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Notas del archivo 'Aventuras fantásticas' :: bienvenidosalafiesta ::    
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MurguiaLoba.JPG
viernes, 7 de junio de 2013

Una larga novela de aventuras fantásticas de primer nivel: Loba, de Verónica Murguía. He de advertir que, con pocas excepciones, me gustan poco este tipo de relatos: los veo muy artificiosos, o más artificiosos que muchos otros. En este caso, sin embargo, la novela se sostiene muy bien porque hay mucha destreza literaria y un enorme trabajo detrás. También se podría decir que hay una firme apuesta, a todo o nada, por el género de la fantasía épica.

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DunsanyHijaReyE.JPG
jueves, 25 de octubre de 2012

Después de haber citado, ayer y anteayer, relatos y novelas de MacDonald, el primer autor de las modernas historias de fantasía y aventuras fantásticas, corresponde ahora decir que se ha publicado hace poco una edición en castellano de La hija del rey del país de los elfos, de lord Dunsany, un relato de los pocos que puede ser calificado de precedente valioso de las obras de Tolkien.

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LarsenSpivet.jpg
jueves, 10 de febrero de 2011

Las obras escogidas de T. S. Spivet,
de Reif Larsen, es una novela que se puede calificar de asombrosa por ser la primera de su autor, que demuestra un talento poco común, y por lo que tiene de trabajo enciclopédico-posmoderno, aunque no tenga la coherencia constructiva de Jonathan Strange y el señor Norrell, ni el ingenio de La ciudad de los libros soñadores, por citar obras con las que se podría no comparar pero sí alinear. Habrá lectores, pocos, que la leerán con el entusiasmo de los adictos. Habrá otros, la mayoría, que, a las pocas páginas, pensarán que tienen delante una tontería cósmica. Y también habrá unos terceros que se asombrarán de que se pueda dedicar tantísimo trabajo y, en muchos sentidos, tan bien hecho, a un libro así.

Su protagonista y narrador es un chico genial de doce años llamado T. S. Spivet, Tecumseh Sparrow Spivet, que vive en un rancho de Montana con su madre, la doctora Clair, una científica obsesionada con el escarabajo atigrado; con su padre, un granjero y cowboy superlacónico; y con su hermana mayor Gracie, que tiene un mundo propio. Al principio se sabe que un hermano más pequeño, Layton, falleció hace poco de un disparo accidental y, por lo que se ve, T.S. se siente culpable. En la primera parte de la novela T.S. cuenta su vida en Montana y que, un día, le llaman del Instituto Smithsoniano diciéndole que le han dado un premio prestigioso y debe ir a Washington: descubre entonces que su amigo el entomólogo Doctor Yorn le había propuesto para el premio enviando los mapas de todo tipo que T. S. dibuja. En la segunda parte se narra que T.S., sin decir nada a sus padres, se marcha solo a Washington ocultándose dentro de un tren de mercancías, justo en un vagón que transporta una autocaravana de lujo. En el camino lee un cuaderno de su madre sobre su abuela, una prestigiosa y pionera científica del pasado, historia de la que no sabía nada. La tercera parte es su vida en el Este, cuando llega a Washington y, al descubrir los responsables del Smithsoniano que sólo tiene doce años, le hacen entrar en una imparable rueda de conferencias y recepciones y entrevistas para la prensa; además, unos tipos lo reclutan para una misteriosa sociedad secreta.

El libro tiene cosas destacables. Una, la voz del narrador que, con toda su improbabilidad y su absoluta falta de control, es divertido y por momentos encantador. Otra, la curiosa disposición de muchísimas informaciones en unos márgenes muy amplios: del cuerpo del texto salen flechitas que llevan a textos que son como notas al pie —explicaciones del pasado, observaciones o discusiones científicas, aclaraciones que no aclaran nada, digresiones innecesarias, ocurrencias peregrinas, etc.—, o que llevan a ilustraciones —mapas o diagramas de cualquier cosa que dibuja el mismo T.S., como, por ejemplo, una interpretación de lo que significa el tridente que forma la M de McDonald o la gráfica del logaritmo de un aburrido discurso—. Otra más, observaciones al paso de todo tipo, algunas de las cuales son inteligentes y tienen gracia.

