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lunes, 23 de agosto de 2010
El pequeño hoplita, de Arturo Pérez-Reverte y Fonchito y la luna, de Mario Vargas Llosa, inician una colección que se titula “Mi primer...”(mi primer Pérez Reverte, mi primer Vargas Llosa, etc.) Debo comenzar por reconocer que no siento ninguna simpatía por este recurso comercial, que supongo que será eficaz para quienes compran los libros a partir del prestigio previo de los autores. Además, si soy partidario, siempre, de recomendar los libros uno a uno y por sí mismos, y nunca por el nombre del autor ni por la colección o editorial en la que se publican o por cualquier otra razón, mucho más lo soy en el caso de los libros infantiles. Dejo de lado que no faltan los ejemplos que indican que escribir bien sobre algo no equivale a escribir bien sobre cualquier cosa, y que escribir bien para un cierto público no es igual que escribir bien para cualquier público.
El pequeño hoplita cuenta que, antes de que comience la batalla de las Termópilas, el jefe de los 300 espartanos, manda a un niño que regrese a Esparta a contar lo sucedido. Tal como está, la historia que inventa el autor es poco consistente. Además, el tirón particular que puede tener Pérez-Reverte no es el apropiado para lectores pequeños. En cuanto al contenido, puestos a contarle a un niño algo mayor, tanto cosas de la antigua Grecia como los sucesos de una batalla como la de las Termópilas, tal vez habría que dar más y mejores explicaciones y, para eso, mejor sería usar otros apoyos. En cualquier caso, las ilustraciones de Fernando Vicente son buenas y adecuadas.
Fonchito es un niño que desea dar un beso a Nereida, una niña de su clase; pero, cuando vence su timidez y se lo pide, Nereida le dice que se lo dará si antes baja la luna del cielo y se la regala. El relato es simpático y está contado con el buen lenguaje que se le supone al autor. Esto también quiere decir que gustará más a algunos adultos que a los niños y, dentro de los niños, menos a los niños y más a las niñas. Son excelentes las ilustraciones de Marta Chicote, bien compuestas, y con figuras un tanto modiglianescas.
Arturo Pérez-Reverte. El pequeño hoplita (2010). Madrid: Alfaguara, 2010; 30 pp.; col. Mi primer; ilust. de Fernando Vicente; ISBN: 978-84-204-0568-1.
Mario Vargas Llosa. Fonchito y la luna (2010). Madrid: Alfaguara, 2010; 30 pp.; col. Mi primer; ilust. de Marta Chicote Juiz; ISBN: 978-84-204-0589-6.
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martes, 23 de marzo de 2010
Otro álbum de rechazo a la guerra: The Butter Battle Book, un relato del Dr. Seuss compuesto para ironizar y advertir acerca del enfrentamiento entre los EE.UU. y la URSS en los momentos de máxima tensión, cuando ambas potencias esgrimían la amenaza nuclear. Dos bandos, los Zooks y los Yooks, van inventando armas cada vez más complejas y sofisticadas para intimidar al otro, hasta que, al final, los dos tienen una bomba con la que pueden borrar del mapa al rival. Al principio, un abuelo Yook cuenta a su nieto el motivo para la enemistad histórica entre los dos pueblos: mientras los Yook untan la mantequilla en la parte de arriba del pan, como debe ser, los Zook ¡untan la mantequilla en el lado de abajo del pan!
Lo mejor, como uno espera siempre del Dr. Seuss, son el texto en versos divertidos y sonoros, la gracia de unas ilustraciones bien compuestas y secuenciadas, la simpatía de los singulares personajes y de los artefactos tan curiosos que inventan. La historia, si nos fijamos en su contenido, se dirige sobre todo a los adultos y no tanto a los niños, que aunque sí pueden entender lo absurdo de algunas actuaciones —y por supuesto el bobo motivo por el que combaten Yooks y Zooks—, comprenderán menos el final abierto e inquietante. Por otra parte se ha de señalar que si la caricatura del conflicto en el que se inspira la historia es magnífica, la caricatura de su origen es ridícula. La cuestión está, pienso yo, en que hay asuntos que no resultan fáciles de presentar sin hablar en serio de sus causas y de su desarrollo; en que, por tanto, no adelantamos mucho poniéndolos delante de quienes no están en condiciones de hacerse cargo de todos los aspectos del problema; y en que adelantamos menos e incluso retrocedemos si simplificamos las cosas hasta el absurdo.
