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Notas de diciembre de 2006 :: bienvenidosalafiesta ::    
bienvenidos a la fiesta
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domingo, 31 de diciembre de 2006

Un amigo mío dice que no confía en el espejo retrovisor del coche y que por eso siempre gira el cuello. Algo parecido me ocurre a mí con las estadísticas de esta página web, más de quinientas visitas diarias durante las últimas semanas, lo que pasa que no tengo a dónde volver la cabeza para comprobarlo. No sería cierto decir que, después de casi dos años, estos resultados desbordan cualquier previsión, pues no hice ninguna. Tampoco sé cómo se podría medir si esa cifra es alta o baja, ni tengo claro qué interés puede tener eso. Sí sé que mis amigos han aumentado y que he aprendido mucho y, al fin, eso sí es importante.

Feliz 2007.

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sábado, 30 de diciembre de 2006

Hace pocas semanas leí El nacionalismo: una ideología, de Alfredo Cruz Prados. Me parecieron luminosas las comparaciones entre los distintos nacionalismos y del nacionalismo con otras ideologías, y me interesó el análisis de que un planteamiento nacionalista de la historia significa «pensar que la verdad sobre el pasado constituye el fundamento de la validez y la legitimidad de las decisiones políticas presentes». También estoy de acuerdo con que «la ideología tiende a reducir mentalmente la complejidad de la realidad social y a proponer para los problemas de ésta una solución comprehensiva, universal y definitiva».

Alfredo Cruz Prados. El nacionalismo: una ideología (2005). Madrid: Tecnos, 2005; 192 pp.; col. Biblioteca de historia y pensamiento político; ISBN: 84-309-4279-3.

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viernes, 29 de diciembre de 2006

El norteamericano Wallace Stevens (1879-1955) está considerado uno de los poetas más relevantes del siglo XX. Recibió un reconocimiento crítico tardío, también porque comenzó a publicar tarde, pero hoy es considerado un clásico por muchos lectores. En su momento leí con interés una selección de sus poemas y de sus famosos aforismos entre los que cuales hay muchos ciertamente inteligentes: «Lo real es sólo la base. Pero es la base»; «El fallo esencial del surrealismo es que inventa sin descubrir»; «Un tema grandioso no es garantía de un efecto grandioso sino, más probablemente, de lo contrario», por ejemplo. Por otra parte, comprobar que una persona brillante no se libra de sostener opiniones que, a simple vista, a mí me parecen más bien patéticas, también es ilustrativo: «Cuando se ha dejado de creer en un dios, la poesía es la esencia que ocupa su lugar en la redención de la vida»; «A la larga, la verdad no importa», entre otras.

Wallace Stevens. De la simple existencia: antología poética. Barcelona: Galaxia Gutenberg: Círculo de lectores, 2003; 269 pp.; selección, traducción y prólogo de Andrés Sánchez Robayna; ISBN: 84-8109-443-9.

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jueves, 28 de diciembre de 2006

En el origen de relatos de lucha por la libertad como los mencionados, semanas atrás, Los cuarenta días del Musa Dagh de Franz Werfel y los de Yaşar Kemal, se puede colocar la narración de Iván Vazov de la rebelión búlgara del siglo XIX titulada Bajo el yugo, novela que no está en el mercado ahora mismo.

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miércoles, 27 de diciembre de 2006

Una de las mejores novelas juveniles de aventuras que conozco (que conocí el año pasado, cuando se publicó en castellano) es Carta al Rey, de Tonke Dragt. Lo mejor que se puede decir de su continuación, que acaba de ser publicada recientemente, Los secretos del Bosque salvaje, es que no baja el nivel. No tiene la fuerza de una primera novela que descubre personajes, ni el tirón del hilo argumental clásico del largo viaje para cumplir una misión, pero engancha igual y tiene todo el atractivo de unos protagonistas bien perfilados y una trama tensa.

