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Notas del archivo 'Aventuras fantásticas (series)' :: bienvenidosalafiesta ::    
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viernes, 26 de agosto de 2016

Aparte de las cualidades que ya mencioné de la trilogía de Howl, de Diana Wynne Jones, es importante decir que todos los relatos son en tercera persona pero la narradora tiene mucha chispa: todo se lee siempre sonriendo incluso aunque la artificiosidad sea patente por lo que, aunque pienses «pero qué hago yo leyendo esto» continúas haciéndolo con admiración y simpatía (igual que a veces me ha pasado con Neil Gaiman, pero mejor).

Hay momentos humorísticos a lo Terry Pratchett: «—¡Pero estoy aquí precisamente para poner orden! —le gritó [Sophie] a Howl. —Pues entonces búscale un nuevo significado a tu vida —replicó Howl». Hay también sitio para el humor intelectual: Howl «cogió la calavera del lavabo y la sujetó en una mano, exclamando en tono lastimero: —¡Ay, pobre Yorick! Ella escuchó el canto de las sirenas, así que algo huele a podrido en Dinamarca». No faltan situaciones de la vida cotidiana reflejadas con gracia: «participar en la conversación de la señora Fairfax era como entrar a saltar a la comba. Había que elegir el momento exacto, pero una vez que se entraba, era fácil».

Luego, aparte de los anteriores ejemplos, tomados del primer libro, tal vez lo más divertido sean los diálogos del segundo: el talento de Abdullah para el elogio es descomunal. Así, se dirige al sultán como «oh, el más exaltado de los defensores de los débiles»; o le pide cosas a su alfombra esperando que sus peticiones se ajusten a su «afable y aristocrática naturaleza»; o se disculpa con ella dicíéndole: «Oh, fabuloso tejido, carbúnculo y crisolita entre las alfombras (...), este miserable y tosco salvaje te pide perdón encarecidamente por haber derramado leche sobre tu inestimable superficie».

Y, en el tercer libro, una parte del interés está en el comportamiento errático de seres mágicos tan singulares como los kobolds, unos hombrecillos azules de diferentes formas y con grandes narices que se ocupan de diversas tareas domésticas; o el temor que inspiran los extraños lubbocks, unos «insectos de color violáceo y de cualquier tamaño, entre un saltamontes y mayor que un humano».

Pero, como también dije, las narraciones están muy enredadas, pues en ellas pasan muchas cosas y se multiplican los personajes que, además, al presentarse bajo distintas formas, hacen que las novelas puedan resultar confusas, en especial si alguien desea una lectura rápida o no puede leerlas de continuo.

De todos modos, tal vez el principal problema para la popularidad de las novelas —que, con todo, en el mundo inglés es mucha—, es la personalidad tan poco atrayente de Howl. Queda clara en esta descripción que hace Sophie de él en el segundo libro:

«Los dientes de Sophie rechinaron, pero dijo con orgullo:
—Él es el mejor mago de Ingary, y de todas partes. De haber contado con tiempo, él mismo habría vencido a ese demonio. Y es vago y egoísta y vanidoso como un pavo real, y cobarde, y no puedes hacer que se comprometa con nada.
—¿De veras? —preguntó Abdullah—. Es extraño que hables con tanto orgullo de tal dechado de vicios, oh, la más encantadora de las señoras.
—¿Qué quieres decir con vicios? —preguntó Sophie enfadada—. Sólo estaba describiendo a Howl. Debes saber que proviene de un mundo completamente diferente llamado Gales, y me niego a creer que esté muerto... ¡Ohhh!».

A pesar de todo, el sentido común de Sophie, que no brilla en su enamoramiento de Howl, a veces sale a la luz con energía: «¡No puedo soportar a la gente que va de suave con los animales y después engaña a cada humano con el que se cruza!».

Diana Wynne Jones. El castillo ambulante (Howl’s Moving Castle, 1986). Córdoba: Berenice, 2014, 4ª ed.; 347 pp.; col. Libros de Pan; trad. de David Cruz Acevedo; ISBN: 978-84-96756-39-7. [
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Diana Wynne Jones. El castillo en el aire (Castle in the Air, 1990). Córdoba: Berenice, 2009; 315 pp.; trad. de Ana Ramos; col. Libros de Pan; ISBN: 978-84-96756-66-3. [
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Diana Wynne Jones. La casa de los mil pasillos (House of Many Ways, 2008). Madrid: Nocturna, 2010; 324 pp.; trad. de Gema Moraleda; col. Literatura mágica; ISBN: 978-84-937396-9-0. [
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JonesCastilloAmb.jpg
jueves, 25 de agosto de 2016

Entre mi plan de lecturas atrasadas tenía la trilogía del mago Howl, una de las más populares de Diana Wynne Jones, compuesta por El castillo ambulante, El castillo en el aire y La casa de los mil pasillos. En su momento había leído rápido el primero y no le hice mucho caso porque me pareció demasiado enredado: entonces tomé nota de que era un libro posmoderno, con bromas continuas para quien estuviera ya muy familiarizado con la literatura de fantasía. Después de la lectura de los tres consecutivos mi juicio es, por un lado, igual: hay que ser un verdadero entusiasta de los relatos de fantasía en los que cualquier cosa puede suceder para disfrutarlos; pero, por otro, he apreciado más el gran talento de la autora: es necesario tener una soltura enorme para que unas narraciones así tengan tal fluidez y para componer una parodia tan rica. También es un gran elogio poder decir que son relatos que se leen sin encontrar lugares comunes o clichés gastados.

En los tres relatos figura el mago Howl, que da nombre a la serie: en el primero tiene un papel principal y en los otros dos libros, aunque sus intervenciones serán decisivas, tiene un papel secundario, igual que otros personajes del primer relato. Cada uno está más o menos centrado en un enamoramiento, del que a veces los personajes no son conscientes. Cada uno sigue a una heroína o héroe diferente: se cuenta todo lo que le ocurre a ella o él y cómo le afectan los sucesos que ocurren fuera de escena. Este rasgo constructivo, tan interesante y tan bien aplicado, hace que los relatos no sean fáciles de seguir para cualquiera, pues el lector ha de imaginarse muchas cosas y estar en sintonía con la escritora, y también facilita que resulten un tanto arbitrarias las soluciones que llegan desde fuera para resolver los problemas planteados.

La protagonista principal del primer libro es Sophie Hatter, la mayor de tres hermanas que viven en una ciudad del reino de Ingary. Sophie sabe que, por ser la mayor, nunca tendrá éxito, tal como sucede siempre en los cuentos. De modo inesperado acaba convertida en una anciana sirvienta en el castillo del mago Howl, una extraña vivienda que se mueve y no está nunca en el mismo sitio, aparte de que, si quieres salir, según como abras la puerta puedes acceder a distintos lugares. Aunque las cosas que pasan son muchas, un asunto clave es que Sophie hace un trato con un demonio al servicio de Howl llamado Calcifer: si Sophie descubre cómo romper el vínculo entre Calcifer y Howl, Calcifer devolverá a Sophie a su antigua condición de jovencita.

