bienvenidos a la fiesta
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lunes, 26 de enero de 2015

Aquí hay monstruos, de Poly Bernatene y Jonathan Emmett, es un buen álbum al que la versión castellana no le hace justicia. El capitán Feroz manda en una tripulación de malvados: al principio del álbum hay un cartel «Se Busca» de cada uno. Luego se cuenta el viaje que emprenden a una isla escondida llena de piedras preciosas: algunos temen a los monstruos que debe haber allí pero el capitán Feroz está seguro de que no hay monstruo alguno.

Las ilustraciones son magníficas, vistosas y ricas en detalles. La secuencia combina imágenes que ocupan la doble página completa con otras de una o media página. El argumento es bueno pero el texto castellano no está logrado: la sonoridad de los versos originales no siempre se mantiene o no existe al traducirlos. Así, el original dice: «"Here be monsters!" said the first mate. / "Monsters hiding the mist!" / "Nonsense," said the Captain. / "Monsters simply don't exist."»; la version castellana, en cambio, es la siguiente: «—¡Capitán, aquí hay monstruos! —dijo el primer oficial— ¡En la niebla se esconden monstruos!
—¡Tonterías! —rugió el capitán—. Convenceos, marineros, no existen los monstruos».

Poly Bernatene. Aquí hay monstruos (Here be Monsters, 2013). Texto de Jonathan Emmett. Madrid: Maeva, 2014; 32 pp.; trad. de Rocío de Isasa; ISBN: 978-84-15893-02-8. [Vista del libro en amazon.es]

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domingo, 25 de enero de 2015

He preparado, en Flipboard, la segunda parte de una selección de álbumes firmados por ilustradores españoles.

Están ordenados cronológicamente, desde el más moderno hasta el más antiguo. Hay uno de cada ilustrador con unas pocas excepciones: en el conjunto de las dos selecciones de algunos hay dos y de otros hay álbumes que dan título a una serie.

El motivo principal para las elecciones es que los álbumes me gustan.

El criterio principal para la selección —dejando de lado que hay muchos que no conozco— es el trabajo del ilustrador pero también la historia que se cuenta. Con las sugerencias y críticas que reciba, mejorará.

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sábado, 24 de enero de 2015

Notas de los últimos quince días en Medium:

La estupidez como tentación,

Respeto y atención,

Obras que nos ponen a prueba,

De qué hablamos cuando hablamos de valor.

Tal como dije unas semanas atrás, a principios de febrero enviaré un Segundo Boletín que contendrá una selección de textos publicados en el mes anterior. Quienes ya recibían el Boletín anterior y deseen recibir el nuevo también han de suscribirse.

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viernes, 23 de enero de 2015

Matemos al tío,
de Rohan O’Grady, es una novela que tuvo éxito cuando se publicó, que luego ha estado treinta años olvidada, y que últimamente ha vuelto a ser editada con renovados elogios. Es un relato que coincide con Huracán en Jamaica, de Richard Hughes, en que ambas hablan de niños que se comportan de un modo inocentemente cruel, y con La noche del cazador, de Davis Grubb, en que hay un psicópata que persigue a la pareja de niños con saña.

A una pequeña isla canadiense llegan dos niños de diez años a pasar unos meses. Uno es Barnaby Gaunt, huérfano y futuro heredero de una gran fortuna, que se alojará con los señores Brooks a la espera de que llegue su tío y tutor. La otra es Christie MacNab, que vivirá con la señora Nielsen, la cabrera, una conocida de su madre. Ambos son los únicos niños de la isla. Al principio no se llevan nada bien entre sí y causan terror en los vecinos con sus travesuras pero las cosas cambian poco a poco. Cumple un importante papel el único policía montado de la isla, Arthur Coulter, un hombre serio y reflexivo. El núcleo de la historia está en que Barnaby sabe que su tío quiere matarlo pero nadie le cree salvo Christie que, una vez que se hace cargo del asunto, tiene clara la única opción que les queda: «tendremos que asesinarlo a él primero».

