Este sitio emplea cookies de Google para prestar sus servicios, para personalizar anuncios y para analizar el tráfico. Google recibe información sobre su uso de este sitio web. Si utiliza este sitio web, se sobreentiende que acepta el uso de cookies. Entendido | Más información
Notas del archivo 'Conflictos infantiles y juveniles' :: bienvenidosalafiesta ::    
bienvenidos a la fiesta
Archivo por temas:
PanieeUnaVozE.jpg
viernes, 10 de marzo de 2017

Termino ya con la serie de relatos con amigos imaginarios, esta vez con una novela que me ha recordado a los muchos personajes tipo Pepito Grillo que hay en la LIJ, y a los tebeos de la infancia en los que un personaje tenía un angelito bueno en un hombro y otro malo en el otro: Una voz escondida, de la iraní Parinoush Saniee.

Tiene lugar en Irán y comienza el año 2002. Su protagonista, y en muchos momentos narrador, es Shahab es un niño de cinco años que no habla: los médicos dicen que no le ocurre nada y así lo piensa su madre también, pero no así su padre y el resto de su familia. Shahab no se siente querido por su padre y este no solo no le muestra ninguna clase de afecto sino que se irrita continuamente con él —«yo, por muy pequeño que fuese, comprendía con total claridad cuál era la situación»— y de ahí que decida no hablar y mentalmente siempre se refiera a su padre como «el padre de Arash», su hermano mayor. Como represalias a cosas que ve injustas, Shahab hace fuertes travesuras ocultas que su madre procura encubrir, pues comprende un poco lo que pasa por su interior. Se sucederán los incidentes —tensiones entre su madre y su padre, insatisfacción de su madre por no poder ejercer su carrera, relaciones con un primo que se burla de Shahab, una prima que tiene un embarazo y la madre de Shahab le facilita que aborte...—. Todo cambiará cuando su abuela pase una temporada en su casa: es la primera que le reconoce su derecho a enfadarse y la primera que le dice que «en tu lugar, yo tampoco hablaría».

La narración se cuenta desde varios puntos de vista. El más importante es el de Shahab, que describe con mucho detalle (demasiado para ser verosímil) su mundo interior de entonces —sabremos al final que cuenta las cosas cuando ya es universitario—. Nos habla de sus amigos imaginarios, Asi el malo, que le azuza en sus trastadas, y Babi el bueno, que intenta calmarle, que fueron su único refugio durante mucho tiempo. El autoritarismo irracional y los comentarios insensibles del padre de Shahab, igual que los comportamientos de otros familiares, llevan de la mano al lector a ponerse del lado del chico y a gozar con Así cuando alguien recibe su merecido. El telón de fondo social también resulta más que agobiante pero, por lo que yo he podido entender, en esta novela no es más que eso, un telón de fondo, y me parece un tanto excesivo atribuir un significado de crítica política a la mudez de Shahab.

En general se dibujan bien los conflictos familiares, tanto los de la familia de Shahab como los de la gritona familia de su padre. Es una muestra de honradez que, al final, la novela reparta críticas a unos y otros sin cargar sólo la mano en el padre (o en otros varones energúmenos: se supone que la chica que aborta lo hace por temor a la reacción futura de su padre y de su hermano...). Así, cuando la madre de Shahab le dice a la abuela, su madre, que «he estudiado mucho, pero al final he acabado siendo ama de casa, exactamente igual que las mujeres de hace un siglo», la abuela Bibi estalla: «A tus hijos no les pasa nada. Los problemas los tenéis vosotros. Unos padres ariscos tienen hijos ariscos. Esos niños recogen lo que sembráis. (…) Los ancianos, aunque no habíamos estudiado tanto como vosotros, manteníamos una relación más sencilla con nuestros hijos. Tenían menos problemas, crecían de una forma más natural. ¿Sabes qué pasa? El que escribe su historia tirando de corazón no necesita libros ni cuadernos».

Parinoush Saniee. Una voz escondida (Pedar-e aan digari, 2004). Barcelona: Salamandra, 2016; 267 pp.; trad. del italiano de Carlos Mayor; ISBN: 978-84-9838-738-4. [Vista del libro en amazon.es]

Enviar Imprimir
ReindhartTrainK.jpg
viernes, 21 de octubre de 2016

En el epílogo a Train Kids, su autor, el periodista alemán Dirk Reinhardt, cuenta que, para componerla, charló con muchas personas relacionadas con su tema: los chicos de países centroamericanos que atraviesan México en trenes hacia los Estados Unidos, y gente de distinto tipo que se relaciona con ellos.

