Este sitio emplea cookies de Google para prestar sus servicios, para personalizar anuncios y para analizar el tráfico. Google recibe información sobre su uso de este sitio web. Si utiliza este sitio web, se sobreentiende que acepta el uso de cookies. Entendido | Más información
Notas de diciembre de 2013 :: bienvenidosalafiesta ::    
bienvenidos a la fiesta
Archivo por temas:
martes, 31 de diciembre de 2013

Un amigo dice siempre que internet es el reino de la insatisfacción: continuamente hay quien te dice que por qué no cambias algo, tú mismo ves que debes actualizar cosas, y al final nunca estás del todo a gusto. Es un comentario tranquilizador para mí, que deseo seguir mejorando los contenidos de la página —introducir información antigua pendiente, revisar enlaces, ordenar mejor las notas, pasar algunas al diccionario…— y no prestar, al menos de momento, más atención al aspecto o a las novedades.

Y ese sigue siendo mi objetivo en los próximos meses: introducir más información de libros del pasado y seguir mejorando los contenidos para que la página llegue a ser un diccionario más completo. De todos modos, sí estoy pensando en un doble replanteamiento global: de la página tal como está y de la orientación del trabajo hecho hasta el momento. Así que agradezco sugerencias. En principio espero publicar dos libritos más en formato electrónico, tal vez uno sobre Chesterton y la LIJ y otro sobre cuestiones relativas a los álbumes ilustrados.

Feliz 2014.

Enviar Imprimir
domingo, 29 de diciembre de 2013

Quienes siguieron, años atrás, la serie El ala Oeste de la Casa Blanca, recordarán que un capítulo terminaba con una queja del presidente sobre que Dios no respondía a sus oraciones, y entonces alguien le cuenta una historia que básicamente reproduce lo que había ocurrido en el episodio, y que es la misma que Abraham Skorka dice aquí: «Se había producido una inundación, y un hombre quedó parado en el techo de su casa pidiendo socorro. Enseguida llega una canoa a rescatarlo y él se niega a subir. “Yo me quedo acá porque Dios me va a ayudar”, le dice al que remaba. Al rato aparece una lancha de los bomberos para salvarlo y otra vez no se sube: “De ninguna manera, yo me quedo acá porque Dios me va a salvar”, repite. Más tarde llega al rescate un helicóptero de la policía, pero se niega a subir utilizando la misma frase: “Dios me va a salvar”. Finalmente, el hombre muere y cuando llega al cielo le reclama a Dios: “¡Por qué no me ayudaste y me dejaste morir!” Dios se enoja: “¿Cómo que no te ayudé? Te mandé una canoa, una lancha, un helicóptero y no aceptaste”».

Jorge Bergoglio y Abraham Skorka. Sobre el cielo y la tierra (2010). Barcelona: Debate, 2013; 224 pp.; edición a cargo de Diego F. Rosemberg; ISBN: 978-8499923369.

Enviar Imprimir
WaughRI.JPG
sábado, 28 de diciembre de 2013

Una escena central de Rendición incondicional, de la que omito cosas, es una charla entre Guy y una amiga que va a verle para intentar convencerlo de que no haga lo que tiene pensado hacer, entre otras cosas, adoptar como suyo un niño de su exmujer Virginia:

«—Pobre idiota —dijo Kerstie, con furia y compasión y algo cercano al amor en su voz— (…) ¿Es que no puedes entender que los hombres ya no son caballeros y no creo que lo fueran nunca? (…) Venga ya, Guy. Tienes cuarenta años. ¿No ves lo ridículo que pareces haciendo de caballero andante?
—¿Qué tipo de vida crees que tendría su hijo, si naciera sin ser deseado en 1944?
—No es asunto tuyo.
—Se convirtió en asunto mío cuando me salió al paso.
—Querido Guy, el mundo está lleno de niños no deseados. La mitad de la población europea está sin hogar, entre refugiados y prisioneros. ¿Qué significa un niño de más o de menos entre toda esta miseria?
—No puedo hacer nada por todos esos otros. Este es el único caso en que puedo ayudar. Y solo puedo yo, la verdad. Soy el último recurso de Virginia. De modo que no podía hacer otra cosa, ¿no lo ves?
—Pues claro que no lo veo. (…) Estás loco.

Y Kerstie se marchó más enfadada de lo que había llegado. No valía de nada intentar explicarlo, pensó Guy. ¿No había dicho alguien que “todas las discrepancias son discrepancias teológicas”? Volvió de nuevo a la carta de su padre: Los juicios cuantitativos no valen aquí. Si se ha logrado salvar una sola alma, eso compensa del todo cualquier pérdida de “imagen”».

Evelyn Waugh. Rendición incondicional (Unconditional Surrender, 1961). Madrid: Cátedra, 2011; 422 pp.; col. Letras universales; edición crítica de Carlos Villar Flor; trad. de Carlos Villar Flor y Gabriel Insausti Herrero-Velarde; ISBN: 978-84-376-2857-8. [Vista del libro en amazon.es]

Enviar Imprimir
WaughOyC.JPG
viernes, 27 de diciembre de 2013

Uno de los momentos clave de Oficiales y caballeros es la conversación que tienen Guy y su compañero Ivor, un aristócrata, en un momento crítico de una operación militar que no está saliendo nada bien. Ivor dice:

—Estaba pensando en el honor. Es algo que cambia ¿no? Quiero decir, hace ciento cincuenta años habríamos tenido que batirnos si nos hubieran retado. Hoy nos reiríamos. Tuvo que haber un tiempo hace unos cien años en el que resultara un asunto espinoso.
—Sí. Los teólogos morales nunca fueron capaces de frenar los duelos. Tuvo que venir la democracia para conseguirlo.
—Y en la próxima guerra, cuando seamos completamente democráticos, supongo que será bastante honorable que los oficiales abandonen a sus hombres. Se dispondrá en las Reales Ordenanzas como un deber, para mantener un cuadro de mando que adiestre a nuevos hombres que reemplacen a los prisioneros.
—Quizá a los soldados no les gustará mucho ser adiestrados por desertores.
—¿No crees que, en un ejército verdaderamente moderno, se les respetaría más por ser espabilados. Supongo que nuestro problema reside en que nos encontramos en el periodo espinoso… como un hombre retado en duelo hace cien años.
(…) Ivor su puso en pie diciendo:
—En fin, el sendero del honor aguarda sobre la colina —y se alejó».

