bienvenidos a la fiesta
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miércoles, 30 de julio de 2014

Pongo en la página un comentario a una serie muy popular hace años: El pequeño vampiro, de Angela Sommer-Bodenburg. No soy nada entusiasta de los relatos góticos, ni del humor basado en los elementos del género, pero este personajillo fue todo un éxito en su momento.

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martes, 29 de julio de 2014

Un álbum de hace tiempo que no había puesto aquí: La mierlita, de Isidro Ferrer y Antonio Rubio. Está bien comentado en esta reseña y en esta otra. En ellas se resume su argumento —un zorro que atemoriza a una mierlita, diminutivo de mirlo, que, asustada, le va entregando a sus pequeñas crías, hasta que un alcaraván entra en escena—. Se habla también de su origen como cuento popular y de sus rasgos de relato repetitivo pensado para ser recitado-representado. Yo quería sobre todo poner de manifiesto que sus ilustraciones de aire cubista, por su composición con collages y la representación plana de las figuras, son especialmente claras y están bien combinadas con el texto y con la progresión del relato. No está de más señalar que, como algunos cuentos populares de advertencia, puede resultar un tanto incómodo a ciertos lectores.

Isidro Ferrer. La mierlita (2002). Texto de Antonio Rubio. Pontevedra: Kalandraka, 2002; 36 pp.; col. Libros para soñar; ISBN: 84-8464-174-0. [Vista del libro en amazon.es]

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lunes, 28 de julio de 2014

Otro álbum antiguo, con un humor totalmente inglés: The elephant and the bad baby, con texto de Elfrida Vipont e ilustraciones de Raymond Briggs.

En él, un elefante ve a un niño malo al que le pregunta si quiere dar un paseo. El niño dice que sí y el elefante lo sube a su lomo. El elefante le va preguntando al niño si quiere un helado, un pastelito de carne, un bollo, etc. El niño va diciendo a todo que sí y el elefante va robando dos de cada cosa que le pide, uno para él y otro para el niño. Según avanza la historia el elefante y el niño van siendo perseguidos por el heladero, el carnicero, el panadero, etc. Hasta que, irritado, el elefante se para y riñe furiosamente al niño.

Excepto las ilustraciones del principio y del final, que ocupan la doble página, las demás se dividen en dos: en la izquierda vemos la escena del robo y en la derecha la de la persecución. Las palabras van encima de las ilustraciones y, en ocasiones, al menos en la vieja edición que yo conozco, no se ha buscado la forma de ponerlas sobre un fondo que permita su lectura cómoda. El texto, que cuando el elefante avanza repite la frase «rumpeta, rumpeta, rumpeta down the road», está pensado para resultar muy sonoro y para teatralizarlo al leerlo en voz alta. La irónica lección del final —muy apropiada para cualquier educación aristocrática y británica— no la entenderán bien, o no la entenderán igual, todos los lectores.

Raymond Briggs. The elephant and the bad baby (1969). Texto de Elfrida Vipont. London: Puffin Books, 1971; 32 pp.; SBN: 0-14-050048-0. [Vista del libro en amazon.es]

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domingo, 27 de julio de 2014

Robert Spaemann:
«En política vemos a menudo que se pide a los expertos en ética que den respuestas acerca de qué es lo recto, lo justo o lo falso. Siempre me encuentro incómodo en estas situaciones. Afortunadamente nadie me ha preguntado si quería formar parte de una comisión ética. Esto me habría puesto en un apuro, pues en ciertas cuestiones estoy del lado de Kant cuando escribe que para responder a las preguntas sobre el bien y el mal nada aporta una reflexión muy desarrollada ni una esmerada preparación. En realidad, hay personas muy sencillas que tienen una sensibilidad moral maravillosa, un tacto muy fino, mientras que también hay personas de gran formación que son unos egoístas sin escrúpulos y para quienes la razón, como dice Kant, sirve para llegar a ser auténticas “lumbreras en el arte de expoliar”».

Robert Spaemann. Sobre Dios y el mundo. Una autobiografía dialogada (Über Gott und die Welt. Eine Autobiographie in Gesprächen, 2012). Madrid: Palabra, 2014; 396 pp.; col. Biblioteca Palabra; trad. de José María Barrio Maestre y Ricardo Barrio Moreno; ISBN: 978-84-9061-034-3. [Vista del libro en amazon.es]

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sábado, 26 de julio de 2014

Para varios de mis amigos pintores, dice Ramón Gaya, «la pintura es un fin en sí misma, mientras que para mí no es más que un medio, un medio, claro está, que me tiraniza, que me ha tiranizado siempre, pero que nunca he podido considerar como un fin. Y no solo la pintura; el arte todo, con su grandeza indudable, jamás pudo parecerme sino un tránsito que lo reclamaba todo del artista, que lo exigía todo del artista, que actuaba en él como una fatalidad, que lo minaba, que se lo comía entero, pero que no era un fin. En ese mismo carácter implacable veía yo su transitoriedad. Porque nada es tan feroz como lo efímero, lo que vive de pasada; su terquedad y necesidad violentas pueden hacernos creer, por un instante, que se trata de algo central, de trascendencia última, de finalidad tope, pero los grandes y últimos fines, precisamente, no encierran ferocidad alguna, pasión alguna».

