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Notas del archivo 'Cuentos' :: bienvenidosalafiesta ::    
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lunes, 10 de abril de 2017

Si en una nota previa elegía textos de Un largo etcétera que ponen de manifiesto la creatividad lingüística de los niños, en esta pondré otras relacionadas con la costumbre del autor de contarles historias a sus hijos. Se podrían llamar «lecciones para, o reflexiones de padres cuentacuentos»:

El reproche: cuando uno intenta contar cuentos a veces surgen problemas...;

La vaca solidaria: en esta entrada, casi mi favorita de Un largo etcétera, se ve un choque entre dos estilos a la hora de contar cuentos...;

Y se cayó: cuando un niño experimenta por primera vez los poderes curativos de las narraciones;

Vivo en conversación: reflexión de adulto sobre el mundo interior del niño;

Cuatro trazos: reflexión de adulto: ¿por qué en tantos cuentos tradicionales los padres eran unos calzonazos?

Amazing: reflexión de adulto sobre los poderes y las enseñanzas de los superhéroes...

Enrique García-Máiguez. Un largo etcétera [Rayos y truenos, 2011-2016] (2017). Sevilla: Númenor, 2017; 174 pp.; col. Cuadernos de poesía; ISBN: 978-84-944305-2-7. [Vista del libro en amazon.es]

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jueves, 31 de julio de 2014

Días atrás hablé de que hay libros de relatos que se dirigen a un público lector y no sólo infantil o juvenil. Un ejemplo son los cortitos e ingeniosos Cuentos como pulgas, de Beatriz Osés, con una ilustración por cuento de Miguel Ángel Díez. Aquí hay una reseña.

Para dar una idea, un ejemplo, de contenido muy parecido a El rebaño, es Contando ovejas: «La oveja tomó carrerilla y se aproximó a la valla con decisión, pero al llegar a la cerca frenó en seco y cayó al suelo. Todas las ovejas que corrían tras ella tropezaron y se fueron amontonando unas sobre otras. Aquello ocurría las noches de insomnio, cuando Juan Luna se confundía al contarlas».

Otro cuentecito corto que a mí me hace mucha gracia es Lobo verde bajo las estrellas: «Había una vez un lobo verde que balaba las noches de luna llena. El resto de la manada se desternillaba de risa pero las ovejas lo adoraban».

Beatriz Osés. Cuentos como pulgas (2006). Sevilla: Kalandraka, 2013; 48 pp.; col. Siete leguas; ilust. de Miguel Ángel Díez; ISBN: 978-8492608744. [Vista del libro en amazon.es]

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miércoles, 18 de septiembre de 2013

El árbol de la mujer dragón y otros cuentos es una recopilación de veintitrés relatos populares tomados de distintas tradiciones y que tienen en común un personaje principal femenino que, a diferencia de muchos otros cuentos populares, es activo e intenta ser protagonista de su propio destino. Están recontados por Ana María Shua, lo que significa una garantía de calidad, y organizados en tres bloques: «El coraje», «La inteligencia», «La magia».

Todos tienen, al final, un breve y certero comentario sobre alguna particularidad: la rareza de una protagonista así, la diferencia entre la forma de pensar oriental y la occidental, etc. Por ejemplo, en «La zarina que tocaba el Gusli», de origen ruso, se indica que «aunque las mujeres disfrazadas de hombre no fueran algo que pasaba tanto en la realidad, seguramente resultaba una exigencia para que el relato sonara más verdadero»; o en «El espejo», japonés, se señala que «las nuevas familias que se constituyen hoy, con tantos divorcios y gente que vuelve a formar pareja, nos muestran que, en la realidad de todos los días, la relación de los hijos con la esposa del padre (y también, para el caso, con el marido de la madre) es de verdad muy difícil para las dos partes en juego»; o en «Shim Chong, la buena hija», se apunta cómo, en la tradición coreana u oriental, se aplauden los sacrificios de unos esposos a favor de los padres y en contra de sus propios hijos con el razonamiento de que «podemos tener otro hijo pero no podemos tener otro padre».

Al leer que, en «Las bodas de Lady Ragnell», inglés, la recopiladora dice que «este cuento asombroso parece tan moderno que nos cuesta aceptar que sea en realidad una antigua leyenda medieval», pensé que una historiadora como Regine Pernoud —autora de libros como Leonor de Aquitania o La mujer en el tiempo de las catedrales— no aceptaría de buen grado un elogio así y, seguramente, replicaría con mordacidad que tal afirmación se apoya un poco en el desconocimiento de la época medieval y otro poco en la sobrevaloración de los méritos de nuestra propia época.

