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martes, 26 de mayo de 2015

Dadá, un álbum de los suizos Germano Zullo y Albertine, tiene un argumento inusual y eso ya es algo que merece ser destacado. Sus protagonistas son Rogelio Corcel, un jinete, y Dadá, su caballo. Son campeones mundiales de salto de obstáculos pero, al principio de la historia, tienen distintos problemas al competir, por lo que Dadá debe ir al médico y al psicólogo, antes de su prueba más importante.

Las ilustraciones tienen mucho colorido. Las figuras son estilizadas y se presentan siempre a la misma distancia, salvo en un primer plano de Dadá. Abundan las bromas visuales y el argumento, en sí mismo, propicia momentos cómicos de distinto tipo —trompazos contundentes, situaciones insólitas, guiños irónicos…—. Se puede ver, si se quiere, como un relato acerca de la tenacidad para intentar las cosas una y otra vez, o también sobre la preocupación del jinete por su caballo… Pero tal vez convenga dejarlo en lo que es: un relato disparatado, amable y atrayente para lectores niños.

Albertine. Dadá (2013). Texto de Germano Zullo. Barcelona: Ekaré, 2014; 32 pp.; trad. de Araya Goitia Leizaola; ISBN: 978-84-943038-4-5. [
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lunes, 25 de mayo de 2015

Dos álbumes de Kazuno Kohara: Jack Escarcha y El pequeño Mago. El primero habla de un niño que, durante el invierno, se hace amigo de Jack, «una figura blanca que estaba cubriendo toda su casa de hielo y escarcha» hasta que, al final del invierno se rompe el hechizo y deben despedirse. En el segundo el pequeño Mago está preocupado porque no puede volar, pero se hace amigo de un dragón y, cuando ve a un caballero que va en busca del dragón, decide avisarle…

Gráficamente son álbumes muy parecidos a La biblioteca nocturna. En ellos las imágenes son como grabados, la autora juega con colores limitados, usa iguales recursos al disponer las ilustraciones en las dobles páginas, las figuras también se parecen. Del mismo modo, los personajes resultan atrayentes para los lectores pequeños y los argumentos no son intensos —o, si se quiere, no plantean conflictos que se perciban como serios— pero son amables y plantean de modo sencillo relaciones de amistad.

Kazuno Kohara. Jack Escarcha (Jack Frost, 2009). Barcelona: Picarona, 2015; 28 pp.; trad. de Joana Delgado; ISBN: 978-84-16117-14-7. [Vista del libro en amazon.es]
Kazuno Kohara. El pequeño Mago (Little Wizard, 2010). Barcelona: Picarona, 2015; 28 pp.; trad. de Joana Delgado; ISBN: 978-84-16117-15-4. [Vista del libro en amazon.es]


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domingo, 24 de mayo de 2015

En el pasado he leído muchos textos de Alexis de Tocqueville, e incluso hace años comencé pero no acabé La Democracia en América. Ahora, gracias a la recomendación de un amigo, he leído una biografía suya firmada por André Jardin, que me ha parecido magnífica.

En el epílogo se indica cómo la reputación de Tocqueville fue muy grande durante su vida, luego sufrió un oscurecimiento de varias décadas y, a partir de 1930, volvió a crecer. En las circunstancias históricas de aquellos años se puso de manifiesto el gran acierto con el que Tocqueville supo ver los peligros que han de afrontar las sociedades democráticas: decía que en ellas hay gérmenes que, «abandonados a su libre crecimiento, debían producir la sumisión indefinida de la inteligencia, el materialismo de las costumbres y por último la esclavitud universal». Su diagnóstico realista no se limitó a señalar los temores sino que también acentuó la confianza en que, gracias al ejercicio de la libertad, el hombre podía superar esas dificultades. Además, su éxito se apoyó en que supo formular sus ideas con una sobriedad de estilo que ahora mismo vemos como contemporánea.

El libro explica bien la pasión enorme del autor por la libertad. También habla de su convicción de que «el cristianismo exalta la libertad humana» y, por tanto, «existen entre él y la democracia profundas afinidades, incluso cuando las apariencias parezcan contrarias». Y, en cambio, apunta como su estudio del Corán y del Islam, debido a las posesiones coloniales de Francia, le hizo afirmar que «pocas religiones son tan funestas para los hombres como la de Mahoma».

En lo personal, aunque no se deja de señalar su ambición, a veces mezquina, su afán excesivo de reputación, o su interés por la expansión y la grandeza de su país, se subraya su empeño por aumentar el sentido cívico de sus conciudadanos, a los que pensaba que había que mostrarles la importancia de intervenir en la vida política, y su profundo sentido del servicio público. Al final, él mismo decía que «he cometido muchos errores en mi vida pero verdaderamente he amado la justicia y a los hombres y espero que esto me valga la gracia de Dios».

André Jardin. Alexis de Tocqueville 1805-1859 (1984). México D. F.: Fondo de Cultura Económica, 1988; 444 pp.; col. Política y Derecho; trad. de Rosa María Burchfield y Nicole Snacholle-Henraux; ISBN: 2-01-004710-9. [Vista del libro en amazon.es]

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sábado, 23 de mayo de 2015

Como apunté al principio de estos comentarios, en sus ensayos literarios Stevenson apunta siempre hacia la vida misma y nunca se queda en consideraciones puramente librescas. Más de vez dijo que los los libros son «un pálido sustitutivo de la vida». También hacía un interesante paralelismo cuando afirmaba que «en literatura, como en nuestra conducta, nunca podemos esperar haber acertado completamente. Lo único que podemos hacer es asegurarnos lo más posible, y para ello sólo existe una regla: no hacer precipitadamente aquello que puede hacerse despacio».

