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Notas de agosto de 2016 :: bienvenidosalafiesta ::    
bienvenidos a la fiesta
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miércoles, 24 de agosto de 2016

Érase una vez un alfabeto. Una historia para cada letra, de Oliver Jeffers, es, por un lado, un álbum-abecedario y, por otro, es una colección de minirelatos. Como suele ocurrir en este tipo de libros, la traducción es complicada. En algunas letras es sencillo que todo coincida: la A de astronauta no presenta grandes problemas. En otras, sin embargo, hay que hacer equilibrios: la B de Bridge se presenta como La Batalla del Barranco en la que intervienen unos personajes llamados Bernardo y Benito. Es decir, que como cada minirelato está construido con muchas aliteraciones que usan la letra correspondiente, no es fácil el traslado del original a otro idioma.

Por otro lado, es un álbum muy personal: el humor de Jeffers a veces es algo truculento y presenta situaciones que no a todos agradan o que no a todos les parecen apropiadas para niños. Por supuesto, quienes siguen con interés al autor disfrutarán y podrán observar, una vez más, su capacidad de presentar figuras, escenarios y situaciones con sus característicos dibujos aparentemente desmañados, y podrán ver su dominio de los rasgos constructivos propios de los álbumes, por ejemplo en un detalle pequeño como que las distintas letras se ven en las primeras guardas mientras que las guardas finales contienen los seres que se corresponden con ellas en el interior.

Oliver Jeffers. Érase una vez un alfabeto. Una historia para cada letra (Once Upon an Alphabet,2014). Valencia: Andana, 2016; 112 pp.; col. Álbumes locomotora; trad. de Nàdia Revenga García; diseño de Rory Jeffers; ISBN: 978-84-16394-08-1. [
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PerezHerArmando.jpg
martes, 23 de agosto de 2016

Armando, de Fernando Pérez Hernando, es uno de esos álbumes que —por ejemplo como dije al hablar de Arquelogía—, son como una broma de revista cómica más que un libro-álbum; que —como dije a propósito de Cómo reconocer a un monstruo—, cuentan algo sencillo y deberían venir en ediciones baratas; y que, como se puede decir de no pocos álbumes, tiene un miniargumento de interés para… una escuela de padres. En él vemos que a un niño, Armando, su padre le regala su primer balón de fútbol, y luego se suceden los incidentes en los que se aprecia el forofismo del padre y el desinterés del niño. De más está decir que, sea como sea, el álbum es sólo para quienes aprecien la broma implícita en el nombre y la figura del niño.

Fernando Pérez Hernando. Armando (2016). Barcelona: Takatuka, 2016; 36 pp.; ISBN: 978-84-16003-60-0. [
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lunes, 22 de agosto de 2016

Dos álbumes de los años sesenta publicados hace pocos meses en España: El huevo maravilloso y Me gustan los animales, de Dahlov Ipcar.

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domingo, 21 de agosto de 2016

Sigo con mis lecturas de verano de libros de poesía que se habían ido quedando atrás en mis listas. Esta vez le toca el turno a la Antología poética, de Jan Twardowski.

Según se indica en la buena introducción, un contemporáneo decía que «nos sentimos orgullosos de Szymborska, admiramos a Rózewicz, nos encanta Miłosz, pero a quien amamos es a Twardowski, porque es el único poeta polaco al que se puede amar». También allí se apunta que, en su obra, aparte la influencia de otros poetas polacos como Miłosz o Herbert, se aprecia también la de escritores como Andersen, Sienkiewicz o Frances Hodgson Burnet.

Su popularidad, según leí en una reseña, se debe a «su estilo directo, claro, sincero, vivo», y a la «brillantez persuasiva de comparaciones y metáforas, que sorprenden y sacuden al lector y muestran esa sabiduría intuitiva propia de los grandes poetas». A mí me ha gustado también su tono conversacional, como se puede ver en dos poemas de los que tomé nota:

¡ESPERA!

«Cuando reces, debes ser capaz de esperar:
todo lleva su tiempo,
bien lo saben los profetas;
(…)
no reces, si no sabes esperar».

CUANDO DICES

No llores en tus cartas,
no escribas que el destino te dio una patada;
nada en este mundo carece de salida:
cuando Dios cierra la puerta, abre una ventana;
respira, observa:
de las nubes están cayendo
pequeñas y grandes desdichas, imprescindibles para ser felices;
de las cosas corrientes aprende su calma
y olvídate que eres cuando dices que amas.

Jan Twardowski. Antología poética. Edición bilingüe. Madrid: Rialp, 2009; 151 pp.; col. Adonais; selección, trad. y estudio preliminar de Anna Sobieska y Antonio Benítez Burraco; ISBN: 978-84-321-3731-0. [Vista del libro en amazon.es]

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TolkienKullervo.jpg
sábado, 20 de agosto de 2016

La historia de Kullervo, de J. R. R. Tolkien, es un libro que contiene la historia que le da título —el relato breve más antiguo del autor, que lo escribió hacia el año 1914; el primero de sus intentos de componer una tragedia tomando pie de una narración antigua— y dos ensayos que Tolkien compuso en Oxford, siendo joven, acerca del Kalevala —una colección de relatos populares finlandeses, de uno de los cuales toma la figura de Kullervo—.