Ana María Shua. El árbol de la mujer dragón y otros cuentos (2013). Madrid: Anaya, 2013; 148 pp.; ilust. de María Hergueta; ISBN: 978-84-678-4045-2.

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domingo, 21 de abril de 2013

Añado dos cuentecillos jasídicos más de Martin Buber, estos del libro titulado Los maestros continuadores.

En el infierno

«El rabí de Apt dijo a Dios: “Señor del mundo, sé que no tengo virtud ni mérito por los cuales después de mi muerte puedas enviarme al paraíso con los justos. Pero si piensas arrojarme al infierno entre los malhechores, recuerda por favor que no puedo llevarme bien con ellos. Por lo cual te pido que saques a todos los perversos del infierno, de modo que puedas enviarme allí”».

Amargo, no malo

«Enseñó el rabí de Kobryn: Cuando un hombre sufre no debería decir: “¡Esto es malo! ¡Esto es malo!” Nada de lo que Dios impone al hombre es malo. Pero es justo decir: “¡Esto es amargo!” Porque entre las medicinas hay algunas que están hechas con hierbas amargas».

Martin Buber. Cuentos jasídicos: los maestros continuadores (Die Erzäblungen der Chassidim, 1949). Barcelona: Paidós, 1994 y 1996, 2ª reimpr.; dos volúmenes, 171 y 205 pp.; col. Paidos Orientalia; trad. de Salomón Merener, revisión de Marshall T. Meyer; ISBN: 84-7509-216-0 y 84-7509-213-6.

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domingo, 14 de abril de 2013

Ya que recordé, hace unos días, los Cuentos jasídicos de Martin Buber, pongo dos textos breves más, tomados del libro titulado Los primeros maestros:

Lo peor

«Rabí Shlomó preguntó: “¿Cuál es la peor cosa que la inclinación al mal puede lograr?” Y él mismo respondió: “Hacer que el hombre olvide que es hijo de un rey”».

La pregunta de las preguntas

«Antes de su muerte, Rabí Zusia dijo: “En el mundo venidero no me preguntarán: ‘¿Por qué no fuiste Moisés?’ Me preguntarán: ‘¿Por qué no fuiste Zusia?’”».

Martin Buber. Cuentos jasídicos: los primeros maestros (Die Erzäblungen der Chassidim, 1949). Barcelona: Paidós, 1993; dos volúmenes, 242 y 187 pp.; col. Paidos Orientalia; trad. de Ana Mª G. de Cantor y de Luis Justo, revisión de Marshall T. Meyer; ISBN: 84-7509-918-1 y 84-7509-919-X.

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martes, 26 de febrero de 2013

La edición de siete cuentos clásicos reunidos en Cuentos de princesasCenicienta, El príncipe rana, Las doce princesas bailarinas, La princesa y el guisante, Blancanieves, Rapunzel, La Bella Durmiente— puede ser la oportunidad para muchos de ver por primera vez algo del trabajo de Su Blackwell, una artista inglesa que fabrica «esculturas» en papel a partir de páginas de libros antiguos.

En esta edición, las versiones adaptadas de los cuentos están ilustradas con fotografías de obras de Blackwell realizadas por Tim Clinch cuidando con esmero la composición y la iluminación. Es sugerente que las estructuras en papel que prepara Blackwell se presenten, muchas veces, como saliendo de los mismos libros. Pero, eso sí, en este caso el libro no deja de ser un modo de avivar el deseo de ver las obras originales de la artista.

Cuentos de princesas: siete cuentos clásicos (The Fairytale Princess, 2012). Contiene: Cenicienta, El príncipe rana, Las doce princesas bailarinas, La princesa y el guisante, Blancanieves, Rapunzel, La Bella Durmiente. Ilustrado con esculturas en papel de Su Blackwell, fotografiadas por Tim Clinch. Adaptación de los textos de Wendy Jones. Madrid: SM, 2012; 94 pp.; trad. de Alejandra Freund Urrutia; ISBN: 978-84-675-5668-1.

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martes, 15 de junio de 2010

La historia secreta de Tom Trueheart
,
es el primer relato infantil del ilustrador Ian Beck. Tiene un argumento ingenioso, está bien contado y los personajes son simpáticos. Está bien la idea que subyace al fondo: un autor que desea ser el protagonista de las historias y un niño lector que acaba por sí mismo los cuentos y siendo él el verdadero protagonista. En parte requiere conocer previamente los cuentos populares en los que se basa y en parte puede conducir a otros lectores a leer esos cuentos después si no los conocían previamente.