También tiene muchos defectos si se consideran las cosas desde un punto de vista convencional. Una, que le sobran muchas páginas y, en particular, que el relato sobre la abuela de T.S. debería ser otra novela. Otra, que no se sabe a dónde va el narrador, si damos por supuesto que tiene que ir a algún sitio, que tal vez no, por más que su afán de cartografiarlo todo y de hacerse preguntas parezcan indicar que desea encontrar respuestas (también puede ser que disfruta contemplando y haciendo notar a los lectores su agudeza). Otra, que al final todo se complejiza y caotiza incluso más, pero también uno puede pensar que no hay forma de poner ningún final sensato a un relato así. En definitiva, sólo para lectores especiales.

Reif Larsen. Las obras escogidas de T. S. Spivet (The Selected Works of T. S. Spivet: A Novel, 2009). Barcelona: Seix Barral, 2010; 385 pp.; trad. de Irene Zoe Alameda; ISBN: 978-84-322-3194-0.

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FunkeReckless.jpg
jueves, 25 de noviembre de 2010

La proliferación de relatos de aventuras fantásticas hace que los autores más dotados se obliguen a sí mismos a entregar nuevas novelas que suenan a un «pues ahora vais a ver lo que es bueno». Esto se aplica, me parece a mí, a Reckless, de Cornelia Funke. Sin duda, en ella quedan de manifiesto las cualidades de Funke: inventiva, dominio de los recursos propios del género, rapidez narrativa, buen lenguaje, ilustraciones apropiadas. Pero la historia es muy complicada y tiene unas dosis excesivas de sofisticación, que tal vez le ganen elogios de los adictos pero que sin duda le restarán lectores normales; además, tampoco ha conseguido unos personajes realmente atractivos.

Todo se desarrolla en un mundo más allá de un espejo de la casa de los Reckless. El padre entró un día por él y no regresó; su hijo Jacob le siguió repetidas veces pero, aunque siempre procuró que su hermano pequeño Will no entrara, un día lo hizo y, entonces, un hada le arrojó un hechizo por el que se acabará convirtiendo en un goyl (de gargoyles, un hombre de piedra, sin sentimientos). Para impedir el destino inevitable que se cierne sobre Will, Jacob ha de realizar un viaje arduo y superar prueba tras prueba. Le acompañan una niña que adopta la figura de un Zorro; Will y su novia, Clara, una estudiante de medicina que también ha pasado al otro lado del espejo; y un enano avaricioso y poco de fiar.

Los enigmáticos protagonistas se llaman como los hermanos Grimm y, en lo que les ocurre, van surgiendo muchos, pero muchos, motivos y frases de sus cuentos. Y, entre otros guiños, el malvado que persigue a los héroes se llama Hentzau, igual que uno de los grandes malvados de las novelas clásicas de aventuras, el contrincante de El prisionero de Zenda. Hay escenas de lucha cruel y el tono es oscuro y desesperanzado por más que Jacob a cada paso diga que todo saldrá bien. Aparecen muchos personajes, a cual más singular, y todo va sucediéndose de acuerdo con alguna regla mágica o algo del pasado que se desconoce. Así, por ejemplo, el narrador afirma que, como todos sabemos, nunca puedes llegar hasta las hadas sino que son ellas las que pueden llegar hasta ti; sin embargo, añade, sí que hay una solución: sobornar al enano adecuado; así que allá van los héroes a buscar al enano.

La novela es declaradamente juvenil: los protagonistas tienen alrededor de los veinte años, y Jacob tiene líos amorosos con las hadas y con la novia de su hermano —lo que le ocurrió por olvidar esa regla tan conocida de que si tomas inadvertidamente agua de alondras no puedes dejar de enamorarte perdidamente de la mujer que tengas al lado, sea quien sea—. Bien, está claro que no es lo mejor de Funke, pero se anuncian futuras secuelas y seguro que habrá película.

