bienvenidos a la fiesta
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domingo, 23 de mayo de 2010
En Microcosmos dice Claudio Magris que «los cafés son una especie de asilo para los indigentes del corazón» y, algunos de sus propietarios, «son también benefactores que les ofrecen un amparo provisional frente a la intemperie». Más adelante señala que, en nuestro mundo, el bar y la iglesia son «dos lugares liberales, en los que no se pregunta, al que entra, de dónde viene y bajo qué bandera o distintivo milita; en la iglesia no hace falta además ni siquiera pagar la consumición, encender una vela está aconsejado pero no es obligatorio». Más aún, señala: «Tal vez hoy las iglesias sean uno de los sitios en los que se respira más libremente».
He recordado esos comentarios, y los he buscado en mis notas, al leer un escolio de Nicolás Gómez Dávila que dice: «La proposición científica presenta una alternativa abrupta: entenderla o no entenderla. La proposición filosófica, en cambio, es susceptible de intelección creciente. La proposición religiosa, en fin, es ascenso vertical que permite observar el mismo paisaje desde alturas distintas.
La ciencia contrapone ignorantes a sabios. La filosofía escalona discípulos y maestros. Para el cristianismo, finalmente, lo que cree la beata no difiere de lo que cree el santo.
El único recinto donde podemos compartir opiniones, sin sentirnos humillados, es una iglesia».
Claudio Magris. Microcosmos (Microcosmi, 1997). Barcelona: Anagrama, 1999; 323 pp.; col. Panorama de narrativas; trad. de J. A. González Sáinz; ISBN: 84-339-0889-8.
Nicolás Gómez Dávila. Escolios a un texto implícito (1977-1992). Girona: Atalanta, 2009; 1408 pp.; ISBN: 978-84-937247-1-9.

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domingo, 15 de marzo de 2009
En el libro citado el pasado domingo Claudio Magris vuelve a mencionar una cita de Schiller que ya le había leído —la de que «contra la estupidez hasta los dioses luchan en vano»—, y se refiere con alguna frecuencia a Dietrich Bonhoeffer, que habla de lo mismo en una de sus cartas desde la cárcel: «Para el bien, la necedad constituye un enemigo más peligroso que la maldad. Existe la posibilidad de protestar contra el mal, de ponerlo al descubierto y, en caso necesario, de evitarlo por la fuerza; el mal lleva siempre en sí el germen de la autodestrucción al dejar en el ser humano, como mínimo, una sensación de malestar. En cambio, frente a la necedad carecemos de toda defensa, no somos capaces de hacer nada contra ella, tanto si nos valemos de protestas como si utilizamos la fuerza: las razones no surten efecto; el necio deja de creer sencillamente en los hechos que contradicen su prejuicio —en tales casos incluso se muestra crítico—; y si los hechos simplemente son inevitables, simplemente los desecha como casos aislados y sin importancia. Así, y a diferencia del hombre malo, el necio se siente satisfecho de sí mismo, e incluso puede llegar a ser peligroso cuando, levemente irritado, pasa al ataque. Por ello es más necesaria mayor precaución frente al necio que frente al malo».
Dietrich Bonhoeffer. Resistencia y sumisión. Cartas y apuntes desde el cautiverio (Widerstand und Ergebung. Briefe und Aufzeichnungen aus der Haft, primera edición en 1951). Salamanca: Sígueme, 2008; 255 pp.; col. El peso de los días; edición de Eberhard Bethge; trad. de J. J. Alemany y Constantino Ruiz-Garrido; ISBN: 978-84-301-1598-3.
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sábado, 10 de mayo de 2008
«Roman Jakobson dice que en los lenguajes particulares se encuentran las estructuras universales de todo lenguaje. Dice también que hay que sacar la conclusión de que los lenguajes son, a la vez, autónomos e interdependientes de una manera casi natural, que el estudio de una lengua puede hacerse históricamente. Que el estudio del lenguaje puede concebirse por la descripción de una estructura estática. Evidentemente, declara también, los conjuntos se mueven, pero no se mueven de un día para otro, no se mueven más que muy lentamente.