El relato no está bien terminado y pulido, por más que sea importante, ya que es el primero de la mitología que Tolkien deseaba escribir para Inglaterra, y es un precedente de Los hijos de Húrin —pues los argumentos tienen un armazón igual aunque La historia de Kullervo es mucho más breve—. Del mismo modo, las conferencias son un gran trabajo, que cualquier entusiasta del autor valorará, pero tampoco fueron pensadas para ser publicadas.

Al final, lo que importa más es el aparato académico de la edición: la excelente introducción explicativa y el conjunto de notas y comentarios. Entre otras cosas, en esos textos se habla del descubrimiento que Tolkien hizo del Kalevala, o Tierra de Héroes, el año 1911, cuando aún era un estudiante, y se hace un análisis de La historia de Kullervo, de su argumento y de los motivos que contiene y que volverán a ser usados por el autor en otras obras.

J. R. R. Tolkien. La historia de Kullervo (The Story of Kullervo, 2015). Barcelona: Minotauro, 2016; 210 pp.; trad. de Martin Simonson; editado por Verlyn Flieger; ISBN: 978-84-450-0301-5. [Vista del libro en amazon.es]

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viernes, 19 de agosto de 2016

El trampero es una larga novela que inspiró la película Las aventuras de Jeremiah Johnson que dirigió Sydney Pollack y protagonizó un joven Robert Redford en 1972. Su autor, Vardis Fisher, cuidó su ambientación antropológica e histórica y se recreó, tal vez en exceso, en cantar las bellezas de una naturaleza virgen y las maravillas de un estilo de vida que comenzaba a desaparecer. Al mismo tiempo, no se privó de contar con detalle numerosos comportamientos crueles de todos sus personajes: en este sentido conviene advertir que no son agradables bastantes de sus escenas.

La historia tiene lugar en un territorio extenso: las Montañas rocosas y sus valles. Su protagonista es Sam Minard y tiene 27 años al comenzar el relato, aunque luego el narrador recuerda que a los diecinueve años se había ido de casa, con la intención de volver, pero «en la ciudad fronteriza de Independence se había sentido fascinado por los relatos de Kit Carson y otros tramperos» y, cuando tuvo un encontronazo con un matón, huyó «como habían hecho muchos otros jóvenes antes que él». El autor construyó a su héroe a partir de rasgos e historias conocidas de tramperos y lo pintó como «un gigante, incluso entre los hombres de la montaña del Oeste americano. Sin los mocasines alcanzaba el uno noventa y tres de altura y sin ropa pesaba alrededor de ciento veinticinco kilos».

Después de unos episodios de presentación, la primera parte de la novela, dulzona y un tanto hollywoodiense, cuenta que Minard busca a una mujer india de la tribu Flathead para que sea su esposa y pasa un tiempo feliz con ella. Luego la deja sola para irse a cazar durante unos meses y, cuando regresa, encuentra su cadáver. A partir de ahí comienzan centenares de páginas con acciones de venganza despiadada contra los autores de su muerte, los Crow. Para Minard no hay contradicción alguna entre la crueldad que despliega, su gran amor a la música clásica, y su particular religiosidad natural. Así, antes de un ataque feroz de un grupo de tramperos contra los indios, el narrador escribe: «¡Qué maravilloso sería», pensó Sam, mirando el húmedo cielo oscuro, «si en el momento del ataque el Creador llenase el mundo con un atronador canto de venganza, con compases como los que abrían la Quinta!».

El relato tiene tramos de interés: los que narran acciones propias de la caza, los de observación del comportamiento de los animales, una larga expedición invernal que Sam ha de hacer al límite de sus fuerzas mientras recuerda las pruebas que pasó Job, las anécdotas legendarias de famosos «mountain men»… Son interesantes muchas observaciones sobre los modos de ser y comportarse de las distintas tribus indias, así como las observaciones que ayudan a comprender la situación: «las grandes empresas cazadoras habían corrompido tanto a los pieles rojas con el alcohol que la embriaguez, que él detestaba, campaba rampante por las postas; había guerreros pieles rojas tirados por todas partes, con sus negras miradas desenfocadas y con sus mentes obnubiladas por el alcohol hirviendo de malos propósitos».

Abundan, más que en Bajo cielos inmensos, episodios de gran violencia, entre los que destaca una expedición de castigo de un grupo de tramperos contra los Crow. El narrador explica que «aquel era un territorio para hombres, no para muchachos altos llamados hombres. Sam nunca había conocido a un indio, ni le habían hablado de uno, que hubiese pedido clemencia. La clemencia no era una palabra que existiese en su idioma»; e indica que «los pieles rojas torturaban por la pura satisfacción infernal de ver a un ser indefenso sufrir indescriptibles agonías. Era principalmente por esa razón por lo que los tramperos los detestaban y los mataban sintiendo tan poca emoción como si matasen mosquitos».

Ahora bien, y en esto se diferencia El trampero de Bajo cielos inmensos y se nota su condición de literatura popular, el lector sí acaba sintiendo simpatía por Minard. De él se nos dice que «lo que le hacía más infeliz eran las horas que tenía que dedicarle al sueño en una vida que, en el mejor de los casos, era breve. Creía que posiblemente el Creador les había dado el sueño a sus criaturas para que se despertasen con la mirada de la mañana y descubriesen el mundo de nuevo». Su amor a la naturaleza no es nada selectivo: «A Sam le encantaba la nieve tanto como la lluvia, los vientos, el trueno, las tempestades; a la gente que decía: “No sé cómo te puede gustar la nieve”, o “No sé cómo te puede gustar el viento”, la consideraba indigna de estar viva». Nunca sentía lástima de sí mismo, nunca temía que pudiera morir, «sólo se calentaba con las hazañas de valerosos hombres libres, la categoría de hombres a la que pertenecía».

