorísticos. Además, incluso en los momentos más críticos, todo tiene acentos de normalidad que cabría llamar chéjovianos, es decir, que indican cómo la vida nos la jugamos en las menores decisiones cotidianas.

Natalia Ginzburg. Nuestros ayeres (Tutti i nostri ieri, 1952). Madrid: Debate, 1996; 343 pp.; versión castellana de Carmen Martín Gaite; ISBN: 84-7444-975-8.

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jueves, 20 de agosto de 2015

Erik Vogler y la maldición de Misty Abbey-Castle, de Beatriz Osés, es el tercer libro con el mismo angustiado y angustioso protagonista. Esta vez, mientras su padre y su abuela tienen un accidente de esquí, muere su tío Leonard en Irlanda. Erik ha de ir al entierro pues será el heredero del misterioso castillo propiedad de su tío. Para su disgusto, por indicación de su abuela, le acompaña de nuevo Albert Zimmer pero, esta vez, obtendrá una cierta victoria intectual sobre él.

Como en los anteriores libros, en este tampoco importa tanto el argumento —con misterios, leyendas, tumbas ocultas, etc.— como el comportamiento del héroe, tan obsesionado por el orden y las marcas de moda como siempre. Así, al principio de su relato, a punto de salir hacia Irlanda, el narrador indica: «Era la primera vez que no estaba orgulloso de su equipaje. Al revés, por culpa de las malas noticias, las prisas y los nervios, en lugar de una obra de arte había hecho lo que consideraba una chapuza. Había metido la ropa en lo que habría descrito como un completo caos, es decir, planchada y doblada pero sin ningún tipo de orden alfabético, ni por texturas, colores o antigüedad de las prendas. Es decir, las había apilado de cualquiera manera. (…) Un desastre».

Beatriz Osés. Erik Vogler y la maldición de Misty Abbey-Castle (2015). Barcelona: Edebé, 2015; 159 pp.; ilust. de Iban Barrenetxea; ISBN: 978-84-683-1541-6. [Vista del libro en amazon.es]

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miércoles, 19 de agosto de 2015

El bandido del colt de oro, de Simon Roussin, es un relato de aventuras del Oeste que, seguramente, muchos lectores desearían que fuera más largo. Es como una novela juvenil que se presenta en un formato híbrido entre un álbum —pero es más extenso que los habituales— y una novela gráfica —pero es, en este caso, más corta que las habituales—.

Colorado, mediados del siglo XIX. Jesse y Henry Moonlight son dos niños que viven con sus padres en una granja. Unos bandidos asesinan a sus padres y ellos huyen. Aprenden a sobrevivir en la naturaleza y Jesse protege siempre al pequeño. Al cabo del tiempo encuentran a unos bandidos que acaban de asaltar un tren. Jesse se une a ellos pensando en que su hermano pueda comer y dormir…, pero a Henry le repugna unirse a esos hombres, por lo que huye y acaba siendo recogido por un viejo trampero. A partir de ahí sus destinos se separan y Jesse se convierte en un famoso y sanguinario bandido.

El autor confiesa que su relato se apoya en las aventuras que le cautivaron en su infancia y que tiene querencia por los héroes de las películas antiguas, algo que se nota en el tono con el que cuenta las cosas y en la resolución que pone a su argumento. Usa palabras sencillas para narrar los hechos, que presenta con unas grandes imágenes, a doble página, en las que las figuras son realistas y están llenas de movimiento, y los paisajes de fondo, como desiertos, montañas o bosques, tienen unos colores vivos, muy intensos.

Simon Roussin. El bandido del colt de oro (Le bandit au colt d'or, 2013). Barcelona: Libros del Zorro Rojo, 2014; 68 pp.; trad. de Palmira Feixas; ISBN: 978-84-942473-9-2. [Vista del libro en amazon.es]

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