El protagonista de El castillo en el aire —un relato con aires orientales— es un joven llamado Abdullah, a quien le venden una alfombra voladora caprichosa. También encuentra luego una lámpara con un genio malhumorado que sólo puede conceder un deseo cada día, un verdadero problema. Abdullah emprende un extraño viaje para casarse con Flor de la noche, la hija de un sultán, y, para llegar sano y salvo a su destino, que será Ingary, tendrá que poner en juego toda su capacidad de adulación, que es mucha, y recibir ayudas inesperadas de Sophie y Howl.

La heroína de La casa de los mil pasillos es Charmain Baker, una chica que ha de pasar un tiempo en casa de su tío-abuelo mientras este hace un misterioso viaje. Como la casa es rara, su tío abuelo le deja instrucciones orales en cada lugar: lo único que ha de hacer Charmain es preguntar en voz alta para tener la respuesta. Además, en ella el tiempo y el espacio no funcionan de modo normal por lo que nada es sencillo. A todo esto, una solicitud que había hecho para trabajar en la biblioteca del rey es aceptada y, con ese motivo, Howl, Sophie y Calcifer reaparecerán para pedirle a Charmain un favor: Howl lanza un hechizo para que los libros y papeles que tienen relación con el oro desaparecido del Rey brillen con una luz que solo ella podrá ver, luego, deberá tomar nota para informarles.

Diana Wynne Jones. El castillo ambulante (Howl’s Moving Castle, 1986). Córdoba: Berenice, 2014, 4ª ed.; 347 pp.; col. Libros de Pan; trad. de David Cruz Acevedo; ISBN: 978-84-96756-39-7. [Vista del libro en amazon.es]
Diana Wynne Jones. El castillo en el aire (Castle in the Air, 1990). Córdoba: Berenice, 2009; 315 pp.; trad. de Ana Ramos; col. Libros de Pan; ISBN: 978-84-96756-66-3. [
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Diana Wynne Jones. La casa de los mil pasillos (House of Many Ways, 2008). Madrid: Nocturna, 2010; 324 pp.; trad. de Gema Moraleda; col. Literatura mágica; ISBN: 978-84-937396-9-0. [
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HaleFuegoH2.jpg
jueves, 5 de mayo de 2016

El cuarto libro de Spirit Animals, titulado Fuego y hielo, está escrito por Shannon Hale y centrado en Rollan: en su relación con el halcón Essix —menos fluida que la que tienen sus compañeros con sus espíritus animales—, y en que descubre, aún confusamente, que su pasado es más complicado de lo que sabía. En esta ocasión todos viajan a Ártica con la intención de conseguir el talismán de Suka, la Osa de Cristal, que está congelada bajo tierra. Algunos capítulos sueltos insinúan ya la gran amenaza que supondrá la gran serpiente Gerathon.

A la espera de ver cómo los autores resuelven los conflictos que asolan Erdas, resumo así mi juicio provisional: las narraciones están construidas y escritas de modo más que competente; todo se alarga demasiado y algunos lectores (como yo) pensarán que lo mismo se podría contar con menos Grandes Bestias, menos páginas y menos libros; por escrito son confusos muchos enfrentamientos pero, supongo, estas escenas deberán ser juzgadas por su tirón en otros medios narrativos; desde un punto vista constructivo todo sigue unas pautas bien probadas en las que caben pocas sorpresas.

Para comprender este tipo de libros vale la pena recordar un comentario de Chesterton en Herejes: «La buena literatura puede hablarnos de la mente de un hombre, pero la mala literatura puede hablarnos de la mente de muchos hombres. Una buena novela nos dice la verdad acerca de su héroe, pero una mala novela nos dice la verdad acerca de su autor. Hace mucho más aún: nos dice la verdad acerca de sus lectores; y, cosa muy curiosa, nos dice todo esto mejor y más claramente cuanto más cínico e inmoral es el motivo de su fabricación. (...) La novela sincera presenta la simplicidad de una persona particular; la novela insincera presenta la simplicidad de la humanidad».

Shannon Hale. Fuego y hielo (Fire and Ice, 2014). Madrid: SM, 2015; 213 pp.; col. Spirit Animals 4; trad. de Xohana Bastida; ISBN: 978-84-675-8249-9. [Vista del libro en amazon.es]

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NixLazosSangre2.jpg
miércoles, 4 de mayo de 2016

La tercera entrega de Spirit Animals es Lazos de sangre, novela escrita por Garth Nix y Sean Williams. El argumento sigue dos hilos. En uno, los protagonistas van en busca del elefante Dinesh y, para llegar hasta él, deben lidiar con los Tergesh, unos feroces guerreros que montan en rinocerontes. En otro, el relato sigue a Meilin en su regreso a Zhong. En los dos casos aparecerán en su camino Capas verdes que les ayudarán. Entretanto se ve que los Conquistadores van ganando terreno y que, por otro lado, los héroes van superando sus recelos mutuos y se afianzan los lazos entre ellos, entre Meilin y Rollan en especial.

Está bien pensada la combinación de cualidades de los héroes para cubrir todos los intereses posibles de los lectores: la chica guapa guerrera, Meilin —a la que interesa su aspecto y su vestuario pero cuyo «pasatiempo favorito» son las peleas—; la chica cazadora despreocupada de sus apariencias, Abeke; el chico pastor sencillo y sensato, Cónor; el chico independiente y rebelde, Rollan —que «no era especialmente conocido por su tacto»—. Luego, las historias se construyen de forma que cada uno añade siempre algo: sea por la forma de afrontar los problemas, sea por sus distintas habilidades físicas, propias o de su espíritu animal (algo que, supongo, importa mucho para el videojuego).

Este y los otros libros de la serie ejemplifican bien por qué la expresión «Literatura infantil y juvenil» es inapropiada tantas veces: estamos ante libros preparados de modo comercial —lo cual no es un desdoro, máxime cuando están bien hechos, como es el caso—; y ante autores que se han propuesto hacer artesanalmente bien el trabajo que les han encomendado. Esto implica el abandono de cualquier pretensión artístico-literaria, o, si se quiere, cualquier pretensión que vaya más allá de contar bien su parte correspondiente de la historia; e incluso se podría decir que son precisamente ese tipo de pretensiones las que hacen ridículas no pocas obras de ese tipo.

Garth Nix y Sean Williams. Lazos de sangre (Blood Ties, 2014). Madrid: SM, 2015; 213 pp.; col. Spirit Animals 3; trad. de Xohana Bastida; ISBN: 978-84-675-8248-2. [Vista del libro en amazon.es]

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jueves, 28 de abril de 2016

El segundo libro de la serie Spirit Animals, La caza, escrito por Maggie Stiefvater, comienza en el castillo de Puertoverde, donde los cuatro héroes están entrenándose para los desafíos futuros. Especialmente les insisten en que deben aprender a luchar juntos. En busca de una de las Grandes Bestias, el Jabalí Rumfuss, viajan a Trunswick, de donde procede Conor, que ha de luchar contra su gran rival de la infancia, y que, al final, ha de optar entre salvar a su familia o actuar de un modo que sabe que sus amigos entenderán como una traición (llegado el momento su madre le dirá el inevitable «sigue tu corazón, hijo»). Además, Meilin está cada vez más nerviosa por el peligro que corren Zhong y su padre, y se plantea dejar a sus compañeros.

