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Notas del archivo 'Álbumes (¿fallidos?)' :: bienvenidosalafiesta ::    
bienvenidos a la fiesta
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HyeonLeePiscina.jpg
martes, 18 de octubre de 2016

Otro primer álbum recibido con merecidos elogios en algunas reseñas. La piscina, de la coreana Ji Hyeon Lee. En él, sin palabras, se presenta un chico solitario que, en una piscina pública, se sumerge por debajo de donde se acumula la gente y allí encuentra un mundo de color y una compañía inesperada.

Los elogios son merecidos, primero porque las ilustraciones son excelentes por su composición, por su capacidad de sugerencia, por la forma en que hacen progresar la historia de un mundo más bien gris a un mundo de color. Luego, lo son por la pertinencia e interés del mensaje de fondo: que por debajo de la superficie, si nos sumergimos y guardamos silencio, hay un mundo rico al que podemos acceder; que hay personas con nuestros mismos intereses a las que debemos descubrir y con las que podemos llegar más lejos.

Por mi parte simpatizo con las imágenes y conecto con las «conclusiones» de la historia, pero al mismo tiempo me parece que es un álbum de los que no atrae a los niños sino a ciertos adultos, entre los que me incluyo. La idea de fondo está vestida de una manera que causa extrañeza: como sucede cuando, para expresar algo verdadero, alguien usa una metáfora brillante pero demasiado elaborada e incluso complicada. Con todo, habrá quien no vea las cosas así y, seguramente, saldrá ganando. Vale la pena, en cualquier caso, echar un vistazo a estas explicaciones de la autora sobre su álbum,

Ji Hyeon Lee. La piscina (Pool, 2013). Granada: Barbara Fiore, 2014; 50 pp.; ISBN: 978-84-15208-50-1. [Vista del álbum en amazon.es]

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HughesSalvaje.jpg
martes, 11 de octubre de 2016

Los motivos para que un álbum sea elogiado por muchos pueden ser muy distintos y, con frecuencia, no los conocemos todos. Un motivo para los elogios, a veces, está en que es el primer y prometedor álbum de alguien que irrumpe con frescura. Ese fue el caso de Salvaje, de Emily Hughes. En él, con un inicio semejante al de Mowgli, se presenta una protagonista revoltosa de ojos muy grandes, que vive contenta en el bosque y con los animales. Luego, cuando unos hombres, torpes como ellos solos, la descubren e intentan educarla, se acaba rebelando furiosamente y huye.

El libro cuenta con unas ilustraciones ricas y un personaje atractivo. A pesar del enfado de la chica, no alinearía el libro con Donde viven los monstruos, tal como se indica en esta elogiosa reseña, sino, en todo caso y forzando mucho las cosas, con los libros sobre niñas rebeldes y resistentes a una educación formalista, como los de Pippi. Digo que forzando mucho las cosas porque la historia está muy descompensada: es como si propusiese que dejemos ser felizmente salvaje al niño y que nos despreocupemos. Que muchos lectores entendamos lo que se quiere decir, o que estemos dispuestos a darle una interpretación razonable, o que comprendamos bien que no todos los adultos son tan tontos y rígidos como los del álbum, no excusa el trabajo del autor para expresar mejor las cosas. Un álbum como Si yo fuera mayor… ejemplifica un modo de criticar con agudeza, y sin simpleza, las deficiencias educativas.

Emily Hughes. Salvaje (Wild, 2013). Barcelona: Libros del Zorro Rojo, 2014; 36 pp.; trad. de Regina López Muñoz; ISBN: 978-84-942473-4-7. [
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BrowneZoo.jpg
martes, 20 de septiembre de 2016

Esta noticia del zoo que puso en marcha en su momento Gerald Durrell me hizo pensar en que los álbumes más antiguos sobre zoológicos tenían, como finalidad principal, presentar distintos animales. Por ejemplo, Bruno Munari’s Zoo, Mi querido zoo. Luego, que hay álbumes más recientes con otros enfoques. Es el caso de Un día diferente para el señor Amos, sobre amistad entre hombres y animales, o Zoo, de Suzy Lee, donde se plantea con cuidado si algunos animales no estarían mejor en otro lugar.

Y me hizo recordar un álbum, del que no había hablado aquí —porque, a pesar de que sus poderosas ilustraciones merecen ser conocidas, la historia que cuenta me parece muy mal enfocada—, y por el que algunas veces me han preguntado: Zoológico, de Anthony Browne. En él vemos a una familia que visita un zoológico: el padre queda retratado como un energúmeno que se las da de graciosillo, el hijo narrador y su hermano como unos inconscientes irresponsables, los animales como inocentes seres humillados, y la madre como una persona silenciosa y compasiva que, al final, a la vista del comportamiento de su marido y sus hijos, no duda en decir que el zoológico es más para las personas que para los animales.

El autor no ha sabido controlar sus dotes para el sarcasmo y cierra su álbum con una conclusión-moraleja, mal formulada y mal extraída, que no deja salida. Nunca es una buena idea centrar una historia en un personaje impresentable y dirigir hacia él, de un modo tan palmario, las antipatías de los lectores menos críticos. Menos aún se debe hacer esto, pienso yo, en un libro infantil. Por otro lado, si el autor o alguien desease argumentar en contra de los zoos, habría que decirle que nunca se han de apoyar los motivos, para eso o para cualquier otra cosa, en que hay tipos repelentes entre quienes opinan del modo contrario. Decía Tolkien, al leer la propaganda patriotera de su propio país durante la segunda Guerra Mundial, que «no todos los imbéciles están en el otro lado».

Anthony Browne. Zoológico (Zoo, 1992). México D. F.: Fondo de Cultura Económica, 1993; 28 pp.; trad. de Carmen Esteva; ISBN: 968-16-4272-4. [Vista del libro en amazon.es]

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YamamotoTina2.jpg
lunes, 22 de febrero de 2016

Hay bastantes álbumes que comienzan bien pero terminan como pueden: sus autores tienen una idea de partida buena y mucho talento gráfico pero, por la razón que sea, no han conseguido entregar unos álbumes cuyo argumento y desenlace sean plenamente satisfactorios.

Esa impresión he tenido con Tina superfriolera, de la islandesa Lani Yamamoto. Su heroína es una niña que siempre tiene mucho frío, algo que se detalla con todas su rarezas, por lo que no se atreve a salir y se queda en casa cada vez más abrigada, hasta que… La edición del álbum es excelente, los dibujos de línea son elegantes y cuidadosos, las ilustraciones —todas ellas sobre fondo blanco menos algunas con fondos amarillos o naranjas…— están muy bien compuestas. Que Tina se haga un estupendo chocolate y nos dé su receta particular para que lo hagamos nosotros también, mejora el álbum pero no arregla la falta de sustancia de la trama ni el flojo desenlace.