Así, pues, hay, a la vez, sincronía y diacronía. Hay que saber, declara también, que el lenguaje humano es biológico y cultural a la vez, mientras que el lenguaje de los animales es únicamente biológico. Así, el niño puede hablar el noruego, si vive en un medio noruego; el portugués, si vive en un medio portugués; mientras que el perro no habla noruego, no habla portugués, no habla, como todos los perros, más que el lenguaje perro.
Estoy asombrado por la enorme importancia científica que hoy se da a estas verdades, bastante simples, a fin de cuentas. Al cabo de cierto tiempo, nos enseña Jakobson (y esto es una cosa asombrosa, la única cosa asombrosa), nos enseña que hasta hace relativamente poco tiempo no existía la filosofía del lenguaje, que hasta hace alrededor de medio siglo los lingüistas no se preguntaron que es la lingüística. ¿Qué es lo que han podido hacer hasta ahora? Imaginen a los médicos preguntándose, por fin, qué es la medicina. Pues los lingüistas no se habían preguntado nunca qué es el lenguaje. Es como si no se hubiesen dado cuenta, hasta últimamente, de que los hombres hablaban. Incluso no sabían que el lenguaje es el pensamiento. Verdaderamente, sólo a los artistas y a los poetas se les debe preguntar cosas nuevas y verdades profundas».
Ahora sólo haría falta saber qué le parecía el teatro de Eugène Ionesco a Roman Jakobson.
Eugène Ionesco. Diarios – Diario en migajas – Presente pasado, pasado presente (Journal en miettes, 1967; Présent passé, passé présent, 1968). Madrid: Páginas de Espuma, 2007; 409 pp.; col. Voces/Ensayo; trad. de Marcelo Arroita-Jauregui; ISBN: 978-84-95642-94-3.
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domingo, 2 de marzo de 2008
Algunos comentarios de Samuel Johnson:
—Sobre la forma de afrontar la vida: «Desconozco si ver la vida como es nos será de gran consuelo, si bien el consuelo que de la verdad se deriva, si existe, es sólido y duradero, mientras que el consuelo que se extrae del error ha de ser, como su fuente, falaz y fugaz».
—Sobre la necesidad de respetar la verdad: «Si acostumbro a un criado a que mienta por mí, no tengo motivo para no suponer que mienta a menudo por sí mismo».
—Cuando le dice Boswell que sería terrible si, a causa del mal tiempo, no encontrase una manera de viajar de regreso a Londres, Johnson recomienda equilibrio: «No se acostumbre a emplear grandes palabras para las cosas pequeñas. No sería terrible aunque cuando me viera retenido aquí por un tiempo».
—Después de la expulsión de unos alumnos de la universidad de Oxford, Boswell comenta: «¿No es duro el expulsarlos? Tengo entendido que eran buenas personas». Y Johnson contesta: «Entiendo que pueden ser buenas personas, pero no eran personas adecuadas para estar cursando estudios en Oxford. Una vaca es un buen animal en un prado, pero nadie la aguanta en un jardín».
—Le preguntan si cree que es pernicioso reírse de un hombre delante de sus narices y responde: «Caramba, señor, eso depende de quién sea y del motivo por el cual uno se ría. Si es hombre superficial y se trata de algo ligero, se puede, ya que nada valioso se le arrebata con la risa».
—Sobre un hablador incontinente: «El infortunio de Goldsmith en la conversación es el siguiente: tira y tira del hilo sin saber por dónde va a salir. Tiene un gran genio pero su saber es pequeño. Como se suele decir de los generosos, lástima que no sea rico. De Goldsmith valdría decir: lástima que no sea sabio, pues no se guardaría su sabiduría para sí».
—Cuando un amigo comenta que el verdadero carácter de un hombre se desprende de cómo se entretenga Johnson añade: «Así es, señor: nadie es un hipócrita con sus placeres».
James Boswell. Vida de Samuel Johnson (Life of Johnson, 1791-1793). Barcelona: El Acantilado, 2007; 2000 pp.; trad. de Miguel Martínez-Lage; ISBN (10): 84-96489-84-1.
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sábado, 22 de diciembre de 2007
Cuando los investigadores novatos, y el público en general, escuchan a los expertos discrepar, «pueden volverse cínicos respecto al conocimiento experto y rechazarlo como mera opinión. No confunda el cinismo no informado con el escepticismo informado y reflexivo».