Ramón Gaya. El sentimiento de la pintura, en Obra completa. Valencia: Pre-Textos y Madrid: Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales, 2010; 986 pp.; edición al cuidado de Nigel Dennis e Isabel Verdejo; prólogo de Tomás Segovia; ISBN: 978-84-8191-969-1 (Pre-Textos) y 978-84-92827-73-2 (SECC). [Vista del libro en amazon.es]

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viernes, 25 de julio de 2014

El principio de la sabiduría es una novela de 1910, firmada por Henry Handel Richardson, seudónimo de la escritora australiana Ethel Florence Richardson (1870-1946). En ella se cuentan los años que Laura, una chica de origen modesto, pasa en un internado de Melbourne, entre los 12 y los 17 años, en medio de compañeras de clase más alta que la suya. Todo se centra en los problemas que Laura tiene: en el trato con su madre y hermanas, y en las relaciones con las demás internas: por su insatisfacción interior, por su tendencia natural a meter la pata, por los métodos educativos y por la rigidez de los comportamientos, el suyo y el de quienes la rodean.

Es un relato bien escrito e históricamente interesante por la forma inusual, para la época, en que se aborda el tema. Aunque no pretenda ser infantil, por su tono, lo cierto es que se mantiene dentro de los relatos semejantes del género pero, eso sí, sin la más mínima concesión al buen humor. Es difícil sobreponerse a la sensación que deja de que es una historia descompensada: todo es demasiado serio y tenso, la narradora y protagonista vive en un agobio continuo, sus profesoras son casi siempre duras y distantes, y, salvo al final, ni siquiera entre sus compañeras encuentra un poco de apoyo y descanso. En cualquier caso tiene valor si la leemos como una narración más entre las muchas que presentan un itinerario formativo.

Henry Handel Richardson. El principio de la sabiduría (The Getting of Wisdom, 1910). Barcelona: Alba, 2014; 332 pp.; col. Rara Avis; trad. de Elena Bernardo Gil; ISBN: 978-84-8428-962-3. [Vista del libro en amazon.es]

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jueves, 24 de julio de 2014

James Patterson, un conocido autor de best-sellers (de los que no he leído ninguno) publica desde hace tiempo libros infantiles. Leí, hace unos meses, uno de la serie Los peores años de mi vida, que no me atrajo mucho. He leído ahora Me parto, que sí me ha parecido un libro interesante: por su planteamiento y porque, aunque tenga muchas referencias a la cultura popular norteamericana, tiene buenos momentos de humor sin que falten otros de tristeza y dolor genuinos. No es una novela gráfica aunque tenga muchas ilustraciones —al comienzo de los capítulos, algunas que ocupan una o dos páginas, y muchas otras pequeñas— pues las imágenes, al margen de que añadan algún chiste, no aportan nada significativo.

El protagonista y narrador es Jamie Grimm, un chico que va en silla de ruedas, que vive con una familia de adopción desde que fallecieron sus padres en un accidente de tráfico, y que practica continuamente para llegar a ser humorista. Habla de las dificultades que tiene, muchas debidas a su minusvalía, y de cómo intenta llevarlas con buen humor. Tiene un tío que le comprende, y al que ayuda en su comercio —sus chistes atraen a los clientes—, dos buenos amigos en el colegio que le apoyan, y no falta un grandullón que le acosa, en clase y en su casa, pues es el hijo mayor del matrimonio que le adoptó. La narración se centra en que se Jamie se presenta, primero sin que se sepa, y luego ya con el apoyo de sus amigos, a unos concursos de jóvenes humoristas con eliminatorias sucesivas que terminan con una gran final en Nueva York. No falta la chica guapa que también se convierte en su aliada.

La narración incide mucho en que a Jamie le duele que no lo valoren por ser quien es y por lo que tiene que decir y, en cambio, lo juzguen con estándares más bajos y lo compadezcan por ir en silla de ruedas. Sin embargo, también hace notar que  «los neoyorquinos nos miran a mi silla de ruedas y a mí igual que miran al tipo de los ojos desencajados y la ropa harapienta que asegura que el mundo se acaba el martes que viene porque se lo ha dicho un duende que vive en su bolsillo. No nos hacen ni caso. Ni a él, ni a mí. Sí… en las aceras de la gran ciudad no abunda la compasión». También hay momentos en los que Jamie reflexiona sobre algunas formas de usar mal el humor, como la de reírse a costa de otros.

Todo el texto está lleno de frases o bromas de conocidos cómicos norteamericanos, como Billy Cristal, y de personajes del cine o de la televisión, como los Simpson. Jamie también se aventura con chistes de su propia creación, algunos malos, como él mismo reconoce, y otros con gracia. En su narración a veces deja caer observaciones agudas: «¿Alguna vez os habéis dado cuenta de que los relojes que hay en clase son los relojes más lentos del mundo? Es como si la directora tuviese escondida en su despacho una herramienta secreta capaz de deformar el continuo espaciotemporal y de convertir los días de clase en años de perro». O, por ejemplo, al pensar en un monólogo basado en lo políticamente correcto, dice: «en lugar de referirte a la comida que sirven en el comedor del instituto como “bazofia”, podrías llamarla “de digestión complicada”. Del mismo modo, yo no soy un paralítico ni un discapacitado; soy de “aptitudes diferentes”» y en mi instituto «ya no hay ningún gordo; todos son “horizontalmente anchos”». Más adelante seguirá señalando que «en mi instituto (…) ya no nos tiramos pedos, solo “expulsamos combustibles alternativos”. En la guardería, a los niños ya no les cuentan el cuento de Jack y las habichuelas mágicas, sino el de Jack y el peligro de las semillas de habichuelas modificadas genéticamente».