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martes, 26 de diciembre de 2006

Las inversiones irónicas tan comunes en los cuentos para niños las comenta del siguiente modo Wayne Booth: «Sobre todo en un momento en que puede ganarse el reconocimiento de la crítica gracias al descubrimiento de nuevas lecturas que a nadie más se le habrían ocurrido, la tentación de recurrir a inversiones resulta difícil de resistir para algunos críticos. Cualquier afirmación puede cambiarse por su opuesta y así hacerla más “interesante”. Cualquier obra puede revisarse y hacer que los tres cerditos se transformen en malvados y el lobo en un héroe trágico». Además, «vez captado el truco, uno puede improvisar indefinidamente inversiones que podrán parecer ingeniosas a unos pocos pero que no significan nada para la inmensa mayoría. En cierto sentido están permitidas… al fin y al cabo, a nadie se le ocurre promulgar leyes contra la improvisación». Y, se puede añadir, todos conocemos esa clase de adultos que intentan dárselas de graciosos con los niños.

Wayne C. Booth. Retórica de la ironía.

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Jesucristo en su Majestad
(1410-1415). Andrei Rublev.
lunes, 25 de diciembre de 2006

Un día como hoy es el mejor para indicar que ningún libro de los que he leído sobre Jesucristo me ha gustado tanto como El Señor, de Romano Guardini. Todo él es clarificador pero, a quien se dedique a los libros infantiles, le recomendaría leer el capítulo titulado «Si no os hacéis como niños». A partir de una escena narrada en el capítulo 18 de san Mateo, Guardini dice que, aunque las palabras de Jesucristo sobre los niños se han puesto siempre, con razón, como criterio del ser cristiano, también pueden ser y han sido mal comprendidas. Y dedica su explicación a clarificar esto: «¿Qué es, entonces, lo que quiere decir Jesús cuando da tal importancia al niño?». Pero mejor que cada uno lo busque, si le interesa, porque me resulta difícil resumir o simplificar o cortar-y-pegar sin traicionar una explicación tan bien articulada.

Romano Guardini. El Señor. Meditaciones sobre la persona y la vida de Jesucristo (Der Herr, 1937). Madrid: Cristiandad, 2005, 2ª ed.; 706 pp.; trad. de Dionisio Mínguez; ISBN: 84-7057-506-6.

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domingo, 24 de diciembre de 2006

No sé dónde, Elie Wiesel cuenta una historia rabínica en la que «Jehel, un joven muchacho, entró llorando precipitadamente en casa de su abuelo, el famoso Rabí Baruch. Gruesas lágrimas rodaban por sus mejillas, mientras se lamentaba: mi amigo me ha abandonado, ha sido injusto y poco amable conmigo. Vamos, vamos, ¿no puedes explicármelo más despacio?, le preguntó el maestro. Sí, respondió el pequeño. Hemos jugado al escondite. Y yo me he escondido tan bien que mi amigo no ha podido encontrarme. Así pues, ha dejado de buscarme y se ha ido. ¿No ha sido antipático? El más bello escondite ha perdido su belleza porque mi amigo ha interrumpido el juego. En ese momento el maestro le acarició las mejillas, al tiempo que los ojos se le inundaban de lágrimas. A continuación dijo: sí, eso es muy poco cortés. Pero, ¿sabes?, lo mismo ocurre con Dios. Él se ha ocultado y nosotros no lo buscamos. Imagínate lo que esto significa: Dios se ha ocultado y nosotros no lo buscamos ni siquiera una vez. En esta pequeña historia se puede descubrir de modo manifiesto el sentido de la Navidad. Dios se oculta (…). Espera al hombre».

Feliz Navidad.

Joseph Ratzinger. Cooperadores de la verdad – Reflexiones para cada día del año (Mitarbeiter der Wahrheit – Gedanken für jeden Tag, 1990). Madrid: Rialp, 1991; 499 pp.; presentación, notas y trad. de José Luis del Barco; ISBN: 84-321-2744-2.

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sábado, 23 de diciembre de 2006

Andréi Tarkovski:
«En no pocas ocasiones, cuando estoy en algún coloquio con el público, advierto cierta incredulidad si declaro que no hay símbolos en mis filmes. La gente insiste una y otra vez en preguntarme qué significa, por ejemplo, la lluvia en mis películas, por qué aparece en todas ellas, lo mismo que el aire o el fuego. Yo contesto que para mí lo importante es crear un mundo concreto hecho con imágenes concretas, no con símbolos. Nada hay casual en las imágenes que construyo, desde luego; pero esto no significa de modo alguno que los detalles particulares de la película tengan que significar algo en concreto».