En una de sus cartas se reafirma en su decisión de no decir en sus obras una sola palabra en contra del esplendor de la vida y de aplaudir siempre cualidades como el valor, la veracidad, la lealtad… Y se ve que le ponía nervioso, digámoslo así, el satírico al que «le basta con saber que las cosas no son lo que parecen, y de ello deduce que no existen en absoluto. También advierte que nuestras virtudes no son lo que pretenden, y por eso nos niega la posesión de toda virtud. Ha aprendido la lección según la cual no hay hombre enteramente bueno: pero ni siquiera sospecha que existe otra igualmente verdadera, a saber, que nngún hombre es enteramente malo. (...) Posee un olfato infalible para el mal, pero tiene las fosas nasales taponadas contra la bondad».

Y, en «Los portadores de faroles» (The Lantern Bearers), uno de sus ensayos más citados, donde indica que uno no puede permitir nunca que su mente se acabe contagiando de la mala conducta, pues esto es la ruina, hace una especie de declaración de principios:

«Hay una fábula que casi toca el meollo de la vida: la fábula de un monje que se internó en el bosque, oyó a un pájaro entonar un canto, prestó oídos durante un par de trinos y se dio cuenta de que se había convertido en un extraño al volver a las puertas del monasterio, pues había estado fuera cincuenta años y sólo uno de sus compañeros había sobrevivido para reconocerle. No sólo en los bosques entona su melodía ese hechicero, aunque puede que ese sea su lugar de origen. Canta en los lugares más oscuros. El avaro le oye y se sonríe, y los días son momentos. Con un farol maloliente por todo aparato yo lo he llamado en los desnudos arenales. Toda vida que no es meramente mecánica está tejida con dos hilos: la búsqueda de ese pájaro y su escucha. Y precisamente eso hace que la vida sea tan difícil de valorar, y el goce de cada uno tan imposible de comunicar. Y saber eso, y recordar esas horas afortunadas en las que el pájaro ha cantado para nosotros, es lo que nos produce tanto asombro cuando leemos a los realistas. En ellos, desde luego, hallamos una imagen de la vida que hace referencia a todo lo que esta tiene de barro y hierro viejo, deseos baratos y miedos baratos, los que nos avergüenza recordar y los que no nos importa olvidar; pero de la nota del ruiseñor que devora el tiempo no recibimos noticia».

Robert Louis Stevenson.
—Ensayos literarios. Madrid: Hiperión, 1998, 2ª ed.; 211 pp.; traducción de Beatriz Canals y Juan Ignacio de Laiglesia; ISBN: 84-7517-587-2.
—Virginibus puerisque y otros ensayos (Virginibus puerisque and Other Papers). Madrid: Alianza, 1994; 232 pp.; col. El Libro de Bolsillo; trad. de Eulalia Galvarriato; edición de José Polo y Ana Pinto; ISBN: 84-206-0664-2. [Vista del libro en amazon.es]
—El arte de escribir (The art of writing, 1881-1894). La Laguna: Artemisa ediciones, 2006; col. Clásica; trad. de María Sanfiel; ISBN: 84-96374492.
—Memoria para el olvido: los ensayos de Robert Louis Stevenson. Madrid: Siruela, 2005; 339 pp.; trad. de Ismael Attrache; edición de Alberto Manguel; ISBN: 84-7844-931-0. [Vista del libro en amazon.es]
—Henry James – Robert Louis Stevenson. Crónica de una amistad. Correspondencia y otros escritos. Madrid: Hiperión, 2009; 217 pp.; col. Libros Hiperión; trad. de María Condor; ISBN: 978-84-7517-902-5. [Vista del libro en amazon.es]
Escribir. Ensayos sobre Literatura. Madrid: Páginas de Espuma, 2013; 448 pp.; col. Voces/Ensayos; trad. de Amelia Pérez de Villar; ISBN: 978-8483931509. [Vista del libro en amazon.es]


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viernes, 22 de mayo de 2015

Acabo de publicar en amazon UNA POSIBLE DEFINICIÓN, un segundo libro que tiene su origen en las clases que, durante varios años, he dado en el Máster en Álbum Infantil Ilustrado. En la página de amazon se puede acceder a la presentación del libro y a unas páginas de la introducción. La ilustración de portada es un recorte tomado de La ola.

Es una mirada al interior de los álbumes, es decir, a la forma en que se da en ellos la relación entre palabras e imágenes, a sus formas propias de articular la secuencialidad y la narratividad, a su modo concreto de usar las distintas elipsis, y al hecho básico de que un álbum es un libro, con todo lo que físicamente significa eso. Después de señalar algunos antecedentes de la historia del arte donde se usan los recursos gráficos propios de las ilustraciones en los álbumes, pongo ejemplos de cada uno tomados de álbumes conocidos.

Como en un libro así ni se pueden mostrar los álbumes ni se pueden enseñar algunas ilustraciones representativas de lo que se quiere decir, y como son muchos los datos editoriales de los álbumes que cito, he preparado unas revistas en Flipboard en las que remito a datos de mi página.

Esas revistas son:
Apuntes: Una definición de álbum ilustrado (1),
Apuntes: Una definición de álbum ilustrado (2).

Las entradas en ellos son todas de álbumes. Han sido incluidas por su orden de aparición, por lo que si un álbum es citado al comienzo del texto, su entrada en la revista de Flipboard está al final. Cada álbum se menciona una sola vez, que se corresponde con la primera que figura en el texto.

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viernes, 22 de mayo de 2015

Acabo de publicar en amazon UNA BREVE HISTORIA, un primer libro que tiene su origen en las clases que, durante varios años, he dado en el Máster en Álbum Infantil Ilustrado. En la página de amazon se puede acceder a la presentación del libro y a unas páginas de la introducción. La ilustración de la portada es un recorte de Juana de Arco.

El libro contiene una historia de los pasos que se fueron dando hasta la publicación de los primeros álbumes, a finales del siglo XIX; luego, un recorrido por el trabajo de algunos autores y por distintas obras que son hitos del género, hasta llegar al punto de inflexión que significó la publicación de Donde viven los monstruos, en 1963; después, una relación comentada de muchos álbumes extraordinarios que ven la luz en las décadas posteriores y de las tendencias de distinto tipo que fueron ocupando en cada momento el primer plano.