Lo anterior me hace pensar en los inconvenientes de tener una formación histórica fragmentaria —hecha de trocitos cogidos de aquí y allá— y periodística —hecha sólo de informaciones sin causas conocidas—; en que quienes ignoran que han heredado una experiencia viva y compleja, necesariamente acaban enfocando el presente sin perspectiva y con una estrechez empobrecedora. En positivo, me hace pensar en la importancia de conocer y dar a conocer bien la historia —una colina desde la que se puede ver el presente—; y en lo necesario que resulta familiarizarse, desde muy pronto, con esos grandes relatos que hablan de rebelión contra las injusticias, y que cabría calificar de más verdaderos que los mismos hechos que sucedieron realmente, tales como, por ejemplo, Antígona o Guillermo Tell.
Dr. Seuss. The Butter Battle Book (1984). New York: Random House, 1984; 48 pp.; ISBN: 0-394-86580-4.
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lunes, 22 de marzo de 2010
La guerra, de Anaïs Vaugelade, es un relato que intenta lanzar un mensaje pacifista y de rechazo a cualquier enfrentamiento.
Dos bandos: el pueblo de los Rojos y el pueblo de los Azules. El hijo del rey de los Rojos, Julio, es un chico combativo, mientras que el hijo del rey de los Azules, Fabián, no tiene ningún interés en pelearse con nadie. Cuando Julio fuerza un enfrentamiento directo con Fabián, este acude al combate montado en una oveja que, cuando bala, asusta al caballo de Julio, que cae y muere. La guerra entonces, se recrudece y Fabián ha de huir. Pero se le ocurre una idea.
Lo mejor de este álbum son unas sobresalientes ilustraciones: es excelente la composición de todas ellas, y es magnífico el juego con los colores para distinguir a unos combatientes de otros. En cambio, el argumento es poco afortunado pues el planteamiento tan simplista dicta ya la solución: es uno de esos casos en los que podemos estar de acuerdo con la moraleja sin que nos guste mucho el cuento. No es lógico que, en una historia que cuenta un conflicto, se nos escamotee su origen y se nos intente guiar hacia una solución prefabricada. Además, es un tipo de relato contraproducente que hace pensar a los lectores niños que si algunos adultos son tontos: por mucho se le insista a un niño en que no debe pelearse, el niño sabe bien que, dicho así, no es cierto: para él está claro que la mayoría de las peleas de patio de colegio son estúpidas pero también lo está que hay algunas que no lo son, pues si es malo hacer daño a un indefenso no lo es en absoluto defenderlo... Mañana, más.
Anaïs Vaugelade. La guerra (La guerre, 1998). Barcelona: Corimbo, 2008; 30 pp.; trad. de Anna Coll-Vinent; ISBN: 978-84-8470-306-8.
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lunes, 2 de noviembre de 2009
En su momento preparé un comentario a ¿Nada?, el primer álbum de Patrick McDonell y por tanto anterior al excelente Arte. Sus protagonistas son los mismos de las tiras de cómic del autor, el gato Morro y el perro Conde: el primero quiere hacer un regalo a su amigo pero ve que lo tiene todo y que «no le falta de nada». Si al final no llegué a ponerlo aquí fue porque los problemas de traducción impiden que la minianécdota tenga sentido en castellano: en inglés no hay la doble negación y la misma frase se diría «que le falta nada», lo que explica que Morro decida regalarle Nada a Conde. La historia, una especie de mensaje anticonsumista que habla de la amistad como el mejor regalo, está bien..., salvado el problema de la imposibilidad de verterla igual al castellano, y además se revaloriza por los dibujos “minimalistas” del autor que sólo usa el blanco, el negro y un rojo suave; que pinta con escasísimos trazos los ambientes y los fondos, y simplifica gráficamente muy bien a sus héroes, a Morro con una nariz tipo hamburguesa y a Conde con unas orejas tipo Mickey Mouse.
