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Notas de diciembre de 2009 :: bienvenidosalafiesta ::    
bienvenidos a la fiesta
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jueves, 31 de diciembre de 2009

Cuando desde el suplemento Culturas, de La Vanguardia, me pidieron un artículo para el número de diciembre dedicado a los libros infantiles y juveniles, preparé un texto largo a sabiendas de que luego sería necesario recortarlo por razones de espacio. Así que aquí está el texto completo: Un panorama de la LIJ en el 2009. Como también habla, más o menos, de modas o tendencias de ahora, cuelgo también Novelas juveniles inquietantes o sociedad inquietante, otro artículo que publiqué en Aceprensa hace unos meses.
Feliz Año.

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miércoles, 30 de diciembre de 2009

En lo que se refiere a la marcha de la página web, a pesar de mi declaración de intenciones de hace un año, no he conseguido introducir todas las voces importantes desde un punto de vista histórico: sigue pendiente para el 2010. También seguiré intentando dar homogeneidad y equilibro a las secciones temáticas donde se agrupan las notas diarias, colocando las cosas según la vida misma dicta.

Como ya hemos corregido pruebas, espero que el servicio de publicaciones de la Universidad de Valladolid pronto tenga disponible Cruces de caminos - Los álbumes ilustrados: construcción y lectura, el libro anunciado también hace un año sobre la confección narrativa y gráfica de los álbumes ilustrados que Fernando Zaparaín y yo hemos escrito. En su momento hablaré más de su contenido.

Continuaré con el plan Chesterton. Me hace gracia pensar que comencé con él a partir de oír unos comentarios desafortunados de personas cultas que, pensaba yo, deberían saber de qué hablaban, y de terminar enredado en una discusión innecesaria. También me asombra comprobar que, como consecuencia, haya disfrutado y aprendido mucho más de lo imaginable.

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PrattCortoM.jpg
martes, 29 de diciembre de 2009

Dos relatos y autores de cómic importantes: Flash Gordon, de Alex Raymond, y Corto Maltés, de Hugo Pratt. A mí me pasa con ellos, como con otros clásicos de aventuras, que les veo mucho los agujeros pero, sin duda, son hitos ineludibles en la historia del género y en la creación de ambientes y de personajes.

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AhlbergCarteroSimp.jpg
lunes, 28 de diciembre de 2009

Una serie de álbumes inolvidables de hace tiempo, uno de los cuales también tiene que ver con la Navidad, son los de El Cartero simpático, de Janet y Allan Ahlberg. Son magníficos para compartir, para introducir a los más pequeños a los cuentos más clásicos o bien para sacarles más partido a esos cuentos si ya son conocidos.

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domingo, 27 de diciembre de 2009

Resumo un discurso de Robert Spaemann que se tituló «¿Quién es un hombre culto?», conservando su numeración e intentando que las frases resuman el núcleo de cada uno de sus párrafos. De más está decir que recomiendo acudir al original.

1. Es culto quien está interesado en qué aspecto presenta el mundo desde otros ojos y quien ha aprendido a ampliar de ese modo el propio campo visual.

2. El hombre culto sabe que él es solamente “uno más”. No se toma a sí mismo muy en serio ni se considera muy importante. No extrae la percepción de su propia valía de la comparación con otros y a la vez tiene una acusada percepción de su propio valor.

3. El saber del hombre culto está estructurado. Lo que sabe tiene una trabazón interna. Y, cuando no la tiene, él trata de crearla o, al menos, de entender por qué es tan difícil conseguirla.

4. El hombre culto habla un lenguaje cotidiano bien diferenciado y rico en matices. No necesita usar términos científicos como muletas para orientarse en la vida y para entenderse con los demás.

5. El hombre culto se distingue por su capacidad de disfrutar de las cosas y por distanciarse del consumismo. Quien puede gozar realmente de lo que la realidad le ofrece, no necesita mucho de ella. Y quien se conforma con poco, tiene la mayor seguridad de que raramente le faltará de nada.

6. El hombre culto puede identificarse con algo sin ser un ingenuo o un ciego. Puede identificarse con amigos sin negar sus errores. Puede amar a su patria sin despreciar las patrias de los demás. Ve lo ajeno como un enriquecimiento sin el que no le gustaría vivir pero en lo ajeno no ve una razón para avergonzarse de lo propio. La continuidad biológica no es para él una condición de identificación.

7. El hombre culto puede admirar y entusiasmarse sin miedo a perder la dignidad por ello. Puede admirar sin envidia y puede alegrarse de excelencias que él no posee. No teme caer en ninguna clase de dependencia debido al agradecimiento. Es más, ni siquiera tiene algo en contra de depender de personas en las que confía. Prefiere correr el riesgo de que sus amigos lo decepcionen a la bajeza de desconfiar de ellos.

8. El hombre culto no teme hacer valoraciones y considera los juicios de valor como algo más que la expresión de estados de ánimo subjetivos. Reivindica para sus propios juicios de valor validez objetiva y, precisamente por eso, está dispuesto también a corregirlos. Sabe que hay obras de arte más cargadas de significado que otras y que hay personas mejores que otras.

9. El hombre culto sabe que la cultura no es lo más importante. Sabe que un hombre culto puede perfectamente llegar a ser un traidor. Es más, sabe que la distancia interna que lo distingue hace que la traición le resulte más fácil que a otras personas. Por otro lado, sabe también que alguien puede ser un hombre ruin o un pillo redomado y en el momento decisivo conservar la decencia.

10. Hay un punto en el que ser culto y ser bueno coinciden de modo plenamente natural y no forzado: en que un hombre culto ama la amistad y, sobre todo, la amistad con otros hombres cultos. En general, gozan más que otros y por eso —con independencia de las casualidades de la estimación social— vale la pena ser un hombre culto.