Como en un libro así ni puedo mostrar los álbumes ni puedo enseñar ilustraciones representativas de lo que se quiere decir, y como son muchos los datos editoriales de los álbumes que cito, he preparado unas revistas en Flipboard en las que remito a datos de esta página y, en algunos casos, a voces de Wikipedia.

Esas revistas son:
Apuntes: Historia de los álbumes ilustrados (1) - hasta 1930,
Apuntes: Historia de los álbumes ilustrados (2) - 1931-1960,
Apuntes: Historia de los álbumes ilustrados (3) - 1961-1980,
Apuntes: Historia de los álbumes ilustrados (4) - 1981-2000.

Las entradas que hay en ellas son todas de autores. Han sido incluidas por orden de aparición en el texto, por lo que si un autor es citado al comienzo del texto su entrada en la revista de Flipboard está al final. Cada autor se menciona una sola vez, que se corresponde con la primera que figura en el texto. No están incluidos algunos nombres que sí se citan pero no están relacionados directamente con los álbumes o la ilustración.

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jueves, 21 de mayo de 2015

Reedición de dos historias cortitas de Ana María Matute, ambas un tanto agridulces, más dura la titulada Caballito loco y más suave la titulada Carnavalito. Igual que otras nuevas ediciones, en la misma colección, de más libros de la autora, también estas tienen sugerentes ilustraciones realistas. En estos casos, la opción de publicar cada una como un libro independiente significa dejar unos márgenes generosísimos...

Caballito Loco se narra desde la perspectiva de un caballo que tiene la desgracia de tomar mucho afecto a un niño, llamado Carbonerillo, que acaba siendo un gran malhechor, lo que no altera sin embargo la fidelidad de Caballito. En el segundo relato un niño llamado Bongo, que trabaja en una herrería y que quiere mucho al Herrero, se queda desolado cuando la guerra llega al pueblo y el Herrero desaparece; pero entre las ruinas surge un alegre y misterioso arlequín llamado Carnavalito que hace de guía para él, otros niños, unos animales, unos juguetes, un hombre y una mujer…

El primer relato, una historia inquietante, puede verse de modo positivo si se plantea diciendo que un afecto incondicional, incluso a quien no lo merece, puede acabar siendo reconocido. El segundo habla de la importancia de las historias —«mentiras de colores»— para que la vida sea más humana: Carnavalito es como un nuevo y esperanzador flautista de Hamelín.

Ana María Matute. Caballito loco (1962). Barcelona: Destino, 2015; 80 pp.; col. Áncora y Delfín; ilust. de Albert Asensio; ISBN: 978-84-233-4914-2. [Vista del libro en amazon.es]
Ana María Matute. Carnavalito (1962). Barcelona: Destino, 2015; 104 pp.; col. Áncora y Delfín; ilust. de Albert Asensio; ISBN: 978-84-233-4913-5. [
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miércoles, 20 de mayo de 2015

Conocí hace poco, cuando los vi en una librería, la edición facsímil reciente de dos libros publicados en México hace varias décadas: La cucarachita Mondinga y el Ratón Pérez, de Fernán Caballero, (una versión de La ratoncita presumida), y El Zar Saltán, de Alexander Pushkin.

Ambos formaron parte de la «Biblioteca de Chapulín» varios libros editados entre 1942 y 1947 con la intención de componer una colección bien hecha de libros infantiles. En particular, me ha interesado conocer el trabajo de los ilustradores mexicanos Angelina Beloff y Julio Prieto.

Fernán Caballero. La cucarachita Mondinga y el Ratón Pérez. Edición bilingüe, según la edición mexicana de Vanegas Suárez Arroyo, versión castellana de Rosario Rubalcava, versión inglesa de Christina Linares. Sevilla: Ediciones Ulises, 2014; 40 pp.; col. Biblioteca de Chapulín; ilust. de Julio Prieto; ISBN: 978-8416300-05-1. [
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Alexander Pushkin. El Zar Saltán, facsímil de 1946. Sevilla: Ediciones Ulises, 2014; 33 pp.; col. Biblioteca de Chapulín; ilust. de Angelina Beloff; ISBN: 978-84-16300-02-0. [
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martes, 19 de mayo de 2015

Mi tío Harjir, álbum de Fermín Solís, es un álbum chispeante. El narrador cuenta lo que sucedió cuando su tío Harjir llegó a su casa por sorpresa, desde la India. Las ilustraciones muestran que tanto el niño como sus amigos están felices con todas las novedades que les trae Harjir: el colchón de púas en el que duerme, su costumbre de poner cristales en las comidas, la diversión que les proporciona su elefante Teo, su habilidad para resolver el problema en el que se mete un niño cuando se queda en un árbol y no puede bajar…, y muchas más cosas.

Relato en la tradición de otros con un personaje asombroso que irrumpe por sorpresa en la vida cotidiana de un niño y la transforma (El gato garabato, Mary Poppins...). El relato se cuenta con gracia y se sigue con interés. Las ilustraciones son dibujos a lo Sempé que, a veces, van coloreados. La narración gráfica es clara. Las figuras, de niños un poco cabezones y adultos más estilizados, expresan bien los talantes con los que viven u observan lo que pasa: contentísimos los niños, algo reticentes los padres del narrador, sorprendidos o encantados otros adultos, con una seriedad cómica siempre Harjir.

Fermín Solís. Mi tío Harjir (2015). Madrid: Narval, 2015; 36 pp.; ISBN: 978-84-94228-6-3. [Vista del libro en amazon.es]

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lunes, 18 de mayo de 2015

La granja de dinosaurios, de Frann Preston-Gannon, es un álbum que hace gracia. En la primera doble página vemos al granjero en la cama cuando suena el despertador y leemos: «el trabajo de un granjero es muy duro». Y a partir de ahí lo vemos trabajar todo el día hasta que, nos dice, «puedes regresar a casa sabiendo que tu granja está bien cuidada y tus animales contentos».