Si leemos seriamente la novela le podríamos reprochar algunas cosas: son casi un cambio de género los párrafos en los que se presentan los pensamientos de un personaje que será decisivo: el viejo puma Una Oreja; no aportan mucho las cartas de amor del sargento Coulter aunque sirvan para poner de manifiesto parte de sus pensamientos; el tío psicópata es un personaje que, para el lector, no resulta demasiado inquietante. Sin embargo, si leemos la historia sin demasiadas exigencias vemos que son atractivos los retratos de los niños y del sargento Coulter, así como el de los demás vecinos, y quedaremos atrapados por la ligereza irónica con que se cuentan algunas cosas. Así, el narrador indica que «a los niños les encantaba la pequeña iglesia: era un lugar agradable y apacible, perfecto para planear un crimen»; o señala que sí, «era muy sencillo decidirse a cometer un asesinato, pero muy distinto y mucho más complicado era planificar su ejecución».

En la contracubierta se habla de que estamos ante una lectura «deliciosamente perversa», típico comentario desacertado: la perversidad no es nunca deliciosa, se mire por donde se mire, salvo para el psicópata. Puestos a buscar alguna perversidad en la lectura no sería la de los niños, aunque a veces sean crueles de modo inocente, o no tan inocente, sino la del narrador y la del lector: la del primero cuando conduce irremediablemente al lector, y la de este cuando se deja conducir de buen grado, a desear que los niños se salgan con la suya, terminen de una vez con el tío y, además, que consigan hacerlo sin que nadie lo sepa.

Rohan O’Grady. Matemos al tío (Let’s Kill Uncle, 1964). Madrid: Impedimenta, 2014; 316 pp.; trad. de Raquel Vicedo; ISBN: 978-84-15979-11-1. [
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jueves, 22 de enero de 2015

He puesto datos de nuevas ediciones de Catherine (Los mundos de Catalina en la edición anterior), de Patrick Modianode Aventuras de Guillermo, un libro que reúne varios libros del personaje de Richmal Crompton; y de dos libros de Enid Blyton.

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miércoles, 21 de enero de 2015

Ya que hablé ayer de una fábula demasiado adornada es hoy un buen momento para citar El libro de oro de las fábulas, una selección de veinte fábulas clásicas recontadas por Verónica Uribe, un libro que puede servir para que muchos niños tengan un primer acercamiento a esas historias. Entre otras, a «La lechera», «El pastor de ovejas y el lobo», «El hombre, su hijo y el burro», «La zorra y las uvas», etc. Cada una está ilustrada con una imagen grande de presentación y otra más pequeña. El tono es amable y, al final, hay una explicación breve del origen de las fábulas.

Selección y versiones de Verónica Uribe. El libro de oro de las fábulas (2004). Barcelona: Ekaré, 2014, 2ª ed.; 126 pp.; col. Primeras lecturas; ilust. de Constanza Bravo; ISBN: 978-84-936843-4-1. [Vista del libro en amazon.es]

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martes, 20 de enero de 2015

Un enorme depósito de argumentos para preparar álbumes ilustrados son las fábulas. Un ejemplo está en la versión de La tortuga y la liebre que hace unos años firmaron Alison Jay y Caroline Repchuk y titularon La carrera.

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lunes, 19 de enero de 2015

¡Cómetelo todo!, de Mariona Cabassa y Mar Benegas, es la historia de un niño al que, una y otra vez, le deben repetir esa frase. «Cada día lo mismo. Pero aquel martes, que tocaba lentejas, sin que nadie sepa por qué, les hizo caso» y su apetito resultó ser infinito.

Relato ajustado a lo que pasa con algunos niños a la hora de comer. El texto es gracioso y la trama está conseguida pues, cuando todo se desborda, el lector pasa las páginas esperando a ver el desenlace. Se puede leer sin grandes consideraciones o, si alguien lo prefiere, como una especie de advertencia para padres: bien para que sepan insistir de modo prudente, bien para que sepan comprender el mundo interior e imaginativo del niño.

Las ilustraciones están compuestas con figuras planas y repletas de colorido. En ellas se van presentando las distintas escenas con una gran variedad de perspectivas: primeros planos de la cara del niño, vista de todos en el comedor de la familia, enfoque desde arriba de la mesa en la que comen, etc. Algunos lectores encontrarán divertido adivinar dónde va dejando el protagonista la huella de sus mordiscos.

Mariona Cabasa. ¡Cómetelo todo! (2014). Texto de Mar Benegas. Barcelona: Takatuka, 2014; 32 pp.; ISBN: 978-84-16003-18-1. [Vista del álbum en amazon.es]

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domingo, 18 de enero de 2015

He preparado, en Flipboard, la primera parte de una selección de álbumes firmados por ilustradores españoles (o, en unos pocos casos, hispanoamericanos afincados en España).