En esta novela, y en las otras dos que continúan la serie, no se nota el cambio de autor: la forma de narrar es igualmente directa, sin florituras ni falsos acentos poéticos. También en ella el relato avanza rápido, con abundantes enfrentamientos pensados para ser vistos, filmados, y parte del videojuego (lo cual quiere decir que, si ya es difícil describir bien cualquier pelea embarullada, mucho más cuando en ellas aparecen toda clase de animales con poderes asombrosos). Otro rasgo constructivo es el de que, dentro de cada novela, tiene mucho peso algún o algunos personajes más, normalmente algún Capa verde que los héroes encuentran en su camino.

También se va viendo cómo cada uno de los protagonistas —que se comportan física y mentalmente muy por encima de su edad de doce años— ha de hacer frente a distintos conflictos de lealtades: por un lado, han de aprender a confiar unos en otros a pesar de los que parecen errores del pasado; por otro, han de comprender su lucha en un marco más global y no dejarse arrastrar por sus inclinaciones inmediatas. En este segundo relato, cuyo héroe principal es Conor —las portadas anuncian siempre quién está en el centro de cada libro—, averiguan que hay otra forma de convocar un espíritu animal, que es la que usan sus rivales, los Conquistadores, y que causa consecuencias trágicas. También, algunos comienzan a pensar que las cosas no son exactamente lo que parecen.

Maggie Stiefvater. La caza (Hunted, 2014). Madrid: SM, 2014; 190 pp.; col. Spirit Animals 2; trad. de Paco Vara; ISBN: 978-84-675-7419-7. [Vista del libro en amazon.es]

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MullIndomables2.jpg
miércoles, 27 de abril de 2016

Los libros de la serie titulada Spirit Animals, pensados para ser multiplataforma, nacieron cuando la editorial Scholastic pidió a Brandon Mull (el autor de Fablehaven) que diseñara el mundo en el que se desarrollarían las aventuras, la línea argumental básica, y el primer libro. En notas sucesivas hablaré de los cuatro que se han publicado en castellano hasta el momento.

Erdas es un mundo con cuatro continentes principales —Nilo (como África), Eura (como Europa), Amaya (como América), Zhong (como Asia)—, y dos pequeños —Ártica y Stetriol—. Antes de cumplir los doce años, los chicos de Erdas pasan por un ritual en el que descubren si tienen o no un espíritu animal, algo que (al modo de unas conocidas novelas de Philip Pullman) les concede las cualidades propias de ese animal, y que puedan invocarlo para que aparezca físicamente o poseerlo en forma de tatuaje. Para eso han de tomar el Néctar, suministrado por los Capas Verdes, una especie de sacerdotes-guerreros.

Los héroes son cuatro chicos que convocan a unos animales especiales, llamados los Cuatro Caídos, que les concederán unos poderes extraordinarios, necesarios para que Erdas pueda enfrentarse al regreso del Devorador. Son: Abeke, una chica de Nilo que convoca a un leopardo llamado Uraza; Conor, un pastor de Eura cuyo animal es el lobo Briggan; Meilin, la hija del general al mando de Zhong, cuyo animal es el oso panda Jhi; y Rollan, un ladronzuelo de la ciudad de Concorba, en Amaya, cuyo animal es el halcón Essix.

Un gran guerrero de los Capas Verdes, llamado Tarik, los liderará en las misiones a las que deberán enfrentarse a lo largo de los libros. En cada uno irán en busca de una de las Grandes Bestias —que son quince animales, los Cuatro Caídos y once más, que han protegido Erdas desde siempre—, para pedirles el talismán que posee cada uno: si recuperan esos talismanes acumularán el poder que necesitan para enfrentarse a quienes les amenazan.

En Indomables se plantean las cosas, se apuntan los rasgos de personalidad y los conflictos interiores de los héroes, se ve cómo comienzan su entrenamiento, se dan algunas explicaciones del pasado de Erdas que más o menos aclaran lo que sucede, se ve cómo la vinculación de los humanos con sus espíritus animales no es siempre igual ni sencilla, y aparecen los bandos combatientes. Este primer libro está centrado, sobre todo, en Abeke y, en él, los héroes quieren encontrar al carnero Arax.

Brandon Mull. Indomables (Wild Born). Madrid: SM, 2014: 207 pp.; col. Spirit Animals 1; trad. de Paco Vara; ISBN: 978-84-675-7418-0. [Vista del libro en amazon.es]

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viernes, 13 de noviembre de 2015

Ya que hablé, semanas atrás, de Medio Rey, comento ahora su continuación, Medio Mundo, de Joe Abercrombie. Es una novela que ha sido escrita con rapidez, y digo esto no sólo porque su autor ha publicado la trilogía de la que forma parte en menos de un año —aunque la tercera no se ha traducido al castellano todavía—, sino porque también hay elementos que parecen indicar una composición apresurada.

Sus protagonistas principales son, esta vez, Espina, una chica de 16 años «con el don de la Madre Guerra», muy arisca, de habilidad y resistencia inimaginables, y Brand, otro joven y fuerte guerrero que, a diferencia de su compañera, es bondadoso y se plantea una y otra vez si obra bien o no. Ambos acompañan al padre Jarvi, el héroe de Medio Rey, ahora convertido en el joven pero importante clérigo de Gettlandia, en una larga expedición por los distintos países que rodean el Mar Quebrado con la intención de ganar aliados para su causa: hacer un frente común contra las ambiciones del poderoso Alto Rey y su clériga, la abuela Wexen.

Según se puede apreciar en algunos pasos de la historia, cuando los personajes hablan de magia élfica están refiriéndose a utensilios que conocemos actualmente y, en particular, a mortíferas armas de fuego: la trilogía pertenece al subgénero de La Tierra Moribunda, compuesto por novelas que se desarrollan en la Tierra mucho tiempo después de que todo haya cambiado drásticamente.

El argumento es esquemático y se basa en una simple sucesión de choques dialécticos y de combates entre los héroes y los rivales que se les van poniendo delante, unos de tipo personal entre Espina y distintos oponentes, otros de tipo colectivo entre la expedición de Gettlandia y pueblos o ejércitos variados. Únicamente la resolución del último conflicto, entre los ejércitos de Gettlandia y Vansterlandia, ha seguido algunos caminos un tanto novedosos, al menos para mí.

La narración es eficaz pero, por momentos, un tanto pedestre, aparte de que son muchos los párrafos un tanto inflados y, con frecuencia, repetitivos. Un ejemplo entre muchos lo tenemos cuando, de la hermana de Brand, llamada Rin, se nos dice: «Rin tenía quince años y Brand era su única familia, y tenía miedo, y eso le daba miedo a él también. Miedo a luchar. Miedo a irse de casa. Miedo a dejarla sola».