Evelyn Waugh. Oficiales y caballeros (Officers and Gentlemen, 1955). Madrid: Cátedra, 2010; 427 pp.; col. Letras universales; edición crítica y traducción de Carlos Villar Flor; ISBN: 978-84376-2644-4. [Vista del libro en amazon.es]

Enviar Imprimir
WaughHeA.JPG
jueves, 26 de diciembre de 2013

En la trilogía Espada de honor, Evelyn Waugh vuelve a utilizar, pero incluso perfecciona, un protagonista como el de Retorno a Brideshead: un militar desencantado, un hombre que sufre un proceso de desilusión y maduración interior. Las tres obras que la componen —Hombres en armas, Oficiales y caballeros y Rendición incondicional— tienen una estructura parecida: el héroe se pasa cada una de las novelas en distintos destinos cuartelarios o burocráticos en Inglaterra, como sin hacer nada, y, al final, participa en una acción militar en el extranjero que no termina bien.

Hombres en armas comienza en 1939. El protagonista es Guy Crouchback, que tiene 35 años y desciende de una familia católica de larga tradición. Es el único hijo varón vivo de su padre, Gervase. Su mujer, Virginia, le abandonó hace unos años. Se alista en los Alabarderos (un cuerpo que no existió en la realidad). Allí conoce a varios personajes que irán reapareciendo en esta o en novelas posteriores. Al final hay una expedición a Dakar, en la que Guy desempeña un buen papel pero, debido a una imprudencia de su jefe, debe abandonar el cuerpo.

Oficiales y caballeros empieza cuando Crouchback se alista en la Hookforce, un cuerpo de comandos de reciente creación. Hace amistad con Jumbo, un antiguo alabardero y gran conocedor de los entresijos de la vida militar. Entran en acción en Egipto y, después de intervenir en unos combates trágicos y confusos en Creta, logra escapar en bote. Mientras tanto, su exmujer, Virginia, está en grandes apuros después de su último divorcio.

Rendición incondicional comienza a finales de 1941. Después de pasar por distintas oficinas militares, Guy termina en Yugoslavia cuando esta cae en manos de Tito quien, dando la espalda a los ingleses, se alía con los rusos. Un epílogo, ya en 1951, da cuenta de la vida posterior de Crouchback.

Cada libro se centra en secundarios diferentes y en cada uno se da una traición presenciada por el protagonista, que va ganando solidez humana según transcurre la historia. Cada novela tiene un tono propio: Hombres en armas tiene aires algo distanciados e incluso cómicos («el ejército no estaba turbado entonces, como estaría más tarde, por los psiquiatras»); en Oficiales y caballeros las cosas se ponen serias cuando las desgracias, muertes y deshonor, son reales y cercanas; Rendición incondicional acentúa, por un lado, la desesperanza en cuanto a los resultados de la guerra pero, por otro, se abre camino con fuerza la esperanza personal. En conjunto suponen una subversión del género: Waugh no escribe sus novelas para ensalzar el coraje militar o las virtudes patrióticas tal como muchos las entienden…, sino que va mucho más allá y habla del sentido del honor y de la caballerosidad de una forma inesperada.

Evelyn Waugh. Hombres en armas (Men at Arms, 1952). Madrid: Cátedra, 2003; 407 pp.; col. Letras universales; edición crítica y traducción de Carlos Villar Flor; ISBN: 84-376-2106-2. [Vista del libro en amazon.es]
Oficiales y caballeros (Officers and Gentlemen, 1955). Madrid: Cátedra, 2010; 427 pp.; col. Letras universales; edición crítica y traducción de Carlos Villar Flor; ISBN: 978-84376-2644-4. [Vista del libro en amazon.es]
Rendición incondicional (Unconditional Surrender, 1961). Madrid: Cátedra, 2011; 422 pp.; col. Letras universales; edición crítica de Carlos Villar Flor; trad. de Carlos Villar Flor y Gabriel Insausti Herrero-Velarde; ISBN: 978-84-376-2857-8. [Vista del libro en amazon.es]

Enviar Imprimir
miércoles, 25 de diciembre de 2013

José Jiménez Lozano: «En nuestra cultura europea, toda la vibrante vida de Belén ha ocupado la infancia, y destilando luego su memoria hasta el fin, en la vida de hombres y mujeres, gracias a construcciones de corcho, ríos de papel aluminio o de espejos, piedras revestidas de musgo, nieve figurada con harina, y figurillas de barro, que recrean la vida de aquella aldea a la pertenecía el establo; y a veces con sabrosos anacronismos. Y todo esto ha suministrado a muchas generaciones un consumado instrumento de juicio exacto de la realidad, desde el funcionamiento de los poderes públicos que hoy como ayer siguen sometiendo a los pueblos a la trashumancia en busca de trabajo, a los registros de tributación y disponibilidad pública, y hasta la vieja práctica del infanticidio.

Cualquier niño así instruido por el belén sabría luego quitarles las máscaras a los acontecimientos más brillantes y a los poderes más altos, y reconocer su fraude y la antigüedad de su violencia, y sobre todo guardaría en su corazón una profunda alegría. La misma que ha recorrido durante siglos las artes y las letras, regalando al mundo los más altos logros de belleza, y también ha entrado en la vida cotidiana, hasta en la cocina y la repostería, en la reunión familiar especial, y en la candidez de la nieve que se simula en los belenes con la inocente harina, o en las luces en medio de la noche como la esperanza del mundo.