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miércoles, 26 de mayo de 2010

Cuentos japoneses,
recopilación preparada por Anna Gasol y Teresa Blanch, contiene veinte relatos populares: ¿Por qué el mar es salado?; La leyenda de Urashima Taro; El Dios de la Pobreza; El gorrión herido; El agradecimiento de la grulla; El Anciano de las Flores de Cerezo; El mono y los cangrejos; El comprador de un sueño; Déjalas y vete; Hikoichi y el tanuki; Yuki Onna, la Mujer de Nieve; La capa mágica del tengu; Hachizuke y el zorro blanco; El reyezuelo es el rey de los pájaros; El tengu azul y el tengu rojo; Momotaro; El cortador de bambú; La aventura de Gombei; El retrato de la novia; La lengua del gorrión.

La mayoría son sobre la recompensa que un hombre obtiene por ser amable con los animales; algunos tratan sobre pillos afortunados; Yuki Onna, la Mujer de Nieve se basa en la idea típica de muchos cuentos populares sobre una condición para la felicidad que nunca se debe romper. Urashima, ya mencionado en la versión de álbum ilustrado de Taro Yashima titulada Seashore Story, y El cortador de bambú son, tal vez, los cuentos japoneses más reproducidos en distintas antologías.

Se pueden encontrar versiones algo más largas de casi todos estos cuentos, y muchos otros, junto con explicaciones acerca de las peculiaridades de los cuentos japoneses y sus orígenes shintoístas y budistas, en las tres recopilaciones hechas y comentadas por Luis Caeiro que cito abajo.

Anna Gasol y Teresa Blanch. Cuentos japoneses. Barcelona: Edebé, 2009; 151 pp.; ilust. de Juan M. Moreno; ISBN: 978-84-236-9417-4.
Luis Caeiro. Cuentos tradicionales japoneses I - El mundo sobrenatural. Madrid: Hiperión, 1993; 228 pp.; Libros Hiperión; ISBN: 84-7517-379-9.
Luis Caeiro. Cuentos y tradiciones japoneses II - El mundo animal. Madrid: Hiperión, 1994; 201 pp.; col. Libros Hiperión; ISBN: 8475174132.

Luis Caeiro. Cuentos y tradiciones japoneses: III. El mundo humano. Madrid: Hiperión, 2002, 2ª ed.; 200 pp.; col. Libros Hiperión; ISBN: 84-7517-461-2.

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miércoles, 9 de diciembre de 2009

Igual que un libro previo titulado Cosas que pasan cada día, Cosas que a veces pasan, del ilustrador lituano Kęstutis Kasparavičius, contiene treinta y siete relatos de una sola página, cada uno con una ilustración que ocupa la página opuesta y con otra ilustración pequeña en la página donde va el texto.

Todos ellos hablan de animales y objetos que tienen una vida secreta que los hombres desconocemos y las excelentes ilustraciones los enriquecen añadiendo detalles y perspectivas. Son relatos de un surrealismo fácil de comprender: Linterna, sobre una linterna que se enfadó un día y «no daba luz sino oscuridad»; Cerdos, sobre una familia de cerdos, donde «todos los cerdos comen como cerdos: sin cucharas, tenedores ni cuchillos», excepto uno; La rebelión, sobre un día que «los clavos proclamaron una rebelión en la caja de herramientas». A veces el humor es disparatado pero por otra vía, como en Canguro, sobre una canguro a la que le encantaba saltar y, a continuación el narrador aclara que «los saltamontes también saltan pero son pequeños y verdes, así que no son canguros; no tienen nada que ver».

Kęstutis Kasparavičius. Cosas que pasan cada día (Kvailos istorijos). Barcelona: Thule, 2008; 80 pp.; col. Trampantojo; trad. de Aloe Azid; ISBN 13: 978-84-96473-35-5.
Kęstutis Kasparavičius. Cosas que a veces pasan (Trumpos istorijos). Barcelona: Thule, 2009; 80 pp.; col. Trampantojo; trad. de Alvar Zaid; ISBN 13: 978-84-92595-40-2. Nueva edición en 2016; ISBN: 978-8415357926. [Vista del libro en amazon.es]

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martes, 3 de noviembre de 2009