Robert Spaemann. «¿Quién es un hombre culto?» en Limites, acerca de la dimensión ética del actuar (Grenzen, Zur ethischen Dimension des Handelns, 2001). Madrid: Eiunsa, 2003; 512 pp.; col. Ética y sociedad; trad. de Javier Fernández Retenaga y José Carlos Mardomingo Sierra; ISBN 10: 84-8469-074-1. [Vista del libro en amazon.es]

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sábado, 26 de diciembre de 2009

As I Was Saying
reúne treinta y seis artículos de Chesterton publicados en el Illustrated London News entre 1934 y 1935. Dos habían sido recogidos ya en Awowals and Denials con otros títulos: «About Shamelessness» —o el impudor que se presenta como una nueva sensibilidad cuando realmente no es más que una nueva insensibilidad—, y «About Puritanism» —o las consecuencias de perder la religión y conservar la moralidad—, allí se llamaban «On Dialect and Decency» y «On the Fossil of a Fanatic». Otro, «About Voltaire» se publicó más tarde, con el título «The Evil Friendship», en The End of Armistice: Chesterton habla de que a veces parece que la historia está determinada por amistades malvadas, unas que comenzaron y otras que terminaron con una pelea, como la de Pilatos y Herodes en el primer caso y la de Voltaire y Federico de Prusia en el segundo.

Entre los artículos literarios en la misma línea de la tercera parte de Sidelights on New London and Newer York, uno interesante es «About the Past», donde dice que «hay algo muy raro en este sistema de alternancia, blanco y negro como un tablero de ajedrez», en la historia de la literatura, «como si cada hombre odiase a su padre y adorase a su abuelo», y pone como ejemplo que Aldous Huxley es como un retorno a Swift, habla de cierto paralelismo entre la falta de misericordia de Un mundo feliz y la de Los viajes de Gulliver, e indica que «esos que desprecian el sentimentalismo ahora tienen tendencia a hablar como si nadie lo hubiese despreciado antes». Una novedad, a la que dedica «About Widows», es la de los libros de memorias de algunas viudas de literatos célebres: dice que la novedad no está en lo literario sino en el nuevo tipo de viuda, tan distinta de la viuda cómica que popularizara Chaucer; y señala que ese tipo de libros revela una visión de la vida y del arte muy poco natural: parece como si «la biografía no fuera hecha para el hombre sino el hombre para la biografía», un síntoma más de que vivimos en un mundo de publicidad ruidoso pero espiritualmente muerto.

En «About Historians» se pregunta por qué nadie ha escrito una Historia de las Historias de Inglaterra. En «About Modern Girls» habla de la tragedia de una nueva generación a la que se les ha enseñado a odiar a su padre y a su abuelo pero se les dice que deben amar a todos los hombres como hermanos. En «About Royal Weddings» señala cómo las bodas históricas, donde vemos viejas formas de heráldica y de caballería, viejos emblemas del pasado que resurgen con ocasión de un ritual, son un modo más genuino y real de recordar la historia que el modo periodístico, pues cada escudo de armas, cada bandera y cada ritual nos recuerdan que hemos heredado una experiencia viva y compleja y nos previenen de que no hagamos el presente más estrecho que el pasado.

En «About Mad Metaphors» habla de cómo las figuras del lenguaje acaban siendo como fósiles y de la necesidad de evitar el reblandecimiento del cerebro de quienes conservan las metáforas mucho tiempo después de que hayan perdido su significado. En «About Bad Comparisons» (contenido en Correr tras el propio sombrero) señala el error de quienes suponen que una cosa es una extensión de otra o un exceso de otra cuando, en realidad, es otra cosa completamente distinta: así, el autoritarismo, el exceso de autoridad, por ejemplo de un policía, no es exagerar la autoridad sino reducirla a nada.

Entre los artículos que tratan sobre la futura segunda guerra mundial, en «About Loving Germans» se lamenta de que haya gente que admira lo peor y no lo mejor de los demás: cuando alguien elogió a la nueva Alemania «sostuve que yo tenía mucha más simpatía por un soldado que muere por el Kaiser que por un experto trabajando para los Krupps», en especial un experto en gas venenoso. En «About Impenitence», sobre los pacifistas de la época, comenta que los estoicos hablaban de soportar el dolor con paciencia pero no se les ocurría decir que su paciencia impediría que otros les causaran dolor; que los mártires soportaron torturas por sus creencias pero nunca dijeron que no creían en la tortura; en cambio los pacifistas suponen que pueden acabar con un reinado de violencia y orgullo sin hacer nada pero, ¿cree alguien que Hitler o Stalin o Mussolini abandonarán sus planes porque los pacifistas se propongan no interferir con ellos?

G. K. Chesterton. As I Was Saying, 1936.

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ElGregoSgdaFamconSantaAna16002.jpg
La Sagrada Familia con
Santa Ana. El Greco, 1600.
viernes, 25 de diciembre de 2009

Hay quienes cogen algo natural, lo pintan de mala manera y lo desfiguran con añadidos artificiales, y después se quejan de que es algo antinatural y lo tiran. Al principio aceptan las alteraciones como mejoras, y al final cada supuesta mejora sirve para mostrar que la cosa no debería ser alterada sino abolida. Esto es lo que algunos hacen con las Navidades: primero las vulgarizan y luego las denuncian por vulgares, primero las hacen comerciales y luego desean suprimir la Navidad pero conservar el comercio.

No es extraño que quienes comprenden el cristianismo como si fuera una especie de combinación «del optimismo carente de fundamento de un ateo americano con el pacifismo de un hinduísmo amable», vean el espíritu de la Navidad como si fuera esparcir acebo y muérdago por lugares donde si algo no hay es el verdadero espíritu de la Navidad, o lo identifiquen con la publicidad ajetreada y bulliciosa que vemos alrededor. Pero quien desee ser original, o volver a los orígenes, debe recordar una obviedad: la Navidad fue, y lo sigue siendo allí donde se celebra de verdad, una fiesta familiar; y su razón, su única razón, era y sigue siendo de índole religiosa: tenía que ver con una familia feliz porque estaba consagrada a la Sagrada Familia.