Cornelia Funke. Reckless (Reckless. Steinernes Fleisch, 2010). Madrid: Siruela, 2010; 358 pp.; col. Las tres Edades; trad. de María Falcón Quintana; ISBN: 978-84-9841-453-0.

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FletcherCorPied.jpg
jueves, 5 de noviembre de 2009

Un amigo londinense me recomendó este verano, entre otras novelas, Corazón de piedra, de Charlie Fletcher. La empecé con interés, porque la idea de partida es excelente, pero la terminé leyendo en diagonal, cosa que también hice con su continuación, Mano de Hierro, y que ya no me planteé hacer con la tercera parte, Lengua de Plata, que acaba de salir en castellano.

En el centro de Londres hay un mundo paralelo en el que cobran vida las estatuas. George Chapman, de doce años, entra en él cuando, después de romper de un puñetazo una pequeña cabeza de dragón en el exterior del Museo de Historia Natural, despierta un antiguo poder y se ve perseguido por la talla de un pterodáctilo. Cuando huye le ayudan el Artillero, la estatua de un soldado de la primera Guerra Mundial que desciende de un monumento a los Caídos, y una chica de su misma edad, Edie, que resulta ser un «vislumbre», una persona con la capacidad de ver la vida que se oculta tras las piedras. A partir de ahí, todo son carreras por Londres en medio de la lucha entre las estatuas de rasgos humanos o vitratos, y las estatuas de seres extraños o máculas, repetidos salvamentos de unos a otros en el último momento y discusiones entre todos para intentar comprender por qué han llegado allí y cómo salir de los sucesivos atascos.

En su género y con sus rasgos propios, son novelas bien escritas y bien construidas. La personalidad de los protagonistas evoluciona y no son demasiado caricaturescos, aunque también es cierto que muy raro sería no sufrir continuos sobresaltos con la de cosas tan raras que les ocurren. Muchos pasos del argumento no son predecibles porque los personajes de fantasía que ha creado el autor son originales y sus actuaciones también lo son. A favor hay que decir que, seguramente, muchos chicos que ya conozcan Londres, y algunos visitantes que conozcan las novelas, gracias a ellas mirarán su ciudad de otra manera y serán más conscientes de la historia que se oculta tras las estatuas. También las pueden disfrutar quienes sean aficionados a los thriller donde hay persecuciones y amenazas continuas, pero la verdad es que muchísimas escenas están narradas y pensadas para ser filmadas y no para ser leídas. Al menos para un lector como yo esto es un gran lastre, mayor todavía que la poca credibilidad de unos personajes humanos situados en medio de una acción tan desmadrada, y mayor también que la gran arbitrariedad del mundo fantasioso que crea el autor.

Charlie Fletcher. Corazón de piedra (Stone Heart, 2006), Mano de hierro (Iron Hand, 2007), Lengua de plata (Silvertongue, 2008). Barcelona: Ediciones B, 2008, 2009 y 2009; 332, 329 y 384 pp.; col. La Escritura Desatada; trad. de Irene Saslavsky; ISBN: 978-84-666-3618-6, 978-84-666-3619-3, 978-84-666-3620-9.

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RothfussViento.jpg
jueves, 10 de septiembre de 2009

El nombre del viento,
de Patrick Rothfuss, es la primera novela de una trilogía que ha sido saludada como un gran descubrimiento por muchos seguidores de las aventuras fantásticas. Yo la he leído con interés, pues el autor sabe crear tensión y poner en pie un mundo propio —el mismo hecho de haberla leído entera, aunque sea rápido, ya señala una diferencia con bastantes otras que dejo pronto—, pero con la conciencia creciente de que tiene demasiados fallos, de que podría ser mucho mejor si todo fuese más sencillo, y de que la inversión de horas de lectura no compensa de ningún modo.