Lo comento ahora porque a Principio, Lío y Fin, de Avi, un relato con los mismos protagonistas de Sin principio ni fin, tiene no uno sino muchos problemas del mismo tipo, y las buenas ilustraciones de Tricia Tusa no bastan para salvar el libro. Su subtítulo, «Aprende a escribir... ¡escribiendo!», indica la intención del autor de animar a sus lectores pequeños a escribir, y su idea de hablar  amablemente de cuáles son «los problemas del escritor». Su argumento es que el caracol Carlos quiere ponerse a escribir y como no encuentra qué decir o cómo decirlo, Eduardo la hormiga le aconseja. A pesar de la simpatía de los personajes —que un lector que haya leído el libro anterior da por descontada—, la historia tiene poca gracia: además de lo indicado —que muchos juegos de palabras en inglés no funcionan en castellano—, no pocos incidentes y conversaciones están demasiado estirados y son muy artificiales —por lo que sospecho que tampoco en inglés es un libro logrado, y por lo que pienso que autor y editor se han guiado por el habitual esquema de que si algo ha tenido éxito intentémoslo de nuevo—. Una de las escasas veces que salta una pequeña chispa de buen humor es esta: «Todas las historias necesitan tensión», dice Carlos, «pero no hay tensión en mi vida, y eso me pone muy tenso».
Patrick McDonnell. ¿Nada? (The Gift of Nothing, 2005). Barcelona: Serres, 2007; 48 pp.; trad. de Belén Cabal; ISBN: 978-84-7901-053-9.
Avi. Principio, Lío y Fin (A beginning, a Muddle and an End, 2004). Barcelona: Ediciones B, 2009; 144 pp.; col. La escritura desatada; ilust. de Tricia Tusa; trad. de Marta García Madera; ISBN: 978-84-666-4128-9.
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lunes, 24 de marzo de 2008
Después de debutar en el mundo de los álbumes con una maravilla como El canto de las ballenas, los álbumes de Gary Blythe que han venido después y que conozco, como El mejor de los secretos y El regalo perfecto, son más flojos, aunque sin duda en el juicio influye que aquel primer álbum fuera tan espectacular. Esos dos últimos álbumes tienen como protagonistas a muñecos —una especie de muñeca raída en el primero, un osito de peluche deteriorado en el segundo—, y ambos tratan de cómo el niño y la niña propietarios emprenden su búsqueda cuando los pierden. El primero tiene acentos más oníricos, el segundo se alinea claramente con un relato como El conejo de terciopelo. Tal vez debido a que las historias en sí mismas no son muy originales y a que tienen una deriva sentimental muy acusada, lo cierto es que los álbumes no tienen una composición gráfica global tan coherente como la de El canto de las ballenas y, aunque tengan ilustraciones en sí mismas magníficas, otras resultan empalagosas en exceso. Con todo, seguro que habrá quienes los disfruten mucho y queden fascinados por algunas escenas «encantadoras» como la de la derecha (que pertenece al segundo álbum).
Gary Blythe. El mejor de los secretos (Milo and the Night Marker, 2003). Texto de Angela McAllister. Madrid: Kókinos, 2004; 28 pp.; trad. de Esther Rubio; ISBN: 84-88342-49-7.
Gary Blythe. El regalo perfecto (The Perfect Bear, 2007). Texto de Gillian Shields. Madrid: Kokinos, 2007; 30 pp.; trad. de Esther Rubio; ISBN: 978-84-96629-25-7.
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lunes, 18 de junio de 2007
León de biblioteca, de Kevin Hawkes y Michelle Knudsen, es un álbum que será popular. Se ambienta en una biblioteca pública (en el país de las bibliotecas, los Estados Unidos), y cuenta que una vez entró un león y, aunque algunos se alarmaron, no así la directora, a quien no le molestaba en absoluto que deambulara y asistiera, como uno más, a la sesión de cuentacuentos. La historia es optimista y positiva, y las ilustraciones con acrílicos y lápiz transmiten también sentimientos de bondad y ternura... Y, aunque el argumento sea blandito, me alegrará que la historia cumpla su objetivo de crear aficionados a las bibliotecas.
Kevin Hawkes. León de biblioteca (Library Lion, 2006). Texto de Michelle Knudsen. Barcelona: Ekaré, 2007; 48 pp.; trad. de Carmen Diana Dearden; ISBN: 978-84-934863-1-0.
