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jueves, 18 de diciembre de 2014

Tiras cómicas, de Flannery O’Connor, es un libro que, debido a su edición cuidada y erudita, y sobre todo a su contenido singular, los dibujos cómico-satíricos que hizo la autora en sus años jóvenes para revistas escolares y universitarias, tiene mucho interés para los seguidores de la escritora pero poco, supongo, para una mayoría de lectores.

La introducción es un buen comentario sobre los méritos que tienen los dibujos, que son linograbados —ilustraciones dibujadas y recortadas al revés—, rápidos y algo toscos, pero que revelan la «innata comprensión del gesto» que tenía la autora. El extenso epílogo, con multitud de notas, se titula «El hábito del arte» y, aparte de aportar la información biográfica pertinente, se centra en el interés que O’Connor siempre tuvo por las artes plásticas —decía que «todo lo que ayude a ver, todo lo que ayude a mirar», como el dibujo, le ayudaba a escribir—, y se detiene a comentar los temas de sus caricaturas, la clase de ironía que ya practicaba entonces, las influencias en su sentido del humor que se detectan —como la de James Thurber—, etc.

Flannery O’Connor. Tiras cómicas (Flannery O’Connor: The Cartoons, 2014). Madrid: Nórdica, 2014; 132 pp.; col. Nórdicacómic; trad. de Íñigo Jáuregui; edición y epílogo de Kelly Gerald, introducción de Barry Moser; ISBN: 978-84-16112-36-4. [Vista del libro en amazon.es]

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miércoles, 17 de diciembre de 2014

En Sofía viaja a la Antártida su autora, Alison Lester, ha transformado en un buen libro infantil de conocimientos el viaje que hizo a la Antártida, del que llevó en su momento un blog que dio lugar, después, a una exposición con pinturas y dibujos de niños, algunos de los cuales están en el álbum.

La protagonista de su historia se llama Sofía, tiene nueve años, y es la hija del capitán del Aurora Australis, un rompehielos. Lleva un diario en el que anota lo que vive y lo que ve: características del barco, ropa que usa, icebergs, pingüinos, focas, ballenas, una tormenta de nieve, la estación Mawson… También habla un poco de quienes fueron antes a la Antártida: Amundsen, Scott, Shackleton… Y luego cuenta también el viaje de regreso.

Es un relato bien ordenado y construido. Las ilustraciones que van explicando las cosas son claras y resultan amables. Antes de saber el origen del álbum, en una primera lectura, pensé que algunas páginas derechas, en las que van ilustraciones grandes procedentes de la exposición que cito arriba —de pingüinos, de aves, de focas…—, no estaban a tono con el resto del álbum, pues eran desiguales y parecía que hubieran sido preferibles imágenes o fotografías que añadieran más información.

Alison Lester. Sofía viaja a la Antártida (Sophie Scott Goes South, 2012). Barcelona: Ekaré, 2014; 40 pp.; trad. de Verónica Uribe; ISBN: 978-84-942081-7-1. [
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martes, 16 de diciembre de 2014

Si hubiera que señalar el álbum más simpático del año seguramente le daría el premio a El día que los crayones renunciaron, con texto de Drew Daywalt e ilustraciones de Oliver Jeffers, un álbum cuya composición gráfica realza el ingenio y la gracia de una idea y un texto muy conseguidos.

El relato comienza cuando, un día, en la escuela, Duncan iba a sacar sus crayones para dibujar y encontró un montón de cartas con su nombre. A continuación, cada doble página contiene, en el lado izquierdo, la carta de cada crayón —con sus quejas, porque Duncan lo usa mucho o lo usa poco, y sus susceptibilidades, porque, por ejemplo, el naranja reclama ser el verdadero color del sol y no entiende cómo Duncan ha podido usar el amarillo…—, y en la derecha se ven los dibujos de Duncan en el color correspondiente junto con la figura del crayón utilizado en cada caso. En fin, Duncan sólo quiere dibujar y, por supuesto, que sus crayones sean felices.