Ciertamente también algunos de estos belenes han sido auténticas obras de arte y podemos admirarlos, o sonreírnos con sus añadidos costumbristas y folclóricos. Pero sin duda alguna lo más importante es la impronta que se deja en el belén que se hace en cada casa, en el colegio o en la pequeña iglesia. Y esa impronta de alegría, que nos evoca la que puso Francisco de Asís en su belén, nos ofrece su resplandor y nos torna en nuestros adentros».

José Jiménez Lozano. Revista de la Asociación Belenistas de Valladolid. Navidad, 2010.

Enviar Imprimir
NavidadMurillo.JPG
La Adoración de los pastores, Murillo.
martes, 24 de diciembre de 2013

Esta página tuvo 39904 visitantes únicos el mes de mayo, el que más, y 23579 el que menos, en enero; la media de todos los meses de 2013 es de unos 32000.

Muchas gracias a todos y, en especial, a todos los que la citan o enlazan, y a todos los que me ponen correos para decirme cosas que debería corregir o mejorar.

Feliz Navidad.

Enviar Imprimir
UrberRodariRatG2.jpg
lunes, 23 de diciembre de 2013

El ratón que comía gatos es un breve cuento de Gianni Rodari ilustrado por Emilio Urberuaga. La historia es sencilla pero eficaz: un viejo ratón blanco de biblioteca fue a visitar a sus primos del desván, que habían visto poco mundo, y presume, ante ellos, de haber comido a un gato, un perro, un rinoceronte…

El ilustrador saca partido a su maestría para pintar animales pequeños en escenarios grandes que, al ser oscuros, juegan bien con una iluminación muy pictórica o cinematográfica sobre el personaje central. El relato tiene buen humor y es una buena historia, de las que se obtienen las correspondientes conclusiones de modo natural.

Emilio Urberuaga. El ratón que comía gatos (Il topo che magiava i Gatti, 1981). Texto de Gianni Rodari. Madrid: SM, 2013; 28 pp.; trad. de Carla Balzaretti ISBN: 978-84-675-5248-5.

Enviar Imprimir
domingo, 22 de diciembre de 2013

Después de señalar cómo, en la época navideña, vemos a nuestro alrededor episodios grotescos que forman parte de «los vanos intentos en Europa de liquidar no ya la memoria religiosa sino también cultural de las fiestas navideñas», elogiaba José Jiménez Lozano, en un texto del año 2010, la costumbre de poner belenes.

Recordaba que, cuando san Francisco de Asís popularizó el belén, «lo que entonces sucedió, en un principio, fue que, mientras a muchos y a los más sencillos llenó de encanto esa representación del belén, en otros ambientes suscitó extrañeza y rechazo. Y esto por dos razones principales. La primera era porque no se entendía bien cómo era que los grandes de este mundo no ocupaban el lugar central que siempre ocupan, y que, en el belén, era ocupado por una pobre gente para pasar la noche, y quienes acudían a visitar al niño recién nacido también eran gentes del común, y ciertamente que no había ni hay en un belén nada contra nadie, sino que está todo él bañado por el aire de un misterio y luego de la simple y pura poesía escondida en la vida diaria. Pero los poderes de entonces no lo entendieron así, y los de ahora tampoco.

Al fin y al cabo, el belén era lo que podíamos llamar en sentido muy serio —y no en el miserable sentido de los partidos e ideologías— “la política de Nochebuena”, o verdadera hermenéutica histórica de la realidad, y algo así como la prueba del nueve de una actitud intelectual y vital de cada uno de nosotros, según después lo haría en pleno siglo XX, Nadejda Mandelstam, subrayando que ese Belén que no se había permitido en la educación de los muchachos, allá en la URSS, dejaba en ellos un vacío de alegría, misericordia y esperanza que sería una tragedia».

José Jiménez Lozano. Revista de la Asociación Belenistas de Valladolid. Navidad, 2010.

Enviar Imprimir
sábado, 21 de diciembre de 2013

Dos comentarios de Borges acerca de la construcción de las novelas.

Uno, a propósito de los comienzos que resultan confusos para el lector: «sobre Guerra y paz (Borges) observa que es un error empezar una novela con una gran fiesta, con muchos personajes, que el lector deberá individualizar: “¿Por qué Tolstoi somete al lector a tanto esfuerzo, obligándolo a identificar a cada uno? ¿Por qué, si había un sistema tan admirable como el de Una vez había un hombre, se lo dejó caer?»

Otro, a propósito de una novela de Mújica Lainez, que dice: «Pone lo que se le ocurre en el momento. Después sigue un sistema, habitual en las novelas de ahora, que usó Víctor Hugo: si un personaje tiene que pasar por esta calle, se la describe, se dice alguna greguería sobre ella, y mientras tanto la novela espera».

Adolfo Bioy Casares. Borges (2006). Barcelona: Destino, 2006; 1663 pp.; col. Imago Mundi; edición al cargo de Daniel Martino; ISBN: 978-9507320859.

Enviar Imprimir
viernes, 20 de diciembre de 2013

Un rasgo importante de Retorno a Brideshead es la categoría que alcanzan los personajes secundarios: podrían calificarse de dickensianos pero Evelyn Waugh, a diferencia de Dickens, no se recrea en ellos y les da únicamente las dimensiones que necesita para construir su trama. Uno, no el más importante pero sí un tipo de personaje muy reconocible dentro de nuestras sociedades, es Rex Mottram, el hombre de negocios y político que se casa con Julia Marchmain. Para bautizarse, antes de casarse recibe instrucción católica del padre Mowbray que, un día, les dice a los Marchmain:

—«Lo malo de la educación moderna es que nunca se sabe hasta qué punto la gente es ignorante. Con personas de más de cincuenta años se puede adivinar con bastante exactitud qué se les ha enseñado y qué no. Pero estos jóvenes tienen una fachada muy inteligente, muy informada, y luego, de repente, se quiebra la costra y se perciben profundidades de confusión que uno ni siquiera sospecharía existieran».