Vardis Fisher. El trampero (Mountain Man, 1965). Madrid: Valdemar, 2015; 400 pp.; col. Frontera; trad. de Gonzalo Quesada Gómez; ISBN: 978-8477027287. [Vista del libro en amazon.es]

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jueves, 18 de agosto de 2016

En su momento puse una nota titulada ¿La primera novela poliaciaca?, sobre La piedra lunar, otra novela de Wilkie Collins que acabo de releer. Los comentarios que allí hace P. D. James hablan de su importancia para el desarrollo de la novela policiaca posterior —en la voz inglesa de la novela, en Wikipedia, figuran con detalle los elementos que aparecen en la obra de Collins y que han llegado a ser típicos del género—; de que creó, con el sargento Cuff, uno de los primeros inspectores-detectives —recordemos que el primero había sido Buckett, en Casa Desolada—; el rasgo del juego limpio —que también vemos en La dama de blanco— de no darle al investigador más información que al lector; el talento de Collins para describir mentalidades y ambientes, etc.

Para quien no lo conozca, un resumen del misterio que se trata de resolver es este: un coronel británico roba un misterioso diamante durante una acción bélica en la India; ese diamante, sagrado para unos misteriosos brahmanes dispuestos a recuperarlo como sea, acaba llegando a su sobrina-nieta Rachel Verinder el día de su cumpleaños; esa noche, sin embargo, el diamante desaparece; el primo y novio de Rachel, Francis Blake, manda venir a un conocido detective, el sargento Cuff, para que investigue, pero debido a que Rachel decide no hablar, no logra terminar el caso. Después, Rachel corta toda relación con Francis Blake, que se marcha al extrajero. Pero, más adelante, debido a una sucesión de acontecimientos, el caso se reabre: Francis vuelve a tomar las riendas y llama de nuevo a Cuff. Cumplirá un papel importante un misterioso médico, consumidor de opio, que propondrá un curioso método para comprobar una teoría y resolver el caso (un elemento que, cuando la novela se publicó, causó polémica, y que, desde un punto detectivesco, es lo más endeble del relato).

Igual que hizo en La dama de blanco, Collins también aquí cuenta la historia, cronológicamente, por medio de narraciones a cargo de los principales personajes, y cada uno sólo habla de aquello que vivió en primera persona. Pero, esta vez, hay dos personajes-narradores con una voz propia memorable: Miss Clack, una pariente de los Verinder obsesivamente interesada en difundir sus ideas religiosas, y, sobre todo, el mayordomo Gabriel Betteredge, que ocupa la primera mitad del libro.

Entre los comentarios de Betteredge —igual que hacían personajes de otro tipo en La dama de blanco— figuran muchos de crítica social hechos como quien no quiere la cosa. Por ejemplo: «Las gentes mundanas pueden permitirse todos los lujos... entre otros, el de dar rienda suelta a sus propios sentimientos. Los pobres no disfrutan de tal privilegio. La necesidad, que no cuenta para los ricos, se muestra inflexible hacia nosotros. La vida nos enseña a ocultar nuestros sentimientos y a proseguir con nuestro trabajo, en la forma más paciente posible. No me quejo de ello..., simplemente lo hago notar».

También indican su mentalidad las referencias hacia las mujeres que le rodean, «la otra mitad más débil del género humano» que, afirma, no son culpables «(¡pobres infortunadas!) si tienen la costumbre de actuar primero y luego pensar; la culpa es de los hombres estúpidos que consienten tal cosa». En un momento dado, también, introduce un paréntesis en su relato para señalar esto: «debo hacer constar que soy lo que generalmente se llama un buen cristiano, siempre que no se le exija demasiado a mi cristianismo. Esto me asemeja, sin duda —lo cual es un gran consuelo—, a la mayor parte de ustedes, en tal sentido».

Pero, sobre todo, Betteredge resulta inolvidable por su empleo de Robinson Crusoe como libro de cabecera: «he recurrido a él año tras año —generalmente en compañía de mi pipa llena de tabaco— y he encontrado siempre en él al amigo que necesitaba en todos los momentos críticos de mi vida. Cuando me hallo de mal humor, Robinsón Crusoe. Cuando necesito algún consejo, Robinsón Crusoe. En el pasado, cuando mi mujer me importunaba, y en el presente, cuando he bebido algún trago de más, Robinsón Crusoe. He desgastado seis recios Robinsones, luego de haberlos obligado a trabajar duramente a mi servicio».

Uno de los muchos ejemplos se da cuando se siente muy inquieto y se pregunta qué debe hacer: «Otro, en mi lugar, hubiese terminado por ponerse febril; yo acabé con eso de otra manera: encendí mi pipa y me dispuse a hojear mi Robinsón Crusoe. No hacía cinco minutos que me hallaba leyendo, cuando di con este asombroso pasaje, en la página ciento sesenta y uno: "El temor del Peligro es diez mil veces más aterrador que el Peligro en sí mismo, cuando se torna éste aparente ante nuestros ojos; entonces descubrimos que el Peso de la Ansiedad supera en mucho al de la Desgracia que provoca esa misma Ansiedad.” ¡Quien después de leer estas líneas no crea en el valor del Robinsón Crusoe, o bien es porque algo anda mal en su cabeza o bien es un ser extraviado en la bruma de su propia arrogancia! Si así ocurre, mejor será no malgastar con él palabras y reservar nuestra piedad para alguien que posea más viva fe».

