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Notas de julio de 2015 :: bienvenidosalafiesta ::    
bienvenidos a la fiesta
Archivo por temas:
viernes, 31 de julio de 2015

Abro voces en el diccionario a Louis Auchincloss y Marilynne Robinson.

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jueves, 30 de julio de 2015

Abro voz en el diccionario a Tarquin Hall y a Alexander McCall Smith.

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miércoles, 29 de julio de 2015

Abro voz en el diccionario a Raquel Díaz Reguera y a Mónica Gutiérrez Serna.

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martes, 28 de julio de 2015

Abro voces en el diccionario a María Pascual y a Miguel Angel Diez.

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lunes, 27 de julio de 2015

Abro voces en el diccionario a Jeannete Winter y a Susan Winter.

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domingo, 26 de julio de 2015

He puesto datos de nuevas ediciones de Somos las tres mellizas, Los incursores y Los incursores en el campo.

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sábado, 25 de julio de 2015

Las nuevas mil y una noches fue el primer libro de ficción publicado por Stevenson. En él reunió varios relatos cortos que habían salido en revistas entre 1877 y 1880. La primera parte está formada por El Club de los Suicidas (The Suicide Club, 1878) y El diamante del rajá (The Rajah´s Diamond, 1878) que, a su vez, contienen varios incidentes protagonizados por el príncipe Florizel que van enlazados como si todos procedieran de un único autor árabe. No se puede decir que Florizel sea un primer Sherlock Holmes pero, aparte de que lo preceda, si hay un cierto parecido entre la ciudad de Londres en la que se mueve Florizel y el Londres de Holmes.

El Club de los Suicidas contiene «Historia del joven de los pasteles de crema» (Story of the Young Man with the Cream Tarts), «Historia del médico y el baúl» (Story of the Physician and the Saratoga Trunk) y «La aventura de los cabriolés» (The Adventure of the Hansom Cab). En la primera historia, en Londres, el príncipe Florizel y su ayudante el coronel Geraldine se infiltran en una sociedad secreta formada por gente deseosa de suicidarse y dirigida por un siniestro personaje. La segunda se desarrolla en París y allí, de nuevo Florizel tropieza con el Presidente del Club de los Suicidas, responsable de un rocambolesco plan en el que fallece un joven. En la tercera, de nuevo en Londres, todo se dirige a un duelo final entre Florizel y el Presidente del Club.

El diamante del rajá contiene «Historia de la caja de sombreros» (Story of the Bandbox), «Historia del joven sacerdote» (Story of the Young Man in Holy Orders), «Historia de la casa de las persianas (Story of the House with the Green Blinds) y «La aventura del príncipe Florizel con un detective» (The Adventure of Prince Florizel and a Detective). Son como cuatro capítulos que siguen los cambios de dueño de un famoso diamante y, en el último, muy breve, el príncipe Florizel resume su periplo: primero se hizo con él un oficial que servía en la India, luego cayó en manos de un joven clérigo que también sucumbió a su «satánico hechizo», luego se hace con él un hermano de aquel oficial, y, por último, acaba en manos del príncipe...

Hay semejanzas estructurales entre estas historias y las de algunos detectives chestertonianos. De hecho, esta es una obra que Chesterton admiraba profundamente. Llegó a decir que, con esta colección de narraciones, Stevenson «creó una forma de arte. Inventó un género que no existe fuera de su obra. Puede parecer una paradoja decir que su obra más original fue una parodia. Pero ciertamente la idea de Las nuevas mil y una noches es tan única en el mundo como las antiguas Mil y una noches; y no debe su auténtica ingeniosidad al modelo que imita; Stevenson tejió aquí una singular especie de textura, o fabricó una especie singular de atmósfera, que no se parece a nada más; un medio en el que muchas cosas incoherentes pueden hallar una cómica coherencia. Es, en parte, como la atmósfera de un sueño, durante el cual son muchas las cosas que no causan la menor sorpresa. Es, en parte, la verdadera atmósfera de Londres por la noche; es, en parte, la irreal atmósfera de Bagdad. La figura solemne y plácida del príncipe Florizel de Bohemia, aquel misterioso soberano semireinante, es tratada con una especie de vasta y vaga reserva diplomática, que es como el confuso sueño de un viejo cortesano cosmopolita. El príncipe mismo parece tener palacios en todos los países, y no obstante, el malicioso lector sospecha vagamente que el hombre, en realidad, no es más que un pomposo vendedor de tabaco que Stevenson descubrió en Ruper Street y eligió como héroe de una farsa. Esta doble mentalidad, parecida a la del verdadero soñador, es sugerida con extraordinaria habilidad sin cargar con un solo interrogante la inimitable ligereza de la narración. (...) Florizel constituye, no solamente un carácter nuevo sino una nueva especie de carácter. El se halla en una nueva relación con la realidad y la irrealidad; es una especie de sólida imposibilidad. Desde entonces, muchos autores han escrito parecidas fantasías sobre las luces de Londres (…) pero pocos de ellos han dado realmente estos irónicos semitonos o han hecho tan completamente de una misma cosa una combinación cockney y un cuento de hadas árabe. (…) Tenemos en el momento actual un considerable culto de lo fantástico, con el resultado de que lo fantástico se ha convertido en algo estereotipado» y los seres de fantasía como muñecos, «pero el príncipe Florizel no es un muñeco. Es una presencia; una persona que parece llenar la estancia y, no obstante, estar hecha de la materia de que están hechos los sueños; no sencillamente una cosa hecha de serrín». No diré, sigue Chesterton, que sea esta «la más grande de las obras de Stevenson, aunque habría mucho que decir en este sentido. Pero diré que es probablemente la más única; no había nada parecido antes de ella y creo que no ha habido nada igual después».