Relatos del Billabong
, contados por James Vance Marshall e ilustrados por Francis Firebrace, son diez cuentos y mitos de los aborígenes australianos. Por ejemplo, «De cómo el canguro consiguió su marsupio» o «De cómo consiguió el cocodrilo sus escamas» entre los primeros; y «La serpiente arco iris y el relato de la Creación» o «Las mariposas y el misterio de la muerte» entre los segundos. Van acompañados de ilustraciones apoyadas en los símbolos y colores propios de los aborígenes, de información acerca de cada cuestión y, además, al final del libro, de más explicaciones y de un glosario. Son relatos interesantes... siempre y cuando se lean como lo que son, como relatos, y no se les atribuyan más significado de los que tienen. Digo esto porque, a veces, este tipo de historias se plantean como si sus receptores naturales las consideraran de otra manera y, por un lado, tuvieran una sabiduría ancestral que nadie sabe de dónde pudo salir, pero, por otro, tuvieran «una mente más primitiva» que la nuestra, tal como leía días atrás en un folleto sobre un monumento de hace siglos.

James Vance Marshall. Relatos del Billabong (Stories from the Billabong, 2008). Barcelona: Thule, 2009; 61 pp.; ilust. de Francis Firebrace; trad. de Alvar Zaid; ISBN: 978-84-92595-23-5.

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martes, 30 de octubre de 2007

Flaubert: «He leído estos días los cuentos de hadas de Perrault; son encantadores, encantadores. ¿Qué me dices de esta frase: “La habitación era tan pequeña que la cola de aquel bello vestido no podía desplegarse”? Enorme en cuanto al efecto, ¿no? Y esta otra: “Vinieron reyes de todos los países; unos en sillas de manos, otros en cabriolés y, los más alejados, montados en elefantes, tigres, águilas”».

Gustave Flaubert. En una carta de 1852 a Louise Colet, Sobre la creación literaria: extractos de la correspondencia de Gustave Flaubert. Madrid: Ediciones y Talleres de Escritura Creativa Fuentetaja, 1998; 243 pp.; col. El oficio de escritor; selección, prólogo y traducción de Cecilia Yepes; ISBN: 84-95079-76-3.

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martes, 24 de julio de 2007

Este comentario de Stanislaw Lem está muy bien: «Cualquier niño es capaz de leer el ingenuo cuento de La Cenicienta, pero, sin sofisticaciones y sin Freud, ¿cómo verlo como un ballet de perversión ideado por un sádico para masoquistas? Hoy, el rebatir que todo lo obsceno está oculto subliminalmente en los cuentos de hadas sólo muestra tu ingenuidad. Por consiguiente, diríamos que (...) el caprichoso comportamiento de Hamlet surge a partir de que Shakespeare incorporaba en la obra muchos elementos distintos de versiones anteriores. (...) En general, podemos ennoblecer una obra o tacharla de superficial, dependiendo del telón de fondo que le otorguemos en el escenario de nuestra mente como lector. Tampoco se trata de un telón de fondo pasivo, sino de un sistema de referencias en el que un palo roto podría sugerir una rama estilizada del Japón antiguo, y una piedra entallada se nos podría antojar una escultura que expresara el humor de nuestro tiempo fragmentado. Así, (...) podríamos gritar: “¡Incoherencia!”, o por el contrario: “¡Brillante disonancia!”, o: “¡El abismo bosquejado por la agrietada intención del caparazón de la lógica!”»

Stanislaw Lem. El castillo alto.

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jueves, 26 de abril de 2007

Sigo con lo de ayer y anteayer. «Lo más interesante en los cuentos de hadas es considerar lo que son, lo que para nosotros han llegado a ser, y los valores que el largo proceso de la alquimia del tiempo ha creado en ellos», dice Tolkien. Y, después de citar a un prologuista de una edición inglesa de los cuentos de Asbjörsen y Moe que habla de que «hemos de contentarnos con la sopa que se nos pone delante, sin desear ver los huesos del buey con que se ha hecho», continúa: «Yo entiendo por sopa el cuento tal cual viene servido por su autor o narrador, y por los huesos las fuentes o el material, aun cuando (por extraña fortuna) se llegue con certidumbre a descubrirlos. Con todo, naturalmente, no me opongo a la crítica de la sopa como tal sopa».