Wilkie Collins. La Piedra Lunar (The Moonstone, 1868). Barcelona: Debolsillo, 2008; 720 pp.; trad. de Horacio Enrique Laurora; col. Clásica; ISBN: 978-8484502784. Otra edición en Barcelona: Alba, 2011; 528 pp.; col. Clásica Maior; trad. de Catalina Martínez Muñoz; ISBN: 978-84-8428-597-7. [Vista de esta edición en amazon.es]

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miércoles, 17 de agosto de 2016

Se han reeditado no hace mucho los dos primeros libros de una serie inglesa muy popular, escrita por Jill Murphy y que comenzó con La peor de las brujas, a la que la vida escolar de Harry Potter debe buena parte de su inspiración.

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martes, 16 de agosto de 2016

Un buen álbum que, como Aquel niño y aquel viejo o Guillermo Jorge Manuel José, trata bien sobre una amistad entre un niño y un anciano: La visita, de Antje Damm.

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lunes, 15 de agosto de 2016

El Bosco. La extraña historia de Hieronymus, el gorro, la mochila y la pelota, de Thé Tiong-Khing, un veterano ilustrador indonesio que estudió y vive en Holanda, es un álbum sin palabras para quien conozca ya la obra de El Bosco o para quien desee introducir a niños en ella. Pero nadie debe esperar explicaciones: el título advierte con honradez de que se trata de una historia extraña y el álbum simplemente la cuenta con imágenes sucesivas y nada más, lo cual es un modo apropiado de acercarse al pintor holandés como para probar si uno conectará o no con él.

En la primera doble página un niño, Hieronymus, se cae por una especie de acantilado y se hunde en un lago o río, junto a un paisaje en el que hay todo tipo de seres propios de pinturas de El Bosco. Recorre ese mundo tan raro, mientras a su alrededor suceden todo tipo de cosas; a veces se detiene para ayudar a quien lo necesita, pero también le persiguen y le capturan… Tanto el ambiente como los seres que aparecen en el relato están tomados de varios cuadros de El Bosco que se mencionan al final. Hay también una reproducción de su cuadro más famoso: El jardín de las delicias.

Thé Tiong-Khing. El Bosco. La extraña historia de Hieronymus, el gorro, la mochila y la pelota (Bosch. Het vreemde verhaal van Jeroen, zijn pet, zijn rugzak en de bal…, 2015). Barcelona: Ekaré, 2016; 48 pp.; ISBN: 978-84-944988-0-0. [Vista del álbum en amazon.es]

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domingo, 14 de agosto de 2016

Segundo libro de poesía pendiente que por fin he podido leer: Cosas que me has contado, de José Luis de la Cuesta. Aquí está una reseña extensa, con algunos poemas de muestra, que me ahorra cualquier comentarlo.

Además, a mí me han gustado el políticamente incorrecto LO QUE MI NOVIA TIENE QUE HACER EN MI POEMA ÉPICO, el sugerente SEGUID DISIMULANDO, y otros, como los dos que siguen.

NIÑA VOLVIENDO ENFADADA DEL COLEGIO CON PARAGUAS UN DÍA SOLEADO

Oh, Señor, y qué dices
de esa otra virgen a la que su madre cargó
con muchísimo aceite en sus alcuzas,
con un generador de emergencia, por si acaso,
y de tanto como pesaba todo aquello
tampoco llegó a tiempo.

POBREZA

Gracias, Pobreza,
¡me mantienes alejado
de tantas vulgaridades!

Gracias a ti
puedo no ir a Cerdeña,
ni a las islas griegas,
ni a la costa dálmata.

Sin ti, vete a saber
qué deportes absurdos
estaría practicando.
A qué chica habría invitado
a ese caro restaurante.

Gracias, Pobreza,
siempre me has recibido
son los brazos abiertos,
siempre has perdonado
que ocasionalmente ahorrara.

Gracias, Pobreza,
porque yo soy un camello,
pero tú ensanchas
el ojo de la aguja.

José Luis de la Cuesta. Cosas que me has contado (2015). Sevilla: Los Papeles del Sitio, 2015; 78 pp.

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sábado, 13 de agosto de 2016

He puesto datos de nuevas ediciones de Sopa de ratón, Pimpinela escarlata, Cuentos de Shakespeare.

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viernes, 12 de agosto de 2016

Respuestas al cuestionario de Nido de ratones que me mandó Paula Fernández de Bobadilla.

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GutrhrieBajoCI.jpg
viernes, 12 de agosto de 2016

Dos novelas del Oeste cuyos protagonistas principales son «mountain men»: Bajo cielos inmensos, de Alfred Bertram Guthrie, y El trampero, de Vardis Fisher. Los «mountain men» o tramperos, de los que hubo varios miles en los territorios del Oeste de Norteamérica durante las primeras décadas del siglo XIX, fueron cazadores expertos, vendedores de pieles, exploradores también, cuya relación con los indios era en ocasiones amistosa y a veces conflictiva. Para el protagonista de la segunda historia que dije arriba, «matar indios sólo significaba apartar cosas que se interponían en su camino» y, si hacemos caso al narrador de la misma novela, parece ser que «la mayoría de los tramperos odiaban a todos los indios y por encima de todas sus leyes de tramperos se encontraba el axioma de que el único indio bueno era el indio muerto... Y no sólo muerto, sino con los huesos mondos por cuervos y lobos».