Están ordenados cronológicamente, desde el más moderno hasta el más antiguo. Hay uno de cada ilustrador con unas pocas excepciones: de algunos hay dos, de otros hay álbumes que dan título a una serie.

El motivo principal para las elecciones es que me gustan pero hay varios de interés histórico y otros que deseo destacar por su singularidad.

El criterio principal para la selección —dejando de lado que hay muchos que no conozco— es el trabajo del ilustrador pero también la historia que se cuenta. Con las sugerencias y críticas que reciba, mejorará.

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sábado, 17 de enero de 2015

Cuando preparé Gramática de la gratitud me habría gustado tener a mi disposición El gran mínimo, una edición bilingüe de una antología con cincuenta y tres poemas de Chesterton magníficamente traducidos. Es de agradecer pues, junto con Lepanto y otros poemas, que contenía 27 poemas y fue publicada el año 2003, son las dos únicas ediciones de poemas chestertonianos en castellano.

El antólogo y traductor habla en el prólogo de la figura de Chesterton: la presenta bien por más que afirmar que ser un autor de tesis limita su vuelo sea discutible, ya que si hay calidad y las tesis son verdaderas…, entonces el vuelo es mayor. Luego da el motivo de haber elegido como título global el del poema El gran mínimo: porque su idea nuclear del agradecimiento está en el fondo de la filosofía vital de Chesterton. ESto también se puede ver bien en otro poema como By the Baby Unborn (Un niño neonato), el canto de un niño asombrado con la vida que tendría si naciera. Y también explica las limitaciones y dificultades de su trabajo: le faltan, por ejemplo, los poemas más humorísticos (aunque W. H. Auden consideraba que el don natural de Chesterton era ser un poeta cómico).

Naturalmente figura Lepanto, una de las grandes baladas chestertonianas, pero no La Balada del Caballo Blanco (más larga y que merecería otro libro…): se puede recordar aquí que T. S. Eliot, en el obituario que dedicó a Chesterton decía que se habían exagerado sus méritos en algunos aspectos y sin embargo se ignoraban estos poemas, que eran sus mayores logros; también Borges los consideraba poesía de primerísima fila y decía que Lepanto era un ejercicio de honradez pocas veces visto pues es «una celebración inglesa de una victoria de los tercios de España y de la artillería de Italia».

Entre los poemas cortos son muchos los destacables. Entre otros, The Donkey (El burro), acerca del burro que llevó a Jesucristo a Jerusalén, un poema elogiado por Kipling; The Sword of Surprise (La espada de la sorpresa), una creación de la que, según Auden, cualquier poeta se sentiría orgulloso; The Convert (El converso), publicado justo el mismo año de su entrada en la Iglesia Católica; Joseph (José), acerca del conflicto interior de san José, aplaudido por muchos debido a su perfecta estructura y ritmo; el breve y esperanzador The Skeleton (El Esqueleto)…

Vale la pena recordar lo que uno de los colaboradores y amigos de Chesterton, W. R. Titterton, decía de su poesía: que «nacía de la necesidad del instante» y que tal vez hubiera sido más acabada «de haber sido un artista en su estudio, a solas, buscando la línea perfecta». Pero por eso mismo los defectos como poeta de Chesterton pueden ser vistos como facetas de su calidad: era ante todo un gran conversador y un trovador que «no perdía el tiempo con limpiametales y gamuza» y que, además, «no se consideraba un gran escritor. Tenía verdades que contar que eran de vital importancia, pero él no las había inventado. Lo importante era conseguir que llegasen al público».

G. K. Chesterton. El gran mínimo. Antología poética. Madrid: Salto de página, 2014; 220 pp.; selección, traducción y prólogo de Miguel Salas Díaz; ISBN: 978-84-16148-12-7. [Vista del libro en amazon.es]


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viernes, 16 de enero de 2015

Con los ojos de una niña de doce años es un relato autobiográfico de Janina Hescheles, una chica que, al comienzo de la segunda Guerra Mundial, vivía en la ciudad de Lviv, o Lwöw en polaco, la capital de Galitzia, entonces perteneciente a Polonia. La ciudad la ocupó primero el Ejército Rojo en 1939. Después entró en ella el ejército alemán, en junio de 1941. Durante la ocupación alemana murieron 150.000 judíos y en 1945 sólo quedaban 260. Janina Hescheles fue una de las supervivientes y escribió su relato en 1943: en ese año, cuando desapareció el campo de concentración en el cual estaba, la llevaron a Cracovia y allí, animada por quienes la protegieron, puso por escrito lo que había vivido. En sus páginas primero hay algo de su vida familiar y luego cuenta la despedida de su padre, las duras condiciones de vida en la ciudad, la separación posterior de su madre, y el tiempo que pasó en el campo de concentración.