También la he tenido con El río de los cocodrilos, de Gustavo Roldán. En esta historia un tipo de traje rojo llega a donde viven unos cocodrilos y le dice al cocodrilo jefe que acaba de comprar el río…, pero el cocodrilo le planta cara. El talento del ilustrador para contar una historia con dibujos cómicos es innegable y la historia comienza muy bien, pero su resolución no está lograda. Con todo, el álbum puede servir, igual que otros de tipo llamémosle político, para discutir sobre conflctos o cuestiones sociales y demás.

Lani Yamamoto. Tina superfriolera (2013). Madrid: Nórdica, 2015; 44 pp.; trad. de Enrique Bernárdez; ISBN: 978-84-16440-10-8. [Vista del álbum en amazon.es]
Gustavo Roldán. El río de los cocodrilos (2015). Barcelona: A Buen Paso, 2015; 42 pp.; ISBN: 978-84-944076-6-6. [
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LiaoVerdadMentira2.jpg
miércoles, 10 de febrero de 2016

¿Verdad o mentira?, igual que otros libros de Jimmy Liao, no tiene casi argumento y presenta escenas consecutivas, gráficamente tan sugerentes y bien compuestas como siempre, que acompañan textos de distinto tipo, unos amables, otros bromistas, otros más o menos poéticos… Sin embargo, a diferencia de otros libros, hay muchas frases paradójicas que aparecen en distintos momentos del libro —a veces una que va con una ilustración, a veces varias en una sola página—, que provocan una enorme sensación de libro espeso que merecería ser repensado. Esto no es porque se pueda confundir el lector que, a fin de cuentas, se dará cuenta del juego que propone el autor, sino porque deja la impresión de que debería haber mayor orden y jerarquía en lo que se dice.

Así, podemos encontrarnos páginas con frases como: «La hipocresía es verdad. La sinceridad, mentira»; «La rivalidad es verdad. La solidaridad, mentira»; «El caos es verdad. El orden, mentira», etc. Sin embargo, en otros momentos, las frases responden a lo que sabemos (o a lo que algunos pensamos): «Que los cocodrilos son terribles es verdad. Que son una monada es mentira»; «Que los visones llevan pieles de visón es verdad. Que los cocodrilos lleven bolsos de cocodrilo es mentira»... Pero luego hay un tema en el que no hay bromas: «La destrucción del medio ambiente es verdad. Los ideales románticos son mentira»; «Que los icebergs se derriten es verdad. El calentamiento global, también»...

Jimmy Liao. ¿Verdad o mentira? (Lie to Me?, 2013). Granada: Barbara Fiore, 2015; 115 pp.; trad. de Jordi Ainaud i Escudero; ISBN: 978-84-15208-74-7. [Vista del libro en amazon.es]

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DelicadoViaje2.jpg
lunes, 11 de enero de 2016

Dos álbumes cuyas imágenes me han gustado pero cuyo argumento no me ha parecido bien resuelto.

Un viaje nunca visto, con ilustraciones de Federico Delicado y texto de Juan Senís, habla de que, en sus viajes por el mundo, un niño llamado Daniel ve cosas que nadie ha visto antes; y luego, en su casa de regreso, aquellas cosas que vio le son muy útiles.

Operación Frankestein, de Fermín Solís, habla de tres hermanos, Boris, Víctor y Elsa, que deciden fabricar un monstruo en casa y, para eso, van tomando piezas de diferentes sitios hasta que, al final, lo abandonan.

Del primero son magníficas las ilustraciones y toda la primera parte, cuando Daniel ve monumentos o paisajes de una forma especial. En cambio, aunque se comprende la idea, no está nada claro, e incluso suena exagerado, lo que se cuenta en la segunda mitad de la historia.

Del segundo es destacable la claridad gráfica, la simpatía de los personajes y la forma de contar la historia, como en un relato de cómic sin viñetas y varias escenas por página. Pero la resolución de la historia se apoya en una broma final, frecuente y más bien para el lector adulto; y, además, creo que una narración sin pareados sonaría mejor.

Federico Delicado. Un viaje nunca visto (2015). Texto de Juan Senís. Huesca: La Fragatina, 2015; 32 pp.; ISBN: 978-84-16226-67-2. [Vista del libro en amazon.es]
Fermín Solís. Operación Frankestein (2015). Madrid: Narval, 2015; 32 pp.; ISBN: 978-84-94228-9-4. [
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EmmettBernatMonst2.jpg
lunes, 26 de enero de 2015

Aquí hay monstruos, de Poly Bernatene y Jonathan Emmett, es un buen álbum al que la versión castellana no le hace justicia. El capitán Feroz manda en una tripulación de malvados: al principio del álbum hay un cartel «Se Busca» de cada uno. Luego se cuenta el viaje que emprenden a una isla escondida llena de piedras preciosas: algunos temen a los monstruos que debe haber allí pero el capitán Feroz está seguro de que no hay monstruo alguno.

Las ilustraciones son magníficas, vistosas y ricas en detalles. La secuencia combina imágenes que ocupan la doble página completa con otras de una o media página. El argumento es bueno pero el texto castellano no está logrado: la sonoridad de los versos originales no siempre se mantiene o no existe al traducirlos. Así, el original dice: «"Here be monsters!" said the first mate. / "Monsters hiding the mist!" / "Nonsense," said the Captain. / "Monsters simply don't exist."»; la version castellana, en cambio, es la siguiente: «—¡Capitán, aquí hay monstruos! —dijo el primer oficial— ¡En la niebla se esconden monstruos!
—¡Tonterías! —rugió el capitán—. Convenceos, marineros, no existen los monstruos».