A. B. Guthrie, Jr., fue periodista y escritor, autor del guión para la película Shane, comenzó una serie de novelas con la titulada Bajo cielos inmensos. Se ambienta en Montana, en los años 30, y su protagonista es Boone Caudill, un chico de diecisiete años que, después de una violenta pelea con su padre, huye de su granja de Kentucky. Su intención es ir al encuentro de su tío Zeb Calloway, un «mountain man». En el camino, Boone se hace amigo de otro chico, Jim Deakins, que acaba uniéndose a él. Ambos terminarán trabajando para un traficante de pieles que desea llegar, remontando el río Missouri en una barcaza, a los territorios de los Pies Negros para comerciar con ellos. Viajarán con un experto cazador llamado Dick Summers, que se convierte en su modelo y mentor, y con una chica india muy joven, que primero huirá y a la que, más adelante, Boone buscará para que sea su mujer.

La novela se centra en el aprendizaje de Boone, un chico de grandes cualidades para la caza y para la lucha, pero de temperamento tumultuoso a quien con frecuencia tienen que intentar frenar sus amigos: «Disparando a los búfalos, o atrapando castores, o luchando contra osos, Boone era tan bueno como el que más, pero con la gente era distinto. No sabía contar chistes, ni soltar o encajar bromas, ni ver las cosas desde distintos puntos de vista, ni buscar diversión en lugar de problemas. Lo único que sabía era tirar hacia delante. En ocasiones, cuando estaba a punto de meterse en algún lío por no pararse a pensar, una pequeña frase, dicha como de pasada, le hacía recobrar el sentido y lo calmaba, o al menos lo contenía. Jim suponía que Boone estaba agradecido, como lo estaría un chico que carecía de las palabras para decirlo».

Igual que dije al comentar otras novelas del Oeste, esta también tiene interés para quienes disfrutamos con ellas. Está considerada una de las mejores, por supuesto de su autor pero también del género, pues está bien escrita, la historia y los personajes tienen fuerza, y la reconstrucción de ambientes y costumbres está cuidada. Ahora bien, quienes no tengan tanto afán por este tipo de historias deben saber que se puede hacer larga, que abundan las escenas de gran violencia, y que no es nada fácil empatizar con un héroe cuyo comportamiento se hace cada vez más bronco.

A. B. Guthrie, Jr. Bajo cielos inmensos (The Big Sky, 1947). Madrid: Valdemar, 2014; 528 pp.; col. Frontera; trad. de Marta Lila Murillo; ISBN: 978-8477027737. [Vista del libro en amazon.es]

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jueves, 11 de agosto de 2016

Una relectura de las últimas semanas: La dama de blanco, de Wilkie Collins. Un motivo: hacía mucho que la había leído y deseaba refrescar en mi memoria el perfil de algunos personajes. Otro: no la había comentado aquí cuando, sin duda, es un relato absorbente como pocos, debido a su hábil construcción, al enorme atractivo de la heroína y del malvado, y, por supuesto, a las intrigas que se suceden. Además, Collins afirma, en su prólogo, que se asesoró bien para presentar correctamente los pormenores legales de su relato, dirigido por otro lado a mostrar que la ley de su tiempo y su país era injustamente favorable a los maridos frente a sus esposas. Que el autor pidiese que, en su epitafio, se pusiese «autor de La dama de blanco y de otras obras de ficción», da idea de que consideraba esa novela, la quinta que publicó, como la mejor de las suyas, opinión que hoy comparten muchos también.

El joven Walter Hartright es contratado como profesor de dibujo de las hermanas Marian Halcombe y Laura Fairlie, de la que se enamora. Pero, como el padre de Laura, ya fallecido, había comprometido su matrimonio con sir Percival Glyde, un barón y terrateniente vecino, Walter se marcha, no sin temor, pues una dama fantasmal llamada Anne Catherick —con un gran parecido físico a Laura, y a la que había conocido en circunstancias extrañas— reaparece para, enigmáticamente, advertir contra el barón. Sin embargo, Laura y sir Percival se casan y, cuando regresan de su desastroso viaje de bodas, con una larga estancia en Italia incluida, Laura puede sobrellevar el comportamiento iracundo del barón gracias al apoyo de Marian. Pero entra en escena también un amigo italiano del barón, el untuoso y cortés conde Fosco, casado además con una tía de Laura, que conspira con sir Percival para hacerse con el dinero que le corresponde a Laura por herencia.

Una parte del interés de la historia está en el recurso —creo que original entonces— de contarla mediante una sucesión de relatos, ordenados cronológicamente, a cargo cada uno de alguien que vivió en primera persona los hechos. Así lo explica el primero de los narradores y recopilador de todo el material: «cuando el que escribe estas líneas introductorias (de nombre Walter Hartright) haya estado en relación más directa que otros con los sucesos de que habla él mismo lo contará. Cuando falle su conocimiento de los hechos dejará su lugar de narrador, y su tarea la continuarán, desde el punto en que él lo haya dejado, personas que pueden hablar de las circunstancias de cada suceso con tanta seguridad y evidencia como él mismo ha hablado en anteriores ocasiones».