El enfático capítulo prólogo se titula «Un silencio triple», el mayor de los cuales se nos dice que es el del mesonero, un hombre llamado Kote que aguarda la muerte. Pero, en realidad, es el legendario Kvothe y cuando lo localiza y lo reconoce un tipo llamado Cronista, Kvothe accede a contarle su vida y ya no para de hablar hasta el final. Conocemos entonces quiénes fueron sus padres, actores itinerantes con una compañía, su aprendizaje de multitud de habilidades cuando era un niño y en particular de la música, la misteriosa muerte de sus padres y de toda su troupe, su vagabundeo en la miseria en la ciudad de Tarbean, su ingreso posterior en la Universidad, su aprendizaje allí y sus enfrentamientos con compañeros y profesores. Le mueve el deseo de aprender la magia más alta, la que sabe dar nombre al viento e invocarlo, y el deseo de conocer lo más posible acerca de los Chandrian, una especie de demonios responsables de la muerte de sus padres. Otro capítulo titulado «Un silencio triple», que ahora ya sí que no nos creemos, cierra la historia.

El atractivo principal del relato está en que lo que tiene de novela de aprendizaje con un héroe niño y joven que aprende y sufre y se confunde, pero que también demuestra una y otra vez su superioridad. Quizá lo mejor precisamente sean algunos episodios de la estancia del joven Kvothe en la Universidad, otra escuela de magia con profesores expertos en distintas áreas. Pero un narrador en primera persona ni recuerda tanto ni hace tantas comparaciones, algunas pretenciosas; algunos comportamientos son inverosímiles incluso dentro de la inverosimilitud global, y algunos comentarios o reacciones propias de la mentalidad de hoy suenan anacrónicos (como mínimo); hay personajes poco convincentes como la joven Denna de la que se enamora Kvothe... Luego, le sobran páginas y episodios a los que, al menos por ahora, no se les ve la dirección; le sobran complejidades artificiosas, como el invento de nombres para fechas y periodos de tiempo; son muchas las redundancias —«¿Lo dices en serio? —pregunté, incrédulo»—; algunas descripciones no brillan por su originalidad —«su piel era más luminosa que la luna, y sus ojos, más enormes que el cielo, más profundos que el agua, más oscuros que la noche»—; no es acertado el uso de palabras como ángeles, demonios, Dios..., que, como tienen significados bastante precisos en nuestro mundo, resultan confusas al aplicarse a seres de una historia de esta clase (es sorprendente que con tanta frecuencia se ignore una lección tan sencilla como esta de la obra de Tolkien).

En fin, de un profesor de literatura en la universidad de Wisconsin como el autor, yo no esperaría nunca un diálogo como: «Tengo que irme. Búscame», dice la chica; y responde el chico: «Lo haré. Nos veremos donde se encuentran los caminos».

Patrick Rothfuss. El nombre del viento. Crónica del Asesino de Reyes: primer día (The Name of the Wind. The Kingkiller Chronicle: Day One, 2007). Barcelona: Plaza & Janés, 2009; 871 pp.; trad. de Gemma Rovira; ISBN: 978-84-01-33720-8.

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jueves, 5 de marzo de 2009

Tenía en mis listas de libros a leer, desde hace mucho, El último unicornio, de Peter Beagle, una especie de El maravilloso Mago de Oz en versión incipientemente posmoderna. Me ha parecido un buen libro, episódico y desigual, cuyo atractivo está en que tiene un gran narrador y un personaje principal maravillosamente presentado. Y, de paso, he leído Tamsin, del mismo autor, otra obra de fantasía completamente diferente, escrita veintitantos años después, y que también se apoya en un sorprendente narrador, narradora en este caso. Son libros valiosos pero requieren una particular conexión con los géneros a los que, más o menos, pueden adscribirse.

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miércoles, 27 de agosto de 2008

Después de la buena impresión que me dejó Hood busqué más obras de Stephen Lawhead.

En primer lugar leí Bizancio, una obra de aventuras muy elogiada por los seguidores del autor y... no la terminé: no está bien escrita, se hace prolija porque falta criterio para seleccionar qué contar y qué no, y el protagonista —un monje irlandés del siglo X que viaja a Bizancio y le pasan todo tipo de cosas— no resulta creíble.