Poly Bernatene. Aquí hay monstruos (Here be Monsters, 2013). Texto de Jonathan Emmett. Madrid: Maeva, 2014; 32 pp.; trad. de Rocío de Isasa; ISBN: 978-84-15893-02-8. [Vista del libro en amazon.es]

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TwainConsNiPe.JPG
miércoles, 14 de mayo de 2014

Consejos para niñas pequeñas, de Mark Twain, un librito con ocho pequeños párrafos del autor norteamericano, tiene los acentos irónico-bromistas que se le suponen, acentuados por las buenas ilustraciones de Vladimir Radunsky. Es decir, que su sentido del humor, tal vez rompedor para oídos decimonónicos (si asumimos que aquella época era un poco lerda), es más para lectores un poco mayorcitos (que, orgullo cronológico aparte, seguramente están mucho más dispuestos a ooohhhs y aaahhhs admirativos que aquellos lectores antiguos). La edición está en la línea del momento de publicar relatos y relatitos de autores clásicos con ilustraciones modernas, y de convertir cualquier texto en una especie de álbum. Entiendo que se dirige a compradores con muchas posibilidades económicas y que deseen un libro con pocas letras, o que tal vez haya dinero público para incorporarlo a un montón de bibliotecas. Tal vez esté siendo un poco exagerado pero, sea como sea, estamos en el caso de algo que intenta parecer más de lo que es, una broma que se viste de libro, e inflar tanto algo así es, o al menos suena, pretencioso.

Mark Twain. Consejos para niñas pequeñas (Advice to Little Girls, 1865). Madrid: Sexto piso, 2014; 22 pp.; ilust. de Vladimir Radunsky; trad. de Raquel Vicedo; ISBN: 978-84-15601-54-8.

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TeckentrupArbol.JPG
martes, 15 de abril de 2014

No hace mucho mencioné Mimí, un buen libro sobre lo que supone para un niño la muerte de un ser querido. Un álbum reciente sobre lo mismo es El árbol de los recuerdos, de Britta Teckentrup. En él se habla de un zorro que había tenido una vida larga y feliz, y «se quedó dormido para siempre», «tranquilo y en paz». Luego llegan Búho y todos los amigos de Zorro y lo recuerdan, tristes y silenciosos. Cada uno de los animales evoca su trato con el fallecido: «Coneja sonrió cuando contó la historia de cómo Zorro había jugado con ella al escondite entre las altas hierbas», etc. Y, cuando crece una planta justo donde murió los demás animales «supieron que Zorro seguía estando con ellos».

La historia está bien resuelta gráficamente. Las imágenes tienen el mismo tono amable y cálido que respira el argumento. Habrá lectores que considerarán tonto, e incluso muy tonto, que algunos animales, como los conejos, recuerden con tanto cariño al zorro: usar animales para reflejar comportamientos y sentimientos humanos tiene unas limitaciones que sólo se pueden saltar los que ignoran cómo son los animales, o los acostumbrados desde muy pequeños al mundo Disney. También, como apunté al hablar de Mimí, esta es una de esas ficciones que hablan a los niños de la muerte con el buen deseo de tranquilizarlos y la desdramatizan en exceso. Cada uno tiene su experiencia pero, a estas alturas, a mí me parece claro que una cosa es huir de cualquier pedagogía del miedo y otra mirar para otro lado como si no sucediera nada: algunos planteamientos así a niños pueden tener, y en muchos casos tienen, un efecto bumerán inesperado.

Britta Teckentrup. El árbol de los recuerdos (The Memory Tree, 2013). Madrid: Nube Ocho, Pepa Montano, 2013; 24 pp.; trad. de ; ISBN: 978-84-616-4733-0.


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GutSerMarcPalabras2.jpg
martes, 18 de marzo de 2014

Palabras, de MO Gutiérrez Serna y Jesús Marchamalo, es un álbum basado en un texto, rico y agudo, que habla de las palabras que usa el autor: las que le gustan, las que no, las que se le hacen una bola, las que se deshacen en la boca, las que le suenan fatal, etc. Al leerlo y verlo se me ocurrían algunas preguntas: ¿es conveniente convertir en un álbum de formato grande un texto como este?, ¿no sería mejor dejar prácticamente todo el protagonismo a las palabras, puesto que de eso se trata?, ¿no sería preferible que fuera un librito ilustrado de formato pequeño, tapa blanda, manejable y regalable?

MO Gutiérrez Serna. Palabras (2013). Texto de Jesús Marchamalo. Sevilla: Kalandraka, 2013; 35 pp.; ISBN: 978-84-92608-72-0.

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SisColoquio.JPG
martes, 13 de noviembre de 2012

El coloquio de los pájaros, de Peter Sís, es un álbum extenso que se basa en un poema narrativo persa del siglo XII cuyo protagonista es el poeta Attar, que se despierta convertido en abubilla y, a la vista de los problemas del mundo, habla con otros pájaros para ir juntos en busca del rey Simurg, que vive en la montaña de Kaf, y tiene la solución. En el largo viaje que realizan atraviesan siete valles: de la Búsqueda, del Amor, del Conocimiento, del Desapego, de la Unidad, del Asombro, y de la Muerte.

El argumento del poema no me dice mucho y, formalmente, tampoco le veo una gracia especial (y no conozco ninguna otra versión para compararla con esta); ya sé que Borges lo elogió, algo que, aparte de que nos lo diga el mismo ilustrador y la editorial, pues eso prestigia el libro, se ha de tener en cuenta: Borges es mucho más de fiar que yo. Las imágenes son inteligentes, pues siendo Sís el ilustrador no podían no serlo, pero tampoco me parece que aporten un atractivo particular a la historia, e incluso diría que hubieran sido más apropiadas unas imágenes menos recargadas, o menos pretenciosas, o más sencillas: pero también es mucho más lógico apostar a favor de Sís que hacerlo a mi favor. Con todo, y aunque estoy bastante seguro de que un éxito popular no será y de que otras obras de Sís son mucho mejores, el libro está muy bien editado y quienes sean entusiastas del gran ilustrador checo lo disfrutarán.

Peter Sís. El coloquio de los pájaros (The Conference of Birds, 2011). Barcelona: Sexto Piso, 2012; 160 pp.; col. ilustradossextopiso; trad. de Valeria Luiselli; ISBN: 978-84-15601-03-6.

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LeePintores.jpg
lunes, 26 de septiembre de 2011

Quien tenga interés en enseñar a sus hijos limpieza y cuidado de las cosas (no pintar las paredes, no estropear la ropa, etc.), debería mantenerles lejos de Pintores, de Seung-yeoun Moon y Suzy Lee, y de ¡Oh, qué día más divertido!, de Gyo Fujikawa.

Pintores es una historia encantadora (pero sólo en un libro) compuesta gráficamente con el talento al que nos tiene acostumbrados Suzy Lee. Un niño y una niña pequeños deciden pintarse a sí mismos y pintarlo todo alrededor antes de irse a bañar. La madre les acoge felizmente y participa de sus juegos. No se nos dice cómo arregló luego todo lo que los niños habían ensuciado antes…

¡Oh, qué día más divertido! es una sucesión de escenas de vida ordinaria en las que las figuras de niños se parecen a las de Kate Greenaway pero algo modernizadas. En una de las escenas se alienta el que los niños, completamente vestidos, chapoteen en el barro...