Wayne C. Booth, Gregory G. Colomb, Joseph M. Williams. Cómo convertirse en un hábil investigador (The Craft of Research, 1995). Barcelona: Gedisa, 2001; 318 pp.; col. Biblioteca de Educación – Herramientas universitarias; trad. de José A. Álvarez; ISBN: 84-7432-817-9.
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domingo, 25 de noviembre de 2007
«Cuando la ironía se niega a ocupar su lugar, cuando se convierte cada vez más en un fin en sí misma, es imposible evitar la paradoja. Y no se trata precisamente de esa paradoja feliz y fecunda que es la que originalmente busca el ironista: la percepción de ruedas en el interior de otras ruedas, el vertiginoso pero a la larga delicioso descubrimiento de profundidades por debajo de las profundidades. No. Se trata de una paradoja que puede debilitar y al final destruir todo efecto artístico, incluso la percepción de la misma paradoja. Como la ironía actúa esencialmente por “sustracción”, siempre prescinde de algo, y una vez que se ha convertido en un espíritu o concepto a quien se deja libre por el mundo, se convierte en una ironía total que debe prescindir de sí misma, dejando… nada».
Wayne C. Booth. Retórica de la ironía.
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sábado, 24 de noviembre de 2007
Así describe Umberto Eco las reglas conversacionales de Paul Grice:
«Máxima de la cantidad: haz que tu contribución sea tan informativa como lo requiera la situación de intercambio. Situación cómica: “¿Sabe usted la hora?” “Sí”.
Máxima de la calidad: a) no decir lo que se crea que es falso. Situación cómica: “Dios mío, te lo ruego, dame una prueba de tu existencia”; b) No decir nada de lo cual no se tengan pruebas adecuadas. Situación cómica: “El pensamiento de Maritain me resulta tan inaceptable como irritante. ¡Menos mal que no he leído ninguno de sus libros!”
Máxima de la relación: Sé pertinente. Situación cómica: “¿Sabes conducir una lancha?” “Por supuesto. Hice la mili en los Alpes”.
Máximas de la manera: Evita las expresiones oscuras y ambiguas, sé breve y evita prolijidades inútiles, sé ordenado». Eco no pone ningún ejemplo pues, a fin de cuentas, esto sucede y nos sucede continuamente, pero no me resisto a poner uno, un comentario que me hicieron el otro día: «Es que tiene una enfermedad muy patológica».
Umberto Eco. «Lo cómico y la regla», La estrategia de la ilusión (Semiologia cotidiana, 1973-1977-1983). Barcelona: Lumen, 1996, 2ª ed.; 288 pp.; col. Palabra en el tiempo; trad. de Edgardo Oviedo; ISBN: 84-264-1164-9.
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sábado, 23 de junio de 2007
«Sobre un camión de basura que circula por el pueblo, esta leyenda: VEHÍCULO DE TRANSFERENCIA DE RESIDUOS SÓLIDOS URBANOS. ¡Qué cosas! La necedad de esta leyenda resulta cómica; pero sólo por un instante porque es la misma gramática que llamaba “medida suprema de defensa social” a la pena de muerte. O “aldea” a un campo de concentración, y “violencia de género” al asesinato de mujeres. Gramática infecta todo ello, encubriendo realidades monstruosas, o simplemente la basura».
José Jiménez Lozano. Advenimientos.
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sábado, 5 de mayo de 2007
«¡Qué gran desolación puede producir el hecho de tener razón en una discusión con gentes que, como es demasiado habitual, son incapaces de separar su yo de lo que sostienen cuando discuten! ¿Cómo llegar entonces, por nuestra parte, a una demostración irrebatible y hasta in re? Puede el otro sentirse tan humillado, que, salvo si se trata de algo muy serio, parece que hay que preferir ceder y replegarse, porque en los triunfos dialécticos demasiado brillantes hay algo o mucho de un campo después de una batalla, o de un vencido atado a la rueda de nuestro carro de triunfo. Y seguramente todos tenemos la experiencia de cierto sabor amargo del haber tenido razón».