Después de Bizancio leí Taliesín y Merlín, los dos primeros libros del ciclo Pandragón, el de más éxito de  Lawhead según parece, una serie de seis novelas donde se cuentan las leyendas artúricas ambientadas en la época final de la dominación romana.

El primero, Taliesín, cuenta en tercera persona las andanzas del personaje, a quien el autor sitúa en el siglo IV después de Cristo, en el interior de la Britania dominada por los romanos. El argumento tiene dos hilos. En uno, el heredero de uno de los pequeños reinos del interior encuentra un chico recién nacido de origen desconocido: Taliesín; luego se casa y adopta al niño que, según los druidas, está predestinado a ser el mayor bardo de la historia. El otro escenario es la Atlántida, donde la princesa Charis, después de que su madre muera asesinada, se hace bailarina y, luego, logra que varios barcos abandonen la Atlántida poco antes de su hundimiento y alcancen las costas de Britania. Más tarde Taliesín y Charis se casarán y tendrán un hijo: Merlín.

El segundo libro, Merlín, está contado en primera persona por el protagonista. Narra su infancia y juventud, sus amores con Ganieda, su papel como consejero del rey Aurelius y luego de su hermano Uther, el nacimiento póstumo del hijo de Aurelius a quien él se llevará consigo y pondrá por nombre Arturo. La narración termina poco después de ese momento, cuando Merlín deja la espada real profundamente clavada en la piedra, en espera de que aparezca quien pueda sacarla, el futuro rey de Britania. Los acentos son quejosos y, al fondo, siempre pende la amenaza de su tía Morgian.

El primer libro es el mejor pues, aunque su ritmo es lento, las cosas se cuentan bien, hay tensión en el argumento y algunas escenas de acción o de particular dramatismo están conseguidas: al autor parece que se le da mejor la tercera persona. El segundo libro es más flojo: algunos episodios podrían suprimirse, los acentos de plañidera de Merlín suenan artificiosos, hay más defectos de adjetivación y más barroquismos descriptivos completamente huecos —por ejemplo: «percibí el sonido de su risa como si se tratara de plata líquida en el aire del atardecer» dice Merlín cuando conoce a Ganieda—. La construcción de personajes de ambas historias no es buena, pues todos hablan bastante igual y, con excepción tal vez de Taliesin y de Charis, no tienen personalidades distintivas. Además, en la traducción hay modismos catalanes.

Uno de los propósitos del autor es el de cristianizar estas leyendas: Taliesín, heredero de los antiguos druidas, se bautiza y ve su vida como una misión encargada directamente por Dios; el mismo espíritu tiene su hijo Merlín, cuyo pensamiento y comportamiento están presididos por el deseo de instaurar un mundo cristiano y por combatir contra los poderes diabólicos que intentan impedirlo. A favor del intento del autor se puede decir que su narración es elegante y que defiende valores de nobleza y caballerosidad. En su contra se han de mencionar varias cosas: una, que conjugar la existencia del Otro Mundo y la magia de los druidas con el mundo sobrenatural cristiano es un empeño más que dudoso; otra, que hay una excesiva insistencia en la cuestión, algo que también se debe a la falta de contención narrativa ya citada; y otra objeción es que con recreaciones así lo respetuoso es no ir mucho más lejos de las leyendas originales, por más que se hayan hecho intentos semejantes con propósitos contrarios.

Stephen Lawhead. Bizancio (Byzantium, 1996). Barcelona: Círculo de lectores, 1999, 3ª impr.; 752 pp.; trad. de Susana Beatriz Cella; ISBN 10: 84-226-7473-4.
Stephen Lawhead. Taliesín (Taliesin, 1987). Barcelona: Timun Mas, 2008; 492 pp.; col. Fantasís épica; trad. de Gemma Gallart; ISBN: 978-84-480-3627-0
Stephen Lawhead. Merlín (Merlin, 1988). Barcelona: Timun Mas, 2008; 583 pp.; trad. de Gemma Gallart; ISBN: 978-84-480-3628-7.