En fin, son álbumes de los que piensas, ¡hum, qué interesantes, pero como se los regale a quiénes yo sé, sus padres no me hablan de nuevo!

Suzy Lee. Pintores (Urineun Beolgeosungi Hwaga, 2005). Texto de Seung-yeoun Moon. Barcelona: Zorro Rojo, 2011; 32 pp.; trad. de Inés Yoo; ISBN: 978-84-92412-78-5.
Gyo Fujikawa. ¡Oh, qué día más divertido! (Oh, What a busy day!, 2010). Barcelona: Juventud, 2011; 80 pp.; trad. de ; ISBN: 978-84-261-3830-9.


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CeccoliOscar.jpg
lunes, 28 de marzo de 2011

Igual
que la semana pasada, indico dos álbumes que, con todos sus méritos, tampoco me parecen satisfactorios. Los dos son «álbumes bedtime»: Oscar y los gatos lunares, de Nicoletta Ceccoli y Lynda Gene Rymond, y Faltan 10 minutos para dormir, de Peggy Rathmann.

El primero es sobre un gato, Óscar, al que le gusta subirse a lugares altos desde donde mirarlo todo y que un día llegó a la luna, donde conoce a los gatos lunares y a la vaca que saltó sobre la luna, y siente la tentación de quedarse allí y no volver con su niño. El segundo narra cómo el niño protagonista va preparándose para dormir mientras sus hámsters organizan una caótica excursión nocturna que dura los diez minutos de rigor.

Del primero se puede destacar que las ilustraciones tienen efectos 3D y son vistosas, también por el uso frecuente de perspectivas forzadas. Del segundo, que funciona bien la secuencia temporal, marcada por los minutos que faltan, y que las escenas del niño preparándose para dormir son simpáticas. Ahora bien, los acentos del primer relato son algo dulzones y el texto puede sonar raro para quienes no conozcan Hey Diddle Diddle, igual que supongo que el texto inglés también juega con los sonidos…; y el superlaborioso desfile de los hámsters en el segundo relato (me parece a mí que) desborda mucho a los destinatarios naturales del álbum. Obviamente, una lectura en compañía puede resolver estas dificultades y muchas otras pero cuando decimos lo de atrás es que algo falla en la construcción del álbum.

Nicoletta Ceccoli. Oscar y los gatos lunares (Oscar and the Mooncats, 2007). Texto de Lynda Gene Rymond. Barcelona: Thule, 2010; 32 pp.; trad. de Alvar Zaid; ISBN: 978-84-92595-68-6.
Peggy Rathmann. Faltan 10 minutos para dormir (10 Minutes Till Bedtime, 1998). Barcelona: Ekaré, 2010; 48 pp.; col. El Jardín de los niños; trad. de Carmen Diana Dearden; ISBN: 978-84-937787-5-6.

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RossJuanLobo.jpg
lunes, 21 de marzo de 2011

Dos álbumes valiosos que, sin embargo, no (me) resultan satisfactorios: Juan y el Lobo, de Tony Ross, y Los tres osos, de Anthony Browne.

El primero es una versión de la fábula del pastor y el lobo que, como se puede esperar de Ross, es más ácida todavía que la historia original. El segundo es una versión de Goldilocks, o Ricitos de oro, con dos historias en paralelo: la de los tres osos en páginas derechas, la de la niña que acaba entrando en la casa de los osos en páginas izquierdas.

Los fallos que les veo no son, obviamente, gráficos: ambos autores son unos maestros en la realización de álbumes y vale la pena observar tanto el detallismo aparentemente descuidado de Ross, como el juego con los marcos y el distinto tipo de ilustración que usa Browne para contar las dos historias paralelas.

En cambio, me parece que la vuelta de tuerca final de Ross no añade nada significativo a la historia ya conocida, y pienso que los guiños típicos de Browne complican un relato en sí mismo sencillo y cuya principal fortaleza está en su concepción como narración oral. En cuanto a los títulos, la versión española del de Ross hace perder un poco el sentido de la historia: el título original en inglés, El niño que gritó Lobo, nos hace fijarnos en cómo el comportamiento del chaval le atrae una «recompensa» como la de Hipersúper Jezabel. Browne, al titular su álbum original Yo y tú, y con su dedicatoria «para todos los desafortunados» y su forma de narrar, se ve que desea aumentar nuestra capacidad de ponernos en lugar de otros.

Aunque se puede disfrutar de estos álbumes tal como están, pues tienen calidad, la sensación que (a mí me) dejan es que cuando una historia está bien como está lo mejor es dejarla..., salvo contadas excepciones que de verdad añaden algo nuevo.

Tony Ross. Juan y el Lobo (The Boy Who Cried Wolf, 1985). Barcelona: Océano Travesía, 2010; 26 pp.; trad. de Kunas; ISBN: 978-84-494-4154-7.
Anthony Browne. Los tres osos (Me and You, 2009). México: Fondo de Cultura Económica, 2010; 32 pp.; col. Clásicos; trad. de Fabiano Durand; ISBN: 978-607-16-0107-0.

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DautremerPulgarcito.jpg
martes, 21 de diciembre de 2010

El diario secreto de Pulgarcito,
un texto de Philipe Lechermeier ilustrado por Rebecca Dautremer, ha sido, para mí, una decepción. Sin duda debida, en parte, a que tenía grandes expectativas de una nueva colaboración entre ambos visto el resultado en Princesas olvidadas o desconocidas.

El texto es, en efecto, un diario en el que Pulgarcito detalla exhaustivamente muchísimas cosas de toda su historia. Tantas, y tan innecesarias, que aburre. Además, por desgracia, ni tiene chispa en lo que cuenta ni tampoco hace gracia su ironía: es lo que suele pasar cuando un narrador es tan consciente de sí mismo y te hace notar a cada paso su presencia. En otro orden de cosas, a mí al menos me parece obvio que las bromas picarescas tienen su sitio en relatos picarescos, y no en relatos infantiles, salvo que uno desee no agradar a ninguno de los dos grupos lectores (el conocido problema de apuntar a dos liebres a la vez).