G. K. Chesterton. Textos adaptados y algo modificados de «The Winter Feast», The Apostle and the Wild Ducks, el primer párrafo; y de «El espíritu de la Navidad», Por qué soy católico, el segundo.

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jueves, 24 de diciembre de 2009

Como en años anteriores, renuevo mi agradecimiento a todos los que me citan o enlazan, a todos los que me hacen cosas que debería corregir o mejorar, y a todos los que siguen y leen la página: 27485 visitantes únicos durante noviembre según el servidor. Feliz Navidad a todos.

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miércoles, 23 de diciembre de 2009

Después de Heidi, La princesita, y Ana, la de Tejas Verdes, llegó Pollyanna, de Eleanor Hodgman Porter, una chica que aprendió a descubrir en todo motivos por los que alegrarse, lo que por ejemplo incluía recibir los castigos como recompensas.

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martes, 22 de diciembre de 2009

Dos ilustradores importantes para la historia de la literatura infantil en España: Apel.les Mestres y Joan Junceda.

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lunes, 21 de diciembre de 2009

Un bonito álbum descatalogado pero que dura en mi memoria: El Tren de Navidad, de Ivan Gantschev. En este caso la Navidad sólo se relaciona con la historia porque el incidente que se cuenta tiene lugar la tarde anterior a Nochebuena. Es un relato sencillo y emotivo al que dan fuerza unas ilustraciones sugerentes.

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domingo, 20 de diciembre de 2009

Joachim Jeremias:
 «En ningún sitio se descubre tan claramente como en la oración el estado de descomposición y de malestar interior en que se encontraba el mundo helenista —sobre todo el próximo Oriente— en la época del Nuevo Testamento. La oración del mundo griego, incluso antes del periodo helenista, no conoce todo ese carácter de seriedad, de temor lleno de respeto que se comprueba en la oración bíblica. Nos lo demuestra un ejemplo: en la época de la comedia antigua las parodias de la oración constituyen uno de los tópicos del género: las encontramos particularmente en Aristófanes (446-385 a.C.): bufonescas, inmorales, ridículas y hasta obscenas, estas oraciones se insertan en la trama de la acción para suscitar las carcajadas del público. (...)

Más tarde, en la época helenista, fue la filosofía la que se encargó de enterrar la oración. La escuela estoica contribuyó notablemente a desarraigar la fe en Dios. Séneca pone a los dioses y a la naturaleza en el mismo plano. ¿Tiene acaso algún sentido rezar a la naturaleza? “¿Qué sentido tiene elevar las manos al cielo?... Dios está en ti” [Ad Lucilium]. Lo mismo que los estoicos, también los epicúreos afirman la inutilidad de la oración, el escepticismo invade entonces la situación. Los hombres piden cosas contradictorias, ¿cómo puede Dios escucharlos a todos? Bajo un aspecto distinto, las religiones de los misterios y la mística socavan también la oración: el ser humano es divinizado. “Tú eres yo y yo soy tú” [Papiro de Leyde]: el místico habla como un dios con Dios. Es la muerte de la oración.

La crisis de la oración en los ambientes cultos tuvo naturalmente repercusiones entre el pueblo sencillo. No es que cesaran las plegarias, pero los hombres estaban perplejos ante ellas. El desarrollo de los cultos extranjeros quebrantó la certeza que tenían en sus propios dioses. En un caso particular no sabían ya a qué divinidad dirigirse, de ahí los altares dedicados “a los dioses desconocidos” [Hechos, 17,23]. E incluso cuando saben ante quien tienen que acudir, no tienen la certeza de que les vayan a escuchar; en efecto, ¿se conoce el nombre exacto por el que la divinidad quiere que la invoquen? Los millares de papiros mágicos, cubiertos profusamente de nombres y de epítetos oscuros, constituyen otros tantos testimonios desconcertantes de una oración que ha perdido toda certidumbre. Nos enseñan además otra cosa: donde la oración está en crisis, gana terreno la superstición. La oración se convierte entonces en magia. Se quiere someter a la divinidad por medio de nombres misteriosos, se cansa a los dioses, se les amenaza.

No hay ningún otro síntoma que revele mejor la decadencia del próximo Oriente a comienzos de la era cristiana como la crisis aguda de la oración.

Es muy distinto lo que ocurre en el judaísmo, sobre todo en Palestina. Aquí la oración tiene un lugar indiscutible en la piedad del pueblo; aquí reinan en este terreno normas bien establecidas, aquí se forma a los hombres en la oración desde sus primeros años».

Joachim Jeremias. Abba. El mensaje central del Nuevo Testamento (Iesu und seine Botschaft, The Central Message of the NT, 1965, 1966). Sígueme, 2005, 6ª impr.; 356 pp.; col. Biblioteca de estudios bíblicos; trad. de Alfonso Ortiz García y Fernando Vevia, Constantino Ruiz-Garrido, José María Bernáldez, Jesús Rey, Faustino Martínez; ISBN 10: 84-301-0858-0.

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sábado, 19 de diciembre de 2009

Avowals and Denials,
libro que recopila treinta y seis artículos de Chesterton escritos los años 1932 y 1933 para el Illustrated London News, deja constancia de su creciente preocupación por la evolución social y política del mundo y por la guerra futura que veía venir con toda claridad.

En varios señala cómo las modas van y vienen en el mundo literario. En «On a Melodrama» dice cómo han vuelto a las tablas, con otro disfraz, el Soliloquio y el Aparte después de un tiempo en el que se proscribieron. En «On the Letter-Bag Novel» reivindica el valor de las novelas construidas a base de cartas, después de que durante la época victoriana se diera gran valor a que las historias fueran breves y brillantes al modo de Stevenson y Kipling: «tanto en el caso de la novela como del drama, la moraleja es que las cosas a menudo se renuevan volviendo a su infancia». En «On Wordsworth» apunta que, aunque se dice que Wordsworth cambió muchas cosas, en realidad cambió muy pocas pues la suya, como tantas, fue una reacción contra la reacción: los jóvenes a menudo piensan que su movimiento está siendo el de ir hacia delante cuando en realidad están dando la vuelta, y es que entre los catorce y los cuarenta un hombre ve una gran marea viniendo y otra yendo y asocia la primera con el futuro y la segunda con el pasado, pero cuando alcanza los cincuenta empieza a darse cuenta de cómo funcionan las mareas.