Abundan las peleas imposibles de contar por escrito y claramente pensadas para ser filmadas. Los personajes responden a estereotipos habituales en el subgénero, en especial Espina, que podría ser una invulnerable campeona de lucha libre y de artes marciales al mismo tiempo. Luego, tanto la forma en que se acaban produciendo el enamoramiento y los encuentros sexuales entre los héroes acaban siendo imposibles de creer.

Como se veía en Medio Rey, el mundo que se retrata es brutal pero esta vez hay todavía más descripciones de combates muy violentos, más momentos de gran crueldad y gigantescas palizas de las que los héroes, sin embargo, logran reponerse pronto para devolverlas con creces (este tipo de historias son hábiles en azuzar sentimientos de satisfacción cuando los malvados sufren y los héroes se cobran bien su venganza).

En algunos diálogos se hacen buenas observaciones a favor de intentar obrar de modo recto pero, en el balance final, queda sobradamente justificado el cinismo de muchos personajes —«Que el Padre Paz derrame lágrimas por los métodos; la Madre Guerra sonríe a los resultados»—, en particular el del padre Jarvi: «a veces los grandes bienes deben tejerse a partir de los pequeños males. Un clérigo no puede permitirse el lujo de hacer el bien, sin más. Un clérigo debe sopesar el bien mayor. Debe aspirar al mal menor».

En principio ya no leeré la tercera novela: para mí esta es ya más tonta de lo admisible, aparte de no estar tan bien escrita como sería de esperar y de ser demasiado violenta.

Joe Abercrombie. Medio Mundo (Half the World, 2015). Fantascy, 2015; 448 pp.; col. El Mar Quebrado, trad. de Manu Viciano; ISBN: 978-8415831631. [Vista del libro en amazon.es]

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jueves, 27 de agosto de 2015

Medio Rey, de Joe Abercrombie, es el primer libro de una trilogía de aventuras fantásticas. Un mapa inicial nos enseña los países que tienen costa con el Mar Quebrado —como Gettlandia, Vansterlandia, Trovenlandia y otros—, y las ciudades y lugares más importantes. El ambiente, más que el de una historia paramedieval, es el de un relato de antiguos guerreros nórdicos. El joven Yarvi, hijo pequeño del rey de Gettlandia, estudia para ser clérigo pues tiene una mano deforme. Pero cuando su padre y hermano mayor son asesinados, Yarvi es nombrado heredero. Entonces, su tío, que siempre había sido amable con él, da orden de que lo maten. Logra escapar a duras penas pero sus captores, que ignoran quién es, lo venden como esclavo y termina siendo remero en un barco mercante. Así que, antes de poder cumplir su juramento, de vengarse de su tío y recuperar su trono, habrán de pasar muchas cosas. El lema por el que Jarvi se guía, que se recuerda varias veces, es el propio de los clérigos: sopesar el bien mayor, aspirar al mal menor y allanar el camino del Padre Paz.

Como en de Secuestrado, de Stevenson, (la mejor novela de aventuras jamás escrita según muchos), el narrador sigue las andanzas y los pensamientos del héroe, y el autor estructura su trama del mismo modo: chico que queda huérfano; tío que se queda con su herencia; embarcado por la fuerza hace amigos y, juntos, se amotinan —en Secuestrado es uno, aquí son varios—; luego huyen para regresar al lugar de origen; en el camino son perseguidos pero también encuentran quienes les ayudan; enfrentamiento final con el tío. Es una novela bien escrita y narrada: el autor va al grano y casi nunca emplea descripciones enfáticas típicas del subgénero; las singularidades del mundo que describe surgen con naturalidad; no falta el sentido del humor y abundan las réplicas o las observaciones sabias, muchas muy apropiadas. Por ejemplo: un personaje le dice a otro «Alguna vez ha habido algo de lo que no te quejaras?», y su interlocutor le contesta con un «Si no encuentras algo de lo que quejarte, es que no te esfuerzas en buscar».

En las descripciones de batallas y enfrentamientos no se ahorran escenas de violencia y, aunque se arrepienta luego, el joven héroe también las comete. Cuando, después de un combate, en el que primero uno de sus amigos muere por él, y luego él mismo apuñala por la espalda a una capitana pirata que quería matarle, otro de sus compañeros le tranquiliza: «los buenos lo sacrifican todo para vencer, y apuñalan a quien haga falta y del modo que puedan. El gran guerrero es aquel que sigue respirando cuando los cuervos se dan el atracón. El gran rey es aquel que contempla cómo arden los cadáveres de sus enemigos. Que el Padre paz derrame lágrimas por los métodos; la Madre Guerra sonríe a los resultados». Es decir: estamos ante un héroe pagano sin paliativos que todo lo supedita a sus objetivos y si tiene que matar o envenenar a alguien lo hace, con más o menos remordimientos, pero sin dudarlo. Con todo, y a diferencia de novelas previas del autor —yo he leído solo una y tuve suficiente—, esta contiene mucha menos violencia y, sobre todo, sus héroes no tienen el mismo feroz cinismo de otros anteriores.

Un último apunte. Siempre me sorprende un poco que, en obras como esta, los personajes recen de formas extrañas. Es como si sus autores se dejasen llevar por una idea caricaturizada de lo que entienden que debe ser rezar, con lo que todo es confuso e impropio de unos héroes que se nos presentan como listos. Al menos a mí me decepciona que Yarvi, antes de la batalla decisiva, invoque a la Madre Guerra diciéndole lo siguiente: «Te he rezado pocas veces, lo sé (…). Siempre he sido más partidario del Padre Paz. Pero concédeme la victoria en este día. Devuélveme la Silla Negra. Me has puesto a prueba y estoy preparado. Ya no soy el necio que era, ni el cobarde, ni el crío. Soy el rey legítimo de Gettlandia. (…) Si eliges no hacerme rey, si eliges enviarme hoy por la Última Puerta, al menos permite que cumpla mi juramento. (…) Concédeme la vida de Odem. Concédeme la venganza. Con eso me daré por satisfecho». Y añade el narrador: «No fue una plegaria constructiva como las que se enseñaban a los clérigos. No fue una oración de entrega ni de creación, pero la entrega y la creación no significaban nada para la Madre Guerra. Ella tomaba, destruía, enviudaba. Sólo le importaba la sangre».

Joe Abercrombie. Medio Rey (Half a King, 2014). Barcelona: Fantascy, 2015; 378 pp.; trad. de Manuel Viciano; ISBN: 978-84-15831-60-0. [Vista del libro en amazon.es]

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DeMariUltimoElfo.JPG
jueves, 18 de junio de 2015

Dos libros largos de fantasía de hace algún tiempo: El último elfo y El último orco, de Silvana De Mari. Magnífico el primero, sobre todo en su primera parte; descompensado, por distintos motivos, pero ameno y con ideas buenísimas el segundo. Ahora mismo sólo en bibliotecas, me parece.