José Jiménez Lozano: «A mí me cuesta ver símbolos en la naturaleza, más allá de los símbolos que son universales, como la mañana, la noche serena u oscura, la tempestad, el sol y la luna o las estrellas como candiles, según dice la Biblia, el mar como una lámina de plata, o una sonrisa innumerable, como en Homero, etc.»

Rafael Llano. Andréi Tarkovski: vida y obra, volumen I.
José Jiménez Lozano. En el prólogo a la recopilación de relatos de Flannery O´Connor, Un encuentro tardío con el enemigo.

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viernes, 22 de diciembre de 2006

Es mejor no profundizar en qué indica del mundo editorial español que, hasta este año, no se haya publicado Vinieron como golondrinas, uno de los pocos relatos firmados por William Maxwell, editor de autores como John Cheever y J. D. Salinger, y redactor jefe en The New Yorker durante 40 años. Un relato extraordinario.

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jueves, 21 de diciembre de 2006

Una extraordinaria novela sobre guerra  es El rojo emblema del valor, de Stephen Crane. Ahora se acaba de publicar en español Heridas bajo la lluvia, once relatos cortos del autor ambientados en la guerra entre Estados Unidos y España en Cuba. También en ellos brilla la prosa exacta de Crane, su capacidad para las descripciones medidas, su sentido del humor irónico. Y, junto con esas cualidades, una novedad: por primera vez los periodistas estaban presentes en una guerra y, cuando Crane cuenta cómo era su trabajo entonces, sentimos que no hay mucha diferencia entre ayer y hoy. Por ejemplo, así comienza El ataque solitario de William B. Perkins: «No podía distinguir entre un cañón rápido de cinco pulgadas y un picador de hielo plateado, y por eso, naturalmente, fue elegido para cubrir el puesto de corresponsal de guerra. El responsable era el editor del Minnesota Herald». Y en Esta majestuosa mentira se comenta: «Los periódicos deberían haber enviado dramaturgos a la primera etapa de la guerra. Los dramaturgos pueden permitirse bajar el telón de vez en cuando para decirle al público: “Atención ahora, se supone que han transcurrido ya tres o cuatro meses”. Pero los pobres diablos de Key West estaban obligados a mantener el telón levantado todo el tiempo. “esto no es una sesión continua”. “Sí, sí que lo es; tiene que ser una sesión continua. El bienestar del periódico así lo exige. La gente quiere noticias”. Muy bien: acción continua».

Stephen Crane. Heridas bajo la lluvia (Wounds in the Rain, 1900). Madrid: Rey Lear, 2006; 248 pp.; trad. de Juan Aparicio-Belmonte y María Ermitas Barrasa; ISBN: 84-935245-0-6.

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miércoles, 20 de diciembre de 2006

Bromista brillante como Pratchett es Walter Moers. Su nuevo libro, La ciudad de los libros soñadores, es mejor que Las trece vidas y media de Osoazul. Es más breve (siendo largo), tiene más punta (aunque las digresiones son muchas), y su sarcasmo va en una dirección que conocemos bien quienes nos movemos entre libros.

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martes, 19 de diciembre de 2006

Un reciente libro de poesía infantil que tiene gracia y frescura es La vieja Iguazú, de Darabuc. No es frecuente un libro así, que esté armado como una historia formada por minirrelatos encadenados, y menos aún que tenga un desenlace que podría sonar triste para el lector niño, como el fallecimiento de la principal protagonista, pero que resulta natural y apropiado. Las ilustraciones de Ana Cuevas van bien con los poemas y tienen el aire de las historietas de hace unas décadas. Dicho esto, conviene añadir que el impacto y la recepción de textos como este, que juega con los sonidos y propicia los gestos, y que con frecuencia se apoya mucho en referencias que ya poseen los destinatarios, pueden cambiar por completo según quién sea el mediador que los hace llegar a los niños.