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lunes, 7 de mayo de 2007
El pato y la muerte es un álbum gráficamente irreprochable, como es habitual en Wolf Erlbruch, pero la composición tan luminosa y elegante no puede remontar la pobreza de un argumento en el que lo más importante no es lo que se cuenta sino lo que no se cuenta. El protagonista es un pato al que se le acerca la muerte, un personaje algo tétrico de aspecto, pero amable de trato. Después de pasar un tiempo juntos, como acostumbrándose el pato a lo que inevitablemente llegará, al fin se muere pacíficamente y la muerte incluso lo siente. Pienso que, al margen de que no contenga ninguna referencia a la trascendencia, o a la posibilidad de la trascendencia, contradice la experiencia universal del dolor propio y ajeno que va unido con la muerte. Así que sólo para estoicos materialistas ya perfectos o aspirantes a serlo.
Wolf Erlbruch. El pato y la muerte (Ente, Tod und Tulpe, 2007). Cádiz: Barbara Fiore, 2007; 32 pp.; trad. de Moka Seco Reeg; ISBN: 978-84-934811-8-6.
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lunes, 26 de marzo de 2007
Cyrano es un álbum de los mismos autores de Babayaga. Y, como allí, las ilustraciones de Rébecca Dautremer son extraordinarias pero el texto me parece desafortunado. Algunas ironías acerca de la época no tienen especial chispa, ni aportan nada relevante al álbum —«las muchachas eran bonitas, pero no se lavaban casi nunca», por ejemplo—. Las acotaciones bromistas a las que se remite con un asterisco están fuera de lugar y, además, tienen poca gracia —«una cotilla es alguien que habla el cotillo, una lengua más afilada e hiriente que un cuchillo», es un caso—. Hubiera sido mucho mejor, pienso yo, un texto limpio y sin pretensiones que dejara todo el peso a imágenes tan asombrosas como la de la derecha.
Rébecca Dautremer. Cyrano (2005). Texto de Taï-Marc Le Thanh basado en la obra de Edmond de Rostand, Cyrano de Bergerac. Zaragoza: Edelvives, 2006; 31 pp.; trad. de P. Rozarena; ISBN: 84-263-6123-4.
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lunes, 5 de febrero de 2007
Después de Princesas olvidadas o desconocidas, de Rébecca Dautremer y Philippe Lechermeier, me lancé a leer con ganas Semillas de cabañas, con texto del mismo autor e ilustraciones de Éric Puybaret. Pero hay mucha diferencia: el texto aquí arranca la sonrisa sólo de vez en cuando, por ejemplo cuando habla de «la cabaña de Troya»... Pero todo es más artificioso: estirar demasiado las buenas ideas no funciona bien. Las ilustraciones están bien pero no logran que salte la chispa y son muy deudoras del trabajo de Dautremer en Princesas.
Éric Puybaret. Semillas de cabañas (Graines de cabanes, 2005). Texto de Philippe Lechermeier. Zaragoza: Edelvives, 2006; 94 pp.; trad. de P. Rozarena; ISBN: 84-263-6156-0.
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lunes, 25 de septiembre de 2006
Me han gustado las ilustraciones y la idea argumental de ¡Quiero una corona! La protagonista de tres años, Julia, ve un día un carruaje real en el que va un rey jovencito con corona, eso enciende sus deseos de llegar a tener una igual, y cuando tiene seis años consigue por fin que se la regalen. Las humorísticas ilustraciones, sobre fondo blanco, son dinámicas y expresivas, y llegan bien a los destinatarios pequeños. El argumento, aún teniendo una buena idea de fondo —cómo una niña se propone y acaba siendo una reina cuyos caprichos todos secundan—, no acaba de ser convincente: quizá el texto debería ser más conciso y, sobre todo, un relato así necesita «tener punta».
Ignasi Blanch. ¡Quiero una corona! (2005). Texto de Raimon Portell. Barcelona: La Galera, 2005; 36 pp.; ISBN: 84-246-3924-3.
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lunes, 7 de agosto de 2006
Como sugería días atrás a propósito de David Wiesner, hay relatos que si vinieran firmados por un autor novel los consideraríamos excelentes pero, cuando su autor es alguien de prestigio, los comparamos con sus mejores obras y los juzgamos con más dureza.