Lógicamente, como el texto tiene tanto peso, el trabajo de la ilustradora no es suficiente para que el libro remonte. Diría incluso que, aunque haya imágenes, sobre todo de las que ocupan la doble página, que tienen el encanto que uno espera de Dautremer, la mayoría, las que presentan pequeños dibujos con detalles, se contagian de la confusión del texto e incluso la incrementan. En fin, yo he terminado la lectura del libro con una gran sensación de lástima por el poco aprovechamiento de un trabajo tan enorme como el que se ve que ha tenido que abordar la ilustradora.

Rebecca Dautremer. El diario secreto de Pulgarcito (Journal secret du Petit Poucet, 2009). Texto de Philippe Lechermeier. Zaragoza: Edelvives, 2010; 200 pp.; trad. de ; ISBN: 9788426376763.

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HoplitaFonchito.jpg
lunes, 23 de agosto de 2010

El pequeño hoplita,
de Arturo Pérez-Reverte y Fonchito y la luna, de Mario Vargas Llosa, inician una colección que se titula “Mi primer...”(mi primer Pérez Reverte, mi primer Vargas Llosa, etc.) Debo comenzar por reconocer que no siento ninguna simpatía por este recurso comercial, que supongo que será eficaz para quienes compran los libros a partir del prestigio previo de los autores. Además, si soy partidario, siempre, de recomendar los libros uno a uno y por sí mismos, y nunca por el nombre del autor ni por la colección o editorial en la que se publican o por cualquier otra razón, mucho más lo soy en el caso de los libros infantiles. Dejo de lado que no faltan los ejemplos que indican que escribir bien sobre algo no equivale a escribir bien sobre cualquier cosa, y que escribir bien para un cierto público no es igual que escribir bien para cualquier público.

El pequeño hoplita cuenta que, antes de que comience la batalla de las Termópilas, el jefe de los 300 espartanos, manda a un niño que regrese a Esparta a contar lo sucedido. Tal como está, la historia que inventa el autor es poco consistente. Además, el tirón particular que puede tener Pérez-Reverte no es el apropiado para lectores pequeños. En cuanto al contenido, puestos a contarle a un niño algo mayor, tanto cosas de la antigua Grecia como los sucesos de una batalla como la de las Termópilas, tal vez habría que dar más y mejores explicaciones y, para eso, mejor sería usar otros apoyos. En cualquier caso, las ilustraciones de Fernando Vicente son buenas y adecuadas.

Fonchito es un niño que desea dar un beso a Nereida, una niña de su clase; pero, cuando vence su timidez y se lo pide, Nereida le dice que se lo dará si antes baja la luna del cielo y se la regala. El relato es simpático y está contado con el buen lenguaje que se le supone al autor. Esto también quiere decir que gustará más a algunos adultos que a los niños y, dentro de los niños, menos a los niños y más a las niñas. Son excelentes las ilustraciones de Marta Chicote, bien compuestas, y con figuras un tanto modiglianescas.

Arturo Pérez-Reverte. El pequeño hoplita (2010). Madrid: Alfaguara, 2010; 30 pp.; col. Mi primer; ilust. de Fernando Vicente; ISBN: 978-84-204-0568-1.
Mario Vargas Llosa. Fonchito y la luna (2010). Madrid: Alfaguara, 2010; 30 pp.; col. Mi primer; ilust. de Marta Chicote Juiz; ISBN: 978-84-204-0589-6.

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SeussButterBB.jpg
martes, 23 de marzo de 2010

Otro
álbum de rechazo a la guerra: The Butter Battle Book, un relato del Dr. Seuss compuesto para ironizar y advertir acerca del enfrentamiento entre los EE.UU. y la URSS en los momentos de máxima tensión, cuando ambas potencias esgrimían la amenaza nuclear. Dos bandos, los Zooks y los Yooks, van inventando armas cada vez más complejas y sofisticadas para intimidar al otro, hasta que, al final, los dos tienen una bomba con la que pueden borrar del mapa al rival. Al principio, un abuelo Yook cuenta a su nieto el motivo para la enemistad histórica entre los dos pueblos: mientras los Yook untan la mantequilla en la parte de arriba del pan, como debe ser, los Zook ¡untan la mantequilla en el lado de abajo del pan!

Lo mejor, como uno espera siempre del Dr. Seuss, son el texto en versos divertidos y sonoros, la gracia de unas ilustraciones bien compuestas y secuenciadas, la simpatía de los singulares personajes y de los artefactos tan curiosos que inventan. La historia, si nos fijamos en su contenido, se dirige sobre todo a los adultos y no tanto a los niños, que aunque sí pueden entender lo absurdo de algunas actuaciones —y por supuesto el bobo motivo por el que combaten Yooks y Zooks—, comprenderán menos el final abierto e inquietante. Por otra parte se ha de señalar que si la caricatura del conflicto en el que se inspira la historia es magnífica, la caricatura de su origen es ridícula. La cuestión está, pienso yo, en que hay asuntos que no resultan fáciles de presentar sin hablar en serio de sus causas y de su desarrollo; en que, por tanto, no adelantamos mucho poniéndolos delante de quienes no están en condiciones de hacerse cargo de todos los aspectos del problema; y en que adelantamos menos e incluso retrocedemos si simplificamos las cosas hasta el absurdo.

Lo anterior me hace pensar en los inconvenientes de tener una formación histórica fragmentaria —hecha de trocitos cogidos de aquí y allá— y periodística —hecha sólo de informaciones sin causas conocidas—; en que quienes ignoran que han heredado una experiencia viva y compleja, necesariamente acaban enfocando el presente sin perspectiva y con una estrechez empobrecedora. En positivo, me hace pensar en la importancia de conocer y dar a conocer bien la historia —una colina desde la que se puede ver el presente—; y en lo necesario que resulta familiarizarse, desde muy pronto, con esos grandes relatos que hablan de rebelión contra las injusticias, y que cabría calificar de más verdaderos que los mismos hechos que sucedieron realmente, tales como, por ejemplo, Antígona o Guillermo Tell.

Dr. Seuss. The Butter Battle Book (1984). New York: Random House, 1984; 48 pp.; ISBN: 0-394-86580-4.

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VangeladeGuerra.jpg
lunes, 22 de marzo de 2010

La guerra,
de Anaïs Vaugelade, es un relato que intenta lanzar un mensaje pacifista y de rechazo a cualquier enfrentamiento.