En «On Man: Heir of all the Ages» comenta las teorías de Christopher Dawson acerca de que hay varios estados en la historia espiritual de la humanidad para ilustrar una verdad olvidada: que un ser humano completo es como un príncipe mirando desde el pináculo de una torre construida por sus padres y no un bobo presuntuoso que se dedica a dar patadas a la escalera por la que ha subido. Esa misma dirección, de respeto al pasado, sigue «On the Classicism of the Terror», donde opina en favor de la revolución francesa, a pesar de su violencia y de su pedantería, por lo que supuso de liberación de un feudalismo decadente y opresivo, pero señala cómo, sin embargo, produjo una intolerancia intelectual asombrosa de forma que, lo que al principio fue una calurosa novedad en política, en el arte se transformó en algo frío e inmovilista. La misma idea, de que como «no hay tradición en las revoluciones; cada revolución es una revolución contra la última revolución», y por tanto el arte se fosiliza en ellas, vuelve a salir en «On Eric Gill», donde habla de que los artistas no tienen derecho a despreciar su propio pasado.

A propósito de quienes defendían el nudismo, en «On Dialect and Decency» comenta lo extraño que le parece sentirse orgulloso de una nueva insensibilidad: cuando se dice, como un avance, que hoy los niños están acostumbrados a cosas que hubieran hecho que sus abuelos se batieran en duelo, no se piensa que los duelistas podían ser fastidiosos pero estaban vivos; quien se enorgullece del hecho de que su abuela se quedaría en estado de shock con las cosas que él está acostumbrado a ver y oír sin sufrir ningún colapso nervioso, debería pensar que tal vez su abuela estaba viva y él está paralítico. En «On the Crank and the Cad» señala que muchas noticias del periódico tienden a ser raras y no representativas: están escritas por gente normal pero tratan sobre gente anormal y, por eso, no son una guía de la opinión pública sino una guía de la opinión del propietario del periódico y de su deseo de vender; son una prueba de que los hombres desean que les diviertan, y se siguen divirtiendo, hoy como ayer, con enanos y gigantes, con mujeres barbudas y hombres de doce dedos.

De los artículos en discusión con los pacifistas de la época, en «On the Great Relapse» habla de que una Inglaterra pacifista es una Inglaterra insular y vuelve a criticar a su amigo H. G. Wells, que «ha escrito miles de páginas en favor de la paz pero ninguna en favor de Polonia». De los que hablan de la llegada de Hitler al poder, en «On the Return of the Barbarian» señala que ya está claro que «una civilización particular ha regresado a la barbarie»: ciertamente puede haber puntos en los que los bárbaros tengan razón y los ciudadanos de una cultura decadente estén equivocados, dice, pero la diferencia está en que la civilización sigue teniendo el poder de curar sus propias enfermedades mientras que los bárbaros sólo por accidente podrían; mientras el bárbaro tiene la razón sólo por accidente y ni siquiera entonces sabe que la tiene, el hombre civilizado sabe que está confundido por su propia culpa y, al reconocerlo, al menos tiene la capacidad de volver a obrar correctamente.

G. K. Chesterton. Avowals and Denials, 1934.

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viernes, 18 de diciembre de 2009

Si alguien piensa que a finales del siglo XIX y principios del XX sólo había relatos de niños desgraciados a los que un vuelco de fortuna, junto con su buen carácter, les cambiaba la vida, le interesará leer Pelo de Zanahoria, de Jules Renard. Entre otras cosas, porque siempre viene bien librarse de los estereotipos.

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HopeZenda.jpg
jueves, 17 de diciembre de 2009

Dos fanfarrones decimonónicos, uno francés y otro inglés, protagonizan Aventuras maravillosas pero auténticas del Capitán Corcorán, de Alfred Assollant, y El prisionero de Zenda, de Anthony Hope.

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miércoles, 16 de diciembre de 2009

Después de las novelas de Spyri y Burnett, llegó la serie de de Lucy Maud Montgomery sobre Ana, la de Tejas Verdes, la niña más encantadora de toda la literatura después de Alicia, según dijo Mark Twain...

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martes, 15 de diciembre de 2009

Una de las primerísimas novelas sobre una niña huérfana que lo acaba cambiando todo: Heidi, de Johanna Spyri. Además, dejó en la memoria de muchos a la señorita Rottenmeier como el estereotipo de tutora o profesora rígida y odiosa. Veo que ya está descatalogada la edición en castellano con las ilustraciones de Tomi Ungerer, de quien es la ilustración de la derecha, que he tomado de la portada de una edición francesa de Otra vez Heidi, la segunda parte de la historia.

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lunes, 14 de diciembre de 2009

El Pequeño Tamborilero,
de Loren Long, es una historia, basada en la famosa canción navideña del mismo nombre (The Little Drummer Boy), que se parece mucho a otras sobre juguetes que se pierden, corren aventuras, y luego se recuperan.

Un niño encuentra un regalo en el umbral de su casa: un paquete que contiene un pequeño tamborilero que sabe hacer sonar su instrumento. Más tarde, a consecuencia de un movimiento de la cola del perro cae a la papelera y, a partir de ahí, el muñeco recorre distintos ambientes siempre alegrando la vida a los demás.

Con sus acrílicos característicos, el autor presenta perspectivas espectaculares de los momentos y lugares por los que pasa el tamborilero, acentuando la calidez o el dramatismo según sea el caso. Al igual que otros relatos navideños la intención obvia es llegar al corazón del lector y, seguramente, quienes estén en la misma longitud de onda del autor, y los que puedan leer la historia sin condicionamientos (por ejemplo, porque uno acabó harto de una versión de la famosa cancioncilla cuando era niño, mi caso), agradecen que la historia sea tal como es: previsible y algo acaramelada pero bonita.