El relato no está embellecido ni corregido, pero como la escritura es sobria y hay tensión en lo que ocurre, se lee bien, aparte del enorme valor testimonial que se deriva de su inmediatez. Por otro lado, el libro en conjunto resulta interesante debido a los varios prólogos explicativos —de la misma escritora, de un profesor de Lviv, del traductor, de los editores polacos, de una de las personas que la protegió durante la guerra y que se ocupó de la primera y olvidada edición de su texto— y al epílogo de la autora, escrito en 2014, contando su vida posterior como profesora de Química en el Instituto Tecnológico de Haifa, en Israel, y sus publicaciones y actividades posteriores a su jubilación.

Janina Hescheles. Con los ojos de una niña de doce años (Ocyma dwunastoletniej dziewczny, 1946). Madrid: Hermida editores, 2014; 143 pp.; col. El Jardín de Epicuro; edición, trad. y notas de Guillem Calaforra; ISBN: 978-84-941767-4-6. [Vista del libro en amazon.es]


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jueves, 15 de enero de 2015

Ya dije que me gustó El libro del destino, de Shannon Hale. Pues más todavía debo decir de su continuación, Destino real, espíritu rebelde: hay que tener mucho talento para construir un relato tan rico, tan divertido, y tan inteligentemente posmoderno. Los únicos reproches que le haría son la cubierta, que no hace suponer mínimamente lo que uno encontrará dentro del libro, y la longitud, pues suceden demasiadas cosas y hay peligro de saturación con tanta broma.

La historia continúa cuando, después de que Raven se negase a firmar en el Libro del Destino y a seguir los pasos de su madre, se producen tumultos en Ever After High y hay enfrentamientos entre quienes están con Apple y quienes apoyan la rebeldía de Raven. Todo conduce a que la dirección del colegio decida expulsar a Maddie Hatter y, entonces, Apple y Raven se unen para evitar esa injusticia. El problema está en que la única manera de salvar a Maddie es hacer un hechizo de Prueba Irrefutable, algo solo al alcance de una bruja de nivel 38: las únicas que alcanzaron ese nivel en la historia fueron Baba Yaga y la Madrastra de Blancanieves, y las alumnas como Apple o como Raven solo han llegado al nivel 5.

La traducción es magnífica y acierta de lleno al mantener los nombres en inglés.., lo cual significa que, para disfrutar por completo del relato, se ha de dominar un poco ese idioma, aparte, naturalmente, de conocer los cuentos populares y relatos como los de Alicia, Pinocho, El Mago de Oz, etc. Al hilo de la narración siguen apareciendo términos propios —hadavilloso, cuajhada, mermelhada…— y muchas pequeñas descripciones logradas —«la tensión era tan densa como una niebla embrujada», «la revelación le cayó como un cuenco de sopa hirviendo»…—.

Luego, el libro sirve para pensar en cuestiones más serias que van surgiendo como quien no quiere la cosa. Raven se da cuenta de que su elección no afecta solo a su propio destino sino que también tendrá consecuencias en otros; se pregunta como una chica tan inteligente como Apple no podía ver lo que ella sí veía con toda claridad, «que el destino no era más que un ovillo de hilos de marioneta y que la felicidad sólo podía venir de la mano de la libertad». Ambas aprenden, en su búsqueda, que también hay muchas cosas que ocurren fuera de campo, fuera de las páginas de los cuentos, y que a veces son las más importantes.

Es sensacional el personaje de Maddie —a la que se describe como adicta al té, fantastifiestera, cuentacertijos compulsiva…— y son un alarde de técnica narrativa las conversaciones que la misma Maddie va manteniendo con el Narrador. Son formidables también las apariciones de la madrastra de Blancanieves, cuyos diálogos insultantes y provocativos no tienen desperdicio: Raven, al final, sabe responderle que «la posibilidad de elegir y la maldad no son lo mismo» y que ella no elegirá la maldad, no elegirá el camino de su madre, pase lo que pase.

