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Notas de diciembre de 2008 :: bienvenidosalafiesta ::    
bienvenidos a la fiesta
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miércoles, 31 de diciembre de 2008

Cuando me piden una especie de balance anual de la LIJ suelo responder que no sé muy bien cómo hacerlo. Con el paso del tiempo, he llegado a centrar mi atención casi exclusivamente en los libros como tales: intento leer aquellos que algunas personas o instituciones citan como mejores y procuro descubrir otros que pueden pasar más inadvertidos. Así que, al final, casi sólo soy capaz de decir qué libros me han gustado más y cuáles menos entre aquellos que he leído.

Alguna vez he dedicado tiempo a pensar en tendencias, en autores emergentes y autores consagrados, en libros sorpresa y libros confirmación, en libros muy publicitados y muy flojos y en libros nada publicitados muchísimo mejores, y cosas así, para terminar sin saber muy bien qué nos aporta eso: ¿comprendemos mejor las cosas?, ¿es significativo, por ejemplo, que se publiquen más libros de fantasía?, y si es significativo, ¿qué significa?, ¿cómo se puede medir si progresamos o no?, ¿y qué quiere decir en este contexto “progreso”?, ¿más ventas?, ¿más lectura de quienes ya leen o de quienes no leen?, ¿y en ese cálculo se puede contabilizar cualquier lectura?, etc.

También tiempo atrás recogí datos de libros más leídos en las bibliotecas y más vendidos en las librerías pero tampoco veo claro cómo darles sentido: ¿se leen o se venden más porque se exponen más?, ¿porque la editorial es más potente y sus libros llegan a más sitios?, ¿porque librería y distribuidora van al unísono?, ¿porque los comerciales de algunas editoriales hacen unas promociones estupendas en redes de colegios?, ¿porque hay autores extraordinarios a la hora de motivar a los chicos en sesiones de cuentacuentos...?

Total, que no soy capaz de decir mucho. En cualquier caso lo que sí noto, con sentimientos mezclados, es que algunas actitudes negativas van en aumento (y espero que no sea por la edad). Así, es cada vez mayor mi rechazo del criterio (que con frecuencia se aplica inconscientemente) que dice que lo último que llega tiene mérito sólo por eso y que lo antiguo tiene que ser desechado sólo por serlo. Crece mi desconfianza frente a cualquier propaganda, sea comercial sea institucional, venga en forma de premios o venga vestida de magnífico proyecto de gran interés cultural o pedagógico que alguien emprende para nuestro bien. En fin, no dudo de que algunos premios están bien dados o son bien merecidos, y me alegro, y sé bien que algunos proyectos merecen elogios, pero tiendo a ponerme a la defensiva (y más si hay dinero y motivos políticos en juego) cuando una institución o persona se aplaude a sí misma y los medios, además, le hacen eco.

Este vaivén de pensamientos y sentimientos me hace recordar a Chesterton cuando dice que conviene huir tanto del antipatriotismo cósmico del pesimista que «no ama lo que pretende corregir» como de la locura morbosa del optimista que se acaba viendo en la tesitura de tener que defender lo indefendible. Y también me hace pensar, tanto para la LIJ como para la vida, que Pascal tenía razón cuando decía que «hay la suficiente luz para quienes desean ver, y suficiente oscuridad para quienes tienen una disposición contraria».

Feliz Año.

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martes, 30 de diciembre de 2008

En principio, el año que viene la página web cambiará un poco de cara.

Seguiré introduciendo reseñas viejas y nuevas al hilo de las notas diarias, con el deseo de que, al terminar el año, estén introducidas todas las voces importantes desde un punto de vista histórico.

Haré más reorganizaciones para que las secciones temáticas donde se agrupan las notas diarias se correspondan mejor con sus contenidos, y que haya equilibrio y no suceda que algunas secciones resulten enormes y otras muy pequeñas.

Cambiaré cosas para que los listados —por géneros y por contenidos específicos— estén mejor ajustados, y para mejorar la organización de la sección Más libros donde van reseñas que sólo han aparecido en las notas.

Espero terminar el plan anunciado de poner reseñas de casi todos los libros de Chesterton, al menos de todos los publicados en castellano, y de los demás hasta donde llegue.

Si logramos alcanzar un acuerdo satisfactorio con alguna editorial, el año 2009 debería publicarse también el libro sobre la construcción y el lenguaje narrativo y gráfico de los álbumes ilustrados que Fernando Zaparaín y yo hemos terminado hace pocas semanas: lo mencionaba cuando colgué los textos titulados Fuera de campo: la importancia del espacio en blanco y Elipsis: las omisiones significativas. Pero veremos.

Señalo, para responder a comentarios que a veces me hacen, que mi página viene a ser como una fotografía personal de la LIJ: está tomada en un lugar tan determinado como Valladolid (que se diferencia mucho de, por ejemplo, Nueva York), está enfocada con el ángulo que forman mis conocimientos y mis intereses, y con las luces cambiantes de mis experiencias. Por tanto, a nadie debería extrañarle que unas cosas se vean más y otras menos, unas más grandes y otras más pequeñas, unas más cerca y otras más lejos, unas detrás y otras delante.

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lunes, 29 de diciembre de 2008

En uno de los blogs que suelo ver leo un comentario a un reportaje de hace casi un siglo: La hazaña de Bleriot. Eso me ha traído al recuerdo un buen álbum ilustrado, muy singular porque son pocos los álbumes con temas parecidos, titulado The Glorious Flight Across the Channel with Louis Blériot, de Alice y Martin Provensen.