Darabuc. La vieja Iguazú (2006). Cuenca: Ediciones de la Universidad de Castilla-La Mancha, 2006; 40 pp.; ilust. de Ana Cuevas; ISBN: 84-8427-375-X.

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lunes, 18 de diciembre de 2006

Un nuevo y brillante álbum ilustrado por Rébecca Dautremer: Nasrudín. Esta vez, la ilustradora francesa pone imágenes ricas pero medidas, a una nueva versión de un relato superclásico sobre las habladurías.

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domingo, 17 de diciembre de 2006

Wayne Booth: «¿Cómo podemos reconocer una obra buena? ¿Cómo lo hacemos saber a los demás? Cada crítico tiene que plantearse estas cuestiones de una manera o de otra, pero la verdad es que hay demasiadas posibilidades entre las que elegir. Para determinar si una obra hace bien algo, que vale la pena o es algo bueno, el crítico sólo puede atender a cuatro o cinco aspectos generales. Podemos admirar una obra porque su reconstrucción es excepcionalmente buena (crítica objetiva o formal); porque en ella se refleja el propio autor o su situación (expresiva); o porque nos produce un efecto muy fuerte (retórica); o porque contiene o transmite una doctrina verdadera o deseable (didáctica o ideológica); o porque es la cima o la ilustración de una tradición o el comienzo de una corriente (histórica).

Como todas las obras son todas estas cosas —una construcción, una expresión, una acción sobre su auditorio, la encarnación de unas creencias, y un momento de la historia—, un crítico que se interese principalmente por uno de estos aspectos siempre encontrará que es posible emitir un juicio. Y no hay ninguna razón para suponer por adelantado que los juicios emanados de cada uno de estos intereses coincidirá o discrepará con los procedentes de los otros. Aunque, por ejemplo, sea muy común que una obra que todos consideran “bien construida” produzca un poderoso impacto en los lectores o exprese los sueños más recónditos de su autor, también es frecuente que las obras históricamente más importantes o las de más auténtica poesía o las de mayor impacto presenten fallos serios desde el punto de vista del crítico que se interesa por la expresión o la forma. Lo interesante es que hay que esperar valoraciones distintas, y cada una de ellas perfectamente válida según su propio punto de vista, cuando las preguntas que tratan de contestar los críticos son radicalmente distintas».

Wayne C. Booth. Retórica de la ironía.

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sábado, 16 de diciembre de 2006

Nueva edición de algunos relatos de Flannery O’Connor que cuenta con el valor añadido de un prólogo-coloquio con José Jiménez Lozano acerca de la obra de la escritora norteamericana. Una de las muchas interesantes observaciones es esta: Flannery O’Connor «da el perfil policiaco del escritor que no se debe leer. Cuenta historias, no es moderna, por lo tanto; y además es católica, y se permitió declarar que era desde su fe desde donde narraba, y esto, en el mundo intelectual, un poco por todas partes, pero en España desde luego, es como llevar una estrella amarilla».

Flannery O´Connor. Un encuentro tardío con el enemigo. Madrid: Encuentro, 2006; 340 pp.; col. Literatura; trad. y notas de Gretchen Dobrott; prólogo-coloquio de Guadalupe Arbona con José Jiménez Lozano; ISBN: 84-7490-782-9.

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viernes, 15 de diciembre de 2006

En las dos partes de Suite francesa, de la escritora ruso-francesa Irène Némirovsky, se entretejen historias de distintos personajes que, primero, viven los momentos caóticos y tensos de los días previos a la invasión alemana de París en 1940, y, luego, se acomodan a la situación que se crea en los primeros meses de la ocupación, un tramo del relato que me ha recordado El silencio del mar, de Vercors. Todo parece indicar que, si la autora hubiera podido terminar la novela como era su propósito, estaríamos hablando de una obra excepcional. En cualquier caso merece la pena ser conocida, igual que las peripecias de la escritora y de su manuscrito que se cuentan en el prólogo y en los apéndices del libro.

Irène Némirovsky. Suite francesa (Suite française, 2004). Barcelona: Salamandra, 2005; 433 pp.; trad.de José Antonio Soriano; ISBN: 84-7888-982-5.

