lunes, 26 de julio de 2010
El Gran libro de los retratos de animales, de
Svjetlan Junakovic, presenta una galería de retratos de animales a lo largo de la historia de la pintura.
Cada uno es un cuadro famoso en el que las figuras son animales. Así,
La chica de la perla de Vermeer es
La oveja de la perla, el retrato de Marat asesinado que hizo David aquí es sustituido por un Pollo, el
Enrique VIII de Hans Holbein es Búho. Cada cuadro se acompaña de unas breves explicaciones que mezclan información real del cuadro con algunas alusiones bromistas. A veces, con los cuadros se muestra el diseño preparatorio en papel y a veces algún recuadro con un detalle significativo —como la mirada melancólica del orangután—. De todos se indica la fecha real y el tamaño del cuadro original y si es un óleo sobre tela (la mayoría), óleo sobre tabla, o témpera sobre tabla.
Es un buen ejemplo de álbum posmoderno y autoreferencial, en el que un ilustrador juega con su propio trabajo e ironiza sobre él, y que se podría comparar, en cuanto a su concepción, con
Las pinturas de Willy, de
Anthony Browne. Tal vez el álbum debería llevar un anexo con una reproducción de todos los cuadros originales y algunas explicaciones más.
Svjetlan Junakovic. Gran libro de los retratos de animales (2006). Pontevedra: OQO, 2006; 44 pp.; trad. de Antón Fortes; ISBN: 84-96573-80-X.
lunes, 19 de julio de 2010
lunes, 12 de julio de 2010
lunes, 15 de febrero de 2010
Después de los cuentos clásicos vienen cuentos sobre los cuentos clásicos como
¡Atrévete, Bruno!, con ilustraciones de
Rocío Martínez y texto de
Anna Gasol y
Teresa Blanch.
Bruno es un pequeño lobo con antepasados ilustres: su tatarabuelo fue el lobo que se comió a las cabritillas, su bisabuelo el que se comió a Caperucita y su abuela, y su abuelo el de los tres cerditos. Su hermana mayor intenta que Bruno sea un lobo feroz pero, cuando Bruno prueba, ni con el oso ni con la mofeta es capaz de gruñir como es debido. Total, lo llevan a la doctora Ardilla.
Relato bienhumorado, en el texto y en las ilustraciones. Está bien organizado gráficamente: con ilustraciones a doble página para comenzar cada uno de los pasos de la historia, y con ilustraciones pequeñas recuadradas o no según lo que se cuenta. Se podría calificar de relato de psicoliteratura en el sentido de que trata sobre un conflicto educativo y de crecimiento, pero quizás es mejor verlo como lo que es: un relato amable, bien contado, que además pide conocer antes varios cuentos populares.
Rocío Martínez. ¡Atrévete, Bruno! (2009). Texto de Anna Gasol y Teresa Blanch. Bilbao: Almadraba, 2009; 28 pp.; ISBN: 978-84-9270-244-2.
lunes, 24 de noviembre de 2008
Discurso del oso es un relato breve de
Julio Cortázar que, según parece, fue concebido como un cuento infantil. Su interés dentro de la obra del escritor argentino es escaso, creo yo, pero está bien como un álbum al que añaden nuevas dimensiones las ilustraciones de
Emilio Urberuaga.
El narrador comienza diciendo: «Soy el oso de los caños», y en la primera ilustración lo vemos en el tejado de una casa; luego nos dice que es «el oso que va por los caños de la casa» y lo vemos recorrer todas las tuberías y asomarse por distintos lugares a las viviendas.
Como, por ejemplo,
Buenas noches Gorila, la historia conecta con la idea de que hay mundos paralelos al nuestro, seres que viven cuando nosotros no vemos y que atienden a lo que necesitamos sin que nos demos cuenta. Las ilustraciones no pueden seguir al relato en frases como «me dejo resbalar como el viento hasta las calderas del sótano», pero sí recoger los acentos de soledad que deja la historia y añadirle nuevos elementos: un gato y un ratón que siguen discretamente al oso allá por dónde va.
Además, su interés está también en ser un ejemplo de
una tendencia general, creciente dentro del mundo de los álbumes, que tal vez a ellos como género no les añade mucho pero sí revela las querencias culturales dominantes y es una muestra más de lo que hay en el cajón de sastre de lo posmoderno.