La simpatía está en lo que las imágenes muestran y las palabras no dicen: los dinosaurios grandes y pequeños alrededor del granjero. Unos dinos afectuosos y agradecidos, por cierto, aunque a veces se vean como amenazantes por el tamaño. Las letras son gruesas y las ilustraciones, en las que se integran bien dibujos y collages, son contundentes como cabría esperar...

Frann Preston-Gannon. La granja de dinosaurios (Dinosaur Farm, 2013). Barcelona: Blume, 2015; 30 pp.; trad. de Remedios Diéguez; ISBN: 978-84-9801-828-8. [Vista del libro en amazon.es]

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sábado, 16 de mayo de 2015

En relación a los escritores, Stevenson admira mucho a su compatriota Walter Scott, al que califica como el rey de la novela. Indica sus cualidades y defectos —excelente en momentos románticos, descuidado y flojo en otros puntos, personajes escoceses buenos pero rasgos estereotipados en otros— y da una clave importante para comprenderlo: «del mismo modo que sus libros son un juego para el lector, eran un juego para él. Le gustaba evocar el ambiente de la novela, pero no tenía paciencia para describirlo. Era un gran soñador, alguien que tenía visiones pertinentes, hermosas y humorísticas, pero no un gran artista; no era, en el sentido valiente, un artista en absoluto. Se complacía a sí mismo y del mismo modo nos complace a nosotros. Los placeres del arte los conoció plenamente, pero nunca un hombre conoció peor sus esfuerzos y sus vigilias y sus inquietudes. Un gran novelista, un niño perezoso».

De Dumas dice que sus relatos, como mucha literatura popular, no eran fieles a lo que los hombres ven pero sí eran fieles a lo que los hombres sueñan. De Poe señala que «tiene el auténtico instinto del narrador. Conoce los pequeños detalles que contribuyen a crear o a destruir una historia. Sabe cómo resaltar el significado de una situación y dar vida y color a aquellos pormenores aparentemente irrelevantes». De Verne le divierten sus científicos calvos y sus divertidos marineros de inquebrantable lealtad y señala cómo todas sus marionetas son atléticas y virtuosas.

Pero, como se nota en su correspondencia con Henry James, Stevenson sabía también apreciar bien otra clase de relatos de tipo más intelectual. Por un lado, es gracioso leer cómo, a un artículo de Stevenson en el que decía que todos los niños han buscado siempre tesoros enterrados, Henry James le replicó que él nunca había buscado ninguno, a lo cual Stevenson le volvió a contestar diciéndole que, en ese caso, es que él nunca había sido niño. Pero, por otro, es evidente cómo, en la producción final de Stevenson —podemos suponer que por influencia indirecta de James— los conflictos interiores de sus héroes están más desarrollados y cómo aumenta el autoanálisis que hace de su propia obra.

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viernes, 15 de mayo de 2015

Una mujer de recursos es una novela epistolar inspirada en la vida de la abuela de la autora, Elizabeth Forsythe Hayley, que debutó con ella y obtuvo un gran éxito. En el prefacio que pone a su relato, veinte años después, indica las ventajas del género: «las cartas son un excelente recurso dramático, abarcan el tiempo, hacen innecesaria la descripción narrativa y, lo más importante, incitan al lector a que se imagine la acción omitida». También señala cómo, el consejo habitual a los escritores «escribe sobre lo que conoces» ella suele formularlo de otro modo: «escribe sobre lo que puedas imaginarte que conoces».

La primera carta de la heroína, Bess Stead, es de 1899, cuando es una niña pequeña, y la última es de 1967, poco antes de morir. Contra el telón de fondo de los acontecimientos históricos, seguimos su vida ordenadamente: matrimonio, tres hijos, negocios inmobiliarios de su marido, primera Guerra Mundial, incendio de su casa, accidente grave de la hija pequeña, traslado de Dallas a San Luis, viudez, entrada en los negocios de su marido, viejas y nuevas amistades, viajes, etc. Hay un hilo doble que recorre todo el libro: el amor a su familia y su talante independiente que, sobre todo, asoma cuando se da cuenta de la libertad con la que se mueve: en un viaje por Italia indica que «ninguna mujer americana podría no ofenderse al ver el autoritarismo con que mandan en casa los hombres italianos».

El libro resulta encantador. Tiene un tono amable y optimista que nunca se quiebra, incluso aunque la narradora pase por momentos duros que, además, son la ocasión de que haga reflexiones de interés: «nuestros padres son como una barrera contra la muerte, y cuando se han ido ambos, como se han ido ya los míos, no queda nada entre nosotros y nuestra propia extinción». La redacción es bienhumorada y precisa: la heroína es una persona con aficiones literarias como se ve cuando recomienda vivamente a la que, para ella, es la mejor novelista viva: Willa Cather. También escribe sus cartas porque el hecho de trasladar al papel lo que le ocurre le sirve para «conservar la cordura y la calma, porque puedo expresar civilizadamente todas las emociones que me quitan el sueño».

Por otro lado, y precisamente por estar compuesto con cartas de una sola persona, el libro tiene algo de continua interpelación al lector, que puede ir pensando cosas de muy distinto tipo según lee la versión de la historia que da la narradora: que sabe salirse siempre con la suya y que tiene un punto de inflexibilidad; que su comportamiento independiente es o parece a veces insensato; que resulta divertida y reveladora la fuerte conciencia que tiene de ser una persona socialmente relevante (hasta el punto, por ejemplo, de que ya en 1963, redacta su propia nota necrológica —«Ciudadana principal muere en paz»— y la manda al periódico por adelantado pidiéndoles que se la envíen para darle su visto bueno).