En ese momento, la pequeña de la familia, la que había provocado con sus bromas que la ignorancia de Mottram quedara de manifiesto, lo califica de «tonto divertido», y la madre de «niño idiota». Años más tarde, Julia le recuerda del siguiente modo:

—«No era en absoluto un ser humano completo sino un trocito de ser humano, que se había desarrollado de una manera extraña, poco natural; como dentro de una botella, como un órgano mantenido vivo en un laboratorio. Yo creía que era algo así como un salvaje bueno, pero me equivoqué; era algo absolutamente moderno y al día, que sólo esta época espantosa podría producir. Un trocito muy pequeño de hombre que juega a ser un hombre entero».

Evelyn Waugh. Retorno a Brideshead (Brideshead revisited, 1945). Barcelona: Tusquets, 2008, 7ª ed.; 412 pp.; col. Andanzas; trad. de Caroline Phipps; ISBN: 978-84-7223-251-8. [Vista del libro en amazon.es]

Enviar Imprimir
WaughRetBrid2.JPG
jueves, 19 de diciembre de 2013

En su momento puse una breve nota sobre Hombres en armas, de Evelyn Waugh. Me gustó el análisis crítico, que tan bien hace notar las cualidades de la novela, pero vi que, para entender el juicio de Cyril Connolly de que, sin duda, era la mejor obra que había salido de la segunda Guerra Mundial, tendría que leer, además de Hombres en armas, las otras dos novelas que componen la trilogía Espada de honor, que son Oficiales y caballeros y Rendición incondicional. Pensé también que, dados los rasgos de la historia —muchos personajes; referencias o alusiones a sucesos reales de la guerra; guiños a novelas anteriores de Waugh, a Retorno a Brideshead en especial; uso abundante de siglas en los diálogos; construcción literaria cuidadosa con abundantes paralelismos e ironías situacionales—, sería mejor leer los tres libros seguidos y con calma. Así que, meses atrás, aprovechando varios viajes largos en tren, leí las tres, por orden y con pocas interrupciones: fue una gran experiencia comprobar la categoría de unos libros tan bien escritos, tan inteligentemente construidos, y tan bien comentados. Pero, antes de abordarlos, releí Retorno a Brideshead. 

Esta novela, como muchos saben, comienza durante la segunda Guerra Mundial cuando el capitán Charles Ryder vuelve a la vacía mansión de los Marchmain y recuerda sus relaciones con ellos —desde su amistad con Sebastian en Oxford hasta el trato con su madre y hermanos, en especial con Julia—, con un tono característico de añoranza que va dejando paso a una comprensión más profunda de las cosas. En esta nota solo diré, siguiendo al autor de la edición crítica de Espada de honor, cómo Waugh cambió la economía verbal característica de sus anteriores novelas para usar una voz narrativa en primera persona que «domina toda la acción» y aporta «un singular tono de confidencia». Esto da paso «a una exuberancia de palabras, metáforas y descripciones, dotadas de un especial poder evocador. La nostalgia por un pasado perdido, por una juventud disfrutada en la arcadia oxoniense, impregna el tono de la obra». Por ejemplo, cuando el protagonista ve que ha de dejar atrás la amistad que había entablado con Sebastian, el narrador usa una metáfora típica de Thomas Wolfe: «una puerta se había cerrado, la pequeña puerta en la pared que busqué y encontré en Oxford. Si la abría ahora, ya no descubriría ningún jardín encantado».

Evelyn Waugh. Retorno a Brideshead (Brideshead revisited, 1945). Barcelona: Tusquets, 2008, 7ª ed.; 412 pp.; col. Andanzas; trad. de Caroline Phipps; ISBN: 978-84-7223-251-8. [Vista del libro en amazon.es]
Carlos Villar Flor, en la introducción a la edición crítica de Hombres en armas (Men at Arms, 1952). Madrid: Cátedra, 2003; 407 pp.; col. Letras universales; edición crítica y traducción de Carlos Villar Flor; ISBN: 84-376-2106-2.

Enviar Imprimir
BarreraPaisManuelito.JPG
miércoles, 18 de diciembre de 2013

No había puesto aquí todavía El país de Manolito, de Alfonso Barrrera, un escritor ecuatoriano fallecido hace pocos meses. El relato sigue la tradición de otros libros infantiles que desean mostrar la riqueza y variedad del propio país. Que yo sepa, no está editado en España.

Enviar Imprimir
StephensComoLeon2.jpg
martes, 17 de diciembre de 2013

Cómo esconder un león, de Helen Stephens, es un álbum simpático que remite, sin decirlo, a Andy and the Lion y The Happy Lion, y, expresamente, a El tigre que vino a tomar el té.

Un león se da un paseo por las calles de un pueblo en busca de un sombrero pero, ante su sorpresa, la gente se asusta por lo que el león, entonces, huye. Menos mal que una niña, llamada Iris, lo esconde, una tarea que cada vez se le hace más difícil.

Las imágenes son alegres y amables, con unos dibujos muy sueltos que recuerdan también a los de Roger Duvoisin o de Edward Ardizzone. También la claridad de la narración y la expresividad que tienen los personajes son comparables con las de los álbumes de esos autores.

Helen Stephens. Cómo esconder un león (How to Hide a Lion, 2012). Barcelona: Ediciones B, Blok, 2013; 32 pp.; trad. de Roser Ruiz; ISBN: 978-84-15579-38-0.

Enviar Imprimir
martes, 17 de diciembre de 2013

Aunque Flipboard sigue siendo un poco ortopédico, es un buen sistema para leer en tabletas y en móviles y una forma cómoda para mí de preparar selecciones de artículos de todo tipo. Así que, antes de poner aquí unas notas con los libros que más me han gustado del año, estas son las selecciones del 2013 en flipboard: de álbumes, de libros infantiles y juveniles, de toda clase de lecturas.

Enviar Imprimir
DuvoisinHappyL2.jpg
lunes, 16 de diciembre de 2013

Antes de mencionar mañana un álbum reciente, conviene recordar un álbum histórico al que se parece bastante: The Happy Lion, de Roger Duvoisin y Louise Fatio.