Robert Louis Stevenson. Las nuevas mil y una noches (New Arabian Nights, 1882), en Cuentos completos, Barcelona: Mondadori, 2009; 955 pp.; trad. de Miguel Temprano García; ilust. de Alexander Jansson; ISBN: 978-84-397-2212-0. [Vista del libro en amazon.es]
Otra edición, sólo con Las nuevas mil y una noches, en Barcelona: Alba, 2001; 284 pp.; col. Alba clásica maior; trad. de Luis Loayza y Susana Badiola; ISBN: 84-8428-067-5. [Vista del libro en amazon.es]


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viernes, 24 de julio de 2015

Abro voces en el diccionario a Abel Hernández y Wallace Stegner.

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jueves, 23 de julio de 2015

Abro voces en el diccionario a Ignacio Sanz y a Carlos Reviejo.

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miércoles, 22 de julio de 2015

Abro voces en el diccionario a Belén Gopegui y Rodrigo Muñoz Avia.

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martes, 21 de julio de 2015

Abro voces en el diccionario a Javier Zabala y Gustavo Roldán.

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lunes, 20 de julio de 2015

Abro voces en el diccionario a Marjane Satrapi y a Kazuno Kohara.

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domingo, 19 de julio de 2015
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sábado, 18 de julio de 2015

Afirman los biógrafos de Stevenson que hay un momento en su vida en el que decide volver a las novelas juveniles que a él le hicieron disfrutar tanto cuando era niño. En una carta escrita desde los Estados Unidos, en 1880, dice que, cuando pasamos por momentos críticos —y aquellos años habían estado para él llenos de dificultades— lo que deseamos son historias con incidentes, interés y acción, como las de Dumas o de Walter Scott. Esa carta tiene un poco el tono de un manifiesto que, sin él saberlo, anuncia sus obras inmediatas —La isla del tesoro, La flecha negra, Jardín de versos para niños, Secuestrado, etc.—, que serán las más populares de su producción y, en muchos sentidos, las mejores. Tiene también los rasgos de una fuerte declaración de principios, o de rechazo de algunas tendencias filosóficas y artísticas que veía en su entorno: en tono amable pero contundente le dice a su interlocutor que se vaya «al diablo con su filosofía».

Por eso dice Chesterton que las principales obras de aventuras de Stevenson podemos verlas como unas novelas de aventuras protagonizadas por un muchacho cuyo nombre no es ni Hawkins ni Balfour, sino Stevenson; o, dicho de otro modo, que su verdadera vida privada se había de buscar no en Escocia o en Samoa sino en La isla del tesoro: porque donde está el tesoro está también el corazón.

Con esa idea de fondo decía que La isla del tesoro, si no fue una novela histórica, sí fue un acontecimiento histórico: fue una rebelión del autor contra el escepticismo pesimista que iba extendiéndose como una marea en los ambientes artísticos y cultos. Fue como si Stevenson se hubiera detenido a pensar y hubiera decidido encogerse de hombros, como con una especie de impaciente cordura, y así mostrar su escepticismo acerca del escepticismo. Fue como si se le despertase el buen sentido de ver que no hay nada que hacer con la Nada, por lo que dejó de mirar hacia delante o hacia fuera, como a cosas más grandes, y en cambio decidió mirar hacia atrás y hacia adentro, a un mundo de cosas más pequeñas y a la felicidad de su infancia, al mundo que le había fascinado de Skelt, unos populares teatrillos de juguete.