Los protagonistas son un grupo de chicos que se conocen en la frontera entre Guatemala y México y deciden viajar juntos para intentar llegar a la frontera con Estados Unidos. Son Fernando, el mayor y el guía, pues ha intentado el viaje y el paso algunas veces; una chica disfrazada de chico llamada Jaz; Miguel, el narrador, que tiene catorce años; Emilio, un chico indígena, y Ángel, un chaval más pequeño que los demás. El relato va contando sus pasados, sus orígenes, los motivos que tienen para el viaje y a quién van a buscar en los Estados Unidos, mientras van sucediéndose los incidentes: deben evitar a los empleados del tren, a la Policía y a los funcionarios de la Migra (el Instituto Nacional de Emigración); tienen también que procurar escabullirse de quienes les desean robar el dinero que llevan, incluidos, en una ocasión, el cártel de los Zetas...

La narración tiene tirón: todo se cuenta bien y se sigue con interés. Al lector le queda claro el mundo tan difícil en el que viven quienes se embarcan en un viaje así, y no es necesario saber mucho del tema para entender que las cosas son, incluso, mucho peores. En ambos sentidos, como relato emocionante y como información que vale la pena conocer, es una lectura valiosa. Los defectos que se le pueden achacar se derivan de su condición de novela juvenil: algunos mensajes se refuerzan para que no se le olviden al lector y es artificial, aunque sea eficaz, el modo de ir dando toda la información.

En relación a lo primero un ejemplo se da cuando el narrador se pregunta cosas como «¿de dónde saca la gente el derecho a llamarme extranjero? ¿Por no ser de aquí, debería volver al lugar de dónde vengo? ¿Por qué razón puede decir alguien que un país es suyo?». Otro, cuando se insiste, varias veces, en ideas novelescas cuando, por boca de Jaz, se dice que, «al final, lo que nos quedará será lo que vivamos durante el camino»…

En relación a lo segundo está forzado el personaje de Fernando: por medio de las cosas que cuenta y de las advertencias que hace se van dando las aclaraciones oportunas. Así, logran atravesar Chiapas gracias a la protección que les presta un amigo de Fernando, perteneciente a una «mara» cruel, y Fernando les explica por qué la policía mira hacia otro lado cuando les ven con él: «si le haces daño a un mara, mejor que ese mismo día hagas testamento porque no vas a vivir mucho más».

Aunque suavizados. no faltan momentos de crueldad e incluso, al final del trayecto, se apuntan comportamientos pervertidos. No abundan pero no faltan situaciones de alivio: en Tapachula les protege de la policía el párroco de una iglesia en la que entran, un personaje inspirado en un sacerdote que regenta un albergue para emigrantes, a quien cita el autor en su epílogo. Ahora bien, cuando poco después, un viejo les engaña y les roba, es al sacerdote a quien Fernando culpa de todo: «no tengo nada contra él, es una buena persona, pero el problema es que cuando te encuentras a alguien así, empiezas a confiar en la gente. Y ese es el peor error que puedes cometer. Estás perdido si confías en los otros, sin conocerlos. Me podéis creer: si no hubiéramos conocido al padre, el viejo no nos habría engañado».

Dirk Reinhardt. Train Kids (2015). Lleida: Milenio, 2016; 364 pp; col. Nandibú; trad. de Montserrat Franquesa Gòdia; ISBN: 978-84-9743-731-8. [
Vista del libro en amazon.es]

Enviar Imprimir
MagorianGoodNTom.JPG
jueves, 5 de noviembre de 2015

Goodnight, Mr. Tom, de Michelle Magorian, es un premiado y conmovedor libro inglés de hace varias décadas, que tal vez no está traducido al castellano por su lenguaje de argot, su ambientación histórica, y por su tono un tanto dickensiano.

Enviar Imprimir
CesbronPerros.JPG
viernes, 17 de abril de 2015

La recién reeditada Perros perdidos sin collar, de Gilbert Cesbron, fue una novela que tuvo un gran éxito en los años cincuenta y sesenta: vendió varios millones de ejemplares.

Ambientada en la Francia posterior a la segunda Guerra Mundial, presenta las vidas de unos niños huérfanos, o pertenecientes a familias que viven en condiciones miserables, a veces delincuentes, y de las personas que los tutelan: jueces, médicos, policías, asistentes sociales, cuidadores de los orfanatos. Los principales protagonistas, aunque son muchos los personajes, son un niño huérfano llamado Alain Robert, un chico algo mayor llamado Marco Forgeot al que mandan a vivir lejos de sus padres, y, entre todos los adultos, el juez Lamy del Tribunal de Menores.