Después de una excelente ilustración inicial, en la que vemos como una fotografía del fajo de cartas que recibe Duncan, vamos leyendo las divertidas cartas de los crayones —todas ellas escritas a mano, de modo irregular, con subrayados o tachaduras y palabras en mayúscula—. Los dibujos de figuras, como desmañados, se corresponden con lo que se cuenta e imitan perfectamente la forma de dibujar de un niño (algo mucho más difícil de lo que algunos podrían pensar). Es una buena idea, también, que los crayones no sean una foto sino un dibujo y cada uno tenga un aire propio. La resolución de la historia es esperable pero magníficamente realizada.

Oliver Jeffers. El día que los crayones renunciaron (The Day the Crayons Quit, 2013). Texto de Drew Daywalt. México: Fondo de Cultura Económica, 2014; 36 pp.; col. Los especiales de la Orilla del Viento; trad. de Susana Figueroa; ISBN: 978-607-16-1812-2. [Vista del álbum en amazon.es]

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lunes, 15 de diciembre de 2014

Esperaba más de Cuando ruge el león, con ilustraciones de Chris Raschka y texto de Robie H. Harris, un álbum confeccionado para tratar con miedos infantiles. Es sencillo: en acuarelas como esbozadas, casi sin contornos y con aires un poco retro, las primeras dobles páginas presentan un niño que se asusta cuando ruge el león, cuando el mono chilla, cuando suena la sirena, cuando papá grita, cuando mamá se enfada, etc. Luego el niño grita «¡Vete, susto!» y, a partir de ahí, cuando el perro duerme, cuando mamá canta, etc., ya se siente bien. El álbum puede funcionar con algunos lectores, debido a que conecten bien con su tema y con su modo de plantear las cosas, o debido al trabajo de quien comparta el álbum con el niño, pero las figuras no son atractivas del todo y al miniargumento le falta consistencia.

Chris Raschka. Cuando ruge el león (When Lions Roar, 2013). Texto de Robie H. Harris. Barcelona: Corimbo, 2014; 32 pp.; trad. de Macarena Salas; ISBN:978-84-8470-690-4. [Vista del álbum en amazon.es]


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domingo, 14 de diciembre de 2014

1914, de la paz a la guerra, de Margaret MacMillan, es un análisis detallado, ordenado país por país, de las causas que llevaron a la primera Guerra Mundial. Es una narración amena cuyo propósito explica su autora del siguiente modo: «Las decisiones cruciales de aquellas semanas, que condujeron a Europa a la guerra, fueron tomadas por un número sorprendentemente pequeño de personas (todos ellos hombres). Pero para comprender por qué actuaron como lo hicieron, hemos de remontarnos más atrás y analizar las fuerzas que los conformaron». Pero la pregunta que pretende responder no es tanto por qué tuvo lugar la guerra sino por qué fracasó y no fue posible la paz. Al final, con ecuanimidad, indica que «acaso a lo más que podamos aspirar sea a entender lo mejor posible a aquellos individuos que debieron decidir entre la guerra y la paz, así como sus fuerzas y sus debilidades, sus amores, sus odios y sus prejuicios».

Debo decir que ni yo soy experto ni mi lectura ha sido detenida. Sin embargo, no me parecen adecuadas algunas comparaciones que a veces desliza la autora entre sucesos y personajes de aquella época y otros de la nuestra: tengo la sensación de que los paralelismos entre las décadas de Nixon y Mao, o de Bush y Blair, y las de principios del siglo XX no son justos y que, además, son engañosos. También, dentro del capítulo «¿En qué pensaban? Esperanzas, miedos, ideas y presuposiciones», me sorprendió este párrafo cuya enorme inexactitud no sé bien a qué o a quién atribuir: «El movimiento moderno fue tanto una revuelta como un intento de establecer nuevas formas de pensamiento y percepción, y causó inquietud entre los miembros de la generación previa. Queriendo detener esta ola, el papa Pio X hizo en 1910 que sus sacerdotes tomaran juramento contra el arte moderno». ¿Arte moderno? Primera noticia.