Otra parte del interés procede de la galería de personajes y del particular punto de vista de cada narrador. Son excelentes, pero menores, el hipocondríaco y clasista Frederick Fairlie, tío de Laura, la rencorosa Jane Catherick, madre de Anne, o el ama de llaves Eliza Michelson, que se tiene a sí misma por «humana e indulgente con los extranjeros», dado que «no tienen nuestras virtudes y nuestras ventajas, pues casi todos se han educado en los errores ciegos del papismo». Sin embargo, el nivel sube cuando entran en acción y hablan la decidida Marian Halcombe y, sobre todo, el asombroso conde Fosco —químico de profesión, enfermizamente tierno con unos canarios y unos ratones a los que adiestra, capaz de amenazar salvajemente del modo más cortés…—.

Entre otras cosas, se puede destacar de Marian Halcombe cómo sus afirmaciones acerca de los modos de pensar y actuar de las mujeres se ven desmentidas una y otra vez por sus propios hechos. Así, una vez afirma que la mente de las mujeres «es demasiado versátil y nuestros ojos son demasiado desatentos»..., pero no los suyos. En otra señala que, por no ser más que una mujer, está «condenada a tener paciencia, corrección y faldas para toda la vida» y ha de arreglárselas «como pueda de una manera débil y femenina»…, que no es la suya tampoco. Es un gran acierto de la trama que la única debilidad de Fosco sea, precisamente, la gran admiración que siente por Marian.

Del conde Fosco, Marian, en su diario, afirma que lo que «le hace único entre los demás mortales, está sobre todo y ante todo y hasta dónde puedo afirmar por ahora, en la expresión y en la fuerza extraordinaria de sus ojos. Sus modales y el dominio absoluto que posee de nuestro idioma han contribuido hasta cierto punto a que gane mi aprecio. Escucha a una mujer con una deferencia sosegada, con una mirada llena de un interés plácido y vivo. Le habla con una voz que trasluce una gran delicadeza interior, y ello, hay que decirlo, resulta irresistible». Más adelante señalará que había «cierta relación misteriosa entre sus más profundos sentimientos y sus refinamientos más espectaculares» y apreciará que sus más insignificantes acciones «ocultaban siempre un propósito recóndito».

Wilkie Collins. La dama de blanco (The Woman in White, 1859). Barcelona: Montesinos, 1989: 431 pp.; trad. de Maruja Gómez Segalés; ISBN: 84-85859-78-2. Otra edición en Barcelona: Debolsillo, 2010; 816 pp.; col. Clásica; trad. de Maruja Gómez Segalés; ISBN: 978-8499086316. [Vista del libro en amazon.es]

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miércoles, 10 de agosto de 2016

El niño y el pueblo perdido, de Pere Marti i Bertran, es un relato cortito cuyo narrador es un niño llamado Cayetano que, cuando estalló la guerra civil española, vivía en La Fatarella, Tarragona. Habla de lo que notaba entonces a su alrededor, cuenta que cuando las tropas de la República recuperaron La Fatarella e instalaron cerca un pueblo camuflado, él iba con su madre allí, pues la contrataron para que lavase, zurciese y planchase la ropa de las tropas.

Un último capítulo corre a cargo del mismo Cayetano pero cuando ya tiene ochenta años. Un apéndice histórico da cuenta de los hechos sucedidos en La Fatarella y su entorno, y añade algunos datos sobre varias personas que aparecen en el relato. Es un acierto el tono del narrador: claro, sereno, agradecido a quien se portó bien con él. Termina diciendo que fue un niño que «creció más deprisa de la cuenta, pero feliz al fin y al cabo»…

Pere Marti i Bertran. El niño y el pueblo perdido (2016). Barcelona: Ediciones del Serbal, 2016; 60 pp.; ilust. de Joan Miró Oró; ISBN: 978-84-7628-889-4. [Vista del libro en amazon.es]

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SeussAnimalIdeal.jpg
martes, 9 de agosto de 2016

¿Qué animal será el ideal? es un álbum del Dr. Seuss encontrado entre su documentación el año 2013: debió empezarlo en los años 60 y tenía los dibujos sin colorear del todo. Dos hermanos, un chico y una chica, están en una tienda planteándose qué clase de mascota elegirán; pero cuando el chico, el narrador, piensa que un perro, la niña piensa que un gato; luego, cuanto más miran, más posibilidades se les ocurren y, además, saben que tienen que comprar alguna porque, si no, se quedarán sin ella. Salvo dos mascotas que son animales imaginarios, todos los demás son reales, lo que algunos consideran poco coherente con el autor. También los expertos en el autor piensan que las rimas originales no son tan buenas como las de otras obras suyas. Sea como sea, el álbum merece ser conocido y su final, que no a todos dejará satisfechos, es brillante.

Dr. Seuss. ¿Qué animal será el ideal? (What pet should I get, 1960-2013). Barcelona: Penguin Random House, 2016; 39 pp.; trad. de María Serna; ISBN: 978-84-488-4577-3. [Vista del álbum en amazon.es]

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lunes, 8 de agosto de 2016

Cuando era pequeño y Cuando sea mayor, de Bernadétte Gervais y Francesco Pittau, son dos álbumes basados en el mismo concepto. El niño narrador, al que vemos en todas las imágenes, nos dice, en el primero, que «pasaba por debajo de la mesa sin agacharme», «no veía más que rodillas», «no veía nunca lo que había encima de los armarios»…, hasta un momento en el que hay un «pero, sobre todo, cuando era pequeño…». En el segundo dirá que, cuando sea mayor, «la mesa me llegará a las rodillas», «subiré los escalones de cuatro en cuatro», «no iré más al colegio»…, también hasta un punto en el que sus pensamientos dan un giro.