Elizabeth Forsythe. Una mujer de recursos (A Woman of Independent Means, 1978). Barcelona: Libros del Asteroide, 2015; 336 pp.; trad. de Concha Cardeñoso; ISBN: 978-84-16213-20-7. [Vista del libro en amazon.es]

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jueves, 14 de mayo de 2015

El jefe de la manada, de Inés Garland, es una buena novela corta: tensa e inquietante, pero amable y bienhumorada.

La acción se desarrolla en Buenos Aires. Nina, una chica de once años, y su primo suelen jugar en un parque cercano a sus casas, donde conocen a Gudrek, un vagabundo de origen rumano que vive allí con sus perros. Un día ven a un tipo misterioso, de negro, que hace fotografías y se lo dicen a Gudrek. Luego ellos se van unos días a vivir con su abuelo, que les ha prometido enseñarles unos ejercicios de telepatía. En esos días salvan de morir atropellado a un perro, al que llaman López, al que traen con ellos de regreso. Pero, entonces, los perros del barrio empiezan a desaparecer y arrestan a Gudrek.

Nina es una narradora más que competente. Casi no va por encima de su edad pero usa expresiones certeras: cuando quiere pasar inadvertida pero siente que no es así dice que «me sentía una mosca en la leche». Provoca tensión, sencillamente, cuando ve y habla por primera vez con el escurridizo chico de negro: «su voz era muy finita, estrangulada, y eso fue lo que más miedo me dio». Dibuja bien a Gudrek, un tipo cuyas sentencias no son nada complicadas: «nada puede pasar antes del momento en que pasa».

Luego, habla bien de sus miedos y de su amor a los animales; cuenta cómo le hacen sufrir los problemas que observa en la relación entre su padre y su madre; también es consciente de que a veces a ella le sobra mal humor —«Mamá me decía que yo tenía siempre un cuchillito escondido en las discusiones. (…) Se lo clavé donde más dolía y ya era tarde para tragarme las palabras»—. Los aspectos que podrían ser más endebles en una narración así —como el que algunas pesadillas le den ciertas claves, o el hecho de que le funcionen algunos ejercicios que les enseña el abuelo para «concentrar los rayos dispersos de la mente»— tienen la dimensión justa para ser creíbles.

Inés Garland. El jefe de la manada (2014). Madrid: Siruela, 2014; 116 pp.; col. Las Tres Edades; ISBN: 978-8416208364. [Vista del libro en amazon.es]

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miércoles, 13 de mayo de 2015

El dragón de papá, de Ruth Stiles Gannett y su madre, la ilustradora Ruth Chrisman Gannett, es un libro infantil norteamericano de 1948 que se ha traducido al español hace poco. Es el primero de una trilogía.

Quien cuenta la historia habla de que su padre, Elmer Elemento (Elmer Elevator en el original), «que entonces era pequeño», recoge a un gato callejero que le habla de que, si va a la Isla Mandarina y a la Isla Salvaje, podrá cumplir su deseo de volar: sólo tendría que liberar a un dragoncillo preso que, agradecido, le dejaría volar con él. Y, como su madre se comporta de modo grosero con el gato, Elmer se enfada con ella y decide marcharse a buscar al dragón: debe salvar las amenazas de unos tigres, un rinoceronte, un león, un gorila…; también tendrá que construir un puente de cocodrilos enlazados unos con otros, para poder llegar al dragón.

Es una narración amena, con muchos detalles graciosos derivados de cómo lidia Elmer con las dificultades que se le presentan. Tiene la virtud de que puede capturar la imaginación de un lector pequeño y de que tanto la estructura en capítulos cortos como el lenguaje asequible hacen fácil la lectura. El punto de partida —un enfado del niño con su madre y una escapada después— no fueron obstáculo para que el relato recibiera el premio Newbery en su momento.

Ruth Stiles Gannett. El dragón de papá (My Father’s Dragon, 1948). Madrid: Turner, 2014; 85 pp.; col. El cuarto de las maravillas; ilust. de Ruth Chrisman Gannett; trad. de Marta Alcaraz; ISBN: 978-84-16142-04-0. [
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martes, 12 de mayo de 2015

De Lindbergh. La increíble aventura de un ratón volador, de Torben Kuhlmann y Suzanne Levesque, un álbum que contiene muchas ilustraciones a doble página fascinantes, recomiendo leer esta extensa reseña. En ella se da el argumento —un ratón que decide construir un avión para cruzar el Atlántico desde Hamburgo hasta Nueva York—, se muestran algunas imágenes que dan idea del tipo de libro que es —y que ponen de manifiesto la influencia de un autor como Shaun Tan—, etc.

También se indica el gran mérito que tiene que sea un primer álbum, algo que no se puede olvidar. Pero —tal vez porque después de un libro como Emigrantes uno espera más de cualquier otro álbum o novela gráfica que lo imita un poco—, se puede poner también como ejemplo de álbum descompensado o, si se quiere, que podría ser mucho mejor: el tipo de argumento y las posibilidades que abren unas imágenes tan ricas parecen pedir dos posibles formatos. Uno, sería el de un relato con las mismas imágenes pero con una narración en palabras más extensa y rica, que nos metiera dentro de un mundo en el que hay ratones que son ingenieros y mecánicos competentísimos. Otro, un relato filmado que desarrolle lo que aquí sólo se presenta con una imagen y, por tanto, sólo se insinúa: los trabajos de taller del ratón; la primera amenaza de las trampas para ratones; la segunda de los gatos en el puerto; la tercera de los búhos cuando el ratón empieza a volar; las propias de la travesía sobrevolando el mar…

Torben Kuhlmann. Lindbergh. La increíble aventura de un ratón volador (Die Abenteuerliche Geschichte einer Fliegender Maus, 2014). Texto del autor en colaboración con Suzanne Levesque. Barcelona: Juventud, 2014; 96 pp.; trad. de Christine Scheurer; ISBN: 978-84-261-4116-3. [Viksta del álbum en amazon.es]


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lunes, 11 de mayo de 2015

Besos para papá,
de David Legge y Frances Watts, es un libro para pequeños, que puede resultar en exceso dulzón para unos pero que será encantador para otros. En él, un oso pequeño malhumorado no quiere dar un beso de buenas noches a su padre y este le va proponiendo distintas alternativas...