Loren Long. El Pequeño Tamborilero (Drummer Boy, 2008). Barcelona: Juventud, 2009; 32 pp.; col. Álbumes ilustrados; trad. de Raquel Solà Garcia; ISBN: 978-84-261-3749-4.

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domingo, 13 de diciembre de 2009

Andréi Tarkovski:
«La persona que participa en la creación de la cultura —el intelectual o el artista— no tiene motivos para enorgullecerse. El talento lo ha recibido de Dios, a quien obviamente se lo tiene que agradecer. No puede producir soberbia alguna tener talento pues sólo por casualidad es de uno. El mero hecho de haber nacido en una familia acomodada no le proporciona a una persona el sentido de su propia dignidad, ni el consiguiente respeto a los demás». Y continúa: «Nunca he podido entender el problema de la llamada “libertad” o “falta de libertad” del artista. Un artista nunca es libre. A ningún grupo de gente le falta más la libertad que a nosotros. Un artista está ligado a su vocación. Su única libertad es hacer fructificar tu talento, todo cuanto pueda, o vender su alma por treinta monedas de plata. ¿Acaso la frenética búsqueda de Tolstoi, de Dostoievski, de Gógol, no nació de la conciencia de su propia vocación, de la función que a ellos se les había asignado? Como todos los artistas, ellos fueron hombres sufridores escogidos por Dios para llevar la cruz del talento».

Rafael Llano. En el volumen 2 de Andréi Tarkovski: vida y obra (2002). Valencia: Generalitat Valenciana-Consellería de Cultura i Educació- Ediciones de la Filmoteca, 2003; 823 pp.; prólogo de Víctor Erice; ISBN: 84-482-3295-X.

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sábado, 12 de diciembre de 2009

All I Survey
son cuarenta y cuatro artículos que Chesterton publicó en el Illustrated London News entre 1931 y 1932 a propósito de alguna noticia o sucedido del momento. Aunque no contienen introducción ni parece que hubiera una particular selección, como ya dije en reseñas de libros anteriores, se puede apuntar que hay una interesante reflexión acerca del trabajo periodístico del autor, ya tan largo en esa época, en «On Monsters»: a la vista de los debates del momento en el Parlamento o en la Prensa, sobre cuestiones como la eugenesia o la transformación de tabernas en museos locales, se pregunta si vale la pena atacar cada monstruo absurdo de insensatez que va surgiendo cuando, al cabo de poco tiempo, los mismos monstruos se matan ellos mismos igual que dragones que fueron pesadillas, y comenta que se ve a sí mismo como un tipo que atiza latigazos a caballos que se mueren y que debe arrepentirse de su inhumanidad.

Entre los artículos literarios los hay dedicados a Chaucer, a Swift, a Walter Scott. Otro, contenido en Correr tras el propio sombrero, es el magnífico «Las convenciones de la novela», citado en la nota que titulé Aprender a describir.  En «On Phases of Eccentricity» señala que algunas de las supuestas innovaciones de James Joyce y Gertrude Stein, como la de crear nuevas palabras, había sido inventada ya por Lewis Carroll y los autores de nonsense; hace notar y ejemplifica que la teoría de que la literatura evoluciona gracias a nuevos experimentos se ve desmentida por la misma historia literaria. En «On Sense and Sound» dice que «hay más y más profundas dificultades de las que se cree en el hecho de romper las tradiciones de la rima» en la poesía: muchos modernos poetas que no intentan la antigua boda entre sonido y sentido parecen haber pasado de la vieja fase swinburniana de sonido sin sentido a la última fase de sinsentido sin sonido; «pero incluso los mejores entre los nuevos poetas parecen estar buscando un divorcio más que una boda». Una idea que Chesterton aplica en muchos terrenos —literarios, artísticos, sociales— está en «On the Staleness of Revolt»: las nuevas rebeliones son siempre rebeliones contra quienes antes fueron rebeldes y por eso no hay simpatía entre revoluciones, del mismo modo que no las hay entre modas; cada novedad tiene su propio lado absurdo, que no ve, mientras que por el contrario sí es muy sensible al absurdo de aquella novedad que se ha quedado anticuada.

De los artículos que podríamos llamar educativos, aunque también políticos, en Leyes educativas ya cité «El niño» («On the Child», contenido en Correr tras el propio sombrero). En «On Dependence and Independence» habla de que el problema moderno es la abundancia de restos de moralidad que son como esos enormes trozos informes de hielo a la deriva que causan tantos naufragios. En «On Education» apunta que uno de los ejemplos de cómo el mundo dice que va en una dirección pero, en realidad, camina en la contraria, está en la educación: en teoría vivimos en un mundo que considera la educación de gran importancia pero, en la práctica, vivimos en una época antieducativa y los educadores tienen por delante la imposible tarea de poner la escuela en orden antes de que nadie haya puesto el Estado en orden. En «On St. George Revivified» explica que la historia es una colina desde la que se ve el presente y que la formación histórica de los jóvenes es muy fragmentaria: sólo conocen trocitos aislados de historia que permanecen ocultos en frases hechas (como la de "St. George for Merry England") y el resultado es una curiosa estrechez para juzgar los problemas del pasado inmediato y del presente.

Entre los artículos dedicados al ambiente social, uno de tipo general es «On Thoughtless Remarks», donde indica que «una de las principales molestias de nuestro tiempo es el enjambre de pequeñas cosas, en forma de pequeños pensamientos o pequeños dichos divorciados de los pensamientos, que invaden  nuestra atmósfera como si fueran pequeños insectos, insignificantes y casi invisibles pero innumerables y casi omnipresentes». Al respecto, en «On a New Tax» propone que los que digan tonterías paguen un impuesto (no una multa: «en estos días, cuando tantas escuelas dan Lecciones para la Ciudadanía, la mayoría de la gente parece (...) ser incapaz de distinguir entre un impuesto y una multa, salvo por el hecho de que la multa es normalmente más ligera»); y, entre los ejemplos que pone para señalar a qué se refiere, habla de mencionar a Einstein cuando no se sabe dónde llevan sus teorías o cómo pueden ser usadas para probar algo.