James Patterson y Chris Grabenstein. Me parto (I Funny, 2012). Barcelona: La Galera, 2014; 309 pp.; col. Novela Gráfica; ilust. de Laura Park; trad. de Diego de los Santos; ISBN: 978-84-246-5168-8. [Vista del libro en amazon.es]

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miércoles, 23 de julio de 2014

El verano que desaparecieron los Trogloditas, de Raquel Míguez, es un libro infantil bien escrito que se lee con agrado. Su protagonista es Diego, un chico gordete y algo acomplejado, que se va de vacaciones a un pueblo del que sólo se nos dice que tiene «olor a eucalipto», a casa de sus tíos. Sorprendentemente no encuentra ni a su primo Pablo ni a sus amigos de otros veranos, los trogloditas, pero, más sorprendentemente aún, ninguna familia parece preocupada por eso.

Uno de los méritos del relato es su comienzo intrigante, que propicia un cambio de narrador —al principio es en tercera persona pero desde dentro de Diego, y luego hay tramos del diario de su primo en el que se cuentan las cosas que han ocurrido en los últimos meses—, y provoca un giro de los acentos cotidianos del principio a los propios de una historia de magia —de las que hablan de una bruja novata que aquí se llama, nada menos, Dora Maar—. Como en otros libros infantiles, este salto de lo real a lo fantasioso causará problemas de credibilidad a algunos lectores, pero los atrapados por el enigma no lo tendrán en cuenta. También, como mandan las convenciones del género, Diego tiene una misión que cumplir y eso le hace superar sus miedos y madurar.

Raquel Míguez. El verano que desaparecieron los Trogloditas (2014). Alzira: Algar, 2014; 133 pp.; col. Calcetín rojo; ilust. de Bartomeu Seguí; ISBN: 978-84-9845-628-8. [Vista del libro en amazon.es]

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martes, 22 de julio de 2014

Ramón, de Jesús Cisneros, refleja el itinerario habitual de domingo de un tal Ramón, un hombre alto y delgado con un paraguas abierto, que, de camino al parque, va encontrando a un pájaro, a otro tipo con sombrero, a la chica de la bicicleta, a un señor que cuenta hojas… Es uno de los muchos álbumes cuya estructura es la de un simple paseo y de los que reflejan o suscitan, de modo poético y nostálgico, algunas emociones propias de adulto, al modo de un relato corto chejoviano. A fin de cuentas, en él no sucede nada memorable pero, también por eso, hace pensar al lector en su propia vida o en la vida de quienes pasan a su lado. Las sugerentes ilustraciones —normalmente a doble página salvo cuando hay una ilustración en una página y otra pequeña en la página en blanco de al lado—, son narrativamente claras y presentan bien un clima de color y serenidad otoñales.

Jesús Cisneros. Ramón (2009). Barcelona: Libros del Zorro Rojo, 2009; 24 pp.; ISBN: 978-84-92412-26-6. [Vista del libro en amazon.es]

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lunes, 21 de julio de 2014

Otro popularísimo álbum inglés para prelectores, que saca partido a una popular canción infantil que también es un juego de las madres con los bebés, es Ten little fingers and ten little toes, con texto de Mem Fox e ilustraciones de Helen Oxenbury. Sé que hay una versión bilingüe, pero no la conozco y no sé si en castellano funciona tan bien para la lectura en voz alta.

El comienzo dice: «There was one little baby / who was born far away. / And another who was born / on the very next day. / And both of these babies, / as everyone knows, / had ten little fingers / and ten little toes». El mismo motivo se repite, con ligeras variaciones, cada doble página y en cada una se van mostrando niños encantadores de distintas razas junto con sus madres.

Helen Oxenbury. Ten little fingers and ten little toes (2008). Texto de Mem Fox. London: Walker Books, 2008; 44 pp.; ISBN: 978-1-4063-1592-9. La edición bilingüe, Diez deditos de las manos y Diez deditos de los pies, está en Houghton Mifflin, 2012; 38 pp. en cartoné; ISBN-13: 978-0547870069. [Vista de esta última edición en amazon.es]
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domingo, 20 de julio de 2014

Robert Spaemann: «El contexto público en el que hoy se habla de los valores es profundamente relativista. Se habla de “nuestros valores”. Cuando los políticos occidentales viajan a China se sienten en el deber de hacer algo en materia de Derechos Humanos y de proclamar “nuestros valores”, a lo que sus interlocutores chinos responden, con toda razón: “Vosotros mismos decís que se trata de vuestros valores, que tenéis en alta estima. Nosotros poseemos nuestros propios valores, distintos de los vuestros. Entonces, ¿qué queréis de nosotros?”

Justificar los Derechos Humanos con los valores es, por otro lado, algo harto peligroso. “Derecho” es un concepto bastante claro. Pero, ¿los valores? Desde luego, con frecuencia se habla de los valores cristianos: la Iglesia debería anunciar los “valores cristianos”. Pues bien, no existen valores “cristianos”. Jesús abrió los ojos de los hombres a los “valores” que ya existían antes de que Él apareciera. También la verdad del teorema de Pitágoras es anterior a que Pitágoras la formulara».