Emilio Urberuaga. Discurso del oso. Texto de Julio Cortázar. Barcelona: Libros del Zorro Rojo, 2008; 24 pp.; ISBN: 978-84-96509-80-1.
lunes, 10 de marzo de 2008
lunes, 11 de febrero de 2008
El argumento de
La merienda del señor Verde, de
Javier Sáez Castán, cuenta cómo el señor Verde manda llamar a seis personajes, cada uno un color, para resolver un misterio juntos; y el relato se completa con unas aclaraciones bromistas explicativas, verdaderamente graciosas. Es un álbum de filiación surrealista en las ilustraciones, y posmoderno tanto por el hecho de que el autor convierte sus propios materiales de trabajo en el contenido de su obra, como por los textos autoreferenciales del final. Como historia, del mismo autor me gusta más
Los tres erizos, otro álbum donde también asoma la metaficción en la escena conclusiva.
Javier Sáez Castán. La merienda del señor Verde (2007). Barcelona: Ekaré, 2007; 36 pp.; ISBN: 84-934863-5-3.
lunes, 17 de diciembre de 2007
Es de agradecer la publicación en España de
¡La auténtica historia de los tres cerditos! por S. Lobo, de
Lane Smith y
Jon Scieszka. Esta edición es la versión en castellano que se había publicado hace unos años en los Estados Unidos, de ahí algunos giros no habituales. Hubiera estado bien que, igual que en la edición conmemorativa que se hizo en Norteamérica pasados diez años de la publicación del álbum, el lobo explicase a los lectores españoles por qué a estas alturas sigue todavía en la cárcel...
lunes, 5 de noviembre de 2007
En una entrevista de hace poco en
CLIJ decía la ilustradora checa
Kveta Pacovská, una experta en libros de construcción sofisticada, que «al final lo más importante es que los libros aporten algo a los niños».
miércoles, 18 de enero de 2006
lunes, 9 de enero de 2006
Todo un mundo es un elogiadísimo álbum sin texto, compuesto con ilustraciones encadenadas consecutivamente, al que se puede calificar, a la vez, de valioso para muchos adultos y de limitado interés para la inmensa mayoría de los niños.
Por un lado, es un sofisticado producto contemporáneo: todas las técnicas pictóricas y gráficas posibles están presentes en las ilustraciones sucesivas. Por otro, es un buen intento de comprender y mostrar cómo es la mente infantil: los autores intentan reflejar cómo los niños pequeños se relacionan con el mundo no con razonamientos sino con percepciones y sensaciones. En realidad, y como es lógico, el álbum muestra más bien el modo en que los adultos suponemos que los niños lo hacen, o el modo en que los adultos lo hacemos, pues las asociaciones sensoriales o intelectuales que aquí se presentan para provocar el paso de una imagen a otra no son necesariamente infantiles. Más aún: es dudoso que lo sean en la mayoría de los casos. Y, además, es necesario recordar que el interés del niño se dirige hacia cosas concretas y no hacia su mismo proceso de aprehensión de la realidad.
Por tanto, álbum que tiene mucho interés como producto para compartir entre adultos y niños, siempre y cuando el adulto esté muy interesado en el arte contemporáneo. Es decir, que quien quiera hacer un buen regalo al hijo pequeño de alguien así, no para poner contento al niño sino al padre o a la madre, aquí lo tiene.
Katy Couprie y Antonin Louchard. Todo un mundo (Tout un monde, 1999). Madrid: Anaya, 2003; 254 pp.; ISBN: 84-667-2723-X.
lunes, 8 de agosto de 2005
No es ningún secreto que
Anthony Browne es uno de los mejores autores de álbumes, de ahora y de siempre: ha publicado ya muchos excelentes y todos los que firma tienen calidad y un inconfundible sello propio. Entre otros méritos no pequeños se dirige a las dos audiencias de niños y adultos y consigue casi siempre dar en el blanco. Y digo casi siempre porque uno de sus últimos álbumes,
En el bosque, no me parece acertado: creo que Browne se pasa de vueltas en la cantidad de sugerencias que hace de forma que no se sabe muy bien a donde conducen. Quizá sea eso, dirán algunos, que no tienen por qué conducir a ninguna parte o que pueden conducir a la vez a muchas. Vale. Pero, aparte de que así uno se sale del terreno de la literatura infantil, la impresión que a mí me dejan un álbum como este y tantas obras de metaficción posmoderna, es que sus autores nos están guiñando el ojo como diciéndonos «pero qué asociaciones tan inteligentes hago continuamente, ¿os dais cuenta?». Esto no es un demérito para Browne, del que hablaré con calma en otro momento, sino una constatación, que Browne además conoce mejor que nadie, de que también los monos se caen de los árboles.