Margaret MacMillan. 1914, de la paz a la guerra (The War that ended Peace. How Europe abandoned Peace for the First World War, 2013). Madrid: Turner, 2013; 847 pp.; col. Noema; trad. de José Adrián Vitier; ISBN: 978-84-15832-08-9. [Vista del libro en amazon.es]


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viernes, 12 de diciembre de 2014

Las torres de Barchester, de Anthony Trollope, la segunda novela de las Crónicas de Barsetshire, es más larga y enredada que la primera. Es una de las mejor consideradas por los seguidores del autor aunque también hay que decir su tema de fondo, las discusiones y rivalidades en el interior de la iglesia anglicana, la pueden alejar de lectores de otros ámbitos.

El relato se inicia con la llegada de un nuevo obispo a Barchester, el doctor Proudie, que viene acompañado de una esposa muy dominante y un ambicioso secretario particular, el señor Slope. Las decisiones que toman y los modos de actuar de los tres alteran mucho la vida local: hacen regresar de Italia a un clérigo de la diócesis que llevaba tiempo allí, el doctor Stanhope, que vuelve con su extraña familia; se plantean si nombrar un nuevo Custodio y dejar o no de lado al doctor Harding; el señor Slope se da cuenta de que sería ventajoso un matrimonio con la hija de Harding, Eleanor Bold, actualmente viuda; el doctor Grantly hace venir a otro clérigo de Oxford, Francis Arabin, para contrarrestar a Slope, etc.

De nuevo los nombres son significativos del carácter o de algo peculiar de los personajes, y abundan los comentarios del narrador, con referencias a la literatura inglesa previa y al mundo clásico para poner ejemplos, o con intervenciones irónicas y aclaratorias. Se pone de manifiesto que la religiosidad anglicana del momento, y que pinta el autor, era una religiosidad formal y vinculada con el gran valor que sus personajes dan a la respetabilidad social. El hilo argumental discurre, con frecuencia, siguiendo las consecuencias que se derivan de las malas interpretaciones de los sentimientos y conductas entre unos y otros, hasta que, al final, hay un arrepentimiento de la heroína, Eleanor Bold, semejante a los de las protagonistas de Jane Austen.

No faltan comentarios que hacen valiosas las novelas para un lector de ahora. Por ejemplo, este: «Un hombre es condenado si se consigue demostrar que, ya sea en política o en religión, no pertenece a alguna nueva escuela fundada en años recientes. En ese caso, ya puede considerarse basura y esperar a que venga el carro a llevárselo. Hoy en día un hombre no es nada a menos que sea capaz de apreciar de pleno la nueva era tal y como es, una era en la que, al parecer, ni la honradez ni la verdad son muy deseables, y en la que el éxito es el único mérito importante».

La novela también sirve para ver una diferencia del autor con otros de su mismo tiempo, y de ahora, que aquí revela él mismo cuando, al llegar a una encrucijada, dice que «quizá sea conveniente que se le permita a este novelista que explique su punto de vista sobre una cuestión fundamental del arte de narrar historias. Me atrevo a reprobar ese sistema que llega al extremo de violar toda la confianza que debe haber entre el autor y sus lectores al mantener casi hasta el final del tercer volumen el misterio sobre el destino que aguarda a su personaje favorito. E incluso mayores y peores cosas llegan a hacerse con demasiada frecuencia». Cualquier embaucamiento literario que, una vez descubierto, queda destruido, dice Trollope, nos hace perder el interés tanto en el lienzo como en el velo… Por eso, continúa, «nuestra doctrina es que autor y lector deberían avanzar juntos en plena confianza mutua. Que los personajes de la obra vivan entre ellos la comedia de errores más completa que pueda darse», pero que el espectador no se convierta en un primo más pues «el papel de primo nunca es muy digno».