Robert Spaemann. Sobre Dios y el mundo. Una autobiografía dialogada (Über Gott und die Welt. Eine Autobiographie in Gesprächen, 2012). Madrid: Palabra, 2014; 396 pp.; col. Biblioteca Palabra; trad. de José María Barrio Maestre y Ricardo Barrio Moreno; ISBN: 978-84-9061-034-3. [Vista del libro en amazon.es]

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sábado, 19 de julio de 2014

Ramón Gaya: «La poesía no es una de las artes. La poesía está en todas las artes. La poesía es algo que está en el hombre, un sentimiento que está en todos. Puede haber un hombre que trabaje la tierra y tenga un sentimiento poético trabajándola. Ahora eso se va perdiendo por la imbecilidad de la civilización actual. Se le está arrancando al hombre no el amor a la tierra sino el amor de la tierra, e incluso el sentimiento de la tierra. Había en ello un sentimiento poético. Cuando está atardeciendo y el campesino sale después de haber sudado, después de haber sufrido, cuando sale, digo, a la puerta de su casa y ve cómo está la parra, cómo atardece —se ven las nubes y da un poco de airecillo—, bueno, pues eso es un sentimiento poético. Y él sale a la puerta de su casa para recibirlo, para sentirlo…»

Ramón Gaya. De viva voz. Entrevistas (1977-1998) (2007). Valencia: Pre-Textos, 2007; 402 pp.; selección y presentación de Nigel Dennis; ISBN: 978-84-8191-787-1. [Vista del libro en amazon.es]

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viernes, 18 de julio de 2014

Bennett Cerf (1898-1971) entró en el negocio editorial en 1925 y fundó Random House en 1927, empresa de la que fue propietario y presidente hasta poco tiempo antes de fallecer. Había empezado a preparar sus memorias pero falleció repentinamente por lo que fueron su esposa y su principal editor, Albert Erskine, quienes prepararon este libro, Llamémosla Random House, a partir de sus notas y de las entrevistas que había concedido. La historia de sus peripecias profesionales se cuenta cronológicamente aunque algunos capítulos se dedican a determinadas cuestiones —compras o absorciones de otras editoriales, ideas de negocio que salieron especialmente bien, etc. — o a sus relaciones con autores más importantes o con los que llegó a tratar más íntimamente —como William Faulkner o James Michener, escritores que, dice Cerf, confían en el editor y por tanto el editor se vuelca con ellos—.

El libro está repleto de anécdotas pues Cerf era una persona bromista y extrovertida, con muchas relaciones con el mundo del espectáculo —era juez habitual de la elección de Miss América, fue un gran amigo de Frank Sinatra, participaba de modo habitual en un show televisivo…—. Habla de por qué publicó, o por qué no lo hizo, algunos libros controvertidos, igual que cuenta sucedidos con otros editores y muchos escritores, casi siempre con acentos amables y positivos. Son reveladoras —también por lo atrás que se han quedado…— algunas opiniones que tenía sobre su negocio al final de su andadura profesional, como la de que «la gente no lee ficción como antes, tal vez porque la vida misma es muy emocionante. La ficción hoy no puede competir con la primera plana de un periódico». Pero lo más interesante, sin duda, está en cómo su historia deja constancia de la evolución y el crecimiento de la industria editorial en las décadas centrales del siglo XX.

Por ejemplo (y en relación a mis intereses particulares), Cerf cuenta que descubrió la literatura infantil cuando tuvo dos hijos y se propuso contarles cuentos y darles libros, y gracias también a su esposa Phillis, que fue quien impulsó una nueva colección, que también constituyó como una empresa independiente al principio, llamada Begginer Books. Esta colección, un éxito arrollador, comenzó con El gato garabato, del Dr. Seuss, autor que había publicado ya varios libros en la editorial pero que, con este, consiguió uno de los relatos más vendidos de la historia.

Más adelante comenzaron otras colecciones, por edades, y fue uno de los hijos de Cerf quien le sugirió que los libros de las colecciones debían ir numerados porque, así, aquellos lectores a los que les había gustado ese libro sabían que podían encontrar más del mismo tipo. O, por ejemplo, dos ideas que fueron una gran lotería, en palabras del mismo Cerf, fueron los All About Books, los libros que hablaban de «todo sobre el tiempo», «todo sobre las estrellas», etc., muy impulsados por el consumo cada vez mayor de la televisión entre los niños; o los Landmark Books, que pensó cuando quiso comprarle a su hijo de siete años, en 1948, libros sobre historia de los EE.UU. y vio que no había ninguno apropiado en las librerías, por lo que puso en marcha una colección compuesta por libros que trataban, cada uno, un episodio importante de la historia de los EE.UU.

Bennett Cerf. Llamémosla Random House. Memorias de Bennett Cerf (At Random. The Reminiscences of Bennett Cerf, 1977). Madrid: Trama, 2013; 270 pp.; col. Tipos móviles; trad. de Íñigo García Ureta; ISBN: 978-84-92755-90-5. [Vista del libro en amazon.es]

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jueves, 17 de julio de 2014

Hay un tipo de libros de relatos que, normalmente, se publican en colecciones infantiles y se publicitan a través de los cauces de la LIJ pero que, aunque pueden gustar a muchos chicos y chicas, lo cierto es que se dirigen a un público no sólo bastante lector sino más bien adulto. Pondré hoy un ejemplo de hace tiempo.