Los dos álbumes avanzan con una ilustración en cada página, que mantienen la continuidad porque la figura del niño siempre tiene el mismo tamaño y se muestra siempre al mismo nivel, y terminan con una página desplegable bien pensada. Son álbumes amables que, más que a los sentimientos habituales de muchos niños, apelan más bien a la memoria y la nostalgia del adulto —en especial el primero y parcialmente el segundo—.

Bernadétte Gervais. Cuando era pequeño (Quand j’etais petit, 2007). Texto de Francesco Pittau. Barcelona: Picarona, 2016; 42 pp.; trad. de Joana Delgado; ISBN: 978-84-16117-97-0. [Vista del libro en amazon.es]
Bernadétte Gervais. Cuando sea mayor (Quand je serai grand, 2007). Texto de Francesco Pittau. Barcelona: Picarona, 2016; 42 pp.; trad. de Joanna Delgado; ISBN: 978-84-16117-98-7. [
Vista del libro en amazon.es]

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domingo, 7 de agosto de 2016

Entre mi plan de lecturas atrasadas que estoy intentando remediar este verano, un deseado libro de poesía —debido a las citas y referencias aparecidas en Rayos y Truenos como, por ejemplo, esta entrevista—, que al fin he conseguido leer era y es Puntos suspensivos, de Mario Quintana.

Es un acierto que, a modo de prólogo, el traductor y antólogo incluya una selección de aforismos de Quintana sobre la poesía y el oficio de escribir. Son excelentes en general y, en particular, muy ilustrativos, por un lado, de cómo entiende Quintana la poesía —«Envejecer sin experiencia —tal vez en eso consista uno de tantos secretos de la vida. Pero eso es, sin duda, el gran secreto de la poesía»—, y de qué clase de poemas desea escribir y escribe —«Tachar, tachar siempre, mi único procedimiento. Y cualquier día de estos publico una edición de mis obras con la siguiente indicación: “Nueva edición, corregida y disminuida”»—.

En cuanto a la selección de poemas, tomados de ocho libros del autor publicados entre 1940 y 1989, son muchos los que me gustan. Entre otros, de los que tomé nota, dos pequeñitos:

MOMENTO

El mundo es frágil
y lleno de temblores
como un acuario.

Sobre él diseño
este poema: imagen
de otras imágenes…

PRODIGIOS

En este mundo de prodigios
y de la magia de Dios lleno,
nada más sobrenatural existe
que los ateos.

Mario Quintana. Puntos suspensivos. Edición bilingüe. Sevilla: Los Papeles del Sitio, 2007; 156 pp.; trad. y edición de Enrique García-Máiquez; ISBN: 978-84-935892-0-2.

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sábado, 6 de agosto de 2016

He puesto datos de nuevas ediciones de El duelo, Jane Eyre y Villette.

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viernes, 5 de agosto de 2016

Una de las grandes novelas del Oeste: Valor de ley, de Charles Portis. Buena parte de su tirón está en el poderío y la gracia de la narradora: sentenciosa, directa, insolente y segura de sí misma y de sus ideas hasta extremos cómicos.

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jueves, 4 de agosto de 2016

Teatro, de Ricardo Henriques, es un diccionario de términos teatrales ilustrado por André Letria. En él, algunas veces con tono de broma, unas voces dan una información histórica básica —sobre autores, actores, obras—; otras la dan acerca de los distintos tipos de teatro que hay en unas y otras culturas; otras están relacionadas con el trabajo de directores, actores y técnicos; también las hay sobre costumbres y curiosidades propias del mundo de la escena; y no faltan consideraciones de otra clase, por ejemplo sobre la importancia y el interés del teatro.

Aunque algunas veces se hacen propuestas de actividades para niños o lectores jóvenes el libro es para todas las edades. Más aún: tiene muchos contenidos técnicos o históricos, bien explicados, y se hacen algunas propuestas, por ejemplo de ver o leer algo, que sólo apreciarán en su justa medida los ya conocedores de la cuestión o los verdaderamente interesados en seguir las sugerentes pistas que los autores dejan. Todo se presenta con dos tipos de recuadros: los que contienen las voces propias del diccionario y otros en los que se proponen cosas; estos últimos, con letra estrecha y alta de color amarillento, no son de lectura cómoda para cualquiera.

Algunos textos, tomados de voces no exclusivamente teatrales, pueden dar idea del tono y algunos contenidos del libro. Así:

Hombre. «Es el único animal que hace teatro. ¿Por qué? Porque necesita rituales y preservar la memoria, porque necesita distraerse y concentrarse, porque necesita fantasía y verdad, porque el escenario es la eterna metáfora de la vida. Porque necesita máscaras para ser él mismo»…

Máscara: «El origen de la palabra podría venir del castellano “más que la cara”, que es precisamente aquello que la máscara permite: tener más caras aparte de aquella con la que se nace. Máscara en latín quiere decir persona, lo que dio origen a la palabra personaje».

Momento: «Una película es siempre igual, el teatro es siempre irrepetible».