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jueves, 14 de diciembre de 2006

Aunque su ambición y su potencia no sean equiparables a El último legado del rey Tsongor, una verdadera bomba, El sol de los Scorta, de Laurent Gaudé, es una magnífica novela. El autor cuenta con ritmo e intensidad crecientes las andanzas de unos personajes vigorosos, el primer Scorta y sus hijos, cuyas vidas se desarrollan sobre un escenario y en un pueblo del sur de Italia que también tienen categoría de protagonistas. Con descripciones sobrias y lenguaje rico, mediante sucesivas escenas de aire teatral, se plantea el inevitable destino de los hombres de luchar y de volver a empezar una y otra vez, se habla de vidas en las que se da una inextricable unión de bondad y maldad, de cinismo y de buenas intenciones, y se presenta la fuerza de una unión familiar que se cultiva en las dificultades y se disfruta en las alegrías sencillas de la vida... Al final, uno de los personajes hace balance y dice que la suya ha sido «una vida de cigarrillo. (...) Sólo viento y humo. (...) Tabaco convertido en humo. A eso se parece mi vida. Volutas de humo que se desvanecen en el aire». Sin embargo, el poso que deja el libro es otro y tiene más que ver con que los hombres somos incapaces de valorar con acierto el significado de nuestras vidas pues, como no tenemos instrumentos apropiados para medir lo que nos sucede, mejor es «no intentar simplificar los problemas», tal como dice uno de los curas de la novela.

Laurent Gaudé. El sol de los Scorta (Le soleil des Scorta, 2004). Barcelona: Salamandra, 2006; 237 pp.; trad. de José Antonio Soriano Marco; ISBN: 84-9838-053-7.

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miércoles, 13 de diciembre de 2006

En Rechicero, una novela de Terry Pratchett cuyo protagonista es un octavo hijo de un octavo hijo de un octavo hijo, es decir, un hechicero al cuadrado o un rechicero, una fuente permanente de magia, se hacen algunas interesantes afirmaciones. Una, citada en la ficha del autor y que se puede poner en paralelo con una nota de hace unos días: que «en la bañera de la historia, la verdad es tan difícil de aferrar como una pastilla de jabón, y aún más difícil de encontrar». Otra, que «si pones demasiado potencial mágico en un solo punto (...) empujas a la realidad, ya sabes, hacia abajo, [con lo que se puede] romper la realidad en el punto más frágil y ofrecer, quizá, un camino de entrada a los habitantes del plano inferior que los deslenguados denominan Dimensión Mazmorra».

Terry Pratchett. Rechicero (Sourcery, 1988). Colección Martínez Roca. Barcelona: Martínez Roca, 1992; 246 pp.; col. Gran Fantasy; trad. de Cristina Macía, con la colaboración de Celia Filipetto; ISBN: 84-270-1602-6.

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martes, 12 de diciembre de 2006

De nuevo Calvin y Hobbes:

Calvin: Navidad está a la vuelta de la esquina.
Calvin: ¿Qué mejor forma de celebrar unas vacaciones religiosas que con un mes de frenético consumismo?
Calvin: Recibir montones de regalos es una experiencia muy espiritual para mí.
Hobbes: Me sorprende que otras religiones no se hayan dado cuenta.

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lunes, 11 de diciembre de 2006

Después de los sensacionales Zoom y Re-Zoom de hace unos años, Istvan Banyai ha dado una vuelta de tuerca más con El otro lado, otro álbum sin texto de los que sirve para descubrir que, desde un punto de vista humano, la realidad, y la verdad con ella, es polifónica, o sinfónica, o poliédrica, etc. A la derecha, la contracubierta.

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domingo, 10 de diciembre de 2006

Andréi Tarkovski:
«Me parece que el arte contemporáneo ha tomado un rumbo equivocado al abandonar la búsqueda del sentido de la existencia y al afirmar en cambio el valor de lo individual como algo que se persigue por sí mismo. Tales metas artísticas empiezan a parecer una ocupación excéntrica de personalidades sospechosas, que mantienen que toda acción de su personalidad tienen valor intrínseco simplemente como manifestación del propio yo, que creen extraordinario. Pero en la creación artística la personalidad no se afirma a sí misma, sino que sirve a otra idea común y más grande».