Los relatos de John Gardner reunidos en Dragón, dragón y otros cuentos (Dragón, dragón, El sastre y el gigante; La mula del molinero; El último pedazo de luz), y El rey de los colibríes y otros cuentos (El rey de los colibríes; El deseo de la bruja; El peral; El gnomo y los dragones), son cuentos de hadas con ambientes y personajes típicos pero con un tono bromista, que incluye guiños picarescos y giros argumentales, dirigidos a lectores expertos. Son también relatos graciosos y compuestos con un dominio más que notable del género.

Así, véanse algunos sensacionales comienzos:
—De Dragón, dragón: «Había una vez un rey, y en su reino había un dragón que daba muchísimo la lata».
—De El sastre y el gigante: «Había una vez un reino en el que todo marchaba perfectamente, excepto una cosa: que el primer lunes de cada mes venía un gigante y se comía todo lo que pillaba».
—De El rey de los colibríes: «Había una vez un joven que era más tonto que la mayoría, pero tenía una gran virtud: siempre veía las cosas desde el punto de vista de la otra persona».
—De El gnomo y los dragones: «Érase una vez, en un extraño país, un pequeño gnomo increíblemente feo, que era un gran experto en transformar a su antojo los objetos de su alrededor, no sabemos si por aburrimiento o por motivos más nobles».

Para mí, el mejor de todos es El deseo de la bruja. Comienza del siguiente modo: «Había una vez, en cierto país, una vieja bruja, malvada y repulsiva, cuyo mayor placer en esta vida consistía en quemar sinagogas e iglesias». Pero, eso sí, sigue diciendo el narrador, no quería quemar la iglesia con gente dentro —«nunca se le hubiera pasado por la imaginación una cosa así, porque, bruja o no, había en ella una cierta bondad innata»—, así que, un día, se sentó a esperar, escuchó el sermón, «y mira tú por dónde, antes de habérselo pensado dos veces, se había convertido».

Pero el que sean excelentes cuentos no significa que se puedan encontrar fácilmente... Sólo en bibliotecas y en el mercado de segunda mano.

John Gardner. Dragón, dragón y otros cuentos (Dragon, Dragon and Other Tales, 1975). Madrid: Alfaguara, 1987, 8ª ed.; 104 pp.; col. ; ilust. de Gloria García; trad. de María Luisa Balseiro; ISBN: 84-204-3103-6
John Gardner. El rey de los colibríes y otros cuentos (The King of the Hummingbirds, 1977). Madrid: Alfaguara, 1984, 2ª ed.; 81 pp.; ilust. de Isabel Arechabala; trad. de Marta Sansigre; ISBN: 84-204-3140-0.


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miércoles, 16 de julio de 2014

Un libro infantil colombiano... escrito por una holandesa-antillana: Pulga, ayudante de camionero, de Siny R. van Iterson. Como siempre, a unos el que sea un libro de hace décadas les desanimará y dirán que nada tiene que ver con el mundo actual, pero a otros, sin embargo, les estimulará y sabrán verlo como una ventanita más para comprender a otras gentes y otros ambientes. En cualquier caso, es un buena historia, optimista y dura, que merece ser conocida.

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martes, 15 de julio de 2014

¡Hola! ¡Hola!, de Matthew Cordell, es otro ejemplo de cómo un buen álbum puede salir de una idea simple pero bien transformada en una narración con imágenes. La niña protagonista intenta charlar con su padre, su madre y su hermanito, pero cada uno está totalmente absorbido por su móvil, su ordenador o su tableta y no responden ni bien ni mal a su amistoso «¡hola!» Así que sale afuera y, después de ir saludando a plantas y animales y al mundo, vuelve a su casa y actúa decididamente.

Relato con un núcleo argumental mínimo que refleja lo que vemos alrededor e incluso protagonizamos muchos de vez en cuando. Pero todo está bien contado, con unos dibujos sencillos y expresivos que siguen una secuencia clara: presentación en cuatro dobles páginas, incluidas las guardas, antes de la portadilla; luego la historia con un momento central, una doble página completa en la que un caballo responde al saludo de la niña llamándola por su nombre: ¡Hola, Lidia!, justo lo que ni sus padres y hermano hicieron; y, a partir de ahí, la enérgica Lidia en acción. Al final se indica la forma en que se han hecho las ilustraciones: pluma y tinta china, lápices de colores, ordenador, impresora de inyección de tinta, acuarela sobre papel…

Matthew Cordel. ¡Hola! ¡Hola! (Hello! Hello!, 2012). Barcelona: Juventud, 2014; 52 pp.; trad. de Teresa Farran i Vert; ISBN: 978-84-261-4025-8. [Vista del libro en amazon.es]

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lunes, 14 de julio de 2014

Janet y Allan Ahlberg publicaron su album Each peach pear plum unos años antes de El cartero simpático y en él emplearon, de un modo más sencillo, el mismo recurso de crear un libro que remite a los cuentos clásicos. En este caso usaron un texto rimado que se basa en el juego «I spy», equivalente al «veo veo», que comienza así:

«Each Peach Pear Plum, I spy Tom Thumb
Tom Thumb in the cupboard, I spy Mother Hubbard,
Mother Hubbard on the stairs, I spy the three bears».

Cada frase va en la página izquierda, con una imagen de alguna fruta o un personajillo encima, y se corresponde con una ilustración recuadrada en la página derecha en la cual el lector ha de descubrir a quien se menciona. La idea es tan buena y tan sencilla como eficaz, y la realización gráfica es excelente. No es extraño que sea uno de esos álbumes que siempre figura entre los preferidos en el mundo de habla inglesa.