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Guido Reni. La Matanza de los Inocentes, 1611.
domingo, 28 de diciembre de 2008

Dice Chesterton que, más o menos, todo el mundo conoce la historia de Herodes y la matanza de los Inocentes, pero no todos perciben en ella «la sombra de un gran fantasma gris por encima de su hombro» y no todos se dan cuenta de que aquella fue la manera en que los demonios celebraron a su modo la primera fiesta de Navidad. Y sigue: «A menos que entendamos la presencia de ese enemigo, no sólo perderemos el elemento clave del cristianismo, sino también de la Navidad. La Navidad en el cristianismo se ha convertido en algo que, en cierto sentido, es muy simple. Pero como todas las verdades de esa tradición es, en otro sentido, algo muy complejo. No se trata de una única nota, sino del sonido simultáneo de muchas notas: la humildad, la alegría, la gratitud, el temor sobrenatural y, al mismo tiempo, la vigilancia y el drama. No es un acontecimiento cuya conmemoración sirva a intereses pacifistas o festivos. No se trata sólo de una conferencia hindú en torno a la paz o de una celebración invernal escandinava. Hay algo en ella desafiante, algo que hace que las bruscas campanas de la medianoche suenen como los cañones de una batalla que acaba de ganarse. Todo ese elemento indescriptible que llamamos atmósfera de la Navidad se encuentra suspendido en el aire como una especie de fragancia persistente, o como el humo de la explosión exultante de aquella hora singular en las montañas de Judea hace casi dos mil años. Pero el sabor sigue siendo inequívoco y es algo demasiado sutil o demasiado único para ocultarlo con nuestro uso de la palabra paz. Por la misma naturaleza de la historia, los gozos de la cueva eran gozos en el interior de una fortaleza o de una guarida de proscritos. Entendiéndolo correctamente, no es indebidamente respetuoso decir que los gozos tenían lugar en un refugio subterráneo. No sólo es verdad que dicha cámara subterránea era un refugio frente a los enemigos y que los enemigos estaban batiendo ya el llano pedregoso que se situaba por encima de ellos como el mismo cielo. No se trata sólo, en ese sentido, de que las hordas de Herodes podían haber pasado como el trueno sobre el lugar donde reposaba la cabeza de Cristo. Se trata también de que esa imagen da idea de un puesto adelantado, de una perforación en la roca y de una entrada en territorio enemigo. En esta divinidad enterrada se esconde la idea de minar el mundo, de sacudir las torres y los palacios desde los cimientos, igual que Herodes el Grande sintió aquel terremoto bajo sus pies y se tambaleó con su vacilante palacio».

G. K. Chesterton. El hombre eterno (The Everlasting Man, 1925). Madrid: Cristiandad, 2004; 348 pp.; trad. de Mario Ruiz Fernández; ISBN 10: 84-7057-488-4.

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sábado, 27 de diciembre de 2008

A la «intromisión de lo cinematográfico y lo novelesco en nuestras vidas diarias creo que pueden atribuirse algunos rasgos peculiares de nuestra forma moderna de recordar. No miramos a nuestro alrededor igual que miraban quienes no conocieron las imágenes veloces del cine. Tampoco recordamos exactamente igual que ellos. De tantos flashbacks como hemos visto en las películas, ¿no habremos llegado a ver nuestra vida pasada en escenas de flashback? Uno tiende a ver no lo que tiene delante de los ojos sino aquello que está dispuesto a ver y adiestrado para distinguir. Uno suele encontrar los recuerdos que previamente buscaba, y creyendo ser un memorialista está actuando como un fabulador».

Antonio Muñoz Molina. Pura alegría (1998). Madrid: Alfaguara, 2008; 203 pp.; ISBN: 978-84-204-7368-0.

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viernes, 26 de diciembre de 2008

Mi nombre es Asher Lev
,
un libro de Chaim Potok que se acaba de reeditar, se abre con una cita de Picasso: «El arte es una mentira que permite comprender la verdad». Inspirada en Marc Chagall, es una novela que habla de la felicidad y del sufrimiento que puede causar, a uno mismo y a otros, el hecho de tener un don artístico excepcional.

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Caravaggio. Adoración de los pastores, 1609.
jueves, 25 de diciembre de 2008

Chesterton: «No es más inevitable relacionar a Dios con un niño que relacionar la fuerza de la gravedad con un gato. Ha sido creada en nuestras mentes por la Navidad porque somos cristianos, porque somos psicológicamente cristianos aun cuando no lo seamos en un plano teológico. En otras palabras, esta combinación de ideas, en frase muy discutida, ha alterado la naturaleza humana. Realmente hay una diferencia entre el hombre que la conoce y el que no. Puede que no sea una diferencia de valor moral, pues el musulmán o el judío pueden ser más dignos según sus luces, pero es un hecho patente acerca del cruce de dos luces particulares: la conjunción de dos estrellas en nuestro horóscopo particular. La omnipotencia y la indefensión, la divinidad y la infancia, forman definitivamente una especie de epigrama que un millón de repeticiones no podrán convertir en un tópico. No es descabellado llamarlo único. Belén es, definitivamente, un lugar donde los extremos se tocan».

G. K. Chesterton. El hombre eterno (The Everlasting Man, 1925). Madrid: Cristiandad, 2004; 348 pp.; trad. de Mario Ruiz Fernández; ISBN 10: 84-7057-488-4.