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jueves, 17 de enero de 2008

Las damas de Grace Adieu,
de Susanna Clarke, que contiene ocho relatos, de los cuales todos menos uno habían sido publicados antes, parece ser una forma de contentar a sus seguidores mientras esperan la novela que continúe Jonathan Strange y el señor Norrell. Tal vez a ellos no les cansen estas historias acerca de ese mismo mundo de fantasía de magos y brujas y duendes. La que da título a la recopilación tiene que ver con los personajes de aquella novela, otros se ambientan también en las décadas iniciales del siglo XIX, otro es una recreación del clásico cuento Rumpelstiltskin, otro se sitúa en el mismo ambiente que una conocida novela de Neil Gaiman. Además, se presentan como si fueran una recopilación de un profesor universitario, y algunas van con las correspondientes notas a pie de página. El estilo cuidadoso y elegante de Clarke se ha comparado con el de Jane Austen pero, ciertamente, sus temas y sus preocupaciones tienen poco que ver. Las excelentes ilustraciones de línea de aire modernista, de Charles Vess, dan al libro el sabor decimonónico propio de la época en que se sitúan la mayoría de los relatos.

Susanna Clarke. Las damas de Grace Adieu (The Ladies of Grace Adieu, 2006). Barcelona: Salamandra, 2007; col. Narrativa; trad. de Ana María de la Fuente; ISBN: 978-84-9838-128-3.

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martes, 8 de mayo de 2007

Leo que Tierra de Dragones, de James A. Owen se ha convertido en el libro revelación del año (¿del agotamiento de un género, tal vez?).

La historia comienza cuando está teniendo lugar la primera Guerra Mundial y un profesor de Oxford es misteriosamente asesinado. Tres jóvenes que tenían relación con él entran en contacto con ese motivo: John, Jack y Charles (supuestamente Tolkien, Lewis y su amigo Charles Williams). Cuando se han reunido nada menos que en el 221 B de Baker Street, se les une un tipo extraño llamado Bert: les hace notar que han de huir y les facilita que dejen atrás a los perseguidores embarcando en un misterioso galeón. Emprenden un viaje cuya primera parada es Avalon y aprenden enseguida que la Imaginarium Geographica, que deben proteger, es un mapa de las tierras del mito: Bert fue uno de los Custodios en el pasado y esa misión corresponde ahora principalmente a John. Y, para conjurar el peligro que se cierne sobre los mundos de fantasía y nuestro mundo, han de vencer al Rey del Invierno y restaurar al rey adecuado.

La escritura deja que desear y los personajes son planos. El argumento no es convincente y la trama es pesada, pues hay derivaciones continuas, incontables referencias literarias y una mezcla incoherente de muchos motivos de la literatura de fantasía. Pero, según parece, es sólo el primer volumen de las Crónicas de la Geografía Imaginaria.

James A. Owen. Tierra de dragones (Here, there be Dragons, 2006). Barcelona: Destino, 2007; 366 pp.; col. La isla del tiempo; trad. de Gemma Gallart; ISBN: 978-84-08-07050-4.

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viernes, 26 de enero de 2007

Un apéndice al comentario de ayer.

Cuando leí este texto de Philip Pullman:

«La penitencia y absolución preventivas eran unas doctrinas que (...) implicaban realizar penitencia por un pecado aún no cometido, una penitencia intensa y ferviente acompañada por castigos corporales y flagelación que tenía por objeto acumular una especie de cuenta de crédito. Cuando la penitencia había alcanzado el nivel adecuado en relación con un determinado pecado, al penitente se le concedía la absolución por adelantado, aunque tal vez nunca cometiera tal pecado. A veces era preciso matar a alguien, por poner un ejemplo, y esa acción resultaba mucho menos ingrata para el asesino si lo ejecutaba en estado de gracia».