En los ambientes en los que se movía Stevenson, volver a revivir viejas aventuras de combate contra piratas malvados fue algo raro y arriesgado: «desde el punto de vista del arte de aquellos días, aquella bandera tenía demasiado de emblema moral». Pero la infancia que había vivido era la idea más aproximada que tenía del Paraíso: «no había santuarios en la fe o en la ciudad de sus padres; no había medios de consagración o de confesión; no había imaginería, salvo en las imágenes sin rostro que habían dejado los iconoclastas», pero en aquellos años de niñez Stevenson había sido muy feliz y, como no había conocido nada mejor, decidió volver con toda sinceridad y sin complejos a ese tipo de relatos. Al hacerlo así, «Stevenson estaba describiendo el reino del cielo y llamándolo Skelt», justo al mismo tiempo que «Zola estaba describiendo todos los reinos del infierno y llamándolos la vida real».

Chesterton se cuidó de advertir que todas estas explicaciones suyas de las obras de Stevenson, y en particular de La Isla del tesoro, estaban hechas con un espíritu de simplificación y de símbolo, y que, desde luego, no pretendía decir que su autor las había escrito con la explícita intención de atacar la filosofía de su tiempo. Pero que, fuera lo que fuera, Stevenson dio testimonio, con una voz que parecía una trompeta, de los profundos deseos que todos los hombres tenemos de recuperar las mejores emociones de la infancia y de vivir conforme a ellas.

G. K. Chesterton. Robert Louis Stevenson (1927), en Obras completas, tomo IV. Barcelona: Plaza & Janés, 1962; col. Los clásicos del siglo XX; trad. de P. Romera. Nueva edición en Valencia: Pre-Textos, y Madrid: Fundación Once, 2001; 148 pp.; col. Letras diferentes; trad. de Aquilino Duque; ISBN: 84-8191-397-9. Edición en la red, en inglés.

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viernes, 17 de julio de 2015

Abro voces en el diccionario a Arturo Pérez-Reverte y a Joseph Roth.

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jueves, 16 de julio de 2015

Abro voces en el diccionario a Jacqueline Kelly y Sharon Creech.

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miércoles, 15 de julio de 2015

Abro voces en el diccionario a David Fernández Sifres y a Verónica Uribe.

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martes, 14 de julio de 2015

Abro voces en el diccionario a Iban Barrenetxea y a Puño.

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lunes, 13 de julio de 2015

Abro en el diccionario voces a Lucía Serrano y Marta Altés.

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domingo, 12 de julio de 2015

He puesto datos de nuevas ediciones de Campos verdes, campos grises, El pequeño Lord, Los novios.

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sábado, 11 de julio de 2015

Tiempo atrás comenté la biografía de Stevenson escrita por Chesterton. Vuelvo ahora, en dos notas, a las penetrantes observaciones que figuran en ella y que ponen como un marco explicativo al interés y el atractivo que tiene la obra de Stevenson. Allí decía cómo, tal vez pensando en sus propias experiencias personales, Chesterton explica el modo de ser de Stevenson a partir, primero, del hecho psicológico, comprobado por muchos testimonios, «de que el niño experimenta goces que resplandecen como joyas en el recuerdo»; y, después, como consecuencia de la necesidad que sentía de huir del asfixiante cinismo de muchos hombres y artistas de su tiempo pues se veía como «un preso mientras se le conducía encadenado de la cárcel del puritanismo a la cárcel del pesimismo».

Stevenson, como vio que «ni su nación ni su religión ni su irreligión» le servían, decidió volver «al jardín de la infancia que había conocido un tiempo y que era la idea más aproximada que tenía del Paraíso». Como «un hombre obsesionado por una canción, que anda siempre buscando las notas de una olvidada melodía», y que se da cuenta de sólo los niños la oyen bien, la única respuesta que supo dar a la pregunta «¿puede un hombre ser feliz?» fue la de que «sí, antes de que llegue a ser hombre». Así pues, Stevenson «tuvo la espléndida y resonante sinceridad de dar testimonio, con una voz que parecía una trompeta, de una verdad que no comprendía»: señaló poéticamente que lo que los hombres buscan, en realidad, «es siempre lo mismo: este niño perdido que son ellos mismos, perdido en los profundos jardines al anochecer».