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OppelSilverW.JPG
jueves, 26 de junio de 2014

Silverwing, de Kenneth Oppel, fue el primer libro de una original trilogía que comenzó el año 2000 y que se ambientaba en una colonia de murciélagos. Perdió fuerza en el segundo y, más aún, en el tercer libro, pero, en cualquier caso, es de las que merece ser recordada.

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GrantLllamada.JPG
miércoles, 3 de octubre de 2012

Michael Grant es un autor con gran dominio de los resortes que hay que pulsar para crear relatos de fantasía y ciencia-ficción. Se puede comprobar en La llamada, primera novela de una serie titulada Los magníficos 12, un relato cómico con multitud de referencias a otros relatos que puede agradar a quienes sean adictos a este subgénero. El héroe es un chico de doce años llamado Mack MacAvoy. Estudia en el colegio Richard Gere de Arizona e intenta pasar inadvertido, pero tiene multitud de fobias y miedos, aunque no está entre ellas la de asustarse ante los abusones, una gran ventaja. Un día, en su casa, se le aparece un tipo rarísimo que le dice que ha de viajar para encontrar a otros once personajes que, con él, son los únicos que pueden salvar el mundo de la gran amenaza de la Reina Pálida. Luego, ese día tiene también un incidente con los matones del colegio. Ahí comienza la historia de Mack. Y, a todo esto, en capítulos alternos hay otro relato que se supone que se desarrolla mucho tiempo atrás.

La narración tiene un ritmo trepidante y momentos divertidos, aunque sea todo absurdo de principio a fin, casi una parodia de una parodia. El autor es consciente de lo que hace y, por ejemplo, cuando a Mack le dan la instrucción de que vaya a algún lugar que no se sabe cuál es y que busque a alguien que no se sabe quién es y, lógicamente, pregunta: «¿Te das cuenta de que lo que me estás diciendo no tiene ningún sentido?», su interlocultora le responde: «Sí, lo sé. Pero, para serte sincera, nada de esto tiene ni pies ni cabeza». También son muchas las alusiones tecnológicas con las que un lector joven conecta con facilidad. Así, cuando Mack intenta buscar y no encuentra en Google ciertas palabras raras que oye, se dice: «Era deprimente. Si Google no tenía la respuesta, ¿cómo iba a descubrirlo Mack?». O bien, cuando a Mack cuando se le aparece un golem que le dice que le sustituirá en su casa mientras él viaja por el mundo, se pregunta: «¿Esto es real o se ha estropeado el sistema operativo del Universo? ¿Es esto el equivalente en la vida real a un fallo del antivirus? ¿Me he perdido alguna actualización de software importante? Si es eso, ¿hay alguna manera de que pueda reiniciarme?». Bien, mi sistema operativo aún no está tan mal como para leer más libros de la serie.

Michael Grant. Los magníficos 12. La llamada (The Magnificent 12: The Call, 2010). Madrid: Hidra, 2011; 262 pp.; trad. de Marta Morros Serret; ISBN: 978-84-92939-63-6.

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PratchettMauricio.jpg
jueves, 10 de marzo de 2011

A un amigo mío le gusta repetir la broma de que las preguntas básicas en la vida son tres: quiénes somos, de dónde venimos, y dónde vamos… a comer. Este humor es el típico de Terry Pratchett —y no me extrañaría nada que la frase viniera de alguno de sus libros aunque mi amigo no haya leído a Pratchett nunca—, como se puede comprobar una vez más en El asombroso Mauricio y sus roedores sabios. Este libro, el más asequible (para todos los públicos) de la serie del Mundodisco, recibió hace años el premio Carnegie al mejor libro infantil inglés: una forma de reconocer (y aprovechar) la popularidad y el talento de Pratchett puesto que se apoya en muchos relatos infantiles clásicos para construir ese relato, no porque el libro sea más infantil que otros suyos.

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jueves, 9 de septiembre de 2010

He leído los tres primeros libros de la serie de Ulysses Moore, de Pierdomenico Baccalario, y he echado un vistazo a los dos siguientes. Están publicados originalmente por la misma editorial italiana a la que pertenecen los libros de Stilton, y parecen confeccionados también con el propósito de armar una serie comercial juvenil.

Todos ellos comienzan con una carta del autor a la editorial: supuestamente, les envía, traducidos, unos manuscritos de un misterioso personaje, Ulysses Moore, antiguo propietario de una casa llamada Villa Argo, situada en la bahía de Kilmore Cove, costa de Cornualles.

El primer libro, La puerta del tiempo, contiene la presentación de los personajes y es, en realidad, sólo la primera parte de una historia pues se interrumpe en el momento clave (una trampa para el lector-comprador que, a mi juicio, es poco limpia, pues no se avisa). Los señores Covenant, padres de los gemelos Julia y Jason, han comprado Villa Argo. Los dejan allí un fin de semana, junto con el jardinero y cuidador, Néstor, que había trabajado para Ulysses Moore y su mujer. Cuando los dos hermanos se quedan solos el primer fin de semana, junto con Néstor, invitan a un amigo del pueblo, Rick Banner, un chico que ha oído muchas cosas de Villa Argo y tiene ganas de verla por dentro. Exploran la casa y los alrededores, averiguan cosas, tropiezan con una misteriosa mujer, Oblivia Newton, y su chófer Manfred.

El segundo libro, La tienda de los mapas olvidados, comienza con los chicos en el antiguo Egipto, adonde también llega Oblivia Newton. El tercero, La casa de los espejos, se desarrolla todo él en Kilmore Cove: los chicos se pasan la novela de descubrimiento en descubrimiento por distintas casas del pueblo y por sus alrededores.

La presentación de los libros tiene un aire a Una serie de catastróficas desdichas: por el marco general de un autor enigmático que escribe a la editorial; por el tipo de ilustraciones, las que van al comienzo de cada capítulo y las que aparecen al final de cada libro con el aspecto de los distintos personajes. Se pueden comparar un poco, también, con los libros de Enid Blyton donde una pandilla de hermanos y amigos, con habilidades repartidas, pueden actuar en ausencia de los padres.

Abundan los misterios. Hay uno que recorre todo el libro: quién es Ulysses Moore para los niños y para el escritor. Hay otros que van presentándose: quién es en realidad Néstor, quiénes son esos enemigos a la vez tan listos y tan torpes... Y luego están los propios de los relatos góticos donde hay casas con puertas secretas y trampillas ocultas, donde a cada poco estás en un pasadizo incierto y tienes por delante un acertijo en el que te juegas la vida... La serie también pulsa la tecla de que hay un mundo escondido bajo el mundo que conocemos y que, aquí, hay puertas hacia otras épocas.