La narración es una sucesión de incidentes e interrogatorios: envío de Alain y de Marco a un correccional en Terneray; sucesos de distinto tipo allí; escapadas de algunos por varias razones; escenas en las se nos dan a conocer los mundos interiores de los chicos; conversaciones de toda clase entre unos y otros. Se ponen de manifiesto las preocupaciones de los adultos que tratan con esos niños: se mueven con espíritu cristiano, tienen grandes deseos de ayudarles, una fuerte conciencia de lo poco que pueden hacer y de la importancia de lo que hacen. Afrontan sus deberes con abnegación ejemplar y espíritu dolorido: así, del inspector Marcelo se nos dice que «era un policía cristiano: tenía pocas posibilidades de éxito y ninguna de ser dichoso».

La novela está bien escrita pero no será fácil de leer para todos: el realismo periodístico con el que se describen los ambientes y la misma crudeza de los hechos contribuyen a que todo suene antiguo; el relato no tiene un hilo que tire del lector y está centrado no tanto en lo que ocurre como en los sufrimientos de todos; el tono enfático con el que se subrayan algunas cosas también puede alejar a otros lectores. Sin embargo, es una novela poderosa, de las que dejan una fuerte impresión de sinceridad y honradez, de las que se ve que han sido construidas para conmover pero sin falsas trampas emocionales; también queda claro que el autor procura ser ecuánime a la hora de hablar del sufrimiento de los más pobres y a la hora de combatir las actitudes de superioridad de los que no tienen problemas y se consideran autorizados a juzgar a los otros.

El juez Lamy, al final, resume su modo de actuar en algunos consejos que transmite a quien le sustituirá en el Tribunal de Menores: «Juzgue usted siempre al niño por lo que es y no por lo que ha hecho»; «tenga usted paciencia para resolver los casos uno por uno»; «dé la sensación siempre de mirar por el niño: ¡respete hasta su vanidad! ¡Siente tal necesidad de crecer! Y no se crece sin romper la cáscara. No diga usted nunca: ¡Éste merece salvarse...! Todos tienen derecho a ello; ¡y usted tiene el deber de salvarlos a todos, uno por uno...! ¡Hacen el mal, pero sueñan con el bien... esté usted seguro!».

Gilbert Cesbron. Perros perdidos sin collar (Chiens perdus sans collier, 1953). Madrid: Encuentro, 2015; 293 pp.; col. Literatura; trad. de María Barbeito y Cerviño; ISBN: 978-84-9055-078-6. [Vista del libro en amazon.es]

Enviar Imprimir
CansinoChicoManosA.JPG
jueves, 19 de febrero de 2015

El chico de las manos azules,
de Eliacer Cansino, es Franz, recién llegado a España huyendo de la guerra que tuvo lugar en Bosnia entre 1992 y 1994. En un tren que sale desde Mostar se pone de acuerdo con un músico que huye también, Ilia Batjin, y se hacen pasar por padre e hijo. Una vez en Madrid, se alojan en un barrio de chabolas y entran en contacto con una mafia que controla la mendicidad y con unos ladronzuelos. Luego, Ilia encuentra un trabajo como violinista y Franz acaba siendo escolarizado.

La historia tiene poco que ver con Una habitación en Babel, aunque también trate sobre alumnos inmigrantes. El argumento atrapa y la narración no sólo es buena sino que tiene toques excelentes. Por ejemplo, cuando Franz es alojado en un piso para chicos como él, el narrador indica: «A veces el paraíso tiene la humildad de una habitación limpia y ordenada, y eso precisamente le pareció». Como es habitual en el autor no faltan comentarios de interés, como al paso, del narrador o de algún personaje. Así, un librero le dice a Franz y a su amiga: «Me gusta ver muchachos en mi tienda —dijo con amabilidad—. Los libros son para los jóvenes pero los leen los viejos. La vida está mal hecha: cuando más interesaría leer para comprender la vida, no tenemos tiempo más que de vivirla; y cuando la vida va dejándonos de lado, entonces queremos comprenderla con los libros».

Este comentario explica muchas cosas sobre la novela y, en particular, habla bien de la lucha de los protagonistas por recuperar su dignidad y cómo, para eso, han de romper los pactos con el diablo que, por debilidad y arrastrados por los acontecimientos, habían cerrado: «Sí, porque los pactos con el diablo no son siempre esa tragedia fáustica, grandilocuente y dramática en que cambiamos nuestra alma por un imposible bien mundano. No, pactamos con el diablo cada vez que cambiamos conciencia por beneficio, amor por interés, honestidad por lucro, sinceridad por mentira. En cada pequeña negación del deber estamos pactando, si no con el diablo, con cualquiera de sus mendaces subalternos, llamémosles como queramos».