José Jiménez Lozano. Advenimientos.
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domingo, 24 de septiembre de 2006
«El dístico de Schiller sobre “la lengua culta que crea y piensa por ti” se suele interpretar de manera puramente estética y, por así decirlo, inofensiva. Un verso logrado en una “lengua culta” no demuestra el talento poético de quien ha dado con él; no resulta muy difícil darse aires de poeta y pensador en una lengua altamente cultivada.
Pero el lenguaje no sólo crea y piensa por mí, sino que guía a la vez mis emociones, dirige mi personalidad psíquica, tanto más cuanto mayores son la naturalidad y la inconsciencia con que me entrego a él. ¿Y si la lengua culta se ha formado a partir de elementos tóxicos o se ha convertido en portadora de sustancias tóxicas? Las palabras pueden actuar como dosis ínfimas de arsénico: uno las traga sin darse cuenta, parecen no surtir efecto alguno, y al cabo de un tiempo se produce el efecto tóxico».
Victor Klemperer. LTI – La lengua del Tercer Reich – Apuntes de un filólogo.
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domingo, 20 de agosto de 2006
Me parece valiente la embestida del que fuera presidente del Senado Italiano en la legislatura pasada, Marcello Pera, contra el lenguaje políticamente correcto cuando lo llama una «jaula de insinceridad e hipocresía», una «mezcolanza de timidez, prudencia, conveniencia, retraimiento y temor», una «forma de autocensura y autorrepresión», «una especie de “neolengua” que utiliza hoy Occidente para guiñar, aludir e insinuar, pero no para decir, afirmar o sostener». Y considero acertada su denuncia de que hay hoy mucha hipocresía: «de quien no quiere ver ni hablar para no verse comprometido; de quien ve pero no habla para no parecer descortés; de quien habla a medias y pide complicidad con el resto, para asumir demasiadas responsabilidades».
Marcello Pera – Joseph Ratzinger. Sin raíces (Senza radici, 1004). Barcelona: Península, 2006; pp.; trad. de Bernardo Moreno y Pablo Largo; ISBN: 84-8307-717-5.
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viernes, 11 de agosto de 2006
Quien más, quien menos, en la propia carne o en la de otros, ha comprobado que, con frecuencia, los medios de comunicación son un espejo deformante del mundo en el que vivimos: obligan a observar sólo algunas cosas, las presentan de una determinada manera, las enseñan a través de un marco concreto. Del mismo modo actúan muchas ficciones infantiles y juveniles de ahora, que abordan sólo algunas cuestiones y que lo hacen de modo frívolo e inconsistente. Por eso, incluso aunque estén bien escritas, están lejos de la buena literatura.
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domingo, 25 de junio de 2006
Algunos problemas de comunicación se deben a un mal uso del lenguaje, o así piensa un personaje singular llamado MacPhe, cuyas reflexiones me parece que pueden ser clarificadoras (y no sólo para el tipo de relación a la que se refiere concretamente): «La dificultad fundamental en la colaboración entre los sexos es que las mujeres hablan un idioma sin sustantivos. Si dos hombres están haciendo un trabajito uno le dirá al otro “Pon este bol dentro del bol más grande que encontrarás en el estante superior del armario verde”. En idioma femenino sería “Pon éste dentro del otro que está dentro”. Y si uno pregunta “¿dentro de dónde?” ellas dicen “ahí dentro, por supuesto”. En consecuencia hay una solución de continuidad fáctica».
C. S. Lewis. Esa horrible fortaleza.
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sábado, 11 de marzo de 2006
«La controversia auténtica, nítidamente expresada y delineada ante un auditorio común, se ha vuelto muy rara en nuestra época, porque el polemista sincero es, ante todo, un buen escucha. El entusiasmo realmente candente jamás interrumpe; oye las razones del adversario tan ansiosamente como un espía que prestara atención a los proyectos del enemigo».
G. K. Chesterton. «El nuevo hipócrita» en Lo que está mal en el mundo (What´s Wrong with the World, 1910). De la p. 677 a p. 871, en Obras completas, tomo I; Barcelona: Plaza & Janés, 1967; 1676 pp.; trad. de Mario Amadeo.
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