Anthony Trollope. Las torres de Barchester (Barchester Towers, 1857). Madrid: Cátedra, 2007; 664 pp.; col. Letras Universales; edición y trad. de Miguel Ángel Pérez Pérez; ISBN: 978-84-376-2413-6. [Vista del libro en amazon.es]

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jueves, 11 de diciembre de 2014

El activista es el cuarto libro de John Grisham con las andanzas de Theodore Boone. Por un lado, en su escuela nota que hay recortes presupuestarios debido a que despiden a un profesor. Por otro, en la ciudad hay quienes se plantean construir una carretera de circunvalación que algunos no ven bien: grupos ecologistas que piensan que afectará mucho a un colegio y a unas instalaciones deportivas cercanas, un compañero de clase cuyos abuelos tienen terrenos que pueden ser expropiados, etc. Además, en una salida con los scouts, a un chico imprudente le muerde una serpiente y Theo es, más o menos, responsable. Otro incidente que también lo pone a prueba se da cuando unos tipos golpean salvajemente a su perro y los padres de Theo los llevan a juicio.

Relato con menos tensión que otros del autor y del personaje pues, esta vez, abundan más de la cuenta las lecciones educativas y el argumento se dirige a que Theo demuestre su capacidad retórica en distintos ámbitos. El héroe sabe que algunas de sus actuaciones son dudosas y, en esos casos, se plantea si actúa bien o mal, por ejemplo cuando curiosea en los expedientes de su padre. No pone, sin embargo, ninguna objeción al activista jefe cuando les recluta, a él y a otro chico, para su causa diciéndoles: «Me gusta la idea de que unos chavales, como vosotros dos, hagáis que los demás niños se impliquen en la lucha. Si conseguís que se indignen y se opongan a la carretera, entonces sus padres también lo harán, y los padres son los que votan. Y, en el fondo, todo es una cuestión política». Un Theo más lúcido no se habría dejado manipular y habría pensado que un buen fin tampoco justifica los medios, y que movilizar a niños para ponerlos delante de cualquier protesta es, como mínimo, problemático. En fin, la narración es fluida y el autor sabe ir pulsando las teclas apropiadas para provocar las reacciones emocionales de simpatía o antipatía en los lectores para que no les quede duda de con quien han de ir.

John Grisham. Theodore Boone: el activista (Theodore Boone: The activist, 2013). Barcelona: Montena, 2014; 266 pp.; trad. de José Serra; ISBN: 978-84-9043-119-1. [Vista del libro en amazon.es]


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miércoles, 10 de diciembre de 2014

Extraños, de Javier Sáez Castán, es un cómic de gran formato de contenido nada común. Tiene un buscado aire vintage, como de cine de serie B de terror o de viejas series de ciencia-ficción en televisión. El narrador, dentro del cómic, es Vincent Price, un actor que intervino en muchas películas del género.

Él es quien presenta tres historias tituladas «Tan grande… ¡tan rosa!», «El horror de Loch Lambton», y «Luces de Sorax». La primera, en Nueva York, trata sobre un monstruo rosa que, al principio, es horrible, aunque luego todo el mundo se va mimetizando con él. La segunda, en Escocia, es sobre un gusano extraño que adquiere un nuevo aspecto y resulta espantoso, pero que vuelve a ser aceptado cuando cambia otra vez. En la tercera, en Hollywood, una gran amenaza que se cierne sobre la humanidad es resuelta por un ser anfibio perfectamente adaptado a la sociedad de consumo en la que vive.

El título dirige la lectura: ¿quiénes son esos seres extraños o quiénes son de verdad los extraños? Podemos quedarnos en la literalidad del relato y en aceptar el final como una broma reflexiva tipo «todos somos así» o «todos somos igual de raros»; pero también podemos ver a la babosa rosa, el gusano azul y el ser anfibio verde de cada relato, que acaban alterando el blanco y negro de su entorno, como enfermedades de nuestra sociedad de las que «todos somos culpables». Por eso, aunque conectar con esta historia parece pedir, en principio, una particular conexión con las referencias y el mundo propio del autor, muchos otros lectores no aficionados al cómic y al género apreciarán también la pertinencia y la inteligencia de su crítica social.