Eliacer Cansino. El chico de las manos azules (2014). Madrid: Bruño, 2014; 221 pp.; col. Paralelo Cero; ISBN: 978-84-216-7916-6. [
Vista del libro en amazon.es]

Enviar Imprimir
jueves, 2 de mayo de 2013

Después del éxito de Mi hermana vive en la repisa de la chimenea, la segunda novela de Annabel Pitcher, Nubes de Kétchup ha sido recibida con elogios y premios. La protagonista y narradora es una chica de quince años que se siente culpable de una muerte. Por eso, con el nombre fingido de Zoe, decide contar las cosas que le pasaron en el último curso, y desahogarse, mediante unas cartas a un condenado a muerte de Texas, pues una monja que fue a su colegio les habló del asunto de escribir cartas a esas personas. En definitiva, su relato se centra en sus relaciones amorosas con dos hermanos, uno de su curso y otro dos años mayor, al principio ignorantes cada uno de la relación del otro con ella, junto con la vida un tanto bronca en su casa (sus padres discuten mucho, su padre se queda en paro y la madre no quiere volver tampoco a trabajar, la hermana pequeña es sorda y necesita cuidados, el abuelo está muriéndose y su madre no quiere que sus hijas le vayan a ver...).

La narradora tiene gancho y consigue momentos buenos, aunque sea un tanto disparatado, y no sea un recurso convincente, lo de las cartas al recluso. El núcleo argumental no deja de ser un culebrón romántico con una oportuna muerte al final que deshace los conflictos. Las descripciones de los escarceos amorosos de Zoe con los chicos son detalladas, como es habitual en muchos libros juveniles sobre la cuestión (un recurso para cuando faltan recursos). Igual que otras novelas del momento (como El insólito peregrinaje de Harold Fry) el relato va dirigido a que la protagonista reconozca sus culpas y logre perdonarse a sí misma. De hecho, empieza señalando que «no es que yo crea en Dios, pero me fui a confesar para liberarme de la sensación de culpa» (cosa que al fin no hace, porque piensa que o bien el cura no habría hecho nada malo en su vida y no la entendería, o bien porque a lo mejor era «uno de esos curas que se meten con los niños, en cuyo caso lo sabría todo sobre el pecado, pero como no tenía forma de estar segura no me arriesgué»).

En relación a este último comentario y a otros en una dirección parecida, que a mí me resultan molestos y que son innecesarios, dos cuestiones. Una, que aunque tienen lógica si pensamos en que la narradora no tiene por qué ser tan precisa en relación a la religión cristiana como en relación a los pájaros (materia en la que es una experta), no tienen lógica narrativa pues no aportan nada y dejan dudas acerca de si la ignorancia de Zoe no será la de su creadora. Otra, que aunque tales comentarios no mejoran ni empeoran el relato como tal, ¿habría sido premiada la novela si Zoe hubiera dicho, por ejemplo, algo así: «como creo en Dios me fui a confesar y el cura me atendió amablemente aunque no me atreví a decirle toda la verdad»?

Annabel Pitcher. Nubes de kétchup (Ketchup Clouds, 2012). Madrid: Alevosía, 2013; 276 pp.; trad. de María Díaz; ISBN: 978-84-15608-39-4.

Enviar Imprimir
FraynJuegoEsp.JPG
jueves, 4 de abril de 2013

Una inteligente y bien escrita novela sobre niños, de hace unos años: Juego de espías, de Michael Frayn. De esos relatos que presentan el mundo interior de un chico justo en los momentos en que tiene una clara conciencia de que se adentra en territorios movedizos.

Enviar Imprimir
HollandManWFace.JPG
jueves, 21 de marzo de 2013

Un relato de hace tiempo, y que ahora creo que no está en el mercado español, sobre un chico con problemas personales y familiares serios pero que tiene la suerte de acabar encontrando quien le ayude: El hombre sin rostro, de Isabelle Holland. Los defectos que tiene quedan compensados por los aciertos en la definición del protagonista y su entorno, y por muchos diálogos excelentes.

Enviar Imprimir
HartlingMuletas.JPG
miércoles, 27 de febrero de 2013

Hace poco he caído en la cuenta de que no había puesto aquí todavía datos de Peter Härtling, un autor con buenos libros sobre chicos en situaciones difíciles. De los que leí hace tiempo, los que más me gustaron fueron La abuela y Muletas, actualmente disponibles solo en bibliotecas, por lo que acabo de ver.