Dos bandos: el pueblo de los Rojos y el pueblo de los Azules. El hijo del rey de los Rojos, Julio, es un chico combativo, mientras que el hijo del rey de los Azules, Fabián, no tiene ningún interés en pelearse con nadie. Cuando Julio fuerza un enfrentamiento directo con Fabián, este acude al combate montado en una oveja que, cuando bala, asusta al caballo de Julio, que cae y muere. La guerra entonces, se recrudece y Fabián ha de huir. Pero se le ocurre una idea.

Lo mejor de este álbum son unas sobresalientes ilustraciones: es excelente la composición de todas ellas, y es magnífico el juego con los colores para distinguir a unos combatientes de otros. En cambio, el argumento es poco afortunado pues el planteamiento tan simplista dicta ya la solución: es uno de esos casos en los que podemos estar de acuerdo con la moraleja sin que nos guste mucho el cuento. No es lógico que, en una historia que cuenta un conflicto, se nos escamotee su origen y se nos intente guiar hacia una solución prefabricada. Además, es un tipo de relato contraproducente que hace pensar a los lectores niños que si algunos adultos son tontos: por mucho se le insista a un niño en que no debe pelearse, el niño sabe bien que, dicho así, no es cierto: para él está claro que la mayoría de las peleas de patio de colegio son estúpidas pero también lo está que hay algunas que no lo son, pues si es malo hacer daño a un indefenso no lo es en absoluto defenderlo... Mañana, más.

Anaïs Vaugelade. La guerra (La guerre, 1998). Barcelona: Corimbo, 2008; 30 pp.; trad. de Anna Coll-Vinent; ISBN: 978-84-8470-306-8.

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lunes, 2 de noviembre de 2009

En su momento preparé un comentario a ¿Nada?, el primer álbum de Patrick McDonell y por tanto anterior al excelente Arte. Sus protagonistas son los mismos de las tiras de cómic del autor, el gato Morro y el perro Conde: el primero quiere hacer un regalo a su amigo pero ve que lo tiene todo y que «no le falta de nada». Si al final no llegué a ponerlo aquí fue porque los problemas de traducción impiden que la minianécdota tenga sentido en castellano: en inglés no hay la doble negación y la misma frase se diría «que le falta nada», lo que explica que Morro decida regalarle Nada a Conde. La historia, una especie de mensaje anticonsumista que habla de la amistad como el mejor regalo, está bien..., salvado el problema de la imposibilidad de verterla igual al castellano, y además se revaloriza por los dibujos “minimalistas” del autor que sólo usa el blanco, el negro y un rojo suave; que pinta con escasísimos trazos los ambientes y los fondos, y simplifica gráficamente muy bien a sus héroes, a Morro con una nariz tipo hamburguesa y a Conde con unas orejas tipo Mickey Mouse.

Lo comento ahora porque a Principio, Lío y Fin, de Avi, un relato con los mismos protagonistas de Sin principio ni fin, tiene no uno sino muchos problemas del mismo tipo, y las buenas ilustraciones de Tricia Tusa no bastan para salvar el libro. Su subtítulo, «Aprende a escribir... ¡escribiendo!», indica la intención del autor de animar a sus lectores pequeños a escribir, y su idea de hablar  amablemente de cuáles son «los problemas del escritor». Su argumento es que el caracol Carlos quiere ponerse a escribir y como no encuentra qué decir o cómo decirlo, Eduardo la hormiga le aconseja. A pesar de la simpatía de los personajes —que un lector que haya leído el libro anterior da por descontada—, la historia tiene poca gracia: además de lo indicado —que muchos juegos de palabras en inglés no funcionan en castellano—, no pocos incidentes y conversaciones están demasiado estirados y son muy artificiales —por lo que sospecho que tampoco en inglés es un libro logrado, y por lo que pienso que autor y editor se han guiado por el habitual esquema de que si algo ha tenido éxito intentémoslo de nuevo—. Una de las escasas veces que salta una pequeña chispa de buen humor es esta: «Todas las historias necesitan tensión», dice Carlos, «pero no hay tensión en mi vida, y eso me pone muy tenso».

Patrick McDonnell. ¿Nada? (The Gift of Nothing, 2005). Barcelona: Serres, 2007; 48 pp.; trad. de Belén Cabal; ISBN: 978-84-7901-053-9.
Avi. Principio, Lío y Fin (A beginning, a Muddle and an End, 2004). Barcelona: Ediciones B, 2009; 144 pp.; col. La escritura desatada; ilust. de Tricia Tusa; trad. de Marta García Madera; ISBN: 978-84-666-4128-9.

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lunes, 24 de marzo de 2008

Después de debutar en el mundo de los álbumes con una maravilla como El canto de las ballenas, los álbumes de Gary Blythe que han venido después y que conozco, como El mejor de los secretos y El regalo perfecto, son más flojos, aunque sin duda en el juicio influye que aquel primer álbum fuera tan espectacular. Esos dos últimos álbumes tienen como protagonistas a muñecos —una especie de muñeca raída en el primero, un osito de peluche deteriorado en el segundo—, y ambos tratan de cómo el niño y la niña propietarios emprenden su búsqueda cuando los pierden. El primero tiene acentos más oníricos, el segundo se alinea claramente con un relato como El conejo de terciopelo. Tal vez debido a que las historias en sí mismas no son muy originales y a que tienen una deriva sentimental muy acusada, lo cierto es que los álbumes no tienen una composición gráfica global tan coherente como la de El canto de las ballenas y, aunque tengan ilustraciones en sí mismas magníficas, otras resultan empalagosas en exceso. Con todo, seguro que habrá quienes los disfruten mucho y queden fascinados por algunas escenas «encantadoras» como la de la derecha (que pertenece al segundo álbum).

Gary Blythe. El mejor de los secretos (Milo and the Night Marker, 2003). Texto de Angela McAllister. Madrid: Kókinos, 2004; 28 pp.; trad. de Esther Rubio; ISBN: 84-88342-49-7.
Gary Blythe. El regalo perfecto (The Perfect Bear, 2007). Texto de Gillian Shields. Madrid: Kokinos, 2007; 30 pp.; trad. de Esther Rubio; ISBN: 978-84-96629-25-7.

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lunes, 18 de junio de 2007

León de biblioteca,
de Kevin Hawkes y Michelle Knudsen, es un álbum que será popular. Se ambienta en una biblioteca pública (en el país de las bibliotecas, los Estados Unidos), y cuenta que una vez entró un león y, aunque algunos se alarmaron, no así la directora, a quien no le molestaba en absoluto que deambulara y asistiera, como uno más, a la sesión de cuentacuentos. La historia es optimista y positiva, y las ilustraciones con acrílicos y lápiz transmiten también sentimientos de bondad y ternura... Y, aunque el argumento sea blandito, me alegrará que la historia cumpla su objetivo de crear aficionados a las bibliotecas.