Janet and Allan Ahlberg. Each peach pear plum (1979). Londres: Puffin Books, 1989; 32 pp.; ISBN: 0-14-050919-4. [Vista del libro en amazon.es]

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lunes, 14 de julio de 2014

He puesto una nueva revista en Flipboard señalando 36 álbumes ilustrados no publicados en España que a cualquier entusiasta del género le gustaría conocer o tener. Lo hago por si algún editor se anima, y porque algunos, si tienen edición en rústica, son verdaderamente baratos. Tal vez más adelante prepare otra pues en esta no he incluido algunos que vi que no estaban disponibles en amazon.

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domingo, 13 de julio de 2014

Robert Spaemann:
«Siempre es discutible pretender deducir propuestas normativas a partir de datos estadísticos. (…) Kant dijo una vez: “Es plebeyo apelar a la experiencia en cuestiones de moral”. En todas las culturas más desarrolladas hay una clara discrepancia entre la conducta de la mayoría y la que la gente aprueba. Cuando el abismo desaparece, entonces eso quiere decir, o bien que todos los hombres son santos, o, por el contrario, que se han venido abajo las costumbres. Esto último es lo peor, cuando el comportamiento de la mayoría se tiene como norma».

Robert Spaemann. Sobre Dios y el mundo. Una autobiografía dialogada (Über Gott und die Welt. Eine Autobiographie in Gesprächen, 2012). Madrid: Palabra, 2014; 396 pp.; col. Biblioteca Palabra; trad. de José María Barrio Maestre y Ricardo Barrio Moreno; ISBN: 978-84-9061-034-3. [Vista del libro en amazon.es]

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sábado, 12 de julio de 2014

Ramón Gaya: «El arte, si no es más que arte, me interesa poco. El arte me parece un medio, algo de donde tomar unas armas, unas herramientas, pero nada más. A mí lo que me interesa es la creación. No el arte, en eso soy muy insistente». (…). (El poema o el cuadro) no es más que un lugar en el que detrás, por encima o como transparencia debe estar eso otro que es lo que uno busca. Eso otro que uno busca creo que es una criatura real, no un reflejo, no una imagen de la realidad, sino una criatura real, pero hecha en colaboración con la realidad. Por eso yo hablo siempre de carnalidad, porque ha de tener esa carne que tiene la realidad. Yo veo que la obra de arte pura no tiene carne. Creo que hasta puede tener espíritu pero no tiene carne».

Ramón Gaya. De viva voz. Entrevistas (1977-1998) (2007). Valencia: Pre-Textos, 2007; 402 pp.; selección y presentación de Nigel Dennis; ISBN: 978-84-8191-787-1.
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viernes, 11 de julio de 2014

Tiempo atrás hablé de El libro de la señorita Buncle. Su continuación, El matrimonio de la señorita Buncle, tiene menos encanto pero se lee con igual agrado. Esta vez, la heroína y su marido y editor, Arthur Abbot, se trasladan a vivir al pueblo de Wandlebury, donde hacen nuevos amigos. El argumento tiene también un núcleo sobre la creación literaria: Barbara Buncle, ahora señora Abbott, ha dejado de escribir pero un día le entra una especie de fiebre por hacerlo de nuevo. Además, no faltan ni una pequeña intriga ni una subtrama sentimental, que tienen que ver con la herencia de una enferma millonaria: Sam, un sobrino huérfano de Arthur que trabaja con él, en su editorial, acaba enamorado de Jerry Cobbe, la posible heredera, una chica que cuida caballos y da clases de equitación.

El centro de la novela es otra vez Barbara Buncle pero, en esta ocasión, observada por su marido que, se nos dice, comenzaba a conocer a su mujer «ahora, después de ocho meses de convivencia diaria. Lo más extraño de ella, pensaba, lo más extraño de esa extraña mujer, que ahora era la suya (…) era que, a pesar de no entender prácticamente nada, lo entendía todo». Y toda la narración se va en el uso que hace la heroína de su extraordinaria capacidad «para llegar al fondo de las personas», para ver «a la gente como si fuera transparente, como en una radiografía», sin darse siquiera cuenta de lo que hace. Lo anterior también quiere decir que abundan los personajes de todo tipo, tratados siempre con amabilidad, y que, a su vez, la señora Abbott también va descubriendo, o siendo más consciente, de la singularidad de todas y cada una de las personas que trata para concluir que «la gente es rarísima (…). Supongo que no hay nadie normal en el mundo, en ninguna parte».

D. E Stevenson. El matrimonio de la señorita Buncle (Miss Buncle Married, 1936). Barcelona: Alba, 2013; 431 pp.; col. Rara avis; trad. de Concha Cardeñoso Sáenz de Miera; ISBN: 978-84-8428-857-2. [Vista del libro en amazon.es]

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jueves, 10 de julio de 2014

He puesto datos de nuevas ediciones de El perseguidor, El pony colorado, Viajes de Gulliver.
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miércoles, 9 de julio de 2014

Sigo poniendo en la página libros españoles que todavía no estaban. Hoy le toca el turno a la versión de La Cenicienta que se tituló Los zapatos de Murano y que firmó Miguel Fernández Pacheco.
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martes, 8 de julio de 2014

Un excelente álbum: Este conejo pertenece a Emily Brown, con texto de Cressida Cowell e ilustraciones de Neal Layton. Emily Brown es una niña con un gran afecto a su viejo conejo gris, Stanley. A lo largo del relato vemos a varios enviados de la reina Gloriana Tercera que hacen ofertas cada vez mejores a Emiliy para que le venda a su conejito. Emily siempre contesta señalando, primero, que no se llama Conejito sino que se llama Stanley, y, segundo, que no está en venta. Su irritación ante la insistencia e inoportunidad de los enviados va en aumento.