Enviar Imprimir
HamiltonPrimos.JPG
jueves, 17 de enero de 2013

Rectificando un poco el texto que apareció, tiempo atrás, en Bienvenidos a la fiesta (libro), he puesto aquí la voz de Virginia Hamilton. En su momento me guié por los dos únicos libros suyos que se habían publicado en castellano, Primos y Plain City, que claramente dan una idea insuficiente de su mérito y del interés de su obra: reflejar los conflictos interiores de chicas y chicos negros en Estados Unidos, como consecuencia de las dificultades para crecer que cualquiera puede tener, sumadas a las de que, con frecuencia, viven en entornos sociales y familiares conflictivos.

Enviar Imprimir
AmmanitiNoMiedo.JPG
viernes, 5 de octubre de 2012

No tengo miedo,
de Niccolò Ammaniti, se desarrolla durante el caluroso verano de 1978 en Acqua Traverse, imaginario pueblo pequeño del sur de Italia. Michele Amitrano, un niño de 9 años, cuenta, bastante tiempo después, que un día que, junto con sus compañeros de pandilla, salió en bicicleta y, por cumplir el mandato del líder del grupo entró en una casa abandonada, descubrió a un chico atado del que pensó que estaba muerto. No dijo nada de su hallazgo pero más tarde volvió solo al lugar y comprobó que estaba vivo, que tenía más o menos su edad, y que no decía más que incoherencias. Luego la relación continúa y, poco a poco, Michele se hace cargo de lo que ocurre.

Novela «sobre niños», con unos personajes bien perfilados, con un hilo argumental que tira del lector hacia delante, y con breves descripciones magníficas —como cuando los chicos suben al monte, «colina arriba, dejando tras de sí una estela de tallos abatidos»—. Recoge bien el mundo interior del protagonista, el trato con su hermana pequeña y con sus amigos, los sentimientos hacia sus padres y vecinos, la forma en que van creciendo sus temores. También presenta con acierto el comportamiento de los adultos con los chicos: la forma en que se dan unidas la brusquedad y la ternura, los momentos de violencia junto a los de afecto. No hay justificaciones para los comportamientos miserables: el narrador, simplemente, cuenta y deja que los hechos hablen por sí mismos.

Niccolò Ammaniti. No tengo miedo (Io non ho paura, 2001). Barcelona: Anagrama, 2011; 232 pp.; col. Panorama de narrativas; trad. de Juan Manuel Salmerón; ISBN: 978-84-339-7578-2.

Enviar Imprimir
viernes, 27 de julio de 2012

Otro libro acerca de situaciones familiares duras tal como las contempla un niño, en este caso, irlandés: Paddy Clarke, ja, ja, ja, de Roddy Doyle.  Se podría describir como divertido y doloroso, bienhumorado en la presentación de muchos momentos de la vida infantil y trágico según el narrador y protagonista va comprendiendo la situación.

Enviar Imprimir
BryceJulius.JPG
viernes, 20 de julio de 2012

Una novela, en muchos sentidos excelente, como Un mundo para Julius, de Alfredo Bryce Echenique, a mí al menos me hace pensar que un enorme talento para el sarcasmo puede iluminar algunas realidades pero, a veces, no es la mejor manera ni de mostrar el sufrimiento interior de un niño ni de buscar salidas a situaciones dolorosas.

Enviar Imprimir
MuñozBachimba.JPG
viernes, 13 de julio de 2012

Se llevaron el cañón para Bachimba, de Rafael Felipe Muñoz, presenta un niño en medio de los combates de la revolución mexicana de comienzos del siglo XX.
Enviar Imprimir
viernes, 6 de julio de 2012

Voy a ir poniendo, en viernes sucesivos, algunos relatos duros «sobre niños», o relatos sobre niños en situaciones duras. Comienzo con El niño del ingenio de azúcar, del brasileño José Lins do Rego, una novela con acentos autobiográficos sobre un protagonista que, dice de sí mismo, abandona la infancia con el alma ya vieja.

Enviar Imprimir
VasconcelosPlanta.JPG
miércoles, 14 de septiembre de 2011

Ha salido una nueva edición, con otra traducción, de Mi planta de naranja lima, de José Mauro de Vasconcelos. He aprovechado para releerlo y, aunque cuantos más años pasan más desconfío de la limpieza de cualquier narrador adulto que pone voz a un niño, y en especial a un niño que sufre como es este caso, me han vuelto a impresionar la fuerza emocional de la historia y el talento narrativo del autor.