En «On Journalistic Philosophy» señala que «nuestros padres colgaban hombres por pequeños robos, mientras que nosotros exaltamos y ennoblecemos y llevamos a la cámara de los Lores a quienes cometen robos enormes e impresionantes», y apunta contra quienes critican el pasado pero son incapaces de criticar el presente. Esta idea se aplicar también a los artículos en polémica con las opiniones de Wells acerca de un Estado Mundial, y a los escritos en abierta oposición contra los argumentos pacifistas del momento, tan centrados en criticar el pasado y tan ciegos sin embargo para la gran amenaza que significaba Hitler: uno, titulado «On Old Men Who Make Wars», termina diciendo que «estamos horriblemente cerca de una nueva guerra que probablemente comenzará en la frontera polaca».

G. K. Chesterton. All I Survey, 1932.

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SciasciaContexto.JPG
viernes, 11 de diciembre de 2009

El contexto. Una parodia,
es una novelita de Leonardo Sciascia útil para estos tiempos en que vivimos. Una nota final aclara un poco el sentido de su obra: por qué la llama una parodia cuando viene a ser un apólogo sobre el poder que degenera en una red mafiosa.

El protagonista es el inspector Rogas, un personaje del que se nos dice que detesta cualquier tipo de apuesta porque no quiere correr el riesgo de ganar ya que siente debilidad por las derrotas y por los derrotados. Su intención de descubrir al asesino, primero del fiscal Varga y luego de otras personas, topará con un muro de miedos y silencios.

El relato, igual que otros del autor siciliano, habla de un país en el que las ideologías se reducen a puras denominaciones en el reparto de papeles atribuidos por el poder y donde lo único que cuenta es el poder por el poder. A pesar de que no se muestre ninguna luz al final del túnel, las reflexiones que se hacen en la novela son interesantes:

«—¿Qué significa ser inocente cuando se cae en el engranaje? No significa nada, se lo aseguro [—le dice un tipo a Rogas—]. (...) Como cruzar la calle, y acabar debajo de un coche. Inocente, y ha sido atropellado por un coche. ¿Qué sentido tiene decir algo así?
—Pero no todos son inocentes —dijo Rogas—. Me refiero a los que caen en el engranaje.
—Tal como va el engranaje, podrían ser todos inocentes.
—En ese caso también se podría decir: tal como va la inocencia, podríamos caer todos en el engranaje».

Leonardo Sciascia. El contexto. Una parodia (Il contexto. Una parodia, 1971). Barcelona: Tusquets, 1991; 167 pp.; col. Andanzas; trad. de Carmen Artal; ISBN: 84-7223-379-0.

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jueves, 10 de diciembre de 2009

Enriquillo
,
de Manuel de Jesús Galván, y El esclavo de Atila de Géza Gárdonyi, son novelas antiguas que podemos llamar históricas por los dos motivos: por la fecha de su publicación y porque sus autores intentaron recordar épocas pasadas de sus propios países, la República dominicana y Hungría.

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KasparaviciusCosasAveces2.jpg
miércoles, 9 de diciembre de 2009

Igual que un libro previo titulado Cosas que pasan cada día, Cosas que a veces pasan, del ilustrador lituano Kęstutis Kasparavičius, contiene treinta y siete relatos de una sola página, cada uno con una ilustración que ocupa la página opuesta y con otra ilustración pequeña en la página donde va el texto.

Todos ellos hablan de animales y objetos que tienen una vida secreta que los hombres desconocemos y las excelentes ilustraciones los enriquecen añadiendo detalles y perspectivas. Son relatos de un surrealismo fácil de comprender: Linterna, sobre una linterna que se enfadó un día y «no daba luz sino oscuridad»; Cerdos, sobre una familia de cerdos, donde «todos los cerdos comen como cerdos: sin cucharas, tenedores ni cuchillos», excepto uno; La rebelión, sobre un día que «los clavos proclamaron una rebelión en la caja de herramientas». A veces el humor es disparatado pero por otra vía, como en Canguro, sobre una canguro a la que le encantaba saltar y, a continuación el narrador aclara que «los saltamontes también saltan pero son pequeños y verdes, así que no son canguros; no tienen nada que ver».

Kęstutis Kasparavičius. Cosas que pasan cada día (Kvailos istorijos). Barcelona: Thule, 2008; 80 pp.; col. Trampantojo; trad. de Aloe Azid; ISBN 13: 978-84-96473-35-5.
Kęstutis Kasparavičius. Cosas que a veces pasan (Trumpos istorijos). Barcelona: Thule, 2009; 80 pp.; col. Trampantojo; trad. de Alvar Zaid; ISBN 13: 978-84-92595-40-2. Nueva edición en 2016; ISBN: 978-8415357926. [Vista del libro en amazon.es]

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martes, 8 de diciembre de 2009

C. S. Lewis
pensaba que, durante su niñez, sus creencias religiosas no se habían desarrollado adecuadamente debido a que le insistían en que debía tener determinados sentimientos respecto a Dios y a Jesucristo, y, como los sentimientos no se pueden forzar, ese modo de presentarle vinculadas la reverencia y la obligación fue contraproducente. Con esa experiencia en la mente compuso las Crónicas de Narniasuponía que, si los niños llegaban a querer y admirar a Aslan por sí mismo, tendrían más fácil el camino para luego amar y admirar a Jesucristo. Opinaba que, tal vez así, sus sentimientos se verían menos inhibidos por las deficiencias que inevitablemente notarían cuando se les transmitieran las enseñanzas cristianas.