Enviar Imprimir
domingo, 15 de diciembre de 2013
 
Los libros de memorias que respiran rencor o rechazo hacia la sociedad en la que vivieron sus autores, o hacia personas que, supuestamente, son culpables de tantos problemas como tuvo, e incluso tiene ahora, el escritor, cada vez más me dejan la impresión de falta de madurez, de personas que no han sabido crecer. He pensado en esto, no por primera vez pero sí con nuevos matices, al leer este comentario del Papa Francisco cuando era cardenal de Buenos Aires:

«Nos hace falta decirnos bien las cosas que nos dieron nuestros mayores: bendecir nuestro pasado, no maldecirlo. Lo que fue pecado e injusticia también necesita ser bendecido con el perdón, el arrepentimiento y la reparación. Y lo que fue bueno, necesita ser bendecido con el reconocimiento y la acción de gracias que sabe valorar la vida que se nos dio, la tierra que recibimos. Bendecir el pasado es hablar bien de Dios, de nuestros padres y de nuestros abuelos. Agradecer lo que nos dieron aun con sus imperfecciones y pecados es ser bien nacidos. Pero es mucho lo recibido. El que maldice para atrás es porque seguramente está planeando sacar una ventaja en el presente o en el futuro, una ventaja que no será bendición para otros».

Jorge Bergoglio. El verdadero poder es el servicio. Madrid: Publicaciones claretianas, 2013; 368 pp.; ISBN: 978-8479664343.

Enviar Imprimir
sábado, 14 de diciembre de 2013

Ideas de Sábato, Borges y Bioy acerca del éxito literario:

Sabato: «El éxito no es necesario ni suficiente para que la obra sea valiosa. Hay gente que vale y no es conocida, y otra que vale y es conocida, como el caso de Hegel. (…) Y fue muy famoso. También lo fue Sócrates, hasta el punto de que lo obligaron a tomar la cicuta por la influencia que tenía».
Borges (asintiendo): «Sí, Cervantes fue un verdadero bestseller. Pero creo que el fracaso no es una garantía, tampoco».

Borges: «En la antigüedad había una idea de que la fama es justa. (…) En cambio hoy la fama puede ser el resultado de una maniobra».

Borges: «El fracaso total no es indiferente. Vuelve un poco desagradables a quienes les ocurre. Tienen una irritación sorda, un descontento difícil de ocultar. El trato con ellos no es cómodo, porque hay que andar con mucho cuidado: la referencia a cualquier circunstancia de nuestra vida parece una ostentación odiosa. O si no, uno evoca recuerdos penosos: “El Suplemento de La Nación…” empieza uno; “…donde no logro publicar”, piensa el fracasado».

Bioy: «Muchos escritores viejos sólo aspiran a la aceptabilidad de sus frases, párrafos, capítulos e historias: han renunciado a la fantasía y a la intensidad; se conforman con llenar páginas decorosamente. Aspiran, eso sí, a todos los premios, incluso al entusiasmo».

Los dos primeros, en Diálogos Borges Sabato compaginados por Orlando Barone (1976). Buenos Aires: Emecé, 1996; 173 pp.; ISBN: 950-04-0052-9.
Los dos siguientes, en Adolfo Bioy Casares. Borges  (2006). Barcelona: Destino, 2006; 1663 pp.; col. Imago Mundi; edición al cargo de Daniel Martino; ISBN: 978-9507320859.


Enviar Imprimir
viernes, 13 de diciembre de 2013

Un momento de la conversación a la que me refería en la nota de ayer sucede cuando, «de entre una maraña de palabras surgió de repente el ominoso nombre de Platón, y la doctora Baring planteó una especulación filosófica tentadoramente, como quien mueve un peón de ajedrez.

Muchas personas se habrían precipitado en desastres irreparables por el peón filosófico de la rectora. Había dos maneras de tomárselo, ambas desastrosas. Una consistía en fingir que sabías de qué trataba el asunto; la otra, en manifestar un falso deseo de aprender. Su señoría [lord Peter Wimsey] sonrió amablemente y se negó a aceptar el gambito.

—Eso está fuera de mi alcance. No tengo una mente filosófica.
—¿Y cómo definiría la mente filosófica, lord Peter?
—No la definiría. Las definiciones son peligrosas, pero sé que la filosofía es un misterio para mí, como la música para quien no tiene oído.

La rectora le dirigió una dura mirada, y él le ofreció un perfil inocente, con la cabeza gacha y pensativa sobre el plato, como una garza empollando junto a una laguna.

—Un ejemplo muy acertado —dijo la rectora—. Da la casualidad de que no tengo buen oído.
—¿En serio? Sí, pensaba que podría ser su caso —replicó Wimsey con ecuanimidad.
—Qué interesante. ¿Cómo lo sabe?
—Es algo en el timbre de la voz. —Le presentó unos cándidos ojos grises—. Pero no se puede llegar a esa conclusión sin ciertos riesgos, y como quizá haya observado, no he llegado a esa conclusión. En eso consiste el arte del embaucador: en incitar a una confesión y presentarla como el resultado de una deducción».

Dorothy Sayers. Los secretos de Oxford (Gaudy Night, 1935). Barcelona: Lumen, 2009; 600 pp.; trad. de Flora Casas; prólogo de P. D. James; ISBN: 978-84-264-1700-8.

Enviar Imprimir
SayersSecrOxf.JPG
jueves, 12 de diciembre de 2013

Mencioné, tiempo atrás, tres novelas policiacas de Dorothy Sayers y su héroe, lord Peter Winsey: Los nueve sastres, El misterio del Bellona Club y Veneno mortal, donde introduce a Harriet Vane, una escritora de novelas policiacas que ocupa un papel central en Los secretos de Oxford, la novela más valorada de la serie y que yo he leído hace poco. En ella, lord Peter Winsey no entra en acción hasta bien pasada la mitad de la historia pues, hasta ese momento, la protagonista es Harriet Vane, que se ha ofrecido a investigar discretamente unos amenazadores mensajes en su antiguo college, una institución completamente femenina. Cuando el asunto se vuelve más complicado y ya es público, las autoridades académicas deciden llamar al detective.