Enviar Imprimir
viernes, 16 de julio de 2010

Si Tierra de infancia, de Claudia Lars, que introduje hace una semana, me deslumbró y encantó cuando lo leí, Una noche de luna, del galés Caradog Prichard, que también me abrió los ojos a un mundo del que no había leído nada, me pareció fascinante por su potencia literaria y, sobre todo, me dejó abrumado como pocos libros antes: raras veces he visto descrito, con tanta fuerza, el dolor de un niño.

Enviar Imprimir
SosekiKokoro.JPG
viernes, 25 de junio de 2010

Como hace poco hablé de Soy un Gato y, tiempo atrás, de Botchan, pongo ahora la otra novela de Natsume Soseki que conozco, y la que más me ha gustado a pesar de su premiosidad, Kokoro. En la edición que cito abajo hay una extensa introducción que da muchas explicaciones acerca de la importancia del autor, de las características generales de su obra, y de las particularidades de Kokoro, la más celebrada de sus novelas.

El narrador de las dos primeras partes de la novela es un estudiante universitario que nos cuenta el inicio y desarrollo de su relación con Sensei, un hombre mayor sin trabajo conocido, a quien acaba convirtiendo en su guía intelectual y moral; y la larga enfermedad de su padre, a quien quiere pero cuya rusticidad contrapone con la elegancia que atribuye a Sensei. La tercera parte es una larga carta de Sensei en la que le revela el enigma de su pasado.

El título, «Kokoro», es una palabra intraducible pues significa muchas cosas a la vez: corazón, mente, interior, espíritu, alma, sentimientos, voluntad, sensibilidad… Con ella, el autor indica su voluntad de mostrar los mundos interiores del narrador, por un lado, y de Sensei, por otro. A los personajes principales no les da nombre para reforzar su condición de arquetipos y cuenta las cosas muy lentamente, poniendo delante del lector lo que sucede como en esos cuadros japoneses donde todo se ve siempre con la misma perspectiva y a igual distancia. Y es que, aunque hay escenas excelentes, no todo es igualmente significativo, y un lector occidental quizá piense, como es mi caso, que casi bastaría con la tercera parte, la que contiene la confesión de Sensei, y que incluso esta podría condensarse. Además, a una mente que tenga conceptos básicamente cristianos no le resultará fácil asumir la propuesta del suicidio como si fuera la salida más digna para remediar una traición del pasado, ni unos planteamientos tan solemnemente centrados en uno mismo.

De todos modos, y al margen de su valor histórico, es una interesante novela pues significa un acercamiento a un modo distinto de comprender la existencia humana, recoge bien la necesidad que un chico joven tiene de adultos de referencia, muestra con talento cómo quien sufre una dolorosa traición puede acabar siendo él mismo traidor, habla con honradez y convicción de cómo una culpa del pasado no reparada puede acabar consumiendo una vida.

Natsume Soseki. Kokoro (1914). Madrid: Gredos, 2009; 335 pp.; col. Biblioteca Básica Gredos; introducción, trad. y notas de Carlos Rubio; ISBN 13: 978-84-249-3593-1. Nueva edición en Madrid: Impedimenta, 2014;  304 pp.; trad. de Yoko Ogihara y Fernando Cordobés; ISBN: 978-8415979128. [Vista del libro en amazon.es]

Enviar Imprimir
SmuckerHuidaCanadá.jpg
miércoles, 12 de mayo de 2010

Otra reedición: Huida al Canadá, de Barbara Smucker. Es un buen relato que cabe calificar de nueva versión, más aceptable para los estándares de hoy, de La cabaña del tío Tom. Un ejercicio posible: comparar ambos libros y determinar de qué modo refleja cada uno la mentalidad de su tiempo, preguntarse si comprendemos mejor aquella época leyendo uno u otro...

Enviar Imprimir
TaylorRollThunder.jpg
miércoles, 7 de abril de 2010

Una novela no editada en España: Roll of Thunder, Hear my Cry, de Mildred Taylor. Por los premios que obtuvo y por la forma en que abordaba la cuestión racial fue una novela importante y, leída hoy, sigue teniendo fuerza y capacidad de conmover.

Enviar Imprimir
RenardZanahoria.jpg
viernes, 18 de diciembre de 2009

Si alguien piensa que a finales del siglo XIX y principios del XX sólo había relatos de niños desgraciados a los que un vuelco de fortuna, junto con su buen carácter, les cambiaba la vida, le interesará leer Pelo de Zanahoria, de Jules Renard. Entre otras cosas, porque siempre viene bien librarse de los estereotipos.