Me ha pasado eso con Humberto Horacio Herminio Bobton-Trent, de Lauren Child, un relato satírico más largo que sus otros álbumes, sobre cómo una familia de aristócratas se arruina pero el niño-prodigio de la familia consigue salvar una parte de la fortuna y acomodar a sus padres en un edificio de pisos. Aunque sus méritos sean muchos —entre otros, una portada excepcional y unas sensacionales decoraciones interiores con vestidos a juego con los papeles pintados—, me parece que forma y fondo están descompensados. Pienso que un álbum satírico se puede tomar en serio si hay contención: acumular bromas revela ingenio y, en este caso, talento gráfico, pero va en detrimento de la historia en sí misma.
De todos modos se ha de tener en cuenta lo dicho al principio, y añadir a eso que si no lo hubiera leído después del prodigioso La princesa y el guisante, a lo mejor enfocaría las cosas de otro modo.
Lauren Child. Humberto Horacio Herminio Boboon-Trent (Hubert Horace Bartle Boboon-Trent, 2004). Barcelona: Serres, 2005; 50 pp.; adaptación de Miguel Ángel Mendo; ISBN: 84-8488-225-X.
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lunes, 20 de febrero de 2006
El premiado álbum australiano Gato y Pez es otro ejemplo de relato del que, como el mencionado días atrás Guyi Guyi, podemos creernos el mensaje sin creernos la historia. Gato y Pez se hacen amigos y ambos se enseñan mutuamente sus modos de vivir, incluso Pez puede subir a las montañas y Gato bajar al fondo del mar.
Sin embargo, a diferencia de Guyi Guyi, en este caso, para la inmensa mayoría de los lectores niños, ni los acentos poéticos del argumento ni las ilustraciones son atractivas, aunque estas sean unos excelentes dibujos que reproducen el estilo de los antiguos grabados y estén bien compuestas.
Me parece a mí que un álbum así no despierta entusiasmo entre los niños y que muy escasos adultos se plantearán comprarlo. Pero es que muchos de quienes editan, juzgan y premian no suelen hacerse algunas preguntas sencillas: ¿me interesa (en serio) para mi biblioteca?; ¿le interesaría a alguno de mis amigos?; si lo tuviera, ¿lamentaría su pérdida?
Neil Curtis. Gato y pez (Cat and Fish, 2003). Texto de Joan Grant. Barcelona: Albur, 2005; 40 pp.; col. Libros del zorro rojo; trad. de Luisa Borovsky; ISBN: 84-96509-06-0.
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lunes, 13 de febrero de 2006
Guyi Guyi, un cocodrilito educado en una familia de patos, decide no traicionar a sus amigos de infancia cuando sus malvados colegas intentan convencerle de que lo haga.
Álbum de un ilustrador taiwanés realizado con técnicas mixtas y formalmente bien compuesto. Es atractivo visualmente por sus tonos suaves y porque sus personajes resultan simpáticos.
En relación al argumento se puede comentar cómo, a veces, las historias con animales humanizados pueden tener un efecto contraproducente: quien crea (y en el caso de un cocodrilo sepa con certeza) que de ciertos animales mejor es mantenerse lejos, pensará que la historia es ridícula. Eso sí, podemos creernos el mensaje sin creernos la historia, como decía Chesterton que a veces hay que hacer.
Chih-Yuan Chen. Guyi Guyi (2003). Barcelona: Thule, 2005; pp.; trad. de Aloe Azid; ISBN: 84-96473-13-9.
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lunes, 12 de diciembre de 2005
Algunos libros son elogiados por encima de sus méritos: porque supuestamente van en una buena dirección, porque conectan con quienes hablan de libros, porque tienen acentos poéticos que gustan a muchos...
Es el caso de El oso que amaba los libros, un álbum que habla de un oso fascinado por los signos que ve en un papel; que un día ve a una mujer leyendo un libro y, con curiosidad, se acerca y ve que las hojas del libro tienen los mismos signos de su papel. Además, la mujer no se asusta ni nada y le lee en voz alta, y el oso también se ve atrapado por los sonidos de la lectura en voz alta. Al final, la mujer se marcha pero le deja libros al oso.