La novela tiene otros dos hilos de interés, aparte del policiaco, inteligentemente presentados por medio de diálogos agudos. Uno, el de las relaciones entre los protagonistas: lord Peter desea casarse con Harriet pero esta se resiste tenazmente. Otro, el de todas las interesantes consideraciones y discusiones de y entre los personajes acerca de la educación universitaria de las mujeres. El ritmo del relato, como novela policiaca, mejora mucho en su segunda parte, que contiene una memorable y extensa escena: una larga conversación entre lord Wimsey y el claustro de profesoras del college de la que mañana pondré un fragmento.

Dorothy Sayers. Los secretos de Oxford (Gaudy Night, 1935). Barcelona: Lumen, 2009; 600 pp.; trad. de Flora Casas; prólogo de P. D. James; ISBN: 978-84-264-1700-8.

Enviar Imprimir
SayDrawFromM.JPG
miércoles, 11 de diciembre de 2013

Drawing from memory es un libro autobiográfico de la juventud de Allen Say. Se puede llamar novela gráfica pues es una narración que combina texto con fotografías antiguas, con dibujos y acuarelas, algunos del pasado y otros realizados expresamente para el libro. Dan algo de idea del proceso formativo de Say y de aspectos de la mentalidad japonesa. Empieza cuando, a los doce años, al haberse separado sus padres, su madre lo manda a Tokio con su abuela. Pero, una vez allí, su abuela y su madre deciden que viva solo, en un apartamento. Entonces lee la noticia sobre la forma en que un chico comenzó a trabajar de ayudante de Noro Shinpei, uno de los más famosos dibujantes de tiras cómicas de Japón, y decide actuar igual. Va a ver a Shinpei, directamente le pide ser su aprendiz, y Shinpei le acepta. El relato se centra entonces en su vida como estudiante y como dibujante con Shinpei, y termina cuando se marcha a los Estados Unidos en 1953. Un último capítulo añade información sobre sus posteriores y ya escasas relaciones con Shimpei y su familia.

La concepción y realización formal del libro son atractivas y eficaces. Su contenido sobre todo subraya, por un lado, las ansias de Say de llegar a ser un gran dibujante y, por otro, la paciencia y amabilidad del maestro, o mentor, o sensei en japonés. En relación a la vida familiar de Say se dicen pocas cosas, salvo que las relaciones con su padre, después de separarse de su madre, fueron siempre malas; sorprende tanto que le concedan la independencia con doce años como su alegría por ese motivo, tal vez porque su edad mental no era ya la de un niño. En relación a su formación artística hay pocas alusiones. Una es cuando Say le dice a Shinpei que no sabe dibujar bien las manos y le pregunta que cuánto tiempo tendrá que practicar para conseguirlo; entonces el maestro le dice: «Mala palabra, Kiyoi. Dibujar no es nunca una práctica. Dibujar es ver y descubrir. Cada vez que dibujas, descubres algo nuevo. Recuerda eso». Otra es cuando dice a su maestro que se ha dado cuenta de que Van Gogh «pintaba todo del mismo modo, con los mismos trazos: árboles, caras, todo», y su maestro le responde: «Bien visto, Kiyoi. Para Van Gogh cada pincelada es como una palabra de un libro. Pintar es una clase de escritura y escribir es una clase de pintura: las dos cosas se basan en “ver”».

Allen Say. Drawing form memory (2011). New York: Scholastic Press, 2011; 64 pp.; ISBN: 978-0-545-17686-6.

Enviar Imprimir
UngererOgro2.jpg
martes, 10 de diciembre de 2013

Otros dos álbumes antiguos, de autores conocidos como Tomi Ungerer y Quentin Blake, que se acaban de publicar: El ogro de Zeralda y Doña Eremita, reina de la carretera.  En el primero, un ogro de mal humor que se comía a todos los niños se lesiona cuando asalta a una chica que iba al mercado, y cambia cuando la niña se lo gana preparándole unas excelentes comidas. En el segundo, que continúa otro álbum anterior, a Doña Eremita su tío Cosmo le regala un coche antiguo; Eremita lo prueba y, ante las sucesivas averías, va despojándolo de muchos accesorios…

Quienes conozcan a los autores encontrarán en estos álbumes precisamente lo que esperan: simpatía, calidad en las ilustraciones, claridad narrativa (que también se debe a que los textos van sobre fondos blancos). El relato de Blake tiene acentos disparatados y amables, como es habitual; y el de Ungerer una ironía semejante pero no igual a la de Los tres bandidos (un álbum de la misma época, pero en el que los malvados son transformados no por la pillería y el trabajo sino por la bondad de la protagonista). 

Quentin Blake. Doña Eremita, reina de la carretera (Mrs. Armitage Queen of the Road, 2003). Barcelona; Ekaré, 2012; 32 pp.; trad. de Carmen Diana Dearden; ISBN: 978-84-940256-4-8.
Tomi Ungerer. El ogro de Zeralda (Zeraldas Riese, 1963). Barcelona: Ekaré, 2013; 30 pp.; trad. de Araya Goitia Leizaola; ISBN: 978-84-941247-0-9.

Enviar Imprimir
FloraCanguro2.jpg
lunes, 9 de diciembre de 2013

Un canguro por Navidad, de James Flora, es un álbum antiguo de un conocido ilustrador y diseñador de hace décadas, que se publicó en castellano hace pocos meses, y que es un buen ejemplo de relato disparatado. Un día antes de Navidad, a casa de Catalina llega un camión con una caja que contiene un canguro: Adelaida. A partir de ahí empieza un recorrido loco por la ciudad, con Catalina encima de Adelaida, donde los incidentes se van encadenando al modo de, por ejemplo, los álbumes de Peter Newell o El papagayo de Monsieur Hulot.