Desde ahí Chesterton concluye que la lección de la vida de Stevenson —que al fin y al cabo es un volver a recordar que la felicidad del cielo sólo la logran quienes se hacen como niños—, «sólo se verá cuando el tiempo haya revelado el pleno sentido de nuestras tendencias actuales; creo que será vista de lejos como un vasto plano o laberinto trazado sobre la ladera de una montaña; trazado, tal vez, por uno que ni siquiera veía el plano mientras trazaba los caminos». Y, efectivamente, esa moraleja que sigue vigente, que «se relaciona con el futuro de la cultura europea y con la esperanza que ha de guiar a nuestros hijos», es la necesidad de volver a la infancia para rehacer los caminos mal andados y reaprender a gozar con una visión romántica y aventurera de la vida. El talento poético de Stevenson está en habernos hecho comprender qué grandes eran aquellas emociones que sentimos cuando éramos niños y qué necesarias siguen siendo cuando hemos crecido.

G. K. Chesterton. Robert Louis Stevenson (1927), en Obras completas, tomo IV. Barcelona: Plaza & Janés, 1962; col. Los clásicos del siglo XX; trad. de P. Romera. Nueva edición en Valencia: Pre-Textos, y Madrid: Fundación Once, 2001; 148 pp.; col. Letras diferentes; trad. de Aquilino Duque; ISBN: 84-8191-397-9. Edición en la red, en inglés.

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viernes, 10 de julio de 2015

Abro en el diccionario voces a Natsume Soseki y a Irmgard Keun.

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jueves, 9 de julio de 2015

Abro en el diccionario entradas a  Marissa Meyer y Jenny Valentine.

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miércoles, 8 de julio de 2015

Abro en el diccionario entradas a Norman Messenger y Einar Turkowski.

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martes, 7 de julio de 2015

Abro en el diccionario entradas a Svjetlan Junaković y Kitty Crowther.

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lunes, 6 de julio de 2015

Abro en el diccionario entradas a Marc Boutavant y Tad Hills.

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domingo, 5 de julio de 2015

He puesto datos de nuevas ediciones de Querido Zoo, Tragasueños, y, en la ficha de Helen OXENBURY, de Los libros del chiquitín.

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sábado, 4 de julio de 2015

Si tuviera que elegir alguno de los álbumes para prelectores elegiría El niño nuevo, tal vez por lo mucho que me gustan los álbumes de Lauren Child. Entre los álbumes para primeros lectores me han parecido especialmente divertidos No he hecho los deberes porque… , Mi tío Harjir  y Las zanahorias maléficas.

En un tercer grupo, para lectores más mayores, tal vez ¿Sales a jugar? y Sam y Leo cavan un hoyo serían mis apuestas. Desde luego, merecen atención particular y todas las recomendaciones del mundo las ediciones en castellano de dos álbumes históricamente importantes: Al otro lado y Juana de Arco.

De los libros infantiles el que destacaría por encima de los demás es uno de hace algún tiempo: Rudi, el cerdito de carreras. Otro más, Un lío de perros. Entre los libros juveniles tiene una intensidad emocional fuera de lo común El libro de Yotán, y es inteligentemente original No es invisible.

Las dos mejores novelas leídas en los últimos meses, con diferencia, han sido Lila y Las luminarias, dos grandes libros para el verano. Entre mis lecturas de historia no defraudan ni la reciente Historia mínima del siglo XX, ni un libro de hace años que yo he leído hace poco: Alexis de Tocqueville 1805-1859.

A los muy interesados en la historia y la teoría de los álbumes ilustrados les pueden ser útiles UNA BREVE HISTORIA y UNA POSIBLE DEFINICIÓN, dos textos que tienen su origen en las clases que, durante varios años, he dado en el Máster en Álbum Infantil Ilustrado

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viernes, 3 de julio de 2015

De las novelas publicadas recientemente y citadas en la página, las que me han gustado de los últimos meses son:

   Lila. Marylinne Robinson.
   Las luminarias. Eleanor Catton.
   Una mujer de recursos. Elizabeth Forsythe.
   Matemos al tío. Rohan O’Grady.
   Sidra con Rosie. Laurie Lee.
   Abram y su gente. José Jiménez Lozano.
   La señora Mike. Nancy y Benedict Freedman.
   La señorita Mackenzie. Anthony Trollope.
   Las nieves azules. Piotr Bednarski.
   La herencia. John Grisham.

Libros de historia:

   Historia mínima del siglo XX. John Lukacs.
   Historia breve del mundo reciente. José Luis Comellas.
   Historia del mundo en el siglo XX. Onésimo Díaz.
   C. S. Lewis y la Iglesia católica. Joseph Pearce.
   Alexis de Tocqueville 1805-1859. André Jardin.