Kevin Hawkes. León de biblioteca (Library Lion, 2006). Texto de Michelle Knudsen. Barcelona: Ekaré, 2007; 48 pp.; trad. de Carmen Diana Dearden; ISBN: 978-84-934863-1-0.

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lunes, 7 de mayo de 2007

El pato y la muerte
es un álbum gráficamente irreprochable, como es habitual en Wolf Erlbruch, pero la composición tan luminosa y elegante no puede remontar la pobreza de un argumento en el que lo más importante no es lo que se cuenta sino lo que no se cuenta. El protagonista es un pato al que se le acerca la muerte, un personaje algo tétrico de aspecto, pero amable de trato. Después de pasar un tiempo juntos, como acostumbrándose el pato a lo que inevitablemente llegará, al fin se muere pacíficamente y la muerte incluso lo siente. Pienso que, al margen de que no contenga ninguna referencia a la trascendencia, o a la posibilidad de la trascendencia, contradice la experiencia universal del dolor propio y ajeno que va unido con la muerte. Así que sólo para estoicos materialistas ya perfectos o aspirantes a serlo.

Wolf Erlbruch. El pato y la muerte (Ente, Tod und Tulpe, 2007). Cádiz: Barbara Fiore, 2007; 32 pp.; trad. de Moka Seco Reeg; ISBN: 978-84-934811-8-6.

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lunes, 26 de marzo de 2007

Cyrano
es un álbum de los mismos autores de Babayaga. Y, como allí, las ilustraciones de Rébecca Dautremer son extraordinarias pero el texto me parece desafortunado. Algunas ironías acerca de la época no tienen especial chispa, ni aportan nada relevante al álbum —«las muchachas eran bonitas, pero no se lavaban casi nunca», por ejemplo—. Las acotaciones bromistas a las que se remite con un asterisco están fuera de lugar y, además, tienen poca gracia —«una cotilla es alguien que habla el cotillo, una lengua más afilada e hiriente que un cuchillo», es un caso—. Hubiera sido mucho mejor, pienso yo, un texto limpio y sin pretensiones que dejara todo el peso a imágenes tan asombrosas como la de la derecha.

Rébecca Dautremer. Cyrano (2005). Texto de Taï-Marc Le Thanh basado en la obra de Edmond de Rostand, Cyrano de Bergerac. Zaragoza: Edelvives, 2006; 31 pp.; trad. de P. Rozarena; ISBN: 84-263-6123-4.

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lunes, 5 de febrero de 2007

Después de Princesas olvidadas o desconocidas, de Rébecca Dautremer y Philippe Lechermeier, me lancé a leer con ganas Semillas de cabañas, con texto del mismo autor e ilustraciones de Éric Puybaret. Pero hay mucha diferencia: el texto aquí arranca la sonrisa sólo de vez en cuando, por ejemplo cuando habla de «la cabaña de Troya»... Pero todo es más artificioso: estirar demasiado las buenas ideas no funciona bien. Las ilustraciones están bien pero no logran que salte la chispa y son muy deudoras del trabajo de Dautremer en Princesas.

Éric Puybaret. Semillas de cabañas (Graines de cabanes, 2005). Texto de Philippe Lechermeier. Zaragoza: Edelvives, 2006; 94 pp.; trad. de P. Rozarena; ISBN: 84-263-6156-0.

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lunes, 25 de septiembre de 2006

Me han gustado las ilustraciones y la idea argumental de ¡Quiero una corona! La protagonista de tres años, Julia, ve un día un carruaje real en el que va un rey jovencito con corona, eso enciende sus deseos de llegar a tener una igual, y cuando tiene seis años consigue por fin que se la regalen. Las humorísticas ilustraciones, sobre fondo blanco, son dinámicas y expresivas, y llegan bien a los destinatarios pequeños. El argumento, aún teniendo una buena idea de fondo —cómo una niña se propone y acaba siendo una reina cuyos caprichos todos secundan—, no acaba de ser convincente: quizá el texto debería ser más conciso y, sobre todo, un relato así necesita «tener punta».

Ignasi Blanch. ¡Quiero una corona! (2005). Texto de Raimon Portell. Barcelona: La Galera, 2005; 36 pp.; ISBN: 84-246-3924-3.

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lunes, 7 de agosto de 2006

Como sugería días atrás a propósito de David Wiesner
, hay relatos que si vinieran firmados por un autor novel los consideraríamos excelentes pero, cuando su autor es alguien de prestigio, los comparamos con sus mejores obras y los juzgamos con más dureza.

Me ha pasado eso con Humberto Horacio Herminio Bobton-Trent, de Lauren Child, un relato satírico más largo que sus otros álbumes, sobre cómo una familia de aristócratas se arruina pero el niño-prodigio de la familia consigue salvar una parte de la fortuna y acomodar a sus padres en un edificio de pisos. Aunque sus méritos sean muchos —entre otros, una portada excepcional y unas sensacionales decoraciones interiores con vestidos a juego con los papeles pintados—, me parece que forma y fondo están descompensados. Pienso que un álbum satírico se puede tomar en serio si hay contención: acumular bromas revela ingenio y, en este caso, talento gráfico, pero va en detrimento de la historia en sí misma.

De todos modos se ha de tener en cuenta lo dicho al principio, y añadir a eso que si no lo hubiera leído después del prodigioso La princesa y el guisante, a lo mejor enfocaría las cosas de otro modo.

Lauren Child. Humberto Horacio Herminio Boboon-Trent (Hubert Horace Bartle Boboon-Trent, 2004). Barcelona: Serres, 2005; 50 pp.; adaptación de Miguel Ángel Mendo; ISBN: 84-8488-225-X.

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lunes, 20 de febrero de 2006

El premiado álbum australiano Gato y Pez es otro ejemplo de relato del que, como el mencionado días atrás Guyi Guyi, podemos creernos el mensaje sin creernos la historia. Gato y Pez se hacen amigos y ambos se enseñan mutuamente sus modos de vivir, incluso Pez puede subir a las montañas y Gato bajar al fondo del mar.

Sin embargo, a diferencia de Guyi Guyi, en este caso, para la inmensa mayoría de los lectores niños, ni los acentos poéticos del argumento ni las ilustraciones son atractivas, aunque estas sean unos excelentes dibujos que reproducen el estilo de los antiguos grabados y estén bien compuestas.