La Navidad en este caso es un marco ambiental que se subraya en el texto y que se refleja en las escenas de nieve: hay copos siempre en el cielo. Como corresponde a un álbum antiguo, se alternan las dobles páginas en negro con las de color. El estilo de los dibujos se podría comparar al de los álbumes de Sasek aunque sin tanta calidad y con menos atención a la perspectiva, pues aquí todo está supeditado a los efectos cómicos. También, como los de Sasek, este álbum deja constancia del ambiente urbano y el mobiliario de los sesenta. 

James Flora. Un canguro por Navidad (Kangaroo for Christmas, 1962). Madrid: Lata de sal, 2012; 30 pp.; col. Vintage; trad. de Susana Collazo Rodríguez; ISBN: 978-84-940584-0-0.

Enviar Imprimir
domingo, 8 de diciembre de 2013

Zigmunt Bauman: «Desviar la atención (mediante la tentación y la seducción) de la tarea de adquirir un adiestramiento y, en consecuencia, de lo que es “relevante en la vida” para sustituir todo ello por la búsqueda de las impresiones sensuales, es una técnica insidiosa, una técnica que convierte en placentera la constante privación, y que genera una servidumbre que es percibida y sentida como libertad de expresión. (…)  [Esa técnica es propia de una sociedad de consumidores como la nuestra, de una] cultura del “aquí y ahora", inquieta y en perpetuo cambio, de una sociedad que promueve el culto de la novedad y de las oportunidades azarosas. (…) Podemos decir que la línea que separa un mensaje importante, ostensible objeto de la comunicación, de su conocido adversario y obstáculo, nombrado ruido de fondo, ha desaparecido por completo. (…) [En este ambiente, cuando, además,] una cantidad cada vez más grande de información se distribuye a una velocidad cada vez más alta, la creación de secuencias narrativas, ordenadas y progresivas, se hace paulatinamente más dificultosa. La fragmentación amenaza con llegar a ser hegemónica. Y esto tiene consecuencias en el modo en que nos relacionamos con el conocimiento, con el trabajo, y con el estilo de vida en un sentido amplio».

Zygmunt Bauman. Sobre la educación en un mundo líquido. Conversaciones con Riccardo Mazzeo (On Education, 2012). Barcelona: Paidós, 2013; 151 pp.; col. Estado y sociedad; trad. de Dolores Payás Puignarnau; ISBN: 978-84-493-2811-4.

Enviar Imprimir
sábado, 7 de diciembre de 2013

Para quienes esto les interese, desde hace unos días tengo cuenta en twitter: @LuisDaniel_BF.

También, todas las notas de noviembre están, y las de diciembre estarán, en la revista en Flipboard bienvenidosalafiesta 1311 y 1312.

Enviar Imprimir
sábado, 7 de diciembre de 2013

Borges: «Me figuro que una nación desarrolla las palabras que necesita. Esta observación, hecha por Chesterton (creo que en su libro sobre Watts), equivale a decir que la lengua no es, como el diccionario nos sugiere, un invento de académicos y filólogos. Antes bien, ha sido desarrollada a través del tiempo, a través de mucho tiempo, por campesinos, pescadores, cazadores y caballeros. No surge de las bibliotecas, sino de los campos, del mar, de los ríos, de la noche, del alba».

Jorge Luis Borges. «Pensamiento y poesía», en Arte poética. Seis conferencias (This Craft or verse, conferencias pronunciadas en 1967). Barcelona: Crítica, 2005; 181 pp.; col. Biblioteca de bolsillo; trad. de Justo Navarro; prólogo de Pere Gimferrer; edición, notas y epílogo de Calin-Andrei Mihailescu; ISBN: 84-8432-603-9.

Enviar Imprimir
WatsonFragilVuelo2.jpg
viernes, 6 de diciembre de 2013
 
El frágil vuelo de los pájaros es la primera novela de Christie Watson, una enfermera inglesa casada con un nigeriano. Es una buena historia que pretende descubrir un mundo desconocido para muchos lectores occidentales y concienciarles sobre algunos problemas sociales. De hecho, en el posfacio se dan algunas referencias bibliográficas para obtener más información sobre la situación política que se describe y sobre la práctica de la mutilación genital femenina.

La narradora es Blessing, una mujer que, cuando comienza su relato, tiene doce años, y vive en Lagos con sus padres y su hermano mayor, Ezikiel, de catorce. Todos los privilegios asociados con pertenecer a la clase alta se vienen abajo cuando sus padres se separan y su madre vuelve al pueblo de sus padres, Warri, en el Delta del Niger. Sus vidas cambian de modo drástico pues han de acostumbrarse a vivir sin agua corriente, con frecuencia sin electricidad, y en un entorno a veces muy violento debido, entre otras cosas, a las protestas contra la compañía petrolera cercana. Ezikiel tiene más problemas con su asma y con sus estudios, y acaba siendo tentado por los grupos armados jóvenes que hay en la región; la madre de Blessing encuentra trabajo pero a duras penas consigue dinero para mantenerlos; y Blessing deja de ir al colegio para ser ayudante de Abuela, la partera de la comarca y la gran protagonista de la novela.

Los personajes-mujeres tienen hondura pero no así los hombres nigerianos que son relevantes en la historia. La trama interesa, tanto los aspectos de tipo humano como los más informativos sobre las situaciones que se describen. Entre ellas destacan las que tienen que ver con el aprendizaje de Blessing: la novela contiene un catálogo de toda clase de partos, descritos con detalle y dramatismo. Sobre algunas cuestiones deberían opinar los lectores del lugar: da la impresión de que la autora se ha documentado mucho y bien, pero también parece que algunos enfoques y episodios están pensados y narrados para consumo de occidentales.

En cualquier caso, es un acierto el punto de vista: los lectores acompañan a Blessing en todos sus descubrimientos, en el malestar que siente ante las incomodidades que son nuevas para ella, en las sorpresas que se va llevando, en las numerosas preguntas que se hace a sí misma y para las que, al menos inicialmente, no encuentra respuestas. En este sentido la novela sirve para ensanchar la mente de los lectores y hacerles pensar en qué piensan los personajes y por qué motivos razonan o reaccionan como lo hacen.