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miércoles, 24 de diciembre de 2008

Si creemos las estadísticas, esta página tuvo en noviembre 23249 visitantes únicos. Así que un día como hoy es apropiado para dar gracias a las muchas personas que me leen; a quienes me escriben sugiriéndome libros, haciéndome notar errores, o señalándome precisiones que debo tener en cuenta; y a los blogs y páginas web que me citan o enlazan, tantos ya que a la mayoría sólo resulta posible agradecerlo de modo general. Feliz Navidad a todos.

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martes, 23 de diciembre de 2008

El primer autor que concibe y publica libros que enseñan acompañando el texto con imágenes: Comenius. Uno de los primeros narradores con imágenes: William Hogarth. Uno de los primeros teóricos de la narración con imágenes y texto: Rodolphe Töpffer.

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lunes, 22 de diciembre de 2008

Dos libros históricos. Uno, con un planteamiento rompedor para un libro infantil, fue Pedro Melenas, de Heinrich Hoffmann. Otro, con una original pareja de personajes niños revoltosos hasta la maldad y un modo de contar con imágenes que precede al cómic: Max y Moritz, de Wilhelm Bush.

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domingo, 21 de diciembre de 2008

Robert Spaemann: «Creo que deberíamos emplear la palabra progreso solamente en plural. Hay progresos en medicina, en genética, en la fabricación de bombas atómicas; los hay deseables y los hay indeseables. La idea de que la humanidad globalmente se dirige hacia el progreso en singular, en el sentido de que en su totalidad avanza siempre hacia un mundo mejor, me parece una superstición que ha dominado en Europa durante trescientos años. Pero hoy esa superstición está llegando a su definitivo final».

Robert Spaeman. Ética, política y cristianismo (2007). Madrid: Palabra, 2007; 299 pp.; col. Biblioteca Palabra; ed. de José María Barrio, trad. de José María Barrio y Ricardo Barrio; ISBN: 978-84-9480-106-6.

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sábado, 20 de diciembre de 2008

Lectura y locura
reúne treinta y siete artículos publicados por Chesterton en el Daily News, entre 1901 y 1911, y fue una recopilación publicada después de la muerte del autor por la que fuera su secretaria Dorothy Collins. Varios ya son conocidos de los lectores españoles pues fueron publicados por Acantilado en Correr tras el propio sombrero («Lectura y locura», «Mudanza», «Defensa de los pesados», «La paradoja de la humildad», «El amor al plomo» y «Buenas historias estropeadas por grandes autores»), y por Valdemar en Fábulas y Cuentos («El inglés singular» y «Las raíces del mundo»).

Entre los artículos que podríamos llamar antropológicos, uno de los más interesantes es el que da título al libro, «Lectura y locura», acerca de que ciertos lectores pueden acabar prefiriendo los libros a la vida de la que tratan los libros. Entre los dedicados al arte se puede destacar «El espejo», donde se afirma que «un artista jamás debería tratar de encontrarse a sí mismo en el hombre del espejo; pues por muy sigilosamente que observe o por muy ágilmente que salte, jamás logrará sorprenderlo en un descuido».

Entre los que tratan de historia se pueden mencionar «Defensa de los historiadores parciales» y «La historia frente a los historiadores», artículos en los que Chesterton propone que sobre todo «leamos los verdaderos textos» de cada época, que no leamos tanto a «los hombres vivos que tratan temas muertos» sino «a los muertos que hablan de temas vivos».

De los que se refieren a escritores y obras literarias, es recomendable «La ortodoxia de Hamlet», donde Chesterton habla de que si hubo escritores que fueron optimistas cuando se sentían optimistas, Shakespeare en Hamlet fue «optimista mientras se sentía pesimista. Esto es la fe. Aquello capaz de sobrevivir a un estado de ánimo». Otro es «Buenas historias estropeadas por grandes autores», en el cual, después de un nuevo elogio a Shakespeare porque todas las historias que coge las mejora, Chesterton hace un comentario crítico hacia Milton por su relato de la Caída en El Paraíso perdido, hacia Goethe por Fausto, y hacia Wagner por Tannhaüser, explicando por qué autores tan grandes no han sabido retener la esencia poética de las narraciones previas en las que se basan.

Entre las cuestiones de tipo educativo que salpican todo el libro tiene gracia y es actual el punto central de «Tommy y las tradiciones»: una defensa de la filosofía popular del trabajo y del juego, en la que «trabajo es hacer lo que no nos gusta y juego es hacer lo que nos gusta», frente a la propia de «la clase alta de Inglaterra», basada en que «a todo caballero se le enseña a tratar como juego la mitad de su trabajo —la diplomacia, el Parlamento, la economía— y a tratar como trabajo la mitad de sus juegos hasta el punto de reventarse los vasos sanguíneos en una carrera». Chesterton reniega de los pedagogos que a toda costa «quieren hacer que el juego de los niños sea significativo e instructivo. Colocan a los niños en disposiciones prerrafaelitas. Los hacen bailar con ética o gritar con estética. Pretenden vigilar a los niños y hacer útiles sus juegos. Por la misma razón, bien podrían vigilarlos mientras duermen y tratar de hacer útiles sus sueños, pues el juego no es otra cosa que un descanso igual que el sueño».