Las ilustraciones son muy vistosas por su colorido, porque se apoyan en un dibujo realista de gran calidad, y porque resaltan la expresividad de unos personajes que resultan superabrazables. He leído un comentario a este libro en el que una lectora decía que no le gusta que el pequeño use continuamente la palabra «¡no!», pero, ¿por qué no?, ¿acaso debería decir sí cuando desea o cuando debe decir no?

David Legge. Besos para papá (Kisses for Daddy, 2005). Texto de Frances Watts. Valencia: Monterrey, 2013; 26 pp.; trad. de J. R. Feijoo; ISBN: 978-84-15514-19-0.

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domingo, 10 de mayo de 2015

En este buen comentario a la Historia mínima de la mitología, de Carlos García Gual, se indica, por un lado, que contiene un «sencillo repaso a los protagonistas más relevantes de la mitología» —sencillo porque, gracias al dominio que tiene de la materia el autor, logra que resulte sencillo para los lectores—. Pero, también se subraya que no es ni un nuevo diccionario de mitología ni un estudio pormenorizado del mito y sus vinculaciones con otras materias: es sí, un gran resumen de la cuestión y un subrayado más del valor de los mitos para cualquier civilización.

Carlos García Gual. Historia mínima de la mitología (2014). Madrid: Turner, 2014; 240 pp.; ISBN: 978-84-15832-16-4. [Vista del libro en amazon.es]

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sábado, 9 de mayo de 2015

En relación a las opiniones de Stevenson sobre libros concretos, en primer lugar escribió textos acerca de sus propias novelas: sobre la forma en que se le ocurrió la idea de algunas (por ejemplo, unas imágenes en sueños de las que brotó Jekyll y Hide); sobre la dificultad que tuvo para resolver algunas cuestiones (le resultó agobiante terminar El Master de Ballantrae); sobre su alegría al conseguir sus objetivos (por ejemplo, terminar su primera novela larga, que fue La isla del tesoro), etc.

También hizo comentarios certeros a libros de otros. Así, dice que «uno de los muchos motivos por los que Robinson Crusoe goza de tanta popularidad entre los jóvenes es (…) que Crusoe siempre estaba improvisando y tenía, literalmente, que jugar a ejercer gran variedad de profesiones; y, además, el libro está lleno de herramientas, y no hay nada que guste más a un niño». O , de una obra de Dumas como El conde de Montecristo, afirma que no cree «que en ningún otro volumen se respire esa atmósfera inconfundible de leyenda».

En general, son muy valiosas sus observaciones acerca de las novelas de aventuras. Indica cómo, en ellas, el estilo no ha de flaquear bajo el peso de los razonamientos y que añadir material irrelevante sólo contribuye a sepultar y no a expandir. También apunta que una novela de esa clase triunfa cuando consigue involucrar al lector activamente en la fantasía que se le propone: «esto último es el triunfo de la novela; cuando el lector interpreta conscientemente el papel del héroe, la escena es buena».

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viernes, 8 de mayo de 2015

Hay relatos inspirados en hechos reales que te gusta leer porque te ponen delante historias que no conocías o que conocías poco. Yo sabía de la existencia del Movimiento Orphan Train, un programa que se desarrolló en Estados Unidos, entre 1853 y 1929, que llevaba a niños huérfanos a familias dispuestas a acogerlas, a veces con la intención de adoptarlos, a veces para que trabajasen en granjas o en lo que fuese. En Personajes de ayer con la mente de hoy hablaba de Rodzina, una novela sobre la cuestión que tenía lugar en estados del Oeste y a finales del siglo XIX.

En otra época y estados El tren de los huérfanos, de Christina Baker Kline, presenta un relato parecido. Usa el recurso hábil de presentar, en primer lugar, a una chica hosca llamada Molly Ayer: tiene una historia familiar muy triste, ha pasado por distintos hogares de acogida, y debido a un extraño delito —robar Jane Eyre en la biblioteca, algo que le gana la simpatía de cualquier lector..., aunque sea difícil creer que sea tan grave…—, está a punto de acabar mal. Pero un amigo le ofrece la posibilidad de que, como trabajo social, ayude a ordenar sus pertenencias a una anciana llamada Vivian Daly. La narración alternará entonces unos pocos tramos sobre Molly, en 2011, y muchos sobre la vida de Vivian: una niña irlandesa que se vino a los Estados Unidos a finales de los años veinte pero que, como sus padres fallecen en un incendio, acaba en un tren de huérfanos, que sale de Nueva York en 1929 y que, después de pasar por distintas ciudades, la deja en Albans, Minnesota, primera de sus etapas hasta 1943 que es cuando, más o menos, se cierra su historia.

La narración es sobria y cumple su misión: exponer los hechos con orden y hacer notar las dificultades por las que debieron atravesar los personajes. Nada más. Suficiente. Como el lector enseguida supone, para Molly significa un gran cambio conocer la vida de Vivian y encontrarse con que Vivian tiene la capacidad de hacerse cargo muy rápido de sus problemas. En fin, no es una idea nueva pero sigue siendo una buena idea que los chicos jóvenes conozcan el pasado de primera mano y conozcan que hay problemas y sufrimientos mucho mayores que los suyos.

Christina Baker Kline. El tren de los huérfanos (Orphan Train, 2013). Barcelona: Ediciones B, 2015; 357 pp.; trad. de Javier Guerrero; ISBN: 978-84-666-5519-4. [Vista del libro en amazon.es]

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jueves, 7 de mayo de 2015

El desván de Tesla,
una novela firmada por Neal Shusterman y Eric Elfman al alimón, es entretenida y está bien armada. Aunque, sin duda, el lenguaje podría ser mejor, los personajes parecen estar pensados para una película o una serie televisiva y, sobre todo, algunos gastadísimos clichés sobran.