Otros libros de no-ficción:

   Historia mínima de la mitología. Carlos García Gual.
   Open. André Agassi.
   Los Libros en The New Yorker.

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jueves, 2 de julio de 2015

Álbumes o novelas gráficas para lectores jóvenes que más me han gustado en los últimos meses:

   El libro de la suerte. Ana Isabel González Lartitegui y Sergio Lairla.
   Agujero. Øyvind Torseter.
   Ojalá pudiera formular un deseo. Jimmy Liao.
   Te quiero casi siempre. Anna Llenas.
   Mundo Cruel. Ellen Duthrie y Daniela Martagón.
   Al otro lado. Maurice Sendak.

Álbumes informativos

   Juana de Arco. Maurice Boutet de Monvel.
   El piloto y el Principito. La vida de Antoine de Saint-Exupéry. Peter Sís.
   El viaje de Shackleton. William Grill.
   Cosmicómic. El descubrimiento del Big Bang. Rossano Piccioni y Amedeo Balbi.
   El profesor Astro Cat y las fronteras del espacio. Ben Newman y Dominic Walliman.
   La carrera espacial. Tom Clohosy Cole.
   Altos vuelos. Golden Cosmos.

Lbros infantiles:

   Las maletas encantadas. Joan Manuel Gisbert.
   Nana y yo, Nana y yo de vacaciones. Jenny Valentine.
   Un lío de perros. Margaret Mahy.
   El dragón de papá. Ruth Stiles Gannett
   Lucía Manchitas. La escalera. Annie M. G. Schmidt.
   La señorita Susi. Miriam Young y Arnold Lobel.
   Rudi, el cerdito de carreras. Uwe Timm.
   Brujarella. Iban Barrenetxea.

Libros juveniles:

   El libro de Yotán. Arthur Powers
   Erik Vogler. Beatriz Osés
   Emily la de Luna Nueva. L.M. Montgomery
   El jefe de la manada. Inés Garland
   El desván de Tesla. Neal Shusterman y Eric Elfman
   Destino real, espíritu rebelde y Un mundo maravillástico. Shannon Hale.
   No es invisible. Marcus Sedgwick.
   A cuadros. Frank Cottrel Boyce.
   El chico de las manos azules. Eliacer Cansino.
   Lo que cuentan las estatuas del mundo. Montse Ganges.
   Los amigos. Kazumi Yumoto.

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miércoles, 1 de julio de 2015

Los mejores álbumes para prelectores leídos en los últimos meses:

    La granja de dinosaurios. Frann Preston-Gannon.
    Osito y un rayo de sol. Benjamin Chaud.
    Pequeño oso y los seis ratones blancos. Chris Wormell.
    Mamá, no puedo dormir. Manuela Olten y Brigitte Raab.
    El niño nuevo. Lauren Child.
    Besos para papá. David Legge y Frances Watts.
    La biblioteca nocturna, Jack Escarcha, El pequeño Mago. Kazuno Kohara.

Para primeros lectores:

   El monstruo de los monstruos. Patrick McDonnnell.
   No he hecho los deberes porque… Benjamin Chaud y Davide Cali.
   ¿No hay nadie enfadado? Toon Tellegen y Marc Boutavant.
   Luna y la habitación azul. Christine Davenier y Magdalena Guirao.
   Mi tío Harjir. Fermín Solís.
   ¡Cómetelo todo! Mariona Cabasa y Mar Benegas.
   Carlota no dice ni pío. Emilio Urberuaga y José Carlos Andrés.
   Mi rinoceronte también come crepes. Sara Ogilvie y Anna Kemp.
   Rabo de lagartija. Alejandro Galindo y Marisa López Soria.
   Las zanahorias maléficas. Peter Brown y Aaron Reynolds.
   La oscuridad. Jon Klassen y Lemony Snicket.

Y para lectores más mayores:

   Dadá. Albertine y Germano Zullo.
   Issun Bôshi. El niño que no era más alto que un pulgar. Icinori.
   El señor Tigre se vuelve salvaje. Peter Brown
   Sam y Leo cavan un hoyo. Jon Klassen y Mac Barnett.
   ¿Sales a jugar? María Pascual.
   Lindbergh. La increíble aventura de un ratón volador. Torben Kuhlmann
   Un elefante rosa. Lucía Serrano.
   La princesa Rana. Alexandr Afánasiev y Sally Cutting.

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