Esa misma intención, de provocar sentimientos afectuosos hacia Jesucristo, María y José, tienen algunos relatos navideños como, recientemente, La historia de Jasid, de Tomás Trigo. En este caso el narrador es Jasid, un perro muy joven, con mucho que aprender todavía, que regalan a José antes de que nazca Jesucristo y que, por tanto, vivirá todos los acontecimientos que seguirán. La historia cumple sus propósitos iniciales pero se sostiene bien por sí misma porque Jasid tiene personalidad propia, cuenta bien las cosas, hace comentarios chispeantes y también se suceden incidentes graciosos.

Tomás Trigo. La historia de Jasid (2009). Madrid: Palabra, 2009; 160 pp.; col. Libros Ilustrados; ilust. de Mar Ballesteros; ISBN: 978-84-9840-269-8.

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lunes, 7 de diciembre de 2009

Sigo con buenos relatos de Navidad así que le toca el turno un estupendo álbum hoy descatalogado: El mejor regalo, de Rita Van Bilsen y Cornelis Wilkeshuis. En este caso, a diferencia de los citados la semana pasada, es un relato de los que vuelve al principio, a la primera Navidad de la que vienen todas las demás navidades.

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domingo, 6 de diciembre de 2009

Uno. La mente de partido que mucha gente tiene dificulta ponerse de acuerdo para encontrar soluciones. Chéjov, refiriéndose a su mundo literario, decía: «En todas nuestras revistas de gran formato reina una atmósfera fastidiosa, de club, de partido. ¡Se ahoga uno! Por eso no me gustan, y no me seduce la idea de trabajar en ellas. El espíritu de partido, especialmente cuando es mediocre y estéril, no ama la libertad y la amplitud de miras».

Dos. Aparte de que muchos medios de comunicación están comprados por el poder, directa o indirectamente, y por tanto no informan con limpieza, su misma estructura y la misma mente de muchos periodistas les impide informar bien. Dice David Lodge: «Los periódicos construyen la realidad sobre la que dicen informar, pero no por razones ideológicas siniestras (…), sino porque es tal su obsesión por la mística de su profesión (…) que cometen crasos errores de hecho y de interpretación».

Tres. Nos fiamos de gente supuestamente lista que además se creen listos o que incluso lo son en su ámbito propio. Ya he puesto varias notas que hacen referencia a que alguna gente inteligente comete graves errores de juicio: unos porque hacen conjeturas sin fundamento (Profetas), otros porque no parecen haberse parado a pensar lo que dicen (Extraña ingenuidad), otros porque no se informan sobre aspectos que desconocen (Los errores más increíbles). Otro ejemplo más, que da Canetti, nos enseña también qué pasa cuando alguien opina con solemnidad en un terreno que no es el suyo y en función de un supuesto «progreso»: un amigo de Hegel cuenta que, después de oír La Pasión según San Mateo, Hegel dijo «que esto no es buena música, que ahora se ha avanzado más, aunque aún se esté muy lejos de lo realmente válido».

Antón Chéjov. Carta a Alekséi Pleschéiev, Moscú, 23 de enero de 1888. En Sin trama y sin final: 99 consejos para escritores (Senza trama e senza finale: 99 consegli di escritura, 2002). Barcelona: Alba, 2005; 103 pp.; col. Alba clásica; edición de Piero Brunello; trad. de Víctor Gallego Ballestero; ISBN: 84-8428-253-8.
David Lodge. La conciencia y la novela - Crítica literaria y creación literaria (Consciousness and the Novel, 2002). Barcelona: Península, 2004; pp.; col. Atalaya; traducción de Miguel Martínez Lage, con la colaboración de Eugenia Vázquez-nacarino.
Elías Canetti. De una carta de Zelter a Goethe de marzo de 1829. Apuntes: 1942-1993. Barcelona: Galaxia Gutenberg: Círculo de Lectores, 2003; 1195 pp.; col. Opera mundi; Obras completas, 4; edición dirigida por Juan José del Solar; ISBN: 84-226-9368-2 (Círculo de Lectores), 84-8109-398-X (Galaxia Gutenberg).

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sábado, 5 de diciembre de 2009

All is Grist
fue un libro que reunió treinta y ocho artículos publicados por Chesterton en el Illustrated London News a lo largo de 1930 y 1931. Junto con Come to Think of it, al que siguió, es el que contiene los artículos que ahora son menos conocidos porque, así como las otras recopilaciones del final de su vida están disponibles en la red, estos dos libros no lo están. Dada la fecha de su publicación, y que no debió haber un editor que pensase qué sería mejor incluir y qué no, algunos contienen ideas de libros casi contemporáneos: las ideas de «On the Renaissance» sobre la paradoja del Renacimiento en Roma, o sobre cómo la fe puede adoptar distintos ropajes estéticos, las encontramos en The Resurrection of Rome; de su viaje reciente a Canadá proceden «On Thoughts in Canada» y «On Travel’s Surprises», sobre cómo a veces los cuentos de viajeros nos parecen cuentos de embustes pero, en realidad, en ocasiones uno comprueba que no lo son tanto cuando ve las cosas por sí mismo.

Entre los textos sobre cuestiones literarias destaco dos. Uno, «On Anthony Trollope: Historian», donde señala con ironía que «lo que los historiadores serios han disfrazado el novelista frívolo lo ha detectado. Las historias de aquellos son ficción y las ficciones del segundo son historia»: Trollope fue un testigo de que Inglaterra es un estado aristocrático, y no un estado burgués; un testigo sólido del pasado porque ni era consciente de que lo estaba siendo. Otro, largo y jugoso, es el titulado «On Algernon Charles Swinburne», donde señala que Swimburne y Eliot, poetas de moda en épocas distintas, tenían ideas opuestas, del periodo de Mazzini las del primero y del de Mussolini las del segundo, y de ahí saca un ejemplo más de que la última revolución se produce siempre contra la revolución previa.