Javier Sáez Castán. Extraños (2014). Madrid: Sexto Piso, 2014; 48 pp.; col. Sextopisoilustrado; ISBN: 978-84-15601-74-6. [Vista del libro en amazon.es]

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martes, 9 de diciembre de 2014

Y de pronto es primavera, de Erin E. Stead y Julie Fogliano, es un álbum con un tono amable y un argumento clásico, como el de The Happy Day o Spring is here. En una granja, un niño planta unas semillas y teme que los animales las pisen por lo que pone un cartel: «Favor de no pisotear, las semillas lo están intentando». Un perro, un conejo y una tortuga le acompañan o le observan. De fondo, el paisaje de color café no cambia...

Los dibujos de los personajes son expresivos y simpáticos. En las escenas que se muestran hay algún pequeño fallo (como el de una pajarera que cuelga de una rama y se confunde con el fondo, como si estuviera posada en el prado). La técnica empleada, que combina lápiz y grabado en madera, puede contribuir a que los colores sean algo desvaídos y a que el desenlace final sugerido por mismo título, no sea visualmente todo lo brillante que uno esperaría. La narración con palabras tiene un tono sobrio que juega bien con la «ansiedad anticipatoria» del lector y subraya la necesidad de la paciencia.

Erin E. Stead. Y de pronto es primavera (And Then It’s Spring, 2012). Texto de Julie Fogliano. México D. F.: Océano Travesía, 2014; 32 pp.; col. Los Álbumes; trad. de Paulina de Aguinaco Martín; ISBN: 978-607-400-958-3. [Vista del álbum en amazon.es]

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lunes, 8 de diciembre de 2014

Como los demás álbumes que conozco de Peter Reynolds, Siembra un beso, con texto de Amy Krouse, está compuesto con dibujos atractivos sobre fondo blanco y con una perfecta dirección narrativa que, continuamente, abre los deseos de pasar a la página siguiente. La historia es, al mismo tiempo, elemental y sugerente: una niña siembra un beso y espera, espera, espera… Aunque los más pequeños tal vez no capten la idea, los que ya reconozcan bien lo simbólico y entiendan algo la necesidad de la paciencia captarán enseguida que cualquier pequeña siembra de bondad y afecto a veces tarda en notarse pero es una inversión que se acaba recuperando con creces. El autor usa el conocido recurso de representar los besos con papel brillante y reproduce los breves textos a mano para que formen parte de la composición de las páginas.

Peter Reynolds. Siembra un beso (Plant a Kiss, 2012). Texto de Amy Krouse Rosenthal. México: Océano Travesía, 2014; 32 pp.; col. Los álbumes; trad. de Sandra Sepúlveda Martín; ISBN: 978-607-400-959-0. [
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domingo, 7 de diciembre de 2014

Tenía en mis listas hace tiempo, y leí hace poco, Sobrevivir para contarlo, una narración del genocidio de Ruanda contada por Immaculé Ilibagiza, una mujer tutsi que tenía 22 años en 1994, cuando comenzó la persecución y el exterminio de los tutsis por parte de los hutus. Y veo ahora, cuando acabo de terminarlo, que se acaba de publicar otra edición en castellano titulada Mi viaje hacia el perdón.

En su relato pone primero en antecedentes al lector: habla de su familia, de sus estudios, y de cómo llegó el estallido de la tragedia. Habla después de la muerte de sus padres, de todos sus hermanos menos uno (en otro país cuando todo sucedió), y de familiares y amigos; y los meses que pasó encerrada en un baño de la casa de un pastor hutu, escondiéndose junto con otras siete mujeres. La tercera parte cuenta qué sucedió después de la guerra y la reconstrucción de su vida.

Es un testimonio poderoso, tanto por las descripciones que se hacen de las atrocidades que la narradora presenció o conoció, como por la forma en que cuenta cómo pudo sobreponerse, y luego perdonar, gracias a su fe y su trato con Dios. Esto, que cuenta con sencillez, está formulado a veces con expresiones que, como ella misma señala, provocan protestas en quienes la oyen: en unos porque no son capaces de ver las cosas como ella las ve y en otros porque no comprenden su actitud de perdón.