Hay continuas y graciosas alusiones irónicas de todo tipo. Así, los cojines bordados de Blancanieves tienen lemas como «Amar es saber que un conejito te necesita», o «Las ardillas nunca te dejarán tirado… a no ser que estén hibernando». En otro momento aprendemos que los Remolinos de Cambalachamiento se aprenden en la asignatura de último curso de «Alusiones Avanzadas y Referencias Transculturales». O, cuando Apple habla de la marioneta más simpática que ha conocido nunca y Nathan Nutcracker, el hijo del Cascanueces, murmura que «el término marioneta es un poco ofensivo», Apple le pide disculpas y le asegura que «quería decir la persona de madera más simpática que he conocido nunca».

Shannon Hale. Destino real, espíritu rebelde (Ever After High. The Unfairest of them All, 2014). Madrid: Alfaguara, 2014; 389 pp.; trad. de Sara Cano Fernández; ISBN: 978-84-204-1671-7. [Vista del libro en amazon.es]


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miércoles, 14 de enero de 2015

El libro de la suerte, un álbum de Ana Lartitegui y Sergio Lairla, está muy bien comentado en Biblioabrazo y en La coleccionista.

En esas dos reseñas se da el argumento —dos viajes paralelos de dos personajes opuestos, el señor Buenaventura y el señor Malapata, cada uno de los cuales comienza en un extremo del álbum para confluir en una página central desplegable—, se hace notar que la trama resulta intrigante, que la riqueza de detalles a los que prestar atención es enorme, y que tiene una muy pensada y cuidada construcción narrativa.

Sin duda, un álbum con un largo trabajo detrás, que a cualquiera le gustará conocer, pues es ingenioso y divertido, pero que los entusiastas y estudiosos del género van a mirar y analizar con calma.

Ana Isabel González Lartitegui. El libro de la suerte (2014). Texto de Sergio Lairla. Barcelona: A buen paso, 2014; 56 pp.; col. Ilustrados; ISBN: 978-8494157998. [Vista del libro en amazon.es]

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martes, 13 de enero de 2015

Papá Oso, de Jacobo Muñiz y Cecilia Eudave, está protagonizado por Ana, una niña con una familia normal… pero cuyo padre se acaba convirtiendo en oso cuando cambia de trabajo. Y como, según su madre, todo es culpa del señor Estrés, Ana intenta encontrar a ese señor para decirle que deje tranquilo a su padre.

Buena historia. El texto va sobre fondo blanco, con pocos y justificados cambios en la tipografía. Las figuras son amables, están bien caracterizadas, y sus vestidos están bien compuestos con collages. Un pequeño perro hace de observador en muchas de las ilustraciones. Es una buena idea que al padre no se le vea nunca, salvo en forma de sombra o con imágenes de sus acciones. Hay referencias cinematográficas en las guardas y en la contracubierta que parecen responder a una broma personal de los autores pues el relato se sostiene bien sin ellas.

Jacobo Muñiz. Papá Oso (2010). Texto de Cecilia Eudave. Barcelona: A buen paso, 2010; 48 pp.; ISBN: 978-84-937211-5-2. [
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lunes, 12 de enero de 2015

Un «álbum protesta» de hace tiempo con una realización gráfica poco común: La bomba y el general, de Eugenio Carmi y Umberto Eco.

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sábado, 10 de enero de 2015
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viernes, 9 de enero de 2015

Hace años un amigo inglés, muy culto y gran lector, me ponderó a Anthony Trollope por encima de otros autores victorianos que yo conocía relativamente bien, como Dickens o George Eliot, y me insistió en que su obra era cada vez más valorada. Tardé tiempo en ponerme a leer sus obras —sólo he visto seis traducidas en España, sé que hay otras dos en ediciones antiguas que no he conseguido, y sé que se acaba de publicar una más que no he leído aún y que, en la misma editorial, dÉpoca, se anuncian varias  en una Biblioteca Trollope— y, efectivamente, han sido unas lecturas de lo más interesante. Además de lo que ya he señalado en las reseñas previas, añado ahora un comentario que hace Chesterton en The Victorian Age in Literature.

Allí dice, que, dentro de sus límites más estrechos, Trollope fue un realista más estricto y magistral que Thackeray hasta el punto de que logra comunicar una viveza enorme a los que podríamos llamar sus personajes más típicos. Era el suyo un mundo silencioso pero bullicioso: el de la vida política antes de que se viera agitada por la llegada de la cuestión irlandesa y de las ideas socialistas; y el de la Iglesia anglicana posterior a la conmoción causada en ella por el Movimiento de Oxford. En este terreno es revelador, sigue Chesterton, cómo, aunque los clérigos que Trollope presenta son, en su gran mayoría, hombres buenos, en realidad nunca se nos ocurre pensar en ellos como en los sacerdotes de una religión.