...me vino a la cabeza este otro de Terry Pratchett, tomado de Mort, cuando habla de las «uvas reanuales» y el narrador explica que

«reciben el nombre de reanuales aquellas plantas que crecen hacia atrás en el tiempo. Se siembran este año y crecen el año pasado». Y sigue: «Los cultivadores de reanuales eran, por lo general, hombres corpulentos y serios, muy dados a la introspección y al análisis exhaustivo del calendario. Un agricultor que se olvida de sembrar semillas normales sólo pierde la cosecha, mientras que quien se olvida de sembrar las semillas de una cosecha que ya ha sido recogida doce meses antes, se arriesga a poner en peligro toda la estructura de la causalidad, por no mencionar que es una vergüenza enorme para él».

El segundo es gracioso. La solemnidad del primero lo vuelve ridículo.

Philip Pullman. El catalejo lacado (The Amber Spyglass, 2001). Barcelona: Ediciones B, 2001; 444 pp.; col. La escritura desatada; trad. Dolors Gallart y Camila Batlles; ISBN: 84-406-9947-6.
Terry Pratchett. Mort (1987). Barcelona: Plaza & Janes, 1998, 2ª impr.; 320 pp.; col. Los Jet; trad. de Cristina Macía, con la colaboración de Celia Filipetto; ISBN: 84-01-47941-X.

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jueves, 25 de enero de 2007

Siempre me ha parecido más prudente hablar de libros que de autores, también porque hasta los mejores escritores a veces se columpian. Para mí es el caso de Philip Pullman con su jaleada trilogía La Materia Oscura. A pesar de sus méritos literarios es una obra muy descompensada y lastrada por los prejuicios del autor. Es, también, un ejemplo de manual de cómo hay misiones que nunca se le pueden encargar a un relato (supuestamente) infantil-juvenil —es todo demasiado complejo—, o a una novela de fantasía —todo acaba siendo ridículo—, o a una novela extensa —un relato corto sugiere pero uno largo se atasca—. Para quien eso no le baste, el comentario extenso que va con esta nota desarrolla esas opiniones.

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miércoles, 20 de diciembre de 2006

Bromista brillante como Pratchett es Walter Moers. Su nuevo libro, La ciudad de los libros soñadores, es mejor que Las trece vidas y media de Osoazul. Es más breve (siendo largo), tiene más punta (aunque las digresiones son muchas), y su sarcasmo va en una dirección que conocemos bien quienes nos movemos entre libros.

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jueves, 21 de septiembre de 2006

Y, siguiendo con lo dicho ayer, otra fuente para muchos relatos de aventuras fantástico-mágicas es el Mabinogion galés. Es algo arduo, creo yo, pero no por eso menos influyente, como se verá.

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miércoles, 20 de septiembre de 2006

Los entusiastas de las aventuras fantásticas no deben perder de vista que, buena parte de los orígenes del género, están en el clásico medieval La muerte de Arturo, de Thomas Malory.

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martes, 31 de enero de 2006

Construir una novela de fantasía en serio, con pretensiones de que la lea un adulto y no le dé la risa floja, requiere talento literario. Como, por ejemplo, el deTolkien en El Señor de los anillos, o el de Ursula Le Guin en Un mago de Terramar..., por citar dos ejemplos. Cuando no hay tanto talento ni tanto trabajo, los autores de esta clase de novelas caen en una solemnidad vacua, en una adjetivación barroca, en alardes de autocomplacencia tipo ¿veis qué dominio del lenguaje y qué imaginación tengo? Y peor aún es cuando a eso se añaden aires magisteriales... En fin, que puestos a producir tonterías, muchísimo mejor es la opción de quien, al menos, no se las cree y opta por una ironía inteligente como la de Walter Moers en su extensa Las trece vidas y media del Capitán Osoazul, un personaje que adquiere una solidísima formación, que se convierte en un tipo increíblemente leído, todo un diccionario andante que no sabía una sola cosa: «para qué servía saber todo eso».

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jueves, 15 de diciembre de 2005

Hace pocas semanas que está en las librerías el extenso novelón Jonathan Strange y el señor Norrell, de Susanna Clarke, un singular cóctel decimonónico-posmoderno. Se pueden decir de él muchas cosas buenas: bien escrito, construido con cuidado, ambicioso, inteligente, ingenioso, elegante. Pero, también, que es insustancial...

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