Son libros fáciles de leer. Físicamente, por su buen diseño, su letra holgada, su buena integración con las ilustraciones. También por su estructura en capítulos cortos que terminan proponiendo un nuevo misterio, o introduciendo un nuevo paso que hay que dar, o cambiando radicalmente de escenario para reavivar la emoción. Luego, porque no tienen ningún alarde descriptivo, aunque la prosa es periodística y lineal y no faltan las expresiones tópicas. Los lectores más expertos echarán de menos una intriga más inteligente, pues aquí todo va desplegándose al hilo de la inventiva del autor, que se saca de la manga nuevos incidentes o nuevas soluciones según las necesitan unos protagonistas que no paran de correr de un lado a otro. En cualquier caso, se leen bien y, por lo que veo, atraen a no pocos lectores.

Pierdomenico Baccalario. La puerta del tiempo (La porta del tempo, 2004). Barcelona: Montena, 2006; 215 pp.; col. Serie infinita; ilust. de Iacopo Bruno; trad. de Santiago Jordán Sempere; ISBN-10: 84-8441-292-X.
Pierdomenico Baccalario. La tienda de los mapas olvidados (La bottega delle mappe dimenticate, 2005). Barcelona: Montena, 2006; 253 pp.; col. Serie infinita; ilust. de Jacopo Bruno; trad. de María Lozano; ISBN-10: 84-8441-324-1.
Pierdomenico Baccalario. La casa delos espejos (La Casa degli Specchi, 2005). Barcelona: Random House Mondadori, 2008, 4ª ed.; 232 pp.; col. Serie Infinita; trad. de María Lozano; ISBN: 978-84-8441-354-7.

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miércoles, 1 de septiembre de 2010

Hace pocos meses se publicó Johnny y la bomba, de Terry Pratchett, el tercer libro de la trilogía de Johnny Maxwell: el primero fue Sólo tú puedes salvar a la humanidad y el segundo, no traducido al castellano, que yo sepa, fue Johnny and the Dead.

El protagonista es un chico tímido —«era un perdedor. (...) Titubeaba. Decía mmm a todas horas»—, pero a cuyo alrededor pasan cosas, y en sus aventuras le acompañan unos compañeros con apariencias de delincuentes o de colgados, y que también tienen sus problemas. A través de un juego de ordenador, en el primer libro entra en contacto con unos alienígenas. En el segundo libro descubre que puede comunicarse con los espíritus del cementerio de la ciudad, a punto de ser demolido. En el tercero, por medio de un carrito de cachivaches de una vagabunda, viaja en el tiempo hacia un día del año 1941 en el que los alemanes están a punto de bombardear su ciudad.

Las historias no están bien armadas del todo a pesar de que Pratchett hila los hechos y elude las dificultades propias de un relato que se desarrolla en mundos alternativos, con la soltura que se le supone. Lo importante, para sus seguidores, son las muchas descripciones breves ingeniosas y los diálogos chispeantes. Por ejemplo: en la primera novela se dice que Bigmac, uno de los amigos de Johnny, «siempre llevaba botas militares y pantalones de camuflaje. Con esa vestimenta, se le veía a dos kilómetros de distancia»; y en la tercera se dice que Bigmac «no era un delincuente, simplemente solía estar cerca cuando se cometía un delito».

Una muestra de la inteligente ironía de Pratchett, tomada de la primera novela, está cuando La Capitana, la jefa de los extraterrestres, oye a Johnny mencionar la palabra «sexista» y le pregunta qué significa. Y Johnny responde:

«—Sólo significa que es preciso tratar a las personas como personas, como seres humanos. Se trata de no dar por sentado que existen determinadas cosas que las chicas no saben o no pueden hacer. En la escuela tuvimos una charla sobre todo eso. En realidad, hay montones de cosas que la mayor parte de las chicas no saben hacer, pero lo correcto es fingir que sí pueden, para que muchas más lo consigan. De eso se trata.
—Entonces, presumiblemente habrá cosas que los chicos no sepan hacer, ¿no?
—Oh, desde luego, pero siempre serán cosas de chicas —dijo Johnny».

Terry Pratchett. Sólo tú puedes salvar a la humanidad (Only You Can Save the Mankind, 1992). Madrid: Alfaguara, 1998; 184 pp.; col. Infantil-Juvenil; trad. de Miguel Martínez-Lage; ISBN: 84-204-4840-0.
Terry Pratchett. Johnny and the Dead (1993). Corgi Childrens, 2004; 199 pp.; ISBN-13: 978-0552551069.
Terry Pratchett. Johnny y la bomba (Johnny and the Bomb, 1996). Barcelona: Timunmas, 2010; 235 pp.; trad. de Albert Vitó i Godina; ISBN: 978-84-480-3826-7.

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jueves, 19 de noviembre de 2009

Como, dentro de dos o tres meses según he leído, se estrenará una película sobre la serie de Rick Riordan titulada Percy Jackson y los dioses del Olimpo, he leído la primera novela, El ladrón del rayo, y me he conformado con echar un vistazo muy rápido a las dos siguientes. Quien esté más interesado, puede consultar la gran información que viene al respecto en Wikipedia: un recurso últimamente habitual para la promoción de libros y películas.

La idea básica de la serie es que los dioses griegos siguen jugando un papel en nuestro mundo, visitando la tierra y teniendo hijos e hijas con los seres humanos. Como Norteamérica es hoy el centro de la civilización occidental, algo así como lo que fue la Antigua Grecia (algo que afirma la novela y que no me voy a poner a discutir ahora), el Monte Olimpo está situado encima del Empire State mientras el Hades está debajo de Los Ángeles (con esto seguro que algunos estarán más de acuerdo). La primera novela comienza cuando Percy, un chico disléxico y con graves problemas de comportamiento en los muchos colegios por los que ha pasado, descubre que todo tiene una explicación más sencilla: su desconocido padre fue, en realidad, Poseidón (lo que obviamente le dará una especial habilidad para entenderse con seres marinos). Es llevado primero a un campamento especial para chicos como él y, dadas sus cualidades, es enviado luego a descubrir quién ha robado el rayo de Zeus, que está enfadado por la cuestión y a punto de desencadenar una guerra entre los dioses. En su empresa le ayudarán Grover, un joven sátiro, y Annabeth, hija de Atenea (y, por tanto, peleona y muy capaz).

Es una gran idea la de que los protagonistas semi-dioses sean chicos discapacitados y es una buena explicación la que da la novela de que tal cosa sucede porque su lenguaje natural es el antiguo griego. La novela es divertida (si a uno le divierten estas cosas y no se toma muy en serio a los dioses griegos), usa mucho lenguaje de argot y muchas admiraciones y expresiones equivalentes a los rayos y estrellitas de los cómic —«¡Zaca!», «¡Tracazás!», etc.—. Está inteligentemente construida, por medio de continuos diálogos donde cada dios o diosa habla como se le supone, más o menos, y donde se van colocando todo tipo de explicaciones. La habilidad del autor está, también, en que todo se presta extraordinariamente bien a una película de acción al uso, con persecuciones, rayos varios, explosiones, toda clase de escenarios y de posibilidades.