Las deficiencias narrativas, y supongo que las de traducción de la edición que yo he leído, quedan en segundo plano ante la enorme fuerza de la historia y de los sufrimientos de la autora y su pueblo.

Immaculé Llibagiza y Steve Erwin. Sobrevivir para contarlo. El coraje de una mujer durante el genocidio de Ruanda (Left to Tell: Discovering God Amidst the Rwandan Holocaust, 2006). Barcelona: Sabai Media, 2010; 285 pp.; DVD incluido; trad. de Nuria Burgell; ISBN: 978-84-937254-4-0. Otra edición, titulada Mi viaje hacia el perdón, en Madrid: Palabra, 2014; 288 pp.; col. Palabra hoy; trad. de Felicitas Santiago; ISBN: 978-8490611081. [Vista de esta edición en amazon.es]

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sábado, 6 de diciembre de 2014

He actualizado y cambiado de lugar la selección de álbumes y libros sobre la Navidad.

Iré poniendo, en posteriores semanas, distintas selecciones de libros, por edades o por temas, con la intención de componer como un mapa de libros con el que orientarse.

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viernes, 5 de diciembre de 2014

En opinión de George Orwell, El Custodio es una de las mejores novelas de Anthony Trollope. Fue la cuarta que escribió y la primera de las Crónicas de Barsetshire, unas historias que se desarrollan en un condado inglés ficticio.

El Custodio es Septimus Harding, un hombre mayor, dubitativo, muy buena persona, encargado de la dirección de una institución caritativa fundada siglos atrás. Pero las cosas han cambiado y tanto él como el obispado de Barchester están recibiendo unas rentas mucho más altas de las previstas inicialmente. John Bold, un médico joven, enamorado de la hija menor de Harding, Eleanor, decide denunciar la injusticia de la situación y la prensa importante del país le secunda. Pero el arcediano, el doctor Grantly, hombre de confianza del Obispo y casado con la otra hija de Harding, está dispuesto a presentar batalla.

Las figuras principales están bien perfiladas y la trama es ordenada. Hay tensión creciente, tanto en la evolución de los mundos interiores de los protagonistas como en la de los acontecimientos externos que hilan el relato. La narración abunda en alusiones cultas, literarias o históricas. Los nombres de los personajes están elegidos para poner al descubierto algún aspecto importante de sus modos de ser. Un ejemplo de las muchas intrusiones del narrador, características de Trollope, es este modo de comenzar el último capítulo: «Nuestra historia ha concluido y sólo nos queda recoger los hilos dispersos y atarlos formando un nudo decoroso. No será un trabajo fatigoso para el autor ni para sus lectores; no nos hemos ocupado de muchos personajes ni de acontecimientos sensacionales y si no fuera por la fuerza de la costumbre, podríamos dejar a la imaginación de los interesados suponer cómo evolucionaron las cosas en Barchester».

Pero tal vez lo más destacable sea el retrato indirecto de la vida en la Inglaterra victoriana que la novela deja en la mente del lector. A veces a través de personajes que intervienen en el relato, como Tom Towers, periodista del Júpiter (en realidad The Times) —que «caminaba por la vida un día tras otro, esforzándose con empeño por parecer un hombre, pero sabedor en su interior de que era un dios»—, o el abogado expertísimo, Sir Abraham Haphazard —que «nunca discutía con su esposa, pero tampoco conversaba con ella: carecía de tiempo para hablar porque estaba demasiado ocupado discurseando»—. Y otras veces, mediante las alusiones a figuras que eran tan prominentes como instituciones, como la del doctor Pesimista Antihipocresía, caricatura de Thomas Carlyle —cuya «popularidad le ha impedido que vuelva a hacer nada realmente útil, como les ha sucedido a muchos otros»—, y, sobre todo, la del señor Sentimiento Popular, Dickens, cuyo gran atractivo, afirma el narrador, está en «sus personajes de segunda fila (…), tan sencillos y naturales como las personas que encontramos por la calle: andan y hablan como hombres y mujeres, y viven entre nuestros amigos una existencia llena de animación y colorido».