Nick, 14 años, comienza su relato explicando su llegada a Colorado Springs, desde Florida, junto con su padre y su hermano pequeño Danny. El origen del traslado está en que su madre falleció en un incendio y el motivo es que allí tienen una casa vieja que fue de su abuela. Pero, al instalarse y limpiar la casa, lo primero que ocurre es que una tostadora que había en el desván le golpea la cabeza. Luego, cuando deciden montar un mercadillo con todos los objetos antiguos que había en el desván, descubren con sorpresa que muchos vecinos se acercan a comprar las cosas con tanto entusiasmo que incluso les pagan más de los precios que habían fijado. A todo esto, Nick conoce a quienes serán compañeros de clase y amigos: una chica con ínfulas de artista moderna llamada Caitlin, un chico muy hablador llamado Mitch, y un tipo bastante friki llamado Vince. Pronto descubren que los objetos del desván tienen extrañas capacidades y que todos ellos fueron inventos de Nikola Tesla

Hasta este punto del relato, todo es singular, pues los inventos son chispeantes y provocan situaciones muy cómicas, hay escenas escolares realmente divertidas (aunque no faltarán algunas de comedieta adolescente tonta), no faltan buenos momentos que cabría llamar de sátira social —la anciana de la casa de al lado de Nick llevaba un jersey de punto que decía YO QUIERO A MI PERRITO, y su perrito llevaba otro jersey a juego que decía YO QUIERO A MI DUEÑA—, y hay también toques narrativos dignos de Terry Pratchett o Douglas Adams —«el cielo se desfogó con aquella clase de rabia psicótica que invita a ciertos individuos a construirse un arca»—. El narrador también juzga la conducta de algunos y nos hace ver qué comportamientos considera correctos: de un compañero de los héroes dice que «no era tonto, solo deplorablemente mediocre, lo cual podría no estar tan mal si él no estuviera siempre tan orgulloso de sí mismo».

Todo se estropea bastante cuando, a mitad de la historia, entra en juego la típica sociedad secreta: los Accelerati, una organización formada por seguidores de Edison y antagonistas de Tesla. Según un personaje, «Tesla tenía lo que le faltaba a Edison: ese nivel más elevado del genio trascendental. Era el científico que podría haber convertido en realidad todos los sueños de Edison. Los Accelerati siempre intentaron echar las manos a sus inventos secretos, pero nunca lo lograron». Bien, además, las dimensiones de lo que sucede también cambian: a partir de un partido de béisbol en el que participa Danny con un guante mágico de Tesla, empiezan las amenazas cósmicas. Lógicamente, como todo debe continuar en las entregas posteriores de la serie, el lector ya sabe que la humanidad logrará salvarse en el último momento —y pensará que si todo empezó con un guante de béisbol cómo unos héroes tan listos pueden tardar tanto en darse cuenta de que todo se ha de arreglar gracias a un bate—.

Neal Shusterman y Eric Elfman. El desván de Tesla (Tesla's Attic, 2014). Madrid: Anaya, 2015; 296 pp.; col. Literatura Juvenil; trad. de Adolfo Muñoz; ISBN: 978-8467861631. [Vista del libro en amazon.es]

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miércoles, 6 de mayo de 2015

Hace ya tiempo leí esta elogiosa reseña sobre Rudi, el cerdito de carreras, un relato del alemán Uwe Timm no editado en España pero sí en México. Así que tomé nota y, recientemente, he podido leerlo: me ha parecido un relato divertido —con un narrador conseguido y muchas escenas graciosas—, y poco común en su enfoque y en los giros que va dando el argumento.

Una familia alemana. El padre es egiptólogo pero está en paro; la madre es profesora; y los tres niños son: el narrador, que tiene catorce años, y sus dos hermanas pequeñas, Betti, un año menor, y Zuppi, de cinco años. Cuando Zuppi gana un premio en la fiesta de un pueblo, que consiste en un cerdito pequeño al que llaman Rudi, comienza la historia. El relato narra, entre otras cosas, las resistencias de los padres a tener el cerdo en casa pero cómo, al fin, acceden; luego siguen los problemas con el dueño de la vivienda por ese motivo y el traslado de todos a la vivienda del cuidador de un campo de fútbol; allí hacen el descubrimiento de que Rudi es una gran mascota para el equipo local y, luego, un gran cerdo de competición…

Está bien pintada la relación entre padres e hijos: amable pero realista cuando muestra los enfados entre unos y otros por distintos motivos. El argumento tiene tensión: las peripecias de la familia con Rudi son, a la vez, cómicas y creíbles; y el futuro de Rudi se acaba resolviendo satisfactoriamente. Se puede añadir, también, que el narrador es certero en muchos comentarios que cabría llamar marginales: por ejemplo, al principio, habla de que sus padres fueron, con ellos, «a hacer algo que a los niños no nos gusta nada: dimos una caminata por la naturaleza. Horrible. Estuvimos dando vueltas por los alrededores, y mis padres decían cada dos minutos: “Miren qué maravilla”. Se paraban y señalaban con el dedo alguna colina o algún árbol esperando que nos entusiasmáramos, ¿pero qué se puede decir sobre una colina?».

Uwe Timm. Rudi, el cerdito de carreras (Rennschwein Rudi Rüssel, 1989). México: Fondo de Cultura Económica, 2012; 150 pp.; col. A la Orilla del Viento; ilust. de Axel Scheffler; trad. de Margarita Santos Cuesta; ISBN: 978-607-16-1170-3. [Vista del libro en amazon.es]

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martes, 5 de mayo de 2015

El perro negro, de Levi Pinfold, trata sobre un perro negro gigante que aparece a las afueras de la casa victoriana y gótica donde vive la familia Esperanza, y todos se asustan menos la pequeña, Chiqui, que sale a saludarlo y se va de paseo con él.