Es dudoso que una novela como esta sea un buen instrumento para familiarizar a los lectores con el mundo clásico, aunque hay profesores que consiguen maravillas y nunca se sabe. Para dar idea de lo anterior, dos ejemplos. Uno, la escena de la entrada de los protagonistas en el Hades, donde tienen una charla con Caronte, un negro alto y elegante con el pelo teñido de rubio, que, cuando se despiden, le dice a Percy: «Te desearía suerte, chaval. Pero es que ahí abajo no hay ninguna. Pero, oye, no te olvides de comentar lo de mi aumento (de sueldo)». Otro, que da idea de los acentos del protagonista y narrador, es cuando tiene que saltar al vacío, al final de un capítulo y, al comienzo del siguiente, dice: «Me gustaría contarte que tuve una profunda revelación durante mi caída, que acepté mi propia mortalidad, que me reí en la cara de la muerte, etcétera. Pero mi único pensamiento era: ¡Aaaaaaahhhhhhhh!».

Rick Riordan. El ladrón del rayo (The Lightning Thief, 2005). Barcelona: Salamandra, 2006; 285 pp.; col. Percy Jackson y los dioses del Olimpo; trad. de Libertad Aguilera Ballester; ISBN: 84-9838-039-1.

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miércoles, 11 de febrero de 2009

Hace unos meses comenté Tobi Lolness, La huida de Tobi, de Timothée de Fombelle. La segunda parte, Los ojos de Elisha, comienza cuando, después de pasar dos años con el pueblo de la hierba, Tobi vuelve al árbol: sus padres siguen prisioneros a la espera de que su padre revele por fin su descubrimiento a Jo Mich; y Elisha está en manos de Leo Blue, el amigo de la infancia de Tobi, a la espera de que acceda a casarse con él. Tobi se une a los leñadores que dirige Nils Amen y busca la forma de liberar a sus padres, de encontrar a Elisha, y de salvar el árbol.

No insistiré ni en el atractivo y las cualidades de la historia, ni en los defectos a los que me referí al comentar la primera parte, pues lo mismo se puede decir esta vez. Sí apunto tres rasgos del humor y la poesía de la narración que contribuyen al tirón del relato.

Uno, cuando se nos cuenta que la madre de Tobi, Maya, tejía calcetines para los guardias, se nos habla de una satisfactoria minirepresalia que los héroes cautivos toman contra sus carceleros: «En apariencia, esos calcetines parecían abrigar mucho, pero Maya había inventado para ellos el punto llamado “corriente de aire”, que dajaba pasar el frío y la humedad y retenía la transpiración. Gracias a ella, los pies de los guardias siempre estaban helados y olían a queso».

Otro, la complejidad y variedad de la historia hacen olvidar al lector que los personajes y los escenarios son muy, muy pequeños (bueno, también el narrador a veces parece olvidarse), pero hay oportunas alusiones a la cuestión que lo recuerdan y que tienen una gracia particular: así, cuando después de algún tiempo se recorta contra la puerta de los prisioneros el corpulento Jo Mitch, se comenta que «vestía la misma ropa de siempre, cuando había engordado un gramo».

Y otro más es que hay pequeñas y sencillas descripciones que, a la vez que llegan al corazón, tienen un toque bromista. Un ejemplo es cuando se habla de que una fiesta es un misterio que no depende de la voluntad y, a continuación, el narrador enumera «los mil y un ingredientes que vuelven una comida maravillosa: unos padres, unos abuelos, una niña, un amigo al que se creía perdido, buen pan, personas ausentes en quienes se piensa, una reconciliación, fuego en la chimenea, alguien que creía que iba a pasar la Navidad solo, nieve en la ventana, la fragilidad de la dicha, la belleza de Mia, vino dulce, recuerdos comunes y morcilla».

Timothée de Fombelle. Tobi Lolness. Los ojos de Elisha (Tobie Lolness. Les yeux d’Elisha, 2007). Barcelona: Salamandra, 2008; 350 pp.; ilust. de François Place; trad. de Teresa Clavell Lledó; ISBN: 978-84-9838-187-0.

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miércoles, 5 de diciembre de 2007

He leído con atención y gusto La huida de Tobi, la primera parte de Tobi Lolness, de Timothée de Fombelle. A la espera de saber cómo termina la historia, que continúa en un segundo volumen que ha sido publicado ya en Francia, me ha dejado el sabor agridulce de una oportunidad perdida: la de haber sido no un buen libro sino un libro magnífico.

El protagonista es un chico de trece años que mide un milímetro y medio, lo habitual entre la gente de su pueblo, que habita en un árbol enorme. La historia comienza cuando lo están persiguiendo árbol abajo y sus padres están en prisión. Junto con su amiga Elisha, Tobi intentará rescatarlos.

Sintéticamente las cualidades son: planteamiento original, protagonistas atractivos, elementos clásicos de una novela de aventuras, narración que va dejando capítulos en punta y da ganas de saber qué viene después, descripciones buenas, ilustraciones de François Place supersugerentes... Y, también resumidamente, los defectos son: el narrador es a veces impreciso y a veces parece improvisar sobre la marcha cualidades del héroe para resolver una situación, en ocasiones lanza ironías de trazos muy gruesos contra los malos, hay pasajes poco logrados que desentonan mucho de otros —como la historia de Lapa y su padre Gus Alzan, el jefe de la prisión en la que entran Tobi y Elisha—, hay malvados que son clichés, tienen también mucho de cliché algunos paralelismos con nuestro mundo, hay didactismos innecesarios...

Estamos lejos, por tanto, de Los incursores de Mary Norton,El éxodo de los gnomos de Terry Pratchett, por elegir dos series que recrean mundos habitados por seres pequeñitos, una con aires realistas y literariamente coherente, y otra con acentos de broma irónica.

Timothée de Fombelle. Tobi Lolness. La huida de Tobi (Tobie Lolness. La vie suspendue, 2006). Barcelona: Salamandra, 2007; 316 pp.; trad. de Teresa Clavell Lledó; ISBN: 978-84-9838-125-2.

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martes, 21 de agosto de 2007

Hace unos meses falleció Lloyd Alexander, autor de las Crónicas de Prydain y de otros relatos de fantasía que no han sido traducidos al castellano. Tal vez ahora...

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miércoles, 25 de julio de 2007

Una reseña (demasiado rápida) sobre Harry Potter and the Deathly Hallows. Y la misma, resumida, en Aceprensa. Dentro de unos días la integraré en la ficha completa de J. K. Rowling. Algunas ideas en relación con la crítica de un libro así están en la nota que salió en su momento sobre Harry Potter and the Half-Blood Prince.

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viernes, 19 de enero de 2007

He leído (rápido) Panteón, de Laura Gallego, la última entrega de las Memorias de Idhún. Reafirmo mi juicio anterior sobre la saga: éxito muy por encima de sus méritos, realización muy por debajo de la capacidad de la autora. A eso añado algo en lo que no había reparado antes: a pocas novelas como a estas se las puede llamar con tanta propiedad culebrones, por motivos argumentales y por multitud de frases tipo «la hoguera del fuego de tus ojos». Además, por el modo en que se presentan las relaciones amorosas y sexuales entre adolescentes, también son un buen ejemplo de lo apuntado en la nota que titulé «Simuladores de vuelo engañosos».