Pero, si tuviera que inclinarme por un artículo ahora mismo, recién terminada la lectura de todos, mi elección sería «El fanático». En él, Chesterton pinta el fanatismo como «la incapacidad de concebir alternativa a cualquier proposición, y nada tiene que ver con la proposición misma». Así, dice, «no es fanatismo, por ejemplo, tratar el Corán como algo sobrenatural. Pero es fanatismo tratar el Corán como algo natural y obvio para cualquiera y común a todos. No es fanatismo por parte de un cristiano considerar paganos a los chinos. El fanatismo empieza, más bien, cuando se empeña en verlos como cristianos». En definitiva, el fanático es el hombre con una mente incapaz de imaginar cualquier otra mente, es el personaje a quien oímos decir cosas como «“ninguna persona ilustrada podrá sostener que...” o “no soy capaz de entender como el señor Fulano puede llegar a decir...”, seguidas de una opinión muy antigua, moderada y perfectamente defendible». Por el contrario, «el hombre libre no es aquel que piensa que todas las opiniones son igualmente verdaderas o falsas, pues eso no es libertad sino debilidad mental. El hombre libre es aquel que ve los errores con la misma claridad que la verdad». Es quien puede «imaginar el plano completo de un error, la completa lógica de una falacia, y aunque no crea en ellos, es igualmente ser capaz de concebirlos».

G. K. Chesterton. Lectura y locura (Lunacy and Letters, 1958). Sevilla: Espuela de Plata, 2008; 264 pp.; trad. de Victoria León; ISBN: 978-84-96956-24-7. Nueva edición, titulada Los libros y la locura y otros ensayos, en Madrid: El Buey Mudo, 2010; 176 pp.; col. Ensayo; trad. de Guillermo Blanco; ISBN: 978-84-93804022.

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viernes, 19 de diciembre de 2008

En relación a Creadores, de Paul Johnson, dejé sin señalar que uno de sus mejores capítulos es el que trata sobre Hokusai, el artista japonés del que todo el mundo ha visto su Gran Ola, o bien en una de sus pinturas (como la de la derecha, tomada de su voz en la Wikipedia), o bien en alguna imitación de otro autor. Y otro, del que merece ser rescatada una buena lección para escritores, es el dedicado a Jane Austen: «Una de sus reglas, harto infrecuente en los escritores de ficción: nunca describir un suceso o registrar una conversación no presenciada o escuchada en persona, o mantenida fuera de su alcance inmediato. Así pues, no hay grandeza ni miseria en sus novelas, y nunca presenta, por ejemplo, hombres hablando entre sí, algo que, por definición, le era imposible conocer. La conciencia de sí misma y el cuidadoso cultivo de su talento, así como los límites impuestos a su temática, son algunos de los grandes secretos de su éxito».

Paul Johnson. Creadores (Creators, 2006). Barcelona: Ediciones B, 2008; 352 pp.; trad. de Gabriela Tenner; col. No ficción / Historia; ISBN 13: 978-84-666-2482-4.

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jueves, 18 de diciembre de 2008

Un relato bien construido: El alfabeto de los sueños, de Susan Fletcher. Una chica y su hermano pequeño acaban huyendo enrolados en una misteriosa expedición que resulta ser la de los Reyes Magos. Uno de sus puntos fuertes es lo bien que maneja el narrador la relación entre la historia de los protagonistas y la de los Magos: esta última se presenta indirectamente, sólo en cuanto es observada por personas externas a ella que, además, bastante preocupadas están con sus propios problemas.

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miércoles, 17 de diciembre de 2008

Flor de leyendas
es una colección de relatos clásicos tomados de distintas fuentes que Alejandro Casona preparó, ya en 1932, con la intención de componer «un libro de lecturas literarias atento a la escala de intereses del niño». Dice mucho que sea un libro continuamente reeditado: la séptima reimpresión de la edición de Anaya de 2002 es de hace pocas semanas.

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martes, 16 de diciembre de 2008

Acabo de leer Mis recuerdos, memorias de infancia y juventud de Rabindranath Tagore, un autor al que se puede incluir en la literatura infantil por su obra teatral El cartero del Rey.

De Mis recuerdos me ha interesado lo que tiene de acercamiento al mundo hindú, que tan poco conozco, y lo que cuenta del itinerario formativo del autor; y me han parecido destacables algunas observaciones al paso acerca de la infancia y de cuestiones educativas, como estas dos:

«Veo con claridad que el error está en juzgar a los chicos por el baremo de los adultos, olvidando que un niño es rápido y móvil como una corriente de agua y que no es necesario que cualquier impureza cause gran alarma, porque la velocidad de la corriente es en sí misma el mejor correctivo. Cuando aparece el estancamiento, es entonces cuando hay peligro. Por ello es el maestro, más que el pupilo, quien tiene que evitar comportarse de forma incorrecta».

«Cualquiera que retroceda hasta su temprana niñez estará de acuerdo en que lo que más le enriqueció fue a menudo aquello que sobrepasaba su capacidad de entendimiento. Nuestros kathakas lo saben muy bien: cuando ofrecen recitales públicos, sus narrativas siempre tienen una buena porción de sonoras palabras en sánscrito y de oscuros comentarios, calculados no para ser comprendidos del todo por sus sencillos oyentes, sino para sugerir».

Rabindranath Tagore. Mis recuerdos (My reminiscences, 1917). La Coruña: Ediciones del Viento, 2008; 224 pp.; trad. de Isabel García López; ISBN: 978-84-96964-18-1.