Relato divertido. Emily es un personaje conseguido: independiente, activa, educada, directa, enérgica. El hecho de que a Emily y a Stanley siempre los sorprendan a punto de comenzar, o en medio de, una gran aventura, cada vez diferente, atrae al lector y le hace notar la riqueza del mundo imaginativo del niño absorbido por sus juegos. Al modo de otros relatos, la historia plantea bien cómo en el afecto hacia los juguetes no importa ni la calidad ni la edad y, al final, Emily se lo explica muy clarito a Gloriana Tercera. Las ilustraciones están compuestas con dibujos esbozados, acuarelas, collages y fotografías. Tienen un aire desmañado —en esto se diferencian de los álbumes de Mo Willems sobre Trixie y Knuffle Bunny— pero son eficaces y transmiten bien las emociones de la historia.

Neal Layton. Este conejo pertenece a Emily Brown (This Rabbitt Belongs to Emily Brown, 2006). Texto de Cressida Cowell. Barcelona: Beascoa, 2007; 32 pp.; trad. de Atona S.L.; ISBN: 978-84-488-2627-7
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lunes, 7 de julio de 2014

Un álbum español, de hace ya unos años, singular por su confección con pinturas sobre madera y con ilustraciones que son fotografías de maquetas, es: La memoria de los árboles, de Kiko Da Silva y Xosé Antonio Neira.
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domingo, 6 de julio de 2014

Robert Spaemann: «Jean Paul preguntaba en una ocasión: “¿Debería educarse a los niños para su época o más bien contra ella?”, para después responder: Siempre hay que prepararles frente a su tiempo, pues el tiempo es tan poderoso que él mismo ya se cuida de que todos vayan en su dirección». Es decir, que si se desea educar a un joven para que sea libre, «entonces hay que educarle contra el tiempo y sus prejuicios».

Robert Spaemann. Sobre Dios y el mundo. Una autobiografía dialogada (Über Gott und die Welt. Eine Autobiographie in Gesprächen, 2012). Madrid: Palabra, 2014; 396 pp.; col. Biblioteca Palabra; trad. de José María Barrio Maestre y Ricardo Barrio Moreno; ISBN: 978-84-9061-034-3. [Vista del libro en amazon.es]

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sábado, 5 de julio de 2014

Ramón Gaya: «Siempre ha habido “camelancias”, y que esas camelancias se las trague la sociedad no me disgusta. Me parece bien, es sano. No me imagino qué va a pasar cuando ya no haya más remedio que confesar que todo este arte [moderno] está vacío, y que no es nada. Y como castigo a todo esto me parece estupendo que un Rothko alcance cotizaciones millonarias. Lo encuentro precioso. Es un castigo que se merece la sociedad por ignorante, por boba y por “esnob”. La gente cree que este cambio no se va a producir porque a veces las cosas duran mucho, pero sí se va a producir. Piense en figuras como Poussin, la valoración que alcanzó en su época, y hoy se sostiene si acaso porque los franceses son muy hábiles para sostener hasta sus errores. Ya le digo, la sociedad se porta mal, y está bien que sea castigada de vez en cuando».

Ramón Gaya. De viva voz. Entrevistas (1977-1998) (2007). Valencia: Pre-Textos, 2007; 402 pp.; selección y presentación de Nigel Dennis; ISBN: 978-84-8191-787-1.

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viernes, 4 de julio de 2014

A las notas que pongo anualmente los días 1, 2 y 3 de enero y 1, 2 y 3 de julio, señalando los libros que me han parecido mejores de los leídos durante los últimos seis meses, añado esta vez un comentario para decir qué libros, por alguna razón, me han parecido más que sobresalientes.

De los álbumes para prelectores destaco Sin título, por su inteligente concepción; ¡Voy a comedte!, por ser un relato magnífico para contar, para compartir, y para ver; y ¡Buenas noches, búho!, modélico en su sencillez, de texto, de imágenes, de ritmo narrativo, de riqueza de contenido.

Para primeros lectores no tengo dudas de que Hilo sin fin ha sido el mejor; la trayectoria de Jon Klassen como autor de álbumes es de las que te hace temer que tenga un bajón en el próximo que publique… Ha sido para mí un gran descubrimiento Las Aventuras de Oso y Plumas, unos minirelatos antiguos que se han publicado ahora en España, y que están al nivel de los mejores de Arnold Lobel.

Otro álbum extraordinario para lectores observadores y sutiles es El libro rojo, acerca de la gran capacidad de unir que tiene la lectura. Sencillo de concepto, pero escrito con acierto y dibujado como sólo un gran maestro es capaz de hacerlo, es La filarmónica se viste. Una historia cortita de las que hacen pensar, que ha sido transformada en un gran álbum-cómic, es Lección de pesca.

Un libro de hace sesenta años traducido hace poco que, con amplitud, se puede llamar juvenil, es Una espada al atardecer: sin duda en esta elección influye mucho mi predilección por toda la obra de Rosemary Sutcliff. Del mismo modo, mi querencia por Thomas Wolfe me ha llevado a recomendar estos meses su librito corto Especulación.