Enviar Imprimir
KeunNiñaPaíses.jpg
jueves, 6 de agosto de 2009

De Irmgard Keun (Berlín, 1910-Colonia, 1982), compañera de Joseph Roth un breve tiempo hasta 1939, se publicaron en España hace años dos relatos en colecciones infantiles: La chica con la que no dejaban ir a los niños y El juego de los países (o Niña de todos los países, en una edición de 2010).
Ambos están ambientados en los años treinta y sus narradoras son niñas de unos diez años: en el primero la chica es una revoltosa desesperante para los adultos; y en el segundo la protagonista es otra niña que vive con su madre, de hotel en hotel, en muchas ciudades europeas, mientras su padre, un escritor huido de Alemania, se les une de vez en cuando.

Son relatos que recogen reacciones interiores y modos de redactar que podrían ser propios de una niña pero que claramente la sobrepasan. Ambos cuentan las cosas de modo deslavazado y sucesivo: el interés de la escritora es mostrar el mundo de sus personajes sin intentar ganarse al lector a través de alguna conexión afectiva. En ese sentido no son novelitas atractivas más que para quienes tengan algún interés particular, en los ambientes que se describen, o en la época, o en la propia escritora.

Las menciono porque ambas ejemplifican cómo unas novelitas que tienen valor en sí mismas quedan fuera de sitio en una colección de literatura juvenil y pueden resultar desconcertantes para el lector que las coja guiándose por ese criterio. Sin duda, preceden a otros relatos que sí son infantiles o juveniles, porque tienen con ellos coincidencias argumentales o de recursos narrativos, pero eso no las hace más atractivas ni fáciles. Eso sí, si alguien quiere comenzar con Keun, una buena escritora, le aconsejo que no empiece por estos relatos sino por Después de la medianoche, que comentaré mañana.

Irmgard Keun. La chica con la que no dejaban ir a los niños (Das Madchen, mit dem die Kinder nicht verkehren durften, 1936). Madrid: Alfaguara, 1987; 168 pp.; col. Juvenil Alfaguara; trad. de José M. Rodríguez-Clemente; ISBN: 84-204-4581-9.
Irmgard Keun. El juego de los países (Kind aller Länder, 1938). Madrid: Alfaguara, 1984; 159 pp.; col. Juvenil Alfaguara; trad. de Anton Dieterich; ISBN: 84-204-3911-8. Actualizo esta información en agosto de 2010: nueva edición, titulada Niña de todos los países, en Barcelona: Minúscula, 2010; 165 pp.; col. Alexanderplatz; trad. de Anton Dieterich; ISBN: 978-84-95587-67-1.

Enviar Imprimir
viernes, 31 de julio de 2009

Entre los relatos cuyo narrador es un chico desequilibrado —como Flores para Algernon o El guardián entre el centeno— y que, por tanto, debemos leer con especial atención, no hay que perder de vista Lección de alemán, de Siegfried Lenz.

Enviar Imprimir
BojungaCompañeros.jpg
jueves, 23 de abril de 2009

Después de mencionar a Blyton, una escritora muy diferente: la brasileña Lygia Bojunga Nunes Si a Blyton no le importan los conflictos sociales ni los problemas dramáticos que puedan tener los niños, a Nunes sí le importan mucho y, mientras que a la inglesa le interesa entretener a sus lectores, ella busca concienciarlos y por eso sus temas a veces resultan incómodos. Sea como sea, son libros serios en su intención, literariamente cuidados, y agudos en su presentación de algunas cuestiones. Me doy cuenta de que la contraposición entre las dos escritoras es un tanto artificial pero sirve como presentación periodística de un contraste típico entre dos formas de concebir la literatura infantil y juvenil: a mí me parecen necesarias ambas.

Enviar Imprimir
FabregasNueve.jpg
viernes, 6 de febrero de 2009

La niña de los nueve dedos,
de Laia Fábregas, es un estupendo debut literario. La narradora es una mujer que recuerda su infancia y juventud: para ella tienen particular importancia el trauma que siempre le supuso tener nueve dedos y la educación que sus padres, militantes comunistas, les proporcionaron, a ella y a su hermana, en los años finales del franquismo y primeros de la democracia. El hilo conductor tiene que ver con el origen de que le falte un dedo y con la costumbre misteriosa que tenían sus padres de no hacer nunca fotografías, aunque la narradora y su hermana saben que, a veces, sí hacían fotografías y desean encontrarlas.