Memoria: «El teatro es como las nueces: bueno para la memoria. Gracias a él es posible recordar los hábitos, miedos, prejuicios, conquistas, derrotas, alegrías, dilemas, héroes y cobardes de otros tiempos. El teatro también es el arte de la memorización. A través de lecturas y ensayos sucesivos, los actores terminan sabiendo el texto de memoria, de cabo a rabo»

Suerte: «Esta palabra no se puede pronunciar. En el teatro hay espíritus maliciosos a la escucha, capaces de todo con tal de contrariar a la gente. Por lo tanto, desear buena suerte es mala idea, pero desear algo opuesto y desafortunado como “pártete una pierna” ya no es problema. Se cuenta que esta expresión, de origen inglés, puede estar relacionada con los tiempos de Shakespeare, cuando break a leg significaba doblar una pierna, algo que los actores hacían varias veces en los agradecimientos finales, si la obra les salía muy bien».

Ricardo Henriques. Teatro (2016). Barcelona: Ekaré, 2016; 76 pp.; ilustraciones de André Letria; ISBN: 978-84-944959-9-1. [Vista del libro en amazon.es]

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miércoles, 3 de agosto de 2016

El gran libro de los bichos, de Yuval Zommer, es un libro-álbum extenso, con mucha información dada con amenidad. Tiene 26 capítulos, como por ejemplo, los titulados Mariquitas, Polillas, Hormigas, Libélulas, Caracoles, Arañas, etc., y otros como Bichos en acción, Bichos hogareños, Bichos trabajando, Bichos en tu jardín, etc. Se proponen también acertijos visuales y hay una hoja con las respuestas al final. Las ilustraciones son ricas, alegres, y están muy pobladas. Las explicaciones son claras y el tono con el que se dan es animante, siempre a favor de los bichos (casi casi es como si te dijeran no sólo que, si alguna vez te molestan, por supuesto que lo hacen sin querer, sino que también tienes que estarles agradecido, e incluso sería de buena educación saludarlos...).

Yuval Zommer. El gran libro de los bichos (Big Book of Bugs, 2016). Experta en bichos: Barbara Taylor. Barcelona: Juventud, 2016; 64 pp.; trad. de Susana Tornero; ISBN: 978-84-261-4345-7. [Vista del libro en amazon.es]

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martes, 2 de agosto de 2016

En Mi mono y yo, de Emily Gravett, una niña —tal vez la misma protagonista en El gato de Matilda—, junto con su mono de peluche, van a ver, y juegan a imitar, a distintos animales: pingüinos, canguros, murciélagos, elefantes… y monos. Una doble página presenta primero a la niña y a su mono, y en la siguiente se ven a los otros animales. La secuencia de imágenes y las palabras que las acompañan tienen ritmo y sonoridad. El álbum desea propiciar la lectura en voz alta y, a través del lenguaje y del humor, un juego de aprendizaje compartido.No falta un final con sorpresa marca de la casa.

Emily Gravett. Mi mono y yo (Monkey and Me, 2008). Barcelona: Picarona, 2016; 28 pp.; trad. de Joana Delgado; ISBN: 978-84-16117-78-9. [Vista del álbum en amazon.es]

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lunes, 1 de agosto de 2016

Contrarios, Colores y Cuando sea mayor... son tres álbumes más de Patrick George con igual planteamiento, calidad y atractivo que otros tres ya citados.

En Contrarios se suceden opuestos como arriba y abajo, grande y pequeño, acierto y fallo, izquierda y derecha, que se revelan al pasar las hojas transparentes. Con el mismo recurso, en Colores se van produciendo cambios: oso marrón / rana verde; caramelo amarillo / pez verde; pájaro verde, conejo marrón; etc. Y, del mismo modo, en Cuando sea mayor… vemos distintas posibilidades: quiero ser... piloto, dependienta, superhéroe, artista, tenista, pirata, payasa, etc.

Patrick George. Contrarios (Opposites, 2011). Barcelona: Juventud, 2012; 48 pp.; col. Mis primeros conceptos; trad. de Teresa Farrán Vert; ISBN: 978-84-261-3885-9. [Vista del libro en amazon.es]
Patrick George. Colores (Colours, 2011). Barcelona: Juventud, 2013; 48 pp.; col. Mis libros de imágenes; trad. de Elodie Bourgeois; ISBN: 978-84-261-3993-1. [
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Patrick George. Cuando sea mayor... (When I Grow up…, 2013). Barcelona: Juventud, 2014; 48 pp; col. Mis primeros conceptos; trad. de Elodie Bourgeois; ISBN: 978-84-261-4103-3. [
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lunes, 1 de agosto de 2016

En bienvenidosalafiesta: notas de julio. Son muchas las notas de puesta al día de la página y hay unas pocas sobre libros recientemente leídos. Lo más destacado del mes son los cuatro libros sobre Cervantes que he comentado.

En el mes que viene, y también en septiembre, habrá más para la sección de Aventuras del Oeste, seguiré poniendo notas sobre libros antiguos, unos que son relecturas y otros que tenía en lista para leer hace tiempo. Con todo, sí habrá ya comentarios a novedades, sobre todo de álbumes.

Como anuncié, ni en Medium ni en Primer cuaderno y Segundo cuaderno he puesto nuevas notas este mes.  En agosto, en Medium seguiré igual, y preparando para el futuro, como dije, unas selecciones de libros por edades más completas que las ya publicadas. En los blogs algunas notas sí pondré los próximos días.

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