La narración gráfica combina grandes imágenes —realistas y pictóricas, unas que ocupan páginas completas y algunas a doble página en el centro del álbum—, con dibujos en pequeño que acompañan los tramos donde van las palabras que cuentan el relato. Hay ilustraciones del exterior y el interior de la casa, y luego algunas escenas fuera en las que vemos a la pequeña heroína y al perro.

Una impresión no muy analizada: no me han resultado convincentes los toques surrealistas del paseo de Chiqui con el perro pues el evidente mensaje queda diluido cuando el relato gráfico es tan singular; tal vez  también sea porque la secuencia de ilustraciones no me ha parecido bien equilibrada, empezando por una cubierta que nada tiene que ver con el título... Un detalle más: como suele ocurrir, suena mejor Small Hope que Chiqui Esperanza, y me pregunto si no hubiera sido mejor traducirla como... Pequeña Esperanza. Pero, sea como sea, es una buena historia con imágenes poderosas.

Levi Pinfold. El perro negro (Black Dog, 2011). Madrid: Nubeocho, 2014; 26 pp.; col. Nubeclásicos; trad. de Robin Sinclair; ISBN: 978-84-942360-6-8. [Vista del álbum en amazon.es]

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lunes, 4 de mayo de 2015

El niño Nuevo, de Lauren Child, plantea los celos del pequeño rey de la casa, Elmore Green, cuando tiene un hermanito. La narración respira el buen humor propio de la autora: Elmore, «como muchos otros niños, empezó siendo hijo único» y estaba contento, por ejemplo, porque «no había peligro de que nadie se comiera sus gominolas naranjas, porque los padres de Elmore Green NO comían gominolas». Hasta que, con mayúsculas características de Child, «LLEGÓ ALGUIEN MÁS». Las imágenes tienen también su habitual simpatía gráfica y una composición clara. La resolución es de lo más clásico y eficaz: hay asuntos donde no hay nada que inventar o donde cualquier invento lo estropearía todo.

Lauren Child. El niño nuevo (The New Small Person, 2014). Barcelona: Juventud, 2015; 32 pp.; trad. de Susana Tornero; ISBN: 978-84-261-4133-0. [Vista del libro en amazon.es]

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sábado, 2 de mayo de 2015

Una posible separación de los ensayos de tipo literario de Stevenson es la que intenta el libro Escribir. Ensayos sobre Literatura: en él se agrupan algunos que tratan sobre «La escritura», otros sobre «Los libros», y otros sobre «Los escritores». Hay que decir, sin embargo, que no tratan sólo sobre cuestiones literarias pues las actitudes del escritor escocés sobre distintos aspectos de la vida salen a la luz una y otra vez.

En relación a la escritura, entre los muchos comentarios que revelan la forma en la que comprendía su trabajo (varios ya citados en esta página tiempo atrás), se pueden destacar: «en todo relato hay una sola manera de mostrarse inteligente, y es siendo preciso»; el escritor «debe guardar silencio cuando sospecha que no comprende algo cabalmente»; «si en algún lugar se ha dicho con dos frases algo que se podría haber expresado con igual claridad y fuerza con una sola, entonces es un trabajo de aficionado»; «ningún ser humano habla nunca del paisaje durante dos minutos seguidos, lo que me hace sospechar que abusamos de él en la literatura»; «solo hay un arte: ¡omitir! Si supiera como omitir, no pediría ningún otro conocimiento».

Luego están otros textos en los que habla del talante que consideraba el propio de un genuino escritor. Así: «Un escritor puede vivir de su trabajo; si no con tanto lujo como de otros negocios, pues con menor lujo. La naturaleza de la labor en la que se ocupa durante el día influirá más en su felicidad que la calidad de su cena por la noche. Cualquiera que sea nuestra vocación, y sean cuales sean las ganancias que nos reporte anualmente, siempre podríamos obtener más con el fraude». En otro lugar apuntaba: «no me inspiran simpatía los vulgares lamentos de la clase artística. Quizá olvidan el sistema de aparcería de los campesinos, ¿o piensan que no cabe trazar paralelismos?».

También vale la pena destacar esta consideración acerca de la importancia que concedía a la honradez: «hay dos deberes que incumben a cualquiera que abrace la profesión de las letras: ceñirse a la verdad de los hechos y tratarlos con buena disposición. En todos los ámbitos de la literatura, aunque sean tan bajos que apenas merezcan tal nombre, la fidelidad a los hechos es un asunto de importancia para la educación y el bienestar de la humanidad, y es tan difícil preservarla que sólo la fiel tentativa de hacerlo ya confiere cierta dignidad a quien lo intenta».

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viernes, 1 de mayo de 2015

La herencia me ha gustado más que todos los libros que ha venido publicando John Grisham en los últimos años. En él vuelve a los escenarios y personajes de su primera novela, Tiempo de matar, aunque no es necesario conocerla para seguir esta otra historia bien. La acción se desarrolla unas décadas después de lo sucedido entonces y plantea el conflicto derivado de que un hombre rico se suicida y deja su herencia, casi íntegra, a la mujer negra que le cuidó los dos últimos años.

El comienzo es espectacular y el desarrollo de la trama, con enfrentamientos de distinto tipo fuera y dentro de los tribunales, es sobresaliente. Grisham habla de un mundo que conoce bien y cuenta cuenta las cosas con soltura y sin derivaciones innecesarias. Si al comentar Los litigantes dije que había sido calificada de gran comeback, mucho más cabe decir en este caso. El paso del tiempo también suaviza las cosas: el narrador trata con afecto incluso a los personajes más turbios.

John Grisham. La herencia (Sycamore Row, 2014). Barcelona: Plaza & Janés, 2014; 571 pp; trad. de Jofre Homedes Beutnagel; ISBN: 978-84-01-34303-2. [Vista del libro en amazon.es]

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