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jueves, 5 de octubre de 2006

Otra serie deudora del Mabinogion: The Dark is Rising, título de uno de los libros y de una pentalogía firmada por Susan Cooper. Debo indicar que, cuando preparé la primera edición de Bienvenidos a la Fiesta, tenía esta serie en las listas de libros que debía leer, pero no encontré una traducción al castellano y lo dejé. Pero hace dos meses, después de haber publicado la edición reciente de BF, he sabido que se había editado en España el año 2002. Quizá de más nivel literario que las Crónicas de Prydain en algunos tramos, no tiene su tirón aventurero y es bastante inferior en atractivo: el conflicto cósmico es excesivo para mi gusto.

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miércoles, 27 de septiembre de 2006


Una serie de relatos de literatura fantástica deudores del Mabinogion son las CRÓNICAS DE PRYDAIN, de Lloyd Alexander.

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miércoles, 1 de febrero de 2006

Aunque Diana Wynne Jones me parece la mejor escritora actual de fantasía no me ha convencido con su libro más reciente, La conspiración de Merlín. Está bien escrita y bien armada pero está pasada de vueltas —argumento enrevesado, muchos personajes, demasiadas idas y venidas entre mundos alternativos, etc.—, como comprobará quien haya leído su excelente serie de Los mundos de Chrestomanci. En cualquier caso, tanto este libro de Diana Wynne Jones, como el de Walter Moers mencionado ayer o el de Susanna Clarke de días atrás, son útiles para notar la diferencia que hay entre buenos escritores y escritores apresurados; entre ficciones que intentan contar bien una historia sin más y otras que intentan darte lecciones.

Diana Wynne Jones. La conspiración del Merlín (The Merlin Conspiracy, 2005). Barcelona: Roca Editorial, 2005; 411 pp.; trad. de Camila Batlles; ISBN: 84-96284-57-3.

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miércoles, 25 de enero de 2006


El esquema normal de las series de aventuras fantásticas mencionadas semanas atrás es siempre parecido: unos protagonistas huérfanos (o casi) tienen por delante una misión; pronto ven que no les faltan recursos para cumplirla y probablemente descubren que hay profecías que anuncian su futuro triunfo si, como el lector no duda que harán, son capaces de resolver algunos acertijos y enigmas; y, de camino, seguramente averiguan qué misterios hay en su pasado.

Otras dos series en marcha, con este formato, son:

—Kai Meyer. Los caminantes del mar. De momento, dos novelas: Capitanes del Caribe, Rumbo a las tinieblas. He leído sólo la primera: una mezcla de novelas clásicas de piratas con una fantasía desbocada, cuyos protagonistas son unos chicos que pueden andar sobre el agua y a los que se llama renacuajos. Hay plantaciones en las que trabajan espectros y piratas sorprendentes. Se ve que el escritor es experto: cuenta bien, maneja con soltura su material... Pero todo me ha parecido excesivo y en ningún momento me ha enganchado.

—Rick Yancey. Las extraordinarias aventuras de Alfred Kroop. Aventuras artúricas ambientadas hoy. La voz narrativa es graciosa, el contraste entre la forma de hablar de un chaval de ahora y la de un caballero medieval da lugar a golpes que a veces son excelentes, pero la historia se disparata bastante según avanza. Contiene algunos tacos innecesarios, creo yo. De todas formas, siempre se lee mejor un relato con acentos de farsa y persecuciones de «thriller» que una narración enfática y solemne como algunas anteriores ya mencionadas. Y una observación: cuando un autor, en una novela de fantasía de esta clase, habla de «rezar», de «cielo», de «infierno», se ve que no sabe de qué está hablando.

Total, en los dos casos, a no ser que alguien de confianza me aconseje lo contrario, he tenido suficiente.
 

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martes, 19 de julio de 2005


Un libro infantil-juvenil se dirige a niños y jóvenes. Por eso, una buena opción es acentuar mucho lo narrativo (igual que otra puede ser subrayar el humor). Otra, es centrar el interés en la evolución y las cualidades del personaje central (igual que otra puede ser centrarlo en un argumento interesante). Y otra, como una gran mayoría de los lectores leen personajes más que historias, es presentar sus aventuras con formato de serie (de igual modo que hay autores que, por principio, renuncian a escribir series).

Por eso, intentar desmerecer los libros de Harry Potter comparándolos con El señor de los anillos es como hacer de menos un partido de fútbol juvenil comparándolo con uno de primera división. Querer hacerlo poniendo a Rowling al nivel de Roald Dahl es como esperar que un pivot poderoso de 2,20 juegue como un base rápido de 1,90. Decir que las Crónicas de Narnia son mejores literariamente a causa de sus argumentos más variados y de sus descripciones de más calidad, es como decir que el tenis en tierra batida es mejor que el tenis en pista rápida. Reprocharle a Rowling que los seis libros publicados tengan la misma estructura es como afirmar que lo malo de las carreras de 1.500 metros es que todas tienen 1.500 metros.

Por tanto, la crítica de un libro infantil ha de considerar qué resultados consigue ese libro con sus destinatarios. Ha de dejarse guiar por el texto mismo y no intentar aplicarle los propios prejuicios y criticar lo que no contiene ni ha querido contener nunca. Ha de ponerlo al lado de los libros semejantes a él, tanto en el tiempo en que fueron escritos como en la estructura elegida por sus autores.

Con esas ideas de fondo, aquí están una crítica de Harry Potter and the Half-Blood Prince, Harry Potter y el príncipe mestizo, y una ficha completa de J. K. Rowling.

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miércoles, 22 de junio de 2005

El amuleto de Samarkanda
,
de Jonathan Stroud, es un relato bien escrito, divertido, intrigante... Desde algunos puntos de vista, es de lo mejor que he leído en la estela de Harry Potter. Pero lo cierto es que los préstamos de obras anteriores son tantísimos que todo parece ser un ensamblaje de piezas, un ensamblaje muy bueno, eso sí. La novedad está en un toque posmoderno realmente sabroso: las notas a pie de página a cargo de uno de los narradores tienen verdadera gracia y funcionan francamente bien.

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jueves, 28 de abril de 2005

Los libros de la serie protagonizada por Artemis Fowl, de Eoin Colfer, son entretenidos pero, tal como yo lo veo, en ellos no encajan bien marcos y contenidos: el género de aventura fantástica y los seres que la pueblan no son apropiados para usar los estereotipos y el estilo narrativo y conversacional propios de los «thriller» y las películas de acción. Sin duda, es enorme la facilidad del autor irlandés para esto último y por eso sus libros gustan a los aficionados a esa clase de ficciones con grandes tragaderas, pero no funcionan con quienes no ven nada sabrosa esa inverosímil mezcla en la que una pequeña elfa se comporta y habla como Bruce Willis. Personalmente no me parece que sean productos mínimamente duraderos: espero cosas mejores de Colfer para incluirlas en una selección de LIJ.

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