Anthony Browne. En el bosque (Into the forest, 2004). México, Fondo de Cultura Económica, 2004; 32 pp.; col. A la orilla del viento; trad. de Juana Inés Dehesa; ISBN: 986–16–7218–6.
martes, 19 de julio de 2005
Con ilustraciones recuadradas de Natali Fortier en un lado y los textos a los que corresponden en el otro, Me encanta recoge mínimos momentos de felicidad de una niña y sus sentimientos de asombro, sorpresa, entusiasmo, etc. Se comprende bien por qué ha sido un álbum premiado y elogiado: las ilustraciones son muy sugerentes y tienen categoría, su lectura deja un buen sabor de boca, es un relato de los que renueva un poco la mirada con la que vemos lo cotidiano... los adultos. Esa es la cuestión, creo yo: se trata sobre todo de un producto que valoramos quienes comprendemos y sentimos la nostalgia, quienes empezamos a mirar hacia el pasado y quienes intentamos retener a toda costa los momentos de felicidad del presente. Dicho de otro modo: no tengo nada claro que sea un buen regalo para un niño, sí he comprobado que a mi tía le parece un tesoro.
Natali Fortier. Me encanta (J’aime, 2004). Texto de Minne. Madrid: Kókinos, 2004; 125 pp.; trad. de Esther Rubio; ISBN: 84-88342-74-8.
lunes, 13 de junio de 2005
Hace poco he visto el álbum ilustrado por
Dave McKean, con texto de
Neil Gaiman, titulado
Los lobos en la pared. Una familia huye de su casa porque unos lobos pintados en las paredes la ocupan; hasta que la familia decide volver y entonces son los lobos quienes se asustan y regresan a las paredes. Para mí es un ejemplo de ilustraciones excepcionales, que usan muchos recursos del cómic y están hechas a base de colages y de dibujos, puestas al servicio de una historia con aires góticos, interesante imaginativamente pero fallida porque su argumento no resulta convincente al menos a mí. Por el contrario, en mi opinión los mismos autores sí aciertan de lleno con
El día que cambié a mi padre por dos peces de colores: la formulación gráfica es igualmente brillante pero, en ese caso, las ilustraciones están al servicio de una historia que no parece tonta y que causa impacto (aunque no a todos les guste).
Neil Gaiman y Dave McKean. Los lobos en la pared (The Wolves in the Wall, 2003). Bilbao: Astiberri, 2004; 54 pp.; trad. de Carol Isern; ISBN: 84-95825-77-5.
lunes, 2 de mayo de 2005
A veces se ha calificado de primer álbum posmoderno
The True Story of the Three Little Pigs by A. Wolf (1989), un texto de
Jon Scieszka ilustrado por
Lane Smith con la historia de
Los tres cerditos pero contada por el lobo. Y la razón es que, tal vez, fue la primera vez que la inclinación a poner del revés algunos cuentos clásicos se hizo con gran brillantez en un álbum. De los mismos autores, Jon Scieszka y Lane Smith, se acaba de publicar en castellano
El apestoso hombre queso, otro álbum que también vuelve a contar de un modo diferente y caótico unos relatos tradicionales anglosajones y que rompe también todas las convenciones de presentación y edición de un libro. Como decía de dos álbumes de
David Wiesner citados días atrás, en uno tenemos un álbum genial para todos, en otro tenemos un álbum para lectores sofisticados (los que aprecien la dislocación total de las cuestiones de presentación, ciertamente pocos, y los que conozcan los relatos originales, también muchos menos en el mundo hispano). En fin, es inexplicable que se haya traducido el segundo álbum y no el primero.
lunes, 25 de abril de 2005
Otro rasgo de posmodernidad es la contaminación de géneros y en la mezcla de historias. Es el caso de los álbumes de
David Wiesner, en su versión de
Los tres cerditos y en
Tuesday, un álbum genial sin texto no editado en España. La diferencia entre ambos es que si el primero es un álbum de adulto pues a él se dirigen y sólo él puede apreciar los juegos intertextuales y las referencias visuales y argumentales a otros relatos, el segundo es para todos pues aunque también las contiene no impiden que la historia pueda ser disfrutada por cualquiera. Por eso podemos decir que
Tuesday es un gran álbum mientras que
Los tres cerditos, a pesar de su excelencia en muchos sentidos, no lo es.
lunes, 18 de abril de 2005
Un álbum puede ser llamado posmoderno cuando la historia que cuenta está en la manipulación del propio medio. Un buen ejemplo son
LOS ÁLBUMES DEL RATÓN, de
Monique Felix, una mezcla de acuarelas clásicas naturalistas donde los mismos dibujos interactúan con el álbum. Otro álbum de la ilustradora suiza, publicado hace un año, que representa de otro modo la fusión de elementos dispares tan característica de lo posmoderno es
Las clases de tuba.