Hay varios artículos con el enfoque global de la tercera parte de Sidelights on New London and Newer York: el de poner las nuevas modas frente a las antiguas costumbres para explicar qué significaban estas últimas y qué significan o qué consecuencias pueden tener las novedades. En «On Sightseeing» señala que siempre es más sabio considerar no por qué una cosa no es gozosa sino por qué nosotros no gozamos con ella, y aclara que los distintos tipos de arte monumental siempre fueron hechos para dos tipos de observadores, los viajeros y los peregrinos, algo que se ha visto alterado con la nueva moda de ir a los museos, tantas veces una comida intelectual incongruente. En «On the Pleasures of no Longer Being Very Young» dice que «la ventaja de ir cumpliendo años está en descubrir que las tradiciones son verdad y, por eso, vivas; más aún, una tradición no es ni siquiera tradicional si no está viva»; y, en el terreno artístico, una de las ventajas «de quienes tienen muchos años es que ellos ven las nuevas cosas agudamente contrastadas contra un fondo de formas distintas y definidas» mientras que «para los jóvenes esas nuevas cosas son a menudo ellas mismas el fondo y a duras penas las ven», piensan que viven en un mundo lleno de cosas muertas y sin significado y no pueden darse del todo cuenta de que la realidad es justo la contraria. Otra comparación entre el presente y el pasado está en «On the Intellect of Yesterday», donde comienza diciendo que se suele asegurar que la generación actual está mejor educada que las anteriores, aunque curiosamente quienes responden a ese tipo de encuestas son gentes de la generación actual, y luego desarrolla la tesis, no por primera ni última vez, de que estamos en una Edad Psicológica y no en una Edad Intelectual: el mundo ha mejorado en todo menos en el intelecto; ha mejorado en sensibilidad artística, en simpatías sociales, en la capacidad de apreciar las señales que se dirigen a nuestros sentimientos, pues esos códigos los manejamos mejor; pero, sin embargo, nuestra capacidad de seguir un proceso de razonamiento largo es cada vez menor pues hoy el énfasis se pone no en los argumentos sino en las estrategias para persuadir a los hombres.

En esa misma línea de razonar correctamente, «On Flocking» responde a quienes hablan de que hoy día la gente huye de las iglesias y por eso proponen cambios: señala, primero, que un memorial de guerra es un memorial de guerra y quien va allí espera encontrar eso y no otra cosa y, segundo, que «incluso suponiendo que la teología fuera impopular, de ahí no se concluye que la ausencia de teología fuera popular»; o, dicho de un modo más general, se ha de razonar yendo de la causa al efecto y no del efecto a la causa, no se puede comenzar con el resultado y luego razonar como si la causa hubiese sido añadida después del resultado, es decir, sugerir que el resultado debería destruir la causa. De un modo parecido, en «On Liberties and Lotteries» señala la inconsistencia del argumento que afirma que un hombre no está en lo correcto porque muchos otros se comportan de manera distinta: de que haya distintos conceptos de decencia no se concluye que todos valgan igual, del mismo modo que un hombre puede sostener que la tierra es redonda mientras que todos los demás dicen que es plana; el hecho de que Mussolini permitiera las loterías y en la Inglaterra de la época estuvieran prohibidas significa que una cosa son las distintas libertades y otra la libertad, que la noción de libertad se acaba diluyendo en un polvo de diferenciaciones y distinciones si no fijamos un principio por el que las diferencias puedan ser contrastadas.

G. K. Chesterton. All is Grist (1931). New York: Dodd, Mead and Company, 1932; 262 pp. Que yo sepa, no hay edición en la red. El libro como tal se puede conseguir en el mercado de segunda mano. Los artículos que contiene, junto con otros, están en el volumen 35 de Collected Works by G. K. Chesterton, Ignatius Press.

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viernes, 4 de diciembre de 2009

Parece ser que Truman Capote, «invitado a la URSS por los altos estamentos culturales de ella, apareció vestido de manera estrafalaria, con un abrigo blanco hasta los pies, y no sé qué más abalorios muy aparatosos. El diplomático americano, allí presente, se sintió obligado a decir al ministro soviético de Cultura algo así como: “¡Ya sabe usted cómo son los escritores!”, y éste contestó: “Nosotros también los tenemos así, pero no los enseñamos”». Sea como sea, Capote fue un buen escritor del que, ahora, se pueden recordar sus especiales y entrañables cuentos navideños.

José Jiménez Lozano. Los cuadernos de letra pequeña (2003). Valencia: Pre-Textos, 2003; 248 pp.; col. Narrativa Contemporánea; ISBN: 84-8191-516-5.

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jueves, 3 de diciembre de 2009

A veces me llegan mensajes del tipo «¡pero cómo no has puesto todavía a...!» que me hacen caer en la cuenta de ausencias verdaderamente imperdonables. Es lo que tiene que la vida sea analógica y no digital. Últimamente me lo han dicho, con razón, a propósito de El principito, de Antoine de Saint-Exupéry, una obra que también evoca la nostalgia de la Navidad: «Cuando yo era pequeño, la luz del árbol de Navidad, la música de la misa de gallo, la dulzura de las sonrisas formaban todo el resplandor del regalo de Navidad que recibía».

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miércoles, 2 de diciembre de 2009

En casa de las Penderwick
,
de Jeanne Birdsall, continúa con la historia de las hermanas Penderwick. Ya los personajes no nos sorprenden, claro está, pero la escritora sabe pulsar con acierto los mismos resortes de la novela previa y consigue una historia igual o más graciosa que los seguidores de la serie disfrutarán.

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martes, 1 de diciembre de 2009

Ha salido una nueva y valiosa edición de los Cuentos para niños de Ionesco, con ilustraciones de Etienne Delessert que por momentos recuerdan portadas de discos famosas de los Beatles o, en general, respiran aires pop de los setenta, y en las que abundan, cómo no, los rinocerontes. Está bien, aunque sea pequeña y deje ganas de más, la explicación final del ilustrador sobre cómo puso imágenes a esos relatos.

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