Me parece a mí que un álbum así no despierta entusiasmo entre los niños y que muy escasos adultos se plantearán comprarlo. Pero es que muchos de quienes editan, juzgan y premian no suelen hacerse algunas preguntas sencillas: ¿me interesa (en serio) para mi biblioteca?; ¿le interesaría a alguno de mis amigos?; si lo tuviera, ¿lamentaría su pérdida?

Neil Curtis. Gato y pez (Cat and Fish, 2003). Texto de Joan Grant. Barcelona: Albur, 2005; 40 pp.; col. Libros del zorro rojo; trad. de Luisa Borovsky; ISBN: 84-96509-06-0.

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lunes, 13 de febrero de 2006

Guyi Guyi,
un cocodrilito educado en una familia de patos, decide no traicionar a sus amigos de infancia cuando sus malvados colegas intentan convencerle de que lo haga.

Álbum de un ilustrador taiwanés realizado con técnicas mixtas y formalmente bien compuesto. Es atractivo visualmente por sus tonos suaves y porque sus personajes resultan simpáticos.

En relación al argumento se puede comentar cómo, a veces, las historias con animales humanizados pueden tener un efecto contraproducente: quien crea (y en el caso de un cocodrilo sepa con certeza) que de ciertos animales mejor es mantenerse lejos, pensará que la historia es ridícula. Eso sí, podemos creernos el mensaje sin creernos la historia, como decía Chesterton que a veces hay que hacer.

Chih-Yuan Chen. Guyi Guyi (2003). Barcelona: Thule, 2005; pp.; trad. de Aloe Azid; ISBN: 84-96473-13-9.

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lunes, 12 de diciembre de 2005

Algunos libros son elogiados por encima de sus méritos: porque supuestamente van en una buena dirección, porque conectan con quienes hablan de libros, porque tienen acentos poéticos que gustan a muchos...

Es el caso de El oso que amaba los libros, un álbum que habla de un oso fascinado por los signos que ve en un papel; que un día ve a una mujer leyendo un libro y, con curiosidad, se acerca y ve que las hojas del libro tienen los mismos signos de su papel. Además, la mujer no se asusta ni nada y le lee en voz alta, y el oso también se ve atrapado por los sonidos de la lectura en voz alta. Al final, la mujer se marcha pero le deja libros al oso.

Tal como yo veo las cosas creo que la historia es excesiva. Aceptaría mejor un argumento así si el protagonista fuera el gato de la familia, pero un oso... En fin, quizá por eso tampoco me resulten convincentes las ilustraciones, compuestas con cambios cinematográficos de perspectiva, que buscan transmitir un clima ensoñador y son expresivas a la hora de reflejar los sentimientos de asombro y curiosidad del oso protagonista.

Jim Lamarche. El oso que amaba los libros (A Story for Bear, 2002). Texto de Dennis Haseley. Barcelona: Juventud, 2004; 40 pp.; trad. de Christiane Reyes; ISBN: 84–261–3395–9.

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lunes, 14 de noviembre de 2005

La montaña más bella,
con texto de Alfredo Gómez Cerdá e ilustraciones de Teo Puebla, es un ejemplo de cómo un álbum ilustrado requiere algo más que un relato bonito y unas ilustraciones poderosas. El conocido argumento de un chico que decide marcharse del pueblo para descubrir mundo y vuelve cuando es un anciano después de haber vivido mucho, no se vuelve más convincente por colocarlo en un escenario exótico. Las pictóricas ilustraciones, óleos sugerentes llenos de fuerza que realmente llegan al espectador, acompañan bien al texto y transmiten los sentimientos que contiene..., pero el diseño y la composición de las páginas no les sacan todo el partido.

Teo Puebla. La montaña más bella (2004). Texto de Alfredo Gómez Cerdá. León: Everest, 2004; 40 pp.; col. Rascacielos; ISBN: 84-241-8716-4.

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lunes, 7 de noviembre de 2005

Semanas atrás dije que de Rébecca Dautremer se habían publicado dos álbumes en español pero he descubierto que había un tercero, El gigante de los pájaros, y además se acaba de publicar otro titulado Princesas olvidadas o desconocidas, un acierto total del que hablaré otro día con más extensión. Del primero se puede decir que tiene un argumento apropiado para un lector pequeño y que las ilustraciones encajan bien con lo que se cuenta, la historia de un gigante que al que nadie le quiere hasta que cuida a un pajarito y, entonces, los pajaritos se hacen sus amigos. Pero, quizá porque la historia suena muy conocida, las ilustraciones tienen menos poderío que las de los álbumes que ya mencioné.

Rébecca Dautremer. El gigante de los pájaros (Le géant aux oiseaux, 2000). Texto de Ghislaine Biondi. Timun Mas, 2001; 26 pp.; trad. de Gemma Gallart; ISBN: 84-480-1977-6.

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martes, 12 de julio de 2005

Hasta el momento se han publicado en España dos álbumes de la ilustradora francesa Rébecca Dautremer: el poético Enamorados y Babayaga, la bruja característica del folclore ruso que figura en varios relatos de los recogidos por Alexander Afanásiev. Para mí son un buen ejemplo de una combinación que ocurre con cierta frecuencia: poderosas ilustraciones, álbumes fallidos. Si un adulto con conocimientos de arte apreciará la potencia del trabajo de la ilustradora, cualquier adulto dudará de que los álbumes como tales gusten a los niños, aunque por distintas razones. En el primer caso, y al margen de consideraciones sobre la conveniencia de ilustrar o no los textos poéticos, porque tales textos se dirigen a un tipo determinado de adultos y no a un público infantil. En el segundo caso, y sin entrar ahora en matizaciones, porque fallan los acentos del texto: cuando a un personaje temible de un cuento de hadas clásico se le trata con tonillo humorístico, su fuerza se diluye y entramos en el terreno Disney, y entonces hay un tipo de imágenes que no cuadran... Por otra parte, aunque como ya he dicho las ilustraciones están muy trabajadas e indican gran talento, una pregunta a la que no sé responder del todo es esta: los enfoques a veces tan forzados que usa la ilustradora, también tan de cine podríamos decir, ¿son necesarios siempre?, ¿están siempre al servicio de la historia? ¿no añaden una sofisticación artificiosa?

Rébecca Dautremer. Babayaga (2003). Texto de Taï-Marc Le Thanh. Zaragoza: Edelvives, 2004; 31 pp.; trad. de P. Rozarena; ISBN: 84-263-5505-6.

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