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lunes, 15 de diciembre de 2008

Tom y el pájaro
,
de Patrick Lenz, es un álbum sin palabras que cuenta bien una historia simpática en la que la bondad del niño protagonista tiene premio. Me gusta eso. Tal vez porque coincide con lo que pienso: que aunque aparentemente la bondad a veces no tenga premio, interiormente siempre lo tiene, al margen de que después de la vida lo tenga, cosa que también pienso.

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domingo, 14 de diciembre de 2008

Un texto de Václav Havel: «Soy partidario de una política apolítica. Es decir, de una política que no sea una tecnología del poder y su manipulación, ni una forma de dirección de los hombres por medios cibernéticos, ni un arte de intrigas y finalidades concretas y prácticas, sino de la política como una de las formas de buscar y de conquistar un sentido en la vida, de protegerlo y de servirlo; de una política como moral practicada, como un servicio a la verdad, como una preocupación por el prójimo auténticamente humana y regulada por medidas humanas. Es una forma muy poco práctica en el mundo de hoy y difícilmente aplicable a la vida cotidiana. Sin embargo, yo no conozco otra alternativa mejor».

Václav Havel. «La política y la conciencia» (1984), uno de los discursos contenidos en La responsabilidad como destino. Madrid: Aguilar-El País, 1991; 215 pp.; trad. de Jana Novotná; ISBN: 8403591012. (He modificado la traducción a partir de otra versión del mismo texto que se publicó en la revista Nuestro Tiempo).

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sábado, 13 de diciembre de 2008

La nueva edición de La superstición del divorcio, de Chesterton, viene con un prólogo clarificador de Enrique García Máiquez en el que se señalan algunas cosas importantes. Entre otras, a propósito del intento de algunos de considerar a Chesterton como un hombre ingenioso capaz de defender cualquier cosa, la explicación de la imposibilidad en su caso particular de separar el fondo de la forma. Otra más es el apunte, y la correspondiente aclaración, de que algunas referencias aisladas pueden sonar mal a ciertos oídos sensibles: una se refiere a los malos tratos en el matrimonio y otra es una generalización que suena despectiva hacia los judíos.

El libro, compuesto a partir de una serie de artículos publicados en 1918, fue concebido como un panfleto que, como tal, debería quedar anticuado lo antes posible y no podría sobrevivir sino fracasando: paradójicamente, por tanto, la misma vigencia del análisis de Chesterton prueba su fracaso en la vida real. Sus argumentos en favor del matrimonio y en contra del divorcio tienen el propósito de clarificar qué significan las palabras que usamos y qué consecuencias personales y sociales se derivan de la proliferación del divorcio.

Se puede comenzar el razonamiento señalando que, aunque cada matrimonio es una especie de equilibrio inestable y por eso muchos fracasan, tal cosa no dice nada en su contra como institución: porque «el Puente de Londres se haya hundido, ¿hemos de presumir que la finalidad de los puentes no es unir dos puntos?». De ahí que, antes de hablar de divorcio, es necesario aclarar antes de qué hablamos cuando hablamos de matrimonio; de otro modo actuaríamos como quien se pone a «discutir el mejor tipo de gafas para ciegos o de corte de pelo para calvos». La cuestión es que si «divorciarse es —hablando literalmente— descasarse, resulta a todas luces absurdo deshacer algo que ignoramos si está hecho»; igual que también lo es «desmontar pieza por pieza una máquina de compleja estructura sin saber siquiera para qué sirve», o «abrir agujeros en el fondo de una lancha» pensando que cavamos un jardín.

Pues bien: a la luz de la experiencia que tenemos, el matrimonio es la única institución a la vez necesaria y voluntaria, «un lazo que rompe todos los demás lazos» y «una ley más fuerte que todas las leyes»; es además el origen de la familia, una institución pensada para que los niños nazcan y crezcan. Esto significa que romper el matrimonio tiene consecuencias personales: «en el reino de la realidad, y no del romance, el romper una promesa es sinónimo de romper un corazón, y no siempre es el perjurio remedio para el remordimiento». Esa ruptura trae consigo también, al menos para la gran mayoría de las familias reales, efectos dañinos en los niños a los que afecta. Y, por último, acarrea consecuencias sociales mayores: si las familias se rompen la sociedad se rompe, el niño se ve como un intruso y la lealtad se ve como un problema.

Muchos años después del libro de Chesterton, se constata de sobra lo que se decía en él acerca de que el efecto más evidente del divorcio frívolo es el matrimonio frívolo, pues si uno puede separarse sin razones también puede casarse sin razones. También, si hoy como ayer es igual de patente que muchos «sienten tan falso optimismo hacia el divorcio como cualquier romántico pudo sentirlo hacia el matrimonio», lo es más todavía que los medios de comunicación avivan el sentimentalismo rosado de quien imagina su historia con un final tipo «después de ser divorciados por el hada madrina, el príncipe y la princesa fueron felices y comieron perdices». Y resulta claro que, se vea como se vea, el divorcio es un fracaso y que presentarlo como libertad es una forma de autoengaño: no cualquier puerta que se abre conduce a la libertad o, al revés, no significa menos libertad tener una ley que, por ejemplo, regule la posesión y uso de las armas.