Rafael Llano. Andréi Tarkovski: vida y obra, volumen 2.

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sábado, 9 de diciembre de 2006

Romano Guardini: «La verdad es una fuerza, pero sólo cuando no se exige de ella ningún efecto inmediato sino que se tiene paciencia y se da tiempo al tiempo; mejor aún: cuando no se piensa en los efectos, sino que se quiere mostrar la verdad por sí misma, por amor a su grandeza sagrada y divina».

Romano Guardini. Apuntes para una autobiografía (Berichte über mein Leben, 1943-1945). Madrid: Encuentro, 1992; 190 pp.; col. Libros de bolsillo; trad. de María del Puy Alonso; ISBN: 8474902835.

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viernes, 8 de diciembre de 2006

Aquí están otros dos textos más de Katherine Mansfield en Historia de un hombre casado.

Uno, para poner en solfa tantos relatos de memorias: «¿Recuerdan ustedes su infancia? Yo siempre me estoy encontrando con esos relatos maravillosos de escritores que aseguran recordarlo “todo”. Yo, desde luego, no».

Otro, para recordarnos la influencia del pasado en el presente, el peso de lo que hacemos hoy en lo que seremos mañana: «¿quién soy yo mientras estoy sentado tras esta mesa, sino mi propio pasado? Si lo niego, no soy nada. (...) Una cosa sí que he aprendido, en una cosa sí que creo: Nada Sucede de Repente».

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jueves, 7 de diciembre de 2006

Hay quienes me han preguntado sobre Cielo abajo, de Fernando Marías, reciente Premio Nacional de literatura infantil y juvenil. No puedo hacer un comentario completo porque cuando la leí, hace unos meses, la dejé hacia la página veinte. El motivo: me pareció que abundaban las frases destinadas a dar un barniz grandilocuente-literario a la historia. Dos frasecillas que anoté porque me rechinaron fueron estas: «se abatió sobre mí una repentina oleada de cansancio»; «estaba en el epicentro del aniversario de ese hecho, nimio para mí y tal vez trascendental en la vida de quien lo escribió» (ambas son de las que se pueden dejar caer en cualquier conversación de comedor a ver qué caras ponen los de alrededor). Por otra parte, resulta obvio que ganar hoy y aquí un Premio Nacional de Literatura infantil y juvenil sólo es posible con una determinada opinión sobre quienes fueron los buenos y quienes los malos de la guerra civil. Total, una vez más me afianzo en lo que dije meses atrás acerca de los premios literarios institucionales: que desaparezcan. Sí, sí, ya sé que alguna vez lo gana quien lo merece, y me alegro por él o ella, pero esa clase de premios, como tales, están hundidos en el descrédito desde hace mucho.

Fernando Marías. Cielo abajo (2005). Madrid: Anaya, 2005; 209 pp.; col. Espacio abierto; ISBN: 84-667-4568-8.

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miércoles, 6 de diciembre de 2006

Sólo en el mundo de habla inglesa, en donde han proliferado hasta el infinito las aventuras fantásticas, ha podido surgir un escritor tan singular como Terry Pratchett: alguien que domina el género totalmente y que se dirige a un público igualmente conocedor y cómplice con su talante bromista. No he leído todos sus libros de la serie del MUNDODISCO, pero sí muchos, aunque reconozco que, después de los dos primeros, a los demás sólo les eché un vistazo rápido para pillar las observaciones ingeniosas que salpican las historias. Aquí se aplica en parte aquello de «visto uno, vistos todos». Me gustaron más, y revelan igualmente tanto la inteligencia de Pratchett como su estilo irónico contra todo lo que se mueve, los tres relatos de la trilogía El éxodo de los gnomos, que sí tienen un hilo conductor algo más coherente.