J. R. R. Tolkien. Árbol y Hoja.

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martes, 26 de diciembre de 2006

Las inversiones irónicas tan comunes en los cuentos para niños las comenta del siguiente modo Wayne Booth: «Sobre todo en un momento en que puede ganarse el reconocimiento de la crítica gracias al descubrimiento de nuevas lecturas que a nadie más se le habrían ocurrido, la tentación de recurrir a inversiones resulta difícil de resistir para algunos críticos. Cualquier afirmación puede cambiarse por su opuesta y así hacerla más “interesante”. Cualquier obra puede revisarse y hacer que los tres cerditos se transformen en malvados y el lobo en un héroe trágico». Además, «vez captado el truco, uno puede improvisar indefinidamente inversiones que podrán parecer ingeniosas a unos pocos pero que no significan nada para la inmensa mayoría. En cierto sentido están permitidas… al fin y al cabo, a nadie se le ocurre promulgar leyes contra la improvisación». Y, se puede añadir, todos conocemos esa clase de adultos que intentan dárselas de graciosos con los niños.

Wayne C. Booth. Retórica de la ironía.

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jueves, 2 de noviembre de 2006

Martin Buber: «Preguntaron a Rabí Leví Itzjac: “¿Por qué no hay primera página en ninguno de los tratados del Talmud babilónico? ¿Por qué en cada uno empieza por la segunda?”

Repuso: “Por mucho que un hombre pueda aprender, siempre debe recordar que no ha llegado siquiera a la primera página”».

Martin Buber. Cuentos jasídicos: los primeros maestros (Die Erzäblungen der Chassidim, 1949). Barcelona: Paidós, 1993; dos volúmenes, 242 y 187 pp.; col. Paidos Orientalia; trad. de Ana Mª G. de Cantor y de Luis Justo, revisión de Marshall T. Meyer; ISBN: 84-7509-918-1 y 84-7509-919-X.

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jueves, 26 de octubre de 2006

Entre los cuentos jasídicos citados días atrás, de Martin Buber, también los hay bromistas, como el titulado De las invenciones modernas:

«“Se puede aprender de cualquier cosa”, dijo una vez el rabí de Sadagora a sus jasidim. “Cada cosa puede enseñarnos algo, y no sólo lo que ha creado Dios. Lo que hizo el hombre también puede enseñarnos”.
“¿Qué podemos aprender de un tren?”, preguntó dubitativamente un jasid.
“Que a causa de un segundo podemos perderlo todo”.
“¿Y del telégrafo?”
“Que cada palabra se cuenta y se cobra”
“¿Y del teléfono?”
“Que lo que decimos aquí se oye allá”»

Martin Buber. Cuentos jasídicos: los maestros continuadores.

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miércoles, 18 de octubre de 2006

A quienes me hablan con excesivo entusiasmo de autores y libros de autoayuda les recomiendo que descubran las mejores recopilaciones de fábulas y apólogos y, por ejemplo, los cuentos jasídicos que publicó hace unas décadas Martin Buber.

Como este supercortito, titulado La brecha: «Rabí Méndel se preocupó de que sus jasidim no usaran nada alrededor del cuello mientras oraban porque —decía— nada debe separar el corazón del cerebro».

Martin Buber. Cuentos jasídicos: los maestros continuadores (Die Erzäblungen der Chassidim, 1949). Barcelona: Paidós, 1983, 1ª reimpr.; dos volúmenes, 171 y 205 pp.; col. Paidos Orientalia; trad. de Salomón Merener, revisión de Marshall T. Meyer; ISBN: 84-7509-216-0 y 84-7509-213-6.

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viernes, 1 de abril de 2005

Como es sabido, mañana es el centenario de Hans Christian Andersen, un autor que con sus Cuentos se propuso enseñarnos a ver más allá de la superficie de las cosas, a saber observar la riqueza de la realidad. Véase lo que se indica en el relato titulado Lo que se puede imaginar (Hvad man kan hitte paa, 1869), cuando un poeta se queja:

«—¡Todo está escrito! —dijo él—. ¡Nuestra época no vale la pena!

—¡Qué va! —dijo la mujer—. En los viejos tiempos quemaban a las curanderas, y los poetas andaban por ahí con las tripas vacías y agujeros en el codo. Esta época es estupenda, es la mejor. Pero tú no ves bien las cosas, no has afinado tu oído y nunca rezas el padrenuestro por las noches. Hay un montón de cosas de las que hacer poesía en cualquier metro que quieras, y cosas que contar, si es que sabes contar historias. Las puedes sacar de las plantas de la tierra, extraerlas del agua corriente y del agua estancada, pero tienes que saber hacerlo, tienes que saber cazar un rayo de sol. Pruébate mis gafas, ponte mi trompetilla en el oído, reza a nuestro Señor, y deja de pensar solo en ti.

Lo último era muy difícil, más de lo que podía pedir una curandera».

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