Es luminosa la presentación que hace Chesterton de la familia como la única institución que verdaderamente puede frenar o moderar el espíritu coercitivo del Estado, y su argumento de que cuando las familias pierden fuerza los gobiernos ganan poder sobre las vidas de la gente. «El capitalismo hace la guerra a la familia por la misma razón que le impulsó a hacer la guerra a las asociaciones obreras»: porque «acepta y cree en el colectivismo para sí y el individualismo para sus enemigos», porque «quiere que sus víctimas sean individuos o, dicho de otro modo, átomos». La experiencia demuestra que, «sin la familia, quedamos desvalidos ante el Estado» y, por eso, la libertad se amplía cuando se honra a la familia antes que al Estado y a la Empresa, y honrar a la familia empieza por honrar el matrimonio. En su época, Chesterton pudo formularlo así: «Aunque fuese cierto que el socialismo ataca en teoría a la familia, lo es mucho más que el capitalismo la ataca en la práctica». Hoy habría que añadir que el socialismo real de ahora, también en la práctica, se alinea sin rubor con los planteamientos más egoístas y crudos de la visión capitalista.

Ya desde un punto de vista más personal, Chesterton señala que, para curar algo de verdad, hay que ir a las causas y que no arreglamos nada lamentándonos de los efectos que proceden de las causas que permitimos. Esto aparece claro cuando los hombres cometemos el error de querer seguir varios caminos a la vez o vivir varias vidas. «El proceder así imaginariamente es una de las visiones de la poesía, del arte; el intentarlo en la vida real es no ya anarquía sino inactividad. Aun en el arte (...) y la filosofía de nuestros tiempos hay un considerable elemento de esa insaciable ambición y de ese antinatural anhelo», pero «lo que se precisa vitalmente, por doquier, en el arte como en la ética, en poesía como en política, es selección».

G. K. Chesterton. La superstición del divorcio (The Superstition of Divorce, 1920). En Obras completas, tomo I; Barcelona: Plaza & Janés, 1967; 1676 pp., de la p. 871 a la p. 936; trad. de Eduardo Toda Valcárcel. Nueva edición en Sevilla: Los Papeles del Sitio, 2008; 144 pp.; trad. de Aurora Rice Derqui; prólogo de Enrique García Máiquez; ISBN 13: 978-84-935892-5-7.

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viernes, 12 de diciembre de 2008

Habla con George,
de Wesley Stace, me ha parecido una novela original, bien escrita y bien ensamblada. Es la segunda de su autor, un cantante y compositor de música moderna cuyo nombre es John Wesley Harding.

En la primera parte un hilo narrativo sigue a George Fisher, un chico de once años en 1973 a quien envían interno a un colegio debido a que su madre Frankie, actriz, está de gira; George echa de menos, sobre todo, a su bisabuela, de 93 años, antigua ventrilocuista muy famosa conocida como Echo Ender. Otro hilo, situado varias décadas atrás, sigue las peripecias del hijo de Echo, Joe, también ventrilocuista, pero el narrador es George, el muñeco con el que actúa. En la segunda parte toma la palabra el primer George, ya un crecido adolescente dispuesto a descubrir y comprender los misterios familiares del pasado.

Un tramo de la historia tiene algo de novela escolar; otro se centra en la vida familiar un tanto agitada del protagonista, con su madre actriz y su abuela experta en espectáculos infantiles; otro, unido al anterior, trata de los entresijos de teatros y espectáculos y otro, en particular, cuenta cómo era tiempo atrás el mundo de los ventrílocuos; otro más se refiere al trabajo del protagonista en un estudio de «sonicatas» o «ruideros», quienes se ocupaban de poner el sonido a las películas; y se puede considerar otro bloque distinto el que narra la gira de Joe y George durante la segunda Guerra Mundial.

La novela, aunque por momentos es lenta y tal vez se alarga demasiado, se sigue con el interés de los melodramas donde, con el paso de las páginas, se ve que todo el mundo tiene secretos familiares, unos conocidos y otros desconocidos. A pesar de las muchas diferencias con el modelo, no es excesivo llamarla novela dickensiana pues es cierto que los personajes tienen encanto, que si hay ironía también hay calidez y bondad, y que no son pocas las coincidencias para que al final todo cuadre. A muchos lectores les gustará ver que abundan en el relato las referencias literarias, bastantes explícitas pues el protagonista es lector y encargado de la biblioteca en su colegio.

Al fondo está la idea de que la búsqueda de la propia voz que los distintos personajes emprenden viene a ser la misma búsqueda del padre que no tuvieron. También se puede ver al revés: una presencia femenina muy dominante durante la infancia —en el sentido de autoritaria, o en el de manipuladora, o en el de que abunden mucho las mujeres alrededor de un chico—, sin el contrapunto adecuado de una figura paterna, condiciona mucho la personalidad del niño.

Wesley Stace. Habla con George (By George, 2007). Barcelona: RBA, 2008; 416 pp.; trad. de Patricia Antón; ISBN 13: 978-84-9867-264-0.

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jueves, 11 de diciembre de 2008

En Lucy Gayheart, una de las últimas novelas de Willa Cather, más corta que sus obras más famosas, la escritora vuelve a uno de sus temas favoritos: la diferencia entre quienes tienen un don artístico y quienes no lo tienen, y entre quienes tienen horizontes amplios y quienes están encerrados en un mundo pequeño. Su protagonista es una chica resplandeciente que procede de un pueblo del Medio Oeste y, como profesora de piano en Chicago, entra en relación con un famoso barítono a quien acompaña en sus ensayos. Pasado un poco de tiempo, este personaje admira el modo de ser de Lucy, una chica cuyos afectos «eran más parecidos a la lealtad caballeresca que a la pasión juvenil» y con «un espíritu que desdeñaba el beneficio».