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jueves, 8 de enero de 2015

Dentro de las distopías de moda las hay con un planteamiento inicial interesante que luego, por distintas razones, no se desarrolla bien. Normalmente, me parece, a los autores y editores les ha faltado tiempo y paciencia para condensar el relato y reducirlo a sus proporciones justas. O, vistas las cosas al revés, han aplicado la solución comercial de moda que pide prolongar la idea en tres o cuatro volúmenes (lo cual casi nunca significa más trabajo sino menos). Un ejemplo de lo anterior es El corredor del laberinto, un relato con una buena idea de partida que, por tanto, al transformarla en película (parece ser que) mejora: eso se cuenta bien en este comentario titulado «Véala antes de leerla».

Otro ejemplo de libro con una potente idea inicial es Vuelven, de Jason Mott. El punto de partida es que, sin que nadie sepa cómo ni por qué, reaparecen, en todo el mundo, personas que han muerto en el pasado, y lo hacen con la misma edad que tenían entonces. Esto se centra en una pareja de ancianos, Harold y Lucille Hargrave, de Arcadia, Missouri, cuyas vidas cambian radicalmente cuando «regresa» su hijo Jacob, de ocho años, que se había ahogado en 1966. El relato trata de las vidas de los Hargrave y sus vecinos, de las reacciones de las autoridades ante lo que ocurre —creación de una Oficina para los Regresados, campos de internamiento para ellos, grupos de apoyo psicológico…—, y de la constitución y crecimiento del iracundo Movimiento por los Auténticos Vivos.

La novela tiene algunas cosas buenas: su arranque, algunos personajes bien construidos, la forma en que la histeria se apodera de alguna gente cuando algo se siente como amenazador, reflexiones acerca de cómo habríamos actuado si tuviéramos una segunda oportunidad, etc. Tiene, sin embargo, graves problemas constructivos: en una novela del género se esperan explicaciones a lo que ocurre y aquí no las hay; todo parece indicar que su autor ha hecho avanzar la historia sin lograr darle un desenlace más o menos concluyente; las reflexiones de interés se mezclan, como es típico de muchos relatos de ciencia-ficción, con otras que son como pedaleos en el vacío.

De nuevo estamos ante un caso de un andamiaje novelesco que puede llegar a ser una buena película (y parece que hay ya una serie basada en ella, que no conozco). Tal vez en imágenes sea más fácil sugerir la idea de que los Regresados son como «tiempo ganado a la derrota», «tiempo desincronizado, tiempo más perfecto de lo que era antes», «vida tal como debería haber sido hacía tantos años». El autor termina su relato formulando «la esperanza de que los lectores puedan entrar en este mundo y encontrar las palabras nunca pronunciadas y las emociones irreconciliadas de sus propias vidas»: buenos deseos que no bastan para construir una novela consistente.

Jason Mott. Vuelven (The Returned, 2013). Barcelona: Planeta, 2014; 378 pp.; trad. de Mireia Carol Gres; ISBN: 978-84-08-12579-2.[Vista del libro en amazon.es]

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miércoles, 7 de enero de 2015

Una historia que anoté, hace algún tiempo, para poner precisamente hoy, porque se desarrolla un siete de enero: Un camello en la cornisa, con texto de Care Santos e ilustraciones de Violeta Lópiz.

La narradora, Elia, comienza diciendo que «la mañana del siete de enero es la más horrorosa del año» mientras su madre afirma que «¡por fin ha vuelto la normalidad!». Pero las cosas no son tan sencillas: junto a los cristales Elia oye un sonido raro, «¡Caf-caf!», que resulta ser ¡un camello!, no muy grande, que además tiene los ojos cerrados y que, aunque tiene prohibido terminantemente hablar con las niñas, le dice que se llama Marco Aurelio y que se ha despistado de la caravana con la que venía…

Es una historia graciosa, bien contada, de las que prolongan un poco más la magia de los Reyes y los regalos, algo a lo que contribuyen también las sugerentes ilustraciones.