Lo mejor es el retrato del mundo interior de una niña tímida y de la forma en que la educación que recibió y los acontecimientos que vivió condicionaron su crecimiento y su percepción posterior de las cosas. Por ejemplo, está muy bien visto cómo, sus padres le dicen, siendo muy pequeña, que «la historia del Ratoncito Pérez es como la de los Reyes Magos: un cuento chino» y cómo luego se insinúa que, tal vez por aquella particular educación, «con treinta y cuatro años, Laura era como una niña de ocho que comienza a entrever que algo no cuadra en Gaspar, Melchor y Baltasar, los Reyes Magos de Oriente». La narración es también un buen retrato de una época y de un ambiente: cuando muere Franco y Laura ve a sus padres celebrarlo, dice que «por aquellas fechas experimenté por primera vez ese sentimiento de “nosotros contra ellos” que aún me asalta a veces a día de hoy en los momentos más inesperados». Me han resultado poco atrayentes, sin embargo, los capítulos que cabría llamar surrealistar de los sueños en los que Laura se ve a sí misma con menos dedos, igual que los acentos llorosos, como de desvalimiento, que respira toda la narración.

Laia Fábregas. La niña de los nueve dedos (Het meisje met de negen vingers, 2007). Barcelona: El Aleph, 2008; 192 pp.; col. Modernos y clásicos de El Aleph; trad. de Goedele de Sterck; ISBN 13: 978-84-7669-821-1.

Enviar Imprimir
PotokAsherL2.jpg
viernes, 26 de diciembre de 2008

Mi nombre es Asher Lev
,
un libro de Chaim Potok que se acaba de reeditar, se abre con una cita de Picasso: «El arte es una mentira que permite comprender la verdad». Inspirada en Marc Chagall, es una novela que habla de la felicidad y del sufrimiento que puede causar, a uno mismo y a otros, el hecho de tener un don artístico excepcional.

Enviar Imprimir
jueves, 28 de febrero de 2008

El otro día
mencioné a Robert Cormier, un autor singular de algunas novelas sobre personajes jóvenes solitarios frente al mundo, duras e incómodas pero valiosas y sugerentes.

Enviar Imprimir
domingo, 7 de enero de 2007

Hobbes: ¿Cómo van tus propósitos de Año Nuevo?
Calvin: No he hecho ninguno.
Calvin: Para mejorar uno mismo hay que tener claro lo que es “bueno”. Eso implica ciertos valores...

Enviar Imprimir
MaxwellVinieron.jpg
viernes, 22 de diciembre de 2006

Es mejor no profundizar en qué indica del mundo editorial español que, hasta este año, no se haya publicado Vinieron como golondrinas, uno de los pocos relatos firmados por William Maxwell, editor de autores como John Cheever y J. D. Salinger, y redactor jefe en The New Yorker durante 40 años. Un relato extraordinario.

Enviar Imprimir
sábado, 28 de octubre de 2006

Hace unos días colgaba un texto de Allan Bloom acerca de cómo los jóvenes que «han asistido a una escuela de relaciones condicionales», tienen luego dificultades para entender la gran literatura clásica. Y apuntaba que, sin embargo, en otro momento del mismo libro Bloom hace unas consideraciones que se podrían considerar opuestas: es cuando indica que si un libro como El guardián entre el centeno es el favorito de muchos estudiantes se debe a que apoya la propia interpretación de sí mismos que tienen los jóvenes, y a continuación dice que tal preferencia revela la necesidad de ayuda que tienen para que su interpretación sea mejor y afirma que un educador tiene ahí el hueco para mostrar a los estudiantes que hay libros poderosos que seguramente pueden orientarles más.

Enviar Imprimir
viernes, 18 de agosto de 2006

La tensión en los mundos interiores de los adolescentes se agudiza muchas veces debido a los entornos en los que viven, y se aumenta cuando entran en juego los medios de comunicación y las ficciones tratando frívolamente algunas cuestiones. Por eso, como el juego con el morbo atrae a los morbosos, a veces basta una débil presión donde hay un punto débil para que todo alrededor estalle. Y los lamentos posteriores de muchos adultos suenan como los de quienes se quejan de que la hierba crezca después de regarla todos los días.

Enviar Imprimir
viernes, 24 de marzo de 2006

Una novela norteamericana más de conflictos juveniles, de las que siguen el camino abierto por Huck Finn y por Holden Caulfield, es Vida de este chico, de Tobías Wolff.

Enviar Imprimir
viernes, 17 de marzo de 2006

No es necesario insistir en que J. D. Salinger es un autor clave. En la reseña sobre El guardián entre el centeno hago notar una conexión entre un texto clave de Chesterton en Ortodoxia, con el contenido central de aquella novela y con el de la ya citada El señor de las moscas, de William Golding.

Enviar Imprimir
publicidad   política de privacidad   aviso legal   desarrollo