Anthony Trollope. El custodio (The Warden, 1855). Madrid: Alfaguara, 2004; 295 pp.; trad. y notas de José Luis López Muñoz; ISBN: 84-204-0206-0. [
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jueves, 4 de diciembre de 2014

Un libro juvenil de hace tiempo, una novela colegial curiosa, que, por despiste, no había puesto aquí todavía: Hoyos, de Louis Sachar. Me lo recordó un amigo y, además, hace pocos días se publicó aquí otra reseña, en inglés.
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miércoles, 3 de diciembre de 2014
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martes, 2 de diciembre de 2014

Soy un artista, de Marta Altés, tiene como protagonista y narrador a un niño que se siente un gran artista y al que le gusta pintarlo todo, cosa que a su madre no le parece siempre bien. Las imágenes son divertidas y el ritmo del álbum —que combina ilustraciones de distintos tamaños— está conseguido. Alguna doble página es un tanto caótica —aunque tal vez eso es lo que se pretende— y algunas formulaciones son muy de adultos —por ejemplo, cuando el narrador dice que «Donde yo veo La soledad de la zanahoria abandonada mi madre ve La cena inacabada»—.

En fin, yo no llamaría creatividad a pintar al gato, o a pintar o agujerear las paredes, o a romper el espejo… Luego, un niño que grita, después de hacer esas y otras cosas semejantes, un «¡NO PUEDO PARAR DE CREAR!», tiendo a verlo como un tanto repelente... Tampoco puedo dejar de pensar en los casos que conozco de quienes disculpan al niño por todo y que critican cualquier corrección que se le haga por su falta de limpieza o de respeto... Estas reticencias mías son compatibles con que el personajillo es simpático, las imágenes tenen toques graciosos y, si no nos creemos mucho la historia, el álbum es divertido y cumple su función.

También se puede poner como ejemplo de una historia en la que vemos a quien nos cuenta en primera persona lo que le pasa sin ser capaz de verse a sí mismo ni de hacerse cargo de las consecuencias de sus acciones. El narrador del álbum, por tanto, usa un punto de vista que suma y contrapone dos visiones distintas: la visión que tiene de sí mismo quien habla y la que tiene alguien que le oye a él pero que ve las cosas desde fuera. Así se marca una distancia irónica mayor —el contraste que hay entre lo que se dice y lo que se ve—, que si el narrador con palabras usara la tercera persona para señalar que el chico piensa de sí mismo que es un gran artista, etc.

Marta Altés. Soy un artista (I am an artista, 2013). Barcelona: Blackie Books, 2014; 32 pp.; ISBN: 978-84-941676-0-7. [Vista del libro en amazon.es]

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lunes, 1 de diciembre de 2014

El monstruo de colores, de Anallenas, tiene un protagonista que se levanta, confuso y aturdido, lleno de colores. Una niña le dice que se ha vuelto a liar y, en cada una de las siguientes dobles páginas, le hace notar qué color va bien con cada una de las emociones: amarillo-alegría, azul-tristeza, rojo-rabia, etc. Pues así, ordenaditas, le dice la niña, le funcionarán mejor...

Libro de colores, igual que otros citados en las últimas semanas, pero que también habla de la vinculación entre colores y emociones. La narración gráfica, con dibujos garabatos, recortes y collages fotográficos para ciertos objetos, es eficaz, pues resulta divertida y llega bien al lector. Como con otros álbumes sucede que la historia que se cuenta y la confección del álbum aparentan una facilidad engañosa..., como si cualquiera hubiera podido hacerlo.

Anallenas. El monstruo de colores (2012). Barcelona: Flamboyant, 2012; 40 pp.; ISBN: 978-84-939877-4-9. [Vista del libro en amazon.es]


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