Willa Cather. Lucy Gayheart (1935). Barcelona: Alba, 2008; 221 pp.; col. Alba Clásica; trad. de Catalina Martínez Muñoz; ISBN: 978-84-8428-417-8.

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miércoles, 10 de diciembre de 2008

Así como hay muchos relatos sobre niños víctimas de la locura nazi, conocemos muchos menos de quienes sufrieron la barbarie del totalitarismo comunista y soviético. Pero no sólo por ese motivo vale la pena conocer La estepa infinita, de Esther Hautzig, sino también por ser un relato bien escrito, bienhumorado pese a la dureza de las situaciones que han de vivir tanto Esther y su familia como muchos otros deportados.

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martes, 9 de diciembre de 2008

Merece aplausos que, después de El libro inclinado, la editorial Thule publique ahora El libro del cohete, otro ingenioso y original álbum de 1912 firmado por Peter Newell.

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lunes, 8 de diciembre de 2008

La ilustradora francesa-iraní, Mandana Sadat tiene varios álbumes que juegan magníficamente con distintas relaciones de oposición argumental y gráfica. El último, El otro Pablo, ejemplifica también cómo hablar de convivencia y amistad de modo aleccionador y sin didactismos.

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domingo, 7 de diciembre de 2008

Un texto de Etienne Gilson: «Hay un problema ético en la raíz de nuestras dificultades filosóficas; los hombres somos muy aficionados a buscar la verdad, pero muy reacios a aceptarla. No nos gusta que la evidencia racional nos acorrale, e incluso cuando la verdad está ahí, en su impersonal e imperiosa objetividad, sigue en pie nuestra mayor dificultad: para mí, el someterme a ella a pesar de no ser exclusivamente mía; para usted, el acatarla aunque no sea exclusivamente suya. En resumen, hallar la verdad no es difícil; lo difícil es no huir de la verdad una vez que se la ha hallado. Aunque no sea un “sí, pero...”, con frecuencia nuestro sí es un “si, y...” (...). Los más grandes filósofos son aquellos que no titubean en presencia de la verdad, sino que le dan la bienvenida con estas simples palabras: Sí, amén».

Etienne Gilson. La unidad de la experiencia filosófica (The unity of philosophical experience, 1936-1937). Madrid: Rialp, 1998, 4ª ed.; 280 pp.; col. Biblioteca del Cincuentenario; trad. de Carlos Amable Baliñas; ISBN: 84-321-3210-1.

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sábado, 6 de diciembre de 2008

En Lo que está mal en el mundo, siguiendo la línea marcada en Herejes, Chesterton expone los que consideraba errores de concepto de su tiempo acerca del hogar, el hombre, la mujer, la educación.

Señala que las consecuencias de tales errores nos afectan a todos, lo queramos o no: no solo estamos en el mismo barco sino que todos estamos mareados, dice. Indica que todos ellos están basados en la que califica como la gran herejía moderna: «Alterar el alma humana para que se adapte a sus condiciones, en lugar de alterar las condiciones para que se adapten al alma humana».

La diferencia con otras épocas del pasado, afirma, es que si el hombre ha perdido el rumbo muchas veces en la historia, hoy ha perdido también la meta debido a «la enorme herejía del Precedente. Es el punto de vista de que, como nos hemos metido en un lío, tenemos que meternos en otro mayor para adaptarnos; de que, porque hemos dado un giro equivocado hace algún tiempo, tenemos que ir hacia adelante y no hacia atrás; de que, como hemos perdido el camino, debemos también perder el mapa; y de que porque no hemos realizado nuestro ideal, debemos olvidarlo». Por eso, cuando vemos «lo que está mal, mal en la raíz de nuestros argumentos y nuestros esfuerzos», nuestra «única esperanza es (...) arrepentirnos y retroceder». No basta ponernos de acuerdo en qué cosas son malas sino que también es necesario que tengamos ideales positivos: sin ellos es imposible cualquier tarea de reconstrucción.

De paso, Chesterton aborda también uno de sus grandes temas: la defensa del hombre común, a quien llama Jones, frente a sus grandes enemigos Hudge y Gudge, el Gran Gobierno y el Gran Negocio, dos grandes aliados aunque las apariencias digan otra cosa. Eso se nota, sobre todo, en que mientras vemos al segundo crear un modo de vida muchas veces incompatible con una vida familiar ordenada, el primero afirma que la familia como institución es algo que se debe superar. Y lo cierto es que, consciente o inconscientemente, Hudge y Gudge hacen todo lo posible para mantener desamparado al hombre común.

Un buen ejemplo del estilo argumentativo de Chesterton en su máxima brillantez está en la conclusión, cuando comenta que se promulgó una orden en la que se decía que había que cortar el pelo muy corto a las niñas pequeñas: en vez de suprimir los piojos al gobierno se le ocurre suprimir el pelo... Y, a partir de aquí, Chesterton construye toda su teoría que, al final, resume así: «porque una niña debe tener el pelo largo, debe tener pelo limpio. Porque debe tener pelo limpio no debe tener hogar sucio. Porque no debe tener hogar sucio, debe tener una madre libre y tranquila. Porque debe tener una madre libre, no debe tener un propietario usurero. Porque no debe tener un propietario usurero debe haber una redistribución de la propiedad. Porque debe haber una redistribución de la propiedad, debe haber una revolución...».

Notas en las que aparecen textos tomados de este libro son: Aprender a conversar, Salvar a los niños, Milagros del amor, ¿Cómo convertir a los borrachos en catadores?, Valor real.