Un ejemplo, especialmente bueno, se da cuando la segunda y alocada mujer del no menos alocado abuelo de Blessing tiene gemelos y, después del parto, dice:
«—No mereció la pena —repitió.
Imaginé a mamá mirándome después de nacer, qué habría dicho.
—No hables así —dijo Abuela—. Incluso los oídos pequeños pueden oírte. Estos hijos son pedazos de tu propia alma que se han desprendido. Ahora estás dividida en tres, Celestine. Si les haces daño, te harás daño a ti misma —Abuela dijo las palabras con mucha rapidez, no estaba segura de haberlas oído bien—. Tu alma está dividida —continuó—. Por eso dar a luz duele tanto.
A veces me preguntaba si Abuela lo sabía todo».

Christie Watson. El frágil vuelo de los pájaros (Tiny sunbirds, far away, 2011). Madrid: Alevosía, 2013; 363 pp.; trad. de Dora Sales; ISBN: 978-84-15608-51-6.

Enviar Imprimir
MwangiMzungu.JPG
jueves, 5 de diciembre de 2013

Una excelente novelita, (creo que) no traducida: The Mzungu Boy, del escritor keniano Meja Mwangi. Su protagonista es un niño y tiene lugar en los años cincuenta cuando, en los alrededores de su pueblo, los guerrilleros mau-mau combatían contra el gobierno y los terratenientes blancos. El relato tiene toda la tensión de un buen relato de aventuras y de crecimiento, pero también un enfoque ponderado y prudente de las cuestiones difíciles que son su telón de fondo.

Enviar Imprimir
miércoles, 4 de diciembre de 2013

Un buen relato corto de Paul Auster, que se presenta como de Navidad porque habla bien de amistad y convivencia cordial (uno de los posos de la Navidad en muchos es ese, sin duda), es El cuento de Auggie Wren.

Enviar Imprimir
IbatFleisCajaF2.jpg
martes, 3 de diciembre de 2013

El diario de las cajas de fósforos, de Bagram Ibatoulline y Paul Fleischman, es uno de esos álbumes de recuerdos de adulto que resultan fascinantes: porque la historia es buena y porque las ilustraciones, de un hiperrealismo que asusta sólo de pensar en el trabajo que llevan, tienen mucho encanto.

Un bisabuelo cuenta cosas del pasado a su bisnieta cuando ella abre una caja que, a su vez, contiene muchas cajas de cerillas. Cada una contiene un objeto que recuerda un episodio de la vida del narrador. Un hueso de aceituna de cuando era un niño muy pobre y vivía en Italia; semillas de girasol que representan los días del viaje en barco que hizo, con sus hermanas y su madre, hasta los Estados Unidos, donde los esperaba su padre; el ticket de entrada al primer partido de béisbol al que fue con su padre… Y más objetos de sus primeros trabajos, en fábricas siendo niño, como impresor siendo joven, como librero después…

Una parte de las ilustraciones, las que presentan algo del pasado, son como antiguas fotografías en sepia. Otras, las del presente, son detallistas y a todo color: unas muestran al bisabuelo y su bisnieta, y otras lo que ven ellos en ese momento. La narración está bien llevada y deja el poso que, seguramente, los autores buscaban: de nostalgia pero de satisfacción por una vida completa; de que hay objetos sin valor objetivo pero con una enorme carga significativa para quien vivió los acontecimientos que recuerdan.

Bagram Ibatoulline. El diario de las cajas de fósforos (The Matchbox Diary, 2013). Texto de Paul Fleischman. Barcelona: Juventud, 2013; 40 pp.; trad. de Susana Tornero; ISBN: 978-84-261-3976-4.

Enviar Imprimir
DuranFarreReinas2.jpg
lunes, 2 de diciembre de 2013

Las tres Reinas de Oriente, de Lluís Farré y Teresa Durán, es un álbum navideño divertido, de los que invierten con buen humor un relato conocido. Cuando vuelven los Reyes Magos de su viaje a Belén, y sus esposas se enteran de lo sucedido, se enfadan con ellos por haber sido tan patosos al elegir los regalos que llevaron al niño Jesús y deciden intervenir...

Las vistosas ilustraciones, en escenarios orientales, y la simpatía de los personajes potencian bien el humor y el sentido del relato. Dos inconvenientes pequeños son que, en algunas dobles páginas, las palabras del texto van sobre fondos oscuros y no se leen con toda claridad y que el tipo de letra como de caligrafía, tan habitual en muchos álbumes, es o me parece poco apropiado.

Lluís Farré. Las tres Reinas de Oriente. La historia secreta de los Reyes Magos (2012). Texto de Teresa Durán. Barcelona: La Galera, 2012; 40 pp.; ISBN: 978-84-246-4469-7.

Enviar Imprimir
domingo, 1 de diciembre de 2013

Natalia Ginzburg: «El hombre no puede hacer otra cosa que aceptar su propia cara del mismo modo que no puede hacer otra cosa que aceptar su propio destino; la única elección que le está permitida es la elección entre el bien y el mal, entre lo justo y lo injusto, entre la verdad y la mentira. Las cosas que nos dicen aquellos a quienes recurrimos para que nos psicoanalicen no sirven porque no tienen en cuenta nuestra responsabilidad moral, la única elección que se le permite a nuestra vida; quienes hemos ido a que nos psicoanalicen sabemos bien que aquella atmósfera de efímera libertad de la que se gozaba al vivir según nuestro puro placer, era una atmósfera enrarecida, no natural, en definitiva, irrespirable».

Natalia Ginzburg. «Silencio», Las pequeñas virtudes (Le piccole virtú, 1962, 1983). Barcelona: El Acantilado, 2002; 164 pp.; trad. de Celia Filipetto; ISBN: 84-95359-66-9. [Vista del libro en amazon.es]

Enviar Imprimir
publicidad   política de privacidad   aviso legal   desarrollo