Care Santos. Un camello en la cornisa (2009). Madrid: Macmillan, 2009; 44 pp.; col. Librosaurio; ilust. de Violeta Lópiz; ISBN: 978-84-7942-486-2. [Vista del libro en amazon.es]

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martes, 6 de enero de 2015

Un esquema común a muchas historias que se cuentan en álbumes es el de un sencillo paseo en el que ocurren o simplemente se ven distintas acciones. Es el caso de El barquito de papel, de Leticia Ruifernández y Daniel Nesquens, un relato mínimo: Juan prepara un barquito de papel, lo echa al río, y a partir de ahí vemos al barquito pasar por distintos lugares y junto a distintas personas y animales —una mujer, un pastor, un conejo, un pez…—. Las escenas se presentan con acuarelas como esbozadas que avivan la capacidad de contemplar, o de ver reflexivamente, lo que nos rodea. No hay más inquietud que la de la misma vida: ¿qué pasará con el barquito?

Leticia Ruifernández. El barquito de papel (2006). Texto de Daniel Nesquens. Madrid: Anaya, 2006; 24 pp.; col. Sopa de cuentos; ISBN: 84-667-4735-4. [Vista del libro en amazon.es]

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lunes, 5 de enero de 2015

Dos simpáticos álbumes con distintos registros tanto por parte de la ilustradora como de la escritora: Pino quiere a Nina y Conejos de etiqueta, ambos de Teresa Novoa y Gabriela Keselman. Los protagonistas del primero son dos pingüinitos, Pino y Pina: Pino desea darle a Pina una sorpresa y busca un ramo de flores para regalárselo, pero las cosas no salen como quiere. Los del segundo son veinte conejos pequeños cuyos padres se marchan y los dejan al cuidado de la abuela Conejo: aunque le dan toda clase de instrucciones sobre cada conejito, la abuela pierde las notas que tomó y tiene que improvisar según se le presentan las dificultades.

Son historias sencillas y eficaces, tanto narrativa como gráficamente. La primera, que trata sobre amabilidad y es más para niños, se cuenta con imágenes llenas de colorido compuestas con figuras de tamaño grande y primeros planos de las caras. En cambio la segunda, escrita con un ojo puesto en los adultos, un elogio de la sabiduría de las abuelas y un reproche a la costumbre de poner etiquetas a los niños, contiene muchas figuras en la mayoría de las ilustraciones. En ambas, las ilustraciones están bien armonizadas con el contenido y con la disposición de los bloques de texto.

Teresa Novoa. Pino quiere a Nina (2006). Texto de Gabriela Keselman. Zaragoza: Edelvives, 2006; 26 pp.; 1 CD; ISBN: 84-263-6161-7. [Vsita del libro en amazon.es]
Teresa Novoa. Conejos de etiqueta (2004). Texto de Gabriela Keselman. Madrid: SM, 2004; 58 pp.; col. El Barco de Vapor, serie blanca; ISBN: 84-348-6134-8. [Vista del libro en amazon.es]


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domingo, 4 de enero de 2015

Comparados con los del primer semestre son menos, y en general creo que inferiores, los libros que, a lo largo de los últimos seis meses, me han parecido sobresalientes.

Entre los álbumes para primeros lectores destacaría El día que los crayones renunciaron, por su simpatía y su excelente confección, y los relatos de Escarabajo en compañía, por su calidad y por ser un gran homenaje a un maestro como Arnold Lobel.

De los álbumes para lectores más mayores no es nada nuevo decir que libros como Las reglas del verano, La luna se olvidó, y Sr. Minino, no bajan en absoluto el altísimo nivel habitual de sus autores. Subrayaría, por su singularidad, Extraños, aunque sea una obra minoritaria.

Entre los libros infantiles El tesoro de Barracuda es el que más me gustó. Y me alegró la nueva edición de un clásico como Pollyanna. Entre los juveniles los más valiosos me parecieron El único e incomparable Iván y Me llamo Suleimán. Me sorprendió, inesperada y gratamente, Cinder.

Entre las novelas fue todo un impacto La cena. y destacaría, por encima de todas, Los bienes de este mundo. De los libros de ficción de Gustavo Martín Garzo que conozco, La puerta de los pájaros es el que más me ha gustado.

Entre los de memorias ficcionadas, tanto Los hijos como Un altar para la madre me han parecido formidables.

Los libros que leí con más atención e interés, sin embargo, fueron Cisneros, el cardenal de España, y, más todavía, Un camino entre dos mares. La creación del canal de Panamá, una lectura rica que me tuvo atrapado durante muchas horas.