Tal como yo veo las cosas creo que la historia es excesiva. Aceptaría mejor un argumento así si el protagonista fuera el gato de la familia, pero un oso... En fin, quizá por eso tampoco me resulten convincentes las ilustraciones, compuestas con cambios cinematográficos de perspectiva, que buscan transmitir un clima ensoñador y son expresivas a la hora de reflejar los sentimientos de asombro y curiosidad del oso protagonista.
Jim Lamarche. El oso que amaba los libros (A Story for Bear, 2002). Texto de Dennis Haseley. Barcelona: Juventud, 2004; 40 pp.; trad. de Christiane Reyes; ISBN: 84–261–3395–9.
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lunes, 14 de noviembre de 2005
La montaña más bella, con texto de Alfredo Gómez Cerdá e ilustraciones de Teo Puebla, es un ejemplo de cómo un álbum ilustrado requiere algo más que un relato bonito y unas ilustraciones poderosas. El conocido argumento de un chico que decide marcharse del pueblo para descubrir mundo y vuelve cuando es un anciano después de haber vivido mucho, no se vuelve más convincente por colocarlo en un escenario exótico. Las pictóricas ilustraciones, óleos sugerentes llenos de fuerza que realmente llegan al espectador, acompañan bien al texto y transmiten los sentimientos que contiene..., pero el diseño y la composición de las páginas no les sacan todo el partido.
Teo Puebla. La montaña más bella (2004). Texto de Alfredo Gómez Cerdá. León: Everest, 2004; 40 pp.; col. Rascacielos; ISBN: 84-241-8716-4.
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lunes, 7 de noviembre de 2005
Semanas atrás dije que de Rébecca Dautremer se habían publicado dos álbumes en español pero he descubierto que había un tercero, El gigante de los pájaros, y además se acaba de publicar otro titulado Princesas olvidadas o desconocidas, un acierto total del que hablaré otro día con más extensión. Del primero se puede decir que tiene un argumento apropiado para un lector pequeño y que las ilustraciones encajan bien con lo que se cuenta, la historia de un gigante que al que nadie le quiere hasta que cuida a un pajarito y, entonces, los pajaritos se hacen sus amigos. Pero, quizá porque la historia suena muy conocida, las ilustraciones tienen menos poderío que las de los álbumes que ya mencioné.
Rébecca Dautremer. El gigante de los pájaros (Le géant aux oiseaux, 2000). Texto de Ghislaine Biondi. Timun Mas, 2001; 26 pp.; trad. de Gemma Gallart; ISBN: 84-480-1977-6.
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martes, 12 de julio de 2005
Hasta el momento se han publicado en España dos álbumes de la ilustradora francesa Rébecca Dautremer: el poético Enamorados y Babayaga, la bruja característica del folclore ruso que figura en varios relatos de los recogidos por Alexander Afanásiev. Para mí son un buen ejemplo de una combinación que ocurre con cierta frecuencia: poderosas ilustraciones, álbumes fallidos. Si un adulto con conocimientos de arte apreciará la potencia del trabajo de la ilustradora, cualquier adulto dudará de que los álbumes como tales gusten a los niños, aunque por distintas razones. En el primer caso, y al margen de consideraciones sobre la conveniencia de ilustrar o no los textos poéticos, porque tales textos se dirigen a un tipo determinado de adultos y no a un público infantil. En el segundo caso, y sin entrar ahora en matizaciones, porque fallan los acentos del texto: cuando a un personaje temible de un cuento de hadas clásico se le trata con tonillo humorístico, su fuerza se diluye y entramos en el terreno Disney, y entonces hay un tipo de imágenes que no cuadran... Por otra parte, aunque como ya he dicho las ilustraciones están muy trabajadas e indican gran talento, una pregunta a la que no sé responder del todo es esta: los enfoques a veces tan forzados que usa la ilustradora, también tan de cine podríamos decir, ¿son necesarios siempre?, ¿están siempre al servicio de la historia? ¿no añaden una sofisticación artificiosa?
Rébecca Dautremer. Babayaga (2003). Texto de Taï-Marc Le Thanh. Zaragoza: Edelvives, 2004; 31 pp.; trad. de P. Rozarena; ISBN: 84-263-5505-6.
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