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martes, 5 de diciembre de 2006

Al final del ensayo citado días atrás, El ángel en la Divina Comedia de Dante, Romano Guardini dice (aligerando un poco el texto): «En la representación de un poeta, los ángeles serían figuras líricas. Un metafísico los habría concebido “intelectualmente”, como personificaciones de principios eternos e ideas supremas. Un simbolista habría visto en ellos imágenes cuyo contenido sensible de la existencia expresa relaciones ocultas, umbrales y puertas, formas de una entidad superior. Un mítico habría hecho de estos seres superiores, en algún sentido, “dioses”. Para Dante, los ángeles son esas criaturas de las que hablan las Escrituras y que están presentes en la vida de la iglesia. Claro que para resaltar su grandeza, Dante toma elementos metafísicos, líricos y simbólicos, pues el pensamiento cristiano, para interpretar la palabra de Dios, echa mano de lo que pertenece al mundo de Dios».

Pues bien, dicho lo anterior, al ambiente que nos rodea nos devuelve Bill Watterson en una tira cómica:
—Calvin: Creo que los ángeles están en todas partes.
—Hobbes: ¿Sí?
—Calvin: Están en los calendarios, los libros, las felicitaciones... y en todo producto imaginable.
—Hobbes: Vivimos en una era muy espiritual.

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lunes, 4 de diciembre de 2006

En una edición magnífica se acaban de publicar en castellano dos álbumes de Paul Rand y Ann Rand: El pequeño 1 y Chispas y cascabeles. Nunca es tarde si la dicha es buena.

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domingo, 3 de diciembre de 2006

En el prólogo a la biografía de Dietrich von Hildebrand escrita por su esposa, el entonces cardenal Ratzinger subrayaba y comentaba una anécdota: «En el transcurso de un paseo con su hermana mayor, ella trata de explicarle —con creciente exasperación—, que todos los valores morales son relativos, y que están completamente determinados por nuestras circunstancias, por nuestro tiempo y valores concretos. El joven von Hildebrand reacciona instintivamente contra tal afirmación y arguye con vehemencia que eso no puede ser así. Al llegar a casa, su hermana pide, en beneficio propio, el apoyo de su padre, que de manera displicente dice que Dietrich sostiene tal punto de vista porque sólo tiene catorce años, por lo que Dietrich se ve obligado a defenderse haciendo notar que su edad no es, realmente, relevante en la discusión. Ese pequeño incidente, quizá nada raro en cualquier familia, revela algo fundamental sobre el carácter» de von Hildebrand: su gran talento para descubrir errores y equivocaciones en la argumentación y para desentrañar una línea confusa de razonamiento. Pero, continúa el prologuista, «también nos dice algo acerca de la manera en que el relativismo moral debe recurrir a la fuerza de la autoridad para triunfar; en una palabra, cómo el relativismo moral acaba en totalitarismo».

Alice von Hildebrand. Alma de león: biografía de Dietrich von Hildebrand (The Soul of a Lion: The Life of Dietrich Von Hildebrand, 2000). Madrid: Palabra, 2002; 352 pp.; col. Biblioteca Palabra; prólogo del cardenal Ratzinger; trad. de Aurelio Ansaldo Ruiz; ISBN: 84-8239-616-1.

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sábado, 2 de diciembre de 2006

«Solo merece el poder quien diariamente lo justifica», dice Dag Hammarskjöld en uno de los pensamientos de Marcas en el camino, donde también figura un útil consejo para quien esa preocupación no cuenta: «Como arribista tienes un rico campo de actividad aún después de haber alcanzado finalmente tu objetivo. Puedes, en efecto, intentar siempre impedir que los demás sean mejor considerados».

Dag Hammarskjöld. Marcas en el camino (Vägmärken, 1963). Barcelona: Seix Barral, 1965; 203 pp.; col. Biblioteca breve; trad. de Miguel Hernández Cuspinera.

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viernes, 1 de diciembre de 2006

He aquí un texto que Katherine Mansfield suelta, como quien no quiere la cosa, en Historia de un hombre casado (A Married Man´s Story, 1921; publicado póstumamente, inacabado). El narrador, un tipo que habla de sus relaciones con su mujer y recuerda su infancia, se pregunta: «¿Por qué resulta tan difícil escribir con sencillez —y no sólo con sencillez sino “sotto voce”— si es que me entienden? Así es como anhelo escribir. Nada de bonitos efectos, nada de arrojo. Únicamente la pura verdad, como sólo la puede contar un mentiroso».

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