Además, como debí releer algunos libros para terminar La eficacia del optimismoFormas de la felicidad y Dentro del torbellino, he renovado mi entusiasmo por Casa Desolada, Secuestrado y Catriona, y El Dador, que recomiendo vivamente una vez más.

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sábado, 3 de enero de 2015

De las novelas publicadas recientemente y citadas en la página, las que me han gustado de los últimos meses son:

El matrimonio de la señorita Buncle. D. E. Stevenson.
Las dos señoras Abbott. D. E. Stevenson.
Escenas de la vida parroquial. George Eliot.
La rubia de ojos negros. Benjamin Black.
La cena. Herman Koch.
Los bienes de este mundo. Irene Némirovski.
La formación de una marquesa. Frances Hodgson Burnett.
Los cansados. Michele Serra.
Hermana muerte. Thomas Wolfe.
La puerta de los pájaros. Gustavo Martín Garzo.
Tres actos y dos partes. Giorgio Faletti.
Ojo por ojo. Anthony Trollope.

Libros de historia:

Cisneros, el cardenal de España. Joseph Pérez.
Un camino entre dos mares. La creación del canal de Panamá. David McCullough.
Historia de la guerra. John Keegan.
1914, de la paz a la guerra. Margaret MacMillan.

Libros de memorias:

Los hijos. Gay Talese. Quien bien te quiere…
Un altar para la madre. Ferdinando Camon.
Sobre Dios y el mundo. Robert Spaemann.
El canto del cuco: llanto por un pueblo. Abel Hernández.

Otros libros de no-ficción:

El Giro de Italia. Dino Buzzatti.

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viernes, 2 de enero de 2015

Álbumes o novelas gráficas para lectores jóvenes que más me han gustado en los últimos meses:

   Fuera de juego. Maurizio Quarello y Fabrizio Silei.
   En el país de los libros. Quint Buchholz.
   Extraños. Javier Sáez Castán.
   Manual del buen paseante. Raimon Juventeny.

Lbros infantiles:

   El tesoro de Barracuda. Llanos Campos.
   Un cóndor en Madrid. Paloma Muiña.
   Las aventuras de la bruja Fritanga. Xan López Domínguez.
   El galáctico, pirático y alienígena viaje de mi padre. Neil Gaiman.
   El verano que desaparecieron los Trogloditas. Raquel Míguez.
   Pollyanna. Eleanor Hodgman Porter.
   La ciudad mágica. Edith Nesbit.

Libros juveniles:

   El único e incomparable Iván. Katherine Applegate.
   Me llamo Suleimán. Antonio Lozano.
   Me parto. James Patterson y Chris Grabenstein.
   Wonder. La historia de Julian. R. J. Palacio.
   Cinder. Marissa Meyer.
   Scarlet. Marissa Meyer.
   Goblins. Philip Reeve.
   Theodore Boone: el activista. John Grisham.

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jueves, 1 de enero de 2015

Los mejores álbumes para prelectores leídos en los últimos meses:

   La canción del oso. Benjamin Chaud.
   Colores. Hervé Tullet.
   A todo color. Etienne Delessert.
   ¡Shhh! tenemos un plan. Chris Haughton.
   La pequeña Ana. Komako Sakaï.
   La pequeña Amelia se hace mayor. Paula Bonet y Elisenda Roca.
   Los tres cerditos. Xavier Salomó y Meritxell Martín.
   Taquititán de poemas. Varios autores.

Para primeros lectores:

   ¡Hola! ¡Hola! Matthew Cordel.
   Las Alfazetas. Milton Glaser y Shirley Glaser.
   ABeCeCirco. Alberto Gamón y Daniel Nesquens.
   Garabato y Tinta. Ethan Long.
   El dragón que cambiaba de cuento cada vez que estornudaba. Miguelanxo Prado y David Aceituno.
   Siembra un beso. Peter Reynolds y Amy Krouse Rosenthal.
   El Trincalibros. Thomas Docherty y Helen Docherty.
   Escarabajo en compañía. Rocío Martínez y Pep Bruno.
   El día que los crayones renunciaron. Oliver Jeffers y Drew Daywalt.
   Y de pronto es primavera. Erin E. Stead y Julie Fogliano.
   El viaje de Pipo. Satoe Tone

Y para lectores más mayores:

   Las reglas del verano. Shaun Tan.
   La luna se olvidó. Jimmy Liao.
   Sr. Minino. David Wiesner.
   Sofía viaja a la Antártida. Alison Lester.

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