G. K. Chesterton. Lo que está mal en el mundo (What´s Wrong with the World, 1910). Madrid: Ciudadela, 2006; 208 pp.; col. Ciudadela ensayo; trad. de de Mónica Rubio Fernández, ISBN: 84-934669-7-2. Nueva edición en Barcelona: El Acantilado, 2008; 256 pp.; trad. de Mónica Rubio Fernández; col. El Acantilado; ISBN 13: 978-84-96834-73-6.

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viernes, 5 de diciembre de 2008

Libro de Visitantes,
de José Jiménez Lozano, es un relato singular, empezando porque se presenta como un manuscrito perteneciente a la biblioteca del monte Athos, donde lo copió un viajero inglés a finales del XIX, etc., etc. Con ese pretexto, se cuentan las escenas de la llegada de María y José a Belén, el nacimiento de Jesús, la adoración de los pastores, de los Reyes, y también otras visitas, algunas tan singulares como una que hacen, juntos, Descartes, Hegel, Spinoza y Pascal.

El lenguaje de la narración tiene los rasgos propios del autor: por un lado es rico y preciso, y por otro es popular y coloquial. En lo que se cuenta se introducen personajes nuevos y elementos que podrían calificarse de propios de los evangelios apócrifos. Sin duda, no todos los lectores apreciarán algunos guiños cultos pero, en general, la ironía zumbona del narrador sí es completamente popular: cuando los ilustres visitantes se presentan con un regalo para el niño, Hegel trae uno de sus libros y entonces la asnilla va y dice al oído del buey: «Ni al que asó la manteca se le ocurriría traer La Fenomenología del Espíritu a una criatura».

José Jiménez Lozano. Libro de Visitantes (2007). Madrid: Encuentro, 2007; 94 pp.; ISBN: 978-84-7490-887-9. [Vista del libro en amazon.es]

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jueves, 4 de diciembre de 2008

El día de la lechuza,
de Leonardo Sciascia, es una buena narración sobre hombres que intentan hacer su trabajo bien en ambientes donde un poder mafioso maneja los hilos para corromper a unos y atemorizar a otros. Se ambienta en Sicilia, en los años posteriores a la segunda Guerra Mundial. Su argumento es que un honrado empresario de la construcción muere de un disparo y el íntegro jefe de policía local, el capitán Bellodi, consigue aclarar quién lo hizo y por encargo de quién.

De las narraciones del autor con el mismo tema que recuerdo es la que más me gusta. El motivo es que la narración es limpia, que los pasos son todos claros, y que Bellodi es un personaje convincente y atractivo; es antológico su interrogatorio al mafioso local don Mariano Arena, otro personaje poderoso. Otro motivo es que, aunque este tipo de novelas de Sciascia parecen dejar como poso una desesperanza de fondo, como un reconocimiento abatido de que al final no hay nada que hacer pues los de siempre se saldrán otra vez con la suya, lo cierto es que su presentación de personajes íntegros que luchan por abrir grietas en los muros del abuso de poder es una forma buenísima de avivar la esperanza. Por otra parte, los héroes más necesarios hoy tal vez sean quienes nos recuerdan la necesidad de anteponer la propia conciencia a cualquier presión social para defender a los más débiles y buscar la justicia sin excusas.

Leonardo Sciascia. El día de la lechuza (Il giorno della civetta, 1960). Barcelona: Tusquets, 2008; 147 pp.; trad. de Juan Ramón Azaola; ISBN: 978-84-8383-076-5.

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miércoles, 3 de diciembre de 2008

Quien haya conectado ya con el peculiar universo mental y gráfico de Shaun Tan estará interesado en conocer Cuentos de la periferia. Son quince relatos cortos con sugerentes ilustraciones, la mayoría con el formato clásico de un texto y varias ilustraciones, y algunos con otro aspecto más comiquero como Una lluvia lejana o Crea tu propia mascota. Todos ellos pueden ser calificados como surrealistas y se desarrollan en ciudades o lugares cienciaficcionescos. No todos son igual de buenos. A mí me ha gustado especialmente La expedición, un relato con escenas a lo Hooper, que trata de dos hermanos que discuten y apuestan, al ver que la guía de calles de su padre termina en el cuadro 268, si la ciudad termina de golpe allí o no, y deciden comprobarlo por sí mismos. También tiene gracia y hace pensar Alerta pero sin alarmarse: un tiempo futuro en el cual, en el jardín cada casa hay un misil balístico intercontinenal que, con el paso del tiempo, han ido usándose para más cosas.

Shaun Tan. Cuentos de la periferia (Tales from Outer Suburbia, 2008). Cádiz: Barbara Fiore, 2008; 98 pp.; trad. de Carles Andreu y Albert Vitó; ISBN: 978-84-936185-1-3.

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martes, 2 de diciembre de 2008

La alucinante historia de Juanito Tot y Verónica Flut
,
de Andrés Barba, es un relato infantil con un humor que recuerda el de Roald Dahl, pero sin unos acentos tan sarcásticos o, si se quiere ver al revés, con explícitos deseos de subrayar más lo positivo; y con unos personajes cuyos sinuosos vericuetos mentales nos resultan familiares (a mí al menos).

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lunes, 1 de diciembre de 2008

De Raymond Briggs, un autor importante y singular en el mundo de los álbumes, entre otras cosas por su uso intensivo de los recursos del cómic, se ha reeditado hace unos meses El muñeco de nieve. Es una historia que trata con acierto del mundo imaginativo y de los sueños de un niño.

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