Mi gran lectura del año ha sido El jilguero, también por razones personales que detallé más en este texto: me sorprenden algunas reseñas que se han hecho a esa novela pues, a pesar de ser valiosas, sólo muy tangencialmente tratan del fondo de la historia. Un novela que también me ha deslumbrado, por otras razones, ha sido Un hombre al margen.

Entre los libros de historia y de memorias leídos en los últimos meses pondría en mi particular primera división a Tucídides. Historia y razónÚltimas voluntades. Memorias de un historiador.

A todos ellos añadiría —como consecuencia de la redacción y publicación de La discreción del bien, La esperanza del rescate, y El secreto de la belleza, que también recomiendo como guías útiles…— las nuevas ediciones de Los hermanos Karamazov, de Alba, y la de El señor de las moscas, de Libros del Zorro Rojo; y, para quien no lo haya leído todavía, el asombroso El Sunset Limited.

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jueves, 3 de julio de 2014

De las novelas publicadas recientemente y citadas en la página, las que me han gustado de los últimos meses son:

   Canadá. Richard Ford.
   Especulación. Thomas Wolfe.
   Dos gardenias para ti y otros relatos. Adolfo Torrecilla.
   Una verdad delicada. John Le Carré.
   El jilguero. Donna Tartt.
   Mi vida querida. Alice Munro.
   Un hombre al margen. Alexandre Postel.
   Sapphira y la joven esclava. Willa Cather.

Libros de historia:

   Cicerón. Pierre Grimal.
   Virgilio o el segundo nacimiento de Roma. Pierre Grimal.
   La reina Blanca de Castilla. Regine Pernoud.
   Sócrates: un hombre de nuestro tiempo. Paul Johnson.
   Tucídides. Historia y razón. Jacqueline de Romilly.
   Los conquistadores: una breve introducción. Matthew Restall y Felipe Fernández-Armesto.
   Pío XII y la Segunda Guerra Mundial. Pierre Blet.

Libros de memorias:

   Los flamboyanes de Thika: memorias de una infancia africana. Elspeth Huxley.
   Últimas voluntades. Memorias de un historiador. John Lukacs.
   Pero ¿qué será de este muchacho? Heinrich Böll.
   W o el recuerdo de la infancia. Georges Perec.
   Informe del interior. Paul Auster.

Otros libros de no-ficción:

   Oh, la l'art! El Roto.
   Focus: Desarrollar la atención para alcanzar la excelencia. Daniel Goleman.
   ¿Qué estás mirando?: 150 años de arte moderno... Will Gompertz.
   La cultura en el mundo de la modernidad líquida. Zygmunt Bauman.
   El sacrificio. René Girard.
   La vida ondulante. Ramón Eder.

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miércoles, 2 de julio de 2014

Álbumes o novelas gráficas para lectores jóvenes que más me han gustado en los últimos meses:

   Lección de pesca. Émile Bravo y Heinrich Böll.
   ALFabeto. Puño.
   Romance. Blexbolex.
   Madre solo hay una y aquí están todas. Raquel Díaz Reguera.

Libros infantiles:

   Los chicos del ferrocarril. Edit Nesbit.
   Mimi. John Newman.
   El hombre que abrazaba a los árboles. Ignacio Sanz.
   El único y verdadero Rey del Bosque. Iban Barrenetxea.
   Prohibido leer a Lewis Carroll. Diego Arboleda y Raúl Sagospe.
   El libro del destino. Shannon Hale.

Libros juveniles:

   Una espada al atardecer. Rosemary Sutcliff.
   Cómo empezó mi vida prestada. Jenny Valentine.
   El cementerio de barcos. Paolo Bacigalupi.
   Antares. Francisco Díaz Valladares.
   Zoom. Andrea Ferrari.
   Un monstruo viene a verme. Patrick Ness.
   El héroe de WondLa. Tony DiTerlizzi.
 
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martes, 1 de julio de 2014

Los mejores álbumes para prelectores leídos en los últimos meses:

   Sin título. Hervé Tullet.
   ¡Voy a comedte!. Laure du Faÿ y Jean-Marc Derouen.
   ¡Buenas noches, búho! Pat Hutchins.
   El rebaño. Guridi y Margarita del Mazo.
   Los muñecos de papel. Rebeca Cobb y Julia Donaldson.
   Los sueños de la jirafa. Xan López Domínguez.
   El cambalache. Andrew Joyner y Jan Ormerod.
   Gato Rojo, Gato Azul. Jenni Desmond.
   Roc escribe una historia.Tad Hills.
   La gallinita roja. Byron Barton.

Para primeros lectores:

   Hilo sin fin. Jon Klassen y Mac Barnett.
   Melric, el mago que perdió su magia. David McKee.
   Allegro. Juan Ramón Alonso y Alfredo Gómez Cerdá.
   Topito y los pantalones. Zdeněk Miler.
   La primavera de las 999 hermanas ranas. Yasunari Murakami y Ken Kimura.
   ¡No! Marta Altés.
   Soy pequeñito. Emilio Urberuaga y Juan Arjona.
   Las Aventuras de Oso y Plumas. Ursula Dubosarsky y Ron Brooks.
   Cómic Cubik. Paco Mir.

Y para lectores más mayores:

   Seis hombres. David McKee.
   El libro rojo. Barbara Lehman.
   La filarmónica se viste. Marc Simont y Karla Kuskin.
   El hombre niebla. Tomi Ungerer.
   Hilda y el trol y Hilda y el gigante de medianoche. Luke Pearson.

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